Colonización planetaria: ¿salvación humana?
Colonización planetaria: ¿salvación humana?
EUGENIO SIMONCINI
Una de las mayores aspiraciones del ser humano, la exploración de otros mun-
dos, podría transformarse en un viaje necesario para salvar a la humanidad.
¿Estamos preparados para desde el desequilibrio o incluso posible destruc-
ción de nuestro planeta, la Tierra, asumir el desafío de la migración interpla-
netaria? Ciencia y tecnología como productos de una sociedad que necesita
revisar sus bases socioeconómicas y revolucionarse de un modo igualitario. La
buena ciencia solo puede tener bases comunes.
Especial
A principios del año 2015, el físico Stephen Hawking declaró que «el futuro de la raza
humana a largo plazo era el espacio. Eso representa un seguro de vida para nuestra
supervivencia futura ya que podremos evitar la desaparición de la humanidad mediante la
colonización de otros planetas».1 El físico británico no se refería a una aspiración o un
sueño, sino quizás a la única solución para salvar al ser humano de sí mismo, es decir,
de los daños que puede provocar a corto plazo –el primero de todos estos problemas, una
guerra nuclear–. Un punto de vista crítico más que sombrío porque, continúa Hawking en
la misma entrevista, la peor faceta del ser humano continúa siendo su agresividad. Esta,
dentro de la psique humana, combate contra otro sentimiento, la empatía. La capacidad
de ponerse en la situación y en el estado de ánimo de otras personas se puede adquirir
a través de la posibilidad de experimentar situaciones e intercambiar experiencias con
otros. La sociedad debe tender hacia el desarrollo de estas relaciones empáticas, a libe-
rarse y no dejarse encajar en esquemas instrumentales y mercantilistas que tienen el
efecto contrario.
Esto nos conduce a otra pregunta: ¿Sería posible para el ser humano, a través de esta
fuga de la Tierra, dejar atrás la agresividad y con esta las principales causas de su (posible)
auto-destrucción? El análisis de estas causas tiene, por tanto, una relación estrecha con el
futuro de la exploración (y migración) espacial. Porque la agresividad puede influir también
en los procesos que llevan a una migración potencialmente salvadora. Si tiene que haber
una selección, tendrán que establecerse reglas para hacerla. Y si partimos de una situación
inicial en la que existen desigualdades, es lógico suponer que, en una humanidad todavía
agresiva, serán las personas privilegiadas quienes buscarán mantener esa situación previa.
Es necesario, por tanto, analizar el origen de esta dicotomía social. No entraré de modo
detallado en una discusión psicológica sobre la relación entre agresividad y empatía, pero
es útil introducir críticamente sus relaciones con nuestra sociedad y con el progreso cientí-
fico. La relación dialéctica entre dos grandes protagonistas de la historia de la humanidad,
la tecnología y la ciencia, ha generado, hasta ahora, muchos descubrimientos, pero podría
ser un freno a un mayor avance, e incluso la causa misma del trágico futuro predicho por
Hawking. Presentemos más detalladamente este problema a través de algunos ejemplos
históricos.
Resulta necesario hacerse esta pregunta. La respuesta más obvia es la siguiente: porque no
era necesario. Cada época, también en la Historia de la humanidad, se caracteriza por el tipo de
energía utilizada y el modo en que esta es usada, lo cual no es sino un modo de generalizar la
idea de Engels y Marx de que «la historia de la humanidad no ha sido sino la historia de la lucha
de clases»6 o mejor, la historia de la humanidad se caracteriza por las diversas formas que adop-
ta la relación entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción.7 Cuando el balón de
Eolo fue inventado, la sociedad griega basaba sus actividades productivas en la explotación de
los esclavos: personas, muchas veces prisioneros de guerra o hijos de otros esclavos, que eran
mantenidos mediante la comida justa para llevar a cabo su trabajo. No había otras concesiones
tales como educación o salud, sino solo aquello necesario para trabajar. Con una fuerza de tra-
bajo como esta no había necesidad efectiva de formas de energía más eficientes.
