0% encontró este documento útil (0 votos)
12 vistas2 páginas

El Rey Midas: La Lección del Oro

Cargado por

cuenta vieja
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
12 vistas2 páginas

El Rey Midas: La Lección del Oro

Cargado por

cuenta vieja
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

EL REY MIDAS

Historia

Los habitantes de un lejano país eran tan pobres, que vivían sin apenas comer ni poderse vestir. En

cambio su Rey tenía un palacio resplandeciente, rodeados de bellos jardines, en lo alto de una

colina. Aquel rey poseía todo lo que un hombre puede desear para ser feliz en esta vida. Su único

placer era atesorar monedas de oro. Le gustaba acariciarlas y nunca tenía suficientes.

A costa de la miseria de sus súbditos, había reunido una fabulosa fortuna, que guardaba en cofres

y sacos. Aquella mañana el rey midas se dispuso a reanudar la cuenta que iba anotando en un

largo pergamino, a medida que contaba las monedas las echaba en un cofre abierto que tenía junto

a su real mesa.

Y sucedió que se le cayó una moneda y que esta comenzó a rodar, sin que pudiera darle alcance,

la díscola moneda comenzó a saltar escalera abajo. Tengo que alcanzarla se decía el ambicioso

rey. Bajo los escalones de dos en dos detrás de la moneda hasta que tropezó y cayó rodando

escalera abajo.

Cuando, debido al batacazo, el rey Midas veía estrellas por todas partes de una de ellas salió un

duendecillo, puesto que las corridas por una moneda le dijo el duende al rey te daré lo que más

deseas.

El don que el duende le concedió al rey fue este: que todo lo que tocaría sus manos se convertiría

en oro. Y así paso.


EL REY MIDAS

Cuando el monarca fue a sentarse en su trono, este se convirtió en un trono de oro macizo. Ebrio

de felicidad, el rey recorrió su palacio y su jardín.

Todo lo que tocaba se convertía en oro. Y cuando fue a abrazar a su hija, vio con horror que

también ella se convertía en una fría estatua de oro. ¿Y los alimentos? ¿Cómo iba a comer si el

vino, la sopa, la fruta, el cordero, se convertían en oro.

Cuando más desesperado estaba el ambicioso rey, se le apareció otra vez aquel misterioso

duendecillo. El duende había revelado al rey el remedio contra su encantamiento, fue por ello que

tomando un cubo... corrió hasta la orilla de río, se lavó las manos y lo lleno de agua.

Con el cubo lleno a rebosar, el rey regreso a su palacio esparciendo agua sobre todo lo que había

tocado. Y cuando las primeras gotas de aquella agua tocaron a su hija, la muchacha volvió a ser de

carne y hueso. Y mientras juntos regresaban al palacio, todo lo que el rey salpicaba volvía a vivir: el

jardín, las flores... el oro de la mesa volvió a ser apetitoso manjar del que todos comieron con

alegría y buen apetito. Luego, el rey ordeno que se repartieran tierras entre los súbditos y construyó

grandes escuelas. A partir de entonces, el rey midas fue más justo y su jardín se lleno de cantando

monedas de oro.

También podría gustarte