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Biografía y Filosofía de Descartes

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DESCARTES

BIOGRAFÍA:

Descartes, o Renatus Cartesius, gran genio de la Filosofía occidental, uno de los más
importantes, y sin duda, el más grande de la modernidad junto con Kant. A este pensador le
debemos la famosa frase, “cogito ergo sum” (pienso, luego existo). Su método y su filosofía
parten de esta tesis.
Nace en La Haye (Touraine, Francia) en 1596. Y la educación la recibe en el colegio
de los jesuitas de La Flèche, una de las más importantes del momento en Europa. Por lo tanto,
recibió una buena educación. En esta escuela aprendió muchas cosas, y en ella adquirió el
gusto por las matemáticas. Años más tarde, recibe una licenciatura en Derecho. Pero el bueno
de Descartes estará enfadado con la educación que recibió en el colegio de los jesuitas, el
pobre de él no será consciente todavía de que lo aprendido en este centro le servirá para
realizar su sistema filosófico. Él pensaba, como muchos de vosotros, que si quería estudiar
una carrera en concreto, muchas de las cosas que había aprendido durante su etapa
preuniversitaria no servían para nada. Y él se quería dedicar a la diplomacia y el derecho, por
lo tanto, matemáticas y otras materias no eran muy aplicables.
Después de licenciarse, se alista en el ejército del Príncipe Nassau, y acude a los
Países Bajos. Más tarde se alista en otro ejército, en el de Maximiliano de Baviera, y en este
caso se dirige a Alemania. Lo que no sabe todavía es que en Alemania ocurrirá su gran
revelación filosófica, allí, metido en el ejército, en vez de estar preocupado por cuestiones
militares o sobre si va a morir o no, recibe una especie de revelación en sueños. En su diario
personal, Olýmpica, apunta que tiene tres sueños que le sugieren cómo es el método para
fundamentar la ciencia mediante la aplicación de las matemáticas. Es decir, gracias a estos
sueños retoma su interés por hacer filosofía y ciencia. Las matemáticas y otras materias que
aprendió en el centro de los jesuitas le servirán de mucha ayuda a partir de ahora.
Y es que se dedicó más de 9 años a germinar lo que será su pensamiento, es decir, a
iniciarlo. Por lo que no logra materializarlo en sus obras hasta tiempo después. Durante estos
años viaja por algunos países de Europa, haciendo amigos científicos, aprendiendo de unos y
de otros. Aunque finalmente se asienta en los Países Bajos (Holanda), y al final de su vida
acude a Suecia, porque se lo pide la reina Cristina, pero el pobre de Descartes muere, por
neumonía solo 4 meses después de llegar a este país, a los 53 años.

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Ahora bien, en la actualidad existen teorías de algunos historiadores y filósofos de que
murió asesinado, mediante envenenamiento. Concretamente por un capellán muy
conservador, François Viogué, que probablemente lo asesinó con una oblea bañada en
arsénico porque estaba temeroso de que el pensamiento de Descartes, mucho menos ortodoxo
que el suyo, influenciase en la reina Cristina.
Y es que Descartes era un racionalista, es más, es el padre del racionalismo moderno,
y el racionalismo estaba enfrentado a los dogmas de fe. Recordad que a finales de la Edad
Media ya aparecen algunos pensadores que se distancian de la fe para abordar las cuestiones
terrenales, como Ockham, quien sostenía que la fe no se podía mezclar con la razón. Y
recordad, que antes de Ockham, la mayoría de los pensadores eran teólogos que incluían la
razón, pero como sierva de la fe. Es decir, antes de los autores racionalistas como Descartes y
otros de la modernidad, la razón ayudaba a la fe, pero no era autónoma. Cuando hablamos de
racionalismo en Filosofía estamos diciendo que la razón es la única fuente de conocimiento
para alcanzar la verdad. Y para Descartes, así será, mediante la razón alcanzará todo tipo de
verdades, incluso las que antes habían sido monopolizadas por la fe.

OBRAS:

Vamos a ver la lista de sus obras ordenada cronológicamente.

● 1628. Reglas para la dirección del espíritu.


● 1633. Tratado del hombre.
● 1637. Discurso del método.
● 1641. Meditaciones metafísicas.
● 1642. La búsqueda de la verdad mediante la razón natural.
● 1647. Principios de filosofía.
● 1649. Las pasiones del alma.

