Tema 7
Psicología Criminal y Victimología
Tema 7. Psicología de la
victimización
Índice
Esquema
Ideas clave
7.1. Introducción y objetivos
7.2. Concepto de victimización
7.3. Proceso de victimización
7.4. Tipos de victimización
7.5. El daño psicológico
7.6. Referencias bibliográficas
A fondo
Menores víctimas y situaciones de victimización
La revictimización como causal del silencio de la víctima
Directiva 2012/29/UE
Test
Esquema
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Tema 7. Esquema
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Ideas clave
7.1. Introducción y objetivos
En el presente tema se ve la víctima como principal objeto de estudio y se
concreta el proceso de victimización y sus diferentes momentos y nomenclaturas
(primaria, secundaria…). También se estudian los factores victimológicos
asociados a su victimización entendidos en su conjunto como factores moduladores
del impacto tras una experiencia victimizante.
También se trata en este tema la definición de daño psicológico, así como es de
interés conocer cómo se evalúa y saber establecer la diferenciar entre lesión y
secuela psíquica.
Finalmente, se exponen las psicopatologías más frecuentemente asociadas a las
personas víctimas y algunos aspectos concretos sobre el cambio o
transformación que puede sufrir la personalidad de la víctima de cronificarse
alguna de las lesiones psíquicas presentes.
Con el estudio del tema se pretende conseguir los siguientes objetivos:
▸ Comprender el proceso de victimización.
▸ Saber diferenciar entre victimización primaria, secundaria y terciaria.
▸ Identificar a los factores que modulan a la víctima tras el suceso.
▸ Saber evaluar la lesión o secuela en la víctima.
▸ Identificar los aspectos de la personalidad que informan del daño psíquico.
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Ideas clave
7.2. Concepto de victimización
De forma general y con pretensión universal, el término victimización se puede
entender como el proceso que posibilita, en cualquier persona, la transformación
del estado inicial de «no víctima» a «víctima».
Al igual que otros constructos en estas ciencias, son varios los autores que aportan
sus propuestas en la definición del concepto. Por ejemplo, Baca, Echeburúa y
Tamarit (2006) lo entienden como un proceso por el que se sufren las
consecuencias del hecho delictivo que resulta traumático.
Sin embargo, Karmen (2013) comprende el concepto asociado a una relación
interpersonal, injusta y desequilibrada en el poder, dañina y destructiva.
Este proceso se puede afrontar para su estudio desde dos perspectivas:
▸ Tener en cuenta el impacto del hecho en la víctima, siendo necesario distinguir
entre:
• Víctima vulnerable: persona que, debido a sus factores personales, ante la vivencia
de un hecho delictivo queda más afectada.
• Víctima de riesgo: persona que, debido a sus factores personales, tiene mayor
probabilidad de ser dañada.
▸ Tener en cuenta los elementos precipitantes del delito, línea desarrollada
propiamente por la victimología.
En la sección A fondo tienes acceso a un artículo que guarda interés con lo
estudiado, concretamente informa sobre el proceso de victimación en menores
de edad.
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Tema 7. Ideas clave
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Ideas clave
Términos relacionados
Al hablar de la victimación surgen algunos otros conceptos que es necesario
entender y cuya definición veremos aquí, estos son la desvictimización y la
revictimización.
L a desvictimización alude al proceso contrario al anterior (victimización) y se
entiende como el proceso que pretende retroceder el estado de la víctima al de no
víctima. Es decir, intentar restituir a la víctima a un estado presuceso.
Este proceso, que puede entenderse como de resarcimiento del daño generado en la
víctima por el hecho criminal, tiene como objetivo principal la reparación del daño y
pretende como objetivo final que la persona víctima se encuentre capacitada para
retomar el estilo de vida que llevaba en el momento anterior al suceso.
El otro concepto necesario de definir y conocer, la revictimización se asocia dos
líneas teóricas diferentes:
▸ Desde la perspectiva de la vulnerabilidad, que defiende la idea de que el haber
sido víctima debilita la defensa ante una nueva victimización.
▸ Desde la perspectiva de la resiliencia, por el contrario, se propone esta primera
victimización como un beneficio, ya que consideran a la experiencia como un
elemento de prevención en futuras victimizaciones.
