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Derecho Aplicable en Conflictos Internacionales

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FACULTAD DE CIENCIAS POLÍTICAS Y JURÍDICAS

LICENCIATURA EN DERECHO

Asignatura:
Derecho Internacional Privado.

Tema
Informe II
DIP
Facilitador
Angela María Balbuena

Participante
MAT. 202100353 Luis Reyes

19 de septiembre, 2024
Santo Domingo, República Dominicana
Capítulo III
DETERMINACIÓN DEL DERECHO APLICABLE
1. PLURALIDAD DE TÉCNICAS DE REGLAMENTACIÓN
1. Separación de las relaciones fórum /ius
La determinación de la autoridad competente para resolver un litigio implica no solo confirmar la
competencia de los tribunales dominicanos, sino también establecer los criterios y normas que
guiarán la resolución del caso. Aunque los tribunales sean competentes, la situación sigue siendo
un asunto privado internacional que requiere normas específicas. El artículo 59 de la LDIPr
aclara que la elección del foro por las partes no implica automáticamente la elección de la ley
aplicable. Aplicar simplemente el Derecho dominicano sin considerar estas particularidades sería
una respuesta inadecuada para resolver el conflicto de intereses.
2. Opciones del pasado. Aplicación de la ley en el espacio versus localización
La cuestión del Derecho aplicable en situaciones de derecho privado internacional ha tenido
diversas respuestas a lo largo de la historia. En la época del Derecho romano, se utilizó el ius
gentium para regular relaciones jurídicas que no involucraban a ciudadanos romanos,
estableciendo normas sustantivas que regulaban directamente el tráfico externo sin necesidad de
designar previamente el ordenamiento competente. De manera similar, el ius mercatorum en la
Baja Edad Media empleó una técnica similar, aunque por razones diferentes. Sin embargo,
durante la Edad Media, se cambió este enfoque por una técnica que delimitaba el ámbito de
aplicación espacial de las normas materiales del Derecho.
3. El paradigma conflictual
Desde mediados del siglo XX, la solución a los problemas de conflicto de leyes se ha centrado en
un paradigma científico conocido como la norma de conflicto multilateral. Este enfoque sostiene
que, para resolver un conflicto de leyes en el espacio, se debe aplicar el ordenamiento jurídico
donde se ubica la relación jurídica. La localización de esta sede jurídica se convirtió en el eje del
Derecho internacional privado, especialmente tras la obra de F. K. von Savigny, quien propuso
este enfoque en contraposición a las doctrinas estatutarias que se basaban en la ley del foro.
4. Caracteres de la norma de conflicto
La norma de conflicto es una técnica de reglamentación indirecta. El art. 54 LDIPr no resuelve
directamente las cuestiones litigiosas que pue- de suscitar la sucesión de un francés: aceptación
de la herencia, legítimas, causas de desheredación... Nos da una respuesta indirecta, señalándonos
la aplicabilidad del Derecho francés (correspondiente al domicilio del causante), en cuyas normas
materiales encontraremos la respuesta directa a tales cuestiones. Pero junto al carácter indirecto
de este tipo de normas, elemento estructural que las diferencia, se suelen señalar como
características típicas de las normas de conflicto las siguientes: su grado de generalidad o
abstracción, su rigidez y su neutralidad, que en ocasiones devienen en defectos o deficiencias que
propiciarán, como veremos, soluciones correctivas o sustitutivas del método de localización.
A) Generalidad
La norma de conflicto suele ser general y abstracta, ya que busca resolver problemas de tráfico
externo que involucran diversas instituciones, lo que requiere un desarrollo normativo extenso
para su aplicación interna. Por ejemplo, tres artículos de la LDIPr abordan la mayoría de estos
problemas, mientras que el Código Civil dominicano los trata en más de trescientos artículos.
Esta generalidad implica un distanciamiento de las circunstancias específicas de cada caso
litigioso. Además, la formulación general de una norma de conflicto puede ser una decisión de
política legislativa, justificada por ciertos objetivos materiales.
B) Rigidez
La rigidez de la norma de conflicto se considera una característica que puede hacer que el método
sea inflexible y poco adaptable a casos específicos. Esta rigidez está relacionada con el punto de
conexión elegido y su formulación. Por ejemplo, según el artículo 54 de la LDIPr, la sucesión
intestada en el Derecho dominicano se rige por la ley del domicilio del causante al momento de
su fallecimiento, lo que puede generar problemas si la conexión cambia con el tiempo. Sin
embargo, esta norma incluye una concreción temporal que permite cierta flexibilidad en la
elección de la ley aplicable.
C) Neutralidad
La neutralidad es otra de las características que definen pretendidamente a la norma de conflicto
como técnica de reglamentación. Su propio objeto, la localización del supuesto litigioso en un
ordenamiento determinado, tendría como consecuencia la ausencia de toda consideración de
contenido material del Derecho extranjero y, en general, de los Derechos en presencia. El
planteamiento poseía un evidente contenido dogmático pues se consideraba que las normas de
conflicto, al ser inmunes a cualquier consideración material, podían ser válidas para cualquier
sistema jurídico con independencia de su encuadre sociopolítico o histórico. Semejante enfoque
entró en crisis en el primer tercio del siglo xx.
En este punto las soluciones ofrecidas por el legislador dominica no en los arts. 29 a 79 LDIPr
coinciden en gran parte con las teorías norteamericanas que nacieron como un movimiento de
rechazo a la redacción del primer Restatement sobre conflicto de leyes, elaborado en los Estados
Unidos por J. H. Beale (1934), inspirado en las corrientes europeo-continentales y basado en un
sistema de normas de conflicto tradicional. La falta de consideración del contenido material de
los Derechos en presencia convertía a este tipo de normas de conflicto, al juicio de estas teorías,
en un procedimiento ciego de solución de conflictos de leyes, que no atendía a los intereses del
caso concreto y se mostraba puramente formal e inadecuado para obtener la justicia material, que
quedaría desplazada por un método puramente geográfico.
5. Soluciones correctivas
A) Normas localizadoras especiales
El método conflictual no es inherentemente general, y puede ser ajustado mediante la creación de
normas de conflicto más específicas. El legislador puede establecer diversas normas especiales
relacionadas con el Derecho de sucesiones, abordando aspectos como la sucesión intestada, la
herencia, los legados, las legítimas y la validez de testamentos. La especialización de estas
normas es una estrategia útil para contrarrestar la generalidad, especialmente en áreas del
Derecho privado donde las relaciones jurídicas y las disputas son más específicas. En el ámbito
de las obligaciones no contractuales, se pueden encontrar ejemplos de esta especialización.
C) Orientación material de la norma de conflicto
La norma de conflicto, aunque parece neutral y no toma en cuenta el contenido material del
Derecho aplicable, incorpora consideraciones de política legislativa en su conexión. Autores
norteamericanos han propuesto métodos alternativos que permiten flexibilidad en la resolución de
problemas y consideran el contenido material. Si el Estado del foro tiene un interés legislativo en
el caso concreto, no se aplicará el Derecho extranjero.
6. Soluciones sustitutivas
