ARTROSIS
1. DEFINICION:
La artrosis es una artropatía crónica caracterizada por una degeneración y potencial pérdida del cartílago
articular acompañada de otros cambios articulares, como la hipertrofia ósea (formación de osteofitos).
Las articulaciones son los componentes del esqueleto que nos permiten el movimiento y, por tanto, nuestra
autonomía funcional y están formadas por la unión de dos huesos a través de la cápsula articular.
En el interior de las mismas existe, generalmente, un fluido llamado líquido sinovial que es producido por la
membrana sinovial.
Los extremos óseos que se unen para formar la articulación están recubiertos por el cartílago articular.
Cuando este cartílago articular se lesiona, se produce dolor, rigidez e incapacidad funcional.
Normalmente la artrosis se localiza en la columna cervical y lumbar, algunas articulaciones del hombro y de
los dedos de las manos, la cadera, la rodilla y la articulación del comienzo del dedo gordo del pie.
La artrosis se clasifica como primaria (idiopática) o secundaria a una causa conocida.
La artrosis primaria
puede encontrarse en algunas articulaciones (condromalacia rotuliana es una artrosis leve que se presenta
en personas jóvenes).
La artrosis primaria se subdivide según el sitio afectado (manos y pies, rodilla, cadera).
Si la artrosis primaria afecta múltiples articulaciones, se clasifica como artrosis generalizada.
La artrosis secundaria
se debe a afecciones que cambian el microambiente del cartílago o estructura articular.
Estas afecciones incluyen traumatismos, anomalías congénitas de la articulación, defectos metabólicos
(hemocromatosis, enfermedad de Wilson), infecciones enfermedades endocrinas y neuropáticas y trastornos
que alteran la estructura y función normales del cartílago hialino.
2. FISIOPATOLOGIA:
Las articulaciones normales tienen poca fricción con el movimiento y no se desgastan con el uso normal, el
sobreuso o la mayoría de los traumatismos.
El cartílago hialino es avascular, aneural y alinfático.
Está formado por un 95% de agua y matriz de cartílago extracelular y sólo un 5% de condrocitos.
Los condrocitos tienen el ciclo celular más largo en el cuerpo (similar al sistema nervioso central y a las
células musculares).
La salud y la función del cartílago dependen de la compresión y liberación del apoyo del peso y del uso (es
decir, la compresión envía líquido desde el cartílago hacia el espacio articular y hacia los capilares y vénulas,
mientras que la liberación permite la reexpansión del cartílago, la hiperhidratación y la absorción de
electrolitos y nutrientes).
El desencadenante de la artrosis por lo general se desconoce, aunque algunas veces comienza con un daño
tisular por lesión mecánica, transmisión de mediadores inflamatorios desde la sinovial hacia el cartílago o
defectos en el metabolismo de este último.
La obesidad desencadena algunos de estos defectos en el metabolismo del cartílago, lo que provoca un daño
en la matriz del cartílago y remodelación del hueso subcondral mediada por adipocinas como la leptina y la
adipsina, y complicado por factores mecánicos debido al exceso de peso.
El daño tisular estimula a los condrocitos a intentar la reparación, que aumenta la producción de
proteoglucanos y colágeno.
Sin embargo, los intentos de reparación estimulan también a las enzimas que degradan el cartílago y a
citocinas inflamatorias, que normalmente están presentes en pequeñas cantidades.
Los mediadores inflamatorios desencadenan un ciclo de inflamación que estimula a los condrocitos y a las
células de la membrana sinovial, que finalmente destruyen el cartílago.
Los condrocitos sufren apoptosis (muerte celular programada). Una vez destruido el cartílago, el hueso
expuesto se torna ebúrneo y se esclerosa.
En la artrosis pueden afectarse todos los tejidos articulares y algunos periarticulares. El hueso subcondral se
vuelve rígido, sufre infarto y desarrolla quistes subcondrales.
El intento de reparación ósea produce esclerosis subcondral y osteofitos en los márgenes de la articulación.
Los osteofitos aparecen como un intento de estabilizar la articulación.
La sinovial se inflama en forma leve, se engrosa y produce líquido sinovial menos viscoso y en mayor
volumen. Los tendones y ligamentos periarticulares se sobrecargan y se producen tendinitis y retracciones.