De entre estas obras, las más destacables son las cuatro primeras. Las Reglas y el
Discurso del Método deben verse como una evolución, en el sentido de que las Reglas para
la dirección del espíritu es un primer avance de lo que plasmará en el Discurso del método,
su gran obra, en la que desarrolla lo que había intuido cuando tuvo aquellos tres sueños en
Alemania.

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Las reglas para la dirección del espíritu es un ensayo que tiene como objetivo
establecer 36 reglas que más tarde, en su Discurso del método, deberán estar detalladas.
Aunque solo logra describir 21.
El Discurso del método, podríamos decir que es una de las principales obras de
Descartes, y una de las fundamentales de la historia de la filosofía occidental. En ella se
establecen los fundamentos de su método. Se publicó de forma anónima, y tiene seis partes.
Estas partes se siguen unas a otras.
Es importante comprender que este libro es fundamental para conocer su
epistemología, es decir, su teoría del conocimiento, porque el método que establece en ella
tiene como finalidad fundamentar el conocimiento de la realidad mediante la razón.

1. EPISTEMOLOGÍA.

1.1. Introducción a la epistemología.

Los primeros años empieza a componer su sistema. Un sistema que será racionalista.
De hecho Descartes es el iniciador del racionalismo. La razón es la única fuente de verdad,
contrariamente a lo que dicen los dogmas de fe. Por este motivo, rompe con la filosofía
escolástica anterior, que aceptaba los dogmas de fe, y la razón era auxiliadora de la fe.
Además, es interesante destacar que Descartes intenta resolver el problema del
método iniciado con Galileo. Hasta la llegada de este científico del Renacimiento, la filosofía
incluía todas las ciencias, pero tras él, la física se separa de ésta y adquiere su propio método,
dejándola sola, a la deriva. Por este motivo, Descartes va a tener como objetivo lograr un
método certero para la filosofía. Un método que se espera que sea válido para todas las
ciencias.

En lo que respecta a sus escritos, compone muchas obras, pero las más destacables en
epistemología son:

Reglas para la dirección del espíritu: es una base del discurso del método. Iba a
contener 36 reglas, pero finalmente escribió 21. Es la base de lo que desarrollará más
adelante en el Discurso del método.

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Discurso del método. “Método” es el conjunto de reglas ciertas y fáciles mediante las
cuales el que las emplea no toma nunca nada falso por verdadero, y no lo emplea inútilmente,
sino sabiamente para acrecentar el conocimiento.
Esta obra es fundamental en el conocimiento del método que permite llegar al
conocimiento verdadero y encontrar la verdad. Aquí propone un método matemático y
universal, aplicable a cualquier campo del saber. Comprime las 21 reglas de la obra anterior,
en solo 4.

Meditaciones metafísicas: Compuesta por 6 meditaciones en las que trata de


demostrar la existencia de Dios y el alma.

1.2. El punto de inicio: la duda metódica.

Para alcanzar lo verdadero y no dudar, debemos partir de la duda. Por lo tanto, en la


epistemología cartesiana, la duda es metódica, podemos decir que la duda inicia el método.

Y tiene algunas características:

1. Universal: debemos dudar de todo en un primer momento.


2. Metódica: es instrumento para alcanzar la verdad, no es escéptica totalmente, no se
queda ahí.
3. Teorética: solo permanece en el campo de la reflexión teórica, ciencias y filosofía, no
debe ir a cuestiones morales (conducta).
4. Provisional: la duda se elimina cuando llegamos a una verdad indubitable.

1.3. Reglas del método.

1. Evidencia: no adquirir jamás como verdadera cosa alguna sin conocer con evidencia
que lo era. Es decir, evitar precipitarse, solo admitir algo cuando es claro y distinto
para mi espíritu, algo de lo que no tuviese duda.
Claro es cuando tengo una idea presente y manifiesta si estoy atento, y
distinta, cuando es precisa y diferente de otras ideas, es decir, puedo distinguirla de
otras.

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La evidencia solo se acepta mediante la intuición: captación intelectual
inmediata de una idea, sin dar lugar a error, indubitable.
Inmediato, significa que no hay cadena deductiva de por medio, y que no
media la experiencia.
Y además, la certeza, que desestima todo lo que es probable, lo probable no
tiene cabida en su método.
La evidencia será su criterio de verdad.

