Diagnóstico de peste porcina africana
Diagnóstico de peste porcina africana
En la brega /
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Vol. 7 \ No. 3 \ Julio-Septiembre \ 2020
1970-2020
En la brega
Palabras clave: Virus; Virus ADN; Peste porcina; Enfermedades rojas del cerdo; Peste
porcina clásica; Cólera porcino; CSF; PPC; African swine fever; ASF; Diagnóstico; ASF,
vacunas
Aceptado: 2020-09
Publicado: 2020-09-30
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en la página 18
Derechos de autor:
Consuelo Carrillo 2020
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acceso abierto Carrillo C. Epidemia de peste porcina africana: estado actual. Veterinaria México OA.
Distribuido bajo una Licencia Creative Commons Atribución 2020;7(3). doi: 10.22201/ fmvz.24486760e.2020.3.930
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Introducción
La peste porcina africana (PPA; conocida por su denominación en inglés, African
swine fever [ASF]) es una infección viral de los suidos domésticos y silvestres, que
también replica y se transmite en garrapatas del género Ornitodorus., Su epi-
demiologia y transmisión son complejas y aún bastante desconocidas. Asimismo,
existen grandes lagunas de conocimiento acerca de la biología del virus, su patoge-
nia y la respuesta inmune del hospedero, lo que dificulta el control de los brotes y
la prevención de la enfermedad en los países en los que no es endémica. Debido a
su elevada mortalidad, el sacrificio obligatorio y el consecuente impacto económico
en la industria pecuaria, su notificación es obligatoria e inmediata a través de los
organismos internacionales de salud animal (OIE y FAO). No existe tratamiento,
y aunque hay algunas vacunas en fase experimental y de registro, ninguna ha sido
aprobada oficialmente, ni está disponible todavía de manera comercial. Debido a la
multiplicidad de presentaciones sintomatológicas, que van desde la muerte súbita
en los casos sobreagudos hasta los casos subclínicos de infección crónica, e incluso
sin sintomatología,- el diagnóstico clínico es ineficaz. Por lo tanto, el diagnóstico
de laboratorio resulta el único que permite la confirmación o exclusión del virus
de PPA en caso de enfermedad, por lo que es fundamental para la detección, y el
control de la enfermedad.
La PPA ha sido históricamente endémica en el continente africano y espo-
rádicamente en países de Centro y Sudamérica, así como de Europa occidental.
Se detectó en Portugal en y y permaneció en la península ibérica hasta
mediados la década de , cuando se erradicó exitosamente y quedó restrin-
gida a la Cerdeña como única región endémica dentro del continente europeo.
Algunos brotes esporádicos se produjeron también en Cuba en y, en
Francia en , en la República Dominicana, Haití, Brasil, Malta e Italia en ,
y en Bélgica en , rápidamente controlados y extinguidos.
En se presentó en Georgia, se estableció en la región caucásica, se ex-
tendió por toda Rusia y Europa oriental y llegó hasta la frontera de los países nór-
dicos, amenazando la industria porcina de la Unión Europea. Lo más alarmante
es que durante los últimos cinco años, la presencia de PPA se ha extendido a más
de países, incluyendo China, el mayor productor mundial de porcinos y cuya
población de cerdos se redujo en consecuencia en un % durante . Corea
del Sur ha confirmado también casos en jabalíes silvestres infectados con este vi-
rus. En Filipinas, el primer brote se informó en julio de y hasta el momento
se cuentan aproximadamente . cerdos sacrificados. Timor Oriental es la
décima nación de Asia que ha informado la presencia de PPA y lleva registra-
dos brotes de la enfermedad en este breve periodo de tiempo. Asimismo,
Vietnam, Laos, Myanmar, Corea del Norte, Mongolia y Camboya completan un
total de millones de cerdos afectados de una población de millones.-
Las estrategias para el control de la PPA en los países que presentan la en-
fermedad por primera vez o bien tienen brotes esporádicos consisten principal-
mente en seguir las medidas clásicas de intervención de cuarentena y sacrificio
obligatorio de todos los animales afectados y sospechosos. La experiencia de los
países recientemente afectados por la introducción de esta enfermedad, junto
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Figura 1. Representación esquemática del virus de la peste porcina africana, imagen por microscopía electrónica y
localización de algunos de los genes que han sido caracterizados dentro del ADN viral.