A) Normas materiales imperativas
La neutralidad en la norma de conflicto puede llevar al uso de un ordenamiento extranjero que no
respete los valores fundamentales del foro. Las normas materiales imperativas son necesarias
para asegurar que se considere el respeto a estos valores públicos esenciales al determinar el
Derecho aplicable. F. K. von Savigny mencionó normas que excluyen ciertas materias de la
localización de relaciones jurídicas, como la prohibición de la poligamia, que son tan imperativas
que no pueden ser ignoradas por un Derecho extranjero. A pesar de que el método conflictual
pueda permitir la aplicación de un sistema extranjero, existen normas en el Derecho dominicano
que deben ser respetadas.
B) Normas materiales especiales
Las normas materiales imperativas buscan evitar la neutralidad en la localización de conflictos,
mientras que las normas materiales especiales de Derecho internacional privado ofrecen una
alternativa a las normas de conflicto y su efecto nacionalizador. Estas normas responden
directamente a situaciones de tráfico externo, incorporando el elemento de extranjería en su
aplicación. Se diferencian por establecer consecuencias jurídicas específicas y proporcionar
respuestas sustanciales distintas a las del Derecho del foro en casos de tráfico interno. Su
inclusión en un sistema de Derecho internacional privado mejora el principio de especialización.
C) Normas de extensión
Las normas de extensión permiten que, en ciertos casos, se aplique la ley del foro a situaciones
específicas, en función de intereses legislativos o conexiones particulares con el ordenamiento del
foro. Estas normas actúan como excepciones a la solución general de la norma de conflicto. Un
ejemplo es la ley dominicana que permite adoptar medidas provisionales de protección para
personas incapaces, a pesar de la congelación general de la ley aplicable. En resumen, la norma
de extensión tiene una formulación unilateral que justifica su aplicación en contextos específicos.
II. DETERMINACIÓN INDIRECTA DE LA LEY APLICABLE
1. Imperatividad de la norma de conflicto
Las normas de conflicto son generalmente consideradas obligatorias e imperativas, aplicándose
de oficio por el intérprete. No obstante, algunos autores proponen una interpretación dispositiva
que permitiría a las partes elegir entre la lex fori y el Derecho material indicado por la norma de
conflicto, especialmente en áreas donde se busca evitar la justicia de menor calidad por las
dificultades de aplicar el Derecho extranjero. Esta opción se argumenta con mayor fuerza en el
Derecho patrimonial, aunque también podría extenderse a sectores como el Derecho de familia,
debido al principio de autonomía de la voluntad. Sin embargo, la mayoría de la doctrina científica
se opone a esta interpretación.
2. Sucesión en el tiempo de normas de conflicto
La sucesión temporal de normas de conflicto puede deberse a diversas causas que requieren
soluciones específicas. En el contexto de un sistema jurídico basado en leyes, es común que esta
sucesión se refiera a normas de conflicto de origen legal. Actualmente, destaca la sucesión de
normas de conflicto de carácter convencional, impulsada por la evolución de la codificación
internacional y la importancia de la sucesión de tratados sobre el mismo tema. Esto ha llevado a
la inclusión de cláusulas de compatibilidad en los convenios, generando complejos problemas de
interpretación relacionados con la delimitación de normas de origen convencional. La aplicación
temporal de las normas de Derecho internacional privado es especialmente relevante en este
contexto.
3. Supuesto de hecho de la norma de conflicto
A) Caracterización
El supuesto de hecho de la norma de conflicto es una categoría o institución jurídica en la que
queda contemplada una determinada situación privada internacional. Incluye, pues, la precisión
de la materia regulada por dicha norma a través del empleo de categorías generales del
ordenamiento jurídico. En la LDIPr dichas categorías pueden comprender:
derechos subjetivos: v. gr., «derechos de la personalidad. (art. 33), «nombre y apellidos (art. 34),
«alimentos» (art. 53) relaciones jurídicas: v. gr., «ejercicio de acciones civiles» (art. 30),
«administración provisional de los bienes del fallecido» (art. 36), relaciones personales entre
cónyuges» (art. 42) o «relaciones patrimoniales en el matrimonio» (art. 43).
instituciones jurídicas: v. gr., «capacidad y estado civil» (art. 31), <declaración de desaparición o
de fallecimiento (art. 35), «nulidad del matrimonio (art. 46), «divorcio y separación judicial» (art.
47), «adopción» (art. 50). «responsabilidad parental» (art. 51), «sucesiones» (art. 54), donaciones
(art. 57), «contratos» (art. 58). «obligaciones extracontractuales (art. 69) o posesión y derechos
reales» (art. 76).
A la hora de elaborar el subsistema de determinación del Derecho aplicable contenido en el
capítulo 1 del título III de la LDIPr, el legislador dominicano tuvo que decantarse por un dilema
inicial. Establecer en los supuestos de hecho de las normas de conflicto los distintos aspectos de
una relación o de una institución jurídica y someterlos en bloque a una misma regulación, o
disociar aspectos distintos de dicha relación o institución, con autonomía propia, atribuyendo a
cada uno de ellos soluciones diversas. La opción por esta segunda técnica ha evitado las
deficiencias de los sistemas denominados «de ley única». El ejemplo de la ordenación del
matrimonio es particularmente expresivo.
B) Problemas de delimitación y calificación
La pluralidad de métodos de reglamentación y la variedad de normas reguladoras, así como la
diversidad de fuentes, hace posible que un mismo supuesto de hecho se halle en todo o en parte
regulado por varias normas de Derecho internacional privado, o sea susceptible de serlo. Para
elegir aquella norma concreta que ha de resolver el supuesto, se recurre a una operación de
«delimitación». La delimitación entre las normas contenidas en la LDIPr puede ser necesaria, en
principio, para concretar las normas de conflicto del propio sistema. La interpretación que supone
elegir una norma de conflicto implica un proceso de acotación del ámbito de aplicación material
de las distintas normas de conflicto del foro.
El problema apuntado tuvo (y aún tiene) una importancia considerable en los sistemas que
contaban o cuentan con un reducido número de normas de conflicto, hecho que obliga a deslindar
la acción de las normas de conflicto que pueden inicialmente tener puntos de contacto por su
contenido, por la materia regulada. El caso típico en estos sistemas es el de la capacidad de la
mujer casada, que puede ser incluido en la norma de conflicto referida a los efectos personales
del matrimonio o, igualmente, en la norma general sobre capacidad de obrar, y otro tanto sucede
con la transferencia de la propiedad a título contractual, que presenta contactos tanto con la
norma relativa a las obligaciones contractuales, como con la referida a los derechos reales. La
especialización y diversificación practicada por la LDIPr ha reducido el problema hasta el punto
de que el legislador dominicano no ha considerado oportuno incluir una norma que resuelva el
problema de la calificación del supuesto de hecho de la norma de conflicto.
Cabe recordar que la operación de calificación consiste en subsumir los hechos del supuesto
práctico, el contenido de la relación litigiosa, la pretensión o relación jurídica, en una categoría o
concepto jurídico determinado. Dicha operación de calificación para determinar la norma de
