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Reflexiones de un Scout en la Naturaleza

Recuerdos Scout
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responsabilidad en la sociedad.

Hasta entonces vete prepa-


rando y busca a todos los que te rodean y sirve de la forma más
bonita y natural: con alegría por hacer lo que sientes”.
Las brasas se estaban agrisando y ya no tenían el rojo
intenso del tiempo atrás, apenas podía seguir escribiendo sin
forzarme demasiado la vista o avivarlas. ¿Me iba a quedar
allí ? (El Scout cifra su honor en ser digno de conanza, 1ª
Ley; el Scout es Leal, 2ª Ley).
Recogí todo, amontoné la madera sobrante y apa-
gué el fuego de la forma que ya era tradicional en nuestro
equipo, desde la “meada” comunitaria y hechicera que im-
pregnaba el aire de un éter ascendente para invocar a los dio-
ses después de cualquier fuego de campamento. Pero como
estaba solo y la “pócima” no daba para más, tuve que salir a
coger agua y dejarlo completamente apagado. Abandonaba
el refugio y me parecía más bonito, limpio, acogedor, dis-
puesto a ser utilizado nuevamente. Las tejas coloradas se-
guían brillando, ahora más que nunca, ante el chorro
enorme de luz que la luna desprendía mientras las estrellas
competían en una lucha implacable para demostrar cual lu-
cía más y con mayor intensidad.
Remontar aquel riachuelo era cosa de niños. Ora
subía por aquí , ora cruzaba allá . Si el pequeño torrente de
agua, juguetón, divertido, se desplazaba al libre antojo de
una mayor comodidad en el descenso, describiendo vueltas
absurdas o formando diminutas cascadillas, yo, también ju-
gaba por el monte con entera libertad. Saltos, rodeos,

 
detenerme, continuar. Unas veces, las pocas, el arroyuelo se
transformaba en riachuelo, y otras, las más, era tan sólo un
nísimo hilillo de agua. Y así , tranquilamente, contagiado
con la parsimonia con que uía el agua, llegué hasta el gran
pedrusco. Enorme, redondeado, granítico; era más pequeño
que el “tolmo” pero más grande que el “cerdito” de la Pe-
driza del Manzanares. Sí, quizá se pareciese más a este último
que al primero, en donde había comenzado mis pinitos en
escalada durante la “vena” que me entró por luchar contra
las rocas y despellejarme las manos en las paredes de piedra.
Y también allí estaban las praderas: una, dos, otra
más pequeña y una última tan grande como un campo de
fútbol; aunque no podía ver la auténtica extensión por la
falta de luz, me imaginaba y se me antojaba muy grande. Ins-
peccioné todo aquel terreno, desde la piedra, en donde efec-
tivamente estaba el nacimiento del arroyo, hasta el límite del
nuevo pinar en donde se terminaban las llanuras verdosas y
un poco inclinadas.
Decidí acampar en la pequeña, en la que estaba muy
cerquita de los primeros pinos y en donde la hierba y las ma-
tas estaban más crecidas. “Buen colchón voy a tener”, me
dije, y limpiando de ramas, piñas y piedras el suelo, comencé
a plantar mi tienda de campaña tomando posesión de aque-
llas tierras como si fortaleza de mi “ducado” se tratase.
Yo, Ramón, dueño y señor temporal de aquellas tie-
rras, de los inhóspitos y ocultos terrenos que la madre Na-
turaleza ponía a mi disposición. Me imaginaba ser un

 
“nauta” de las antiguas expediciones a las indias. Como si de
un Almirante de la Mar Oceana o un Ojeda se tratase, veía
en aquellos lugares los nuevos virreinatos de mis señores los
reyes; hacía la conquista imaginaria de montes y valles para
ponerlos a disposición de mis compañeros, de mis hermanos
scouts, de todos aquellos que saben y quieren disfrutar de la
Naturaleza porque se sienten identicados con ella. Y el ria-
chuelo de hoy se me antojaba Amazonas del pasado; los pi-
nos. circundantes árboles tropicales de donde hacer
“bohíos”. y tomar frutos para apagar mi sed; el gran pe-
drusco desde lejos se erguía ante mí como la isla Trinidad del
tercer viaje colombino, las praderas, hierbas y helechos, no
eran más que oscuros sargazos que se levantaban sobre la
quietud del mar.
Pero ¡oh insigne y Adelantado de Indias: Ramón!;
por detrás de aquellas sombras podían salir los temibles in-
dios Caracas, o los antropófagos de los Cayos, o Simón Bo-
lívar, el Libertador. Y como el temor me invadía nueva-
mente por culpa de la imaginación aventurera que me había
llevado hasta ese continente todavía salvaje, decidí , temblo-
rosamente, meterme en el saco, cerrar la tienda de campaña
y dejarme mecer por los brazos de Sueño. Y mis brazos se po-
saron, uno a un lado y al otro, el otro, sobre el machete el
primero y encima del hacha, aquel. Y otra vez, a pesar de mi
bien guardada custodia, el temblor callado ascendía desde
los pies y se tornaba ciclón tropical en mi cabeza.

 
Decidí , más temblorosamente aún, salir fuera, “vi- pregunta: ¿qué fuerza les empuja a realizar su trabajo?, ¿por
vaquear”, intentar dormirme “viendo” lo que pudiese pasar qué dirigen a los muchachos que ahora están durmiendo?
cerca de mí o mirando las sombras que se movían por gracia Quizás Ramón se viese reejado en alguno de aque-
y culpa del circunstancial eclipse luna-nube. llos Jefes o se buscara a sí mismo en el interior de una tienda
Aquel “vivac” no era ciertamente un “vivac”. Dor- de campaña. Todo lo que esa noche había meditado y escrito
mir al aire libre no es lo mismo que hacerse un cobijo al aire le fue pasando fugazmente por la cabeza. En un momento
libre para dormir. escuchó la voz inconfundible del “patoti”, vio el banderín de
Recordaba aquella casi perfecta construcción en las los Guepardos, recordó su Promesa Scout, danzó como un
cercanías del nacimiento del río Cuervo; bonito y salvaje pa- indio alrededor del fuego, amasó pan, llegó escalando a una
raíso en donde el agua desciende incansablemente desde lo cima y descendió cantando el Yubi-ji hasta el trastero del pa-
alto de la cascada va formando cortinas en su caída y se deja dre Monsegú. Se encontraba satisfecho con sus recuerdos.
acariciar de cerca por la frondosa y antiquísima vegetación Y entonces se le acercó el Jefe de la Tropa y le pre-
siempre coloreada en torno a un verde, suave, fuerte, pero guntó:
siempre verde de esperanza, como si en aquel nacimiento se — ¿Has pensado en lo que vas a decir esta tarde an-
buscase la esperanzadora salida al inmenso mar. Remonta- tes de comenzar las ceremonias? Hay que conseguir que sean
mos la vertiginosa y na muralla de agua hasta el origen de emotivas y signiquen mucho para los chavales.
su vida, en las entrañas pétreas de un canalillo granítico, — Si; creo que he pensado algo — contestó con una
como si de un cordón umbilical se tratase y se encontrara leve sonrisa en los labios —.
entre la bolsa madre de agua en su interior y el pequeño hijo
al que da luz. Cartagena de Indias, verano del 78.
Pues, subiendo por todos aquellos pedruscos, desde
la parte izquierda que es la más accesible y siguiendo un ima-
ginario camino que se va formando entre las estribaciones y
contrafuertes de piedra hasta la base en donde se levantan las
gigantescas paredes verticales, existen numerosos puntos en
donde poder pasar las noches resguardados, con seguridad,
y como nosotros decíamos: “en lecho de cabras”.