2 Hero [reimpresión del original del siglo I de nuestra era], «Section 50 – The Steam Engine», escrito en Alejandría,
Pneumatica, Londres: Taylor Walton and Maberly, 1851. Traducido del original griego por Bennet Woodcroft (profesor del
University College Londres).
3 Hero, «Pneumatika», libro IΙ, capítulo XI, Herons von Alexandria Druckwerke und Automatentheater (en griego y alemán).
Wilhelm Schmidt (traductor). Leipzig: B.G. Teubner, 1899, pp. 228-232.
4 Las imágenes del texto en griego antiguo y en alemán se pueden consultar en el siguiente enlace: [Link]
am/heronsvonalexandhero#page/228/mode/2up.
5 Vitruvius, De architectura.
6 K. Marx, F. Engels, Manifest der Kommunistischen Partei, Londres, traducción: Il Manifesto del Partito Comunista, 1848, prólogo
de Pietro Gori, Milano, F. Fantuzzi, 1891. Disponible en: [Link]
ti/testoritrovato/[Link].
7 Para los más expertos querría subrayar la analogía entre la teoría marxista aquí expuesta y la forma generalizada de la produc-
ción de entropía, que se utiliza para describir los denominados procesos irreversibles (es decir, todos los fenómenos reales):
diS = Σk Fk · dXk
donde Fk son las fuerzas termodinámicas presentes en el sistema (análogo a las fuerzas productivas en Marx) y Xk los
flujos termodinámicos, que dependen de la relación con otras fuerzas a través de los coeficientes fenomenológicos, L, en
analogía con las relaciones de producción. Un texto de referencia en este sentido es: D. Kondepudi, y I. Prigogine, Modern
Thermodinamics, Wiley, 1998.
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¿Por qué motivo insisto tanto sobre la distinción entre tecnología y ciencia? Veamos otro
ejemplo tomado de la literatura. En el Orlando Furioso, Ludovico Ariosto lanza una invectiva
contra un arcabuz, «maldito, abominable cacharro». Orlando, al final de una batalla vencida,
toma el arma y la tira al mar.9 El arcabuz que Orlando tira al mar es un arma de fuego usada
para ofender, no para defenderse. Para asesinar hombres de otras tierras, y no para obtener
comida. El texto de Ariosto nos sitúa en la primera mitad del siglo XVI, las armas de fuego
son un invento bastante reciente que dejó mucha sangre en las batallas. Así pues, ¿es el
fusil un error en sí mismo? ¿La pólvora, originalmente usada para los fuegos de artificio, no
tenía que haber sido inventada?
8 Basta confrontar con los primeros capítulos de: J. Rifkin, Economía del Hidrógeno, 2002.
9 L. Ariosto, Orlando Furioso, IX, LXXXVIII-XCI: Non vòlse porre ad altra cosa mano, /fra tante e tante guadagnate spoglie,/se
non a quel tormento ch’abbiàn detto/ ch’al fulmine assimiglia in ogni effetto. L’intenzïon non già, perché lo tolle,/ fu per voglia
d’usarlo in sua difesa;/ che sempre atto stimò d’animo molle/gir con vantaggio in qualsivoglia impresa: ma per gittarlo in parte,
onde non volle/ che mai potesse ad uom piú fare offesa: [...]lo tolse e disse: – Acciò piú non istea / mai cavallier per te d’es-
sere ardito, / né quanto il buono val, mai piú si vanti / il rio per te valer, qui giú rimanti. O maladetto, o abominoso ordigno, /
che fabricato nel tartareo fondo/ fosti per man di Belzebú maligno / che ruinar per te disegnò il mondo, / all’inferno, onde
uscisti, ti rasigno. – / Cosí dicendo, lo gittò in profondo [fragmento del texto original].