conflicto aplicable ha de hacerse con arreglo a la ley del foro. La justificación de la calificación
ex lege fori, frente a la posibilidad de aplicar a la misma, eventualmente, la ley extranjera
designada por la propia norma, la lex causae, es múltiple y variada: inexistencia de un lenguaje
jurídico común del que se sirvan todos los ordenamientos estatales; presunción de que el
legislador ha querido defender la cohesión interna del ordenamiento estatal, imponiendo un
catálogo único y común de calificaciones; incapacidad del sistema judicial del foro para poder
llegar a comprender y utilizar auténticamente las calificaciones extranjeras; la indiscutible
superioridad de la lex fori respecto a las leyes extranjeras; razones de política legislativa que
supeditan la norma de colisión al servicio de unos intereses nacionales, etc.
4. Punto de conexión
A) Concepto y clasificación de los puntos de conexión El punto de conexión de una norma de
conflicto consiste en una circunstancia fáctica o en un elemento jurídico que permite atribuir a
una categoría jurídica la aplicación de una concreta ley (nacionalidad, domicilio, residencia
habitual, lugar de situación de un bien, lugar de ejecución de un contrato, lugar donde ocurre un
hecho ilícito, etc.). Dentro de cada sistema estatal de normas de conflicto, existen distintos
criterios de localización de las relaciones privadas internacionales, que se justifican por razones
históricas y de oportunidad.
Los puntos de conexión son susceptibles de múltiples clasificaciones. En primer término, cabe
distinguir los puntos de conexión fácticos, compuestos de uno o varios elementos de carácter
circunstancial o puramente fáctico (lugar de situación de un bien, residencia habitual...), de los
puntos de conexión jurídicos, que no se refieren a una realidad de hecho, sino a un vínculo o
situación de Derecho (domicilio, nacionalidad, lugar de celebración del contrato...).
En segundo lugar, en atención a su carácter permanente o variable, se distingue entre puntos de
conexión mutables (nacionalidad, domicilio, residencia habitual, situación de un bien mueble...) y
pun tos de conexión inmutables (lugar de celebración de un acto, lugar de situación de un bien
inmueble...). En tercer lugar, se contraponen los puntos de conexión subjetivos, referidos a los
sujetos de la relación jurídica (nacionalidad, residencia habitual, domicilio...), a los puntos de
conexión objetivos, relativos a circunstancias de la relación jurídica independientes de sus sujetos
(lugar de celebración de un acto, lugar de situación de un bien...).
En cuarto lugar, próxima a la distinción anterior se halla la que atiende al carácter personal o
territorial de las conexiones. Las primeras conectan el supuesto directamente con la persona,
siendo el punto de conexión personal por excelencia la nacionalidad. Las segundas conectan
directamente el supuesto con el territorio de un determinado Estado; estas últimas pueden ser
tanto conexiones subjetivas (domicilio, residencia habitual) como puramente objetivas (lugar de
celebración de un acto, de situación de un bien, o de producción de determinados efectos). Por
último, por el grado de flexibilidad que introducen en la norma, se habla de puntos de conexión
determinados o «cerrados», caracterizados por la rigidez que imprimen a la reglamentación
(nacionalidad, domicilio, etc.), y de puntos de conexión indeterminados o <abiertos», que
confieren a la norma cierta flexibilidad (autonomía de la voluntad, vínculo más estrecho, etc.).
Conviene recordar, en todo caso, que, en atención a la acumulación de conexiones en una misma
norma, y, en especial, a la relación que guardan dichas conexiones entre sí, se distingue entre
conexiones alternativas, subsidiarias, cumulativas, acumulativas, etc.
B) Alteración ocasional del punto de conexión: el conflicto móvil Se denomina conflicto móvil a
la alteración del punto de conexión en el tiempo (cambio de residencia, de nacionalidad, de lugar
de situación de un bien, etc.). Los puntos de conexión mutables, que pueden modificarse por el
transcurso del tiempo, requieren una precisión temporal. A menudo, el propio legislador procede
a precisar temporalmente la conexión, evitando el conflicto móvil, como ocurre en la LDIPr. Así,
el art. 34 establece el domicilio para determinar la ley rectora de los nombres y apellidos de una
persona «en el momento de su nacimiento, o el art. 54 recurre, en materia de sucesiones, a la ley
del domicilio del causante «en el momento de su fallecimiento». Pero no son los únicos supuestos
donde se precisa el momento en que debe considerarse la ley aplicable. Tal determinación posee
una importancia esencial en materia de relaciones entre cónyuges (arts. 42 y 44). divorcio (art.
47), incapacidad para contratar (art. 67), forma de los contratos (art. 68), o para la precisión del
momento en que se produce el daño (art. 69).
Tradicionalmente, la solución del conflicto móvil se ha basado en la aplicación analógica de los
principios del Derecho transitorio, atribuyendo competencias respectivas a la ley anterior y
posterior de acuerdo con los criterios vigentes en el Derecho transitorio interno, aplicados por vía
de analogía. Siguiendo este criterio, la ley anterior a la modificación del punto de conexión
regiría las situaciones instantáneas o agotadas antes de dicha modificación, en tanto que la nueva
ley pasaría a regir el contenido y los efectos duraderos o permanentes de dicha relación. Este
recurso interpretativo genera en la práctica más problemas de los que resuelve. Se trata, por una
parte, de un criterio de interpretación excesivamente formalista y, de otro, no tiene en cuenta que
el conflicto móvil no genera ningún conflicto de leyes en el tiempo, sino un conflicto de leyes en
el espacio.
Conforme a esta caracterización del problema, el conflicto móvil debe resolverse de acuerdo con
los criterios propios de los conflictos de leyes en el espacio, es decir, del Derecho internacional
privado. En este sentido, el conflicto móvil no puede tener una solución general, sino particular.
En cada caso concreto, la precisión temporal de la conexión debe hacerse a favor de aquella ley
que mejor refleje la finalidad u objetivo del legislador. El cambio de nacionalidad de los
cónyuges, del testador, del adoptado o el cambio de situación de un bien mueble, provocan la
contraposición de dos leyes materiales distintas: la anterior y la nueva.
La solución del problema de la ley aplicable depende del grado de permanencia de la relación o
aspecto litigioso y se centra en mu- chas ocasiones en un problema de adaptación de ambas leyes
o de trasposición de determinadas instituciones, por lo que resulta más adecuado, en defecto de
solución legal expresa, atender a la especialidad del caso concreto para proceder a darle una
respuesta específica.
C) Alteración fraudulenta del punto de conexión: el fraude a la ley
La mutabilidad de ciertos puntos de conexión puede facilitar alteraciones fraudulentas para
modificar el Derecho aplicable en beneficio del defraudador. Un caso emblemático es el de la
condesa de Caraman-Chimay, quien, tras separarse de su marido en Francia en 1874, se trasladó a
Alemania para obtener un divorcio y naturalización. Posteriormente, contrajo nuevas nupcias en
Berlín y regresó a Francia, lo que llevó a su primer marido a solicitar que se declarara su bigamia
ante los tribunales franceses.
III. APLICACIÓN DE LA LEY EXTRANJERA
1. Lex fori versus lex causae

