Posición y condición de la mujer en La regla de Òşà.
Autora: Nidia Aguila.
Antes de entrar en el tema que trataremos, quisiera hacer referencia
a un apólogo yoruba, perteneciente al odù Ifá Òşé Òtura, que
especifica la posición y condición de la mujer en la llamada Regla de
Oşa o, mas correctamente, la Religión yoruba en Cuba, el cual dice:
Konkoro es el adivino del pueblo de Ewi y rey de la ciudad de Ado
Ekiti, Òrun mokunkun kanle, es el adivino del pueblo de Ijesa, el
cangrejo se queda cerca de la orilla y camina como un borracho, estos
fueron los nombres de los adivinos que consultaron Ifá para las 400
divinidades de la derecha y también para las 200 divinidades de la
izquierda cuando venían del cielo a la tierra. No respetaron las
costumbres humanas, se impusieron a las normas y no desearon
reconocer las contribuciones de Òşùn. Prepararon el pescado Kamote,
su pescado Kamote estaba lleno de protuberancias; prepararon un
guisado de harina de yuca, y estaba muy aguado; tallaron un camino
al pueblo y no encontraron a nadie que pasara por el camino. El claro
que se abre hacia la granja, es un claro hecho por la naturaleza, estos
fueron los adivinos que consultaron Ifá para Òşùn. Ellos poseían un
coral llamado Iyun que estaba en un lugar secreto y destruía todos los
intentos de las divinidades. Estas regresaron a Olódùmarè y le
narraron sus sufrimientos. Olódùmarè pregunto acerca de la única
mujer entre ellos, el pregunto si la habían considerado para deliberar
y ellos respondieron que no lo hicieron, Olódùmarè les ordeno que
regresaran a la tierra y que fueran a invitar a Òşùn a sus
deliberaciones. Todos regresaron y escucharon a Òşùn durante sus
deliberaciones, así ellos prepararon el pescado Kamote, su pescado
Kamote estuvo muy bueno, ellos prepararon el guiso de harina de
yuca, el guiso de harina de yuca estuvo muy bueno, ellos tallaron el
camino hacia el pueblo y encontraron viajeros que pasaban por el
camino.
La posición de la mujer dentro del culto ha sido leída históricamente,
desde una concepción occidentalista, con fuertes matices peyorativos.
La mujer dentro de la cultura yoruba es educada para llevar a cabo las
labores culinarias y las atenciones al resto de la comunidad religiosa
que incluye, en su mayoría, a los sacerdotes e iniciados. El valor de
estas acciones, varia su sentido, para las distintas culturas.
Ideas preconcebidas apartadas del verdadero sentido de la acción
pueden juzgar la liturgia sin un cabal conocimiento de ella. Los no
adeptos, los iniciados desconocedores de las practicas originales y la
influencia negativa del contexto propician una visión diferente del
sentido mágico religioso de sus actividades. Son muchos los textos
sagrados, iyere (cantos), Ese Ifá (versos de Ifá) y ceremonias donde se
establece con claridad la indispensable y activa participación de la
mujer.
La cosmología yoruba sirvió de base para edificar la mayoría de sus
ciudades o pueblos. La estructura de la nación yoruba fue una
federación de ciudades estados; cada ciudad era dirigida por un Oba
(rey). En tiempos ancestrales, este Oba no podía ser visto por sus
súbditos, por eso el era el núcleo invisible del circulo que formaba la
ciudad. Se rodeaba por un concilio de mujeres ancianas llamado Odù y
un influyente concilio de hombres ancianos llamado Ogboni. La ciudad
en si era apoyada y suministrada por trabajadores de ambos géneros
que tendían a ejercer sus labores teniendo en cuenta sus líneas
familiares o de aprendizaje. Los hombres fueron tradicionalmente
campesinos o agricultores y las mujeres, generalmente controlaban el
mercado y el comercio. Ambos, hombres y mujeres participaban en
gremios donde preservaban las técnicas usadas en sus oficios.
Desde el punto de vista ritual, cuando se aproximaba la temporada de
siembra, los hombres preparaban y esparcían las semillas en la tierra,
las mujeres atendían los cultivos y luego cosechaban los frutos. La
cosmología yoruba es una perfecta réplica de las leyes de la
naturaleza. Analógicamente, el hombre deposita el semen en la mujer
o sea, el hombre siembra; la mujer por nueve meses gesta y cuida la
criatura dentro del vientre; o lo que es lo mismo, atiende el cultivo.
Luego la mujer recolecta los frutos porque es ella la que engendra y
da a luz la nueva criatura, fruto de nuestras vidas terrenales. En tal
caso, el Bàbálawo representa al comadrón, la Apètèbí a la madre en el
periodo de gestación y el feto al iniciado. Ambos, Bàbálawo y Apètèbí,
son responsables del desarrollo espiritual del nuevo adepto. Como
parte esencial de la base filosófica de los ritos, todo lo que se realiza
es simbólico al nacimiento. Detrás de cada actividad de la mujer se
esconde un profundo poder esotérico capaz de modificar el curso de
los acontecimientos. Durante el periodo de desarrollo del preiniciado
hasta la completa formación sacerdotal, la mujer recibe tres
denominaciones por su participación en el ascenso jerárquico,
conocidas como Apètèbí, Ayafa e Ìyánífá.