10 J. Diamond, Guns, germs and steel: the fates of human societies, Norton and Co., USA, 1997.
explicar este argumento a través de otro ejemplo que nace de la misma teoría expuesta por
Diamond. Es cierto que Eurasia y particularmente Europa se han beneficiado del contexto
geográfico y climático en la difusión de los animales domésticos, y también es cierto, por
otro lado, que dentro de Europa, la zona mediterránea se ha dividido en pequeñas y diver-
sas civilizaciones, y el mar Mediterráneo ha permitido la interacción entre estas diferentes
culturas. De esta dialéctica ha nacido la sociedad europea occidental moderna, con todas
sus facetas, que no se ha separado nunca de una de sus condiciones de partida: el comer-
cio. En estas condiciones físicas se ha desarrollado la sociedad capitalista, dentro de la cual
las cosas funcionan solo a través de la existencia de una clase de inversores (minoría de la
población) y de una variada y numerosa clase de trabajadores. Otras condiciones de partida
han conducido a relaciones socioeconómicas diferentes.11
La humanidad está hoy día fragmentada, dividida, no tanto en naciones sino más bien
en clases sociales. Aquellos más ricos desean mantener tal posición, mientras que los sub-
alternos están aplastados por el peso del trabajo o del hambre. Esta división se mantiene
en las perspectivas de cada cual: hay una gran parte de la población mundial que persigue
el sueño de una vida sin explotación, y hay una pequeña parte de esta que piensa en viajes
interplanetarios. Este hecho es importante en relación con nuestro punto de partida: ¿llegará
la humanidad a superar el límite señalado por Hawking, a tomar decisiones y planificar un
futuro común en base a la empatía y no sobre la base de la agresividad? Y si pudiera lograr
el objetivo de colonizar otro planeta sin haber afrontado su naturaleza agresiva, ¿sería ver-
daderamente una victoria para la humanidad o simplemente volvería a chocar con los mis-
mos problemas habiendo únicamente pospuesto su auto-extinción? El mejor modo para
aventurarse en este dilema se encuentra en la discusión sobre las relaciones entre ciencia
y tecnología que sufren el peso de las relaciones socioeconómicas propias de las distintas
civilizaciones.
11 Ver los argumentos a este respecto de K. Marx, Ethnological notebooks, escrito entre 1880-1882 y publicado en 1972 por
Lawrence Krader. Disponible en: [Link]
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destinada a estudiar las trazas de una posible presencia de vida, actual o pasada, sobre el
planeta Marte. Se trata de la misión de la Agencia Europea del Espacio (ESA) denominada
ExoMars-1, compuesta de dos módulos espaciales distintos: uno que orbita sobre el plane-
ta, denominado TGO, y que estudiará la atmósfera marciana desde fuera; y otro, el módulo
Schiapparelli, llamado así por el astrónomo italiano de este apellido, que entrará en la
atmósfera y tocará la superficie del planeta rojo, estudiando importantes características
como la carga electrostática presente en el aire y su relación con el polvo atmosférico. Todos
estos aspectos servirán para planificar las próximas misiones, sobre todo, las que se prevé
que sean tripuladas.
La segunda parte de esta misión, ExoMars-2, tendrá lugar seguramente el mismo año
de la misión de la agencia estadounidense NASA, Mars-2020. Ambas misiones enviarán un
vehículo todoterreno que perforará la superficie del planeta rojo. Nos dirigimos hacia una
nueva frontera, el subsuelo marciano, adelanto de una cuestión muy importante que será de
interés en las próximas décadas: ¿cuáles son las condiciones de habitabilidad lejos de la
atmósfera? En efecto, una cuestión que fascina a los científicos desde hace años es la del
estudio de la habitabilidad de los cuerpos celestes (o de una parte de ellos), que puede ayu-
darnos a entender si un planeta está habitado por cualquier forma de vida autóctona, y si es
habitable por parte de los seres humanos u otra vida terrícola, en vista de hipotéticas futuras
misiones.