2. Análisis: consiste en dividir cada una de las dificultades que examinare en tantas
partes como fuera posible y como requiriese para resolverlas mejor. Es decir,
cualquier problema que estudiamos solo son ideas complejas que podemos
descomponer en elementos simples, que además pueden ser intuidos clara y
distintamente.

3. Síntesis: partir de estos objetos simples a otros grados más complejos. Es decir, tras
analizar, hay que componer otra vez. Pero aquí lo hacemos aplicando un método,
encadenando ideas, deduciendo unas de otras.

4. Comprobación: tras componer todo, revisamos, y nos percatamos de que no nos falta
nada, y que estamos totalmente seguro de la verdad. Esto permite ver el panorama
global, intuitivamente también.

1.4. Moral provisional.

Tras establecer la duda metódica, Descartes sostiene que debemos tener una moral
provisional. Y establece 3 máximas:

1. Obedecer las normas del país y de la religión.


2. Ser decidido en las acciones y seguir las opiniones, aunque sean dudosas.
3. No querer cambiar el mundo, sino nuestros deseos.

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1.5. Tipos de ideas.

¿Qué es el conocimiento para Descartes? Una representación en la mente de lo que


hay fuera de la misma.

Y distingue tres clases de ideas:

a) Innatas: son propias, ya desde que nacemos, no necesitan de la experiencia para ser.
Algunas de ellas serán Dios o causa. Según él, las tenemos innatas desde el
nacimiento. Podemos dudar de esto.

b) Adventicias: son las que adquirimos mediante la experiencia. Ej, el color del cielo de
día y sin nubes es azul.

c) Facticias: las construimos nosotros a través de las adventicias. Son ficciones. Puede
ser la idea de un ser fantástico, como un dragón.

Para Descartes, las ideas verdaderas son las innatas, las que tenemos en la mente, y
solo de ellas se puede garantizar el conocimiento verdadero.

Además, las ideas, deberán ser claras y distintas.

1.6. El cogito (alma) y Dios. (Válido para Epistemología y metafísica).

Las cuestiones acerca del cogito y Dios aparecen en el libro cuarto del Discurso y en
las Meditaciones Metafísicas.

Vamos a ver el razonamiento de Descartes, cómo desde la duda llega a la primera


verdad. Hemos dicho que la duda es metodológica, porque es provisional, sirve para avanzar
en el descubrimiento de la verdad; en este sentido, no es una duda radical.

Fundamentalmente, en su duda metódica existen tres niveles.

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1. Empieza dudando de todo lo que proviene de la experiencia. De los sentidos, dice que
nos engañan. Descartes, llega incluso a dudar de su propio cuerpo.

2. En el segundo nivel, Descartes dice que no podemos distinguir la vigilia del sueño.
¿Puede ser que cuando estamos despiertos estamos soñando? ¿No os ha pasado que os
despertáis varias veces dentro de un sueño? Puede darse la situación, ¿cómo puedes
estar 100% seguro? Muchos sueños pueden ser tan nítidos como la vida misma.

3. El tercer nivel es el del genio maligno. Es una hipótesis. Descartes dice que las
verdades matemáticas siempre son ciertas, incluso cuando dormimos, sigue siendo
cierto que 2+2 es 4. Pero, y aquí hipotetiza Descartes, la posibilidad de que hubiese
un genio maligno que nos engaña, que nos hace ver que hemos alcanzado la verdad
aunque nos equivoquemos. Es decir, cualquier fórmula matemática pensaríamos que
es verdad, pero podría ser falsa si este genio maligno así lo quisiera. Es decir, que
aunque estuviese razonando podría haber un ser inteligente y maligno que hiciese que
me equivocase, que supiese más de todo que yo, por tanto, muchas de las verdades de
razón fueran realmente falsas. Evidentemente, este genio maligno no sería Dios,
porque Dios no engaña, es bondadoso. Por esta razón, Descartes introduce la
posibilidad del genio maligno; no dice que sea Dios.

Así, llega al final de su método, a decir, la famosa expresión “cogito, ergo sum”.
Dudo, y no cabe duda de que dudo, y dudar implica pensar, y pensar, implica existir. Por lo
tanto, el “cogito ergo sum” es una verdad indubitable, por tanto, evidente, es decir, clara y
distinta.

