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Lógica de la Investigación Científica de Popper

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Karl Popper

“La lógica de la
Investigación Científica”
Resumen
Tecnos, Madrid, 1969.

Panorama de algunos problemas fundamentales

La Epistemología es a la Investigación lo que, por ejemplo, es la Biología y la


Fisiología a la Medicina o lo que es la Matemática a un Ingeniero o la Psicología y
Sociología a un Educador, etc. Lo que ciertamente resulta inconcebible es estudiar
una “Metodología de la Investigación” que se fundamente en autores de textos
comúnmente celebrados o admitidos y que no se apoye en una “Epistemología” o
que no se sustente en un análisis histórico y teórico de los procesos de Investigación
y del modo en que éstos han ido cambiando en el curso de la evolución cultural del
hombre occidental.
El hombre de ciencia, ya sea teórico o experimental, propone enunciados y los
contrasta paso a paso. En el caso de las ciencias empíricas construye hipótesis y las
contrasta con la experiencia por medio de la observación y experimentos. Según el
autor, la tarea de la lógica de la investigación científica es ofrecer un análisis lógico,
esto es, analizar el método de las ciencias empíricas.

El problema de la inducción

El vínculo no demostrativo o inductivo entre la evidencia y la teoría plantea


uno de los problemas fundamentales de la teoría del conocimiento, ya planteado por
David Hume, el filósofo escocés del siglo XVIII. Hume consideró simples predicciones
basadas en observaciones pasadas, por ejemplo, una predicción como: el sol saldrá
mañana, teniendo en cuenta que se ha observado que siempre salía en el pasado. La
vida sería imposible sin anticipar el futuro, pero Hume construyó una argumentación
excelente para mostrar que estas inferencias son indefendibles desde presupuestos
racionales. Esta conclusión puede parecer increíble, pero la argumentación de Hume
tiene todavía que ser contestada de un modo concluyente. Admitía que las
deducciones inductivas han sido por lo menos razonablemente fiables hasta ahora,
pero afirmaba que sólo podemos tener una razón para continuar confiando en la
inducción si tenemos algún motivo para creer que la inducción seguirá siendo fiable
en el futuro. Hume demostró entonces que tal razón no es posible. El nudo del
problema es que pretender que la inducción será una garantía en el futuro es, en sí
misma, una predicción y sólo podría ser justificada de manera inductiva, lo que
llevaría a una cuestión de principio. En concreto, mantener que la inducción quizá
funcionará en el futuro porque ha resultado útil en el pasado es razonar en círculo,
asumiendo la inducción para justificarla. Si esta argumentación escéptica es válida,
el conocimiento inductivo parece imposible, y no hay un argumento racional que se
pueda plantear para disuadir a alguien que opina, por ejemplo, que es más seguro
salir de la habitación por las ventanas que por la puerta.