Como su propio nombre indica, la revictimización vuelve a hacer víctima a la
persona que lo ha sido, aunque en ocasiones se confunde con un proceso
secundario de victimación relacionado con el tratamiento de la víctima durante todo
el proceso al que se ve expuesta en los diferentes órganos (judiciales, sanitarios,
policiales, etc.) y que se expone posteriormente con mayor detalle, la victimización
secundaria.
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7.3. Proceso de victimización
No se puede considerar un único proceso de victimización, así como tampoco una
única forma de reacción psicológica ante un hecho criminal, pues depende de
múltiples aspectos (variables sociodemográficas, de personalidad, gravedad del
hecho, contacto con el sistema judicial, etc.), pero sí se han establecido diferentes
etapas en este proceso (Soria, 1993; Soria y Sáiz, 2006).
Etapa de desorganización
▸ Se produce de forma directa por impacto ( shock) que provoca el hecho delictivo.
▸ La duración es variable, de minutos a horas o incluso menos al entenderla como
reacción inmediata.
▸ El shock puede reflejarse de forma activa (shock activo) o bien de forma pasiva
(shock pasivo).
▸ Se aprecian diferentes variables que tienen una duración impredecible (Tabla 1), por
ello no siempre existe la posibilidad de evaluarlas. En muchos casos serán referidas
por la propia víctima o por testigos cercanos.
Tabla 1. Variables en primera fase de victimización. Fuente: elaboración propia.
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Etapa de reevaluación cognitivo-conductual
▸ En esta fase que presenta una duración variables de entre semanas (reacción a
corto plazo) y algunos meses, la víctima va pasando del estado de embotamiento
cognitivo a enfrentarse con la integración del suceso en los esquemas personales
(autopercepción, principios y valores).
▸ La propia persona (víctima) lleva a cabo una reevaluación sobre su relación con el
ambiente y las personas con las que se desenvuelve diariamente.
▸ El nivel de daño generado por la situación va a depender de la capacidad para
superar o integrar el problema, teniendo en cuenta que la afectación a nivel cognitivo
(revivir de forma constante el suceso traumático) conlleva alteración a nivel
conductual (aparecen conductas evitativas vinculadas a estímulos concretos
asociados al hecho) que muestran a nivel emocional sentimientos diversos (i.e.
miedo-rabia, autocompasión-culpa, tristeza-euforia).
▸ El daño ocasionado por el hecho puede llegar a producir limitación total o parcial de
la vida cotidiana de la víctima.
Etapa de readaptación
▸ Esta fase se entiende como el momento en que la víctima muestra el control de sus
emociones.
▸ La conducta tiende a reestablecer el desequilibrio generado por el suceso aplicando
las capacidades y factores personales. Pueden resultar funcionales (orientando así
un pronóstico favorable para la victimización) o bien se orientará hacia un pronóstico
desfavorable si resultan los rasgos personales disfuncionales, tales como presentar
«locus de control externo». Más concretamente, a nivel cognitivo se aprecian en la
víctima pensamientos de pérdida de identidad, rechazo, venganza, mientras que a
nivel interpersonal las relaciones suelen modificarse hacia el enfriamiento y
distanciamiento, sentimientos entremezclados de pérdida, angustia, etc.
▸ La duración de esta fase es variable de entre seis a veinticuatro meses.
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En el siguiente vídeo, El proceso de victimización, se ahonda en dicho proceso.
Accede al vídeo:
[Link]
4662-ad68-b168009355e4
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7.4. Tipos de victimización
Los estudios sobre victimización la diferencian en primaria, secundaria y terciaria.
Victimización primaria
Una persona se convierte en víctima en el momento que sufre un hecho criminal. Por
ello, la victimización primaria se produce por el daño provocado tras la experiencia
(concausa) de ser víctima de un delito.
Cualquier persona puede convertirse en una víctima y encontrarse así en esta
victimización primaria. No ocurre igual con la secundaria, ya que esta depende de la
decisión que tome la víctima sobre interponer o no una denuncia y poner en marcha
el sistema legal para salvaguardar sus derechos.
Victimización secundaria
Si la decisión de la víctima resulta finalmente en interponer una denuncia ante
alguno de los agentes pertinentes para ello (i.e. Juzgado de Guardia, Guardia Civil,
Policía Nacional, etc.) e involucrarse en el aparato judicial, se entiende que da
comienzo el proceso de victimización secundaria (que no debería) debido al
choque de expectativas previas de la víctima y la realidad que acontece en el
sistema judicial.