 
a las suyas propias. Y Ramón se daba cuenta de todo ello, de Habíamos elegido una graciosa construcción natu-
la minuciosa scalización que los muchachos ejercen y de las ral y en la cual una enorme piedra se había ido a colocar pró-
enseñanzas que les reportan el ejemplo continuo de los Jefes. xima a otra que la hacía de base por un lado y su convexa
Como siempre había dicho: “debemos ser los mejores scouts constitución apoyada en la tierra por el otro. Si es bastante
del campamento”. difícil de imaginar, basta con que pensemos en la letra griega
Fue abriendo una por una las tres cremalleras, de- landa y ya nos hacemos a la idea. Pues bien, entre las dos pa-
jando que el silencio del bosque se alterase con el resquebra- redes de nuestra “landa” y en su parte posterior, la Natura-
jeo característico del metal. leza había querido que creciese allí unos enormes arbustos
— Venga; arriba, son las siete y media, ya es un poco para tapar la construcción y únicamente dejar a la vista su
tarde, a trabajar. parte delantera, tal como vemos a “landa” dibujada. Y ese
Alguno, de sopetón, se incorporó velozmente; y al- trozo a merced descubierto es el que domina toda la vista
guna, con lentitud, se desperezaba a través de la fuerza en sus hasta el valle, es la entrada natural a nuestro “lecho de ca-
brazos. Prontamente se juntaron todos mientras recogían bras” y en donde hicimos aquel “vivac” durante dos noches.
los sacos de dormir o sacaban las bolsas de aseo del macuto, Tan sólo tuvimos que ir colocando piedras y más piedras en
mezclándose las sonrisas mañaneras y enfados tempraneros, hilera desde el suelo hasta el techo del durmiente pedrusco,
según como hubiesen pasado la noche. Al rato ya estaban dejando en la parte central un agujero “entrada de iglú” para
todos corriendo hacia el río, en una gimnasia informal, bus- que pudiésemos entrar y salir. Nuestro refugio resultó ser de
cando la claridad diaria para sus rostros. Y entre alguna lo más acogedor, pues una vez todos dentro y colocando
broma, chapuzón y olor a colonia, se fueron preparando un poncho en la “puerta”, es tan confortable como un hotel
para dar comienzo a un nuevo día campamental. de media estrella. El único inconveniente que tenía era la an-
El “gran jefe” los observaba regresar desde el mástil, gustiosa sensación de saberse “oprimido” entre las piedras:
siempre lo hacia allí , mirando sus uniformes de trabajo, las cuando abres los ojos y ves el techo, piensas en que se va a
toallas peleándose, o el interminable pasar de un cepillo por desplomar sobre ti porque falle el sustento natural que lo
los cabellos femeninos. Le gustaba ver a su equipo en armo- mantiene. Pero en medio de una aparatosa, eléctrica y agua-
nía o en alegre discordia. Sabía cómo se desarrollaría el día estas tormentas, lo que procede es un sitio en donde no ba-
con solo verlos regresar. Y siempre se hacía la misma ñarse mientras duermes y poder dormir sin que el viento te

 
arrastre; y el “lecho de cabras” o “nido del cuervo” es un au- dulcemente de la cruceta sin que el peso de las banderas ten-
téntico “vivac” para ser utilizado en esos casos. saran los nos cabos de cáñamo.
Mas yo no tenía muchas ganas de trabajar en la cons- Miraba los dobleces de la roja y gualda y el cárdeno
trucción de un vivac, aunque tan sólo fuera de ramas y hele- con la or de lis. ¿Acaso pensaba en la ligazón de ambas para
chos e incluso de palo y poncho, pues siempre tendría la el orecimiento de la primera? ¿Quizá la oriama scout se
tienda de campaña para resguardarme en caso de lluvia, aun- extendía más allá del pedazo de tela con los colores naciona-
que me asxiaba en su interior —no sabía si a causa de las les? Ramón ya sólo observaba, pues por su mente habían pa-
“tribus” salvajes o por desechar la contemplación de la bella sado tantos recuerdos relacionando ambos estandartes, que
noche— así que me conformé con extender poncho, manta, sabía a conciencia de la importancia de una fusión en la per-
saco y dejar a un pronto alcance mis “armas” blancas para cepción de los matices. Allí estaban por algo y para signicar
“degollar” lobos, o cuando menos, perros asilvestrados, o mucho.
por si acaso, ratas de bosque que buscan pequeñas lombrices Dejó de mirarlas cuando ya empezaban a apretar su
—quién sabe si no víboras y serpientes— para alimentarse. corazón, envolviéndolo suavemente y al mismo tiempo con
Cerré los ojos, hablé con mi amigo Jesús y me quedé fuerza, como siempre le pasaba cuando se sumía en el orgu-
dormido. llo ascendente de su mística.
Continuó su camino hacia la parcela de los jefes.
“Dame señor un corazón vigilante Había tres tiendas de campaña, si bien la central —
que ningún pensamiento vano aleje de ti. del consiliario— era de dimensiones más reducidas, en
Un corazón noble donde descansaban los jefes masculinos en una y femeninos
que ningún afecto indigno rebaje. en otra.
Un corazón recto El porta macutos debidamente colocado y haciendo
que ninguna maldad desvíe. su función correctamente, destacaba sobre el verdoyo del
Un corazón fuerte campo con la mezcla de colores que las telas plásticas confec-
que ninguna pasión esclavice. cionaban. Raro era encontrar una parcela de Jefes limpia y
Un corazón generoso recogida, pero como exigencia desde el principio se habían
para servir”. planteado la necesidad de mantenerla ordenada como ejem-
plo para los acampados y que de buen seguro transportarían

 
Era aún temprano cuando me desperté, quizá un
poco por el frío, quizá, seguramente, por el cosquilleo que
sentía en la cara. Sacudí la cara violentamente, antes de que
tuviese tiempo de sacar brazos y manos del saco, para que la
araña saltase a corretear por la fría y húmeda hierba. Me ras-
qué la mejilla, pues el picor que precede a la hinchazón ya
era irreversible, antes de pasar ambas manos por detrás de la
cabeza.
FINAL A lo lejos, pero tan cerca como para creerlo alcanza-
ble, de entre la tibieza del día, surgía el astro rey. Un sol rojizo
Ramón se levantó cuando ya el sol acompañaba el ascendía por los anaranjados cirros y grisáceos estratos. Rá-
despertar de la Naturaleza, dando calor a las plantas, trans- pida, velozmente, como si él también creyese en darnos un
mitiendo energía a las piedras y descomponiendo su color en amanecer tempranero por madrugar o si buscase con ella la
la transparente frescura del torrente. Un haz de luz iba a dar ayuda de Dios, el sol se levantaba, y como en la canción, hizo
vida al campamento. Y él observaba con respeto y humildad huir a las estrellas.
todo el proceso generador a través de las cuartillas escritas,
de los sentimientos expuestos, de la experiencia revivida. “Sale el sol y huyen las estrellas
Dejó a un lado la mesa, desplazó la pequeña silla y y en lontananza empieza a clarear.”
salió a la pradera para respirar profundamente y hacer llegar
el aire a lo más profundo de sus pulmones, como si en cada Después de estar un rato bajo los inujos de múlti-
bocanada se le fuera la vida y descansase eternamente des- ples haces de sol calentándome, cuando ya hacia calor como
pués de hacerlo. Llegó hasta el río y se lavó la cara dejando para ir apagando la humedad del extenso rocío, recubriendo
que el frescor de la mañana la secase, poniendo sus mejillas el manto vegetal y mineral de ardiente fuego para que salie-
al viento y perdiendo la mirada más allá del horizonte mon- sen de sus madrigueras los habitantes del tercer reino, el ani-
tañoso. Volvió a la explanada campamental en donde se le- mal, decidí , yo también, abandonar mi circunstancial refu-
vantaba triunfante el mástil y las cuerdas pendían gio nocturno.