A medida que la articulación pierde movilidad, los músculos circundantes se debilitan y pierden su función
de soporte. Los meniscos de la rodilla, que están parcialmente inervados, se fisuran y pueden fragmentarse y
contribuir al dolor.
La artrosis de la columna vertebral puede producir un engrosamiento a nivel del disco y proliferación de los
ligamentos longitudinales posteriores, que son posteriores al cuerpo vertebral pero anteriores a la médula
espinal.
Como resultado, pueden formarse barras transversales que erosionan la médula espinal anterior. La
hipertrofia e hiperplasia de los ligamentos amarillos, posteriores a la médula espinal, a menudo comprimen
el canal posterior y producen estenosis espinal lumbar.
En contraste, las raíces nerviosas anterior y posterior, los ganglios y el nervio espinal común están
relativamente bien protegidos en los agujeros intervertebrales, donde ocupan sólo el 25% del espacio
disponible, bien amortiguados.
3. ETIOLOGIA:
No está claro si la artrosis es una única enfermedad o un espectro de patologías con unas manifestaciones
clínicas y radiológicas similares.
Así, podemos clasificar la artrosis en dos grupos:
primaria, sin una causa definida
secundaria, asociada a otras patologías (hemocromatosis, gota, diabetes mellitus, displasias óseas
Edad
El desgaste por el uso de las articulaciones aumenta a medida que se envejece.
Obesidad
El aumento del peso corporal es un factor importante en el desarrollo de la artrosis, especialmente en la
columna lumbar, las caderas y las rodillas. A mayor peso, mayor sobrecarga de estas estructuras y mayor
desgaste.
lesión articular
Lesión o uso excesivo. Los atletas y las personas con trabajos que requieren hacer movimientos repetitivos,
tienen un mayor riesgo de desarrollar artrosis. Es lo que les ocurre a los profesionales del fútbol que padecen
de artrosis de rodilla, o los manipuladores de martillo neumático, de artrosis de codo y muñeca.
Genética
Juega un papel en el desarrollo de la artrosis, especialmente en las manos, donde la sobrecarga mecánica no
es tan evidente como en otras estructuras como las rodillas.
Actividad física.
Los estudios realizados de rodilla muestran que los ejercicios de fortalecimiento de los músculos del muslo
(especialmente cuádriceps y musculatura isquiotibial) son importantes para reducir el riesgo de artrosis de
rodilla.
Otras enfermedades
Cualquier enfermedad que altere las articulaciones como la artritis, puede dañar el cartílago de manera
precoz y producir una artrosis en la articulación de manera temprana.
Factores relacionados con la artrosis
Sea o no conocida la causa última de la enfermedad, sí que podemos hablar de una serie de factores
estrechamente ligados a su desarrollo:
Factores sistémicos:
sexo, edad, herencia, osteoporosis (estado hormonal).
Factores locales:
obesidad, inestabilidad articular (laxitud, deformidades), traumatismos repetidos, sobrecarga articular
(ocupacional)
Factores genéticos:
existe una serie de genes estrechamente asociados al desarrollo de la artrosis que pueden estudiarse
mediante un simple test de saliva.
4. CUADRO CLINICO:
El comienzo de la artrosis es casi siempre gradual, en una o pocas articulaciones.
El primer síntoma de la artrosis es el dolor, que a veces se describe como dolor continuo profundo.
El dolor se agrava en la posición de pie y se alivia con el reposo, pero puede finalmente volverse constante.
Hay rigidez matinal o luego de un período de inactividad, que dura < 30 min y disminuye con el movimiento.
A medida que la artrosis progresa, el movimiento de la articulación se restringe y aparecen dolor y
crepitación o sensación de aspereza.
La hipertrofia temprana del cartílago es seguida por una notable reacción de los huesos, los ligamentos, los
tendones, las cápsulas y la sinovial, junto con cantidades variables de derrame articular no inflamatorio, que
en última instancia produce la tumefacción articular característica de la artrosis.
Pueden aparecer contracturas en flexión. La sinovitis aguda o grave es infrecuente.
El dolor a la palpación y con el movimiento pasivo son signos tardíos.