Justificación de la inducción en ciencias naturales

1
El problema de la inducción se relaciona de forma directa con la ciencia. Sin
una respuesta a la argumentación de Hume, no hay razón para creer en ninguno de
los aspectos de una teoría científica que vaya más allá de lo que, en realidad, se ha
observado. El asunto no es que las teorías científicas no resulten nunca ciertas por
completo: esto es o debería ser una verdad obvia. El tema es más bien que no
tenemos ninguna razón para suponer, por ejemplo, que el agua que no hemos
sometido a prueba hervirá a la misma temperatura que el agua que hemos probado.
Los filósofos han realizado un continuo esfuerzo para resistir a esta conclusión
escéptica. Algunos han tratado de demostrar que los modelos científicos para
sopesar evidencias y formular inferencias son, de algún modo, racionales por
definición; otros, que los éxitos pasados de nuestros sistemas inductivos son
susceptibles de emplearse para justificar su uso futuro sin caer en círculos viciosos.
Un tercer enfoque sostiene que, aunque no podamos demostrar que la inducción
funcionará en el futuro, sí podemos demostrar que lo hará si algún método de
predicción lo hace, por lo que es razonable utilizarlo. Mediante teorías más recientes,
algunos filósofos han sostenido que la actual fiabilidad de las prácticas inductivas,
algo que Hume no niega, basta para proporcionar conocimiento inductivo sin otro
requerimiento que el que la fiabilidad esté justificada. Karl Popper ha aportado una
respuesta más radical al problema de la inducción, una solución que constituye la
base de su influyente filosofía de la ciencia. De acuerdo con Popper, el razonamiento
de Hume de que las inferencias son injustificables desde una perspectiva racional es
correcto. Sin embargo, esto no amenaza la racionalidad de la ciencia, cuyas
inferencias son, aunque parezca lo contrario, deductivas en exclusiva. La idea central
de Popper es que mientras la evidencia nunca implicará que una teoría sea
verdadera, puede rebatir la teoría suponiendo que sea falsa. Así, un número de
cuervos negros no implica que todos los cuervos sean negros, pero la presencia de
un único cuervo blanco supone que la generalización es falsa. Los científicos pueden,
de esta forma, saber que una teoría es falsa, sin recurrir a la inducción. Además,
enfrentados a una elección entre dos teorías opuestas, pueden ejercer una
preferencia racional si una de las teorías ha sido refutada pero la otra no; entonces
es racional preferir una teoría que podría ser verdad respecto a una que se sabe es
falsa. La inducción nunca entra en escena, de modo que el argumento de Hume
pierde fuerza. Esta ingeniosa solución al problema de la inducción se enfrenta con
numerosas objeciones. Si fuera cierta, los científicos nunca tendrían ningún motivo
para creer que alguna de sus teorías o hipótesis son siquiera correctas por
aproximación o que alguna de las predicciones extraídas de ellas es verdad, ya que
estas apreciaciones sólo podrían ser justificadas por vía inductiva. Además, parece
que la posición de Popper ni siquiera permite a los científicos saber que una teoría es
falsa, puesto que, según él, la evidencia que podría contradecir una teoría, puede no
ser nunca reconocida como correcta. Por desgracia, las inferencias inductivas que los
científicos plantean no parecen ni evitables ni justificables.

El problema del Psicologismo

Popper rechaza los juicios sintéticos a priori al igual que el método inductivo
como la base para el conocimiento científico: es imposible llegar lógicamente de
afirmaciones singulares a afirmaciones universales. No importa, dice Popper, cuántas
veces se observen cisnes, no se puede llegar a la ley universal de que todos los
cisnes son blancos. Éste es fundamentalmente el problema de la inducción, que
Hume tanto criticó en su obra. Para Popper, la inducción está intrínsecamente ligada
al psicologismo, ya que afirma que es a través de operaciones mentales de reflexión
pura sobre las observaciones, y los procesos de abstracción, que podemos llegar a
las leyes generales de las ciencias. Popper contrasta entre la psicología del
conocimiento con la lógica de la investigación científica. La inducción no tiene base

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lógica. La inducción, al no tener la certidumbre de una deducción lógica, tiene que
recurrir a cálculos probabilísticos para llegar a una ley general científica.
De acuerdo con los inductivistas, una hipótesis puede ser adoptada si tiene un alto
grado de probabilidad. La frecuencia de las ocurrencias que confirman la hipótesis es
lo que justifica que se adopte la hipótesis en cuestión. Esto es lo que Popper llamó la
teoría frecuencial de la probabilidad. Sin embargo, una lógica de probabilidades (o
cálculo de probabilidades) no seguiría esta línea teorética. De acuerdo con un cálculo
de probabilidades, una teoría científica es mejor cuando es menos probable y cuando
tiene un alto grado de corroboración. Aclara Popper que este "menos probable" no
debe entenderse en términos de frecuencias, sino deben entenderse dentro del
cálculo de probabilidades.

