Fisiología y Funciones del Riñón
Fisiología y Funciones del Riñón
Los riñones son órganos esenciales que, además de actuar a modo de filtro eliminando productos
metabólicos y toxinas de la sangre, participan en el control integrado del líquido extracelular, del
equilibrio electrolítico y del equilibrio acido-básico. Producen hormonas como el calcitriol o la
eritropoyetina, y en ellos se activan metabolitos como la enzima renina.
Como ocurre con el resto de nuestro organismo, la fisiología renal está ligada a la estructura del aparato
excretor renal, diseñada para mantener un flujo unidireccional. Este flujo hará que la orina, que inicia su
formación en los riñones, órganos principales del sistema, pase a través de los uréteres a la vejiga urinaria
para su almacenamiento, para que posteriormente pueda ser eliminada a través de la uretra. Para que esta
actividad se lleve a cabo, los riñones cuentan con una vascularización muy significativa, que facilita que,
a pesar de su pequeño tamaño, reciban aproximadamente un 20% del gasto cardiaco. Además, una
destacada inervación por fibras nerviosas simpáticas, regula entre otras actividades la liberación de
renina, el flujo sanguíneo renal o la reabsorción de Na+ en las células tubulares.
Los riñones son dos órganos ovalados con una indentación medial. Miden aproximadamente 11 x 7 x 3
cm y pesan unos 150 g, siendo normalmente el riñón izquierdo algo mayor que el derecho. Los riñones se
localizan en la zona retroperitoneal, en la pared posterior del abdomen a ambos lados de la columna
vertebral, desde la altura de la última vértebra dorsal hasta por encima de la tercera vértebra lumbar. El
riñón derecho suele estar algo más bajo que el izquierdo, debido a la ocupación del espacio derecho por
otros órganos abdominales, como el hígado. La cara medial de cada riñón contiene una región con una
muesca, llamada hilio, por la que pasan la arteria y la vena renales, los vasos linfáticos, la inervación y el
uréter.
En un corte sagital del riñón pueden observarse las estructuras que conforman el órgano y que
clásicamente se conocen como corteza externa y regiones internas de la médula. La médula se divide en
8-10 masas de tejido en forma de cono llamadas pirámides renales. La base de cada pirámide se origina
en el borde entre la corteza y termina en la papila, que se proyecta en el espacio de la pelvis renal. El
borde externo de la pelvis renal se divide en los cálices mayores, que se extienden hacia abajo y se
dividen en los cálices menores, que recogen la orina de los túbulos de cada papila.
A nivel microscópico, se establece una unidad funcional renal, la nefrona. Cada riñón humano contiene
alrededor de 800.000 a 1.000.000 nefronas, cada una de las cuales es capaz de formar orina. A lo largo del
envejecimiento renal normal, por lesión o por enfermedad, el número de nefronas se puede reducir
gradualmente debido a que no se pueden regenerar. Sin embargo, la pérdida de nefronas no suele
comprometer la función renal porque se producen cambios adaptativos que suplen la funcionalidad en el
resto del sistema.
Cada nefrona está formada por un agrupamiento de vasos capilares llamado glomérulo, por el que se
filtran grandes cantidades de líquido desde la sangre, y por un túbulo largo en el que el líquido filtrado se
convierte en orina en su trayecto hacia la pelvis renal.
Los capilares glomerulares se ramifican y anastomosan y, comparados con otros capilares de otros
sistemas, tienen una presión hidrostática elevada (alrededor de 60 mmHg). Todo el glomérulo está
cubierto por la denominada cápsula de Bowman. El líquido filtrado desde los capilares glomerulares
circula hacia la cápsula de Bowman y después al túbulo proximal. Estas estructuras de la nefrona se
encuentran en la corteza del riñón. Desde el túbulo proximal, el líquido filtrado discurre hacia el asa de
Henle, que desciende hasta la médula renal. El asa de Henle está constituida por una rama descendente y
otra ascendente. Las paredes de la rama descendente y el segmento inferior de la rama ascendente del asa
de Henle son muy finas, y se llaman segmento fino del asa de Henle. Una vez la rama ascendente del asa
de Henle vuelve a la corteza renal, la pared se engruesa denominándose segmento grueso del asa
ascendente. En la zona final del segmento grueso de la rama ascendente del asa de Henle, se localiza una
placa de células epiteliales especializadas que es la mácula densa, cuya función es fundamental como
veremos más adelante. A continuación del asa de Henle, el líquido llega al túbulo distal que se localiza en
la corteza renal.
Al túbulo distal le siguen el túbulo colector cortical. Hay de 8 a 10 conductos colectores corticales que se
unen para formar un solo conducto colector mayor que discurre hacia el interior de la médula y se
convierte en el conducto colector medular. Los conductos colectores se van uniendo y formando
progresivamente conductos cada vez mayores que vacían su contenido en la pelvis renal.
Dentro de las características anatómo-funcionales del riñón hay que destacar la importancia de la
vasculatura. La arteria renal entra en el riñón a través del hilio y después se ramifica hasta formar las
arterias interlobulares, las arterias arciformes, las arterias interlobulillares y las arteriolas aferentes, que
terminan en los capilares glomerulares, donde se produce la filtración de grandes cantidades de líquido y
solutos para comenzar la formación de orina. Los extremos distales de los capilares glomerulares
coalescen hasta formar la arteriola eferente, que llega a la segunda red capilar formando los capilares
peritubulares, que rodean a los túbulos renales. En definitiva, se puede afirmar que la circulación renal
tiene dos lechos capilares, los capilares glomerulares y los capilares peritubulares, que están dispuestos en
serie y están separados por las arteriolas eferentes. Estas arteriolas participan en la regulación de la
presión hidrostática en los dos grupos de capilares, ajustando la resistencia de las arteriolas aferente y
eferente. Los capilares peritubulares continúan hacia los vasos del sistema venoso, que discurren
paralelos a los vasos arteriolares, abandonando la sangre el riñón junto a la arteria renal y el uréter.