 
Hice los habituales ejercicios gimnásticos, exiones, al irnos a separar
torsiones, carrera y “respiros”, como decía Eduardo después la esperanza tenemos
de haber hecho una galopada mañanera: “señores, toca el de volvernos a encontrar”
turno para recuperar fuerzas, inhalando este cristalino y pu-
ricador aire en pequeñas dosis de bocanadas y respiros”.
Me lavé en el arroyo, bueno, me salpiqué un poco — ¡Atención!: ¿Scouts siempre?
con agua y me peiné aún conservando entre el pelo las plu- — ¡Alerta!
mas perdidas del saco de dormir. Hice el desayuno calen- Habían pasado seis años, siete meses y cuatro días,
tando leche en polvo, mezclada con un poco de cacao, y pre- desde que hice aquella primera excursión por la sie-
parándome unas gigantescas rebanadas de pan que hábil- rra de Guadarrama. ¿Podría ser un buen Jefe Scout?
mente tosté , pacientemente, al fuego del camping que se di-
sipaba a través del poto.
Después del desayuno, devorado con ganas y gusto,
recogí mi hotel ambulante, empacando la tienda y haciendo
el macuto, saqué el sobre azul con los puntos de meditación,
la libreta, el lápiz y me alejé de aquel lugar siguiendo el vuelo
a ras de tierra de una pareja de bellos tordos que graznaban
entre sí y me transmitían el aviso de que el día había llegado
para todos. Y como ellos eran mucho más rápidos que yo,
subiendo y bajando ingrávidamente a merced de pequeños
impulsos, decidí seguir la pista de una orejuda liebre que se
dejó ver a través de unos matorrales. Pero también fue dema-
siado rápida y la perdí , tumbándome entonces sobre la ya
seca hierba, junto a un montículo de tierra na por donde
ascendía larga y lánguidamente una hilera de trabajadoras
hormigas. “Estas sí que no se me escapan”, pensé , y al ins-
tante, abrí el famoso y ansiado sobre azul. Rápidamente

 
en medio de las dicultades. Cúbrete con este sombrero, cuya
insignia demostrará a todos que eres un Rover de España. Y
estas hombreras verdes con la insignia y las iniciales de Rover
Scout darán a conocer a todos los que veas en tu camino que
eres un hombre dispuesto a Servir en todo momento a cual-
quier semejante. Es, pues, una grave responsabilidad que pesa
sobre tus hombros. Y, ahora, hermano Rover, puedes partir; la
ruta está abierta”.
Mi recuerdo estaba en la tapa de los macutos; una
pequeña placa de aluminio en la que se leía grabada la si-
guiente inscripción: EQUIPO DE NOVELES.
Y la mañana siguiente la pasamos planeando el fu-
turo, hablando de cómo nos iban los exámenes de nuestras
respectivas carreras o del ascenso que le habían prometido
en su trabajo a Gumersindo (el patoti). Entonces Gumer-
sindo se desmelenó y en un arrebato de orgullosa decisión
nos cantó las pequeñas estrofas de una canción que daba ori-
gen a su conocido apodo: pastorcillo a tus ovejas —patotillo
atuoveja (como él decía) —; pastor, pastorcito, pastorcito,
pastor — pato, patotillete, patotillete, pato—. “Patoti”, el
benjamín de la Tropa, el más cachondo.
Y junto a un remanso del río Moros, cuando ya la
tarde se avecinaba con el nacimiento del crepúsculo, para-
mos nuestra marcha, dejamos los macutos y entrelazamos
nuestras manos para cantar la despedida.

“No nos entristecemos


reconocí mi letra, a veces rme, a veces incoherente y al nal bermejo, pusimos n a la velada con una entrega de recuer-
de todo el visto bueno de Eduardo. dos.
Comenzaba así: Cada uno llevaba algo bonito para los demás, con
objeto de sellar eternamente el trozo de vida que juntes ha-
PUNTOS DE MEDITACIÓN DEL SCOUT RA- bíamos pasado. Y todavía tengo el óleo pintado por Jesús en
MÓN DE SOTO HERNÁNDEZ. el que aparecemos los seis alrededor de una pequeña tienda
de campaña y al fondo Peñablanca; la ampliación fotográca
Yo quisiera, durante la realización de las 48 horas, que hizo Carlos de la conquista del Almanzor; los versos que
pensar sobre los siguientes puntos, llegando a mi convenci- en un momento de inspiración compuso Patoti para el
miento y madurez a través de un encuentro personal. equipo; la navaja que a cada uno nos regaló Pedro; y el librito
1) Promesa Scout. scout con frases importantes que había confeccionado
2) Ley Scout. Eduardo y en donde estaba anotada, como recordatorio per-
3) Mi desarrollo como hombre. petuo, nuestra investidura de Rovers:
4) Servicio a los demás. “Recibe este distintivo amarillo, del color del sol, que te recor-
5) La vida. dará que debes conservar el entusiasmo y la alegría de los Lo-
Después, y completando la prueba a la que volunta- batos, cultivar el hombre-niño y dar a los hombres, come el sol
riamente me presento, trabajaré desinteresadamente con el a la tierra. todo tu amor transformado en luz. Este distintivo
panadero del pueblo para acercarme a la realidad del trabajo verde, del calor de los campos españoles, te hará sentir la espe-
y forma de vida en el ambiente rural. ranza de que, si ya no eres un scout por tu edad, supiste cum-
plir durante el tiempo que lo fuiste y mucho más podrás ahora
Firmado: Mapache Noble. VºBº Toro Tenaz dar de ti lo que se espera. Este distintivo rojo te recordará cada
minuto que debes vivir el escultismo en sus tres etapas, pues el
Y después de leer el “apellido” tótem de Eduardo y Rover ha de ser para siempre un SCOUT completo. Te recor-
observar los rasgos de su insólita rma, me puse a contem- dará también que debes ser un ejemplo para tus hermanos me-
plar la tenacidad con que las hormigas subían hasta lo más nores. Recibe le cantimplora del peregrino y no des de beber a
alto del montículo de tierra, un sin n de variadas y minús- tu alma, sino en las fuentes puras del amar y la verdad. Re-
culas partículas absolutamente irreconocibles. cibe esta hacha, símbolo de la energía, que te abrirá camino

