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Derecho de Defensa en Procesos Judiciales

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14. El principio de no ser privado del derecho de defensa en ningún estado del proceso.

Toda
persona será informada inmediatamente y por escrito de la causa o las razones de su
detención. Tiene derecho a comunicarse personalmente con un defensor de su elección y a ser
asesorada por éste desde que es citada o detenida por cualquier autoridad.

En la demanda de inconstitucionalidad interpuesta por 5186 ciudadanos, representa de por


Walter Humala Dicho, el Tribunal tiene establecido qué la observancia y respeto del derecho de
defensa es consustancial a la idea de un proceso debido, propio de una democracia
constitucional, que tiene en el respeto de la dignidad humana al primero de sus aviones. Por su
propia naturaleza, el derecho de defensa es un derecho que atraviese transversalmente todo el
proceso judicial, cualquiera sea su materia. Este derecho garantiza que un justiciable no quede
en estado de indefensión en la determinación de sus derechos y obligaciones de orden penal,
civil, labora, fiscal o de cualquier otro carácter, como se expresa en el artículo 8° de la
Convención Americana de Derechos Humanos.

Entre los atributos que éste garantiza, se encuentra el derecho de todo procesado a elegir
libremente a un abogado defensor y a ser asistido por éste, además de poderse comunicar libre
y privadamente con él. Tal atributo tiene un fin instrumental, pues con su libre ejercicio se
permite que una persona sometida a una investigación penal tenga la oportunidad dialéctica
de alegar y sometida a una investigación penal tenga la oportunidad dialéctica de alegar y
justificar, técnica y procesalmente, los cargos que se le imputan en el proceso. (Advierte el
Tribunal que una medida así constituye una limitación del derecho a ser asistido por un
abogado defensor de libre elección. Pero, como en innumerables oportunidades se ha
advertido, la limitación de un derecho no es sinónimo de su violación. Los derechos
fundamentales (y, entre ellos, el derecho aquí en cuestión) no son absolutos. Pueden ser
restringidos cuando así lo demande la necesidad de armonizar su ejercicio con otros derechos
fundamentales y/o bienes constitucionalmente relevantes. (STC N.* 003-2005-PI/TC. F.J. 157-
159).

Para Aníbal Quiroga el derecho de defensa significa también que es un medio jurídico especial
y especializado, profesionalizado, donde los agentes de justicia son iusperitos y donde la
intervención de las partes está mediatizada por la defensa cautiva -intervención directa y
obligatoria de los abogados- la asistencia letrada a las partes en juicio termina siendo un
elemento que incide en el derecho de defensa de modo que su ausencia determina una
desigualdad procesal y propicia la indefensión constitucionalmente reprobada.

En tal sentido, el derecho de defensa constituye una de las principales garantías del debido
proceso, la cual puede ser entendida como la posibilidad que tiene todo ciudadano, dentro de
cualquier proceso o actuación judicial o administrativa, de ser oída, de hacer valer las propias
razones y argumentos, de controvertir, contradecir y objetar las pruebas que se le hayan
imputado en su contra, así como solicitar la práctica y evaluación de las que se estiman
favorables, y ejercitar los medios impugnatorios que la ley faculta.

Se ha precisado también en sede doctrinaria que el ejercicio del derecho a la defensa en


materia penal comprende dos modalidades, la defensa material y la defensa técnica. La
primera, la defensa material, es aquella que le corresponde ejercer directamente al imputado.
La segunda, la defensa técnica, es la que ejerce en nombre de aquél un profesional del
derecho, científicamente preparado, conocedor de la ley aplicable y académicamente apto
para el ejercicio de la abogacía. En nuestro sistema procesal penal, el derecho a la defensa
técnica se materializa, o bien con el nombramiento de un abogado escogido por el imputado, o
bien a través de la asignación de un defensor público proporcionado directamente por el
Estado. En tal sentido Rubio precisa que "el primero consiste en que la persona tiene el
derecho de expresar su propia versión de los hechos y de argumentar su descargo en la medida
que lo considere necesario (...) El segundo consiste en el derecho de ser permanentemente
asesorado por un abogado que le permita garantizar su defensa de la mejor manera desde el
punto de vista jurídico."

La importancia de esta garantía de carácter constitucional estriba en que con su ejercicio se


busca impedir la arbitrariedad por parte de los entes correspondientes y evitar la condena
injusta, mediante la búsqueda de la verdad, con la activa participación o representación de
quien puede ser afectado por las decisiones que se adopten sobre la base de lo actuado.

El autor español Carocca Pérez alude a esta concepción reactiva del derecho de defensa que
comprende "toda actuación contraria a la pretensión formulada por el accionante". Este autor
distingue en este caso el ámbito civil del penal, pues en el primero señala "desde el punto de
vista terminológico y teniendo en cuenta el peso de la tradición forense, puede señalarse que
cualquier postura que no suponga la simple personación o allanamiento, constituye oposición a
la demanda y por lo mismo defensa del demandado y también en sentido amplio de excepción,
pudiendo considerarse equivalente tal nomenclatura. En lo que atañe al ámbito penal, el
mismo autor refiere que se aplica a la actividad del sujeto pasivo (imputado) dirigida a hacer
valer o tutelar en juicio sus intereses o sus derechos subjetivos, frente a la acción penal que se
ha ejercido en su contra, en este caso, por el Ministerio Público.

Nuestro Tribunal Constitucional en la STC N. 04719-2007 PHC/TC, f, j, 6, refiere que el derecho


de defensa alude a "la defensa de un derecho o interés legítimo frente a la expectativa de una
decisión estatal sobre él, sea porque ve pretende algo o porque al contrario nos oponemos a
esa pretensión, requiriendo que ella no prospere".

Desde esta concepción, la defensa llega a ser entendida por el Tribunal Constitucional como
toda aquella actividad procesal desarrollada por las partes dentro de un procedimiento o
proceso mediante el uso de “los medios y recursos” franqueados por la ley a fin de “defender
los derechos e intereses propios" frente al órgano jurisdiccional (Exp. N° 06648-2006-PHC/TC).
En esta concepción, se involucra tanto la actividad que desarrolla quien demanda, esto es, se
concibe el hecho de "interponer pretensiones" como un acto genuino de ejercicio del derecho
de defensa; como la actuación del que se opone a la pretensión interpuesta, esto es, el
demandado.

El derecho de defensa no es privativo del emplazado, ni se reduce a la actividad que este


despliega frente a la demanda; pues qué duda cabe el demandante a lo largo del proceso
también ejercita esta titularidad.

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