Si tuviésemos que elegir un concepto que refleje la función renal, este sería su capacidad para mantener la
homeostasis liquida en nuestro organismo a través de la capacidad para depurar sustancias circulantes en
el plasma sanguíneo. Esta es una actividad estrechamente relacionada con la capacidad de los riñones
para regular la concentración de agua, la composición de iones inorgánicos, y mantener el equilibrio
ácido-base.
Como una consecuencia de esta actividad reguladora del medio líquido, los riñones excretan productos
como la urea, generada del catabolismo de proteínas, el ácido úrico producido a partir de ácidos
nucleicos, la creatinina, derivada en gran medida de la actividad muscular, o productos finales de la
degradación de la hemoglobina.
Los riñones procesan un volumen enorme de sangre cada día. Cada minuto, el flujo sanguíneo que llega
a los glomérulos renales es de unos 1200 mililitros de sangre, de los cuales, 650 ml corresponden a
plasma sanguíneo y de este, una quinta parte aproximadamente será filtrado en el glomérulo. Esto implica
que cada 24 horas, los riñones filtran más de 60 veces todo el plasma sanguíneo.
Tras el filtrado glomerular, la formación de orina se completa con la reabsorción y filtración tubular, de
forma que la orina contenga finalmente menos del 1% de la parte liquida filtrada, y no se eliminen sales,
iones y otros metabolitos que puedan ser útiles.
Desde una perspectiva funcional, la formación de la orina se inicia en la cavidad glomerular, en la que se
puede distinguir una capa parietal externa de epitelio escamoso simple, que contribuye a su
mantenimiento estructural pero no participa en la formación de la orina; y una capa visceral, en la que la
red capilar vascular y las estructuras glomerulares prácticamente forman una unidad funcional gracias a la
actividad de células epiteliales ramificadas altamente modificadas llamadas podocitos, que literalmente,
van a abrazar a los capilares glomerulares.
La filtración glomerular es un proceso pasivo. De hecho, este proceso de filtración no tiene apenas gasto
energético para el organismo, por lo que podríamos considerarlo un proceso meramente mecánico en el
que la presión hidrostática de la arteria aferente empuja literalmente a la sangre contra la membrana de
filtración glomerular.
4.1.1 Membrana de filtración glomerular. Esta membrana constituye una barrera que
evita el paso al túbulo renal de células y de la mayor parte de las proteínas plasmáticas,
generando un "ultrafiltrado" compuesto fundamentalmente por agua y elementos de
pequeño tamaño circulantes en la sangre. Para realizar esta función, la membrana de
filtración consta de un endotelio capilar fenestrado, es decir, con poros capilares cuyo
tamaño impide el paso de células o la mayor parte de las proteínas.
4.1.2 Membrana basal. Situada entra la capa endotelial y la epitelial. Presenta un grosor
de 240 a 340 nm. Está constituida fundamentalmente por colágenos de tipo IV y V,
glicoproteínas, y proteoglicanos como el heparán sulfato. Esta composición hace que
presente una carga electronegativa que repele a pequeñas proteínas y otros elementos
cargados negativamente que hubiesen atravesado la barrera endotelial fenestrada.
4.1.3 Membrana podocitaria. Los podocitos son células polarizadas, con una parte
apical orientada hacia el espacio de la cápsula de Bowman y otra hacia la lámina basal del
endotelio. Presentan un citoplasma aplanado, que emite multitud de prolongaciones a
modo de dedos que literalmente abrazan a la lámina basal del endotelio, constituyendo los
"pies interdigitados". Estos pies, suelen contactar con otros "pies" de podocitos vecinos
mediante complejos moleculares para formar diafragmas de ranura, a través de los cuales
moléculas de pequeño tamaño y elementos líquidos pasaran de la estructura glomerular al
túbulo.
Los podocitos mantienen una baja actividad mitótica, y su número permanece prácticamente invariable al
estar reprimida su capacidad replicativa. Pero esto no quiere decir que sean células funcionalmente
inactivas. De hecho, sintetizan y liberan entre otras moléculas colágeno de tipo IV, fibronectina, laminina,
o heparán sulfato, que hacen que presenten una carga electro-negativa muy importante y colaboren en la
actividad funcional de las células de la membrana basal.
Pero quizás la actividad más relevante de los podocitos en el filtrado glomerular sea la ligada a su función
en la arquitectura de la capsula glomerular. De una parte, al abrazar mediante los pies interdigitados a los
capilares glomerulares, contribuyen a que estos soporten la presión hidrostática, ya que los podocitos
tienen un citoesqueleto formado sobre todo por filamentos de actina que al formar el complejo actina-
miosina modulan la respuesta de los capilares a la presión hidrostática. Por otra parte, a través de las
ranuras que dejan estos pies podocitarios(pedicelos), el líquido y las pequeñas moléculas que atraviesan
las membranas precedentes salen del glomérulo renal. Para ello, resulta clave la distribución homogénea
de las podocitos mantenida gracias a su baja actividad replicativa, y también que en las ranuras
podocitarias se expresen moléculas de adhesión y proteínas de superficie que mantienen una constante
interacción entre podocitos vecinos.
Como resultado del proceso de filtración en la estructura glomerular, las moléculas de menos de 3 nm de
diámetro, como el agua, la glucosa, aminoácidos y desechos nitrogenados, atraviesan este filtro; mientras
que las moléculas más complejas y con cargas eléctricas como proteínas o ciertos oligoelementos,
permanecen en la sangre, lo que resulta clave para el mantenimiento de la presión coloidal osmótica en la
misma, entre otras ventajas.
Al tratarse de un proceso físico dependiente de presiones, los principios que rigen la filtración glomerular
no difieren de los establecidos para cualquier otro lecho vascular, y por tanto depende de los siguientes
factores:
4.2.3 Presión osmótica coloidal en los capilares glomerulares: es la presión ejercida por las proteínas
en la sangre, que tiende a recuperar el agua filtrada. A nivel de la capsula glomerular se mantiene de
forma más o menos constante una presión coloidal de aproximadamente 30 mmHg.