Cuando la mujer sirve una mesa religiosa adquiere un alto rango
dignatario que los occidentalistas tienden a desvalorizar. Es la madre
tierra las que nos alimenta y aloja en su seno los seres encarnados.
Para los yorubas al ofrecerle estos atributos simbólicos a la mujer, se
esta dignificando su existencia y armonizando a la familia con los
poderes de la naturaleza. El hecho le proporciona a la mujer un
sentido alegórico muy específico que ayuda a fortalecer su autognosis
y genera un influencia espiritual benéfica para los participantes del
rito. La propia Biblia plantea: “Los reyes de las naciones se
enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son
llamados bienhechores; mas no así vosotros, sino sea el mayor entre
vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve.
Porque, cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve No es
el que se sienta a la mesa Mas yo estoy entre vosotros como el que
sirve. (San Lucas 22, 26).
Labores de la mujer dentro del culto yoruba.
La Apètèbí.
La Apètèbí es la encargada de cuidar y mantener activo,
espiritualmente, el altar de Ifá. Recita y convoca al espíritu de
Òrúnmìlá, mediante la utilización de los iyere, oraciones, cánticos
litúrgicos y ofrendas, de ahí que la palabra Apètèbí en la lengua
yoruba significa: A – quien, pè – convocar, ìté – cuna, nido; ìbí –
nacimiento, o sea, quien convoca en la cuna o nido el nacimiento. La
Apètèbí en el sentido filosófico representa a una madre en el periodo
de gestación o prenatal y dentro del culto brinda todos los cuidados a
los atributos y preiniciados como los mismos cuidados que una mujer
embarazada cuida su preñez. También puede ser iniciada en Òrìşà y
por tal motivo recibe la potestad de convocar al resto de las 199
divinidades del panteón yoruba. Es la guía del devoto en todas los
pasos previos a su iniciación en Ifá. Son muchos los ritos que
representan un nuevo engendro en donde la Apètèbí debe y puede
funcionar. En sentido mítico es la que planta las semillas sagradas o
Ikin Ifá.
Como dice el iyere de Ifá:
Apètèbí omo balè (bis) Omo bálè omo bálè Apètèbí omo bálè.
t. La Apètèbí la semilla germina en la tierra (bis).
Ayafá.
Luego que una Apètèbí secunda a un Bàbálawo en su iniciación, como
un anexo litúrgico, adquiere el rango de Ayafá (esposa de Ifá) y
representa la base fundamental en las actividades posteriores del
Bàbálawo. Participa en todas las ceremonias que se realizan a los
nuevos adeptos. Sin su intervención, se cree, que los resultados de los
ritos estarían carente de potencialidad espiritual. La Ayafá acompaña
a oficiar en los sacrificios y en las preiniciaciones. Filosóficamente
representa todos los cuidados que deben seguir las madres en el
periodo post-natal. En el sentido mítico, ella cuida y atiende la
plantación de las semillas sagradas.
Ìyánífá.
Significa ìyá – madre, ni – posee, Ifá – elementos sacros del culto. O
sea, la madre que posee los secretos de Ifá. Se le considera una
sacerdotisa con igual rango que el Bàbálawo, por lo que ella realiza
también adivinaciones utilizando el oráculo de Ifá. Puede oficiar en las
preiniciaciones, realizar sacrificios, en fin, tienen un amplio espectro
de trabajo ritual, excepto aquellos que puedan perjudicar su
naturaleza espiritual y biológica. Filosóficamente representa a una
partera, mujer capaz de ayudar a otras en el momento del parto. En el
sentido mítico representa la recolección y distribución de los frutos
resultantes de las semillas sagradas.
Existen muchos versículos de Ifá en donde se hace referencia a las
características de la mujer en sus diferentes fases, pero como
veremos a continuación, ninguno con un carácter excluyente:
No hay ninguna mujer embarazada que no pueda dar a Òrúnmìlá en
nacimiento.
Ìwòrì Òdí.
La mujer del cazador no grita por gusto cuando la flecha de su marido
da en el blanco.
Òbàrà méjì.
El gallo no paga dote antes de tener mujer alguna.
Ìwòrì Ìròsùn.
Una bella mujer que no menstrúa, cómo puede ser posible que conciba
hijos?.
Ìwòrì Òşé.
La mujer vanidosa es como un narigón de oro en la nariz de un buey.
Òtura Ìká.
Por una mujer se perdió el Igbodu.
Òwònrín Ògúndá.
La mujer adúltera se muere en casa de su marido estando viva.
Ògúndá Ogbè.
Las mujeres levantan canastas y también los chismes.
Ògúndá Òşé.
Òsá Òkànràn es como el bollo de la mujer que cocina sin blumer.
Òsá Òkànràn.
La mujer es un río donde se rompen todos los güiros.
Òtura Òsá.
Nunca se sabe cuando una mujer peca, ni cuando se cae el millo.
Òtura Òsá.
El puerco espín corteja a la mujer del leopardo, pero este no puede
evitarlo.