La norma de conflicto presenta una disyuntiva entre aplicar la ley del foro o una ley
extranjera. En la práctica, se tiende a priorizar el Derecho del foro, influenciado por
normas imperativas, la dificultad de localizar el ordenamiento extranjero, y la flexibilidad
en los puntos de conexión. Además, se consideran factores como la competencia residual
del foro ante la imposibilidad de aplicar el Derecho extranjero y la prevalencia de la
nacionalidad del foro en casos de nacionalidades concurrentes, lo que favorece una mayor
aplicación del Derecho local.
2. El problema general de la aplicación del Derecho extranjero
La aplicación de un Derecho extranjero es una realidad común en muchos sistemas
jurídicos, que cuentan con normas de conflicto que permiten regular situaciones privadas
internacionales bajo un ordenamiento ajeno. Sin embargo, la aplicación de este Derecho
extranjero requiere ciertas consideraciones. En primer lugar, el conflicto puede llevar a la
aplicación de la ley extranjera, entendida no solo como una norma específica, sino como
el conjunto del ordenamiento jurídico en general. Esto implica que la norma de conflicto
se refiere a la totalidad del Derecho extranjero, no limitándose a una ley formal
específica.
3. Aplicación del Derecho público extranjero
El Derecho internacional privado clásico ha rechazado la intervención del Derecho
público en sus ámbitos, incluyendo el Derecho aplicable, basándose en tres argumentos
principales. Primero, se argumenta que la naturaleza jurídico-privada de las cuestiones
tratadas impide la inclusión del Derecho público extranjero, ya que esto podría
comprometer la soberanía estatal. Segundo, se destaca la naturaleza territorial de este
marco normativo, que limita su aplicación a los tribunales del Estado donde se originó.
Por último, se mencionan consideraciones de orden público. En consecuencia, se sostiene
que el Derecho internacional privado se ocupa únicamente de ciertos conflictos de leyes
internacionales, no de todos.
IV. APLICACIÓN DEL DERECHO MATERIAL EXTRANJERO
1. Supuestos de inadaptación y soluciones
La norma de conflicto se encarga de identificar el Derecho extranjero aplicable a un caso
específico, sin interferir en el Derecho del foro. Los "conflictos de calificaciones" surgen
cuando se aplican múltiples normas de conflicto que remiten a diferentes Derechos
materiales. En estos casos, especialmente cuando se aplican simultáneamente la lex fori y
un Derecho extranjero, las categorías y normas del tribunal juegan un papel crucial en la
resolución del litigio.
2. Conflicto internacional transitorio
Con esta denominación se conoce en el Derecho internacional privado al problema derivado de la
modificación en el tiempo de las normas materiales del Derecho extranjero declarado aplicable
por la norma de conflicto del foro. Se han señalado dos vías para solucionar los conflictos
internacionales transitorios:
i) Una primera consistiría en aplicar los principios de Derecho transitorio de la lex fori, al
considerar que solo las normas materiales extranjeras tienen carácter extranjero en razón de su
origen. Semejante solución no resulta de recibo por implicar una desnaturalización del
ordenamiento reclamado por la norma de conflicto del foro.
ii) Optar por la aplicación de las disposiciones transitorias del Derecho extranjero. No cabe duda
de que este último es un recurso más acorde con el «principio de integridad del Derecho material
extranjero y con el papel limitado atribuido a la norma de conflicto del foro, cuya función
concluye en la designación del Derecho extranjero reclamado, siendo este (la lex causae) el
encargado de concretar la norma material que ha de aplicarse al supuesto.
Esta segunda posibilidad es la elegida por el art. 82 LDIPr al establecer que «La ley extranjera se
aplica según sus criterios de interpretación y de aplicación en el tiempo».
Ahora bien, la aplicación de las normas de Derecho transitorio de la lex causae, admitida como
principio general, cederá en favor de la aplicación de los criterios transitorios de la lex fori
cuando sea materialmente imposible determinar el contenido de las disposiciones transitorias de
la ley extranjera, o bien cuando sean susceptibles de contrariar el orden público internacional del
foro. Esta última posibilidad es particularmente factible si el legislador extranjero ha puesto en
vigor normas materiales imperativas o disposiciones de carácter retroactivo, susceptibles de
lesionar determinados derechos individuales o principios jurídicos sólidamente asentados en la
lex fori, esto es, con valor de orden público.
una excepción al principio de aplicación de las disposiciones transitorias de la lex causae, radica
en la movilidad de la situación de hecho, en la desvinculación del supuesto en un momento dado
respecto del Derecho extranjero, hecho este que puede justificar la inaplicación de las
disposiciones posteriores de la lex causae, aunque así lo determinen sus normas de Derecho
transitorio.
Una última excepción de carácter especial y de singular importancia tiene lugar en materia de
obligaciones contractuales. A través de las denominadas «incorporaciones por referencia», y
debido a motivos económicos, de conveniencia o de mayor grado de desarrollo de determinados
ordenamientos, las partes contratantes pueden incluir en el contrato una remisión a determinadas
normas de un ordenamiento estatal o de un convenio internacional, tal y como rigen en un
momento determinado.
3. Exclusión de la ley material extranjera: la excepción de orden público
A) Precisión de la noción
El artículo 7.2° de la LDIPr define el "orden público en sentido amplio" como
disposiciones o principios imperativos que no pueden ser modificados por la voluntad de
las partes. Esta definición se refiere a la dimensión "negativa" del orden público, mientras
que la dimensión "positiva" se aborda en el artículo 86, que establece que no se aplicará la
ley extranjera si sus efectos son incompatibles con el orden público internacional. La
evaluación de esta incompatibilidad se basa en la relación de la situación jurídica con el
orden jurídico dominicano y la gravedad de los efectos de la ley extranjera. Esto actúa
como un "correctivo funcional" que permite evitar la aplicación de leyes extranjeras que
sean manifiestamente incompatibles con el orden público internacional, el cual se detalla
en el artículo 7.3°.
B) Delimitación
El art. 86 se refiere a la eventual contradicción de la ley material extranjera con el orden público,
noción que constituye un «concepto jurídico indeterminado», por lo que las dificultades para el
intérprete surgen al tratar de delimitar en qué consiste tal noción. La interpretación entraña, al
menos, dos operaciones. En primer lugar, requiere precisar cuál es el significado del «orden
público» en el ordenamiento del foro (i). En segundo término, es menester conocer cómo se lleva
a cabo la apreciación de los dos elementos normativos en presencia, para establecer si la ley
extranjera resulta o no contraria al «orden público>>> y, por tanto, procede su aplicación o