 
un refugio. Y si no llega a ser porque escuchamos el canto Removí con un pequeño palo entre la arena y al ins-
suave del agua en la fuente, hubiésemos continuado sin sa- tante toda aquella montaña se transformó en volcán vi-
berlo, pues dejamos atrás el refugio en unos quinientos me- viente. Cientos, miles de hormigas correteaban sin cesar de
tros. Pero estaba allí , escondido entre la espesura del pinar y un lado para otro; entraban por el cráter, salían de él; la hilera
un poco alejado del camino. o camino que hasta entonces ascendía recto y bien matizado
Si nos gustaba aquel sitio era porque poca gente lo por los diminutos cuerpecillos andantes que lo formaban, se
conocía y se quedaban atrás en los cuatro refugios más visi- tornó anárquico movimiento desesperado y al libre antojo
bles. Aquel era pequeño, acogedor y casi nuestro. de las asustadas hormigas. Varios miles de ellas, unas ni tan
Nada más verlo recordamos el trabajo realizado para siquiera llegaban a lo alto, se dejaban orientar en su recorrido
ponerle la puerta y las ventanas. Estaba destrozado cuando por la presencia de otras muchas. Parecía un mundo re-
llegamos allí por primera vez y no nos faltó ilusión para pro- vuelto sobre la torre de Babel.
gramar otra excursión en donde llevásemos material y arre- Dejé aquel palo que me introdujo a un absurdo
gláramos todos los desperfectos. Y cuando vimos nueva- juego, pues mediante mi estúpido antojo había herido a
mente plasmado el esfuerzo en su acondicionamiento, nos unos seres indefensos sin ninguna justicación o razón.
dimos cuenta más aún de la cantidad de cosas hermosas que “¿Te gustaría, Ramón, que mañana unos seres mons-
juntos habíamos hecho. Era emotivo recordar a Carlos lleno truosos llegasen hasta tu barrio y entre horrorosas sonrisas y
de hollín limpiando la chimenea: al “Yesus” cortando tron- gigantescos chillidos y por medio de un terremoto inesperado,
cos para hacer los marcos; a Pedro subido en el tejado colo- ¿destrozasen tu casa en donde desesperadamente se lanzan
cando placas de pizarra; y al Patoti disfrazado de “lagarte- alocados tus padres en busca de un desconcertante destino?”.
rana” barriendo el suelo y encalando las paredes; y a Eduardo “Tú, Ramón, que tantas veces has criticado a los caza-
que amasaba cemento con tierra mientras Jesús transpor- dores que se llaman deportistas, por no comprender el objetivo
taba interminables baldes de agua desde la fuente. ni el placer de matar seres indefensos, tú, te has portado de
Era un trabajo en equipo, una ilusión comunitaria, una forma similar, te has reído de la debilidad del pequeño y
un esfuerzo colectivo. te aprovechaste de tu superioridad, lo mismo da matar hor-
¡Qué gran noche pasamos recordando todas nues- migas que pájaros, abatir un gorrión que asesinar un ciervo.
tras andanzas! Y, al nal, cuando dejamos de remover las bra- ¿Y todo para qué?, ¿para demostrar la puntería que uno tiene,
sas para que también ellas descansaran en su lánguido color probar el buen funcionamiento de las armas destructoras,

 
sentirse superior ante los demás? Si quieres probar todo eso hay nadie se le obliga ni se le impone, todos somos libres de acep-
otros medios menos sangrientos e innobles: ejercita tu habili- tarlo y vivirlo o despreciarlo marginalmente. Y los Noveles
dad tirando a un bote, una moneda, un botón pequeño y, no queríamos ser parias de los ambientes musicales de moda,
luego, cuando necesites mayor destreza, lanza el bote, la mo- ni desaprovechar nuestras ilusiones y energías en vanas tar-
neda o el botón con fuerza a través del aire y dispara; ponte des improductivas, ni buscar caminos oscuros o degradables
delante de un jabalí para combatirle con sus mismas armas, para la mente y el cuerpo, ni tan siquiera ser borregos de un
es decir, a pecho descubierto; corre detrás de un ciervo, de una redil desbocado en pos de absurdas pretensiones. Nuestras
gacela o un “bambi” y trata de alcanzarlo en vez de matarlo ansias de libertad, de expresión, de ser-más por saber-más, de
“deportivamente” y en nombre de una “hazaña inigualable”. plasmar en realidades nuestras ilusiones, estaban bordadas
Tú, Ramón, ¿quieres también olvidarte del 6º artículo de la en la or de lis que orgullosamente llevábamos cerca del co-
Ley?”. razón.
Me había entristecido aquel pensamiento, y sobre
todo, la cercana posibilidad de alimentar un instinto des-
* * *
tructor. Yo, que había sentido un placer inmenso cuando de Y en nuestra última salida caminábamos cantando
niño me hice amigo de aquel perro callejero al que vendé la alegremente muchas de las canciones clásicas, interrumpién-
pata fracturada; que había fabricado nidos para los gorrio- dolas singularmente con un ¿os acordáis cuando? , ¿te acuer-
nes y ponía migas de pan en mi ventana; y ahora, estaba dis- das de? , ¿fue en? Todos coincidíamos en las estupendas ex-
puesto a “degollar” perros, matar animales tontamente, des- periencias de los momentos vividos conjuntamente y en la
truir algo tan maravilloso que se llama VIDA, aún la de seres seguridad de estar ilusionados con nuestro nuevo trabajo.
tan insignicantes como las hormigas. Llegamos hasta el cruce de caminos en Plazuela de la
Me levanté de aquel siniestro lugar y fui en busca de Cebada, después de pasar por Puente Negro, en la zona de
un lejano camino en donde desembocar mi ahogada marcha El Espinar, y Eduardo propuso adentrarnos hasta el pe-
y lento pasear. queño refugio de la fuente. Nos pareció bien, pues tres horas
Y llegué hasta el abismo en donde se curva la ladera de marcha, tan rápidamente pasadas, aún no se dejaban no-
del monte, junto al pino torcido que se asoma intrépida- tar en nuestras piernas. Mas aún, Pedro propuso llegar hasta
mente para ver correr el agua al fondo del barranco. Allí vol- el embalse, pero fue rechazada la sugerencia porque aquella
vía a ver la grandiosidad de la Naturaleza y la pequeñez del salida era de “relax” y queríamos charlar cómodamente en

 
noveles empezó a disgregarse lentamente, extinguiéndose ser humano. Allí me recosté sobre la seca corteza del pino y
despacio, pues nuestras ocupaciones eran ya efectivas. continué mi “trabajo” de meditación.
Manteníamos relaciones aisladas en el local, infor- “… y cumplir elmente la Ley Scout, El último
males, en las que comentábamos nuestros distintos trabajos punto de tu Promesa, Ramón, la síntesis en diez escuetos ar-
y puntos de vista. Y la selección había comenzado. Ya sólo tículos de tu forma de ser, obrar y ver las cosas. ¿Conoces la
continuábamos siete, pues “el Yesus”, Margarita, Maricar- Ley Scout?: te acordarás de la Corte de Honor antes de que
men, Alfonso y Fernando abandonaron el trabajo antes de te dijesen que ibas a hacer la Promesa, cuando temblorosa-
nalizar la Ronda. mente entraste en la habitación y de sopetón te pregunta-
Sí, quizá fuese excesiva la tarea propuesta en un prin- ron: “el 7º artículo” y tú, maquinalmente, contestaste: “el
cipio, pero las exigencias y ansias de superación estaban muy scout es obediente, disciplinado y no hace nada a medias”.
por encima de otras ilusiones. ¿Cómo se le puede negar a Bien, mantienes fresca la memoria, y entonces recordaras lo
unos jóvenes los distintos campos de desarrollo que se le que tu Jefe de Patrulla te replicó: “La Ley Scout no hay que
ofrecen en una determinada etapa de su vida? ¿Debíamos saberla de carrerilla, hace falta cumplirla; no se trata de co-
encerrarnos en nuestra quimera escultista, ese mundo cada nocer 10 artículos, sino de vivir conforme a ellos”.
vez más elevado, y dar de lado a otras manifestaciones inhe- Muy bien, Ramón, has superado nuevamente la
rentes a muchachos de nuestra misma edad? ¿Dónde esta- prueba de retención — ¿acaso te han hecho ya efecto tantos jue-
ban las discotecas, los guateques, el ligoteo callejero, las in- gos de Kim? — pero ahora ya no eres un niño al que le gustan
conformidades políticos-sociales, el probar un “porro”, o el el sombrero de cuatro hoyos y llevar el bordón siendo el pri-
buscar un consumismo desmesurado? Mucho antes de tra- mero de la Patrulla; casi te has convertido en un hombre y
bajar en el equipo y en respuesta a nuestras inquietudes, ha- como tal ya debes pensar. Y un auténtico hombre, ese que se
bíamos planteado en la comunidad el encasillamiento al que mide por el corazón y la razón más que por la fuerza, un hom-
estábamos sometidos dentro de un orden establecido. Y la bre de hoy —a la altura de la vida y la civilización actual—
respuesta la encontramos en nuestro espíritu, en la jeza vo- también se rige por un código de honor como los antiguos ca-
luntaria a unas premisas básicas que ordenadamente iban balleros medievales. Ellos luchaban contra “dragones” en de-
respondiendo a nuestras necesidades, sin tener que mezclar- fensa de los débiles, nosotros, también combatimos contra todo
las con las que vulgarmente se identican con la juventud. lo que simboliza el mal y servimos al prójimo. Ellos daban
El que está en el escultismo es porque quiere y lo desea, a ejemplo por su caballerosidad, nosotros, siendo buenos

