La Propaganda Política: Estrategias y Tipos
La Propaganda Política: Estrategias y Tipos
LA PROPAGANDA POLÍTICA
EUDEBA
EDITORIAL UNIVERSITARIA DE BUENOS AIRES
ÍNDICE INTRODUCCIÓN
........................................................................................................................................................................... 5
I. El ambiente.................................................................................................................11
Coagulación nacional y concentraciones urbanas, 11.
La invención de nuevas técnicas, 13.
V. Reglas y técnicas......................................................................................................47
LA PUBLICIDAD
Al mismo tiempo. la publicidad tiende a convertirse en una ciencia; sus resultados son controlados
y prueban su eficacia. La plasticidad del hombre moderno se pone así en evidencia: difícilmente
escapa a un cierto grado de obsesión y a ciertos procedimientos de atracción. Es posible guiarlo
hacía tal producto o tal marca, y no solo imponerle ese producto en lugar de otro, sino crearle su ne-
cesidad. Formidable descubrimiento que será decisivo para los ingenieros modernos de la
propaganda: el hombre medio es un ser esencialmente influenciable; ha llegado a ser posible
sugerirle opiniones que tendrá como suyas; "cambiarle las ideas" literalmente. Y lo que es posible
en materia comercial, ¿por qué no ensayarlo en el campo político?
Todo un sector de la propaganda política continúa viviendo en simbiosis con la publicidad. Las
campañas electorales en los Estados Unidos, por ejemplo, son apenas diferentes de las campañas
publicitarias. Los famosos desfiles con orquestas, muchachas y carretones, no son sino ruidosa pu-
blicidad. Sin embargo, otra rama de la propaganda política, sin dejar de inspirarse en los
procedimientos y estilos publicitarios, se apartó de la publicidad para adoptar una técnica propia. Es
esta propaganda, de naturaleza más amplia y más caracterizada, la que estudiaremos
particularmente, por ser la que influyó más profundamente en la historia contemporánea.
LA IDEOLOGÍA POLÍTICA
La propaganda de tipo publicitario se limita a campañas más o menos espaciadas, de las cuales el
caso típico es la campaña electoral. Se trata entonces de destacar ciertas ideas y ciertos hombres con
procedimientos bien delimitados; expresión normal de la actividad política. La fusión de la ideo-
logía con la política da otro tipo de propaganda, de tendencia totalitaria, ligada estrechamente con la
progresión táctica que actúa en todos los planos de lo humano; no se trata ya de una actividad
parcial y pasajera, sino de la expresión misma de la política en movimiento, como voluntad de con-
versión, de conquista y de explotación. Esta propaganda está ligada con la introducción de las
grandes ideologías políticas conquistadoras (jacobinismo, marxismo, fascismo) en la historia y con
el enfrentamiento de naciones y bloques de naciones en las nuevas guerras.
Esta propaganda política data desde la Revolución Francesa.5 Fue de los clubes, de las asambleas,
de los comités revolucionarios de donde salieron los primeros discursos de propaganda, los
primeros encargados de la propaganda (que eran, entre otros, los comisarios en los ejércitos).
Fueron ellos los que emprendieron la primera guerra de propaganda y la primera propaganda de
guerra. Por primera vez una nación se liberaba y se organizaba en nombre de una doctrina
considerada inmediatamente como universal. Por primera vez una política interior y exterior era
acompañada por la expansión de una ideología, y por eso mismo, la propaganda emanaba de ella
naturalmente. La Marsellesa, el gorro frigio, la fiesta de la Federación, la del Ser Supremo, la red de
clubes jacobinos, la marcha sobre Versalles, las manifestaciones en masa contra los Asambleístas,
el patíbulo en las grandes plazas, las diatribas de L'Ami du Peuple, las injurias del Padre Duchéne;
todos los recursos de la propaganda moderna se inauguraron entonces.
De la Revolución procede también un nuevo tipo de guerra. Todas las energías se movilizarán pro-
gresivamente en esta batalla hasta llegar al estado de guerra total que Ernst Jünger creyó alcanzado
en 1914, pero al que no se llegó, realmente, sino en la última guerra. Desde 1791, la ideología se
une a las armas en la conducción de las guerras, y la propaganda se convierte en auxiliar de la
estrategia. Se trata de crear la cohesión y el entusiasmo en el bando propio, y el desorden y el miedo
en el del enemigo. Al abolir cada vez más la distinción entre el frente y la retaguardia, la guerra
total ofrece a la propaganda, como campo de acción, no solo los ejércitos, sino las poblaciones
civiles, puesto que quizá sea más segura la acción en éstas para mejor afectar a aquéllos, puesto que
se puede llegar a sublevar esas poblaciones y hacer surgir en la retaguardia del enemigo nuevos
tipos de soldados, hombres, mujeres y niños espías, saboteadores y guerrilleros. Nunca se destacará
bastante hasta qué punto las guerras modernas, al favorecer la exaltación, la credulidad y el
maniqueísmo sentimental, han preparado el terreno a la propaganda. El "atiborramiento de cráneo"
del 14-18 abrió el camino a las mentiras groseras del hitlerismo. De las guerras recientes surgió
todo un vocabulario de intimidación, toda una mitología de conquista; las guerras sirvieron como
laboratorio a las técnicas de la "psicagogía", así como lo fueron para los aparatos mecánicos. La
propaganda se ligó con la guerra de tal manera que la sustituye naturalmente, después de 1947
alimenta la "guerra fría" como alimentó "la guerra de nervios" en 1939. La propaganda actual es la
guerra proseguida con otros medios.
Este vinculo de la ideología con la guerra fue adoptado, llevado a otro plano y perfeccionado por el
marxismo-leninismo. El marxismo sustituyó progresivamente, con una estrategia revolucionaria de
masas, al blanquismo y a la insurrección espontánea del tipo de las Jornadas de Junio6. El
movimiento obrero, otro factor decisivo en el siglo XIX, creó una comunidad supranacional con su
mitología propia. No hemos de olvidar que el partido de masas fue inventado por la
socialdemocracia, y que ésta ensayó una cierta cantidad de técnicas de propaganda (desfiles,
5
El vocablo mismo se empleó entonces, ya que, en 1793, se formó en Alsacia una asociación que
tomó el nombre de “Propaganda” y se encargó de difundir, las ideas revolucionarias.
6
Referencia a la Revolución de 1848. (K. del T.) 20
símbolos, etc.) que fueron corrientemente usadas después. Pero Lenin va mucho más lejos: quiso
infundir dinamismo, mediante la agitación y la propaganda, a esas masas socialdemócratas caídas
en manos de los políticos aburguesados. Lenin y Trotsky lograron, en plena guerra, descomponer el
ejército y la administración con una combinación de insurrección y propaganda, y realizaron la
revolución bolchevique. Como escribe J. Monnerot: "Los poderes destructores que contienen los
sentimientos y resentimientos humanos, pueden entonces ser utilizados, manipulados por especialis-
tas, como lo son, de manera convergente, los explosivos puramenre materiales". La lección no será
desaprovechada. La URSS la aprendió, a juzgar por su política, e Hitler se inspiró mucho en ella.
De esta manera, la propaganda fue secularizada, en cierto modo, por el jacobinismo y las grandes
ideologías modernas. ¿Pero acaso no ha retornado, por un atajo, a su origen? Aún hoy se trata de
una fe que debe propagarse —de fide propaganda—, de una fe totalmente terrestre, es cierto, pero
cuya expresión y difusión tienen mucho de la psicología y la técnica de las religiones. La primera
propaganda de! cristianismo debió mucho al mito escatológico. Las nuevas propagandas políticas
también se nutren de una mitología de liberación y salvación; pero están ligadas al instinto de poder
y al combate, a una mitología guerrera y revolucionaria al mismo tiempo. Empleamos aquí el
vocablo mito en el sentido que Sorel le dio: "Los hombres que participan de los grandes
movimientos sociales representan su acción en forma de imágenes de batallas, en las que siempre
triunfa su causa. Propongo denominar mitos a estas construcciones". Estos mitos"' que llegan a lo
más profundo de lo inconsciente humano, son representaciones ideales e irracionales vinculadas al
combate; ejercen en la masa una potente acción dinamogénica y cohesiva.
Las grandes propagandas beben mucho en las mismas fuentes. Las inspira una misma historia
militar y revolucionaria, que es la de Europa, y una misma aspiración a la comunidad perdida. Pero
es muy diferente la manera en que ordenan y orientan los viejos sueños reprimidos y agudizados por
la sociedad moderna.
CAPÍTULO III
El marxismo podría caracterizarse por su poder de difusión; es una filosofía capaz de propagarse en
las masas, primero, porque corresponde a un cierto estado de la civilización industrial, y luego
porque se basa en una dialéctica que puede reducirse a formas extremadamente simples sin
deformaciones sustanciales. Es cierto, sin embargo, que el marxismo no habría tenido tan amplia y
rápida expansión si Lenin no lo hubiese transcripto en un método práctico de acción política.
La conciencia de clase es para Marx la base de la conciencia política. Pero, y éste es el aporte
fundamental de Lenin, la conciencia de clase, librada a sí misma, se confina en "la lucha
económica", es decir, se limita a una conciencia "tradeunionista", a una actividad puramente
sindical y no llega a convertirse en conciencia política. Antes es necesario despertarla, educarla y
llevarla a la lucha en una esfera más amplia que la constituida por las relaciones entre obreros y
patronos. Esta tarea recae en una élite de revolucionarios profesionales, vanguardia consciente del
proletariado. El partido comunista debe ser, precisamente, el instrumento de esa relación de la élite
y la masa, de la vanguardia y la clase. Lenin sustituye la concepción socialdemócrata del partido
obrero, tal como se la conoció sobre todo en Alemania e Inglaterra, por la concepción dialéctica de
una cohorte de agitadores que sensibilizan y conducen la masa. En esta perspectiva, la propaganda,
entendida en un sentido muy amplio —que va de la agitación a la educación política— se
convierte en correa de trasmisión, el vínculo esencial de expresión, rígido y muy elástico al
La escuela12 se convirtió en uno de los pilares de esta propaganda total. Después, los "seminarios
políticos", las "escuelas de perfeccionamiento" y los "círculos de estudio" formaron centenas de
miles de "propagandistas" o "agitadores" que dictan cursos políticos, dan charlas en las fábricas, en
los koljoses, en los establecimientos de comercio y en toda suerte de instituciones; son enviados,
asimismo, a las minas, al campo y a todos los lugares de trabajo, en los momentos en que se pide a
los trabajadores un esfuerzo extraordinario. Las obras de ' Marx, Engels, Lenin.- Stalin y el
"Compendio de Historia del P. C (b), "libro de cabecera de todos los comunistas", son la base de la
enseñanza. Este enorme trabajo es patrocinado por innumerables asociaciones culturales que
constituyen un enjambre de "rincones rojos" en las fábricas, de "isbas de lectura" en el campo, por
sociedades patrocinantes del ejército, por clubes deportivos, etc.
La propaganda triunfa aquí al punto de que se diluye en el conjunto de las actividades políticas,
económicas e intelectuales de un Estado. Cada una de estas actividades presenta una faz propagan-
dística. La obsesión que de ello resulta, ciertos procedimientos de puesta en escena colectiva, la
dirección centralizada de los instrumentos de difusión, la censura, la explotación de las noticias,
todo esto nada tiene que ver con el marxismo-leninismo, sino con una utilización totalitaria de la
propaganda.