inaplicación al caso (ii).
i) El concepto de orden público. No es privativo de la norma que se comenta, pues el legislador lo
emplea también en muchas otras normas del ordenamiento dominicano que pertenecen a sectores
muy diferentes. Y aun si nos limitamos a las normas de Derecho internacional privado la
conclusión que se alcanza es la misma, ya que en sus diferentes dimensiones existen normas que
también se refieren al «orden público». Basta observar, en efecto, si la misma expresión, «orden
público», es empleada ampliamente por los legisladores estatales, sobre todo en el sector de las
normas administrativas. Aquí, en concreto, el concepto se vincula con la protección de una
situación social concreta, imprescindible en cualquier comunidad estatal: el orden y la paz
públicos. Porque desde una dimensión negativa se alude a la prevención y sanción aquellos actos
o conductas susceptibles de alterar el orden público, Dimensión esta que lógicamente también
encontramos en el sector de las normas penales. Bajo este significado, el orden público expresa
una particular situación de paz social y de seguridad en una comunidad estatal. Esta situación o
estado de la sociedad es la que permite tanto el normal desarrollo de la convivencia y de las
actividades humanas como el normal funcionamiento de las instituciones y el ejercicio de los
derechos por los particulares. Mas si se tiene en cuenta que esta situación de paz social y de
seguridad pública se considera un bien jurídico o un valor jurídico de especial importancia para el
propio ordenamiento estatal, no debe sorprender que sea objeto de especial protección por medio
de normas administrativas y penales que previenen o sancionan aquellas conductas que puedan
alterar o perturbar esta situación.
ii) Orden público en sentido normativo. Desde esta perspectiva el <<orden público» constituye el
sistema ideal de valores en el que se inspira el ordenamiento jurídico en su totalidad. Si se quiere,
el conjunto de concepciones fundamentales del Derecho que caracterizan, en un determinado
momento histórico, a una comunidad estatal.
En este mismo sentido, antes de la entrada en vigor de la Ley 544-14, la Suprema Corte de
Justicia tuvo ocasión de interpretar lo que entiende por orden público:
Debe entenderse por orden público el conjunto de normas en que reposa el bienestar común, ante
las cuales, por interesar a la sociedad en general y como ente colectivo, ceden los derechos de los
particulares (SCJ, 1ª Sala, 13 de febrero de 2013, Núm. 28, B.J. Núm. 1227)
El orden público está constituido por el conjunto de principios funda mentales de diversas índoles
que constituyen la base social sobre la cual se asienta la comunidad como sistema de convivencia
jurídica y que garantía un ambiente de normalidad con justicia y paz (SCJ, 1ª Sala, 27 de julio de
2012, Núm. 23, B.J. Núm. 1220).
Una norma de orden público es aquella por la cual se protege un interés general. Toda la materia
de familia y de divorcios es de orden público (SC), 1ª Sala, 11 de septiembre de 2013, Núm. 28,
B.J. Núm. 1234) Las normas de orden público pueden ser suplida[s] de oficio por los jueces en
todo estado de causa (SCJ, 1ª Sala, 13 de febrero de 2013, Núm. 28, B.J. Núm. 1227).
Por último, el art. 86 presupone una remisión a la ley extranjera, declarada aplicable por una
norma de conflicto multilateral del foro (de las contenidas en el capítulo I del título III LDIPr) y
su finalidad es excluir la aplicación de la ley extranjera que resulte contraria al or- den público.
Ello implica una función de signo negativo o excluyente que se justifica por la protección de los
valores jurídicos fundamentales del ordenamiento del foro. Y, precisamente por su significado
negativo o excluyente, puede considerarse que constituye el cauce jurídico de depuración de
cualquier normatividad extranjera que atente contra dichos valores fundamentales, esto es, un
filtro o una válvula de seguridad frente al Derecho extranjero. Pero debe subrayarse que, si este
precepto produce un efecto principal, la depuración de Deus extranjero, a la luz de los valores
jurídicos fundamentales del ordenamiento del foro, asegurando así su integridad y su coherencia
interna, también nos indica, en contrapartida, cuál es el efecto ulterior de esta exclusión. En
concreto, su párrafo II dispone que, admitida la incompatibilidad, «se aplicará la ley señalada
mediante otros criterios de conexión eventualmente previstos para la misma norma de conflicto y,
si esto no es posible, se aplicará la ley dominicana».
C) Características
Desde esta especial perspectiva, que presupone la puesta en marcha del método de atribución, el
orden público ofrece en el Derecho inter nacional privado de cada sistema estatal las siguientes
características:
i) Excepcionalidad. La ley extranjera reclamada ha de implicar una contradicción «manifiesta con
los principios jurídicos fundamentales, sin que sea suficiente una mera referencia de contenido.
Por esa razón el precepto que se comenta incluye la expresión «manifiestamente incompatible»
siguiendo el modelo de los Convenios de Derecho Internacional Privado emanados de la
Conferencia de La Haya y de la CIDIP, que incorporan esta cláusula para mitigar el rigor de la
norma. En definitiva, la ley extranjera ha de implicar una contradicción <<manifiesta con los
principios jurídicos fundamentales, sin que sea suficiente, como se ha indicado, una mera
diferencia de contenido.
ii) Territorialidad. El orden público se caracteriza por la territorialidad; es decir, el rechazo del
Derecho extranjero opera únicamente res pecto al orden público del foro. Este es un punto de
diferencia notable respecto de la dimensión positiva del orden público, en el sentido de permitir
la aplicación de normas imperativas de la lex causae o incluso de las pertenecientes a un tercer
ordenamiento.
iii) Relatividad. El orden público está impregnado de una nota de relatividad, que se manifiesta
tanto en el tiempo como en el espacio. Este último supuesto implica que la intervención del orden
público de pende en gran medida de la proximidad de la relación jurídica debatida con el foro; a
mayor conexión, mayores posibilidades de actuación del orden público.
iv) Temporalidad. Por lo que respecta a la incidencia del factor tiempo en la configuración del
orden público, la solución unánime es la de su apreciación por el juez en el momento presente;
esto es, debe estarse a la «actualidad del orden público.
4. Exclusión de la ley material extranjera: imposibilidad material de su aplicación
El principio de imperatividad de la norma de conflicto sugiere que una demanda puede ser
desestimada si las partes no alegan o prueban adecuadamente el Derecho extranjero. Sin
embargo, esta interpretación podría contradecir el principio de tutela judicial efectiva, ya
que desestimar una pretensión solo por la falta de alegación y prueba del Derecho
extranjero no aborda el fondo del asunto, sino que sanciona de manera desproporcionada
la conducta procesal de las partes, impidiendo así una resolución justa.