De hecho, hace falta recordar que la definición de zona habitable dentro de un sistema
solar representa la distancia a la estrella dentro de la cual los planetas (rocosos) pueden
tener agua líquida en superficie. Fuera de dicha zona, la temperatura es demasiado alta o
demasiado baja. Obviamente esta definición se centra en el tipo de biosfera a la cual los
humanos estamos acostumbrados, pero excluye otras zonas potencialmente habitables
como, por ejemplo, los ambientes subterráneos o el estrato de hielo de algunos satélites del
sistema solar externo. Si Marte y su suelo son interesantes, algunos satélites de Júpiter y
Saturno ofrecen la posibilidad de estudiar condiciones de habitabilidad muy diversas
y ambientes químico-físicos exóticos. La misión de la ESA denominada JUICE, que se lan-
zará en 2022, estudiará desde fuera tres lunas heladas de Júpiter: Ganímedes, Europa y
Calisto. Sobre todo en el caso de la mayor, Europa, se sabe casi seguro que bajo el estrato
de hielo externo hay agua líquida en contacto con procesos volcánicos causados por el efec-
to gravitacional del mismo Júpiter. Estas manifestaciones volcánicas son importantes por-
que se parecen a las fuentes hidrotermales en las que se piensa que se produjo el origen
de la vida, tal y como la conocemos.12 La NASA está planificando una misión propia para
descender sobre la superficie de Europa y probablemente perforar la costra de hielo.13
12 N. Lane, J. F. Allen, W. Martin, «How did LUCA make a living? Chemiosmosis in the origin of life», Bioessays 32, 2010, pp.
271-280.
13 Más información sobre esta misión se puede encontrar en: [Link]
Una vez estudiada y verificada la habitabilidad de un planeta, ¿cómo nos podemos orga-
nizar para ir hacia él? En cuanto a las misiones tripuladas, con humanos a bordo, la NASA
tiene como objetivo mandar hombres a un asteroide hacia el año 2025 y a Marte para los
años 30 de este siglo. La primera parte se refiere a misiones que tendrán que acercarse a
un asteroide y dirigirlo a la órbita de la Luna. Se trata de hacer pruebas para futuras misio-
nes tripuladas, si bien este tipo de misiones tiene un fuerte interés comercial y privado, más
que científico.
Tenemos que tener en cuenta que una misión tripulada a Marte, por ejemplo, supone,
con las mejores técnicas actuales, un tiempo de viaje de aproximadamente nueve
meses. Sin contar que, por el momento, no tenemos la tecnología para llegar a la super-
ficie marciana y volver. El problema es de elevada importancia, aunque la gravedad del
planeta rojo es menor que la nuestra es necesario mucho combustible para despegar
del suelo y poner un objeto en órbita; combustible que tendría que ser llevado desde la
Tierra en el viaje de ida, haciendo más pesado el primer lanzamiento. Esta situación
hace pensar tanto en los tiempos de desarrollo de este tipo de misiones, como en la posi-
bilidad de que algún proyecto privado proponga un viaje de primera colonización sin
retorno. Es el caso del proyecto privado Mars One,14 en el seno del cual muchísimos par-
ticipantes habrían decidido terminar sus días en Marte. Nadie sabe si los inversores pri-
vados podrán llevar adelante este proyecto, extrañamente análogo en ciertos aspectos
al viaje de Cristóbal Colón hacia las Indias occidentales: una monarquía absoluta, la de
los Reyes Católicos, que invirtió mucho dinero en una empresa que parecía descabalada
para muchos y para la que utilizó tres carabelas llenas de presidiarios. Brazos gratuitos,
en definitiva, que no tenían nada que perder…
En la estación espacial internacional (ISS, en sus siglas en inglés) que orbita sobre la
Tierra se han desarrollado numerosos experimentos acerca de la respuesta fisiológica
humana a la ausencia de gravedad y los efectos de esta última sobre las plantas. La vida
en la ISS, en la cual los astronautas permanecen incluso meses, es ya un banco de pruebas
acerca de los aspectos psicológicos de un viaje interplanetario de largo tiempo, como será
el caso del de Marte.