Como se muestra en la (Figura 5), las presiones anteriores determinan la presión de filtración neta. Esta
representa el resultado de la suma de las presiones que favorecen o se oponen al filtrado glomerular. En
definitiva, a nivel capilar renal se genera una fuerza de empuje extremadamente elevada y constante de
unos 10 mmHg.
Como hemos comentado con anterioridad, el proceso de filtrado glomerular está condicionado por la
presión hidrostática capilar, que tiene que ser constante para garantizar una actividad funcional eficaz de
los riñones. Pero la presión sanguínea glomerular depende de la presión sanguínea sistémica, y ambas
presiones no siempre van a ir paralelas. Por ejemplo, si aumenta la presión hidrostática glomerular, se
producirá más filtrado y en consecuencia, más orina y una reducción en la volemia con el consiguiente
descenso de la presión sistémica. Por lo tanto, el mantenimiento de la presión capilar renal depende de la
regulación nerviosa y endocrina que regula la presión sistémica, pero también cuenta con un sistema de
autorregulación local o intrínseco que garantiza su mantenimiento (Tabla 2):
La arquitectura glomerular requiere que, para mantener una tasa de filtración casi constante, la presión
hidrostática capilar presente mínimas diferencias. Para ello, la red capilar glomerular cuenta con un
sistema de autorregulación que compensa las fluctuaciones que pueda sufrir la presión sistémica. La
autorregulación renal utiliza dos mecanismos diferentes de control:
a) Control miogénico. Depende de las células musculares lisas presentes en la pared de los capilares
aferentes. Estas células poseen canales de sodio/calcios sensibles al estiramiento, de forma que, frente a
un aumento de presión sistémica, las células musculares se contraen disminuyendo la luz capilar y con
ello, el flujo vascular. Por el contrario, un descenso en la presión sistémica provoca la dilatación de las
arteriolas aferentes.
Estos mecanismos de autorregulación son muy eficaces para mantener la presión hidrostática glomerular
prácticamente constante, con independencia de las fluctuaciones que sufra la presión sistémica; en
consecuencia, mantienen el flujo renal sin estar condicionados por mecanismos sistémicos cuando la
presión arterial sistémica se mantiene en rangos entre 80 y 180 mmHg, Sin embargo, son incapaces de
compensar grandes fluctuaciones de presión. Cuando la presión arterial cae por debajo de 80 mm Hg,
cesa la autorregulación intrínseca, y se activan los mecanismos reguladores sistémicos que tienden a
preservar la actividad de elementos fundamentales como el corazón o el sistema nervioso central.
- Un efecto sobre las células de mácula densa que, frente al descenso de filtrado glomerular, dejan
La cantidad de filtrado glomerular que se forma en todos los corpúsculos renales de ambos riñones por
minuto es la tasa de filtración glomerular (TFG), que suele ser de unos 125 mL/min, en los hombres, y
algo menor, unos de 105 mL/min, en las mujeres. Esta TFG se mantiene relativamente constante. Si se
eleva de forma importante, el ultrafiltrado glomerular sería tan alto que se dificultaría la actividad de
reabsorción tubular que veremos a continuación. Si es muy baja, un exceso de reabsorción en el túbulo
dificultaría la excreción de productos a este nivel.
La TFG depende básicamente de tres condicionantes (Figura 5). La presión hidrostática sanguínea con la
que el agua y los solutos son empujados contra la membrana de filtración; la longitud o extensión de esta
membrana de filtración, y la permeabilidad de la misma. En condiciones fisiológicas, la membrana
glomerular presenta muy pocas diferencias en su extensión o en su permeabilidad, por lo que la presión
de filtración neta, es decir, la presión total que promueve la filtración, es regulada fundamentalmente por:
- La presión hidrostática sanguínea en los capilares glomerulares. Su valor suele ser alto, en torno a
los 55 mm Hg.
- La presión hidrostática capsular ejercida contra la membrana de filtración por el líquido que ha
penetrado en el espacio capsular. Esta presión se opone a la filtración y su, valor promedio es de
15 mm Hg.
- La presión osmótica coloidal de la sangre. También se opone a la filtración, y es de unos 30 mm
Hg.
Así pues, la presión neta es de unos 10 mm Hg, y mantenerla estable hace que el filtrado glomerular sea
continuo y eficaz. Cuando la tensión arterial sistémica se eleva por encima de lo normal, la presión de
filtración neta y la TFG aumentan muy poco, y en la práctica, son capaces de trabajar con rangos de
presión sanguínea entre 80 y 180 mm Hg.
Cuantificación del proceso de filtración: Se calcula que cada glomérulo mantiene una TFG media de
125 ml/ min., que va disminuyendo a medida que aumenta la edad. La filtración glomerular sigue
fundamentalmente leyes físicas reguladas por presiones que afectan al flujo plasmático, estando
implicadas:
Presión oncótica de las proteínas plasmáticas, que, aunque crece ligeramente hacia el final del
glomérulo por la disminución de volumen líquido filtrado, suele mantenerse estable salvo en estados
de deshidratación, hipoproteinemia, etc.
Esto quiere decir que los riñones filtran aproximadamente 180 L/día de plasma. Sin embargo, el volumen
de orina en 24 horas suele ser algo inferior a 1,5 litros, de los que aproximadamente el 95 % es agua y el
5% restante son sustancias de desecho. Por tanto, la composición del ultrafiltrado glomerular, durante su
paso por los túbulos renales es modificado para que gran parte del agua y los oligoelementos filtrados
sean reabsorbidos y transportados a los capilares peritubulares para ser reutilizados. Pero a nivel tubular
no solo se produce un proceso de reabsorción. En sentido contrario, es decir, desde los capilares
peritubulares hacia la luz del túbulo renal, algunas substancias son secretadas.
Estos procesos de reabsorción y secreción permiten por ejemplo que, solutos importantes como la glucosa
se recuperen completamente, mientras que la mayoría de las toxinas son secretadas y no reabsorbidas. Por
lo tanto, son procesos adaptativos que varían en función de las necesidades fisiológicas. En este sentido,
prácticamente todos los nutrientes orgánicos como la glucosa y los aminoácidos se reabsorben por
completo para mantener o restaurar concentraciones plasmáticas dentro de un rango de normalidad.