Ògúndá méjì.
La mujer que come a dos manos, su trabajo la sentencia y la condena.
Ògúndá méjì.
Cuando una mujer coge una azada el hombre no puede quitarle su
lugar.
Ìròsùn Òtúrúpòn.
En este ultimo versículo Ifá nos enseña que también los hombres
tienen ciertas limitaciones. El la tradición yoruba existen exclusiones
tanto para los hombres como para las mujeres en dependencia del
profundo sentido esotérico del rito que no se puede ver con una visión
prejuiciada de machismo ni el predominio de la mujer sino, como la
esencia misma de nuestra existencia.
Exclusión de hombres de los ritos.
Existen grupos independientes de mujeres donde quedan excluidos
los hombres. Los mas conocidos son la sociedad Eleko presidida por la
divinidad Oba y la sociedad de Òrìşà Oko presidida por la divinidad
que lleva su nombre. En ambas otorgan al pene una condición divina
como símbolo de copulación y procreación para las mujeres. Por lo que
el cetro fundamental es un fetiche tallado con la forma de ese órgano
masculino. Por lo cual la exclusión del hombre no se trata de
menosprecio sino de una evidente realidad filosófica. La sociedad
Gèlèdé, por su parte, es una organización de mujeres dedicadas al
culto de las Ajé (brujas) que son cariñosamente llamadas ìyámí (mis
madres) y representan los poderes ocultos de la mujer. Todas estas
asociaciones de mujeres mantienen viva sus actividades en pocas
casas de nuestro país. Su origen y liturgia esta basado en la
necesidad que tenían muchas mujeres de ser embarazadas. En los
momentos actuales ha crecido el índice de natalidad por lo que ha
caído en desuso esas practicas rituales.
Exclusión de las mujeres en los ritos.
Desde el punto de vista filosófico cuando una mujer esta menstruando
deja claro, generalmente, de que no esta embarazada o sea, es una
razón biológica que indica que la mujer no esta en cinta. Se reconoce,
además, como el periodo en donde la mujer esta en contra de la
creación y la fertilización. Para muchos es conocido que la base
fundamental de los ritos yorubas representan los diferentes aspectos
de la creación. Es por esa, única razón que la mujer es excluida de los
ritos para que así, no reste potencialidad a la evolución creativa de los
mismos. No obstante, los textos antiguos dan un profundo sentido
mistico a la menstruación a la cual denominan como Àşé. Para muchos
es conocido la alta significación de esta palabra en lengua yoruba. Por
otra parte la mujer también es excluida del recinto en donde se
encuentra el Òrìşà Odù. Según expresa una leyenda de Òfún méjì Odù
era de las mujeres favoritas de Òrúnmìlá y por tal motivo, fue
hostigada por el resto de sus esposas hasta que por ello murió y juro
seguir acompañando a Òrúnmìlá como espíritu con la condición de ser
vista nunca más por mujer alguna. Ella es superior a todas las mujeres
del mundo. Las mujeres no pueden tocar sus símbolos ni heredarlos,
pues ella es la propia representación interna de la mujer y menstrúa
eternamente. Por lo cual, es evidente el daño que su influencia
pudiera causar en la naturaleza biológica de la mujer y en sus órganos
reproductores, puesto que los ritos que se realizan al Òrìşà Odù van
en contra del normal curso de la menstruación a pesar de que, fue ella
quien, creo en cada mujer en períodos regulares esa función biológica.
Por lo demás no existe, para la mujer, dentro de la tradición yoruba
otras formas de exclusión.
Para nuestra tradición la mujer tiene el mas alto valor honorífico
dentro de nuestras actividades, fue ella quien recibió el cetro de
autoridad antes que Èşù; nacemos de una mujer y nos consagramos
por una mujer. Su vagina representa la puerta del cielo (òbo ekùn
òrun u Ojà Ejibomekùn) por donde los seres y los beneficios,
acompañados de la lluvia, deben pasar antes de llegan a la tierra. En
todos los ritos yorubas ella es la figura que utilizan, ciertas
divinidades superiores, para que se manifieste la ley mágica de
personificación divina. Por ejemplo, algunas veces personifica a Yewa
(madre tierra) cuando sirve una mesa, a Esin merìn (madre de las
aguas fecundas) cuando sacraliza con agua especial las semillas de
Ifá, Yeye (la gran madre naturaleza) cuando oficia en los ritos de
sacrificios, a Òşùn (la maternidad) cuando asiste en todas las
funciones al Bàbálawo y a Aruba (compañera de Òrúnmìlá en el cielo)
cuando carga encima las semillas sagradas. Sin la presencia de la
mujer, en nuestra liturgia, estaría la actividad desprovista de la
influencia espiritual de estas cinco divinidades.
Dice Ifá en Ogbè Ìwòrì:
Ogbè wèhìn wò bàjà re yio bá pàkun adífáfún Òrúnmìlá ti o nsokun
alailobinrin.
t. Ogbè miró hacia atrás para ver si su perro mató una ardilla, lo profetizado
por Ifá para Orúnmìlá cuando se quejaba porque no tenía mujer.
Muchas gracias.