CAPITULO IV
12
En el examen de "madurez" —equivalente al del bachillerato francés— que hubo en Moscú en
mayo de 1950, dos de cada tres temas eran de propaganda.
realidad concreta; es solo una fórmula oportuna destinada a movilizar nuevas masas. El hitlerismo
corrompió la concepción leninista de la propaganda. Hizo de ella un arma en sí, de la que se sirvió
indiferentemente para todos sus fines. Las voces de orden leninistas tienen una base racional, aun
cuando, en definitiva, se relacionen con los instintos y los mitos fundamentales. Pero cuando Hitler
lanzaba sus invocaciones sobre la sangre y la raza a una multitud fanatizada que le respondía con
los Sieg Heil, solo le preocupaba sobreexcitar, en lo más profundo de esa masa, el odio y el ansia de
poder. Esta propaganda carece de objetivos concretos; se dispersa en gritos de guerra,
imprecaciones, amenazas, profecías vagas, y si es necesario hacer promesas, éstas son tan
descabelladas que no pueden ser admitidas por el ser humano, sino cuando en él la exaltación ha
llegado a un punto que le hace responder sin reflexionar. Sería preciso hacer la historia de las
variaciones sucesivas que experimentaron los temas de la propaganda hitleriana durante la última
guerra, desde la conquista del espacio vital hasta la defensa del pueblo, pasando por la nueva
Europa y la salvaguardia de los valores cristianos.
A partir de entonces la propaganda deja de estar ligada a una progresión táctica para convertirse en
una táctica en sí un arte particular con sus leyes propias, tan utilizable como la diplomacia o los
ejércitos. Si se la considera en razón de su fuerza intrínseca, es una verdadera "artillería
psicológica” en la que se emplea todo aquello que tenga valor de choque, y en la que, finalmente,
con tal que la palabra cause efecto, la idea ya no cuenta.
Por una parte, la propaganda hitleriana echa sus raíces en las zonas más. oscuras del inconsciente
colectivo, exaltando la pureza de la sangre, los instintos elementales de crimen y de
destrucción, remontándose, mediante la cruz gamada, hasta la más antigua mitología solar; por
otra, utiliza sucesivamente temas diversos, y aun contradictorios, con la sola preocupación de
orientar a las muchedumbres en la perspectiva del momento. Jules Monnerot notó perfectamente
ese carácter, irracional y discontinuo al mismo tiempo, de la propaganda nacionalsocialista. "Los
hitlerianos —dijo— habían echado mano de todos los temas utilizables en: Alemania, todos aquellos
a los cuales una mínima coincidencia con sus intenciones del momento los hacía útiles"13.
13
JULES MONNEHOT cita, entremezclados, los siguientes: "materialismo zoológico, pangermanismo,
geopolítica, transposición de la guerra de clases a guerra de Estados, arianismo contra semitismo,
socialismo prusiano contra capitalismo occidental y bolcheviquismo asiático, pueblos proletarios
contra pueblos capitalistas, el "suelo y la sangre" contra "el espíritu y el dinero", "idealismo,
libertad y democracia nórdicos" contra desidia y corrupción francesas, pureza contra impureza
Sin embargo, debemos preguntarnos cómo una tal discontinuidad no perjudicó la propaganda,
hitleriana, puesto que logró no solo movilizar un pueblo, sino afectar gravemente a algunas
naciones europeas. Es cierto que su esfuerzo fue colosal. En este terreno Hitler y Goebbels no
dejaban nada librado al azar. Toda manifestación estaba cuidadosamente preparada. Hitler había
llegado a notar que las horas de la noche eran las mas favorables al influjo de una voluntad ajena. El
público también estaba "preparado”. Las comunidades que no eran del Estado fueron desarticuladas
con el fin de que desapareciese toda intermediación y que el individuo estuviese expuesto sin
defensa a las solicitaciones de la propaganda. Eran pocos los domingos en que una familia podía
reunirse en la intimidad.
El partido y el jefe estaban presentes en todas partes; en la calle, en la fábrica y hasta en las casas
en las paredes de las habitaciones. La prensa, el cine y la radio repetían lo mismo sin cesar. Por fin.
es innegable que ciertos mitos hitlerianos correspondían ya sea a una constante del alma germana, o
bien a una situación creada por la derrota, la desocupación y una crisis financiera sin precedentes.
Esto explica muchas cosas, pero no todas, y en particular no explica la influencia paralizante ejer-
cida por la propaganda hitleriana en naciones que no eran alemanas. Para que la propaganda nazi
haya podido triunfar así, a pesar de sus contradicciones y sus excesos, para que haya podido, asi-
mismo, entusiasmar y aterrorizar a algunas masas que hubieran debido, normalmente, permanecer
fuera de su alcance, se ha de admitir que su acción se ejercía menos en el campo de los sentimientos
y de la razón que en otra región, en zonas fisiológicas e inconscientes en las que pasiones y cos-
tumbres absurdas y contradictorias a la luz de la lógica encuentran asidero y equilibrio. El escritor
ruso Chajotin, en un libro14 que a pesar de su carácter sistemático es la única obra fundamental
consagrada a este tema, esclarece el éxito de la propaganda nazi con una interpretación de la teoría
de los reflejos condicionados de Pavlov.
Veamos, brevemente descripta, la experiencia básica. Pongamos un terrón de azúcar ante un perro
previamente inmovilizado y el perro segregará saliva. Asociemos luego la presentación del terrón
de azúcar con el sonido de una bocina y hagámoslo varias veces. El perro continuará segregando
saliva normalmente. Ahora, si en una tercera fase, nos limitamos a hacer sonar la bocina sin
mostrar el terrón de azúcar, el perro seguirá segregando [Link] determinado un reflejo
condicionado, es decir, que el sonido de la bocina habrá sido asociado lo suficiente con la aparición
del azúcar como para provocar, por sí solo, la salivación. La bocina se convierte así en un agente
condicional. Anotemos, sin embargo, que este excitante de segundo grado no conservará siempre su
eficacia. El agente condicional complejo (la bocina) tiende, en efecto, a perder su valor como
sustituto del agente condicional simple (el azúcar) si no se los asocia nuevamente, de cuando en
cuando, es decir, si no se repite, a intervalos, la experiencia primitiva.
Pero si proseguimos aún esta misma experiencia, es decir, sí continuamos empleando nuestros exci-
tantes según un ritmo regular, la salivación del perro no aumentará. Muy al contrario, obtendremos
una inhibición de las funciones reflejas que puede extenderse a todo el organismo y engendrar un
estado de somnolencia. Digamos por fin, que un estado parecido se puede obtener de otra manera.
En este caso ya no es la repetición sino la intensidad del excitante la que actúa para inhibir los
racial, pueblo enraizado contra finanzas sin partído, y, a último momento, defensa de Europa contra
los judíos, los anglosajones y el bolcheviquismo* (Sociologte da Commumsme, 367).
14
SERGE CHAJOTIN, Le Viol des foules par la propagande politique, Gallimard.
reflejos normales de un individuo. Así, la aparición repentina de una serpiente puede inhibir los
reflejos de fuga en el pájaro que, fascinado, irá a caer en sus fauces.
Solo nos queda ahora aplicar esto a nuestro tema. Hagámoslo primero con la publicidad. Para reco-
mendar un agua gaseosa en las paredes del subterráneo, la publicidad recurre a una mujer que surge
de entre las burbujas; es evidente que no hav ningún vínculo de orden racional entre el agua mineral
X y la linda mujer. Se trata, solamente, de condicionar al futuro cliente de manera que, volviendo a
nuestra comparación, salive, desde ese momento, cada vez que oiga el nombre del agua X, que le
evocará inmediatamente la imagen de una linda mujer que surge del agua. Asociaciones parecidas
se crean más naturalmente con marcas de jabón o de medias. En este caso la publicidad juega la
carta segura del instinto sexual.
La propaganda política también puede utilizar el instinto sexual. La representación de las entidades
nacionales por mujeres agradables, como Mariana, responde a ese reflejo, bastante atenuado en ese
caso. Pero fue sobre todo en el instinto de poder que se fundó el condicionamiento en gran escala
realizado por e! nazismo. Para mayor claridad distinguiremos las dos fases que corresponden a las
dos experiencias que acabamos de analizar. Primero determinar los reflejos y hacerlos funcionar, y
luego utilizarlos con el ritmo necesario para crear el estado de inhibición.
1° Se trata de determinar los reflejos condicionados que constituirán el engranaje de esta propa-
ganda; en este caso, de asociar el objeto deseado por la masa con el partido que se lo propone como
finalidad: la grandeza del Reich y la felicidad de todos los alemanes se asocian al partido nacional-
socialista. Pero sería fastidioso y de efecto mediocre acumular explicaciones y razonamientos en
sucesivas oportunidades, para demostrar, en cada caso, que ésos son los fines perseguidos por el
partido. Resulta mucho más expeditivo sustituir progresivamente el agente condicional simple, que
es la grandeza del Reich, por tal o cual individuo que se propone conquistar esta grandeza: o tal o
cual frase o imagen que lo resumen y evocan. De tal manera. la idea que se tiene que propagar está
ligada a un rostro, a un símbolo, a un slogan o a un grito. Basta de programas detallados y
demostraciones pesadas: la cruz gamada y el saludo hitleriano bastan, además del retrato del jefe
difundido en millones de ejemplares. Son éstos otros tantos bocinazos que hacen salivar a todo un
pueblo. Sin embargo, como ya hemos visto, el símbolo, el excitante secundario, perdería su poder si
no fuera revivificado, renovado por nuevas asociaciones con la excitación primaria. Por esto el
terrón de azúcar se distribuye fragmento por fragmento: Austria, Checoslovaquia, Memel... y,
finalmente, es el terrón entero lo que debe arrojársele al perro.
2° No obstante, estos símbolos son, más que recuerdos de promesas o evocaciones de grandeza,
llamamientos a la fuerza, evocaciones de angustia. Se conoce el mecanismo fundamental del
terror hitleriano. El R. P. Fessard lo analizó a la luz de la dialéctica hegeliana del amo y el esclavo:
"Si la voluntad del esclavo continúa subyugada mucho después del desenlace del combate, y sin
que se ejerza efectivamente la mayor fuerza del amo, es porque el terror de la muerte le arranca el
mínimo consentimiento que lo liga a la voluntad del vencedor. Cuando sea necesario, algunos
castigos parciales refrescarán el recuerdo de ese momento de angustia en el que cambió la libertad
por la vida y lo obligará nuevamente a una adhesión infinitesimal 15". Lo que el R. P, Fessard
describe aquí es, con otras palabras, la inhibición condicionada. Pero lo que él no dice es que estos
recuerdos de inhibición pueden conseguirse mucho más económicamente. En efecto: la propaganda
suministra sustitutos que, para evocar la angustia, remplazan con comodidad a los latigazos, o por lo
menos, dan excelentes resultados cuando se sabe asociarlos con ellos" de modo conveniente. Estos
sustitutos son los cantos, símbolos y slogans. De este modo el poder de Hitler se asocia con la cruz
gamada y ésta se reproduce en todas partes, de manera que al verla, el partidario recuerde siempre el
15
G. FESSARD, Autorité et Bien Commun (Recherche de Science religieuse).
momento de exaltación en que se da en cuerpo y alma, y el adversario, el momento de terror en que
vio avanzar hacia él, agrupados detrás de su bandera sangrienta, los uniformes pardos, cachiporra en
mano; el momento en que debió aceptar, de grado o por fuerza, el pacto de servidumbre. La cruz
gamada, esta simple imagen, se convierte, según la expresión de Chajotin, en un momento de
amenaza, que provoca inconscientemente este razonamiento: "Hitler es la fuerza, la única fuerza
real, y puesto que todo el mundo está con Hitler, es preciso que yo, hombre de la calle, haga lo
mismo si no quiero ser aplastado".