 
ciudadanos. Y como eslabón entre aquellos y los nuevos caba- con el trabajo y la preparación, premisas básicas para empe-
lleros de hoy, un código de conducta ante el que se responde, no zar con vistas a un futuro que considerábamos ya no muy
con una espada que acaricia tus hombros, sino con una or de lejano.
lis llevada en el pecho. Y después de conjugar la teoría encontrada en los li-
Esa ley de vida, condensada en 10 apartados o artícu- bros con la práctica de sus aplicaciones, pasamos al lugar
los característicos, no imponen obligaciones ni te prohíbe accio- concreto de nuestras experiencias. Intensicamos el trabajo
nes. Tan sólo te dice cómo es un scout, cómo vive un scout y qué para atender tres cosas: los libros, la técnica y los contactos.
es lo que debes observar para ser scout. Si te das cuenta, es una A principios del año siguiente formábamos parte del
Ley que puedes y debes mantener aun cuando algún día dejes Grupo como Ayudantes Adjuntos de Unidad, participando
de pertenecer al Movimiento como scout activo, porque su con- en la gestión directora de cada una de las Ramas. Nos íba-
tenido no es exclusivo nuestro, sino de todos los hombres buenos mos rotando para conocer plenamente el mundo práctico
del mundo. Fíjate bien: de cada Unidad y si el primer mes fue dedicado a ayudar en
El scout cifra su honor en ser digno de conanza. la Manada, el segundo fue para la Tropa y por último los
El scout es leal. Mayores. De esta forma conocimos directamente la proble-
El scout es útil, servicial y ayuda al prójimo. mática de cada etapa y podíamos hacernos una composición
El scout es amigo de todos y hermano de cualquier de lugar con objeto de saber elegir cuál sería la Rama en la
scout. que especializarse, más acorde con nuestro estilo, carácter o
El scout es cortés y caballeroso. capacidad.
El scout ve en la Naturaleza la obra de Dios y protege Yo elegí los scouts, quizá porque conocía poco el
a los animales y plantas. mundo de los Lobatos, quizá porque los Mayores me infun-
El scout es obediente y disciplinado y no hace nada a dían mucho respeto. También inuyó el recuerdo “sagrado”
medias. que hacia ellos mantenía, pues mi estancia en la Tropa había
El scout está siempre alegre, sonríe y canta ante las di- sido la que cambió el curso de mi vida y la que me ayudó a
cultades y peligros. ser como soy. Me gustaba enormemente trabajar con esos
El scout es austero, trabajador y no hace nada a me- muchachos, y seguro que daría mucho mejor rendimiento
dias. que en cualquier otra Unidad. Así que el tercer trimestre lo
pasé como Ayudante Adjunto de Tropa y el equipo de

 
El scout es puro y sano en pensamientos, palabras y
obras.
Luego si quieres ser scout, un buen scout, tratarás de
ser el a estos diez artículos, que vuelvo a insistirte, no te obli-
gan ni prohíben, sino que te orientan a observar una conducta
que libremente aceptas como tuya.
Ramón, tampoco se trata de que cuando vayas a hacer
algo mires a ver si va en contra o a favor de la Ley, no, tan solo
pregúntate. a ti mismo si es bueno o malo, si además de con-
venirte ayuda a los demás, si limitas la libertad de otros y,
entonces. hazla, verás como has cumplido con la Ley Scout.
¡Qué maravilloso! Si todos los hombres conáramos
unos en otros, sabiendo que con honradez y honro nos desenvol-
vemos en la vida, sabedores de que no falseamos, que actuamos
respetándonos unos a los otros y que sólo nuestra conciencia
aquí, y Dios allá, son los jueces de nuestros actos.
¡Qué bonito! es guardar lealtad ciega por la con-
anza en los demás; ser leales con nuestros padres, con nuestros
superiores y con nuestros subordinados y, sobre todo, con noso-
tros mismos.
¡Qué sensación! de sentirse útiles y poder ayudarnos
mutuamente en cualquier circunstancia y ante las diculta-
des que surgen. Ser útiles es estar “alerta” y preparados en la
vida, y siendo útiles, es fácil encontrar la felicidad.
¡Qué hermosa! es la amistad y el saberse ligado a otros
por un mismo ideal, encontrarse siempre entre compañeros,


entre hermanos, tener siempre puntos de apoyo y ofrecer el son más intensas en la edad juvenil, también es verdad que
nuestro a los demás, que sepan y sepamos encontrar al amigo. siempre teníamos a nuestro alcance los sabios, acertados
¡Qué extraordinaria! es la vida, si pasamos por ella consejos, y explicaciones de nuestros Jefes. El Jefe era, ade-
cortésmente, caballerosamente, respetuosamente, cediendo más del hermano mayor y el ejemplo constante del scout, el
ante el débil, ayudándolo y protegiéndole, con sencillez y hu- hombre que todas nuestras dudas e incongruencias transfor-
mildad. maba en pequeños eslabones formativos de una cadena con-
¡Qué belleza poder contemplar siempre la Natura- tinua para nuestro provecho. Era guía y guardián, Jefe y
leza tal cual es, como Dios la ha puesto a nuestro alcance! amigo, exigencia y esfuerzo. ¿Cómo podríamos nosotros
Mantener siempre intacta la vida, esa vida a la que también tratar de emular medianamente tan solo, toda aquella expe-
tienen derecho los animales, las plantas… riencia y formación que al Jefe se le exige? ¿Íbamos a ser ca-
¡Qué grandeza! es avanzar con rectitud, obedientes, paces de animar y dirigir a otros muchachos más jóvenes sin
con la savia dada por nuestros padres y la esperanza de que jugar con ellos y haciendo un escultismo productivo para to-
nuestros hijos la sigan también. Y saber orientar a los demás dos?
porque aprendimos antes a obedecer y a caminar. Ahora me explico todo el nerviosismo interior que
¡Qué felicidad! se encuentra en mantener la alegría nos abatía cuando empezó a trabajar el equipo. Éramos
en la vida, enfrentándonos valientemente ante las diculta- conscientes de la importancia capital que suponía nuestro
des, con gallardía en el peligro, animosamente en los proble- aprendizaje para el futuro. No queríamos caer en la desgra-
mas. Alegría por vivir, sonrisa continua de vida. cia de muchos seudo-educadores o jefes scouts incapacita-
¡Qué tranquilidad! por tener un puesto en la sociedad dos, que creyendo saberlo todo se lanzan a la loca aventura
y sentirnos capaces de trabajar, avanzando siempre sin dete- de un antiescultismo, desvirtuando el Movimiento y ha-
nernos en busca de los objetivos. Poder vivir felices de nuestro ciendo del ser scout una careta externa de su inmadurez.
trabajo, de nuestra utilidad, sin ser carga o lastre de nuestra A nosotros nos habían ofrecido y dado mucho, ¿de-
familia y amigos, siendo nosotros mismos y realizándonos ple- beríamos romper con ello y no ser capaces de dar más? Una
namente, totalmente. cosa era importante: nuestra vivencia como scouts. Partía-
¡Qué limpieza! de espíritu es mantenernos siempre sa- mos con la base de un camino ya trazado, ya en parte reco-
nos, física y moralmente sanos, convencidos de nuestra pureza rrido y ya maduro por el tiempo. Sólo nos faltaba una cosa:
saber transportarlo. Y ese saber o ser-más, sólo se encontraría

