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Santiago, diecisiete de marzo de dos mil catorce.
VISTO:
En estos autos Rol C-822-2010, seguidos ante el Tercer Juzgado Civil
de Ovalle, caratulados “Comunidad Agrícola El Potrero de Huatulame con
Cortés Gomez Sergio y otra”, juicio ordinario sobre nulidad absoluta de
contrato y reivindicación, por sentencia de fecha seis de marzo de dos mil
doce, escrita a fojas 276, la señora juez titular del referido tribunal, rechazó
íntegramente la demanda interpuesta, sin costas.
La parte demandante en contra de este fallo dedujo recurso de
apelación y, una sala de la Corte de Apelaciones de La Serena, por decisión
de cuatro de diciembre de dos mil doce, que se lee a fojas 332, lo confirmó
con costas.
En contra de esta decisión la demandante dedujo recurso de casación
en el fondo.
Se ordenó traer los autos en relación.
CONSIDERANDO:
PRIMERO: Que el recurrente atribuye a la sentencia cuya
invalidación persigue diversos errores de derecho, fundados en la infracción
a las siguientes disposiciones:
1º.- Infracción a lo dispuesto en los artículos 1445 y 1467 del Código
Civil. Explica que la sentencia impugnada contravino las normas antes
señaladas al rechazar la demanda de nulidad absoluta del contrato de
compraventa celebrado entre las partes con fecha 27 de enero de 2004, toda
vez que en todo contrato bilateral la causa que determina a cada parte a
obligarse es la intención de obtener la ejecución de la prestación que le ha
sido prometida. Señala que habiéndose acreditado que en el caso sub lite los
demandados, compradores, no pagaron el precio pactado, la ausencia de
éste necesariamente acarrea la nulidad de la obligación por falta de causa.
2º.- Vulneración al artículo 1489 del Código Civil, acción de
resolución de contrato o cumplimiento forzado del mismo. Indica que los
sentenciadores erraron al efectuar una aplicación extensiva de la norma, al
hacer prohibitivo el uso de otras acciones legales como la de marras, no
obstante que el contratante podrá pedir a su arbitrio la resolución o el
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cumplimiento del contrato, lo que a su juicio es una facultad el elegir la
acción de resolución de contrato. Sostiene que en el caso de marras existe
una falta de causa en el contrato de compraventa al no haberse pagado el
precio en forma efectiva, lo que conlleva la nulidad de dicho acto y por lo
tanto no le impide hacer uso de la acción de nulidad interpuesta.
3º.- Conculcación a lo dispuesto en los artículos 1681, 1682 y 1683 del
Código Civil. En relación a estas normas el recurrente denuncia que los
sentenciadores no obstante faltar la causa en el contrato de compraventa
impugnado, estimaron que era improcedente reclamar la nulidad, negando
la posibilidad jurídica a su parte de poder accionar de nulidad absoluta por
falta de precio. Agrega que el tribunal estaba obligado a declarar la nulidad
absoluta del contrato por aparecer de manifiesto la existencia del vicio
alegado y acreditado en autos, deber que no fue cumplido.
4°.- Denuncia infracción de las normas reguladoras de la prueba,
artículos 399 del Código de Procedimiento Civil en relación con el artículo
1713 del Código Civil; 384 n° 2, 429 del Código de Procedimiento Civil.
Expone, para sustentar el presente arbitrio, que ha existido una errónea
aplicación de los artículos ya referidos, al no haber acogido la demanda
interpuesta no obstante que si bien el fallo concluye que no se pagó el
precio pactado, omitió pronunciarse sobre las pruebas que acreditan el
hecho que se da por establecido.
Arguye que al demandado citado a absolver posiciones se le tuvo por
confeso de todas las preguntas redactadas en forma asertiva en el pliego de
posiciones, específicamente el no haber pagado el precio pactado y que la
actora nunca cobró el cheque entregado. En el mismo sentido, los seis
testigos de su parte, fueron contestes en señalar que el precio no se pagó, no
obstante lo cual los sentenciadores no valoraron debidamente la prueba
rendida.
Concluye que de haberse aplicado correctamente las normas
denunciadas, se debió haber llegado a la conclusión de que, al no haberse
pagado el precio objeto del contrato de compraventa, éste no fue real, por lo
que el contrato carece de causa respecto de la parte vendedora, adoleciendo
de un vicio de nulidad absoluta.