“Pero inmediatamente después caí en la cuenta de que, mientras de esta manera


intentaba pensar que todo era falso, era absolutamente necesario que yo, que lo pensaba,
fuese algo; y advirtiendo que esta verdad, pienso, luego existo, era tan firme y segura que las
más extravagantes suposiciones de los escépticos eran incapaces de conmoverla, pensé que
podría aceptarla sin escrúpulo como el primer principio de la filosofía que estaba
buscando”.
Discurso del método.

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El cogito ergo sum va a ser la primera verdad indubitable, de ella no puede dudar, no
encuentra hipótesis que le haga dudar.
¿Por qué es indubitable el cogito? Es una intuición mental, no es un silogismo, es
decir, no sigue un razonamiento deductivo. Intuyo una conexión necesaria entre el pensar y el
existir. No puedo imaginar pensar sin existir. Es además, una idea clara y distinta, es un hecho
consciente, evidente en sí mismo, no lo puedo confundir con nada más. Es además inmutable,
no cambia, no puedo dudar de que pienso y existo.

2. METAFÍSICA DE DESCARTES.
La obra fundamental para comprender su pensamiento metafísico son las
Meditaciones Metafísicas. O cuyo nombre completo es Meditaciones metafísicas en las que
se muestra la existencia de Dios y la inmortalidad del alma. Con este título, ya vemos que
como racionalista, le interesa demostrar la existencia de estos objetos. Ya no por la fe, como
hacían en la Edad Media, sino por la razón. Y la inmortalidad del alma está relacionada con
su idea de cogito, porque hemos visto en el razonamiento anterior, en su duda metódica, que
la única verdad de la que no duda es del alma.

Este libro se escribió en 1641. Primero en latín, y después, años más tarde, en
francés.
Es un hilo de seis meditaciones. Primera, segunda, tercera, etc.

Vamos a verlas unas detrás de otras.

1. De las cosas que pueden ponerse en duda. Como en su duda metódica, dice que no
debemos fiarnos de las ideas falsas, que no debemos fiarnos de los sentidos, que nos
engañan. Tampoco debemos fiarnos del sueño, porque muchas veces se confunde con
la vigilia. Para Descartes, en este sentido, será falso todo aquello que presente alguna
posibilidad de duda.

2. De la naturaleza del espíritu humano. En la segunda meditación vuelve sobre el


cogito, lo retoma, reconoce que de lo único de lo que está convencido es de que
existe. Que aunque exista un genio maligno, él existe, porque piensa, y no duda de
que piensa y, por tanto, existe. La conciencia está relacionada con la existencia, si

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tengo conciencia, necesariamente existo, aunque hubiese un genio maligno que me
engañase con los contenidos de mi conciencia (ej. 2+2=4).

3. De Dios. Esta es la de Dios propiamente dicha. Son 3 argumentos. Debéis recordad


que vimos en la Edad Media a San Agustín, San Anselmo y Santo Tomás ofreciendo
argumentos de la existencia de Dios. Descartes recoge estos argumentos, y los
reelabora.

Sin embargo, a diferencia de Santo Tomás, no puede recurrir a la existencia


del mundo para demostrar la existencia de Dios, porque como sabemos, duda de la
existencia del mundo, porque aun no lo ha demostrado. Solo puede probar la
existencia de Dios racionalmente, mediante el pensamiento y las ideas.
Bien, Descartes, para demostrar que existe Dios, necesita de las ideas innatas,
aquellas que ya tenemos, es decir, aquellas que no vienen por la experiencia, ni las
hemos creado. Las innatas son racionales, y brotan de manera espontánea en nuestra
mente. La perfección y la infinitud son ideas innatas, y Dios va a encajar con estas
ideas. Ofrece dos argumentos:

● (Idea) Idea del ser perfecto. Procede de San Agustín. En nosotros existe la
idea de un ser perfecto, la idea de que existe la perfección, es algo que
Descartes considera innato en nosotros. “Aunque yo tenga la idea de
substancia en virtud de ser yo una substancia, no podría tener la idea de una
substancia infinita, siendo yo finito, si no la hubiera puesto en mí una
substancia que verdaderamente fuese infinita”. Este argumento es el de la
impronta divina, Dios pone en nosotros su idea, la de un ser perfecto. Es
heredera de San Agustín. La idea de perfección debe ser proporcional a la
causa.

● (Esencia) Imperfección y dependencia. Basada en Santo Tomás (causalidad e


imperfección).
Descartes considera que somos seres finitos, por lo tanto, contingentes
(podríamos no haber sido), en consencuencia dependemos para existir de otro
ser necesario.