En relación con esta segunda victimización y con la pretensión, entre otros aspectos,
de minimizar su presencia en las víctimas, surge la Directiva 2012/29/UE del
Parlamento Europeo y del Consejo, de 25 de octubre de 2012, por la que se
establecen normas mínimas sobre los derechos, el apoyo y la protección de las
víctimas de delitos, y por la que se sustituye la Decisión marco 2001/220/JAI del
Consejo.
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Ideas clave
Concretamente, el considerando (53) previo al articulado de la citada directiva
expone:
«(53) El riesgo de victimización secundaria o reiterada, de intimidación o de represalias
por el infractor o como resultado de la participación en un proceso penal debe limitarse
llevando a cabo actuaciones de forma coordinada y con respeto, permitiendo a las
víctimas ganar confianza en las autoridades. Se debe facilitar al máximo la interacción
con las autoridades competentes, al tiempo que se limita el número de interacciones
innecesarias que la víctima haya de mantener con ellas, recurriendo, por ejemplo, a
grabar en vídeo las declaraciones y permitiendo su uso en los procesos judiciales. Se
debe poner a disposición de los profesionales del Derecho la más amplia gama de
medidas posible con objeto de evitar angustia a la víctima en el transcurso del proceso
judicial, especialmente como resultado del contacto visual con el delincuente, su familia,
sus colaboradores o el público en general. A tal efecto, se ha de animar a los Estados
miembros a que introduzcan, especialmente en las dependencias judiciales y las
comisarías de policía, medidas prácticas y viables para que las dependencias cuenten
con instalaciones como entradas y salas de espera separadas para las víctimas.
Además, los Estados miembros deberán, en la medida de lo posible, planificar los
procesos penales evitando el contacto entre las víctimas y sus familiares y los
infractores, por ejemplo, citando a las víctimas y a los infractores a audiencias en
momentos distintos» (Directiva 2012/29/UE).
Debido a que se entiende que es el propio sistema quien debe proteger y cuidar a la
víctima, el hecho de no hacerlo o hacerlo de forma inadecuada posee la suficiente
capacidad como para elevar el daño ya contraído por la victimización primaria.
En la sección A fondo tienes enlace a un artículo en el que se ahonda en este
aspecto.
Victimización terciaria
Desde la óptica más afín a la criminología, la victimización terciaria se entiende como
l a repercusión que el cumplimiento de la sanción tiene sobre la víctima y la
sociedad.
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Ideas clave
Desde una perspectiva psicológica, los autores que hablan de victimización terciaria
(Shapland, citado en Herrera, 1996) siguen las presuposiciones de la teoría del
etiquetaje (labelling approach) y entienden que el proceso de adscripción y
etiquetamiento de la persona víctima (primaria) se consolida debido a la
autopercepción y autoestigmatización que realiza sobre sí misma debido a lo que
percibe a nivel social, familiar, etc.
En el siguiente vídeo, Prevención de la victimización, se habla de cómo prevenir la
victimización primaria.
Accede al vídeo:
[Link]
46f9-aef0-b16800936b05
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7.5. El daño psicológico
Siguiendo a Echeburúa, Corral y Amor (2002), el daño psicológico alude a dos
aspectos (lesión y secuela) que hay que evaluar en la víctima de manera
independiente, aunque se encuentren relacionados.
Como primer aspecto, la lesión psíquica producida por el delito vivenciado. La
lesión, afectación o alteración psicológica puede remitir con apoyo social,
profesional o con el paso del tiempo o bien puede resultar resistente, cronificarse y
llegar a interferir de forma significativa en la funcionalidad personal. Se entiende en
este momento la presencia de secuela a nivel psicológico o emocional.
Es necesario que exista lesión psicológica para poder informar sobre la
presencia de secuela a ese nivel.
En la Ley 35/95, de 11 de diciembre, de ayudas y asistencia a las víctimas de delitos
violentos y contra la libertad sexual, el artículo define estos términos de la siguiente
manera:
«Artículo 4. Concepto de lesiones y daños.