El problema de la demarcación

Se refiere, dentro de la filosofía de la ciencia, a la cuestión de definir los límites


que deben configurar el concepto "ciencia". Las fronteras suelen establecerse entre
lo que es conocimiento científico y no científico, entre ciencia y pseudociencia, y
entre ciencia y religión. El planteamiento de este problema conocido como problema
generalizado de la demarcación abarca estos tres casos. El problema generalizado,
en último término, lo que intenta es encontrar criterios para poder decidir, entre dos
teorías dadas, cuál de ellas es más "científica". Los epistemólogos con inclinaciones
empiristas tienden a prender su fe en el método de la inducción ya que creen que es
el único método que puede proporcionar un criterio de demarcación apropiado. Los
positivistas modernos son capaces de ver con mayor claridad que la ciencia no es un
sistema de conceptos, sino más bien un sistema de enunciados. Los positivistas
suelen interpretar el problema de la demarcación de un modo naturalista: cómo si
fuese un problema de la ciencia natural. Lo que los positivistas tratan realmente de
conseguir no es tanto una demarcación acertada como derribar definitivamente y
aniquilar la metafísica. El caso de Wittgenstein comenta que toda preposición con
sentido tiene que ser lógicamente reducible a preposiciones elementales, que
caracteriza como descripciones o imágenes de la realidad. Schlick ha expresado que
“el problema de la inducción consiste en preguntar por la justificación lógica de los
enunciados universales acerca de la realidad…”. Reconocemos, con Hume, que no
existe semejante justificación lógica: no puede haber ninguna, por el simple hecho
de que no son auténticos enunciados.
El veredicto del fundamento positivista del sentido es que ambos son sistemas de
pseudoafirmaciones sin sentido. Una de las tareas de la lógica del conocimiento es
proponer un concepto de ciencia empírica con objeto de llegar a un uso lingüístico lo
más definido posible, y a fin de trazas una línea de demarcación clara entre la
ciencia y las ideas metafísicas, aún cuando dichas ideas puedan haber favorecido el
avance de la ciencia a lo largo de toda su historia.

La experiencia como método

A través de las ideas innatas, que se encuentran en el entendimiento,


Descartes establece los principios a priori del conocimiento verdadero. Señala que la
teoría de las ideas innatas tiene el propósito de explicar la universalidad y necesidad
de las verdades matemáticas y de las leyes de la física, separándolas rigurosamente
de cualquier cosa empírica o particular. Se plantea, entonces, que el conocimiento
verdadero no podría originarse en la experiencia o en los sentidos. Sin embargo, la
experiencia tiene un lugar importante para el conocimiento científico. Se distinguen
tres requisitos que nuestro sistema teórico empírico tendrá que satisfacer: 1) Ha de
ser sintético, 2) Debe satisfacer el problema de demarcación, 3) Que sea un sistema
que se compruebe. Se distingue el sistema que represente nuestro mundo de
experiencia por el hecho de que se le ha sometido a contraste y ha resistido las

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contrastaciones, aplicándole el método deductivo que pretendo analizar y describir.
Según esta opinión, la experiencia resulta ser un método distintivo mediante el cual
un sistema teórico puede distinguirse de otros; con lo cual la ciencia empírica se
caracteriza no sólo por su forma lógica, sino por su método de distinción.

La falsalidad como criterio de demarcación.

Un auténtico enunciando tiene que ser susceptible de verificación concluyente,


según Schlick; y Waisman escribe, aún con mayor claridad: “si no es posible
determinar si un enunciado es verdadero, entonces carece enteramente de sentido:
pues el sentido de un enunciado es el método de su verificación”. Las teorías no son
nunca verificables empíricamente. Un sistema científico debe ser susceptible de
selección en un sentido negativo por medio de contrastes y pruebas empíricas: ha de
ser posible refutar por la experiencia un sistema científico empírico. Sigue siendo
imposible falsar de un modo concluyente un sistema teórico: pues siempre es posible
encontrar una vía de escape de la falsación. Lo que caracteriza al método empírico
es su manera de exponer a falsación el sistema que ha de contrastarse, justamente
de todos modos imaginables.

Objetividad científica y convicción subjetiva.