Se ve toda la importancia del ritmo con que los hitlerianos realizaban su propaganda. Esta no cesaba
jamás, ni en el tiempo ni en el espacio, y constituía una pantalla sonora y visual permanente que
tenía al pueblo en pie de acción. Pero variaba de intensidad. Si el objetivo parecía lejano "se ponía
el alma del pueblo a fuego lento", según la expresión empleada, para que estuviese lista en el
momento oportuno. Ciertas campañas tendían inevitablemente a su fin en un crescendo a veces muy
largo, que los acontecimientos podían hacer más lento. Al Ansch-luss, por ejemplo, le precedió una
campaña de cinco años. En otras ocasiones la gradación era más rápida y más dramática, como en
las pocas semanas que precedieron la invasión de Checoslovaquia. Pero en todos los casos el golpe
se asestaba súbitamente y sin aviso previo. De esta manera se mantenía al individuo en un estado
continuo de exaltación hasta la hora H. En cuanto al adversario, sometido a un perpetuo alerta,
psíquicamente desarticulado, casi adormecido, como el perro de Pavlov, de tanto esperar el golpe no
reaccionaba cuando éste caía sobre él. Si no se tratara de empresa semejante, seria de admirar la
manera como ejecutaba esa orquesta de propaganda; la música no se interrumpía jamas. Siempre
había en la sinfonía una frase en suspenso que podía retomarse. Si la política internacional no
convenía, se sacaba a relucir nuevamente la cuestión judía16.
Durante la guerra sucedió lo contrario. El tema ario anticristiano dio paso al mito majestuoso de la
nueva Europa heredera de los valores cristianos, erigida frente a la barbarie bolchevique. No hay
contradicción, jamás se vuelve atrás para retomar el camino; se trata, simplemente, de un nuevo ins-
trumento. Fue asi como la propaganda antisoviética, bruscamente interrumpida en 1939, se reanudó
en junio de 1941. Pero la orquesta hizo tanto ruido que solo algunos individuos empecinados en re-
flexionar advirtieron una discontinuidad. La regla impone, precisamente, no dar tregua para
reflexionar. Los llamados a las urnas se suceden, así como las proclamas de combate y la lista de
nuevos objetivos que deben alcanzarse.
La confirmación de las experiencias de Pavlov es, por lo tanto, evidente. Pero en este mismo
sentido del estímulo continuo se estableció una suerte de alternancia regular: al azúcar se agregaba
el látigo. Cuando el enemigo parece renuente, se lo acaricia; después, cuando recobra la respiración,
se lo amenaza de nuevo... Fue así como, inmediatamente después de Munich, cuando la opinión
mundial creyó que podía darse un respiro. Hitler pronunció dos de sus más violentos discursos. Los
oyentes y los interlocutores advirtieron siempre la habilidad con que alternaba la seducción y la
brutalidad, lo que se ha llamado su Gesprachstechnik, un arte de la conversación que, por otra parte,
ya a Napoleón no le era desconocido.
16 Varios ejemplos de los procedimientos empleados por Hitler y Goebbels los tomamos de la obra
reciente de WALTER HAGEMANN, Publizistik itn dritten Reich, Hansicher Gildenverlag. Hamburgo.
lleva a la exaltación, a un estado de excitación y de agresividad. La excitación puede llevar al
éxtasis, a un estado que, como su nombre lo indica, es una forma de escape de si mismo." Y es
precisamente ése el estado del alemán sometido a la propaganda hitleriana, preso, al mismo tiempo,
de exaltación y de angustia que muy bien pueden haber llegado al subconsciente. A muchos
observadores impresionó el aspecto que tomaban ciertos individuos, como petrificados en la actitud
ausente y rígida del sonámbulo, durante un discurso de Hitler. Y fue así, en efecto, tocando
sucesivamente los dos polos de la vida nerviosa —el terror y la exaltación— cómo los nazis
terminaron por disponer del sistema nervioso de las grandes masas, tanto en Alemania como fuera
de ella. Esto se relaciona, por último, con un mismo estado psicológico ambivalente que comprende
todos los grados, desde el miedo hasta el entusiasmo.
Es cierto que entre los hombres que siguieron a Hitler hasta el fin y murieron por él hubo muchos
que lo odiaron; pero el procedimiento y el ritmo mismo de su propaganda los había hipnotizado lite-
ralmente y arrancado de sí mismos. Estaban condicionados hasta la médula y habían perdido la
capacidad de comprensión y de odio. A decir verdad, no lo amaban ni lo detestaban; estaban
fascinados por él y, en sus manos, se habían convertido en autómatas.
CAPITULO V
REGLAS Y TÉCNICAS
La propaganda política ya tiene una historia. El uso que de ella hicieron comunistas y nazis, por otra
parte, de manera muy diferente, es particularmente precioso para discernir ciertas reglas de la
propaganda. Lo intentaremos aquí de la manera más objetiva posible, descartando todo falso
pudor. Y por si ocurriere que tal propósito indignara a alguien, que se nos permita recordar que
hubo una época, no muy lejana —precisamente aquella en que este estudio comenzó a forjarse en la
acción antes de ser redactado— en que la propaganda no era una curiosidad ni una actividad de
segundo orden, sino una lucha de todos los días. Entonces estábamos atrapados en su red y se
pasaba muy rápidamente de las palabras a los actos; todo convertido al "nuevo orden", todo oyente
de Philippe Henríot, era un delator en potencia. Pero aquel que era ganado por la causa de la
Resistencia era un soldado arrebatado al enemigo y ganado para la nación. Entonces no se trataba
tanto de razonar sino, antcs que nada, de convencer para [Link] propaganda que habían
despreciado los delicados se había convertido en un arma terriblemente eficaz en mano de los nazis,
y los franceses aprendían, a sus expensas, a volverla contra el enemigo. Este episodio de nuestra
historia bastaría para justificar un interés por las formas de la propaganda, aun las más exorbitadas y
más pervertidas. El hecho de que atravesemos hoy en Europa occidental por un período de
propaganda parcial y atenuada, no impide que hayamos vivido, y que aún podamos vivir nue-
vamente, una época de propaganda total.
Nadie podría pretender confinar la propaganda en un cierto número de leyes funcionales. La pro-
paganda es polimorfa y cuenta con recursos casi ilimitados. Como dijo Goebbels: "Hacer
propaganda es hablar de la idea en todas partes, hasta en el tranvía". El verdadero propagandista, el
hombre que quiere convencer, aplica toda suerte de fórmulas, según la naturaleza de la idea y la de
sus oyentes; pero actúa principalmente por contagio de su fe personal, por sus cualidades propias de
simpatía y de elocución. Estos elementos no son fácilmente mensurables, y, sin embargo, la
propaganda de masas no tendría efecto si no fuese sostenida por un esfuerzo tenaz y múltiple de
propaganda individual.
La propaganda individua] se expresa por la simple conversación, por la distribución de volantes y
diarios, o más sistemáticamente, por el de puerta en puerta, método que consiste en llamar
sucesivamente a todas las puertas de un barrio y ofrecer diarios o formular peticiones, y si es
posible, convertir esto en principio de una conversación.
Los basamentos técnicos de la propaganda de masa son potentes y cuantiosos. Nos es imposible
tratarlos detalladamente aquí. Contentémonos con un simple recuento.
Material impreso. El libro, costoso y de larga lectura, sigue siendo a pesar de todo un instrumento
básico. Piénsese en la importancia del Manifiesto comunista y de las obras de Lenin y Stalin en la
propaganda comunista, y en la tirada de Mein Kampf en Alemania .
El panfleto, arma predilecta de la propaganda en el siglo xrx, es hoy utilizado por los comunistas,
pero se destina sobre todo a los intelectuales.
Y por fin el affiche y el volante, qne deben ser redactados en forma breve y contundente. El volante
tiene la ventaja de ser poco engorroso y de fácil distribución anónima. Cuando el volante se reduce
a un slogan o a un símbolo, toma el nombre de mariposa.
El altavoz se utiliza en las reuniones públicas, pero también puede desplazarse a voluntad De esta
manera fue usado en el frente de guerra en los años 1939 y 1940 y durante la guerra civil en China.
Con frecuencia se lo instala en un camión. Durante la campaña electoral de junio de 1950, el
partido socialista belga usó camiones equipados en esa forma; se detenían de pronto en una
localidad, y despues de algunos discos que ponían sobre aviso a la población, un orador exponía
ante el micrófono. Este método tenía la ventaja de permitir entrar en contacto, en cualquier lugar,
con mucha gente que no asistía a reuniones políticas.
En Viet-Nam, él gobierno francés utilizó también camiones con altavoces, pero en este caso se
trataba de un bazar ambulante que servía para atraer a la población.
La imagen. Hay muchas clases de imágenes: fotos, caricaturas y dibujos satíricos —emblemas y
símbolos—, y retratos de los jefes. La imagen es, sin duda, el instrumento de más efecto y el más
eficaz. Su percepción es inmediata y no exige ningún esfuerzo. Si se la acompaña con una breve
leyenda, remplaza ventajosamente a cualquier texto o discurso. En ella se resume preferentemente
la propaganda, tal como lo veremos al tratar de los símbolos.
La propaganda se introdujo hasta en la liturgia fúnebre. Ningún otro espectáculo impresiona tanto el
alma moderna, ni le inspira tanto ese sentimiento de comunión religiosa al que aspira; es el único —
Péguy lo ha destacado— que logra con cierto fasto nuestra república civil y laica. Goebbels
organizaba con cuidado y con un estilo impresionante las exequias de los jefes del partido. Plievier
nos cuenta17 que llegó a organizar las exequias colectivas de todo el 6° ejército alemán, cuando una
parte del mismo combatía aún en el cerco de Stalingrado.
Aunque sin caer en las románticas suntuosidades de la puesta en escena hitleriana, hay pocas
manifestaciones políticas que no incluyan hoy una parte espectacular; para atraer y distraer a las
muchedumbres, sin duda, pero también, y más profundamente, porque ello responde a su nostalgia
de una liturgia colectiva desaparecida.
Con frecuencia el teatro inspiró la técnica de la propaganda; así sucedió con los coros hablados que
se originaban en las manifestaciones, o que hasta Hitler y Mussolini animaban; también en las
"conferencias dialogadas", en las que un compinche se encarga de desempeñar, más o menos
groseramente, el papel de contradictor. El espectáculo ocupa un lugar cada vez más grande en los
desfiles y mítines, en los que figuras carnavalescas encarnan al enemigo; carrozas decoradas
representan las escenas ideales del porvenir, en las que se representan sketchs simplificados,
reducidos a veces a gestos solamente, suerte de pantomimas políticas.