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Queda aún un problema central, el de los cohetes para un viaje tan largo. Mientras las
principales potencias económicas mundiales dedican cada vez más fondos a armamento y
a cohetes de largo alcance, la investigación de cohetes cada vez más ligeros y de mayor
duración todavía está en pañales. Actualmente la propulsión de cohetes para vuelos espa-
ciales no muy largos, como los viajes en órbita alrededor de la Tierra, se basa en propelen-
tes químicos, pero para viajes interplanetarios se tendrá que usar la propulsión nuclear.16
Más “limpia” es la propulsión que usa rayos iónicos, como la que el año pasado llevó al
espacio a la misión de la ESA, denominada LISA. Ya desarrollada, pero todavía no experi-
mentada en viajes interplanetarios, estaría la tecnología nuclear térmica,17 mientras que
todavía se encuentra en fase de hipótesis de estudio los cohetes a fotones, que podrían
representar la solución para viajes interplanetarios muy largos.18
Sobre el problema de la duración del viaje con respecto al tiempo de vida humano, la
solución que se plantea es la de la hibernación. En los últimos años, la NASA ha trabajado
mucho en este campo, colaborando con la investigación privada dirigida, por el momento, al
campo médico.19 20
En conclusión, al menos durante los próximos 20-30 años, los viajes humanos fuera de
nuestro sistema solar serán un sueño. Para comprender si estamos o no solos en el univer-
so se están estudiando la atmósfera de planetas de otros sistemas estelares (exoplanetas)
con el uso de técnicas espectroscópicas, y todavía continúa en funcionamiento el proyecto
SETI (Búsqueda de Inteligencia Extra-Terrestre) de la NASA. Este último no solo pretende
descubrir si hay vida en el universo o si existen en otros lugares las condiciones de habita-
bilidad, sino también a rastrear señales de una inteligencia igual o superior a la humana.
Por bien que funcione, un proyecto a largo, quizás larguísimo, plazo, la posibilidad del ser huma-
no de migrar a otros planetas deja abierta la pregunta que nos hemos hecho al inicio: si el mal
que terminará con la humanidad es su agresividad, ¿cómo hacemos para salir de ella? ¿Qué
tenemos que hacer para no llevárnosla con nosotros cuando colonicemos otros planetas?
16 C. H. Williams, L. A. Dudzinski, S. K. Borowski, y A. J. Juhasz, «Realizing “2001: A Space Odyssey”: Piloted Spherical Torus
Nuclear Fusion Propulsion», NASA TM-2005-213559, 2005.
17 J. Dewar y R. Bussard, The Nuclear Rocket: Making Our Planet Green, Peaceful and Prosperous, Apogee Books,
Burlington, Ontario, Canada, 2009.
18 J. W. McCormack, «5. Propulsion Systems» Space handbook: astronautics and its applications. Select Committee on
Astronautics and Space Exploration [acceso el 29 de octubre de 2012].
19 Información a este respecto se puede consultar en el documento:
[Link]
20 Otra información se encuentra en: [Link]
Llegados aquí se trataría de hacer una reflexión compleja sobre los motivos de la agre-
sividad humana sobre los cuales podríamos tener algún poder de influencia: la privación y
la injusticia. Mientras se permita la privación (incluso en términos de valor económico) y la
injusticia social, no será posible tratar la agresividad como un problema personal o psicoló-
gico, ya que no podremos excluir causas sociales. Especialmente en el sistema económico
que gobierna hoy día la práctica totalidad de nuestro planeta, y que necesita obligatoriamen-
te de una disparidad social para crear progreso: el inversor tiene los fondos económicos, el
capital (y quiere ganar siempre más) y dispone de los medios de producción; los trabajado-
res tienen solo los medios físicos para hacerlos funcionar, pero necesita fondos económicos
para sobrevivir.