En el túbulo, se reabsorbe más del 90% del agua y el cloruro sódico filtrados y aproximadamente el 70%
del potasio y el 80% del bicarbonato. A pesar de que todo el túbulo está involucrado en la reabsorción de
los diferentes productos, existen diferencias estructurales en el mismo que condicionan esta reabsorción.
En particular, la reabsorción de Na+ y agua se verá condicionada por mecanismos de ajuste en las
regiones terminales del túbulo, que permitirán de manera precisa regular la cantidad de estos elementos
reabsorbidos en función de las necesidades hídricas del organismo; mientras que, en la región proximal,
más del 65% de Na+ será reabsorbido y con él, gran parte del agua, aminoácidos o la glucosa. La
actividad de hormonas en los túbulos distal y colector condicionará que pequeñas cantidades de agua y
algunos iones que han llegado hasta aquí (en torno al 10% de sales), se reabsorban en caso necesario.
A pesar del dintel de filtración glomerular, unos 30 g de proteínas con peso molecular inferior a 70.000
atraviesan diariamente el glomérulo. Estas proteínas, junto con otros elementos como pequeñas hormonas
peptídicas, se recuperan en su totalidad en el túbulo proximal mediante un proceso de endocitosis que
tiene lugar en el borde en cepillo de la cara apical del túbulo proximal.
Este mecanismo de transporte utiliza bombas y otras unidades de transporte específicas situadas
principalmente en la membrana luminal de la célula tubular, que son diferentes a las encontradas en la
membrana basolateral. Esta distribución polarizada de transportadores permite un desplazamiento
transcelular neto de substancias.
En general, la máxima absorción de estos elementos se produce en la primera porción del túbulo
contorneado proximal. En la cara apical de las células del túbulo, y más concretamente, a nivel del borde
en cepillo de las mismas, transportadores de Na+ ionizado cotransportan estos elementos al interior de la
célula tubular. Desde aquí, los aminoácidos salen por difusión pasiva o facilitada hacia el líquido
intersticial.
Otros elementos utilizaran bombas de transporte como la Na, K-ATPasa, o canales de cloro para ser
extraídos al espacio intersticial. Quizás el elemento de esta familia mejor estudiado es el transporte de
glucosa. Aproximadamente se filtran 180g de glucosa cada día, de los que más del 99% es reabsorbida a
nivel tubular. Este proceso ocurre a diferentes niveles en el túbulo y dado que la glucosa no difunde a
través de la bicapa lipídica celular, se hace a expensas de los transportadores de membrana de sodio y
glucosa SGLT (sodium-glucose transporters). El 90% de la glucosa se reabsorbe en el segmento
contorneado del túbulo proximal utilizando transportadores SGLT2, mientras que el 10% restante se
reabsorbe en el segmento recto del túbulo proximal descendente mediante transportadores SGLT1.
Como indica su nombre, estos transportadores son proteínas situadas en la membrana luminal de las
células tubulares, que utilizan el movimiento de Na+ por gradiente electroquímico para que glucosa entre
en la célula del túbulo. La unión del Na+ que estaba en el interior de la célula al SGLT genera un cambio
de conformación que permite la unión de la glucosa al mismo. El Na+ saldrá de la célula por gradiente
electroquímico para permitir que la glucosa unida a los SGLT penetre en la célula, y desde allí, de nuevo
los transportadores de glucosa la extraerán hacia el compartimiento intravascular para que entre por
difusión a los capilares.
De esta manera se genera un balance a través de SGLT de dos moléculas de Na+, una de glucosa y 260
moléculas de agua, lo que hace que estos transportadores soporten una alta tasa de actividad. De hecho, el
valor máximo de transporte de glucosa es de aproximadamente 320 mg/min. Aunque no todas las
nefronas tienen un mismo índice de saturación, por lo que el umbral de glucosa se sitúa en una carga
tubular de 220 mg/min, equivalente a una concentración plasmática de 180 mg/dL
(Umbral renal de glucosa); cifra a partir de la cual comienzan a aparecer cantidades significativas de glucosa
en orina. La glucosa plasmática es filtrada y recuperada por completo. La reabsorción de glucosa está sujeta
a un máximo de transporte tubular y la cantidad reabsorbida por unidad de tiempo constituye el transporte
de glucosa (Tg), expresado en mg/min, hasta que se alcanza el máximo de transporte tubular (Tmg), a partir
del cual el transporte se hace constante y concentraciones superiores conllevan la eliminación del exceso
por la orina. El valor de Tmg es de 320 mg/min e indica el máximo de glucosa que puede transportar el
sistema. Sin embargo, debido a que unas nefronas difieren de otras en su capacidad de saturación, el umbral
de glucosa se sitúa en una carga mg/dL, (Umbral renal) a partir de la cual comienzan a aparecer cantidades
significativas de glucosa en orina.
Transporte Máximo
Los sistemas de transporte transcelular para los diversos solutos requieren un funcionamiento coordinado
y aunque presentan cierta especificidad para la sustancia que transportan, son saturables. De ahí que se
establezca un transporte máximo para casi todas las sustancias que se reabsorben utilizando
transportadores de membrana, que se determina como los mg/min de sustancia trasportada, y que presenta
diferencias para los diferentes solutos. Por ejemplo, la necesidad de reabsorber casi toda la glucosa que se
filtra hace que el transporte máximo para esta sustancia sea alto, ya que dispone de muchos
transportadores. Por el contrario, los elementos de desecho que no tienen transportadores son excretados
en su mayor parte.
El hecho de que la glucosa tenga un transporte máximo elevado no quiere decir que no pueda saturarse.
En general, cuando los niveles de glucosa exceden de 80 mg/dl, los trasportadores se saturan y aparece
glucosuria a pesar de que los túbulos renales siguen funcionando normalmente.