Patogenia y transmisión
El virus de la PPA infecta a cerdos domésticos y silvestres, incluyidas distintas
especies de jabalíes como Phacochoerus africanus y Potamochoerus larvatus en
África, así como al cerdo silvestre (Sus scrofa) en Eurasia. Las primeras descrip-
ciones de la infección en cerdos domésticos fueron las de una enfermedad he-
morrágica aguda con un % de mortalidad. Este tipo de cuadro clínico se
aprecia aún hoy al inicio de los brotes, pero a medida que pasa el tiempo y se
desarrolla un estado endémico, se observan casos subagudos de desarrollo más
lento con una menor mortalidad, e incluso formas de infección crónicas e inapa-
rentes que permiten a los animales supervivientes actuar como portadores del
virus por periodos indefinidos. Las bases moleculares y/o genéticas de este cam-
bio de virulencia son desconocidas, pero podrían deberse a cambios en el virus
que modifican la dinámica de su replicación, su tasa de infección u otros factores
dependientes del hospedero.
Se ha informado que un mismo virus produce efectos diferentes en pobla-
ciones de distinta especie o edad, lo que sugiere que quizás la baja virulencia no
dependa de cambios en el virus o de la genética del hospedero, sino del resultado
de una combinación de elementos desconocidos hasta este momento., En la
Figura 2 se ilustra un ejemplo de cómo la vía de inoculación y la dosis viral pueden
afectar la patogenia de un mismo aislado virulento de PPA (Georgia ). En el
cerdo, se cree que las vías más frecuentes de infección son la oronasal y el contac-
to a través de la piel erosionada o bien perforada con elementos contaminados.
Con frecuencia la literatura ha relacionado los brotes con la ingestión de desper-
dicios de cocina, sangre u órganos de animales muertos, deglución de líquidos
contaminados, así como fómites y útiles infectados con el virus. La transmisión
por contacto directo entre cerdos se ha documentado de forma experimental, y se
ha demostrado que el virus se encuentra en la sangre, fluidos orales, nasales, feca-
les y en orina de los animales infectados, si bien los tiempos y títulos en los que se
presenta varían según el aislado y el tipo de manifestación clínica. La transmisión
por aerosol parece limitarse a los casos en los que los animales se encuentran en
proximidad extrema, ya que la separación f ísica por medio de muros no permite
la dispersión del virus.
Se sabe que el virus de la PPA infecta y se replica exitosamente en las garra-
patas del género Ornithodoros. Por otra parte, hay evidencias de que las mos-
cas de establo, tábanos y larvas de mosca pueden retenerlo durante a
horas después de haber estado en contacto con sangre infectada. Sin embargo,
la importancia de estos últimos como vehículos de la enfermedad se considera
insignificante.-
La dosis infectiva para inoculación experimental por vía oronasal se ha esti-
mado en tan solo de a HAD/ml. Dependiendo del aislado, el huésped y la
dosis de infección, la diseminación del virus a otros órganos a través de la sangre
toma de horas a días y se realiza por asociación directa de la partícula viral
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INP, 10 HAD50 INP, 10 HAD50
10 10 10 10
8 8 8 8
Inoculación
6 6 6 6
nasofaríngea
4 4 4 4
2 2 2 2
0 0 0 0
Índice clínico
Sangre completa 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12
Suero
Raspado tonsilar
Hisopado nasal
12 12 12 12
2 4
IOP, 10 HAD50 IOP, 10 HAD50
10 10 10 10
8 8 8 8
Inoculación
orofaríngea 6 6 6 6
4 4 4 4
2 2 2 2
0 0 0 0
0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12
Figura 2. Patogenia de la infección experimental con el aislado Georgia 2007 utilizando cuatro rutas distintas de inoculación en cerdos
domésticos. (Obtenido de Howey et al.15)
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Vacunas e inmunología
Desde la década de se sabe que existe protección homóloga; es decir, que el
animal recuperado de la infección con un determinado aislado de PPA permane-
ce resistente de por vida a la reinfección con ese mismo aislado (homólogo), pero
puede sucumbir a la infección con otra cepa distinta de PPA (cepa heteróloga).
