Índice de contenido
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INTRODUCCIÓN
PRIMERA PARTE. LA IDEA
CAPÍTULO 1. TRABAJAR A FONDO ES VALIOSO
Los trabajadores altamente cualificados
Las superestrellas
Los propietarios
Cómo volverse ganador en la Nueva Economía
Trabajar a fondo permite aprender rápidamente cosas difíciles
Trabajar a fondo permite producir a un nivel superior
¿Y qué hay de Jack Dorsey?
CAPÍTULO 2. EL TRABAJO A FONDO ES ESCASO
El agujero negro de las mediciones
El principio de la menor resistencia
El estado de ocupación como sustituto de la productividad
El culto a Internet
Malo para los negocios, bueno para usted
CAPÍTULO 3. TRABAJAR A FONDO TIENE SENTIDO
Un argumento neurológico a favor de la profundidad
Un argumento psicológico a favor de la profundidad
Un argumento filosófico a favor de la profundidad
Homo sapiens profundis
SEGUNDA PARTE. LAS REGLAS
REGLA # 1. TRABAJAR PROFUNDAMENTE
¿Cuál es su filosofía de la profundidad?
Ritualizar
Hacer gestos excepcionales
No trabajar solo
Una ejecución de tipo empresarial
Ser perezoso
REGLA # 2. ABRIR LAS PUERTAS AL ABURRIMIENTO
No haga pausas en la distracción: haga pausas en la concentración
Trabaje como Teodoro Roosevelt
Meditar de manera productiva
Memorizar las cartas de una baraja
REGLA # 3. ALÉJESE DE LAS REDES SOCIALES
Aplicar la ley de «los mínimos vitales» a los hábitos relacionados con Internet
Abandonar las redes sociales
No use Internet como entretenimiento
REGLA # 4. ELIMINAR LO SUPERFICIAL
Planifique cada minuto de su día
Cuantifique la profundidad de sus actividades
Pregúntele a su jefe cuál es su presupuesto de trabajo superficial
Termine de trabajar a las cinco y media
Que no lo encuentren tan fácilmente
CONCLUSIÓN
Sobre el autor
Notas
INTRODUCCIÓN
E n el cantón suizo de San Galo, en la orilla norte del lago de Zúrich, hay un
pueblo llamado Bollingen. En 1922, el psiquiatra Carl Jung decidió
construir en ese lugar una casa donde pudiera retirarse. Comenzó con una
construcción básica de piedra de dos pisos a la que llamó «la Torre». Tras
regresar de la India, donde observó que la gente tenía en sus casas un cuarto para
meditar, el psiquiatra expandió el proyecto y mandó construir una oficina
privada en la misma propiedad. «En mi habitación de retiro estoy solo —afirmó
Jung—. Siempre mantengo la llave en mi poder; nadie puede entrar si no es con
mi autorización»[1].
En su libro Daily Rituals, el periodista Mason Currey hace referencia a
diversos textos sobre Jung y a través de ellos recrea los hábitos de trabajo del
psiquiatra en la Torre. Según relata Currey, Jung se levantaba a las siete de la
mañana, tomaba un desayuno copioso y luego escribía durante dos horas
ininterrumpidas en su oficina privada. Por las tardes, meditaba o iba a dar largas
caminatas en los campos vecinos. Como no había electricidad en la Torre, al
caer la noche utilizaba lámparas de gas para la iluminación y chimeneas para
calentar el ambiente.
A las diez de la noche se iba a la cama. «Desde un comienzo, la sensación de
reposo y de renovación que obtenía en esa Torre fue intensa»[2], afirmó Jung.
Aunque sería tentador considerar la Torre de Bollingen como una casa de
vacaciones, lo cierto es que, en el contexto de la carrera de Jung en aquel
momento, la intención de construir ese lugar aislado junto al lago no era huir del
trabajo. Por la época en que Jung compró la propiedad no disponía de los medios
para tomar vacaciones. Tan solo un año atrás, en 1921, había publicado Tipos
psicológicos, un libro pionero que contribuyó a consolidar muchas de las
diferencias que de tiempo atrás venían gestándose entre su pensamiento y las
ideas del otrora mentor y amigo, Sigmund Freud. Estar en desacuerdo con Freud
en los años veinte era un acto de osadía. Para sustentar su libro, Jung necesitaba
mantener su agudeza mental y producir una serie de artículos y libros lúcidos,
con los cuales podría apoyar y defender su psicología analítica, que fue el
nombre que más adelante recibiría esa nueva escuela de pensamiento.