Agua, iones y algunos nutrientes son reabsorbidos fundamentalmente a nivel del túbulo proximal por
diferentes mecanismos. El agua, seguirá un proceso de transporte pasivo por arrastre osmótico. Por el
contrario, iones y algunos pequeños nutrientes no reabsorbidos utilizarán trasportadores que necesitan
energía. Esta energía, será aportada en gran medida por intercambiadores ligados al sodio.
Al igual que ocurría con los restantes elementos útiles para el organismo, el agua, y la mayor parte de los
iones son recuperados. De hecho, más del 90% del agua y del cloruro sódico filtrado son reabsorbidos. El
10% restante tendrá una reabsorción condicionada a las necesidades del organismo. La actividad del
túbulo depende en gran medida de mantener una presión osmótica del fluido similar a la del plasma.
Puesto que proteínas y otros elementos que participan en el mantenimiento de la presión osmótica
plasmática no atraviesan la barrera glomerular, en el túbulo, la presión isoosmótica con el plasma está
condicionada fundamentalmente por el contenido de agua y sal (disociado como cloro y Na+) del
ultrafiltrado.
a) Transporte de sodio: Como hemos comentado, la reabsorción de Na+ es el principal motor para el
transporte de múltiples elementos que se acoplan a los intercambiadores de sodio en las células del
túbulo.
El Na+, es el catión más abundante en el ultrafiltrado, y en función de la región del túbulo donde se
reabsorba, parte del Na+ entra por difusión facilitada a través de canales situados en la cara apical de las
células del túbulo. Pero el mayor porcentaje de Na+, se reabsorbe en la región proximal del túbulo
utilizando un mecanismo de transporte activo con gran gasto energético. De hecho, aproximadamente el
80% de la energía utilizada para el transporte activo a nivel tubular se consumirá en el transporte de Na+,
de ahí, que las células del túbulo en la región proximal contengan muchas mitocondrias que serán
necesarias para suministrar el ATP que requerirá el transporte a este nivel.
El sodio es transportado fuera de la célula del túbulo por un transportador activo primario, la bomba de
Na+-K +-ATPasa de la membrana basolateral. A partir de ahí, el Na+ es arrastrado por el agua hacia los
capilares peritubulares. Este arrastre es favorecido porque el agua fluye rápidamente por las diferencias
de presiones entre un intersticio con muy baja presión osmótica hacia un capilar que al contener proteínas
y otros coloides presenta una elevada presión osmótica.
Es importante recordar que la bomba Na+-K+-ATPasa es una enzima ATPasa que saca tres iones sodio
(Na+) a la vez que ingresa dos iones potasio (K+) en el interior de la célula, generando un gradiente
electronegativo intracelular
El gradiente electronegativo generado en el interior de la célula del túbulo favorece la entrada del Na+
desde el ultrafiltrado, y para ello, se utilizan diferentes mecanismos en función de la región del túbulo La
bomba de Na+-K+-ATPasa de la pared basal había generado un gradiente electronegativo en el interior de
la célula del túbulo, al sacar 3 Na+ hacia fuera por 2 K+ que entra, por lo que se favorece la entrada de
Na+ desde el borde apical. Pero además este Na+ que entra abre canales de escape para el K+ que difunde
rápidamente hacia el intersticio, acentuando la electronegatividad intracelular y favoreciendo la
incorporación de Na+.
b) Reabsorción de cloro: Se produce por vía paracelular, sin requerir energía para su transporte, en
el último segmento del túbulo proximal, y asa de Henle. Pero un pequeño porcentaje de cloro es
absorbido mediante un cotransportador Na+/2Cl-/K+, que aprovecha el movimiento de cargas positivas
para recuperar cloro.
c) Transporte del Agua: En el asa de Henle, la permeabilidad de las células del túbulo cambia, y
esta modificación, tiene una función primordial en la capacidad renal para concentrar la orina en función
de la dinámica de reabsorción del agua mediante un mecanismo de intercambio a contracorriente
condicionado en gran medida por su disposición en forma de U, paralela al conducto colector, y
penetrando hasta la papila de la médula renal, lo que ocasiona que las nefronas se dispongan de forma
radial en el riñón.
En el asa de Henle se distingue un segmento delgado, que da continuidad al tubo proximal, formado por
células epiteliales muy delgadas, con pocas mitocondrias, y en consecuencia baja actividad metabólica.
Sin embrago, en esta rama descendente siguen estando presente acuaporinas que permitirán la reabsorción
de agua.
La rama delgada del asa, se continua con una rama ascendente gruesa, de células epiteliales con bombas
de Na-K-2Cl- en su región apical y bombas de Na+-K+-ATPasa en su zona basolateral, que al mantener
una alta actividad metabólica permiten la reabsorción de iones como el sodio (Na+), cloro (Cl-) y potasio
(K+). Sin embargo, en la región ascendente, las acuaporinas son escasas, lo que prácticamente
imposibilita la reabsorción de agua a este nivel.
Como consecuencia, se genera un mecanismo a contracorriente por el que a medida que el filtrado
glomerular pasa por el asa de Henle, el ultrafiltrado pierde agua y va concentrándose. Al llegar a las
ramas ascendentes ocurrirá el proceso opuesto, la salida de solutos del filtrado al espacio extracelular. El
resultado neto es que en el asa se ha generado un gradiente osmótico que arrastra agua, que pasa
posteriormente a los capilares peritubulares de las nefronas, devolviéndola a la circulación sistémica.
Un elemento muy importante en la reabsorción en el asa de Henle es la urea. La urea, principal producto
final del metabolismo proteico, es eliminada en su mayor parte por la orina. Pero una parte será
reabsorbida en la rama ascendente del asa de Henle contribuyendo a aumentar la concentración de solutos
en el espacio extracelular. Su excreción no sólo está determinada por la filtración glomerular sino también
por la reabsorción tubular que le permite jugar un papel importante en la producción de una orina
concentrada y en el mantenimiento del agua corporal.