El dolor se acompaña de espasmo muscular y contracturas.
Puede haber un bloqueo mecánico por cuerpos intraarticulares libres o por una ubicación anormal de los
meniscos que produce bloqueo o captura.
También pueden desarrollarse deformidades y subluxaciones.
Las articulaciones más afectadas en la artrosis generalizada son las siguientes:
Articulaciones interfalángicas distales y proximales (nódulos de Heberden y de Bouchard)
Articulación carpometacarpiana del pulgar (la articulación de la mano más comúnmente dolorosa)
Discos intervertebrales y articulaciones cigapofisarias en las vértebras cervicales y lumbares
Primera articulación metatarsofalángica
Cadera
Rodilla
La artrosis de la cadera:
produce pérdida gradual de la amplitud de movimiento y suele ser sintomática durante las actividades de
pie. Puede haber dolor en el área inguinal o en el trocánter mayor o dolor referido al muslo y la rodilla.
La artrosis de la rodilla:
produce pérdida del cartílago (en el 70% de los casos, pérdida medial). Los ligamentos se vuelven laxos y la
articulación pierde estabilidad; hay dolor local originado en ligamentos y tendones.
La artrosis erosiva:
produce sinovitis y quistes en la mano. Afecta en primer lugar las articulaciones interfalángicas distales y
proximales.
En un 20% de las artrosis de la mano, se ven afectados las articulaciones carpometacarpianas del pulgar, pero
las articulaciones metacarpofalángicas y de la muñeca no suelen afectarse.
Dolor
Es el síntoma principal de la artrosis, denominado mecánico porque mejora o incluso desaparece en reposo y
empeora con el ejercicio físico o los movimientos.
Deformidad
En los casos avanzados puede aparecer deformidad y alteración en la alineación de las articulaciones.
Inflamación y cúmulo de líquido sinovial
Aproximadamente, un tercio de los pacientes presenta episodios de hinchazón y cúmulo de líquido sinovial
dentro de la articulación, que se denomina derrame articular.
Esto es especialmente frecuente en la rodilla. El líquido articular de la artrosis tiene pocas células y es
transparente y viscoso.
Atrofia de los músculos contiguos
En casos avanzados se produce atrofia de los músculos contiguos, que contribuye a la inestabilidad de la
articulación.
En estas fases se pueden presentar diferentes grados de deformidad articular con una limitación de la
movilidad y una pérdida progresiva de la función de la articulación.
5. METODOS DE DIAGNOSTICO:
El diagnóstico de la enfermedad es un proceso complejo que involucra diferentes pruebas médicas para
confirmar la presencia de esta enfermedad reumática. A continuación, se detallan las etapas clave del
proceso diagnóstico:
Entrevista clínica en la que se recopilan los síntomas que explica el paciente.
Exploración física en la que el médico observa alteraciones en alguna articulación.
Pruebas de imagen que confirman el diagnóstico en las que el médico puede ver con exactitud las
alteraciones de la articulación.
Análisis de laboratorio y pruebas complementarias que permiten descartar otras enfermedades
compatibles con dolor articular.
Entrevista clínica del paciente y exploración física
El diagnóstico de la artrosis comienza con una entrevista clínica en las que el médico recopila información
detallada sobre los síntomas que el paciente está experimentando.
Estos síntomas son básicos para que el médico sospeche de un posible diagnóstico de artrosis.
Los pacientes suelen describir una molestia en la articulación afectada que suele ser mayor con la actividad
física y se alivia con el reposo.
Cuando la enfermedad está más avanzada el dolor en la articulación es más intenso y suele ser constante.
Otros síntomas que describen los pacientes son sensación de bloqueo o inestabilidad de la articulación, y
crujido o rechinamiento de la articulación con el movimiento.
Durante la exploración física, el médico revisará la articulación afectada para detectar alteraciones de la
sensibilidad y flexibilidad, inflamación y enrojecimiento.
El paciente suele presentar debilidad muscular alrededor de la articulación afectada, así como cierto grado
de tumefacción (inflamación de la articulación debido a un exceso de líquido sinovial).
Además, el paciente suele sentir dolor cuando se palpa la articulación afectada y es habitual que esta tenga
un mayor tamaño debido al crecimiento de los extremos de los huesos.