»1. A los efectos de la presente Ley, son lesiones graves aquellas que menoscaben la
integridad corporal o la salud física o mental y que incapaciten con carácter temporal o
permanente a la persona que las hubiera sufrido.
»No se considerará incapacidad permanente aquella que no suponga un grado de
minusvalía de, al menos, el 33 por 100.
»2. Las lesiones corporales o los daños a la salud física o mental habrán de tener entidad
suficiente como para que, conforme a la legislación de la Seguridad Social, tuviera lugar
una declaración de invalidez permanente en cualquiera de sus grados o una situación de
incapacidad temporal superior a seis meses.
»3. Reglamentariamente se determinarán el procedimiento y el órgano competente para
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la calificación de las lesiones o daños a la salud.
»Se extrae del articulado la idea de que, el daño psicológico es un daño cuantificable
mediante la evaluación del nivel de afectación y alteración de los procesos funcionales
de la víctima.»
Para evaluar el nivel de daño psíquico en la víctima, el psicólogo criminal hace
uso de las herramientas propias de la psicología (entrevistas, test, cuestionarios,
etc.) y tiene en cuenta las características del hecho, ampliando la información que
reciba tanto de la víctima o de sus familiares como de los atestados o informes
emitidos por terceros.
En la sección A fondo tienes acceso a un artículo que analiza exhaustivamente
la citada directiva y su función en la protección de las víctimas.
Factores modulares en la evaluación del daño psicológico
Se aludía anteriormente para tener en cuenta aspectos relacionados con el hecho
delictivo, tales como la duración o el carácter inesperado del suceso. Estos
representan a una de las tres categorías o grupos de factores que condicionan el
daño psicológico en la víctima.
Los factores relacionados con el delito junto a los factores de vulnerabilidad y de
protección se engloban y denominan factores moduladores del impacto tras una
experiencia victimizante.
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Tabla 2. Factores moduladores del impacto tras una experiencia victimizante. Fuente: elaboración propia.
Que la lesión psíquica resulte cuantificable además de posibilitar evaluar el daño en
la propia víctima permite conocer los trastornos que con mayor frecuencia se
observan en las víctimas de forma que pueden establecerse algunos perfiles.
Los trastornos que destacan entre las víctimas son:
▸ Trastorno adaptativo mixto ansioso-depresivo.
▸ Trastorno de estrés agudo.
▸ Trastorno de estrés postraumático (TEPT).
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Y, sin llegar a conformarse como un trastorno, se ha observado que la víctima puede
presentar un cuadro de desequilibrio o desestabilización de rasgos
psicopatológicos previos.
La relación entre ser víctima de un delito criminal y el TEPT subyace de entender el
propio suceso como un estresor suficiente para alterar de manera significativa el
funcionamiento de la persona. Recuérdese que los síntomas del TEPT se agrupan
en tres categorías:
Tabla 3. Categorías de los síntomas del TEPT. Fuente: elaboración propia.
Además de lo anterior, en la víctima que presenta TEPT se aprecia en ocasiones una
alteración en la memoria. Concretamente, la persona objeto de daño muestra tras
el suceso más que dificultad, incapacidad para recordar la información relacionada
con él. Esto es amnesia disociativa.
Como segundo aspecto dentro del daño psíquico se estudia la secuela. La secuela
se asocia a la discapacidad, alteración o minusvalía permanente, sin pronóstico
de mejoría en un periodo de tiempo razonable ni de manera espontánea ni tampoco
con tratamiento (Esbec y Gómez-Jarabo 2000).
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Para que se produzca la secuela, además de existir la lesión, es necesario que esta
se haya estabilizado disfuncionalmente. El daño que se ha producido es
irreversible por el momento y deteriora el estado psicológico de víctima.
En relación con la evaluación forense sobre las secuelas, es necesario tener en
cuenta dos momentos temporales:
▸ El momento previo al hecho vivenciado (delito).
▸ El momento posterior al hecho vivenciado (delito post hoc).
El profesional en la evaluación del daño psicológico tiene que concluir
sobre el estado mental de la víctima previo al delito y delimitar la
causalidad (concausa) entre el estado mental actual (momento de la
evaluación) y a su vez posterior al delito.