5.2 Transporte en el Túbulo contorneado distal y conducto colector
5.2.1 Hormona antidiurética (ADH). Como su nombre indica, la ADH inhibe la secreción de agua y con
ello la producción de orina al regular la cantidad de aquaporinas permeables para la reabsorción de agua.
Cuando el cuerpo está sobrehidratado, desciende la osmolalidad del líquido extracelular, y en paralelo,
desciende la secreción de ADH en la secreción por la hipófisis posterior. Como consecuencia, a nivel de
túbulos colectores, la actividad de las aquaporinas desciende y se excreta más agua.
Junto a esta actividad sobre las aquaporinas, la ADH aumenta la reabsorción de urea a nivel de túbulos
colectores como veremos más adelante
5.2.2 Aldosterona. La aldosterona actúa modulando la reabsorción del Na+ que ha llegado hasta la región
terminal de la nefrona. De hecho, hasta el 5% del Na+ filtrado puede ser reabsorbido gracias a la acción
de la aldosterona.
Aunque desde una perspectiva fisiológica la función de la aldosterona se relaciona con la regulación de la
presión arterial, para ejercer esta actividad, esta hormona que se sintetiza en la corteza de las glándulas
suprarrenales, tiene su efecto principalmente en el riñón, específicamente a nivel del túbulo contorneado
distal y del túbulo colector donde se expresan receptores de mineralocorticoides. Tras su unión a estos
receptores, la aldosterona provoca la actividad de bombas de Na+/K+/ATPasa, provocando la reabsorción
de Na+ y con el de Cl- y agua en aquellas regiones con aquaporinas; y la salida de K+ hacia la zona
luminal del túbulo que será excretado en la orina.
5.2.3 Péptido natriurético atrial o auricular (PNA). Este péptido forma parte de una familia de al
menos tres péptidos con actividad hipotensora. El PNA es sintetizado fundamentalmente en los miocitos
auriculares y ventriculares, y tiene un efecto natriurético disminuyendo la reabsorción del sodio a nivel de
nefrona terminal inhibiendo la expresión de los transportadores de Na+ en esta región.
Junto a esta actividad modulando la reabsorción de Na+, y con él, los elementos que pueden acompañarle,
a nivel renal, el PNA actúa sobre el músculo liso vascular disminuyendo su actividad en respuesta a
substancias vasoconstrictoras; disminuye la secreción de aldosterona, e inhibe la secreción de ADH, así
como la secreción de renina. Además, dilata la arteria aferente glomerular; contrae la arteria eferente
glomerular y relaja las células mesangiales, con incremento de la tasa de filtrado glomerular.
5.2.4 Hormona paratiroidea (PTH), también actúa a este nivel, aumentando la reabsorción de calcio
principalmente en el tubo contorneado distal.
El plasma vehicula diferentes metabolitos y elementos que no son útiles para el organismo, y que, en
consecuencia, deben ser eliminados. La forma más directa es no reabsorberlos a partir del ultrafiltrado.
Pero en ocasiones además de no ser reabsorbidas, es necesario que elementos no útiles del plasma sean
secretados hacia la luz del túbulo para ser excretados en la orina. Sustancias como H+, K+, NH4+ (ion
amonio), creatinina, y algunos ácidos y bases orgánicos son secretados desde los capilares peritubulares
hacia la luz tubular. Pero también substancias que se han producido como resultado de la actividad
metabólica en las células el túbulo en la reabsorción de solventes (como CO3H-) son secretadas para ser
eliminadas por la orina.
Medicamentos y metabolitos, que sobre todo al estar unidos a proteínas transportadoras no son filtrados, y
por lo tanto, deben secretarse.
Por lo tanto, una gran cantidad de urea simplemente se recicla a lo largo del túbulo, aunque una parte
importante de esta urea pasa desde el líquido intersticial a los capilares peritubulares para ser llevada
fuera de los riñones. Como la urea reciclada desde el espacio intersticial al colector sigue al agua que no
se ha reabsorbido, el porcentaje de urea reciclado depende en gran medida de volumen de agua en el
túbulo colector, y por tanto de la actividad de la ADH. En ausencia de ADH, los trasportadores de urea
tienen menor actividad. Además, el túbulo colector es más impermeable al agua. Por lo tanto,
concentración de orina es menor y tiene menos trasportadores por lo que será menos reabsorbida y más
excretada en la orina. Por el contrario, si aumenta la secreción de ADH, se incrementa la concentración de
urea en el túbulo colector y se facilita su salida, con lo que se incrementa el gradiente osmótico medular
formando orina más concentrada Relevancia de la función tubular renal:
El producto filtrado en el glomérulo se verá sometido a procesos de secreción (paso de sustancias desde
el plasma a la luz tubular) y procesos de reabsorción (paso de sustancias desde la luz tubular al plasma
en los diferentes segmentos tubulares; lo que determina que al final, la composición de la orina sea
diferente a la inicial filtrada, tanto en los solutos, como en el contenido de agua. En la actividad del
túbulo, se van a integrar mecanismos de transporte que incluyen
- Vía intercelular: movimiento de agua y solutos mediante arrastre por solvente, siguiendo
diferencias osmóticas.
- Vía transcelular: mediante transportadores activos primarios y secundarios, así como mediante
transporte facilitado (anti transporte y cotransporte). Muchos de estos transportadores muestran
saturación por lo que tienen un transporte máximo. También se da la difusión de solutos, muchos de ellos
dependiente del pH pues la forma difusible es la no disociada. El motor de todos los movimientos de
solutos y agua a través de la superficie transepitelial, son las bombas de Na/K ubicadas en la membrana
basolateral.
Relación anatomo-funcional.
TÚBULO PROXIMAL (TP): En él se realiza la reabsorción y secreción casi total de los principales
solutos, además de la reabsorción del 70% del agua filtrada. El motor fundamental en estos procesos son
movimientos de arrastre del sodio por las bombas de sodio/potasio ubicadas en la membrana basolateral
de sus células.