 
haciendo una distinción lógica en el tratamiento de las tres en las acciones, la claridad de nuestras obras y la pulcritud en
ramas existentes. El trabajo en equipo permitía elaborar con- los pensamientos.
clusiones y discutir conceptos fundamentales desde distin- ¿Te das cuenta, Ramón, de lo maravillosa que es la
tos puntos de vista o asimilación. De cada uno de los textos vida? ¿De qué es necesario saber vivir, prepararse y compartir
enumerados se sacaron unos apuntes resumiendo su conte- la vida? Eso es la Ley Scout, una forma sincera, alegre y juve-
nido y que hacían hincapié en las partes esenciales y trans- nil de vivir. Limpiamente, sin intereses canosos, capaces de
portando las enseñanzas al campo concreto de nuestra situa- morir felices porque encontramos la felicidad en vida. Y no
ción real, los muchachos de hoy y las condiciones sociales sólo ahora, cuando cuerpo y alma son jóvenes, sino: mañana,
del país. Fue un trabajo muy interesante y un experimento manteniéndonos siempre jóvenes”.
cualicado, pues tratamos de acomodar el escultismo a unas Me levanté de allí rebosante de felicidad, pletórico
exigencias distintas a las existentes en el momento de su crea- de fuerzas y con una entera sensación de libertad. “Soy libre
ción. para vivir” gritaba, y aquella pareja de tordos se vino a posar
Durante ese tiempo continuamos con nuestra vida cerca de mí, juntos, con la sonrisa en sus picos. Y yo me arro-
de campo pero como complemento a una preparación téc- dillé, extendí los brazos al cielo y pedí :
nica; cada salida la dedicábamos al adiestramiento en deter- “Por favor, Dios mío, ayuda mucho a Maricarmen”.
minadas artes campistas o en el conocimiento exhaustivo de Había llegado nuevamente pueblo cuando las pri-
la Naturaleza. Ya no se trataba de hacer una excursión para meras luces se encendían y ya la noche había desposeído de
alcanzar la cima o contemplar los valles, ahora se programa- su reinado al día. Y estaba nuevamente allí , donde terminaba
ban para buscar sitios nuevos de acampada y comprender la frágil el pequeño sendero, trocha o vereda, en la misma curva
distinción entre el pino y el abeto, cocinar con brasas o em- donde daba vuelta la carretera y se aparecían alegres los pri-
plear un lumogas para señales. Teníamos que experimentar meros haces de luz.
todas las técnicas para familiarizarnos enteramente con ellas Tomé la parte izquierda de la carretera y avance li-
y conocer sus secretos, aclarar todas las dudas y justicar su gero, sin lastre a mis espaldas, pues durante aquellas 24 horas
empleo antes de que los niños empezasen a preguntar por había hecho más que en 16 años; llevaba un gran equipaje
qué de las cosas. dentro de mi sobre azul y que había desglosado en una sen-
Si hasta entonces éramos nosotros los que preguntá- cilla PROMESA.
bamos, ya que las inquietudes latentes en el interior humano

 
Serían aproximadamente las nueve de la noche oponía a la lúgubre oscuridad en donde descansaba la grisá-
cuando me llegué hasta aquel bar en donde había quedado cea visión del padre Monsegú.
con el señor Indalecio, el de la tahona, para irnos juntos a la Además del armatoste de la gramola, teníamos un
panadería y empezar a trabajar con él, a medianoche, como armario en donde se guardaban las herramientas y todo el
era habitual. Y allí estaba Eugenio, el de la cachava, que se material de campismo; las estanterías que hacían de biblio-
sonrió paternalmente y quien rompió las distancias. teca; un gran cuadro en donde se reproducían “cincuenta y
— Buenas noches peregrino, ¿muchos lobos pol- cinco nudos diferentes; dos mesas de madera con ocho sillas; y
monte? una pequeña alfombra en donde descansaban dos banque-
— No —le contesté—, algún que otro elefante per- tas artesanas y un armarito —pequeño bar no alcohólico—
dido pero inofensivo. Je, je... en el que se encontraba una lámpara. El muro que quedaba
— ¡Pues donde está lotro?, ¿pues ya sa rajao? —vol- vacío fue llenándose rápidamente de pañoletas, insignias y
vió a preguntarme—. distintivos scouts. La base de los Noveles era un auténtico
— Mi compañero llegará mañana, temprano, hoy local scout, en donde se conjugaban el estilo y las inquietu-
dormirá cerca del pueblo y al amanecer estará en la herrería. des juveniles.
Bueno, eso es lo que me dijo. Yo me he adelantado por el Formábamos dos equipos. De una parte: Pedro, “el
panadero, bueno, el de la tahona, pues me dijo que empe- Yesus”, Susana, Alfonso, Carlos y Margarita; por otro lado:
zaba a trabajar por la noche. “patoti”, Jesús, Maricarmen, Fernando y yo. Ambos grupos
— Sí, claro, Lindalecio es común murciélago, tra- tenían en principio trabajo distinto, aunque el resultado -
baja pola noche y duerme poldía. Allastá —continuó— con nal fuese la exposición comunitaria.
su partidalsubastao. Durante el primer trimestre unos leerían, resumi-
— Gracias, señor Eugenio, mañana le iré a ver antes rían y asimilarían los libros: Guía para el Jefe de Tropa, Edu-
de irme. Buenas noches. cación y Escultismo y Roverismo hacia el éxito; mientras
— Buas noches mozo. que los otros centrarían su trabajo sobre Escultismo para
Y, efectivamente, en la mesa del rincón, cerca ya de muchachos, Escultismo ruta de libertad y el Manual de Lo-
la barra, donde se apiñaban unos cuantos curiosos, estaba batos.
mi “patrón” junto a otros tres compañeros de juego. Se trataba de conseguir una profundización básica
sobre los moldes tradicionales del conocimiento scout,