No es tarea fácil realizar lo anterior, puesto que son muchas y no quedan claras en
todas las ocasiones las causas existentes. Asimismo no siempre es fácil establecer
la relación directa entre la lesión y el suceso y de nuevo aparece la mediatización de
concausas, necesarias pero no suficientes para generar el daño, que dificulta más si
cabe la labor profesional.
Al respecto de la concausa, Esbec y Gómez-Jarabo (2000) ofrecen una
diferenciación entre la que alude a un estado anterior (concausa preexistente) y
que se asocia a factores de vulnerabilidad (i.e. víctima de abuso sexual en la
infancia), la que se considera motivada por otra (concausa simultánea) (i.e. la
víctima contrae el VIH a consecuencia de la agresión sexual) y la que contribuye a
elevar el daño en la víctima (concausa subsiguiente) (i.e. victimización secundaria).
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Como secuela, por su carácter de cronicidad, se diagnostica en algunas víctimas de
delitos violentos una transformación permanente de la personalidad (F62.0) (CIE-
10) que no exige para su diagnóstico la presencia de factores vulnerables en la
persona víctima.
Debido al elevado nivel de sufrimiento que conlleva la experiencia vivenciada (i.e.
agresión sexual extremadamente violenta y prolongada) se pueden determinar en la
estructura de la personalidad una serie de cambios permanentes que transforman
los rasgos anteriores al delito (adaptativos) en rasgos disfuncionales
(desadaptativos). Se ve afectada y modificada para su deterioro el área de las
relaciones interpersonales, así como el ámbito laboral de la víctima.
Las características observables en la víctima que presenta esta transformación de
la personalidad se concretan en:
▸ Suspicacia y desconfianza.
▸ Actitud hostil.
▸ Sentimientos de vacío.
▸ Retraimiento social.
▸ Sentimiento constante de amenaza.
▸ Vivencia de extrañeza con el medio.
Es viable que, previo a observar la trasformación de la personalidad en la víctima,
esta haya sido diagnosticada de TEPT. A su vez, puede que se modifique sin que
medie un trastorno de personalidad concreto.
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Para elaborar de forma correcta el diagnóstico de esta transformación de la
personalidad, se requiere de una persona cercana a la víctima que informe de los
cambios en primera persona. Así, la información obtenida desde esta fuente puede
ser contrastada con la obtenida a través de la evaluación directa con la víctima.
Asimismo para el diagnóstico, el cambio de la personalidad debe mostrarse como
rasgos rígidos, desajustados y desadaptativos que conllevan al deterioro de las
relaciones personales y de las actividades cotidianas. Estos rasgos son producto
de la transformación sufrida en el tiempo desde el suceso vivenciado y por ello se
encontraban ausentes en la persona en el momento anterior al delito.
En base a ello, el diagnóstico se formula teniendo en cuenta los rasgos
de personalidad previamente ausentes en la víctima pero que en el
momento de la evaluación se conforman como sus rasgos primarios,
que se concretan en las características observables citadas
anteriormente.
Siguiendo lo expuesto por el manual CIE-10 de la Organización Mundial de la Salud
(OMS, 1995), el tiempo requerido para el diagnóstico es de al menos dos años y
no se debe atribuir a un trastorno de la personalidad previo o a un trastorno mental
distinto del TEPT.
Trastorno de estrés agudo
Al igual que en el trastorno de estrés postraumático en DSM-5, en este trastorno
también se detalla el tipo de estresor necesario para poder hacer el diagnóstico,
junto con la manera en que la persona puede entrar en contacto con el evento
traumático.
La característica esencial del trastorno de estrés agudo es el desarrollo de
síntomas característicos con una duración de tres días a un mes tras la
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Ideas clave
exposición a uno o más eventos traumáticos.
El cambio más importante con respecto a DSM-IV-TR es que deja de ser necesaria
la presencia de síntomas disociativos. En DSM-5 se establece que se cumplan nueve
síntomas de una lista, entre los cuales se encuentran los síntomas disociativos, pero
ya no es obligatorio cumplir dichos síntomas disociativos para diagnosticar el
trastorno de estrés agudo.
Trastornos de adaptación
El trastorno adaptativo es una reacción excesiva y prolongada a un evento o
situación estresante. Es un fenómeno dependiente del estrés que debe tener un
origen identificable, pero que carece de una lista de síntomas. Aunque esta categoría
es precipitada por un estrés, la alteración no tiene que empezar inmediatamente. Se
considera un trauma agudo si la alteración dura menos de seis meses y persistente
(o crónico) si la alteración dura seis meses o más.