Kant utiliza la palabra ‘objetivo’ para indicar que el conocimiento científico ha


de ser justificable. Una justificación es objetiva si en principio puede ser contrastada
y comprendida por cualquier persona. La objetividad de los enunciados científicos
descansa en el hecho de que pueden contrastarse intersubjetivamente. Kant aplica la
palabra subjetivo a nuestros sentimientos de convicción. Puede definirse efecto físico
científicamente significativo como aquel que cualquiera puede reproducir con
regularidad sin más que llevar a cabo el experimento apropiado del modo prescrito.
Al exigir que haya objetividad, tanto en los enunciados básicos como en cualquier
otro enunciado científico, nos privamos de todos los medios lógicos por cuyo medio
pudiéramos haber esperado reducir la verdad de los enunciados científicos a
nuestras experiencias. Si persistimos en pedir que los enunciados científicos sean
objetivos, entonces aquellos que pertenecen a la base empírica de la ciencia tienen
que ser también objetivos, es decir, contrastados intersubjetivamente.

Las reglas metodológicas como convenciones.

Las reglas metodológicas son las reglas de la ciencia empírica. Difieren de las
reglas de la lógica pura, teniendo en cuenta que ésta regula las transformaciones de
las formulas lingüísticas, pero difícilmente lógica. Son muy diferentes de la reglas
lógicas aún cuando es posible que la lógica establezca criterios para decidir si un
enunciado es contrastable, en ningún caso se ocupa sobre si nadie se esfuerza o no
por contrastarlo. Así pues, las reglas metodológicas se hallan en estrecha conexión
tanto con otras reglas de la misma índole como con nuestro criterio de demarcación.

Causalidad, explicación y deducción de predicciones.

Cuando intentamos explicar la presencia de un determinado fenómeno Y


recurriendo a otro fenómeno X, debemos evitar basarnos en nuestra comprensión
intuitiva (aquí quiere decir, simplemente, comprensión espontánea o de sentido
común) de las relaciones entre ambos; basarnos en un determinado descubrimiento
por empatía (capacidad para "sentir" los estados mentales de los demás); basarnos

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en supuestas implicaciones lógicas entre ambos fenómenos; aunque mejor que los
anteriores, la historia de la psicología muestra que es también insuficiente.
Junto con la lógica deductiva, el científico también utilizará analogías, metáforas,
inducciones... Es fundamental también que el científico utilice algún procedimiento
de validación de sus explicaciones; para ello que tendrá que emplear algún método
de verificación (experimental, correlacional,...). Deberá también asegurarse de que
los fenómenos a los que se refiere para explicar la realidad que le ocupa son los
auténticamente relevantes, que no hay otros que sean su verdadera causa. No
debemos tampoco olvidar el grave problema que supone encontrar datos puros,
datos que es posible extraer de la realidad y que no estén contaminados o influidos
por las concepciones del investigador, por las propias teorías que asume como
verdaderas. Puede ocurrir que en realidad todos los datos estén cargados de teoría.

Universalidad estricta y numérica.

Hay dos tipos de enunciados sintéticos universales: los estrictamente


universales y los numéricamente universales. Los estrictamente universales hablan
de teorías o de leyes naturales, se oponen enteramente a la tesis de que todo
enunciado sintético universal ha de ser traducible, en principio, por una conjunción
de un número finito de enunciados singulares. Los enunciados específicos o
singulares a los que se refieren solamente a ciertas regiones finitas del espacio y el
tiempo. No es posible solventar por medio de un razonamiento la cuestión de si las
leyes de la ciencia son universales en sentido estricto o en sentido numérico: es una
de aquellas cuestiones que pueden sólo resolverse mediante un acuerdo o una
convención. Se consideran las leyes naturales como enunciados sintéticos y
estrictamente universales (enunciados totales).

Conceptos universales y conceptos individuales.