En la década de se demostró que la transferencia pasiva de los anticuerpos
provenientes del suero de animales protegidos proporciona inmunidad contra la
infección.- Por lo tanto, si el animal resiste la enfermedad por tiempo suficien-
te, se produce una respuesta inmune con títulos altos de anticuerpos circulantes,
que son determinantes en la protección ante una nueva infección con el mismo
virus, pero que no protegen de otras cepas virales y cuya capacidad neutralizante
in vitro no se ha demostrado. Así, mientras que se han probado la existencia y el
efecto protector de los anticuerpos en suero, sus propiedades de neutralización
cruzada in vitro no se correlacionan con lo observado in vivo, por lo que los ele-
mentos que definen, agrupan y diferencian los aislados naturales en homólogos y
heterólogos son aún desconocidos. No obstante, resultados preliminares in vitro
obtenidos con la técnica de inhibición de la hemadsorción parecen sugerir que
los virus de un mismo grupo hemadsorbente tienen reactividad cruzada, mien-
tras que los de diferentes grupos no. Además, los anticuerpos inhibidores de la
infección de monocitos (M-II) inhiben la replicación de virus en cultivo de ma-
crófagos, siguiendo el patrón de protección cruzada que se observa in vivo.
También se han identificado las funciones de algunos genes importantes en la
modulación de la respuesta inmune que incluyen a los inhibidores del interferón
(tipo I), inhibidores de la apoptosis, factores de virulencia y factores que afectan el
rango de hospedador.- Con todo, aún queda mucho por descubrir en cuanto a
los mecanismos de protección inmune contra esta enfermedad.
Las evidencias acumuladas a través del tiempo han llevado al desarrollo de
una variedad de probables vacunas: a) utilizando virus inactivados: se sabe que
si el virus no replica no se generará ninguna respuesta inmune; es decir, un virus
no infeccioso completo o en fragmentos antigénicos, con o sin adyuvantes y esti-
mulantes de la inmunidad, no induce protección contra la infección; b) utilizando
subunidades virales: algunos resultados hasta el momento han sido alentadores,
pero la protección es parcial; c) utilizando virus vivos atenuados: aunque son las
vacunas más prometedoras, ya que tienen un % de protección homóloga, este
tipo de vacunas presenta riesgos de bioseguridad como efectos adversos, persis-
tencia de la infección y reversión a virulencia. No obstante, gracias a los recientes
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Diagnóstico
No existe tratamiento ni vacuna para la PPA, por lo que la única forma efectiva
de prevenirla y controlarla se basa en una detección temprana y precisa, que per-
mita evitar la introducción legal o ilegal de animales infectados o sus derivados
en áreas libres de la enfermedad. Las medidas sanitarias recomendadas para el
control y erradicación de brotes son drásticas y costosas, e incluyen el sacrificio
obligatorio no sólo de animales enfermos, sino también de aquellos sospecho-
sos de haber estado en contacto directo o indirecto con el virus. Antes de pro-
ceder a la declaración de un brote de PPA es necesario asegurarse y confirmar
inequívocamente que se trata del virus de la PPA, por lo que los signos clínicos
observados en el campo deben acompañarse del diagnóstico confirmatorio con
técnicas de laboratorio debidamente controladas y validadas según los estándares
internacionales.
Diagnóstico clínico
La observación de signos clínicos constituye el primer frente de detección y aviso,
por lo que la capacitación, difusión y educación continua de veterinarios, produc-
tores, cazadores y operarios (en el campo, ferias, mercados y granjas) es esencial.
De hecho, el principal problema para la detección de enfermedades exóticas es que
se excluyen de la rutina de observación clínica, lo que retrasa su sospecha y confir-
mación, hasta que se han descartado afecciones más comunes y que producen un
cuadro clínico similar. Este tiempo de retraso impacta las repercusiones del brote,
ya que permite una mayor distribución geográfica de la enfermedad. Además, es
importante insistir en que es fundamental reconocer las distintas presentaciones
clínicas y estar preparado para recolectar y enviar las muestras necesarias para
una confirmación diagnóstica en el laboratorio, que lleve a la pronta resolución de
los casos.