Se distinguen tipos de trastornos adaptativos en función de si predominan
síntomas depresivos, ansiosos, del comportamiento o combinaciones de los
anteriores. Los seis tipos que se han clasificado según las características clínicas
son los siguientes:
Figura 1. Los seis tipos de trastornos adaptativos según características clínicas. Fuente: elaboración
propia.
El trauma complejo
El trauma complejo es una entidad diagnóstica relacionada con la repetida
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exposición de algunas víctimas a situaciones traumáticas. Se trata de una
consecuencia de formas de victimización que se producen de manera prolongada y
repetida en el tiempo. Algunos ejemplos serían los abusos sexuales infantiles por
parte de miembros de la familia o personas cercanas, la violencia de género en la
relación de pareja, así como otras formas de victimización en el ámbito doméstico o
la violencia ejercida hacia víctimas de trata de seres humanos.
Otro tipo de situaciones en las que podemos observar esto sería en las experiencias
traumáticas sufridas por personas refugiadas, sobre todo cuando se pide asilo por
ser víctimas de tortura en sus países de origen.
Una de las características más importantes de esta forma de victimización es el
hecho de estar sometidos a cambios constantes y situaciones en las que la
sensación de indefensión y falta de control es lo habitual.
Las personas que se ven sometidas de forma crónica o habitual a
situaciones traumáticas presentan síntomas añadidos o que no se
observan directamente en personas que sufren estrés postraumático
(TEPT).
Los síntomas relacionados con este tipo de trastorno son fundamentalmente:
▸ Síntomas afectivos.
▸ Disociación.
▸ Dificultad para controlar la ira.
▸ Problemas de relaciones interpersonales.
▸ Dificultad para experimentar satisfacción o emociones agradables.
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Ideas clave
7.6. Referencias bibliográficas
Baca, E., Echeburúa, E. y Tamarit, J. M. (2006). Manual de victimología. Tirant lo
Blanch.
Directiva 2012/29/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 25 de octubre de
2012, por la que se establecen normas mínimas sobre los derechos, el apoyo y la
protección de las víctimas de delitos, y por la que se sustituye la Decisión marco
2001/220/JAI del Consejo. Diario Oficial de la Unión Europea, núm. 315, de 14 de
noviembre de 2012. [Link]
Echeburúa, E., De Corral, P. y Amor, P. J. (2002). Evaluación del daño psicológico
en las víctimas de delitos violentos. Psicothema, 14(1), 139-146.
[Link]
Esbec, E. y Gómez-Jarabo, G. (2000). Psicología forense y tratamiento jurídico legal
de la discapacidad. Edisofer.
Herrera, M. (1996). La hora de la víctima. Edersa.
Karmen, A. (2013). Crime victims. An introduction to victimology. Wadsworth.
Organización Mundial de la Salud (OMS). (1995). CIE-10. Clasificación estadística
internacional de enfermedades y problemas relacionados con la salud. Décima
revisión.
Soria, M. A. (1993). La víctima: entre la justicia y la delincuencia: aspectos
psicológicos, sociales y jurídicos de la victimización. PPU.
Soria, M. A. y Sáiz, D. (2006). Psicología criminal. Pearson Educación.
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A fondo
Menores víctimas y situaciones de victimización
Andreu, A. (2016). Menores víctimas y situaciones de victimización. Archivos de
Criminología, Seguridad Privada y Criminalística, 7, 56-74.
[Link]
El artículo hace un recorrido por los elementos victimológicos asociados a la
población infanto-juvenil, así como a los diferentes momentos del proceso de
victimización en base al sistema de protección infantil.
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A fondo
La revictimización como causal del silencio de la
víctima
Mantilla, S. (2015). La revictimización como causal del silencio de la víctima. Revista
de Ciencias Forenses de Honduras, 1(2), 3-12.
[Link]
s_forenses_de
El artículo pone de manifiesto, entre otros aspectos, la relación entre la
revictimización (victimización secundaria) y el aumento del daño psíquico en la
víctima.
