TRABAJO PRÁCTICO INTEGRADOR: NARRADORES
1. En la nouvelle Una vuelta de tuerca, el escritor estadounidense Henry James presenta un
relato marco donde un personaje lee un perturbador manuscrito recibido mucho tiempo atrás
de mano de una institutriz a quien él ha conocido en el pasado. En ese documento, la mujer
cuenta una experiencia de juventud, de índole pretendidamente sobrenatural: la posesión
diabólica de los niños a su cargo, por parte de los espíritus de dos sirvientes ya fallecidos.
La situación se complica por el aislamiento de la mansión en que se encuentra y, sobre todo,
por la expresa prohibición del tutor de los niños —por el que la joven se sienta atraída— de
que ella recurra a él en busca de ayuda. Los dos apartados que siguen son parte del relato
marco y del relato enmarcado respectivamente.
A. Lean los siguientes fragmentos.
Proemio
La historia nos había hipnotizado. Sentados alrededor del fuego en una mansión
vetusta, una noche de Navidad, la historia nos había dejado sin aliento. Al concluir, nadie
se atrevió a pronunciar palabra, hasta que alguien observó que era la primera vez que
las fuerzas del más allá habían visitado a un niño. […]
Aún puedo ver a Douglas, como si fuera ahora, retrechado en su butaca junto al
fuego, murmurando en voz baja mientras contemplaba las llamas del hogar:
—Es demasiado…, es una pesadilla demasiado horrible esta historia, que
únicamente mis oídos han escuchado.
Nuestro amigo era un maestro. Sabía prepararse el terreno para que toda nuestra
atención estuviera ya totalmente pendiente de sus palabras.
—Es el más allá del terror…, nada de cuanto hasta ahora se ha escrito puede
comparársele…
—¿De puro miedo? —Me sorprendí a mí mismo preguntándole.
Creo que dijo que no era una cuestión tan simple; que no tenía palabras para
calificarlo. Se restregó los ojos haciendo una mueca de dolor. […]
—Muy bien, entonces —le dije— haz el favor de sentarte y empezar. […]
—La historia está escrita. […] Con tinta vieja, desvaída y con una letra bellísima
—se demoró en la respuesta como recargando el arma antes de hacer fuego—. De mujer.
Lleva veinte años muertas. Me envió las páginas de que hablamos antes de morir. […] Me
dio la impresión de ser muy inteligente y agradable. Ah, sí, no sonrían. Ella me gustaba
muchísimo y hasta el día de hoy me agrada recordar que yo también le gustaba. No se lo
había dicho nunca a nadie. No es simplemente porque me lo dijera sino porque lo supe.
Estaba seguro. Me daba cuenta. […]
CAPÍTULO III
Ocurrió bruscamente, una tarde, en el medio de mi hora privada: los niños estaban
arropados en su cama y yo había salido a dar mi paseo. No puedo dejar de recordar
ahora que uno de los pensamientos que me acompañaban en estos paseos era que sería
encantador, como en un cuento encantador, encontrarme de pronto con alguien. Alguien
aparecería allí, en el recodo de un sendero y se quedaría parado ante mí sonriendo con
aprobación. Yo no pedía más que esto: solo pedía que él lo supiera, y la única manera de
estar segura de que él lo sabía era verlo reflejado en su apuesto rostro iluminado. Esto era
lo que tenía muy presente —su rostro quiero decir— cuando, durante esta primera ocasión,
al final de un largo día de junio, me detuve, de pronto al emerger de una arboleda y vi
aparecer ante mis ojos la vista completa de la casa. Lo que me dejó petrificada en el acto
—con un estremecimiento mucho mayor que lo que había visto mereciera— fue la sensación
de que, como un relámpago, mi imaginación se había vuelto realidad. ¡Sí, él estaba allí!,
aunque en lo alto, más allá del césped, en lo alto mismo de la torre a la que a la pequeña
flora me había llevado aquella primera mañana. […] No eran estas alturas el lugar que
pareciera más indicado para la figura que yo tanto invocaba. Me produjo, esta figura, en
el grado atardecer, según recuerdo, dos emociones distintas, que pronunciadamente eran
el impacto de mi primera y de mi segunda sorpresa. La segunda fue la violenta percepción
del error de la primera: el hombre que veían mis ojos no era la persona que
precipitadamente había supuesto. Se produjo en mí un tremendo aturdimiento visual, que,