El cine, por último, es un instrumento de propaganda particularmente eficaz, sea que se lo utilice
por su valor documental —reproduce la realidad con su movimiento y de ahí que le confiera una
Después de esta rápida revista de los principales vehículos de propaganda vamos a examinar las
reglas principales de su funcionamiento, reglas y usos que, a título indicativo, pueden inferirse de
la historia reciente de la propaganda política.
En todos los campos, la propaganda se esfuerza en primer lugar por lograr la simplicidad. Se trata
de dividir su doctrina y sus argumentos en algunos puntos que serán definidos tan claramente como
sea posible. Toda una gama de fórmulas está a disposición del propagandista: manifiestos,
profesiones de fe, programas, declaraciones, catecismos, los que, bajo una forma generalmente
afirmativa, enuncian una cierta cantidad de proposiciones en un texto breve y claro.
Es significativo que en los orígenes de las tres grandes propagandas que han modificado
perdurablemente el mundo, encontremos tres textos de esta clase: la fe católica fue condensada en el
Credo o Símbolo de Nicea; la Revolución Francesa redactó una Declaración de los derechos del
hombre y del ciudadano, que constituyó, por así decir, el alfabeto de su propaganda y que,
sobreviviéndole aún hoy, es testimonio todavía de la vitalidad de sus principios. Estos dos textos
son de una densidad y claridad admirables; no se podría encontrar en ellos una palabra de más. Los
dos están compuestos de frases cortas y rítmicas, de suerte que pueden ser fácilmente recordados. El
marxismo, a su vez, se apoya en un documento más largo, el Manifiesto comunista, en el cual Marx
y Engels condensaron su doctrina en fórmulas de efecto.
Este esfuerzo para precisar y resumir es una necesidad previa de toda propaganda. Lo encontramos
tanto en un texto célebre como la Declaración de catorce puntos del presidente Wilson, como, con
éxito diverso, en los muchos programas, manifiestos y profesiones de fe electorales que son
comunes en la vida política.
Siempre tendiendo hacia una mayor simplificación, encontramos la voz de orden y el slogan, tan
breves y bien "acuñados" como sea posible, según una técnica que ha desarrollado la
publicidad. La voz de orden, como vimos, tiene un contenido táctico: resume el objetivo que
debe alcanzarse. El slogan hace un llamado más directo a las pasiones políticas, al entusiasmo, al
odio: "Tierra y Paz" es una voz de orden; Ein Volk, ein Reich, ein Führer, un slogan. "Ni un
centavo, ni un hombre para la guerra de Marruecos" es una voz de orden; "Doriot al poder. Rex
vencerá" son slogans. Por lo demás, la distinción no es siempre tan clara.
En fin, caso extremo, una doctrina o un régimen se resumen en un símbolo: símbolo gráfico
(S.P.Q.R.R.F., la inicial de los soberanos reinantes, etc.); símbolo imagen (bandera, banderín,
emblemas o insignias diversas en forma de animales u objetos: cruz gamada, la hoz y el martillo,
símbolo plástico (e! saludo fascista, el puño levantado, etc.); símbolo musical (himno, frase
musical).
El símbolo, que en un principio era sobre todo figurativo, como el hacha del lictor y el gorro rojo de
la Revolución Francesa, se alejó progresivamente de la realidad que representaba en provecho de
la facilidad de reproducción. La cruz gamada es un símbolo solar prehistórico que no tiene mas
que un vínculo poético con el nazismo. Lo mismo las diferentes clases de cruces adoptadas estos
últimos años, como la cruz de Lorena, por ejemplo, símbolo de la Francia Libre, que evocaba un
territorio martirizado. Su valor residía "sobre todo en su simplicidad (la cruz es el símbolo más
simple y susceptible de ser reproducido con mayor facilidad). La V inglesa, adoptada
como símbolo aliado, fue un éxito perfecto. Por ser la letra inicial de "Victoria" tenía un valor
figurativo directo, y a la vez podía representarse con un símbolo gráfico extremadamente simple
y cómodo para reproducir en las paredes, con un símbolo plástico (los dos dedos o los brazos
levantados) o bien con uno sonoro (los ...—, transcripción de la V en alfabeto morse, que
anunciaban las emisiones de la B.B.C. para los territorios ocupados), y por este camino la V
adquiría, por fin, un valor poético, ya que se confundía con el tema inicial de la Quinta Sinfonía de
Beethoven, que evoca los golpes que el Destino da en la puerta.
En el capitulo precedente analizamos el mecanismo por el cual estos diversos símbolos evocan de
por sí todo un conjunto de ideas y sentimientos. Recordemos, en todo caso, que la reducción a fór-
mulas claras, a hechos y cifras, causa siempre mejor efecto que una larga demostración. Es
seguramente una debilidad de ciertos partidos políticos, como el M.R.P. de Francia, el no haber
llegado jamás a condensar su doctrina y su programa en algunas fórmulas y símbolos llamativos
que la memoria pueda conservar.
Por otra parte, una buena propaganda no se asigna más que un objetivo principal por vez. Se
trata de concentrar el tiro en un solo blanco durante un período dado. Los hitlerianos practicaron
perfectamente este método de concentración que fue el ABC de su táctica política. Aliados primero
a los partidos burgueses y reaccionarios contra los marxistas, después a la derecha nacionalista
contra los partidos burgueses y, finalmente, al eliminar a los nacionalistas, se las arreglaron
siempre para tener un único enemigo.
Concentrar en una sola persona las esperanzas del campo al cual se pertenece o el odio que se siente
por el campo adverso es, evidentemente, la forma de simplificación más elemental y más
beneficiosa. Los gritos de "¡Viva Fulano!" o "¡Abajo Zutano!" pertenecen a los balbuceos de la
propaganda política y le proporcionaron siempre buena parte de su lenguaje de masas. Reducir la
lucha política a una rivalidad de personas, es sustituir el difícil enfrentamiento de tesis, el lento y
complejo mecanismo parlamentario, por una suerte de juego del cual los pueblos anglosajones aman
el aspecto deportivo, y los pueblos latinos el lado dramático y pasional. De esta manera, "Bidault
sin Thorez", slogan del M.R.P. durante la campaña electoral de 1946, o aun mejor, el símbolo
gráfico P.M.F. por Pierre Mendés-France, son más expresivos que largos programas.
La individualización del adversario ofrece muchas ventajas. Los nazis transformaban cada escru-
tinio en un "combate contra el último opositor". Los hombres prefieren enfrentar a personas visibles
más bien que a fuerzas oscuras. Particularmente cuando se los convence de que su verdadero ene-
migo no es tal partido o tal nación, sino el jefe de ese partido o de esa nación, se matan dos pájaros
de un tiro: por una parte se tranquiliza a los propios partidarios, seguros de tener enfrente no una
masa resuelta como ellos, sino una multitud engañada conducida por un mal pastor que la abando-
nará cuando se abran sus ojos; por otra parte se puede esperar que se divida el campo contrario y se
desprendan algunos elementos. Por lo tanto, se atacará siempre a individuos o pequeñas fracciones,
nunca a masas sociales o nacionales en conjunto. Fue así como Hitler no pretendió jamás combatir a
la clase obrera marxista, sino a algunos "judío-marxistas que tiran de los hilos"; jamás a la Iglesia,
sino a "una camarilla de curas hostiles al Estado". En su propaganda dirigida a los católicos y a los
socialistas, los partidos comunistas actúan según esta regla19.
Se advierten en esto las razones de la enorme importancia que han tomado en la propaganda las no-
ciones de camarilla, complot, conspiración. Los grandes procesos políticos como el del incendio del
Reichstag o el proceso de Rajk. sirven para autenticar la realidad del complot denunciado y con-
vencer a la masa que tiene contra ella, efectivamente, solo una camarilla de espías, saboteadores y
traidores.
En la forma en que la propaganda hitleriana explotaba el sentido del enemigo, había una táctica
de una extraordinaria eficacia psicológica y política. Es el arte del bluff llevado al límite que con-
siste en adjudicar al adversario los propios errores o la propia violencia, exhibición generalmente
desconcertante. P. Rainwald destaca con justicia que "el hecho de atribuir al enemigo los propios
defectos y adjudicarle los actos que se está a punto de cometer, se ha transformado, gracias a Hitler,
en la característica de la propaganda nacionalsocialista"21. Y cita una frase desconcertante de Hitler
a Rauschning, que prueba que el Führer, al personalizar a ultranza a su enemigo, asignaba a su pro-
paganda una verdadera función de catarsis, de autopurificación por el odio: "Todos llevamos el
judío en nosotros, pero es más fácil combatir al enemigo visible que al demonio invisible".
21De L'Esprit des masses (Delachaux y Niestlé, pág. 257). Hemos utilizado mucho esta inteligente
compilación de las diversas teorías de psicología colectiva.
prensa partidista, que hace resaltar todas las informaciones que le son favorables: así se trate de una
frase aventurada por un político, como del paso de un avión o de un navio desconocidos,
transformados en pruebas amenazantes. Otro procedimiento frecuente es el uso hábil de citas
desvinculadas de su contexto.
La propaganda hitleriana se sirvió sistemáticamente de la noticia como medio para dirigir los
espíritus. Las "informaciones” importantes no se daban nunca en bruto. Cuando aparecían ya esta-
ban preparadas, cargadas de un potencial de propaganda. Un ejemplo de esto lo da la manera como
la prensa alemana presentó una huelga declarada en los Estados Unidos, y que nos refiere Walter
Hagemann. No se decía: "los huelguistas rechazan un laudo arbitral de Roosevelt", sino "los huel-
guistas responden con un rechazo del laudo arbitral a la estúpida política social de Roosevelt".
Como se ve, la exageración comienza en la etapa de la información, y se acentúa, generalmente, en
el título y en el comentario.
3. REGLA DE ORQUESTACIÓN
La primera condición de una buena propaganda es la repetición incesante de los temas principales.
Goebbels decía en chiste: "La Iglesia católica se mantiene porque repite lo mismo desde hace dos
mil años. El Estado nacionalsocialista debe actuar de la misma manera." Sin embargo, la repetición
pura y simple fatigaría pronto. Se trata, entonces, de insistir con obstinación en el tema central pre-
sentándolo bajo diversos aspectos. "La propaganda debe limitarse a una pequeña cantidad de ideas
repetidas siempre. La masa solo recordará las ideas más simples cuando le sean repetidas centenares
de veces. Los cambios que se introduzcan nunca deberán afectar el fondo de la enseñanza que uno
se proponga divulgar, sino solamente la forma. Es por esto que la voz de orden debe presentarse
bajo diferentes aspectos, pero figurar siempre condensada en una fórmula invariable como
conclusión24. Esto no es una invención, sino la sistematización de un procedimiento conocido ya
22 Churchill era tratado de "paralítico, ebrio, bota de vino, idiota, loco, caduco,
perezoso, mentiroso, eróstrato, etc."
23
The political communication specialist of our times, Princeton.
24HITLER, Mein Kampf.
por el viejo Catón, quien terminaba todas sus arengas con "delenda Carthago", y que usaba también
Clemenceau cuando introducía en todos sus discursos la famosa fórmula: "Hago la guerra."
La persistencia del tema, junto con la variedad de su presentación, es la cualidad rectora de toda
campaña de propaganda.