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Y en lo que respecta a la dependencia, yo, como ser finito, creado, no
necesario, debo haber sido creado por otro, y como no puede haber una
cadena causal de seres creando infinitamente, debe haber un ser que tenga su
origen y existencia en sí mismos, necesariamente, sin dependencia alguna.
Dios.
Y debe ser infinito, porque sé que yo soy finito, y por lo tanto no
puedo haberme creado yo. Si me hubiera creado yo, me hubiera dado todas las
perfecciones que soy capaz de pensar.

4. De lo verdadero y lo falso. Dios no puede engañarnos, porque el engaño o error


siempre es resultado de alguna privación, no se trata de ningún mal interno, sino un
defecto nuestro; somos seres imperfectos. El error es un problema de la voluntad, que
muchas veces se eleva por encima del intelecto para asentir o negar cosas sin
observarlas mediante la razón. En conclusión, el error puede ser evitado mediante la
razón, y la razón es una herramienta que Dios nos da para evitar el error en el
conocimiento.

5. Existencia de Dios y de las cosas materiales. Es el argumento ontológico. De la


perfección se sigue la existencia, porque si no existiera, no sería un ser perfecto. Es
decir, sabemos que Dios es perfecto, en consecuencia, nada le falta, y si le faltara algo
no sería perfecto, y es más, si le faltara la existencia, tampoco sería perfecto,
entonces, de la idea de perfección se sigue la de existencia de Dios.
También las cosas materiales existen, porque si no Dios nos estaría
engañando.

6. Existencia del mundo externo. En su duda metódica y en la segunda meditación


había descubierto la certidumbre del espíritu, ahora demuestra la existencia del cuerpo
y el mundo externo.
Somos seres imaginativos y sensitivos, experimentamos el mundo. En primer
lugar, estas dos facultades no certifican la existencia del mundo externo tal y como lo
percibimos, porque podemos confundirnos.

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Pero si tenemos en cuenta que para no dudar debemos encontrar verdades
claras y distintas, y además, Dios no nos engaña, llegamos a una verdad indubitable,
La verdad clara y distinta, indubitable, es que lo que percibimos es extenso,
puede dividirse en otras partes, mientras que nuestra parte pensante es simple.
Nuestras sensaciones nos indican que tenemos un cuerpo, con necesidades,
tampoco podemos negarlo.Y también nos damos cuenta de que existen otros cuerpos,
a los que nos acercamos o rechazamos. De este modo Descartes evita el solipsismo,
porque ya no somos solo seres pensantes, almas, sino también podemos demostrar
racionalmente que existe el mundo externo, diferente a nosotros.
Además, nuestro cuerpo tiene inclinaciones naturales, muchas de ellas
perjudiciales para nosotros; así, muchos de nuestros errores derivan de estas
inclinaciones naturales del cuerpo. El alma es la única sustancia que puede utilizar la
razón para discernir los errores y las certezas.

3. ANTROPOLOGÍA.

La antropología es la rama de la filosofía que trata sobre el ser humano, sobre el


hombre. Descartes también desarrolló una antropología en su sistema. Concretamente, en
obras como Tratado del hombre, Tratado de las pasiones, Discurso del método y
Meditaciones metafísicas (especialmente, meditaciones 2, 5 y 6). *Describir los argumentos
de estas meditaciones.
La antropología cartesiana es dualista, como dualista fue la platónica. Son los dos
autores dualistas por excelencia de la historia de la filosofía.
Sin embargo, el dualismo cartesiano tiene su propia especificidad, pues surge en una
época, la moderna, en la que el mundo empieza a concebirse mecánicamente. Es decir, el
mundo no se concibe en sentido vitalista, como en el renacimiento, ni como un orden
teleológico impulsado por un motor inmóvil, como sostenía la tradición aristotélica y
medieval, sino como una enorme máquina. Todo en la naturaleza es analizado en término de
propiedades geométricas, movimientos y leyes causales, como si de un gigantesco reloj se
tratase. Esta comparación entre el hombre y la máquina aparece en su obra Tratado del
hombre.
Pero Descartes no reniega de Dios, Dios sigue teniendo un papel fundamental en este
mecanicismo. Solo que su concepción de Dios es como la del “mecánico último”, aquel que
pone el sistema a funcionar. Este modelo mecanicista ya estaba presente en Galileo, Newton,