después de todos estos años, no me es posible explicitar. La figura que se alzaba frente a
mí, como me aseguré a los pocos segundos, se parecía muy poco a la imagen que ocupaba
mi mente. […] No la había visto en ninguna parte. Es más, al instante, de la forma más
extraña del mundo, y por el mero hecho de su aparición, el lugar se había convertido en
una desolación. Oigo otra vez, mientras escribo, el intenso silencio en que se hundían los
sonidos de la tarde. Los grajos dejaron de graznar en el dorado cielo y la amistosa hora
perdió, por ese minuto, toda su voz. A través de la distancia, quedamos enfrentados el
tiempo suficiente para preguntarme con intensidad quién sería, entonces, y para sentir,
como resultado de mi imposibilidad de decirlo, un asombro que se fue acentuando con
cada instante que transcurría. […] Bien, esto que me ocurrió —y puede creerse lo que se
quiera— duró mientras yo barajaba una docena de posibilidades […], acerca de la
presencia en la casa —y, sobre todo, durante cuánto tiempo— de una persona que yo
desconocía. […] Él estaba en uno de los ángulos, el más apartado de la casa, totalmente
erecto, según me pareció, con las dos manos sobre la cornisa. Así lo vi, tal cual estoy viendo
las letras que trazo en esta página; luego, exactamente después de un minuto, como para
agravar el espectáculo, lentamente cambió de lugar, desplazándose, sin dejar de mirarme
con dureza, a la esquina opuesta de la plataforma. […] Se detuvo en la otra esquina,
aunque menos tiempo, y aún al darse vuelta me siguió clavando con la mirada. Se volvió;
y eso es todo lo que supe.
CAPÍTULO IV
Mientras bajaba la escalera para reunirme con mi colega en el vestíbulo, recordé un par
de guantes que [había dejado en el comedor de los adultos] y me volví para recogerlos.
El día era bastante gris, pero todavía había luz en la tarde, lo que, al trasponer el umbral,
no solo me permitió visualizar los artículos que buscaba sobre una silla cerca del amplio
ventanal —cerrado entonces— si no percatarme de la presencia de una persona del otro
lado del ventanal, que miraba directamente hacia adentro. Sólo había dado un paso; mi
visión fue instantánea, y lo abarcaba todo: era él. La persona que miraba por el ventanal
era la misma que había visto en la torre. […] Era el mismo, era el mismo; […] permaneció
solo unos segundos, lo suficiente para convencerme de que él también me había visto y
reconocido. […] Sin embargo, algo pasó esta vez que no había pasado antes: su mirada
fija, clavada en mi rostro, a través del cristal y de la habitación, era tan hondo y dura
como la anterior, pero me abandonó por un momento durante el cual vi que se fijaba en
varias otras cosas. En el acto me asaltó el impacto ulterior de la certeza de que no era por
mí que estaba allí. Había venido por otra cosa. […] En ese momento, como para mostrarme
cuál había sido su apreciación de los hechos, entró Mrs. Grose desde el vestíbulo, igual que
había hecho yo.
CAPÍTULO V
La cara de mi compañera había empalidecido mientras yo hablaba; tenía una expresión
de sorpresa en la mirada, y la blanda boca a medias entreabierta.
—¿Un caballero? —Jadeó, confundida, estupefacta—. ¿Un caballero, él?
—¿Lo conoce usted, entonces?
Trató visiblemente de contenerse.
—Pero, ¿es apuesto?
Vi De qué manera ayudarla.
—Notablemente.
—¿Y vestido…?
—Con la ropa de alguien. Elegante, pero no es de él.
—¡Del amo! —estálló, sin aliento, con un gemido afirmativo.
No lo dejé pasar.
—Entonces, ¿usted lo conoce?
Pareció desfallecer, aunque solo por un segundo.
—¡Quint! —exclamó.
—¿Quint?
—Peter Quinn, su sirviente privado, su valet, cuando el amo venía aquí.
—¿Cuando el amo estaba aquí? […]
—Los dos estaban aquí, el año pasado. Luego el amo se fue, y Quint se quedó solo.
—¿Solo? —proseguí, aunque vacilante.
—Solo con nosotros… A cargo —agregó luego, como desde lo hondo de su ser.
—¿Y qué pasó con él?
Se demoró tanto en responder, que me quedé más intrigada aún.
—Él también se fue —dijo, al fin.
—¿Se fue a dónde?
Al decir esto, su expresión se tornó extraordinaria.
—¡Solo Dios lo sabe! Murió.
—¿Murió? —pregunté, casi con un chillido.
Pareció cuadrarse, plantarse con mayor firmeza para declarar algo increíble.
—Sí. Míster Quint está muerto.