En esta materia los partidos comunistas ofrecen un modelo por la obstinación con que repiten un
mismo tema, abordándolo desde ángulos diferentes. Si se toma la colección de L'Humanité de 1948,
se advierte que, desde el 1° de enero, fecha en la que desea a sus lectores un feliz año, un "año de
victoria contra el plan de ruina del partido americano", no hubo editorial o artículo de fondo en el
cual, no importa respecto de qué asunto, no se criticara el plan Marshall. Ese leitmotiv aparecía
tanto en la página humorística, como en los comentarios y las crónicas cinematográficas,
deportivas, etcétera.
La orquestación de un tema dado consiste en su repetición por todos los órganos de propaganda en
formas adaptadas a los diversos públicos, que deben ser tan variadas como sea posible. “Para un
público diferente, siempre un matiz diferente", prescribía una de las directivas de Goebbels, quien
llevaba su afán de adaptación al público al extremo de anotar en su Diario que "la propaganda" en
el terreno de la cultura es siempre la más eficaz con los franceses".
Como en una campaña militar, cada uno combate con sus propias armas en el sector que se le
asigna. La campaña antisemita de los nazis la realizaban simultáneamente los diarios, que
informaban y polemizaban, las revistas que publicaban sesudos artículos sobre la noción de raza, y
el cine, que producía películas como El judío Süss. Cuando los nazis tuvieron en sus manos los
medios para influir en toda la opinión europea, su técnica de orquestación alcanzó su máxima
amplitud. En esa época todas las semanas aparecía en Das Reich un editorial del Dr. Goebbels que
inmediatamente era reproducido por los diarios y las radios alemanes, por los diarios del frente y
por la prensa de todos los países ocupados, en idiomas y registros diferentes, con las correcciones
que requerían las diversas mentalidades nacionales.
Los temas fundamentales son precisados cada semana en un memorándum del Bureau político, y
cuyo texto es siempre claro y conciso, desarrollado por toda la prensa comunista y sus oradores,
hasta llegar al último escalón, en la base, donde aparecen en los affiches, petitorios, propaganda
oral, propaganda de puerta en puerta, etc. Es así como las grandes campañas emprendidas por el
partido comunista (contra el plan Marshall, contra la bomba atómica) repercuten en todos los
rincones del país y alcanzan, de una manera u otra, a casi todos los ciudadanos. Una gran
campaña de propaganda triunfa cuando logra expandirse en ecos infinitos, cuando consigue que en
todas partes se discuta un mismo tema de las más diversas maneras, y cuando establece entre los
que la han iniciado y aquéllos en quienes ha repercutido un verdadero fenómeno de resonancia cuyo
ritmo puede ser mantenido y amplificado. Es evidente, por otra parte, que para obtener esta
resonancia el objetivo de la campaña ha de corresponder a un deseo más o menos consciente en el
espíritu de las grandes masas.
Conducir y desarrollar una campaña de propaganda exige que se siga de cerca la progresión, que se
la sepa alimentar continuamente con informaciones y slogans nuevos, y que se la reanude en el
momento oportuno bajo una forma diferente y tan original como sea posible (reuniones, votos,
obtención de firmas, manifestaciones de masa, etc.). Una campaña tiene su duración y su ritmo
propios; debe "prenderse", al principio, de un acontecimiento especialmente importante,
desarrollarse en forma tan progresiva como sea posible y terminar en apoteosis, generalmente con
una manifestación masiva. Son verdaderos fuegos de artificio, donde los cohetes se suceden, cada
vez más cargados, hasta caldear el entusiasmo y llegar a una cima que habrá de alcanzarse con el
lanzamiento del último. La rapidez es en todos los casos el factor primordial de una campaña de
propaganda. Es preciso encontrar revelaciones y nuevos argumentos continuamente, a un ritmo tal
que, cuando el adversario responda, la atención del público se desplace ya hacia otra parte. Sus
respuestas sucesivas no lograrán superar la marea creciente de las acusaciones, y su único recurso
será arrebatar la iniciativa, si es que puede hacerlo, y atacar aún con más rapidez.
Los hechos imponen a veces una duración mucho más larga, como en el caso de la campaña de revi-
sión del proceso Dreyfus, magníficamente abierta con el panfleto de Zola, y que se desarrolló de
modo armonioso, apelando a todos los medios para influir en la opinión pública.
El país fue conmovido en lo más profundo, con intensidad que ninguna otra campaña había logrado
antes. Es cierto que entonces se trató de una suerte de conflagración, en la cual las pasiones
desempeñaron muy pronto un papel capaz de provocar un movimiento de opinión más espontáneo,
como no lo son generalmente las modernas campañas de propaganda.
Las campañas nazis, en particular, eran manejadas desde el principio hasta el fin con un método
[Link] la tradición bismarckiana, Goebbels obtuvo, mediante la coacción, lo que el
Canciller de Hierro debió a la corrupción de su famoso "fondo de reptiles": el completo servilismo
de la prensa. Los instrumentos de la orquesta se encadenan unos con otros, según una partitura es-
crita de antemano. Citemos, por ejemplo, la manera de preparar las agresiones contra
Checoslovaquia y Polonia. Fueron los diarios de las regiones fronterizas los que empezaron dando
"informaciones" sobre las atrocidades sufridas por las minorías alemanas. Estos relatos fueron
reproducidos más tarde por todos los diarios cual sí hubiesen provenido de distintas fuentes, y, por
ende, con una apariencia de veracidad suplementaria. Es el mismo recurso del vendedor de baratijas
que hace elogiar su producto por un pretendido cliente, que no es otro que su compinche.
Esta gigantesca estrategia de la opinión incluye hasta "misiones especiales". En todos los países, a
ciertos diarios y algunos comentaristas radiales, se les encarga el lanzamiento de "globos de
ensayo". La manera de reaccionar de la opinión nacional e internacional es una preciosa indicación
para orientar la política. El "globo de ensayo" se emplea, sobre todo, en la propaganda de guerra o
para preparar un cambio de política exterior. Son éstas, a veces, "misiones sacrificadas". Si la
reacción de la opinión pública es desfavorable, o si las circunstancias cambian súbitamente, el
diario o el informador encargado de lanzar el globo de ensayo es desautorizado y acusado de falta
de seriedad, o" aun de "provocador" al servicio de! adversario.
Hay países en los que algunos diarios tienen la misión de hablar al extranjero en términos más
serenos, y mesurados que los empleados para uso interno. Este era el caso de la Frankfurter Zeitung
en Alemania. Goebbels había llevado la división de tareas al punto de hacer que, algunas veces,
actuaran aparte los recursos de la propaganda oral. Su ministerio había realizado ensayos según los
cuales un rumor lanzado en Berlín llegaba dos días después a las ciudades renanas, y volvía, al
quinto día, a Berlín, pero modificado en su forma. Esto le hizo servirse en algunas ocasiones de este
medio indirecto para explicar así lo que no podía explicarse oficialmente. En su Diario cuenta sus
dificultades en el caso del "peligro amarillo". Este viejo tema de la propaganda germana, que habían
retomado los nazis, no podía ser tratado públicamente sin correr el riesgo de dividir al Eje; debíase,
por lo tanto, "renunciar a explicaciones públicas tratando de divulgar en el pueblo nuestras
verdaderas razones por medio de la propaganda oral". Esta puede utilizarse también para amortiguar
los choques. Goebbels, por ejemplo, cuidó que se anunciara primero, "bajo cuerda", la reducción de
las raciones alimentarias, con el objeto de evitar un choque cuyo contragolpe sería perjudicial para
la moral'" del pueblo y entorpecería la propaganda que entonces se realizaba para lograr un
aumento de rendimiento.
Sucede que algunos temas deben abandonarse porque son contradichos por los hechos o por la
propaganda del adversario. En este caso el propagandista no reconoce su error, es una regla
evidente que la propaganda no debe contradecirse. El propagandista se limita a guardar silencio en
aquellos puntos en los que está débil. La disimulación o la desfiguración de las noticias favorables
al adversario se ha convertido en un procedimiento casi universal, Hagcmann examinó cerca de
cincuenta mil órdenes enviadas por Goebbels a la prensa y comprobó que la cuarta parte de ellas
eran consignas de silencio. Pero el silencio se acompañaba comúnmente con ofensivas de
diversión. El mismo autor cuenta que, en 1935, cuando las persecuciones antisemitas
escandalizaban a la opinión extranjera, Goebbels desencadenó en la prensa alemana una campaña
contra la persecución de los católicos irlandeses por parte de los ingleses. La diversión es una
táctica favorita de la propaganda de guerra, pero la utilizan también los propagandistas
sorprendidos en falta, y Goebbels, a decir verdad, había llegado a ser un maestro en la materia.
Su biógrafo, Curt Ries25, detiénese con razón en el examen de un hecho destacado del
comienzo de su carrera. Goebbels, que era diputado y periodista a la vez atacaba violentamente a
sus adversarios resguardándose en la inmunidad parlamentaria. Cuando ésta le fue levantada,
se lo demandó por difamación, y como no podía negar los hechos, decidíó contraatacar, lanzando
furiosas diatribas e insultando a jueces y fiscales. El tribunal, como hipnotizado, condenó a
Goebbels por ultraje a pagar 200 marcos de multa y olvidó el fondo del proceso.
La condición esencial de una buena orquestación es, en todos los casos, adaptar con cuidado el tono
y la argumentación a los diferentes públicos. Esto, que parecería darse por descontado, resulta con
frecuencia difícil para propagandistas de formación intelectual, que no pueden hablar el lenguaje
que conviene a las muchedumbres de campesinos u obreros. En esto también Hitler se había
convertido en un maestro por el arte con que variaba sus efectos: ante sus antiguos compañeros
evocaba el heroísmo de las luchas pasadas; ante los campesinos, hablaba de la dicha familiar; ante
las mujeres, de sus deberes de madres alemanas, etc. Napoleón, a quien puede considerarse uno de
los precursores de la propaganda moderna, especialmente por su habilidad en la concisión y el
slogan, sabía también dirigirse tanto a sus tropas como a los académicos o a los musulmanes de
Egipto en los términos adecuados. Es interesante comprobar que los nazis trataron de usar el mismo
procedimiento con las diversas religiones que quisieron atraer; con menguado éxito, por otra parte.
4. REGLA DE TRANSFUSIÓN
Los verdaderos propagandistas no creyeron nunca que se pudiera hacer propaganda partiendo de
cero e imponer a las masas cualquier idea en cualquier momento. Por regla general, la propaganda
opera siempre sobre un sustrato preexistente, se trate de una mitología nacional (la Revolución
francesa, los mitos germánicos, etc.), o de un simple complejo de odios y de prejuicios
Sería erróneo, por lo tanto, ver en la propaganda un instrumento todopoderoso que oriente las masas
en cualquier dirección. Aun el "atiborramiento de los cráneos" se hace en un sentido bien determi-
nado. Esto lo saben bien los periodistas que no ofrecen a sus lectores más que informaciones esco-
gidas y digeridas a fin de tranquilizarlos y afirmarlos en sus convicciones. Todo el arte de "los
diarios de opinión" consiste en sugerir al lector, mediante la selección y la presentación de las noti-
cias, argumentos que sirvan como respaldo a su propio partidismo, y en saber inspirar ese senti-
miento reconfortante que se expresa con frases como: "Estaba seguro", "Ya lo había dicho yo", "Lo
hubiera apostado", etc.