Los signos clínicos de la PPA dependen de la combinación de una serie de
factores como: virulencia del aislado, dosis de infección, características genéticas
del hospedador, estado de salud del animal antes de la infección y capacidad de
respuesta inmune, entre otros. Por ello, a menudo el cuadro clínico observado
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Incubación post- Inapreciable 7-7 dpi 6-15 dpi Semanas, incluso Inapreciable
infección meses
Muy alta, >42 ºC Muy alta, >40 ºC No excede los Inapreciable o muy Inapreciable o
Fiebre 40 ºC leve inexistente
Eritema post Eritema, Eritema, cianosis, Hiperpigmentación, Hiperpigmentación,
Piel mortem petequias petequias necrosis focales, necrosis focales,
hematomas hematomas
Muerte súbita en Apatía, Letargia, Letargia o normal, Normal, muerte
menos de 4-6 dpi inapetencia, inapetencia, muerte de algún de algún animal
Comportamiento hacinamiento, desorientación, animal a los meses a los meses de la
somnolencia, muerte 6-9 dpi de la infección infección
muerte 6-9 dpi
Inapreciables Vómitos y Vómitos y Conjuntivitis, Conjuntivitis,
diarreas, diarreas, vómitos y diarreas, diarreas, abortos,
Síntomas hemorragias, hemorragias, abortos, tos, hay artritis, tos
convulsiones, no convulsiones, hay supervivientes
sobrevivientes sobrevivientes
Inapreciables Esplenomegalia, Esplenomegalia, Pleuritis, neumonía, Pleuritis,
petequias, petequias, pericarditis, a veces consolidación
Hallazgos ganglios ganglios hemorragias pulmonar,
a la necropsia infartados, infartados, pericarditis fibrinosa
hemorragias, hemorragias,
edema pulmonar abortos
* dpi: días post-infección
en el campo no se parece al descrito por los expertos en los libros, que gene-
ralmente describen lo observado a partir de infecciones experimentales, o bajo
situaciones epidémicas que se relacionan a un sistema productivo particular y a
la bioseguridad.-
Al inicio de los brotes de PPA, los casos corresponden a una enfermedad
sobreaguda o aguda, con fuertes hemorragias que producen la muerte inmediata
de los animales afectados, incluso antes de presentar fiebre u otros síntomas. Es-
tos casos son relativamente fáciles de reconocer por su agresividad e impactante
apariencia. En general, se reconocen tres niveles de virulencia en PPA: aislados
de alta, moderada y baja virulencia, que se asocian con al menos cinco formas
clínicas: sobreaguda, aguda, subaguda, crónica y asintomática (Tabla 1).
A pesar de que los cuadros clínicos descritos en la Tabla 1 presentan con mayor
o menor frecuencia los distintos síntomas y lesiones, es importante considerarlos
en conjunto durante un diagnóstico, ya que todas las presentaciones pueden ob-
servarse, sin que sean exclusivas para uno u otro grado de virulencia. En términos
generales, los animales que presentan casos sobreagudos no llegan a desarrollar
anticuerpos y, a medida que se empeora el estado f ísico, tienden a agregarse para
compensar la hipotermia posterior a la fiebre y se suelen observar heces sangui-
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Tabla 2. Métodos de laboratorio para diagnóstico confirmatorio y diferencial de la peste porcina africana1
Medidas preventivas
Las medidas de control para la PPA se basan en políticas agresivas de sacrificio
y vigilancia. En los países en los que ha habido brotes de la enfermedad, se esta-
blecen cordones sanitarios de aproximadamente km a la redonda del área de
foco epidémico en los que se ejerce un férreo control para los vehículos que aca-
rrean animales vivos o muertos, así como alimento para animales o subproductos
animales.,,,
Además, dentro de los km de las zonas de control periféricas al sitio de
detección de la enfermedad, los cerdos silvestres y los jabalíes deben ser abatidos
y muestreados con gran rapidez para evitar la propagación del virus. En algunos
casos se recomienda incluso la construcción de vallas para garantizar la separa-
ción f ísica entre zonas de riesgo y zonas libres de la enfermedad. La globalización
y los sistemas modernos de producción porcina, así como la ausencia de una
vacuna y la implicación de hospedadores intermediarios como el cerdo silvestre y
las garrapatas, hacen que el control se base en bioseguridad y regionalización (co-
laboración internacional). Se recomienda que sea el propio órgano ejecutor del
gobierno de cada país el que priorice el establecimiento de las más altas medidas
de bioseguridad tanto a nivel de las granjas como de las carreteras y vida silvestre.
Deben desarrollarse asimismo planes de contingencia, reacción a emergencias y
apoyo económico para prevenir la entrada de la enfermedad.