B. Detecten en cada caso las marcas de la focalización del narrador.
C. Teniendo en cuenta lo resuelto, expongan cuál es la valoración sobre lo narrado que hace
cada narrador y qué efecto provocan uno y otro relato en el lector. Se sugiere considerar los
indicios e informantes contenidos en las descripciones y los modernizadores que otorgan más
o menos realidad a lo que se afirma.
D. Reescriban la última escena desde el punto de vista del ama de llaves, la señora Grose.
2. En el cuento “La salud de los enfermos”, de Cortázar, una familia entera se complota para
ocultarle a “mamá” la muerte de su hijo y, luego, la de su hermana.
A. Lean cuidadosamente el fragmento siguiente, perteneciente al encubrimiento del deceso
de esta última.
B. Analice los componentes del punto de vista en narrador, a partir de las siguientes
preguntas: ¿puede reponerse la identidad del narrador?; ¿forma parte de los hechos
narrados?; ¿cuál es la perspectiva de la cual se ubica para narrar el conflicto?; ¿se focaliza
internamente algún personaje?; ¿en quién o en quiénes no se focaliza nunca?, ¿por qué? En
todos los casos, justifiquen con citas del texto y expliquen con palabras propias lo que
consideren necesario.
C. Comparen las tres frases encerradas entre paréntesis: expliquen cómo el narrador utiliza
el mismo recurso para manifestar de manera diversa su grado de conocimiento de los hechos
en cada caso. ¿Cómo se posiciona el narrador, con respecto a la mentira y a la verdad que
constituyen el eje de conflicto?
Carlos se echó a reír para disimular lo que sentía (tía Clelia estaba gravísima, Pepa
acababa de telefonear) y la besó en la mejilla como a una niña traviesa. –Mamita tonta
–dijo, tratando de no pensar en nada. Esa noche mamá durmió mal y desde el amanecer
preguntó por Clelia, como si a esa hora se pudieran tener noticias de la quinta (tía Clelia
acababa de morir y habían decidido velarla en la funeraria). A las ocho llamaron a la
quinta desde el teléfono de la sala, para que mamá pudiera escuchar la conversación, y
por suerte tía Clelia había pasado bastante buena noche aunque el médico de Manolita
aconsejaba que se quedase mientras siguiera el buen tiempo. […]
En los días en que debía llegar la respuesta de Alejandro (tía Clelia seguía bien, pero el
médico de Manolita insistía en que aprovechara el buen aire de la quinta), la situación
diplomática con el Brasil se agravó todavía más y Carlos le dijo a mamá que no sería raro
que las cartas de Alejandro se demoraran.
3. En “Una rosa para Emily”, cuento de William Faulkner, la voz narrativa emerge de manera
constante como una primera persona del plural.
A. Realicen un relevamiento de estas ocurrencias del narrador y, a partir de las citas
recolectadas, respondan los siguientes interrogantes:
¿Con quién se identifica esa primera persona plural?
¿Qué perspectiva de los hechos le otorga esa ubicación al narrador?
¿Cuál es el saber del narrador respecto de la interioridad de miss Emily?
¿Cómo se relaciona esa perspectiva con las evaluaciones que formula el narrador
acerca de los hechos?, ¿en qué consiste su mirada respecto de los cambios operados
en la sociedad a lo largo del tiempo?
¿En qué conviene la adopción de ese narrador en función de la entrega narrativa?
B. Elaboren un texto expositivo que integre coherentemente sus conclusiones.
4. En las novelas Rosaura a las diez de Marco Denevi y El beso de la mujer araña de Manuel
Puig, y el cuento “El solar” de Adolfo Bioy Casares un narrador virtual transcribe textos
enunciados por diferentes personajes/emisores. En la unión de esos discursos el lector
construye la trama.
A. Releven los distintos géneros discursivos que se encadenan en cada obra.
B. Analicen quién es el enunciador de cada uno de ellos y, si se trata de un narrador, los
componentes del punto de vista.
C. Repongan la situación de enunciación en cada caso y, si es posible, el narratario o lector
virtual al que se dirigen.
D. Expliquen la vinculación de los puntos de vista con la trama, el sentido del texto completo
y el efecto buscado en el texto de Bioy Casares.
5. Lea el texto de Hernán Casciari “La falsa biografía”.
A. Analizá los cambios que se producen con cada cambio de punto de vista.
B. Escriban su biografía, pero desde el punto de vista de tres personas distintas. Por ejemplo:
su mamá, alguien que los detesta, su mascota, un amigo/a toda la vida, su abuela/o, su
hermana/o, etcétera.