Junto con el sodio, mediante cotransporte se reabsorbe la glucosa, los aminoácidos, los fosfatos, sulfatos,
etc. Este tipo de transporte presenta saturación y por tanto un máximo (Tm). Significa que a partir de
cierta concentración del soluto en plasma (umbral), todo exceso en la filtración se excretará. Mientras no
se alcance el umbral todo lo filtrado será reabsorbido.
Además, el movimiento de sodio condiciona un anti transporte sodio/hidrogenión (NHE3) que facilita la
secreción de hidrogeniones y la recuperación del bicarbonato filtrado (este anti transporte es regulado
hormonalmente, se inhibe con la PTH y el glucagón y se activa con la angiotensina II, alfacatecolaminas
o la endotelina.
En la parte final del TP el aumento de la concentración de cloruro hace que éste junto al sodio pasen en
forma de ClNa por las uniones intercelulares.
Respecto a la secreción en el TP, se produce secreción de todos los ácidos y bases orgánicas, toxinas, y
drogas, así como la mayor parte del excedente de productos que circulan en el plasma.
En este segmento se reabsorbe el 70% del agua filtrada, y se realiza en condiciones de isotonicidad. Para
ello se establece un gradiente osmolar entre la luz tubular y el espacio basolateral donde se acumulan
sales por la actividad de las bombas de sodio/potasio. El incremento de la presión de agua en dicho
espacio supone el paso de ésta hacia el capilar.
ASA DE HENLE.
La mácula densa se encarga de analizar la concentración tubular de sodio, de forma que cuando ésta
aumenta sus células liberan renina.
En la región apical se expresan canales específicos de sodio regulados por la aldosterona. Los canales
específicos de potasio que favorecen su secreción y son activados por la aldosterona e inhibidos por el
hidrogenión luminal. Cotransporte cloruro/potasio con poca actividad.
En la región basolateral nos encontramos con las bombas de sodio/potasio reguladas por la aldosterona y
en las células intercalares tipo A los intercambiadores sodio / hidrogenión y cloruro / bicarbonato; y
aquaporinas.
A nivel renal, se van a producir hormonas que tienen diferentes funciones específicas e importantes en la
regulación de la propia actividad renal, que ya ha sido mencionada en los apartados previos, y, sobre todo,
en el mantenimiento del flujo sanguíneo.
Se trata de proteínas bioactivas, reguladoras de la hematopoyesis que tras unirse a receptores específicos
expresados en las células progenitoras eritrocíticas (eritropoyetina, EPO) y trombopoyéticas (TPO) en la
médula ósea, regulan su producción y maduración.
La eritropoyetina es una glicoproteína de 30,4 kDa, cuya estructura proteica consta de 165 aminoácidos, y
está codificada en el ser humano por un gen de 2,9 kb localizado en el cromosoma 7 (q11-q22). En
condiciones fisiológicas, la concentración plasmática basal de esta hormona en el adulto se encuentra en
un rango de 6-32 UI/mL (100 pg/mL aprox.) y varía según el sexo y edad. La función principal de esta
hormona es controlar la producción de eritrocitos (eritropoyesis), promoviendo su supervivencia,
proliferación y diferenciación en la médula ósea, aunque también se ha descrito una actividad
antiapoptótica y citoprotectora de la eritropoyetina en otros tejidos; por ejemplo, a nivel neuronal parece
jugar un papel protector muy importante.
La renina es una proteasa producida por las células granulares de la arteriola aferente. Esta enzima,
cataliza el angiotensinógeno (producido por el hígado, que circula libremente) en angiotensina I.
Su liberación esta estimulada a través de tres mecanismos principales responsables de detectar una caída
en la presión arterial: barorreceptores en la arteriola aferente; una concentración disminuida de cloruro de
sodio en la mácula densa: y un aumento de catecolaminas que activan receptores betaadrenérgicos en las
células yuxtaglomerulares.
Una vez activada la angiotensina I, la enzima convertidora de angiotensina (ECA), hará que se transforme
en angiotensina II. La angiotensina II aumenta la presión sanguínea mediante la estimulación las células
del músculo liso vascular. Además, la angiotensina II actúa en el intercambiador Na/H en los túbulos
proximales del riñón para estimular la reabsorción de Na+ y la excreción de H+ que está acoplado a la
reabsorción de bicarbonato. Esto hace que en respuesta a angiotensina II se favorezca la producción de
hormona antidiurética, la secreción de aldosterona, la reabsorción de sodio, y la retención de agua, dando
como resultado un aumento del volumen y de la presión sanguíneas, así como del pH.
La producción de angiotensina II, estimula la liberación de ADH, aunque el principal estímulo para la
producción de ADH son los cambios en la osmolaridad sérica y/o en el volumen sanguíneo. Estos
parámetros, son controlados por mecanorreceptores y quimiorreceptores. La ADH actúa a nivel tubular
estimulando el movimiento de las proteínas aquaporinas hacia la membrana celular apical de las células
principales de los conductos colectores para formar canales de agua, lo que permite el movimiento
transcelular del agua desde el lumen del conducto colector hacia el espacio intersticial en la médula del
riñón. Desde allí, ingresa a los capilares vasa recta para regresar a la circulación.
El agua es atraída por el ambiente altamente osmótico de la médula renal profunda.
La hormona paratiroidea (PTH) y el calcitriol, forma activa de la vitamina D, van a jugar un papel clave
regulando el metabolismo fofo-cálcico en el organismo.
La PTH es un péptido de 84 aminoácidos secretado por las células principales de las glándulas
paratiroideas en respuesta a la disminución de los niveles circulantes de Ca++. Su principal función es
aumentar la concentración de Ca++ en sangre y en el líquido extracelular, y en paralelo, los niveles de
iones fósforo en la sangre, promoviendo su disminución. En gran medida, la actividad de la PTH depende
de su acción sobre las células del túbulo renal, donde estimula la formación de
calcitriol.
La vitamina D es una prohormona sintetizada a partir de la interacción entre los rayos ultravioleta de la
luz solar y el 7-dehidrocolesterol en la piel. Una vez sintetizada, la vitamina D3 se hidroxila en el hígado
para producir 25(OH) D3, que a su vez es hidroxilado por 1-alfa hidroxilasa (producida por el túbulo
proximal del riñón) a 1-alfa, 25 (OH)2 D3 (calcitriol).
