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Apologética Antideista del CV I

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I. 4.

El Concilio Vaticano I (1870)

El CV I – con la Dei Filius – representa la confirmación de la


orientación apologética, acentuando su carácter extrinsecista y demostrativo.
En ese tiempo, y por la influencia del Concilio, fue muy famosa la frase: recta
ratio fidei fundamenta demonstret (la recta razón demuestra los fundamentos
de la fe [Dz. 3019]), que a su vez sirvió como base para la elaboración de casi
todos los manuales apologéticos más divulgados. Por ello mismo fue también
muy divulgada, a parejo con ésta, la frase de la credibilidad evidente de la
revelación, que fue leída como una “evidencia racional constringente” (de eso
nos da testimonio las declaraciones del CV I: las verdades reveladas por Dios
que no puede engañarse ni engañar).

 Desde el proemio muestra un carácter autoritario y condenatorio, y destaca el


rasgo autoritario de la revelación, por el hecho de ser revelación divina.
 Más que estudiar la naturaleza de la revelación, estudia el hecho de su existencia,
posibilidad y objeto.
 Presenta la autoridad de la revelación con la cual Dios decreta en razón de su
sabiduría (D. 3004).
 Reivindica el valor de la teología natural (D. 3004) contra los errores que
amenazan las condiciones de la fe (reconoce su valor sin exagerarlo), sobre todo
contra el ateísmo y positivismo que afirmaban la imposibilidad del hombre para
llegar al conocimiento de Dios, y el tradicionalismo avanzado que concedía a la
razón sólo poder pasivo de conocer a Dios, ya que todo conocimiento de Dios
debía venir de la revelación (D. 3026 y 3028)1.
 Propone el camino sobrenatural como el camino por el cual Dios quiso revelar al
hombre los designios y decretos de su voluntad (D.3004, 3027 y 3015).
 El canon primero sobre la fe afirma, contra los racionalistas, que la razón no es
autónoma y que Dios puede imperarle la fe (D. 3015, 3017, 3019 y 3031).
 La fe se adhiere a lo revelado, dice el concilio, no por la intrínseca verdad de las
cosas, percibidas a la luz de la razón, sino por la autoridad de Dios que se revela,
el cual no puede ni engañarse ni engañarnos (3008).
 La DF considera la revelación en el sentido activo y objetivo, como palabra
dirigida o como palabra dicha; pero queda muy manifiesto que su atención la
centra en el sentido objetivo.
 La DF presenta la revelación que Dios hace
El Concilio Vaticano I (1870): Sus grandes
de sí, de sus misterios y de su bondad, como afirmaciones para la TF son este:
la palabra autoritativa (plenamente
1) Existe una vía" natural" por la cual Dios"
puede ser conocido con certeza" (cierto
cognosci) y otra vía, “la sobrenatural", la
revelación, en la cual ‘Dios... nos ha hablado
a través del Hijo (Eb 1,1)" [DH 3004];
1
Cfr. LATOURELLE R.; Teología de la revelación, 294. 2) La revelación es necesaria para "conocer
fácilmente las cosas divinas... no de por si
inaccesible a la razón [DH 3005];
3) La revelación es contenida “en los libros
escritos y en la tradición no escrita; estos
libros son escritos bajo la inspiración del
Espíritu Santo, y tienen Dios para autor” [DH
3006];
intelectual), cualificada por la ciencia y veracidad de Dios, ante la cual se
encuentra sometida la razón (D 3008)2.
 Para la DF la fe es el don de Dios y la respuesta a su palabra. En definitiva, por
tanto, se dirige a la persona de Dios, pero inmediatamente a lo que dice, y lo que
fundamenta esta adhesión es la autoridad de Dios3.
 Presenta un carácter más Teocéntrico (plugó a la sabiduría y bondad de Dios)
desde el proemio4, por lo tanto es poco cristocéntrica y hace también poca
referencia al E. Santo.
 Manifiesta un carácter más judicial, justificado en el encargo que Dios ah dado a
la iglesia de custodiar y exponer la Palabra (D 3000, Así como los cánones al final
del documento).
 Se entiende entonces como la intención primordial del concilio no era exponer una
doctrina completa sobre la revelación divina, sino sólo aquellos puntos que habían
sido oscurecidos y negados, y en este sentido era una respuesta al racionalismo y
semiracionalismo de la época5.
 Se mueve mucho en el orden de lo sobrenatural, como orden superior a la
conciencia o razón natural.

