VIII Jornadas de Cultura Grecolatina del sur
&
III Jornadas Internacionales de Estudios Clásicos y Medievales “Palimpsestos”
Bahía Blanca, 22 al 24 de mayo de 2017
Las fuentes medievales en la fábula del “león doliente” (c. 82-88) del Libro del buen
amor
Lucía García Almeida
Universidad Nacional de Mar del Plata
[Link]@[Link]
Resumen:
Una de las tantas formas posibles de abordar el Libro del Buen Amor [Lba] es como un
„corpus de fábulas esópicas medievales en castellano‟. De este amplio conjunto de
ejemplos (alrededor de 25), nos centramos en el estudio de la primera fábula (c. 82-88),
el Enxiemplo de cómo el león estaua doliente e las otras animalias lo venían a ver. Esta
es una de las historias en las que puede observarse un mayor grado de originalidad: no
sólo agrega un elemento que se encuentra ausente en el resto de las versiones, la
enfermedad del león; sino que fusiona, en un solo relato, dos fábulas distintas. La
cuestión principal es determinar, a través de un análisis léxico-semántico de las diversas
versiones latinas, cuáles son las posibles fuentes que utilizó Juan Ruiz para esta
composición; además de marcar las modificaciones que introdujo en su propio texto.
Si bien de la mayoría de las fábulas que aparecen en el Lba no hay dudas sobre los
modelos utilizados –fábulas esópicas, cuya fuente latina de base sería Fedro, pero
reescritas por autores medievales–, en el caso que nos ocupa la cuestión ha generado
diversas propuestas de solución. En primer lugar, Lecoy, en su ya célebre estudio sobre
el Lba, no considera esta historia como una fábula, sino que la incluye entre los cuentos
medievales de animales. Por otro lado, Rodríguez Adrados considera su fuente como
latina, pero con algunas contaminaciones griegas desconocidas.
La primera fuente posible es la fábula conocida como la de “la parte del león” (Fedro
1.5, ampliamente difundida), a través de la versión de Odón de Cheritón (fines del s.
XII-comienzos del [Link]). Lo más destacable de esta última es la extensa moral
cristiana que añade al exemplum, en la que compara al león con Dios, y al lobo que es
castigado, con Adán.
La segunda fuente sería, presumiblemente, la fábula de Fedro 1.21, “El león viejo” (de
la que no se registran versiones anteriores a la del poeta latino, al menos en la tradición
fabulística occidental). De acuerdo con B. Morros, Juan Ruíz se habría valido de las
versiones medievales de Gualterio Anglicus y del Romulus de Nilant. Que Juan Ruiz
conocía esta fábula es un dato certero, pues la narra in extenso entre las cantigas 311-
316 (El león que se mató con ira).
Lo más destacable de la versión de Juan Ruiz es la transposición de las categorías
sociales de su época a la relación entre el león, la zorra y el lobo. En el resto de las
versiones los animales se juntan para cazar en calidad de socios y, al menos en un
primer momento, están todos a un mismo nivel, aunque luego el león se exceda en su
poder arrebatando toda la presa para sí y castigando a quienes pretenden contradecirlo
(incluso en la versión de Esopo, llega a matar al asno por „equivocarse‟ en el reparto).
Así, en el Lba, el león asume la función del rey que, abatido por la enfermedad, es
visitado por el resto de los animales, quienes le ofrecen matar lo que él quisiera comer
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con el fin de agasajarlo. De este modo manda matar un toro y le pide al lobo que haga el
reparto y bendiga la mesa. Cuando este último se queda para él la carne y le ofrece lo
„menudo‟ al león, es castigado con un golpe que le arranca el cuero de la cabeza.
Cuando el reparto le toca a la zorra, esta le deja todo a su señor y, por lo tanto, evita ser
castigada. En la versión de Odón, los tres animales deciden cazar juntos y luego
repartirse lo obtenido. También es el león quien le pide al lobo que divida las porciones,
a lo que este responde que cada cual va a comer lo que ha cazado por sí mismo. El león,
habiéndose procurado sólo un buey macilento (bouem macilentum), indignado por esta
decisión, desgarra el pellejo del lobo, lo que trae como consecuencia que, cuando le
llega el turno a la zorra, le ofrece el resto de las presas pero le recomienda que se
abstenga del buey porque tiene las carnes duras; y que, de lo que dejare el león, ellos
mismos comerían.
En el Lba la idea de societas es dejada de lado y las relaciones entre los protagonistas
pueden equipararse con las del Rey y sus súbditos. También es de destacar la figura del
lobo, que representaría al estamento clerical, pues por un lado es el encargado de
santiguar la mesa, pero por el otro, haciendo uso de un discurso engañoso, le ofrece al
león lo liviano porque es bueno y sano, quedándose él con la carne (término del que no
podemos obviar los distintos sentidos que tiene en la Edad Media). En la zorra podría
verse al súbdito obsecuente, que es dominado a través del miedo y consigue el
beneplácito de su señor.
Respecto de la segunda fuente, la del león viejo, puedo arriesgarme a afirmar que la
imagen con la que Juan Ruiz abre su fábula (c. 82-83) proviene de manera directa del
Romulus de Nilant. En la versión del Romulus, por ejemplo, se habla de que una cohors
pecorum magna veniebat a ver al león moribundo, frente al Todas las animalias
venieron ver su señor (82b). Pero en el Romulus llegan diciendo que traían una
medicina para curarlo de sus males, aunque bajo estas palabras se encontraba oculto el
engaño. En el Lba también aparece la idea de ofrecerle al león un festín con el objetivo
de alegrarlo, aunque después las dos versiones toman rumbos opuestos: en el Romulus
el león decae al enterarse del engaño de aquellos que son sus inferiores y es castigado
por quienes alguna vez lo respetaron y temieron; por el contrario, en Juan Ruiz el león
sigue siendo el rey y, como tal, castiga a quienes se atreven a desafiar su poder.
Bibliografía:
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amor”, en: Rodríguez, N. F. y Ferreiro, M. F. eds., Literatura medieval y renacentista
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Hervieux, L. (1893-1899), Les fabulistes depuis le siècle d’Auguste jusqu’à la fin du
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Disponible en: <[Link]/ark:/12148/bpt6k6527660g>.
Vámos, H. (2013), “The medieval tradition of the Fables of Romulus”, en: Graeco-
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