Para superar este estado de las cosas se necesita mirar hacia delante y generar una
perspectiva de progreso unitaria, para toda la humanidad. Es posible desarrollar teorías
basadas en la historia más o menos reciente o en situaciones que jamás han tenido lugar,
pero si queremos tener alguna opción debemos esforzarnos en afrontar problemas reales,
no en posponerlos, y en encontrar soluciones incluso aunque nos califiquen como científicos
de ficción, o utópicos. Se trata de un argumento que ya ha sido afrontado a lo largo del pasa-
do siglo. Uno de los ejemplos más concretos a este respecto ha sido Lenin, que criticaba la
rama de la filosofía que renunciaba a hacerse preguntas fuera de lo que no se pudiera estu-
diar mediante datos empíricos (el empirocriticismo). Lenin señalaba con el dedo la falta de
sentido práctico, o praxis, de quien se para en el mero dato experimental sin dar un paso
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adelante en la niebla de la teoría.21 Quizás con el paso del tiempo podemos reconocer que
una difusión amplia del empirocriticismo habría impedido el estudio sobre la mecánica cuán-
tica, la cosmología, la relatividad y tantas otras disciplinas. Lenin lanzó una piedra más allá
de la ciencia experimental porque el intelecto humano puede y tiene que interesarse tam-
bién por aquello que todavía no puede analizar, muestrear, etc. Las leyes de la física conti-
núan siendo las mismas, en cuanto leyes, pero podemos probar y extrapolar conclusiones
incluso sobre cosas que todavía no podemos ver.
Queremos ver una humanidad sin agresividad, pero ¿nos movemos en esa dirección o
tal vez la consideramos en lugar de un defecto una virtud? Debemos pensar en viajes inter-
planetarios solo si comenzamos a criticar las bases culturales de la autodenominada “socie-
dad occidental”, que es el mayor ejemplo, el más carnívoro y caníbal, del capitalismo. Es
ineludible, por tanto, superar el sistema de relaciones socioeconómicas que crea las bases
para la privación, el resentimiento y la agresividad. Se hace necesario construir una socie-
dad de iguales y superar el neoliberalismo y, en general, el capitalismo en todas sus formas.
Podríamos desarrollar una crítica parecida con respecto a las relaciones ser humano-
medio ambiente y las prácticas eco-sostenibles. Una economía cuya base es la inversión
por parte de una pequeña parte de la sociedad que tiene como objetivo enriquecerse a toda
costa en base a las necesidades de la mayoría de la población (que, como consecuencia,
se empobrece siempre más), no puede mirar la relación ser humano-naturaleza de modo
objetivo. La economía capitalista invierte en prácticas sostenibles solo en la medida en que
puede obtener un mayor beneficio con respecto a las prácticas actuales, si no, no se trataría
de capitalismo.
del trabajo, y es lícito pensar que la clase trabajadora, menos pudiente, gaste su tiempo en
tratar de satisfacer sus necesidades más básicas. Tenemos, por tanto, una especie de
selección entre los que materialmente pueden y aquellos que no pueden interesarse en los
viajes interplanetarios sobre la base del concepto de clase social. Así que, en primer lugar,
tenemos que elevar la condición social de todas las personas.
En conclusión, de un lado existe la posibilidad, remota pero real, de poder viajar hacia una
“nueva Tierra”, pero por otra parte esta posibilidad está dada, de acuerdo con las condiciones
materiales realmente existentes, solo a unas determinadas personas, las mismas que usan
la violencia humana para obtener un beneficio y mantener un determinado statu quo. Y si la
violencia del hombre es o será la causa misma del final de nuestra civilización sobre la Tierra,
entonces parece claro que, sin poner fin a las condiciones materiales, sociales y económicas
que conducen a la opresión del hombre por el hombre, cualquier aplicación científica y tec-
nológica que tenga como objetivo viajes interplanetarios tendrá como único efecto el de pos-
poner la resolución del problema en el espacio y/o en el tiempo. Tenemos que aplicarnos con-
temporáneamente tanto a la ciencia como al cambio en nuestra sociedad.
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