V. APLICACIÓN DEL DERECHO INTERNACIONAL PRIVADO


EXTRANJERO

1. Reenvío
A) Concepto, clases y presupuestos
El reenvío surge del "conflicto negativo de leyes", donde tanto la norma de conflicto
del foro como la de la ley extranjera se declaran incompetentes para regular un caso.
Esta técnica considera la norma de conflicto del sistema extranjero. Un ejemplo
notable es la sentencia del Tribunal de Casación francés del 24 de junio de 1878 en el
caso Forgo, donde un bávaro que vivió en Francia sin renunciar a su domicilio en
Baviera falleció sin herederos. El Estado francés reclamó sus bienes muebles, pero
parientes colaterales en Baviera se opusieron, basándose en el artículo 768 del Código
Civil francés.
B) Justificación de su exclusión
El legislador dominicano, a través del artículo 85, ha optado por una solución radical
en el ámbito del Derecho internacional privado, excluyendo el reenvío. Esto significa
que la ley extranjera designada por la norma de conflicto se aplica de manera directa,
sin considerar las normas de conflicto de otros sistemas, incluido el dominicano. Esta
postura contrasta con el reenvío, que implica que el juez debe tratar el caso como si
fuera del país cuya ley se aplica, considerando también las normas de conflicto de ese
sistema.

Delaware
En las legislaciones modernas de Derecho internacional privado, especialmente en la
Unión Europea y en América Latina, se establece de manera expresa la exclusión de las
normas de conflicto de leyes. La Convención CIDIP de 1994, por ejemplo, define el
"Derecho" como el vigente en un Estado, excluyendo sus normas de conflicto. En muchos
textos convencionales, la aplicación del Derecho material extranjero también se da de
forma implícita, ya que se refieren a la "ley interna" o establecen que la ley designada
solo puede ser eludida si es incompatible con el orden público. Por lo tanto, no se podrá
aplicar la ley designada si se presentan ciertas condiciones.
2. Remisión a un sistema plurilegislativo
Los Estados plurilegislativos se caracterizan por tener múltiples leyes que pueden regular
la misma situación, lo que genera conflictos de leyes. Estos conflictos pueden surgir en
Estados federales como EE. UU., Australia y México, así como en Estados unitarios con
descentralización jurídica como el Reino Unido y España. Además, existen sistemas
plurilegislativos basados en la identidad religiosa, étnica o tribal de las personas en países
como Grecia, Argelia, Marruecos, y otros. En todos estos casos, la aplicación de normas
puede complicarse al remitir a la ley de otro Estado.