La distinción entre enunciados universales y singulares se encuentra en


estrecha conexión con la existente entre conceptos o nombres universales e
individuales. Los conceptos o nombres individuales están caracterizados, ya por ser
nombres propios; mientras que los conceptos universales pueden definirse sin ayuda
de nombres propios. Los conceptos individuales no sólo pueden ser conceptos de
elementos, sino también de clases. Además de poderse encontrar con respecto a los
conceptos universales en una relación correspondiente a la que existe entre un
elemento y una clase, pueden también hallarse con los mismo en una relación que se
corresponde con la que hay entre una subclase y su clase. Toda tentativa de
identificar una cosa individual únicamente por sus propiedades y relaciones
universales, que parecen pertenecerla exclusivamente a ella y a ninguna otra cosa,
está condenada de antemano al fracaso; pues semejante modo de proceder no
describiría una cosa individual única, sino la clase universal de todos los individuos a
los que pertenecen las propiedades y relaciones mentadas.

Enunciados universales y existenciales.

A los enunciados en que aparecen exclusivamente nombres universales los


llamaremos enunciados estrictos o puros. Los enunciados estrictamente existenciales
no pueden ser falsados: no podemos registrar la totalidad del mundo con objeto de
dete4rminar que algo no existe, nunca ha existido y jamás existirá; tampoco
podemos escudriñar todo el universo con objeto de tener la certeza de que no existe
nada prohibido por la ley. Las relaciones lógicas presentan simetría: los enunciados
universales y existenciales están construidos de una manera simétrica; es

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únicamente la línea trazada por nuestro criterio de demarcación lo que da origen a
una asimetría.

Los sistemas teóricos.

El sistema de que se trate una teoría tiene que estar formulado de un modo
tan claro y definido que se reconozca con facilidad que cualquier supuesto nuevo es
una modificación y, por ello, una revisión del mismo. Lo que se ha llamado sistema
axiomatizado. El sistema teórico esta axiomatizado si se ha formulado con un
conjunto de enunciados que satisfacen los cuatro siguientes requisitos
fundamentales: El sistema de axiomas está exento de contradicciones. No es
deducible del sistema en enunciado arbitrario cualquiera. El sistema es
independiente. No contiene ningún axioma reductible del os restantes. Los axiomas
han de ser suficientes para deducir todos los enunciados pertenecientes a la teoría
que se trata de axiomatizar, y Deben ser necesarios para el miso fin: lo cual quiere
decir que no deben contener supuestos superfluos.

Algunas posibilidades de interpretación de un sistema de axiomas.

En matemáticas, sistema axiomático es cualquiera sistema de axiomas de cuál


se pueden utilizar algunos o todos los axiomas en la conjunción para derivar
lógicamente teoremas. A teoría matemática consiste en un sistema axiomático y
todos sus teoremas derivados. Un sistema axiomático que se describe totalmente es
una clase especial de sistema formal; generalmente aunque el esfuerzo hacia la
formalización completa trae vueltas que disminuyen en certeza, y una carencia de la
legibilidad para los seres humanos. Por lo tanto la discusión de sistemas axiomáticos
es normalmente solamente semi-formal. A teoría formal significa típicamente un
sistema axiomático, por ejemplo formulado dentro teoría modelo. A prueba formal es
una interpretación completa de a prueba matemática dentro de un sistema formal. A
modelo para un sistema axiomático está un bien definido sistema, que asigna el
significado para los términos indefinidos presentó en el sistema, de una forma que
está correcto con las relaciones definidas en el sistema. La existencia de a modelo
concreto prueba consistencia de un sistema.
Los modelos se pueden también utilizar para demostrar la independencia de un
axioma en el sistema. Construyendo un modelo válido para un subsistema sin un
axioma específico, demostramos que el axioma omitido es independiente si su
corrección no sigue necesariamente del subsistema. Dos modelos serían isomorfo si
una correspondencia una por se puede encontrar entre sus elementos, de una forma
esos preserva su relación. Se llama un sistema axiomático para el cual cada modelo
es isomorfo a otro categorial (a veces categórico), y la característica del
categoriabilidad asegura lo completo de un sistema.

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