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SEGUNDO: Que resulta un hecho debidamente comprobado en el
proceso la existencia de la escritura pública de compraventa otorgada con
fecha 27 de enero del año 2004 ante don Raúl Salamanca Carvajal, Notario
Público de la Cuarta Notaría de Ovalle con asiento en Monte Patria, en la
cual comparecen como partes, en la calidad de vendedora, la Comunidad
Agrícola El Potrero de Huatalume, representada por don José Miguel
Zepeda Carmona; y en la calidad de compradores don Sergio Alejandro
Cortés Gómez y doña Pamela Alejandra Aguilera Salazar, declarando la
primera vender a los segundos, quienes declaran, a su vez, comprar para sí
en iguales partes el lote denominado C que resultó de la subdivisión del
predio de mayor extensión del cual era propietaria la comunidad agrícola
antes mencionada. En la cláusula cuarta de la citada escritura pública, se
expresa lo siguiente: “El precio de esta venta, es la suma de treinta
millones de pesos, que se paga en este acto en dinero efectivo por la
compradora, recibido a su entera conformidad por el vendedor, para su
representada, otorgando al efecto entero y completo finiquito por dicho
concepto a la compradora”;
TERCERO: Que la parte vendedora y demandante en estos autos,
aduciendo que el precio de venta no fue realmente pagado por los
compradores, ha alegado la nulidad absoluta del contrato de compraventa
por carecer de causa; leyéndose en el considerando cuarto de la sentencia
dictada por el tribunal de alzada “que, si bien es cierto, en estos
antecedentes se ha expresado que el precio de la compraventa de fecha 27
de enero de 2004, otorgada por escritura pública ante el entonces Notario
Público de la Cuarta Notaría de Ovalle, don Raúl Salamanca Carvajal, no
fue pagado, tal argumentación, empero, resulta absolutamente inadmisible
para fundamentar la acción de nulidad absoluta que se ha incoado. Ello, en
razón de que la falta de pago del precio de la compraventa no puede sino
producir el efecto que prevé el artículo 1489 del Código Civil, pero en caso
alguno la nulidad del contrato. Efectivamente, el precio es un elemento de
la esencia del contrato de compraventa; sin precio no hay venta o el
contrato degenera en otro diferente conforme a la norma del artículo 1444
del Código Civil. Sin embargo, en la especie, en el contrato de
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compraventa se pactó un precio determinado en la suma de $30.000.000.- y
si dicho precio no se pagó, sólo podía reclamarse el cumplimiento de dicha
obligación o la resolución del contrato, y en ambos casos, la indemnización
de perjuicios. Dichas acciones alternativas, en todo caso, debían intentarse
dentro de los cinco años contados desde que la obligación se hizo
exigible”;
CUARTO: Que de lo anteriormente expuesto se colige que lo que
presenta mayor relevancia para la resolución del presente recurso no es si el
precio de la compraventa fue o no realmente pagado, sino que, asumiendo
simplemente como una hipótesis la planteada por la demandante de autos,
determinar si la acción deducida era la idónea para reclamar por la supuesta
falta de pago de precio;
QUINTO: Que, como se ha expresado, la demandante entabló una
acción por la que solicita la declaración de nulidad absoluta de la
compraventa por el vicio de falta de causa, aduciendo que los compradores
no pagaron el precio, lo que determina la necesidad de reflexionar que, aun
si de ser efectivo lo anterior, el hecho de que no se hubiese pagado el precio
en el contrato de compraventa acarrea la ineficacia jurídica de éste por faltar
la causa;
SEXTO: Que de conformidad con lo establecido por el artículo 1445
del Código Civil, “para que una persona se obligue a otra por un acto o
declaración de voluntad es necesario …4.° que tenga una causa lícita”, lo
que revela que el legislador tuvo presente la causa como un elemento
indispensable para que el acto produzca los efectos que le son propios. Se
ha discutido, sin embargo, si lo que debe tener una causa es la obligación, o
el contrato que la engendra, pues a la época de dictación del Código Civil
imperaba la doctrina clásica en materia de causa, que es la que inspiró al
Código Civil francés, elaborada por el jurista Domat y complementada
posteriormente por Pothier, quienes coinciden en que lo que debe tener
causa es la obligación que tiene como fuente un contrato, para lo cual se
preguntan por qué se obliga la persona que celebra un contrato. Para
responder a esta pregunta, la doctrina o teoría clásica en materia de causa
distingue tres tipos de contratos: los sinalagmáticos, los reales y los
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gratuitos, mencionando que en los primeros la causa de la obligación que
contrae una de las partes es la obligación correlativa de la otra parte; en los
contratos reales, la causa de la obligación de la parte que se encuentra en la
necesidad de restituir la cosa es la entrega de la misma que se ha efectuado
con anterioridad; y en los contratos gratuitos, la causa de la obligación de la
parte que se encuentra en la necesidad de dar una cosa es la intención o el
ánimo de efectuar una liberalidad. Se llega, de este modo, a una concepción
objetiva de la causa, pues no se considera las motivaciones personales o
subjetivas de quienes celebran el contrato, de modo tal que, en las tres
categorías de contratos antes mencionados, la causa es siempre la misma
que se indica para cada una de éstas. Así, en todos los contratos de
compraventa –típicos en la categoría de los sinalagmáticos o bilaterales- la
causa de la obligación que contrae cada una de las partes va a ser siempre
idéntica: En efecto, la causa de la obligación del vendedor de dar la cosa es
la obligación correlativa del comprador de pagar el precio; y, por su parte,
la causa de la obligación del comprador de pagar el precio es la obligación
correlativa que contrajo el vendedor de hacer la tradición de la cosa
vendida.