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Tema 7. A fondo
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A fondo
Directiva 2012/29/UE
Blázquez, M. D. (2013). La Directiva 2012/29/UE ¿un paso adelante en materia de
protección a las víctimas en la Unión Europea? Revista de Derecho Comunitario
Europeo, (46), 897-934. [Link]
El artículo realiza un estudio comparativo entre la norma anterior (Decisión Marco de
2001) y la vigente Directiva con el objetivo de comprobar si con la actual se otorga
realmente un apoyo de protección a las víctimas en Europa.
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Test
1. Elige la opción que mejor razone la siguiente afirmación para indicar si la misma
es correcta o incorrecta: «El proceso de victimización sigue un modelo único de
desarrollo que viene conformado por tres etapas: desorganización, reevaluación
cognitivo-conductual y establecimiento del trauma».
A. La afirmación es correcta porque la víctima en un primer momento
manifiesta desorientación en relación con su ambiente anterior, luego procesa
la nueva información con elementos asociados al trauma y este provoca el
mantenimiento del trauma.
B. La afirmación es incorrecta porque el proceso de victimización no sigue un
modelo único, sino un modelo bifásico.
C. La afirmación es incorrecta porque el proceso de victimización no sigue un
modelo único, aunque sí se han podido establecer diferentes etapas en este
proceso.
D. La afirmación es incorrecta porque el proceso de victimización no sigue un
modelo único y no se han podido establecer diferentes etapas en este
proceso.
2. ¿Cuál de los siguientes no se corresponde con un síntoma de la transformación
permanente de la personalidad?
A. Vivencia de extrañeza de sí mismo.
B. Suspicacia.
C. Actitud hostil.
D. Sentimientos de vacío.
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Test
3. En relación con el pronóstico del daño psicológico y la variable «locus de control»
presente en la víctima, ¿qué opción recoge la afirmación correcta?
A. Un «locus de control interno» aumenta la probabilidad de que la víctima
presente psicopatología.
B. Un «locus de control externo» aumenta la probabilidad de que la víctima
presente un pronóstico desfavorable.
C. Un «locus de control externo» disminuye la probabilidad de que la víctima
presente psicopatología.
D. Un «locus de control interno» disminuye la probabilidad de que la víctima
presente psicopatología.
4. Se han estudiado diversos factores que en su conjunto se engloban y se
denominan factores moduladores del impacto tras una experiencia victimizante.
¿Cuál de los siguientes se corresponde con uno de los factores de vulnerabilidad?
A. Relación de afectividad con el victimario.
B. Rasgos patológicos de personalidad.
C. Red consistente de apoyo socio familiar.
D. Rasgos resilientes personalidad.
5. ¿Cuál de los siguientes aspectos del trastorno por estrés postraumático (TEPT)
pone de manifiesto la existencia de distancia emocional entre la víctima y su entorno
más cercano?
A. Síntomas de reexperimentación.
B. Pesadillas.
C. Conductas de evitación.
D. Activación fisiológica.
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Test
6. ¿Qué nombre recibe el proceso que pretende retroceder el estado de la víctima
al de no victima?
A. Victimización primaria.
B. Desvictimización.
C. Victimización secundaria.
D. Revictimización.
7. ¿Para qué tipo de victimización ha servido de base la teoría del etiquetaje
(labelling approach)?
A. Victimización primaria.
B. Victimización secundaria.
C. Victimización terciaria.
D. Revictimización.
8. ¿Cuál de las siguientes no se podría establecer como una lesión psíquica como
concausa en la victimización?
A. Trastorno adaptativo mixto ansioso-depresivo.
B. Trastorno de estrés agudo.
C. Trastorno de estrés postraumático (TEPT).
D. Transformación permanente de la personalidad.
9. ¿De qué forma evalúa el psicólogo criminal el daño psicológico en la víctima?
A. Consultando los atestados o informes emitidos por terceros sobre el hecho.
B. Mediante la administración de pruebas psicométricas, escalas y test de
personalidad y psicopatología a la víctima.
C. A través de entrevistas con la víctima y con las personas más cercanas a
esta.
D. Todas son correctas.
Psicología Criminal y Victimología 28
Tema 7. Test
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Test
10. Empareja la situación (columna numérica) y el tipo de victimización que
presenta (columna alfabética):
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Tema 7. Test
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