Aunque el calcitriol presenta diferentes actividades sobre las células del sistema inmune innato, en la
pared vascular, o sobre el manejo celular de la insulina entre otros, la principal actividad del calcitriol se
asocia a su capacidad para modular el balance calcio/fosforo, incrementando la calcemia al promover el
metabolismo óseo, la reabsorción de Ca++ a nivel intestinal y renal, y la eliminación de fosforo.
6.4 Otros mediadores asociados a la actividad renal con función vascular y/o presora
6.4.1 Hormonas natriuréticas: Los péptidos natriuréticos constituyen una familia de péptidos con
acciones importantes en el mantenimiento de la homeostasis cardiovascular, regulando la presión arterial
y el volumen del fluido extracelular. Los representantes más estudiados son: el péptido natriurético atrial
(PNA), el péptido natriurético tipo B (PNB) y el péptido natriurético tipo C (PNC). Aunque la principal
función de estos péptidos se relaciona tradicionalmente con la actividad cardiaca, los tres péptidos tienen
una representación funcional renal que ha crecido en importancia en los últimos años.
Quizás el PNA sea el que mayor relevancia ha tenido entre estos péptidos, ya que se ha propuesto que
actúa generando un "ajuste fino" de la presión arterial. Este péptido se produce en células de las aurículas
en respuesta al estiramiento excesivo de la pared auricular, que habitualmente se observa en personas con
presión arterial elevada o insuficiencia cardíaca. Los sitios de acción del PNA a nivel renal incluyen la
médula interna, los tubos colectores, los glomérulos y las células mesangiales. El PNA estimula la
excreción renal de Na+ y agua, disminuyendo la presión arterial. Además, actúa inhibiendo la liberación
de aldosterona y, por tanto, inhibiendo la recuperación de Na+ en los conductos colectores; lo que junto a
su acción inhibiendo la liberación de ADH, dará como resultado una menor recuperación de agua.
En cuanto al PNB, a dosis fisiológicas induce natriuresis y diuresis sin cambios en el flujo renal o en la
tasa de filtrado glomerular, mientras que a dosis superiores, induce aumento del flujo sanguíneo renal y
de la filtración glomerular.
Como consecuencia, la acción de PNA y PNB hace que descienda la presión sanguínea que se detecta a
nivel auricular.
Especial interés han suscitado en los últimos años una serie de estudios que indican que el PNC se
encuentra presente en el riñón, e inhibe el proceso de fibrosis que limita la actividad funcional del riñón.
La fibrosis renal se observa habitualmente asociada a la edad, y se ha propuesto que la acción reno-
protectora del PNC podría permitir el diseño de biomarcadores de daño renal asociado a la edad y/o
terapias que prevengan este daño.
6.4.2 Endotelinas: Son péptidos de 21 aminoácidos, sin aparente función fisiológica, pero cuya potente
actividad vasoconstrictora parece jugar un papel muy importante en enfermos con daño renal.
Son producidas por las células endoteliales de los vasos sanguíneos renales, células mesangiales y células
del túbulo, la producción de endotelinas es estimulada por agentes como la angiotensina II, bradicinina o
epinefrina. En situaciones fisiológicas, la actividad de las endotelinas parece que no tiene una gran
influencia sobre la presión arterial. Pero se ha descrito que en enfermos con enfermedad renal su
incremento mantenido daño podocitario y vasoconstricción en las arteriolas glomerulares provocando un
descenso en el filtrado glomerular y retención de sodio.
La PGE2 es sintetizada por el epitelio tubular y las células intersticiales, en los túbulos renales y
participan en los mecanismos celulares que regulan el transporte de cloruro y sodio en el asa de
Henle. Además, regulan la respuesta vasodilatadora renal manteniendo una perfusión adecuada del órgano
y la redistribución del flujo sanguíneo de la corteza renal a las nefronas en la región intramedular.
La PGI2 se localiza fundamentalmente en la corteza renal, participando entre otros en la regulación del
flujo vascular glomerular, la tasa de filtración glomerular y la secreción de renina.
Junto al hígado, en el riñón se produce gluconeogénesis para obtener glucosa en situaciones de ayuno.
Las células de la médula renal poseen glucosa-6-fosfatasa, permitiendo que se genere glucosa a partir de
lactato, glicerol o aminoácidos. De hecho, en situaciones de acidosis aumenta la gluconeogénesis renal, al
contrario de lo que ocurre a nivel hepático, lo que juega un papel importante ante situaciones como la
cetoacidosis diabética.
Por otra parte, el riñón, es el órgano principal donde se regulan los niveles plasmáticos de insulina,
fundamentalmente ligada a los mecanismos descritos anteriormente de reabsorción tubular proximal
(99%) y filtración glomerular. Tras ser reabsorbida, la insulina es degradada en las endosomas, lo que
explica que, en pacientes con insuficiencia renal, el requerimiento de insulina se reduce drásticamente
debido a la disminución de la degradación de la insulina.
El aparato urinario se diseña evolutivamente para depurar el plasma, y con ello, el medio interno de
metabolitos y otros elementos no necesarios del organismo. Junto a esta actividad colabora con otros
sistemas biológicos como el cardiovascular, el respiratorio o el digestivo en el mantenimiento de la
homeostasis, regulando el pH del plasma, sintetizando hormonas y otros mediadores; pero también
trabaja en estrecha relación con el sistema nervioso central y el endocrino para llevar a cabo el control del
volumen hídrico del organismo, donde su papel es fundamental.
En consecuencia, la función del sistema renal ha evolucionado para resolver varios aspectos esenciales:
1. Mantener un flujo sanguíneo estable que permita una actividad continua de filtración
glomerular.
2. Realizar un proceso de depuración selectiva que evite la perdida de elementos necesarios para el
4. Interactuar con otros sistemas biológicos para mantener la homeostasis, participando entre otros
Figura 2.
Figura 5.
Figura 4.
Figura 3.