 
nuestro mundo cerrado al tumulto de las calles y al ruidoso — ¡Hombre!, exclamó, mientras golpeaba con du-
tráco. reza la última carta de la jugada ya concluida— aquistá mi
Había un pequeño trastero en donde normalmente ayudante. ¡Una silla paste mozo!
se dejarían los trastos, pero lo que convencionalmente con-
gura tal término, era para nosotros utilidad y un posible Y sin quererlo, sin buscarlo, al instante, me encon-
servicio, así que dejamos los trastos para el local y encerra- traba sentado junto a ellos sintiendo el alcoholizado aliento
mos en el trastero todas las ediciones de los cinco libros es- de un hombre detrás mía, apoyado en el respaldo de la silla
critos por el padre Monsegú que anteriormente ocupaban el y que continuamente me empujaba hasta casi darme de na-
espacio de nuestra base. Sólo se salvó un ejemplar de cada rices sobre el usado y ya viejo tapete verde.
número, para la biblioteca y como deferencia a la comuni- Y allí estuve, medio dormido, medio despierto,
dad religiosa por si pasaban por allí y veían que no teníamos aguantando estoicamente el nal de la partida, mientras ob-
a mano las sabias palabras y castísimos consejos del padre en servaba el “apecho” con que los cuatro se entregaban, entre
cuestión. Pero a nosotros nos sonaba a chirigota el estar en faroles iniciales sobre la puntuación que eran capaces de ob-
pecado mortal por observar el tobillo de una chavala (no di- tener y la rabiosa alegría con que “mataban” algún as o tres
gamos un muslete) o ir al inerno por asistir de vez en del contrario.
cuando al cine, aunque no utilizásemos la la de los mancos. Ya me encontraba allí donde había soñado durante
Hasta el propio Jesús —consiliario— se reía de los consejos tanto tiempo, respirando un aire especial entre bollo y tor-
allí escritos y aclaraba que mucho más pernicioso era asimi- tel, caminando por un pasillo de piedra y cemento mal ali-
lar semejantes payasadas que verdaderamente equivocaban a sado en el que se podía ver numerosas montañitas blancas
la juventud. Así que entrastamos toda la literatura represiva de harina perdida.
y pusimos en la biblioteca el “Mono Desnudo”; encerramos A la entrada había un rústico mostrador de madera
al cura en el cuartucho y pusimos en la pared un dibujo de ya vieja, muy usada, pero limpia y lisa, en donde me supuse
“Jesús es el camino”; olvidamos los cantos gregorianos y lle- que se vendería el pan; detrás, dos estanterías en forma de
vamos un antiguo tocadiscos para escuchar música; y pinta- baldas curvadas que ahora tan sólo sujetaban el peso aislado
mos una gran or de lis en la pared , que con su color azul, de tres panecillos redondeados de un beis rojizo. El pasillo
daba a toda la estancia una luminosidad alegre y pura que se desembocaba en una espaciosa habitación; había una gran
pila de sacos, bolsas vacías, un lavabo y dos sillas. Nada más.

 
Y contigua a ella otra menor, con el famoso horno, una gran caer el rayo, hacer el macuto, levantar el mástil, jugar a Kim,
pileta de hierro que sustentaba dos aspas giratorias y una ex- al bull-dog, al bordón, cortar con hacha, hacer superviven-
traña maquinilla con una cinta transportadora de goma. cia, dar clases, hacer encuestas, cantar en el crepúsculo, escu-
Había un hombre que entraba y salía cargado de char el tam-tam, transportar heridos, donar sangre, ver saltar
troncos y palos por la otra puerta que daba al patio y en a las liebres, escuchar en la vía del tren, vigilar desde la to-
donde se encontraba una enorme montaña de madera bien rreta, apadrinar a un pietierno, y siempre, siempre, sentirnos
formada, a pesar de las rugosidades y “torcidos” de las enci- muy cerca de Dios.
nas. Nuestra tristeza aglutinaba todo estos y muchos re-
— José —dijo el señor Indalecio—, éste es el nuevo cuerdos más. Pero por encima de todo éramos scouts que
ocial. ¿Qué le damos pacaga? queríamos seguir haciendo escultismo y nuestra lealtad para
— Pues, que vaya echando lancina al horno —seca- con el Movimiento exigía nuestra entrega. De tal forma que
mente contestó—. aquel otoño empezamos a ser NOVELES.
Y, rápidamente, con un ademán de asentimiento,
para demostrar que estaba dispuesto a todo, comencé a car-
gar troncos. El horno ya estaba encendido y a través de una
* * *
compuerta se dejó ver sus satánicas entrañas. Cada vez que
se abría era necesario taparse la cara, salía una gran bocanada El local en la torre de la parroquia nos lo había pro-
de fuego y había que introducir con mucha rapidez el nuevo porcionado el Jefe de Grupo para una mayor independencia
alimento. con relación al resto de las Unidades y de tal forma que Jesús,
Después cargué baldes de agua desde el lavabo a la nuestro. consiliario, trabajase más estrechamente con noso-
pileta de hierro, en donde el señor Indalecio echaba sin cesar tros ya que pertenecía a la comunidad religiosa que allí se
más y más harina, mientras José continuaba atizando el asentaba.
horno. Me encantaba la idea de poder meter manos y brazos En realidad no era muy grande, sencillamente aco-
para amasar aquella pasta de un amarillo crudo, pero las as- gedor, en donde teníamos ordenados todos los “trastos” y
pas empezaron a girar y no era precisa una labor manual. que cuidábamos con esmero, ya que suponía nuestro se-
También se echó la levadura, unas pastillas a modo gundo hogar y algo muy importante: era nuestro local,
de jabón, que desprendían un fuerte olor avinagrado y la sal,

 
tormentas, rezar en silencio, ver el amanecer antes que nadie, desgranados terrones para sazonar toda aquella mezcla.
rodar por las praderas, zambullirnos en la laguna, izar las Hasta entonces esa labor me gustaba, formaba parte de una
banderas, aprender el as de guías, deslar en un San Jorge, cadena de trabajo en busca de un objetivo comunitario, pero
clavetear chinchetas en el bordón, construir cabañas, recoger la siguiente operación fue la más fascinadora para mí.
frutos, montar en burro, subir la leche al campamento, asar El señor Indalecio me encargó ir cogiendo —enton-
patatas en las brasas, enseñar la ciudad a los turistas, ir a las ces ya podía meter las manos en la masa— trozos y pesarlos
fábricas, hacer un torniquete, luchar contra los tábanos, can- en una pequeña balanza; a un lado estaban dos pesas de hie-
tar en la parroquia, vender “crismas”, destensar vientos, ha- rro, en el otro, iba colocando las “bolas” de masa y que sa-
cer regueros, actuar en el fuego de campamento, viajar en la caba de la pileta. A unas las pegaba luego otro poco y cuando
caja del camión, dormir en un pajar, hacer nidos en los árbo- la balanza no se estabilizaba por el excesivo peso de la mezcla,
les, solicitar trabajo en los pueblos, dar de comer al ganado, la arrancaba pegajosamente una parte hasta que la echilla
las guerras de piñas, lavar cacharros en la fuente, atar Loba- central se quedaba en cero. Era cuestión de que cada “mo-
tos al mástil, hacer una Promesa, montar el Belén de Navi- gote” tuviese un peso exacto, y el señor Indalecio los cogía,
dad, remendar las tiendas, pintar el techo del local, tocar la aplastaba, alisaba y daba forma redondeada antes de colocar-
guitarra al fondo de los autocares, asaltar campamentos de los ordenadamente sobre unas planchas de madera. Y José
Guías, aguantar las broncas estoicamente, lavar las camisetas también cogía de aquella masa, la echaba en la otra maqui-
de trabajo, pasar miedo en la soledad, reconocer estrellas en nilla que por acción de unos rodillos iba escupiendo alarga-
el rmamento, hacer maquetas, construir balsas, animar a das y raquíticas longanizas que cuidadosamente recogía para
los chavales del sanatorio, trepar por los riscos, sacarle callos ordenarlas —como si de un ejército de soldaditos de plomo
a las manos, comer mal, dormir peor, reventar ampollas, se- se tratase— en las o hileras paralelas sobre otras planchas; y
gar los campos, hacer señales de humo, destrozar el motor de cuando llenaba una, la cubría con una lona semihúmeda, es-
la moto, caminar perdidos por el bosque, tocar las campanas polvoreaba un poco de harina y comenzaba un nuevo piso.
de la iglesia, descubrir al Zorro, sentir el aire en las mejillas, Así se fue pasando la noche. Ya eran más de las tres
oler a tierra mojada, apagar el fuego, convencer a las chicas de la madrugada y un calor asxiante acompañaba nuestro
para que vengan a la esta, pintar murales, rastrear pistas, trabajo. Cambié las pesas y ahora colocaba “futuros” panes
encontrar a Beltengheusen, alar el machete, cambiar de ca- más grandotes. Uno más, cientos de ellos se iban
misa los faroles, hacer bavaresas, meter buriles, ver de cerca