VI. APLICACIÓN JUDICIAL Y EXTRAJUDICIAL DEL DERECHO


EXTRANJERO

1. Consideración del Derecho extranjero

La aplicación del Derecho extranjero en el foro representa la etapa final del método de
atribución, asegurando que la norma de conflicto se mantenga intacta. Sin embargo, esto
genera una contradicción entre el sistema del foro y el sistema extranjero, ya que ambos
tienen tratamientos procesales diferentes. El principio "iura novit curia" no se aplica al
Derecho extranjero, y el adagio "da mihi facti, dabo tibi ius" no incluye el Derecho
extranjero como parte del ius. A pesar de esto, el Derecho extranjero, una vez acreditado,
es considerado auténtico Derecho que el juez debe aplicar para resolver la controversia, lo
que le otorga una consideración procesal especial.
2. Prueba
A) Contenido
El proceso de localización en el Derecho internacional privado dominicano permite la
aplicación de un Derecho extranjero, lo que enriquece los sistemas jurídicos. En este
contexto, las normas de conflicto del LDIPr no se limitan a la "ley" en sentido formal,
sino que abarcan el ordenamiento jurídico en su totalidad, incluyendo diversas fuentes
como la Constitución y costumbres. Además, el artículo 83 del LDIPr establece que
no hay restricciones en la aplicación de normas de sistemas extranjeros,
independientemente de su carácter público o privado.

B) Responsabilidad de la carga

El principio de alegación de parte que se inserta en el art. 81 y que se confirma en el


art. 82 no impide que el juez participe activamente en la indagación y aplicación del
Derecho extranjero. Sin embargo, es conveniente analizar si el propio conocimiento
del juez acerca del Derecho extranjero puede suplir la carga de la prueba del mismo
por las partes e, incluso, su invocación. Es posible que, ante la pasividad de las partes,
el juez anteponga su propio conocimiento privado acerca del Derecho extranjero; no
en vano, en algunos casos, la cultura jurídica del juzgador le permite conocer sin duda
alguna el contenido del Derecho extranjero sobre ciertos particulares.

No es intención del art. 81 que el juez pueda suplir la prueba del Derecho extranjero
merced a su propio conocimiento. El Derecho extranjero debe ser probado y dicha
prueba compete, en principio, a las partes. El juez puede tomar la iniciativa para
recabar los medios probatorios suficientes para confirmar el contenido del Derecho
extranjero, independientemente de que lo conozca o no, pero no puede suplir la
necesaria prueba del Derecho extranjero, que debe constar siquiera mínimamente en
autos, mediante su subjetivo conocimiento del Derecho extranjero. La consideración
fáctica del Derecho extranjero hasta el momento de su prueba aconseja la existencia
en el procedimiento de un principio mínimo de prueba requerido como garantía
constitucional, al tiempo que evita una decisión del juez que pudiera resultar
arbitraria. Para ello, entre otras alternativas, la solución adoptada en el referido
precepto se orienta en el sentido de que la función judicial se lleva a cabo a través de
una colaboración entre el juez y las partes. Los interesados deben alegar la normativa
extranjera que estimen aplicable al supuesto, pero si el juez conoce el contenido del
Derecho extranjero debe darle aplicación.

En orden al momento procesal oportuno para alegar, el Derecho extranjero cabe


afirmar que, con carácter general, deberá tener lugar durante aquellas etapas del
proceso que permiten la aportación al mismo de elementos fácticos. Dichas etapas
serían básicamente la demanda y la contestación y, en cuanto lo pedido inicialmente
no se vea alterado, en eventuales escritos de réplica o dúplica. Debe reconocerse, sin
embargo, que la práctica en otros sistemas registra una gran flexibilidad embargo, to
al momento para la aportación del Derecho extranjero, cuya prueba ha deberá
efectuarse en la correspondiente fase probatoria, si bien prueba impide, a mayor
abundamiento, que en los escritos de alegaciones se acompañe prueba documental del
Derecho extranjero, como documento en que la parte interesada funda su pretensión.
A pesar de esta flexibilidad, la alegación del Derecho extranjero por las partes o, en su
caso, a instancias del órgano jurisdiccional, solo debe admitirse en aquellas fases del
procedimiento que faciliten el debate jurídico sobre dicha cuestión.

C) Contenido de la prueba

En orden al contenido de la prueba de la ley extranjera, debe con- firmarse, con


carácter general, su vigencia y su aplicación al caso concreto de dicha ley. El grado de
intensidad de la prueba corresponderá apreciarlo a los tribunales de justicia, en
especial en lo relativo a la suficiencia de la mera cita aislada de preceptos específicos,
o a la necesidad de una acreditación de mayor envergadura. El principio de alegación
por las partes debe llevarse hasta sus últimos extremos exigiendo, no solo estrictos
medios de prueba, sino también una certeza absoluta acerca del contenido del Derecho
extranjero.

Si las partes no invocan o manifiestan una total pasividad en la prueba del Derecho
extranjero, la opción más adecuada es que el juez no debe desestimar la pretensión,
sino tomar la iniciativa en la obtención de dicha acreditación. Si las partes tienen
derecho a invocar y probar el Derecho extranjero, y han de tener en todo caso la
posibilidad de debatir en torno a dicha prueba y a su propia aplicación, ello no soslaya
la obligación del juez de aplicar de oficio la norma de conflicto y de garantizar que el
litigio sea resuelto conforme al Derecho extranjero reclamado. En este caso, los costes
derivados de la prueba se impondrán al demandante pasivo en la correspondiente
condena en costas, propiciando una sanción proporcionada a su falta de iniciativa. El
apartado 1 del art. 81 permite al juez el empleo del cauce de la asistencia judicial
internacional y en tal sentido resulta obligado referirse a los arts. 408 a 413 del
Código Bustamante de 1928 en el marco de su reducido ámbito de aplicación y a la
Convención Interamericana sobre prueba e información acerca del Derecho
extranjero, hecha en Montevideo el 8 de mayo de 1979, de la que son parte argentina,
Colombia, Ecuador, España, Guatemala, México, Paraguay Perú, Uruguay y
Venezuela.