A diferencia de lo que ocurre en el Código Civil francés, que no
contiene una definición de la causa, Andrés Bello la define en el inciso
segundo del artículo 1467 del Código Civil, diciendo que “se entiende por
causa el motivo que induce al acto o contrato”, con lo que
inequívocamente se refiere a la causa del contrato, que hace consistir en los
motivos, palabra esta última que de acuerdo con su sentido natural y obvio
designa a las connotaciones particulares o psicológicas, individuales y
subjetivas que inducen a las partes a contratar, lo que es por completo ajeno
a la teoría clásica de la causa que inspira al Código Civil francés y
constituye lo que no pude calificarse sino como una novedad en el Código
Civil chileno. No es posible desconocer, sin embargo, que en el artículo
antes citado, el inciso inmediatamente anterior al de la definición de causa
señala que “no puede haber obligación sin una causa real y lícita”, con lo
que el legislador requiere causa para la obligación, reproduciendo el
pensamiento de la doctrina o teoría clásica;
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SÉPTIMO: Que es significativo destacar que la doctrina y
jurisprudencia francesa, teniendo en consideración que los postulados de la
teoría clásica no permiten, en ciertos casos, la ineficacia de contratos en que
el motivo que induce a su celebración es contrario a la moral o a las buenas
costumbres, ampliaron el concepto de causa, llegando a exigirla, no sólo
para la obligación -manteniendo al respecto los postulados de la teoría
clásica- sino que también para el acto o contrato, haciendo consistir aquella
en el motivo subjetivo, particular e individual que determinó a las partes a
contratar, lo que viene a ser equivalente a la interpretación que surge de la
sola lectura de los artículos del Código Civil chileno en esta materia, de los
cuales es posible desprender que el legislador requiere una causa, no sólo
para las obligaciones que tienen como fuente un contrato, sino que también
para el acto o contrato que las engendra, siguiendo, en lo que atañe a las
primeras, la teoría o doctrina clásica que postula una causa objetiva, y para
las segundas la doctrina de los móviles o motivos psicológicos, que supone
una causa subjetiva, lo que presenta la ventaja de que se pueden invalidar,
por causa ilícita, convenciones en que el motivo que induce a las partes a
contratar se aparta de la ley, la moral, el orden público o las buenas
costumbres. En lo que atañe a la causa de los contratos, según la doctrina
moderna falta la causa cuando el motivo que indujo a contratar resultó
errado o equivocado, dándose el supuesto de lo que se denomina una “falsa
causa” como consecuencia de un error relevante sobre los motivos;
OCTAVO: Que teniendo en cuenta lo anterior, cabe concluir que
sería legítimo alegar la ineficacia de una obligación por falta de causa de la
misma recurriendo a los postulados de la doctrina o teoría clásica, mas no
como lo hace la demandante y recurrente en estos autos, pues aplica los
postulados de dicha teoría en forma equivocada. En efecto, en el contrato de
compraventa la causa de la obligación de una de las partes es la existencia
de la obligación de la otra parte y no el cumplimiento o ejecución de esta
última, como cree la actora. Es evidente que en el contrato de compraventa
que celebraron las partes contratantes se estipuló un precio en dinero –que
es lo que constituye una cosa o elemento de la esencia específico del
contrato de compraventa-, contrayendo los compradores la obligación de
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pagarlo, lo que sirve de causa a la obligación que asumió, por su parte, la
vendedora de hacer la tradición de la cosa vendida. En consecuencia, tanto
la obligación de la vendedora como la obligación de las compradoras se
servían, recíprocamente, como causa, lo que comprueba que carece de
sustento la alegación de la actora en contrario;
NOVENO: Que de conformidad con lo razonado en las
consideraciones que preceden, y teniendo causa las obligaciones que