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Tabla 3. Resistencia del virus de la peste porcina africana ante diferentes condiciones f ísicas y químicas, incluyendo
agentes normalmente utilizados para la desinfección en unidades productivas
4 ºC
21 ºC
37 ºC
56 ºC 70 min 43
60 ºC 20 min
Estiércol 4 ºC 160 días 44
37 ºC 4 días
Efluentes 4 ºC 112 días 44, 47
17 ºC 84 días
37 ºC 3 días
Suelo Bosque Verano 3 semanas 42
Invierno 13 semanas
Corral 1 mes 44
pH <3.9 Medio Pocos minutos 42, 47
>11.5 Medio
13.4 Medio 21 horas 42
4 ºC 110 días 41
Epidemiología y control
La PPA fue puesta de manifiesto al introducir cerdos domésticos provenientes
de Europa en granjas africanas en . Se demostró que la enfermedad procedía
de cerdos silvestres (Phacochoerus africanus), clínicamente normales que, junto
con las garrapatas infestadas, actuaban como reservorios del virus, dentro de una
simbiosis establecida o ciclo selvático ancestral. Algunos autores sugieren que
probablemente la introducción del cerdo doméstico produjo un cambio en este
equilibrio natural; es decir, que fue el detonante para la manifestación de una
infección que antes existía sin la presentación de un cuadro clínico asociado al
agente infeccioso. Sea como fuere, lo importante es que también surgió la trans-
misión directa del virus entre hospedadores (sin las garrapatas como vector), que
resultó en una nueva amenaza para los animales de producción y estableció a la
PPA como un grave problema económico hasta nuestros días. En Europa, el cerdo
salvaje y el jabalí son los principales reservorios en la naturaleza. A diferencia del
cerdo silvestre africano, tanto el cerdo montaraz como el jabalí sufren la misma
enfermedad que el cerdo doméstico y tienen un papel fundamental en la expan-
sión y transmisión del virus. Los cadáveres de los animales silvestres muertos
por la enfermedad quedan expuestos en el campo y son fuente de contaminación
durante largos periodos.,,,
El papel que desempeñan las garrapatas Ornithodoros que habitan las por-
querizas en el mantenimiento y transmisión de la PPA se ha demostrado tan-
to en África como en Europa. En la península ibérica, Ornithodoros erraticus
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Conclusiones y recomendaciones
Lograr una vacuna eficiente, así como mejorar los métodos de detección y carac-
terización de las variantes de la PPA son las tareas más apremiantes que quedan
aún por resolver. Son también las tareas más dif íciles y que requieren del mayor
esfuerzo. Debe tenerse en cuenta que el desarrollo de una respuesta inmune neu-
tralizante de tipo humoral en los animales infectados sigue siendo un tema de
discusión entre especialistas. La alta tasa de mortalidad contrasta con los múlti-
ples casos de enfermos crónicos y portadores asintomáticos detectados en luga-
res de alta endemicidad y en la vida silvestre, lo que dificulta la planificación de
políticas acertadas de vigilancia, control y erradicación. En la medida en la que se
declaran nuevos brotes, y se requieren acciones rápidas para la toma de decisio-
nes, el número de análisis recibidos en el laboratorio se dispara y la disponibilidad
de reactivos y materiales de origen comercial para procesarlos puede colapsarse
de modo repentino. Así, la experiencia en los países afectados ha puesto en evi-
dencia la importancia de tener un mínimo de producción local de reactivos va-
lidados y cuyo control de calidad sea aceptable. Igualmente, es importante tener
un segundo método acreditado como alternativa a la imposibilidad de continuar
con el originalmente en uso. Ante esta situación, habría que ampliar lo más po-
sible el número de pruebas comerciales validadas, y apoyarse de la industria para
estandarizar y abastecer a los laboratorios privados con aquellos métodos que se
utilicen para la confirmación del diagnóstico.
Asimismo, se ha puesto de manifiesto que es necesario invertir en el desarro-
llo de productos diagnósticos y farmacéuticos de larga vida y estables a tempera-
tura ambiente utilizando técnicas como liofilización, gelificación, conservación
al vacío u otras, con el fin de evitar el uso masivo de cámaras frigoríficas para
almacenamiento. Desarrollar una capacidad de alto rendimiento, robotización y
acreditación de laboratorios periféricos se considera uno de los mayores aciertos
en la planificación y alerta epidemiológicas.
Por último, los expertos internacionales en PPA han señalado vacíos en co-
nocimiento y carencias instrumentales críticas para mejorar la capacidad de reac-
ción y control de la enfermedad. Hay documentos disponibles públicamente que
explican en detalle los resultados de dichos análisis de insuficiencias técnicas e
intelectuales (GARA y EFSA reportes), que en síntesis proponen la necesidad de
mejorar el conocimiento de la PPA en varios aspectos:
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