La propaganda desempeña siempre un papel de partera, aun cuando sean monstruos los que ayude
a dar a luz. Pol Quentin, en su libro sobre la propaganda política 27expresó muy bien esta necesidad
de ir en la dirección de las opiniones preconcebidas y de los prejuicios, a veces infantiles, de los
arquetipos ancestrales, cuando dijo: "Ninguna energía, aunque fuese potencial, debe perderse en
una actividad en la que ganar tiempo es primordial. La escuela norteamericana de psicología
comprueba, por ejemplo, que los prejuicios raciales se arraigan sólidamente en el individuo desde
los cinco años de edad. Una campaña política que haga de la
rapidez lo primordial, tratará de conectar en algunos puntos sus programas nuevos con la fuente de
energía mental que constituye ese estereotipo preexistente. Será así beneficiada por una verdadera
'transfusión' de la convicción, como cuando un médico de renombre vende su clientela a otro más
joven."
Desde que existe la sociología se ha puesto en evidencia la presión del grupo en la opinión
individual y los múltiples conformismos que nacen en las sociedades. Esas observaciones fueron
confirmadas por los psicólogos modernos y particularmente por los especialistas norteamericanos
en opinión pública. Es sabido por todos aquellos que practican los "sondeos de opinión", que un
individuo puede tener sobre un mismo asunto, y muy sinceramente, dos opiniones muy distintas, y a
veces hasta contradictorias, según opine en tanto que miembro de un grupo social (Iglesia, partido,
etc.), o bien a título personal. Está claro que dos opiniones contrarias subsisten en el espíritu del
sujeto sólo por la presión de los diversos grupos sociales a los que pertenece. La mayoría de los
hombres desean, ante todo, armonizar con sus semejantes: Rara vez osarán perturbar la armonía que
reina en torno de ellos expresando una idea contraria a la de la generalidad; de lo que se infiere que
una gran cantidad de opiniones públicas son, en realidad, una adición de conformismos, mantenidos
porque el sujeto cree que su opinión es también unánimemente sostenida por quienes lo rodean. La
tarea de la propaganda será entonces la de reforzar esa unanimidad, y aun la de crearla
artificialmente.
Gallup cuenta una leyenda que ilustra muy bien esta habilidad elemental. Es la historia de tres
sastres de Londres que, otrora, dirigieron una petición al Rey, firmándola: "Nosotros, el pueblo in-
glés". Todas las proclamaciones, todos los manifiestos comienzan así, con una afirmación de
unanimidad: "Las mujeres de Francia exigen...", "el pueblo de París reunido en el Velódromo de
Invierno”.
Es divertido ver, algunas veces, dos partidos políticos de tendencias opuestas reunir, con pocos días
de intervalo y en la misma sala, al "pueblo parisiense", o dirigirse igualmente al gobierno en
nombre del "unánime sentimiento popular".
Esa misma preocupación lleva a los partidos a inflar la cantidad de sus manifestantes en
proporciones increíbles, y a veces absurdas. Se trata siempre de crear ese sentimiento lleno de
exaltación y de miedo difuso, que lleva al individuo a adoptar las mismas concepciones políticas
que parecen compartir la casi totalidad de las personas que lo rodean, sobre todo si de esas
concepciones se hace una ostentación no desprovista de amenaza. Crear la impresión de
unanimidad y virilizarla como un medio de entusiasmo y terror al mismo tiempo es el mecanismo
básico de las propagandas totalitarias, como ya hemos podido entreverlo cuando examinamos el
manejo de los símbolos y la ley del enemigo único.
El estudio de las sociedades de abejas permitió a Espinas formular una "ley de contagio psíquico",
según él, es el espectáculo del centinela encolerizado lo que desencadena el furor de la colmena.
Trotter confirma que el animal que forma parte de un rebaño es más sensible a la reacción de otros
individuos que a los estímulos exteriores. Esta ley de la simpatía inmediata, este dejarse llevar
gregario, se encuentra también en las sociedades humanas, y se observa de manera particularmente
clara en las sociedades infantiles. Algunos procedimientos de propaganda parecen ajustarse a esta
ley del contagio. Para provocar el asentimiento, para crear la impresión de unanimidad, los partidos
recurren con frecuencia a las manifestaciones y a los desfiles de masas. Se ha destacado con
frecuencia, y particularmente a propósito de manifestaciones hitlerianas, que era muy difícil para un
espectador indiferente o aun hostil no ser arrastrado a pesar suyo. El simple desfile de un
regimiento, con la banda a la cabeza, ya es bastante para alterar a los bobos. Un grupo de hombres
disciplinados, de uniforme, que marchan ordenadamente y con aire de resolución, produce siempre
un gran efecto en la muchedumbre. Cuenta Chajotin que durante las jornada de Leningrado a
principios de la revolución bolchevique, cuando el pánico habíase apoderado de la multitud, se
estableció el orden por el efecto casi inmediato de "desinhibición" que produjo el desfile de una
sección militar con máscaras antiguas.
A decir verdad, el ejemplo humano, la aureola del apóstol, la convicción del prosélito y el prestigio
del héroe, son irremplazables cuando se trata de ganar apoyo. Gabriel D'Annunzio practicó, con un
estilo heroico, una mezcla romántica de putsch y de propaganda. Más humildemente y con más fre-
cuencia, la mayor parte de los convertidos deben su convicción a militantes, a hombres con ideas
firmes y consagrados a ellas. El progreso de las grandes creencias políticas débese mucho al "con-
tagio del ejemplo", al contacto y a la influencia personal, y no de otra manera progresó el cristia-
nismo. En todo caso, es así como logran arraigarse profundamente. La masa moderna, deprimida y
sin confianza en sí misma, es atraída espontáneamente por aquellos que parecen poseer el secreto de
una dicha que le es esquiva, y que sacian su sed de heroísmo, por los "modelos", los iniciados, los
poseedores del porvenir. Y cuando el ejemplo humano es colectivo, su influencia es más grande
aún. La iglesia católica siempre hizo que sus sacerdotes y sus monasterios avanzaran a la par. Las
religiones políticas del mundo moderno también crearon sus órdenes y sus conventos: agrupaciones
de élites, escuelas de cuadros, campamentos de jóvenes, etc. No hay mejor agente de propaganda
que una comunidad de hombres que vivan según los mismos principios, en una atmósfera de
fraternidad.
Las ideas de amistad, de salud y de alegría son el común denominador de todas las propagandas.
Rondas infantiles, jóvenes en un estadio, segadores que cantan, Son otros tantos moldes del cine de
propaganda de todos los países, que especula con el deseo de felicidad y de libertad, y con la
necesidad de evasión del ciudadano pegado a su oficina o a su máquina, privado de verdaderos
contactos humanos. Desgraciadamente, sabemos por experiencia cuan mísera y angustiosa realidad
pueden disfrazar esos alegres cuadros.
La propaganda dispone de toda clase de recursos para crear la ilusión de [Link] Riess
cuenta, por ejemplo, cómo Goebbels, antes de la toma del poder, consiguió salvar una situación
comprometida. En noviembre de 1932 los nazis estaban de capa caida; habían perdido dos millones
de votos y treinta y cuatro bancas en el Reichstag. Goebbels decidió entonces dar un gran golpe.
Concentró toda la propaganda del partido en las elecciones parciales de Lippe-Detmold. distrito
de 150.000 habitantes. Los astros del partido, uno tras otro, contribuyeron a trabajar metódicamente
el distrito. La maniobra tuvo éxito y los nazis triunfaron en Lippe-Detmold. La opinión pública
creyó que había habido un vuelco en la tendencia general y que se había desencadenado un
verdadero alud hitleriano. Los banqueros e industriales volvieron a financiar a los nazis, y el 30 de
enero Hindenburg llamaba a Hitler a la Cancillería. Esto demuestra la importancia de lo que con
justicia se ha llamado las "elecciones piloto". El fascista belga Léon Degrelle quiso repetir la
misma operación cuando la famosa elección de Bruselas, en 1937. Pero sus adversarios
presintieron el peligro, y le opusieron el candidato más destacado que pudieron encontrar, Van
Zeeland, quien renuncio su banca ex profeso para librar la batalla. Ellos también concentraron en
Bruselas todo su esfuerzo de propaganda, y el rexismo sufrió un revés del que no pudo resta-
blecerse.
Los escritores, científicos, artistas y deportistas de renombre, también desempeñan, en esas oca-
siones, un papel de "personalidades piloto". El público que los admira, a veces ciegamente, se deja
impresionar de muy buen grado por sus predilecciones políticas, sin darse mucha cuenta de que no
se trata de lo mismo. Es ésa una verdadera transferencia de confianza y de admiración, que emplea
la publicidad cuando tal o cual estrella o cantor de moda recomienda una marca de jabón o de som-
brero. La adhesión de los intelectuales es uno de los medios que la propaganda prefiere para usar
como aval. Despierta la simpatía de la muchedumbre con mucha más amplitud de lo que
generalmente se cree, sobre todo en países como Francia, en los que el prestigio de las élites
culturales es aún muy grande. Se sabe que, en este aspecto, los partidos han ido a veces a buscar sus
referencias hasta en la historia: "Garibaldi hubiera votado por no", "Pasteur hubiera votado por sí"',
etc.
El medio de contagio más divulgado es, con toda evidencia, la manifestación de masa, así se trate
de un mitin o de un desfile. Es fácil discernir en ellos los elementos destinados a integrar en un
cuerpo único a la multitud:
Las banderas, estandartes y ornamentos crean un decorado imponente, con tanto mas poder de
exaltación cuanto que el color que domina es por lo general el rojo, cuyo efecto fisiológico ha sido
muchas veces subrayado.
Los emblemas e insignias que se reproducen en los muros, en los banderines, y que se encuentran
también en los brazaletes y en las solapas de los adeptos producen un doble efecto: fisiológico
inmediato de fascinación el primero, y casi religioso el otro; porque estos símbolos contienen una
significación profunda, como si poseyeran el poder reunir de por sí tan grandes masas en torno de
ellos en una suerte de culto ritual.
Las inscripciones y divisas que condensan los temas del partido en slogans que se repiten en los
discursos y en los gritos de los asistentes.
Los uniformes de los militantes completan la decoración y, sobre todo, crean una atmósfera de
heroísmo.
Y por fin, los saludos, los "sentado y de pie", el diálogo con los asistentes, los vivas v los minutos
de silencio, constituyen esa gimnasia revolucionaria que Chajotin aconseja a los conductores de
muchedumbres. Ph. de Felice establece un paralelo entre estos procedimientos y los empleados por
los profetas orientales. "Los efectos fisiológicos y psíquicos de una gesticulación llevada al frenesí,
son comparables con los de una intoxicación. Los desórdenes funcionales producidos en el
orgasismo por este medio provocan vértigo y, finalmente, una inconsciencia total que permite las
peores locuras. Sucede a veces que una agitación corno ésta se apodere de las asambleas políticas y
sea causa de escenas tumultuosas que recuerdan los espectáculos que ofrecían las cofradías de los
derviches vociferadores".
Entre el "conductor" y la muchedumbre se establece una relación que Le Bon calificaba como
"hipnosis", en la que Ph. de Felice ve una verdadera posesión. Es cierto que el gran hombre, por lo
menos en política, se ha devaluado considerablemente. La muchedumbre busca en aquel que admi-
ra, menos las cualidades naturales que lo distinguen de ella que aquello por lo cual él resume sus
deseos y sus sueños, traduciendo y devolviéndole como un eco, lo que ella le sugiere y espera de él.