 
amontonando en una torre y de vez en cuando el señor In- Unidad, que con el tiempo se convirtiesen en Jefes. Pero,
dalecio decía: “ya quea poco”. claro está, no todos continuarían en el Grupo ni todos al-
Y aquel momento llegó. Yo ya estaba rendido, me pe- canzarían el grado propuesto. La idea estaba en capacitarse
saban los ojos y a pesar de que mi única ropa eran los panta- para poder dar lo que habíamos recibido, es decir, enseñar el
lones cortos, tenía un calor enorme y sudaba continua- escultismo que a nosotros nos habían enseñado, vivir como
mente. José cogió un larguísimo palo que terminaba en una scouts dirigiendo a otros scouts. Si en principio cualquier
supercie cuadrada de madera. El señor Indalecio iba colo- joven puede sentirse dichoso con tales perspectivas, noso-
cando uno, dos, hasta seis panes sobre la tabla, abrió una tros fuimos menos entusiastas, y más aún, nos sentíamos de-
puertecilla del horno en forma semicircular y extendién- fraudados.
dome una cuchilla me dijo: Los jefes decían que ya no podían ofrecernos más,
— Toma, Ramón, márcalos. que nuestras etapas en el escultismo habían concluido, que
— ¿Y cómo se hace eso? —pregunté—. continuar sería “quemarnos” y que era preciso cambiar el
— No tienes más que dar dos cortes en forma de rumbo de nuestro “ser scout”. Teníamos que empezar a dar,
cruz paque despué, con la calor, sabra el pan y se cueza pa- transformarnos para saber ofrecer todo lo que llevábamos
dentro. dentro.
Y yo, emocionado, pensando en la gran responsabi- Pero nosotros estábamos tristes: queríamos seguir
lidad que se me confería, fui trazando cruces sobre aquellos con las fantásticas excursiones, las aventuras misteriosas, la
panes y después hice rombos y estrellas de David y pequeños alegría del fuego, el respirar en la esplanada, competir en las
agujerillos y… construcciones, jugar hasta el anochecer, deslizarnos por las
José entonces introducía la paleta en el horno y con pendientes nevadas, explorar cuevas profundas, cantar a
un movimiento seco, brusco, calculado, los panes se deposi- otros muchachos, sudar en los campamentos, montar vivacs
taban dulcemente sobre la base giratoria que se movía para en las cumbres, beber de los torrentes, hacinarnos en un fur-
hacer coincidir sus huecos o espacios libres de panes con la gón de mercancías, acompañar a los pastores, dirigir el trá-
puertecilla por donde los introducía. Y cuando toda la base co, plantar árboles, construir puentes, soñar bajo las estre-
se llenó de panes, la giró varias veces por completo para rati- llas, asar truchas, subir hasta las cimas, remar en los ríos,
car que no quedaban huecos, cerró la trampilla. Los panes guardar el campamento, deslizarnos por las tirolinas, actuar
se estaban cociendo. en el festival; postular por las calles, mojarnos en las

 
Era bonito observar con qué habilidad iban colo-
cando los panes sobre la paleta. José la ponía a su altura y el
señor Indalecio, con un ademán rápido que sonaba a
¡BLOP!, movía la lona en donde se habían colocado y los pa-
nes daban un pequeño salto sin que se descompusiesen o
golpeasen. “Todo un arte”, pensé , pues cuando lo intenté,
cinco panes rodaron por el suelo y tuvieron nuevamente el
destino en la pileta amasadora.
OCTAVO RECUERDO Así fueron pasando las horas en mi nuevo trabajo.
Veía sudar a aquellos dos hombres, afanarse sin descanso en
Fue nuestra última salida, aunque Eduardo se empe- una lucha continua contra la pereza, sin detenerse, encon-
ñase en decir que era la penúltima, ya que habría oportuni- trando siempre una cosa que hacer.
dad en la vida para que nos volviésemos a encontrar y ento- De vez en cuando se miraba el horno, los primeros
násemos nuestro legendario “jailio-yubi-yubiji”. Pero, para panes ya estaban cocidos y era menester sacarlos. Lenta-
qué engañarse, la despedida estaba próxima y aquella excur- mente se daba vuelta a la base giratoria del horno para ver el
sión sería el colofón natural que sellase nuestro compromiso característico color dorado sobre los panes ya listos, e intro-
y mantuviera la esperanza en un volvernos a juntar. El ca- ducían nuevamente la paleta, hasta el fondo, el pan o panes
mino terminaba y un nuevo sendero se abría en nuestras vi- se posaba o posaban sobre ella y entonces eran extraídos ha-
das. cia afuera. Se dejaban caer sobre sacos vacíos de harina, en
El local que teníamos en la torre parroquial, un poco cajas de madera, en el suelo...
apartado de la otra parroquia que acogía el resto del Grupo Todos aquellos panes calientes, ardientes, echando
era nuestra guarida y base permanente. Si allí nos reuníamos fuego, debían reposar antes de llevarlos a la venta y según se
para estudiar, charlar o escuchar música, también es verdad iban sacando continuaba la metida al horno de algunos más;
que era el lugar idóneo para comenzar nuestra preparación. después las barras, pistolas, barritas y panecillos, la cola in-
Ahora éramos NOVELES y formábamos parte del futuro terminable para hacerse y después hacer apagar el hambre de
equipo de jefes. Las necesidades Grupo exigían para el pró- sus consumidores.
ximo curso el tener capacitados nuevos Ayudantes de

 
Yo también hice un trabajo especial aquella noche y pensando en el sudoroso trabajo que hacían, en su necesaria
con vista a llevar un regalo para el equipo; había amasado dedicación a los demás, en su puesto en aquella colectividad
concienzudamente un kilo de aquella amalgama cruda, la di humana alrededor de una antigua parroquia, el calor con
forma redondeada como de pan normal y con la cuchilla, que concebían cada pan y el interés que mostraban en ellos,
después de haberme ejercitado en su hábil manejo, fui dibu- pensando en lo importante que es el trabajo de los hombres
jando una frágil or de lis y la rodeé con ocho pequeñas es- me quedé dormido plácidamente mientras respiraba un
trellas. Quería que al cocer aquel pan. tan cuidadosamente agradable olorcillo de bollo y tortel.
preparado, la or de lis se abriese despacio hasta conseguir
un relieve apropiado que matizara ciertamente el pan y las
ocho estrellas no eran más que el recuerdo y presencia de mis
compañeros de equipo. Yo mismo lo metí en el horno y yo
mismo lo saqué cuando ya me dijeron que estaría hecho: Y,
efectivamente, al mismo tiempo que los primeros y madru-
gadores compradores hacían repicar la campanilla de la en-
trada en busca de “su” pan, el mío, el de mis compañeros,
también cruzaba la ventanilla del horno dando muestra de
un artesano trabajo cariñosamente concebido.
Serían aproximadamente las seis de la mañana
cuando me dejé caer sobre un montón de sacos vacíos, es-
taba muy cansado, tenía sueño y el señor Indalecio me invitó
a que durmiese. Los panes estaban saliendo del homo y José
los vendía en el pequeño despacho de la entrada. Les dije que
me avisaran, que me despertasen cuando fuesen a salir con
el carrillo a llevar el pan por las calles y casas del pueblo, que-
ría acompañarles para concluir totalmente mi trabajo y ser-
virles de ayuda. Y, así , pensando en todo lo que había hecho
esa noche, lo que me habían enseñado, lo que aprendí ,

 

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