Pruebas de imagen
Las pruebas de imagen son imprescindibles para establecer un diagnóstico de Artrosis, ya que permiten
observar con claridad las lesiones que presentan las articulaciones.
La prueba de imagen básica para el diagnóstico es la radiografía simple.
En las fases iniciales puede ser normal, aunque lo más típico es observar alteraciones claras compatibles con
artrosis:
Estrechez del espacio articular (espacio entre los huesos que forman la articulación).
Aparición de osteofitos (crecimiento anormal de hueso en la articulación)
Esclerosis subcondral: Aumenta la densidad del hueso subcondral y se endurece.
Alteraciones del contorno óseo y formación de quistes.
En algunos casos más complejos se pueden realizar otras pruebas de imagen como una tomografía
computarizada (TAC) o una resonancia magnética.
Estas pruebas no forman parte del proceso diagnóstico habitual, aunque pueden ser útiles en casos en los
que el médico tenga dudas en el diagnóstico y quiera descartar otras enfermedades como, por ejemplo, una
rotura de menisco.
Datos de laboratorio
La artrosis habitualmente no produce alteraciones en los análisis de sangre. No obstante, en ocasiones,
pueden ser de utilidad para excluir otros procesos reumáticos.
El líquido articular es de características fundamentalmente mecánicas, es decir, casi transparente y sin
presencia de células.
Radiografía
La utilización de la radiografía es imprescindible para confirmar el diagnóstico. Los signos radiológicos de la
artrosis son muy característicos: crecimiento del hueso que sobresale de la articulación (osteófitos);
disminución del espacio articular y un aumento de densidad (esclerosis) del hueso adyacente.
Pruebas complementarias
En raras ocasiones, es preciso realizar otras exploraciones complementarias como una ecografía o resonancia
magnética, etc.
Cuando se utilizan, habitualmente, es para descartar otras causas de afectación de la articulación, como la
artritis o las infecciones.
6. TRATAMIENTO MEDICO:
No existen medicamentos que curen la artrosis, pero se dispone de diversos fármacos que son útiles para
controlar el dolor y mejorar la funcionalidad de los pacientes con artrosis:
Analgésicos
Son los medicamentos más utilizados para reducir el dolor y mejorar la rigidez de la articulación. El
analgésico más común es el paracetamol.
Antiinflamatorios
Muchos de estos pacientes tienen dolor, a pesar del uso de analgésicos, y pueden ser tratados con los
llamados antinflamatorios no esteroideos (AINE), como el diclofenaco, el naproxeno, el ibuprofeno, el
aceclofenaco, etc., especialmente cuando el dolor es más agudo. En los casos que no responden a
analgésicos comunes o a antiinflamatorios no esteroideos, pueden utilizarse analgésicos más potentes como
los opiáceos (por ejemplo, tramadol).
Condroprotectores
En los últimos años se han comercializado unos fármacos llamados condroprotectores, que son sustancias
constituyentes del cartílago articular y que pueden disminuir el dolor de la artrosis. Sin embargo, su eficacia
no está aún ampliamente aceptada. Dentro de este grupo estarían la glucosamina y el condroitin sulfato.
Otros fármacos como la diacereína tienen una eficacia similar.
Terapia interarticular o infiltraciones
Muchos pacientes pueden beneficiarse de la administración dentro de la articulación de sustancias
antiinflamatorias.
Es la terapia interarticular o infiltraciones. En la mayoría de ocasiones se infiltran glucocorticoides, derivados
de la cortisona, y más recientemente se está utilizando también el ácido hialurónico.
Las infiltraciones se pueden realizar en el caso en el que el dolor no ceda con las medidas anteriores.
Son especialmente útiles en aquellas articulaciones donde los signos inflamatorios, especialmente el
derrame articular, son más evidentes.
Siempre se deben tener en cuenta como medida puntual, y no realizarlas de manera repetitiva, ya que en
ocasiones el empleo de corticoides puede ser contraproducente en dosis excesivas. Su uso ideal es en
articulaciones donde aún es posible revertir determinados procesos.
En cambio, en artrosis muy avanzadas, donde la cirugía es ya la única opción, su eficacia disminuye de
manera notable.