Las utilidades de este último instrumento internacional ameritan la necesidad de que


la República Dominicana se incorpore cuanto antes a la misma. Se trata de un texto
elaborado en el seno de la CIDIP II que establece un sistema de cooperación
internacional entre los Estados miembros para la obtención de los elementos
probatorios e información acerca del Derecho de cada uno de estos. Dichos elementos
probatorios comprenderán «el texto, vigencia, sentido y alcance legal de su Derecho»
(art. 2) y se incorporan dentro de unos medios idóneos» (art. 3) tales como: a) la
prueba documental, consistente en copias certificadas de textos legales con indicación
de su vigencia, o precedentes judiciales; b) la prueba pericial, consistente en
dictámenes de abogados o expertos en la materia; y c) los informes del Estado
requerido sobre el texto, vigencia, sentido y alcance legal de su Derecho. Las
solicitudes deberán contener una indicación precisa de los elementos probatorios que
se solicitan y consignarán cada uno de los puntos a que se refiere la consulta, con
indicación del sentido y alcance de la misma, acompañada de una exposición de los
hechos pertinentes para su debida comprensión. El idioma de la solicitud será el del
Estado requerido (art. 5). Esta podrá ser remitida directamente por las autoridades
jurisdiccionales, o a través de la autoridad central del Estado requirente, a la
correspondiente autoridad central del Estado requerido, sin necesidad de legalización.
La autoridad central de cada Estado parte recibirá las consultas formuladas por las
autoridades de su Estado y las transmitan a la autoridad central del Estado requerido
(art. 7).

En ausencia de cooperación internacional, pueden emplearse en la prueba del Derecho


extranjero los medios admitidos por la legislación del foro. Dentro de ellos destaca la
prueba documental y, de forma particular, la prueba pericial.
) La prueba documental se revela como la más operativa y la que ofrece mayores
garantías. Dicha prueba no es admisible a través de documentos privados 0 generales,
colecciones legislativas, obras doctrinales, etc., sino a través de documentos públicos
o intervenidos por fedatario público y puede aportarse al proceso a través de
certificaciones expedidas: a) por una autoridad estatal habilitada para suministrar esa
información que suele estar adscrita al Ministerio de Justicia; b) por diplomáticos o
cónsules del Estado del foro acreditados en el Estado cuyo Derecho debe aplicarse; c)
por diplomáticos o cónsules del país en cuestión, acreditados en el Estado del foro.
Estas certificaciones serán rápidas y fáciles de conseguir, pero tienen el inconveniente
de que jamás podrán determinar el alcance y contenido de la norma extranjera, sino
únicamente su texto literal y, eventualmente, su vigencia. No obstante, tal
inconveniente puede subsanarse solicitando información al país extranjero de que se
trate o utilizando el mecanismo de información establecido por la referida autoridad
estatal acreditada para tal función. Esta prueba puede ser suficiente por sí misma en
muchos casos, pero cuando el contenido de la norma extranjera no exige una
interpretación especial es fácil que la existencia de la normativa probada a título
documental sea más que suficiente.

ii) El ap. 2 del art. 81 contempla la posibilidad de determinar la existencia y vigencia


de la legislación extranjera a través de «los dictámenes de expertos del país cuya ley
se pretende aplicar».

D) Hechos admitidos
El tratamiento del Derecho extranjero en procesos judiciales presenta un dilema: si una parte
menciona una ley extranjera y la otra acepta su existencia sin ofrecer una interpretación diferente,
¿debe el tribunal asumir su validez? Aceptar esta premisa no es adecuado. El juez no puede basar
su decisión en una norma extranjera solo porque la parte contraria no la impugne. En casos
extremos, no debería ignorar una disposición que conoce por su propia investigación solo porque
la parte que debía probarla no lo hizo. La respuesta a esta cuestión depende de si se permite la
investigación de oficio, adoptando una postura más conservadora en este contexto.
E) Posibilidad de casación de la aplicación del derecho extranjero
El Derecho extranjero es considerado una auténtica "regla de Derecho", lo que permite su
conocimiento en el ámbito de la casación, según J. A. Carrillo Salcedo. La infracción de este
derecho, independientemente de su origen extranjero, implica una violación de la norma de
conflicto nacional. Las partes pueden verse afectadas por la interpretación o aplicación del
Derecho extranjero por parte del juez dominicano, lo que puede dar lugar a errores en su
contenido o alcance. En tales casos, es necesario determinar si estas infracciones permiten a las
partes recurrir en casación.
3. Aplicación extrajudicial del Derecho extranjero

La aplicación del Derecho extranjero y la asistencia internacional no se limitan al ámbito


jurisdiccional, aunque este sea el más relevante en términos cualitativos y cuantitativos. Además
de los problemas que surgen en el contexto judicial, también existen cuestiones importantes en la
aplicación del Derecho extranjero y el auxilio internacional entre autoridades no judiciales.
Aunque las soluciones en este ámbito son similares a las del ámbito jurisdiccional, presentan
características propias que merecen atención. La LDIPr, en su capítulo II del título III, reconoce
la posibilidad de aplicar el Derecho extranjero de manera extrajudicial, como se establece en el
artículo 80.
VII. DERECHOS ADQUIRIDOS
1. Caracterización
El texto aborda las cuestiones del Derecho aplicable en relación con los derechos adquiridos,
destacando que, a diferencia de otros aspectos del Derecho, se centra en la vigencia
extraterritorial de estos derechos. Se plantea que su reconocimiento en el tráfico jurídico externo
depende de dos condiciones: que el derecho se adquiera según la ley designada por la norma de
conflicto del foro y que se genere conforme a esa ley. Sin embargo, existen excepciones a este
reconocimiento.
2. Recepción en el Derecho internacional privado dominicano

La cuestión discutida tiene sus raíces en la jurisprudencia británica del siglo XIX y no es común
en los sistemas legales del entorno dominicano, salvo en la Ley de Derecho Internacional Privado
de Venezuela y el Código Civil de México. Sin embargo, ha sido adoptada en otros sistemas y en
la codificación interamericana, considerándose esencial para flexibilizar el método conflictual y
alcanzar sus objetivos. El Código Bustamante aborda este tema en su artículo 8, que establece
que los derechos adquiridos bajo sus reglas tienen plena eficacia extraterritorial en los Estados
contratantes, a menos que una norma de orden público internacional se oponga a sus efectos. Esto
implica que el reconocimiento de derechos adquiridos bajo un Derecho extranjero es la norma
general, con excepciones limitadas.

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