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y, posteriormente a Descartes, influirá en otros autores de la modernidad, como La Mettrie.
Para entender un poco este mecanicismo, debemos saber que Descartes concibe el universo
como materia, movimiento y leyes básicas inmutables.
¿Qué tiene que ver el mecanicismo con su dualismo? Bien, el dualismo antropológico
significa que existen dos sustancias, y una de ella sigue las leyes de la mecánica.
Como matización, aunque hablemos de dualismo cartesiano refiriéndonos a dos
sustancias diferentes que interactúan, realmente Descartes habla de 3 sustancias. Dios es una
de ellas: la res infinita o sustancia infinita.
Pero es dualismo, porque defiende que en el plano que experimentamos aquí en la
tierra, entendemos que hay dos, alma y cuerpo. Antropológicamente somos seres duales.
En este sentido, las dos sustancias del dualismo cartesiano son el alma y el cuerpo:
res extensa y res cogitans respectivamente, como descubre en sus meditaciones. Y desde el
alma ya habíamos visto que la descubre como una verdad evidente, es el cogito ergo sum,
algo de lo que no podemos dudar. Pero resulta que vemos que existen cosas alrededor
nuestro, tenemos un cuerpo, ¿qué leyes sigue este cuerpo y el mundo físico? leyes mecánicas.
Es decir, el alma no, pero el cuerpo sigue leyes físicas. Por lo tanto, si el alma es inmaterial el
cuerpo es material.
Al alma pertenecen el atributo de pensar (ratio) y las actividades de la mente (ideas)
que se dan en este pensar. Las actividades de la mente son: imaginación, entendimiento,
sensación y voluntad. El pensamiento es consciente de todas estas actividades. El alma es
independiente del cuerpo, y por este motivo, libre; además es una intuición, como sabemos
por sus meditaciones. El pensamiento sigue las reglas de la lógica.
Al cuerpo pertenece el movimiento, la respiración, nutrición, circulación de la sangre,
etc. El cuerpo es uno de los elementos de la res extensa, junto con la materia y el espacio.
Sigue las reglas de la física.
Lo interesante es que para Descartes ambas partes son separables, y no necesitan la
una de la otra para existir.

Y aquí aparece uno de los problemas que existen en la llamada filosofía de la mente y
en la filosofía del cuerpo. Es decir, ¿cómo interactúa el cuerpo y el alma si son sustancias
diferentes y que no tienen nada en común? El cuerpo es materia y el alma inmaterial, ¿cómo
pueden relacionarse?
Descartes intenta solucionar esta interacción defendiendo que una parte que tenemos
en el cerebro, la glándula pineal, es la responsable de esta interacción. Sostiene que en ella

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hay algo así como “espíritus animales” diminutos (mensajeros) que mueven los músculos y
se comunican por la sangre. Evidentemente, es una hipótesis, además, difícil de demostrar en
su época. Hoy simplemente sabemos que esa glándula está relacionada con el sueño, con la
melatonina que ayuda a dormirnos, pero evidentemente no hemos visto que haya pequeños
espíritus animales en ella.
Bien, en este contexto, Descartes desarrolla una teoría de las pasiones del alma. Dice
que las pasiones son relativas al cuerpo, son provocadas por el corazón, sangre y sistema
nervioso. Estas pasiones, una vez son percibidas en el alma; son lo que llamamos emociones.
Para Descartes será posible controlar las pasiones, especialmente mediante la
modificación de las condiciones físicas que las producen. Lo podemos hacer porque tenemos
libre albedrío, capacidad para elegir, y además razón, podemos discernir lo que es bueno y
no, para no equivocarnos.

En general son 6 pasiones, y otras derivadas: admiración, el amor, el odio, el deseo, la


alegría y la tristeza
Admiración: se registra por lo que tiene de extraordinario.
Amor: Lleva al alma a querer unirse a los objetos que le gustan.
Odio: Lleva al alma a desunirse de los objetos que le desagradan.
Deseo: Se desea obtener y conservar lo ausente. Puede tender al bien o al mal.
Alegría: Sensación de gozo tras recibir las impresiones.
Tristeza: Incomodidad por lo recibido en las impresiones.
Existen varios orígenes de las pasiones:

● Fisiológicas o involuntarias (solo cuerpo): tristeza, cólera, alegría.


● Psicológicas (interacción alma y cuerpo): deseo, esperanza, temor, amor.
● Morales (actúa el libre albedrío): generosidad.

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