El conductor de muchedumbres, el conductor de masas, responde a la definición que Víctor Hugo
daba del profeta: por desgracia no designa siempre las estrellas. El contacto, el fluido que circula
entre él y aquellos que encarna, es una realidad, a pesar de que escapa a todos nuestros instrumentos
de medida. No hace falta ningún otro ejemplo sino ese por el cual el mundo sufre aún: el
monstruoso maridaje de Hitler y las muchedumbres germánicas.
La acción del conductor de muchedumbres es casi siempre multiplicada por una cohorte de adeptos
organizados. Ya Nerón había creado grupos de especialistas encargados de provocar los aplausos.
Quienquiera que haya asistido a una poderosa manifestación de masa, desfile o mitin, habrá podido
advertir los métodos que acabamos de analizar, empleados con más o menos éxito e intensidad.
Cuando a todo lo ancho de una avenida avanza una masa compacta con banderas a la cabeza,
cantando sus himnos, son muy pocos los espectadores que no sienten vibrar algo en lo más
profundo de su corazón. Entonces los adversarios prefieren alejarse para huir del influjo. La
organización de esas manifestaciónes requiere un cuidado particular, pues su duración y su ritmo
son esenciales para crear el “ delirio de muchedumbre". Los hitlerianos utilizaban, sobre todo,
procedimientos de índole fisiológica que llevaban a sus límites extremos. Cuando se realizaba una
gran manifestación, en el estadio de Nuremberg, por ejemplo, comenzaba desde la mañana con la
llegada de los primeros asistentes; después, a partir de las 12 y 30, las delegaciones se sucedían y
ocupaban su lugar detrás de las bandas de música, de las cuales, cada ejecución era motivo para
aclamaciones y saludos. Alrededor de las 19 llegaban los dignatarios del partido y había una nueva
gesticulación. Entonces comenzaba un período de recogimiento durante el cual la espera se hacía
cada vez más insistente y solemne. Después llegaban Goebbels y Goering, y, por fin, el mismo
Hitler, quien era saludado con una gigantesca ovación. En los primeros minutos ante el micrófono,
el Fuhrer parecía ensayar su voz, buscando el contacto pasional con aquella muchedumbre que ya
no se contenía después de haberlo esperado durante horas.
Sería un error creer, además, que el delirio de muchedumbre es un estado simple que se mantiene
en una exaltación creciente. Se trata, en lo esencial, de un estado rítmico que comprende períodos
de tensión a los que siguen bruscos relajamientos. La puesta en escena de un desfile o de un mitin
debe tomar en cuenta ese ritmo. Los oradores cuidan muy bien interrumpir sus discursos en un
pasaje feliz, o en una frase irónica que distienda bruscamente la sala y provoque la risa, lo cual es el
mejor medio de unir a una muchedumbre: inspirarle el sentimiento de una suerte de complicidad
alegre. Hay maneras de organizar e imprimirle un ritmo a una manifestación menos groseras que las
empleadas por los hitlerianos. En su libro, Chajotin nos presenta el informe de un jefe del Frente de
Bronce, que en las elecciones de 1932 se había propuesto derrotar a Hitler mediante una
propaganda muy bien organizada. Para ello se preparó, en Hesse, con una técnica muy avanzada,
psicológica y estética a la vez, un desfile modelo que nos describe de la siguiente manera:
"Una procesión debía representar, en cierta forma, un libro con varias páginas ilustradas, reunidas
de una manera lógica, para que produjeran un efecto siempre creciente, con el objeto de arrastrar a
los espectadores, aun contra su voluntad, a un torrente de ideas determinadas, e impresionarlos con
un acorde final: votad por nosotros. El "libro" se dividía en "capítulos", subdivididos a su vez en
grupos simbólicos que se sucedían con intervalos determinados, constituidos por las formaciones de
la "Bandera del Reich", de los sindicatos, de nuestros deportistas, etc. Era racional. De esa manera,
después de cada grupo, el espectador podía recuperar su aliento para dejarse impresionar mejor por
el grupo siguiente. Los cuatro capítulos característicos eran: a) la tristeza de la actualidad: b) la
lucha de nuestras fuerzas contra ésta; c) la ironía aplicada al enemigo, y d) nuestros fines y nuestros
ideales. Enumerados en el mismo orden, los cuatro sentimientos fundamentales a los que se apelaba
eran: a) la compasión; b) el miedo; c) la risa; d) la alegría. Los espectadores estaban, por lo tanto,
expuestos a recorrer toda una gama de sentimientos."
Un desfile de esta índole tiene, entonces, un valor demostrativo y pasional al mismo tiempo.
Explica, pero con una puesta en escena y con arreglo a una progresión que interesa al espectador y
lo atrae hábilmente, haciéndole experimentar un ciclo de sentimientos parecidos a los que gusta
encontrar en el teatro y en el cinematógrafo. Nosotros tuvimos oportunidad de organizar en el
maquis, veladas cuya inspiración se hallaba muy próxima de la que presidía el desfile de Hesse. Su
esquema tomaba como punto de partida una atmósfera de "catástrofe" (derrota de Francia,
ocupación) para terminar en evocaciones de esperanza (victoria y liberación).
Aunque de una manera menos sistemática, los grandes cortejos populares del 1° de mayo o del 14
de julio emplean los mismos elementos básicos, con carrozas, prospectos y cantos que expresan, al-
ternativamente, el dolor de la opresión, la grandeza de la lucha, y la esperanza de la liberación.
La unanimidad es, al mismo tiempo, una demostración de fuerza. Uno de los fines esenciales de la
propaganda es manifestar la omnipresencia de los adeptos y su superioridad frente al adversario.
Los símbolos, las insignias, las banderas, los uniformes, los cantos, forman un clima de fuerza
indispensable para la propaganda. Se trata de mostrar que "uno está alli" y que "se es el más fuerte".
No podrían explicarse de otra manera los esfuerzos que realizan los partidos para imponer sus
oradores, sus gritos o sus cantos, y "quedar dueños del terreno", a veces a costa de sangrientas
disputas. Los uniformes, los grafjiti y los himnos producen una impresión de presencia difusa que
afirma a los simpatizantes y desmoraliza a los adversarios. Sin embargo, la demostración de fuerza,
frecuentemente útil se vuelve algunas veces contra quienes la organizan, si una contrapropaganda
eficaz sabe explotar la indignación naciente contra las brutalidades o los entorpecimientos de la
libertad de expresión. Las demostraciones de fuerza no son, por otra parte, siempre violentas.
Recordemos la manifestación organizada por el Frente Popular en ocasión del suicidio de Roger
Salengro. La consigna era de silencio absoluto, y esos millares de hombres que marchaban sin ruido
producían una impresión de recogimiento, pero también de poderío, mucho más convincente que lo
que hubiera sido una manifestación con cantos y gritos.
Otro ejemplo aún, que fue discutido en tiempos de la Resistencia. Cuando elementos del maquis del
Ain llegaron súbitamente a Oyonnax y desfilaron el 11 de noviembre de 1943, su gesto resultaba
indefendible desde el punto de vista estrictamente militar, porque descubría a combatientes
clandestinos y podía provocar represalias; pero se justificaba plenamente desde el punto de vista de
la propaganda, ya que manifestaba de manera disciplinada la aparición de la Resistencia armada.
Esta demostración de fuerza tuvo una repercusión inapreciable en Francia y en el extranjero.
LA CONTRAPROPAGANDA
2. Atacar los puntos débiles Es éste un precepto fundamental de toda estrategia. Contra una
coalición de adversarios, el esfuerzo deberá cargarse, naturalmente, en el menos sólido, en el más
vacilante, y en él se concentrará primero la propaganda. Este método fue utilizado sistemáticamente
por la propaganda de guerra. Durante la primera guerra mundial los alemanes se ocuparon, sobre
todo, de desmoralizar a los rusos, mientras que los aliados llevaban su principal esfuerzo contra
Austria-Hungría. Asimismo, de las tesis adversarias, la más débil deberá ser la más violentamente
contraatacada. Encontrar el punto débil del adversario y explotarlo es la regla fundamental de toda
propaganda.
4. Atacar y desdeñar al adversario. El argumento personal, como ya hemos visto, va más lejos,
en esta materia, que el argumento racional. Uno se evita con frecuencia el trabajo de discutir una
tesis desdeñando a quien la sostiene. La "diversión personal" es un arma clásica en la tribuna del
parlamento y en las reuniones públicas o en las columnas de los diarios; la vida privada, los
cambios de actitud política y las relaciones dudosas son sus municiones ordinarias. La historia
reciente de Francia está llena de hombres de Estado y de políticos que, más o menos
comprometidos realmente en escándalos, fueron "metidos en el baile" y “ejecutados" por
feroces campañas de prensa. Hubo algunos, sin embargo- Clemenceau es un modelo-, que lograron
mantenerse no reconociéndose jamás culpables, y devolviendo golpe por golpe.
Nos viene a la mente una frase particularmente feliz con la cual el portavoz de Francia libre.
Maurice Schumann, inició una de sus emisiones dirigidas contra la propaganda de Philippe Henriot,
cronista de la radio de Vichy; éste, según parece, se había hecho retirar de las filas durante la
primera guerra mundial: "Philippe Henriot, auxiliar del ejército francés en 1915, auxiliar del ejército
alemán en 1944. . .". En pocas palabras el hombre había sido befado.
5. Demostrar que la propaganda del adversario está en contradicción con los hechos. No hay
replica que confunda más que la que proporcionan los hechos. Si es posible hacer que una foto o un
testigo, aunque sólo sea en un único punto, contradiga la argumentación del adversario, éste se verá
desacreditado en su totalidad. Con frecuencia es difícil probarlo incontestablemente, pues los relatos
de viajes son contradictorios, y las fotos pueden ser arregladas. Se recurrirá entonces, tanto como
sea posible, a investigadores o a testigos cuyo pasado o vinculaciones sean garantía de neutralidad.
En todo caso, nada vale más, como arma de contrapropaganda, que la desmentida de los hechos
formulada en términos tan netos y secos como sea posible. Una desmentida asi no tiene réplica
cuando los hechos alegados se obtienen en fuentes de información controladas por el adversario
mismo. Citaré un ejemplo al respecto. En Lettres francaises clandestinas se refutaba una afirmación
de la propaganda con la simple publicación, sin ningún comentario, de una información aparecida
en ese mismo momento en la prensa de la Francia ocupada. La una decía: "Un affiche fijado en
París demuestra que todos los libertadores y terroristas son judíos extranjeros". Y la información era
esta: "La Corte de Apelaciones de Bourges condenó a los autores del atentado contra el señor Déat
y a sus cómplices: Jacques Blin (De Menestrol-sous-Sancerre), Marcel Delicié (de Vierzon), Emile
Gouard (de Pouilly-sur-Loire), Jean Simon (de Nevers y Louis Rannos (de Thouvensi)."