Es claro que Jung tenía diversas ocupaciones en Zúrich, entre ellas sus
conferencias y su trabajo como terapeuta. Sin embargo, mantenerse ocupado no
le bastaba. Quería cambiar la forma como comprendemos el inconsciente y, para
alcanzar esta meta, debía hacer un trabajo de reflexión más profundo y detallado
que el que su agitado estilo de vida citadino le permitía. Jung se aisló en
Bollingen no para huir de su vida profesional sino para profundizarla.
Con el tiempo, Carl Jung se convertiría en uno de los pensadores más
renombrados del siglo XX. Son muchas las razones que explican este éxito. Sin
embargo, en el presente libro me interesa su compromiso con una destreza que,
sin duda, desempeñó un papel fundamental en sus logros:
Trabajo a fondo: actividades profesionales que se llevan a cabo en un estado de
concentración desprovisto de distracciones, de tal manera que las capacidades
cognitivas llegan a su límite máximo. Este esfuerzo crea valor, mejora las
habilidades y no es fácil de replicar.
Trabajar a fondo es necesario para extraer hasta la última gota de valor de
nuestra capacidad intelectual. Tras décadas de investigaciones en los campos de
la psicología y la neurociencia, sabemos que el estado de esfuerzo mental que
acompaña trabajar a fondo es necesario también para mejorar nuestras aptitudes.
Dicho de otro modo, trabajar a fondo es exactamente el tipo de esfuerzo que se
requiere para destacarse en un campo exigente, desde el punto de vista cognitivo,
como el de la psiquiatría académica a comienzos del siglo XX.
El término «trabajar a fondo» o «trabajo profundo» es de mi propio cuño, no
una expresión usada por Carl Jung, pero las acciones de este pensador durante
aquel período indican que, sin duda, tenía claro cuál era el concepto subyacente.
Jung construyó una torre de piedra en un paraje boscoso para poder trabajar
profundamente en su vida profesional: una tarea que requería tiempo, energía y
dinero. Como relata Currey, los desplazamientos frecuentes de Jung hacia
Bollingen lo obligaban a dedicarle menos tiempo a su trabajo clínico, y añade:
«Aunque tenía muchos pacientes, Jung no veía problema en tomarse tiempo para
otras cosas»[3]. Aunque era difícil que trabajar a fondo fuera una prioridad, salta
a la vista que era crucial para alcanzar su meta de cambiar el mundo.
El estudio de la vida de otros personajes influyentes, tanto en la historia
reciente como en la lejana, nos permitirá llegar a conclusiones similares en lo
que respecta al compromiso con trabajar a fondo. Así, por ejemplo, el ensayista
francés del siglo XVI Michel de Montaigne se anticipó a Jung con su trabajo en
una biblioteca privada, que construyó en una torre en el costado sur de su
castillo[4]. Por su parte, Mark Twain escribió buena parte de Las aventuras de
Tom Sawyer en un cobertizo ubicado en la granja Quarry Farm, en Nueva York,
donde pasaba los veranos. Su estudio estaba totalmente aislado de la casa
principal y la familia debía hacer sonar un cuerno para llamar al escritor a
comer[5].
En tiempos históricos más recientes, tenemos el caso del guionista y director
de cine Woody Allen. En el período de cuarenta y cuatro años comprendido
entre 1969 y el 2013, el neoyorquino escribió y dirigió cuarenta y cuatro
películas, que fueron nominadas para treinta y tres premios de la Academia: un
alucinante nivel de productividad artística. Durante este período Alien no tuvo
computador, sino que llevó a cabo su escritura, desembarazada de toda
distracción electrónica, en una máquina de escribir manual marca Germán
Olympia SM3[6]. Otro personaje que acompaña a Alien en su negativa a hacer
uso de los computadores es Peter Higgs, un físico teórico que hace su trabajo en
total aislamiento y desconexión, al punto de que los periodistas no pudieron
contactarlo cuando se anunció que había ganado el premio Nobel[7]. Por otro
lado, J. K. Rowling sí usa computadores, pero se mantuvo alejada de las redes
sociales durante la escritura de sus novelas sobre Harry Potter, aunque ese
período coincidió con el surgimiento de esa tecnología y su uso por parte de los
famosos de los medios de comunicación. El personal de apoyo de Rowling
finalmente abrió una cuenta de Twitter a su nombre en el otoño del 2009, año en
el que trabajaba en Una vacante imprevista, y en el lapso de un año y medio su
único trino fue: «Soy yo, la verdadera, pero me temo que no me van a ver mucho
por aquí, pues el papel y la pluma son mi prioridad por el momento»[8].