contrajeron ambas partes en el contrato de compraventa tantas veces citado,
cabe hacer presente que este tribunal comparte el criterio de los
sentenciadores, en el sentido de que aun cuando no se hubiere pagado el
precio, no por ello las obligaciones que engendró el contrato de
compraventa dejan de tener causa, ya que tal hecho configura la infracción
de obligación que permite la aplicación del estatuto expresamente previsto
por la ley para el caso de incumplimiento de obligaciones por una de las
partes del contrato bilateral. En efecto, a la luz de lo establecido en el
artículo 1489 del Código Civil, si los compradores no hubiesen pagado el
precio convenido, como lo afirma la actora, ésta debió haber ejercido la
acción de cumplimiento forzado del contrato de compraventa o demandar la
resolución del vínculo contractual en aplicación de los efectos que produce
el cumplimiento de una condición resolutoria, en este caso la que la
doctrina llama “tácita”; en ambos casos, con indemnización de perjuicios, lo
que no hizo;
DÉCIMO: Que habiendo quedado en evidencia que no es la falta de
causa ni la sanción de ineficacia por nulidad absoluta el estatuto jurídico
que debe aplicarse en el evento de que el comprador no hubiese pagado el
precio en el contrato de compraventa, no cabe sino concluir que no se han
producido en la sentencia recurrida los vicios denunciados por quien entabla
el recurso de casación en el fondo, sin que se hayan vulnerado, de manera
alguna, las disposiciones de los artículos mencionados en los números 1°,
2° y 3° del considerando primero de la presente sentencia;
UNDÉCIMO: Que en lo que atañe a la causal de casación en el
fondo mencionada en el número 4° del considerando primero de esta
sentencia, y que la recurrente hace consistir en una violación de las leyes
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reguladoras de la prueba, pues, a juicio de ésta, habría quedado comprobado
el hecho de no haberse pagado el precio de la compraventa omitiendo los
sentenciadores un pronunciamiento al respecto, basta tener en consideración
para rechazar tal pretensión que la acción intentada por la demandante para
obtener la declaración de nulidad absoluta del contrato no es la que en
derecho corresponde, careciendo, por ende, de la aptitud necesaria para
producir el efecto pretendido. Ello determina que el hecho de que se haya o
no pagado el precio en la compraventa carece de toda importancia para los
efectos de ponderar que la sentencia recurrida se ajusta a derecho, más aun
teniéndose en cuenta que en la hipótesis de que no se hubiera pagado el
precio ello no habría tenido influencia alguna en lo dispositivo de dicha
sentencia;
DUODÉCIMO: Que por lo expresado en las consideraciones que
preceden y teniéndose en cuenta que no existen los errores de derecho
denunciados, procede que el recurso de casación en el fondo deducido sea
rechazado.
Y visto, además, lo dispuesto en el artículo 767 del Código de
Procedimiento Civil, se rechaza sin costas el recurso de casación en el
fondo interpuesto por la parte demandante en lo principal de la presentación
de fojas 335, en contra de la sentencia de la Corte de Apelaciones de La
Serena, de diecinueve de diciembre del año dos mil doce, que se lee a fojas
332.
Regístrese y devuélvase con sus agregados.
Redacción a cargo del Abogado Integrante Sr. Víctor Vial del Río.
ROL N° 248-2013.-
Pronunciado por la Primera Sala de la Corte Suprema por los Ministros
Sres. Nibaldo Segura P, Juan Araya E., Guillermo Silva G., Sra. Rosa
Maggi D. y Abogado Integrante Sr. Víctor Vial del Río.
No firma el Ministro Sr. Araya y el Abogado Integrante Sr. Vial, no
obstante haber concurrido ambos a la vista del recurso y acuerdo del fallo,
por haber cesado en sus funciones el primero y estar ausente el segundo.
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Autorizado por la Ministra de fe de esta Corte Suprema.
En Santiago, a diecisiete de marzo de dos mil catorce, notifiqué en
Secretaría por el Estado Diario la resolución precedente.