No nos es posible enumerar los múltiples medios de poner en ridículo a un adversario; aunque con
frecuencia groseros, son sin embargo eficaces. Tomemos un solo ejemplo de la campaña antirexista,
de la que ya hemos hablado. Los adversarios de Degrelle respondieron a sus desfiles monstruos ha-
ciendo circular, por las calles de Bruselas, asnos con carteles en los cuales se leía: "Voto por
Degrelle porque soy un asno". Se trata en este caso de una forma de burla muy diferente de la que
hemos hablado antes; ya no es la risa despreciativa que aglutina a una multitud en torno del sen-
timiento de superioridad, y que Hitler sabia provocar tan bien en las arenas de Nuremhcrg sino una
risa solitaria, explosión de irrespetuosidad, protesta vital de la libertad contra el pensamiento
prefabricado; esa risa de la cual Nietzsche decía que seria uno de los último refugios del hombre
libre frente a los mecanismos de la tiranía, y que, aun en las épocas más trágicas, es una de las
armas más temibles que pueda emplearse contra una propaganda totalitaria. Contentémonos con
evocar esa admirable película antifascista que fue El gran dictador, de Charlie Chaplin, en la que
Hitler y Mussolini aparecían como personajes grotescos. Y en las peores horas de la ocupación
fueron muchos los franceses que vieron renovadas sus esperanzas por la parodia de los poderosos
del día. En una sociedad en la que una propaganda vociferante y amenazante comienza a fascinar, la
risa, sin duda, relaja a los hombres en tensión, devuelve la salud a sus reflejos y produce un efecto
inmediato de desinhibición.
7. Hacer que predomine el propio "clima de fuerza”. Es importante, es cierto que por razones
materiales, pero también psicológicas, no dejar que el adversario "tome la punta" y cree una
impresión de unanimidad en su provecho; él también intenta imponer su lenguaje y sus símbolos,
dotados en sí mismos de potencia. Con frecuencia se busca herir en lo que el adversario tiene de
más querido, por ejemplo el nombre que lleva, y que es el primero de sus símbolos. Los
"degaullistas" llamaron "separatistas" a los comunistas, y éstos respondieron con el apodo de
"gogos". La palabra parece haber conservado su valor mágico primitivo, y el hecho mismo de
nombrarla es de la mas alta importancia. La denominación es una bandera y un programa a la vez.
A veces, cuando adversario no consigue hacer desaparecer el nombre que se le ha dado con una
intención infamante, lo vuelca en su favor y se sirve de él como de un titulo glorioso; eso fue lo que
hicieron los whigs v los tories. En época más cercana, quienes eran llamados maquisards
terminaron por aceptar de muy buen grado la denominación de "terroristas"; tenemos aún el epíteto
de "staliniano"', primero lanzado como una injuria, que fue tomado por los comunistas como un
título de gloria. En otro caso, los propagandistas hitlerianos lograron imponer su lenguaje, forjando,
a propósito del bombardeo de terror de Coventry, el verbo "coventrizar" para designar el
aniquilamiento de una ciudad. Los ingleses intentaron en vano responder con verbos tomados de
nombres de ciudades alemanas.
Siempre en la misma línea, tropezamos con aquello que Chajotin llamó "la guerra de los
símbolos". El jefe de Frente de Bronce, del cual transcribe el relato, explica cómo opuso a las
cruces gamadas, cuyas imágenes amenazantes proliferaban en los muros, las tres flechas, símbolo
de las juventudes socialistas; al grito de Heil-Hitler el de Freiheit, al saludo fascista, el saludo del
puño en alto. Durante la ocupación asistimos a la creación de un símbolo desprovisto de toda
significación y de toda fuerza de atracción: la gamma de la Milicia. Al contrario, la cruz de
Lorena del gaullismo era un símbolo claro y, lleno de sentido, y presentaba, además,
respecto de todos los otros, una gran superioridad gráfica. Quizás se recuerde que contra la
gamma se emplearon dos métodos. Se le sobrepuso una cruz de Lorena que la testaba
automáticamente, o bien se la ridiculizó de una manera muy simple: inscripta en un
circunferencia y con dos puntos marcados como ojos, la gamma se convertía en la faz del idiota
perfecto.
Las reglas bajo las cuales hemos ensayado resumir los diferentes procedimientos de que se vale la
propaganda política, no tienen nada de normativo. Ciertamente, hay constantes de la psicología
colectiva que no pueden desconocerse: en ese sentido, de las reglas enumeradas se desprende un
cierto número de indicaciones que siguen siendo válidas para toda clase de propaganda. Otras, al
contrario, son más bien "recetas" que tuvieron éxito una vez y que empleadas en otras condiciones,
ó simplemente porque ya fueron empleadas, corren el riesgo de perder su eficacia., No obstante, es
probable que aparezcan recetas parecidas y que, fundándose en la inmensa facultad de olvido que
caracteriza a la masa, con la cual cuentan como cosa segura las propagandas, otros partidos y otros
regímenes puedan tomar por su cuenta algunos elementos de la for midable empresa hitleriana que
se caracteriza por el desprecio de la opinión, el bluff, el descaro, el método del "puñetazo
psicológico" y por todo un aparato de sortilegios científicamente elaborados.
Es demasiado evidente que poner en marcha una propaganda o una contrapropaganda requiere me-
dios poderosos. No es nuestra intención discutir aquí esquemas de organización; solo queremos des-
tacar que la propaganda no es posible sin un esfuerzo constante de información, que atañe no
solamente a los hechos susceptibles de alimentarla, sino también al estado de los sectores de
opinión a los cuales va dirigida. El Osvag, organizado en los principios de la revolución
bolchevique, llegó a trasladar las informaciones recogidas a cartas geográficas, para obtener así
verdaderas "cartas de meteorología política". "Todos los acontecimientos de importancia que se
referían a la situación económica y política —como el transporte, los disturbios agrarios, la
agitación antigubernamental o antisemita, etc.— eran marcados en colores, lo que daba una
orientación topográfica rápida y sobre todo revelaba claramente una interdependencia de ciertos
factores políticos, económicos y sociales." 30 Goebbels seguía con especial atención hasta la es-
tadística de los suicidios.
Un esfuerzo de información similar debe realizarse en el caso de los resultados de las campañas de
propaganda. Cuando las elecciones no permiten apreciar el rendimiento de una propaganda, ese
control, que es muy útil se hace difícil. Los "sondeos de opinión" son hoy de uso corriente y dan
preciosas informaciones, pero su manejo y su interpretación son siempre delicados. En Inglaterra las
"cartas al editor" permiten conocer en cierta medida la sensibilidad de la opinión frente a tal o cual
tema. Y finalmente, los informes de los agentes de la administración o de la policía dan
indicaciones, pero a menudo resultan falseadas.
La propaganda no se realiza de manera aislada, sino que exige una política coherente y el coordi-
narse con esta política. Hacia fines de la Primera Guerra Mundial, Lord Northcliffe había
conseguido hacer comprender a su gobierno que la propaganda de guerra a su cargo no era posible
sin que se definiese una política precisa traducida en actos en el presente y que se asignasen
objetivos para lo por venir. La propaganda, cuando no se libra a un bluff mentiroso, cuando se
utiliza sanamente, solo es, en suma, la explicación y la justificación de una política; pero en cambio,
obliga a la política a definirse y a no contradecirse, lo que significa hacerle un gran servicio.
CAPÍTULO VI
La propaganda política de tipo moderno no es, simplemente, el uso perverso de las técnicas de
difusión de masa, puesto que precedió a la invención de la mayor parte de esas técnicas. Su
aparición coincide con la de los grandes mitos que arrastran a un pueblo y lo aglutinan en una
común visión del mañana. Hubo, en primer lugar, la eclosión del mito revolucionario, a fines del
siglo XVIII, en Francia; vino después, a mediados del siglo XIX, la cristalización, más lenta, pero
no menos trastornadora, del mito socialista y proletario. El primero, después de haber explotado
como una serie de cohetes de acción retardada en los diversos países de Europa, fue perdiendo
progresivamente su virulencia hasta fines del siglo XIX, cuando aún daba vida a la III
República en su nacimiento, y conoció, antes de pasar al estado actual de culto histórico, un mo-
mento de rejuvenecimiento con el asunto Dreyfus. En cuanto al segundo, después de haber sido la
causa de grandes batallas civiles, en junio de 1848, de la Comuna y de innumerables huelgas, pasó a
La repetición es esencial en la propaganda porque permite que las ideas principales sean constantemente recordadas por las masas. Mediante la orquestación, se repiten los temas centrales bajo diversos aspectos adaptados a diferentes públicos, sin alterar el fondo de la idea. Esta técnica mantiene viva la atención sobre el mensaje de propaganda y facilita su internalización por el público .
Las primeras técnicas modernas de propaganda política se basaron en las estrategias empleadas durante la Revolución Francesa, donde por primera vez una nación se organizó en torno a una ideología universal. Se implementaron a través de discursos revolucionarios, símbolos como La Marsellesa y el gorro frigio, y manifiestos de cohesión nacional que promovían unidad y fervor .
La propaganda aborda las diferencias culturales y de mentalidad nacional adaptando sus mensajes a las características específicas del público. Goebbels, por ejemplo, insistía en que la propaganda debía ajustarse a cada cultura, usando diferentes estilos de comunicación y registros según las particularidades de cada nación, garantizando una resonancia eficaz y amplia de los mensajes .
Las ideologías políticas influyen significativamente en las estrategias de propaganda en tiempos de guerra al integrar la guerra con la ideología, creando mitologías de conquista y liberación. Esto se refleja en cómo las políticas interior y exterior se expanden con la ideología, movilizando a la población civil y creando nuevos agentes de combate que desordenan al enemigo mientras cohesionan el bando propio .
Lenin contribuyó al desarrollo de la propaganda marxista al transformar la teoría marxista en un método práctico de acción política. Su enfoque consistió en dinamizar a las masas socialdemócratas mediante la agitación y propaganda, combinando insurrección con difusión ideológica para descomponer estructuras opuestas, logrando así avanzar en la revolución bolchevique .
La psicología de masas es crucial para la eficacia de la propaganda, ya que permite manipular las emociones y opiniones de las personas de manera colectiva. Los propagandistas utilizan mitos e imágenes potentes que resuenan en el inconsciente colectivo para cohesionar y dinamizar las masas, convirtiendo la propaganda en una herramienta de influencia poderosa capaz de instaurar ideologías y movilizar acciones .
Los símbolos y rituales juegan un rol cohesivo y fascinante en las manifestaciones masivas de propaganda. Crean un ambiente festivo y heroico que exalta a las masas, integrando emocionalmente a los individuos en un colectivo. Elementos como banderas, uniformes, y slogans actúan como catalizadores de una conciencia común, facilitando la identificación e involucramiento con la causa .
La relación entre propaganda y publicidad ha evolucionado desde una coexistencia con ciertas similitudes hacia una divergencia técnica y metodológica. Mientras que la publicidad en su forma básica ha sido utilizada para destacar productos y marcas, la propaganda ha adoptado técnicas más complejas y elaboradas, convirtiéndose en una herramienta política profunda que actúa en múltiples planos, moviéndose más allá de una mera actividad comercial a la conversión y explotación de ideologías políticas .
La propaganda se considera una continuación de la guerra por otros medios porque busca lograr objetivos estratégicos similares, como crear cohesión y moral en el propio bando y caos en el enemigo. Desde finales de las guerras mundiales, la propaganda ha sustituido a la confrontación directa, manteniendo el conflicto ideológico a través de la persuasión y manipulación de opiniones .
Considerar la propaganda como una ciencia tiene implicaciones significativas para la administración de opiniones políticas, ya que sugiere un enfoque sistemático y medible para influir en las creencias y comportamientos de las masas. Esto implica que se pueden configurar opiniones y necesidades a través de estrategias probadas, transformando la esfera política en un campo de ingeniería social .