Todos estos contenidos hasta ahora nos muestran la característica


evidente de una apologética clásica que buscaba la demostración a toda costa,
ante los desafíos culturales del momento. Las características centrales de ésta
las podemos numerar así:
 La primera característica fundamental de esta apologética clásica venía
marcada por su carácter fuertemente antideista, ya que trataba ante todo de
afirmar la revelación, tanto como idea como en sus manifestaciones.
 El intento de establecer el hecho de la revelación divina sin tener en cuenta
el sentido de su contenido, así como el destinatario. De este modo para
demostrar la credibilidad no era necesario ver la naturaleza ni de la
religión, ni de la revelación, ni de la divinidad de Cristo. Era suficiente
probar el hecho que venía garantizado por el magisterio.
 La pretensión de una demostración racional rigurosa. Su método era la del
silogismo: Dios no puede engañarse ni engañar, lo demuestran los hechos
(milagros, profesías, etc.); luego entonces el hombre debe creer. De esta
manera los signos se convertían en argumentos científicos, al margen de su
significado creyente. Este estilo perduró hasta el CV I.

2
Cfr. IZQUIERDO U. C; Teología fundamental, 73.
3
Cfr. LATOURELLE R; Teología de la revelación, 291-304.
4
Cfr. Ibid. 388.
5
Cfr. IZQUIERDO U. C; Teología fundamental, 73.
Posterior al CV I emergen una serie de elementos para una apologética
de tipo renovado, anclada a la tradición de Agustino, Alberto Magno,
Buenaventura... y sobre todo de Tomás de Aquino (la llamada “vía antigua")
que subraya la función iluminadora de la revelación y la gracia en el acto de fe
[ya en el fin del s. XIX el cardenal J. H. Newman con sus illative sense y al
principio del s. XX P. Rousselot con Les yeux del foi (1910)]. Aquí se colocan
las monografías innovadoras sobre Tomás (cf. J. Alfaro, 1952; M. Seckler,
1961...), qué ponen en relieve la primacía de la gracia y el papel de los
“praeambula fidei" (concepto clásico de lo apologética) concebidos más como
pre-teológicos, sino como momento interior de la reflexión creyente.

Más específicamente para la TF, el método de inmanencia iniciado por


M. Blondel, 1861-1949, resultará decisivo y su influjo se volverá, a pesar de la
polémica “antimodernista", cada vez más importante, como se puede verle en
la francesa “Nouvelle Théologie" [cf. H. de Lubac, Apologétique et théologie:
NRT 57 (1930); H. Bouillard, Blondel y los christianisme, Paris 1961; Y.
Congar, Usted Foi et el Théologie, Paris 1962, § 78...], y en la" teología
trascendental" [cf. K. Rahner con su orientación por el TF, Auditorios de la
palabra (1941/21963); Teol. trascendentale: SM; DTF; DTE]. De también
mencionar el influjo de la filosofía personalista (M. Buber) E. Mounier, J.
Mouroux...), de la nueva exégesis católica, encíclica Divino afflante Spiritu,
1943"; Biblia de Jerusalén", antes y. 1955...), y el principio de una teología
dogmática católica de la revelación, influjo de la teología protestante de K.
Barth; cf. R. Guardini, W. Bulst, Y. Congar, E. Schillebeeckx, E. Dhanis
(PUG), R. Latourelle (PUG)...).

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