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Conflictos y aventuras en el campamento

Recuerdos Scout
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— Coño —saltó Fernando— tú que lo sabes todo, — De eso nada — aclaró “el Yesus” — que tus cal-

pues tendremos que ir a preguntárselo a una parturienta. zoncillos estaban colgados en la cuerda cuando yo fui al ten-
— Masyho, tu siempre tan no; como diría dedero, y al observar que no estaban pintados me los llevé
Eduardo, ya sholtashte el chsiste fashil y groshyero. como prueba denitoria de tu delito.
— Bueno señores —intervino José Manuel— dejé- — Ya —nuevamente habló Pedro— es la escusa que
monos de sandeces y tratemos de descifrar el resto del men- pones para no reconocer que te he pillado. ¿Quién te mandó
saje de Águila Incansable. Evidentemente la cosa está clara, ir a nuestro tendedero? ¿Serías capaz de enseñar las existen-
al menos para mí, y es obvio, para Perry Mason, pues se trata cias de mercurocromo de tu botiquín? ¿Cómo explicas que
de llegarnos hasta el nacimiento del río. ¿Recordáis la lagu- fueras el primero en descubrir el saco de dormir de Fernando
nilla y la cascada de agua que caía sobre las piedras, donde en el hoyo general de desperdicios? ¿No lo habías tirado tú
nos fuimos a bañar en la salida de Tropa? allí , como zorro que eres, y diste la voz de alarma porque na-
— Claro — continué — el nacimiento de la vida die había reparado en ello?
debe referirse al agua, al principio del río, ya que también Durante un buen rato se estuvieron tirando trastos
forma parte de la mitología como Dios al que los primitivos a la cabeza ambos acusadores y acusados. El resto de los asis-
adoraban. El fuego, la luna, el sol, el agua eran grandiosida- tentes nos manteníamos a la expectativa para poder juzgar
des con categorías sobrenaturales y no es de extrañar que el sopesando los pros y contras que delatase a alguno de ellos.
nacimiento de la vida no sea otro que, como dice José Ma- Lo que estaba claro era que el zorro había lado de tal manera
nuel, el nacimiento del río, y la túnica de agua la cascada esa. las cosas, que sería difícil desenmascararlo de verdad; y que
Pero ¿qué tenemos que hacer allí y de qué forma comienza también había cumplido a la perfección su misión de puñe-
nuestro camino? ¿Tú qué dices Patoti? tero e incordiador.
Patoti ya no decía nada pues, y al igual que los de- Al nal, en las votaciones, ninguno de los dos fue
más, estaba empezando a dormirse y a través de su boca en- declarado culpable. Tampoco ningún otro se aventuró a
treabierta dejaba salir los extraños y característicos ruidillos, acusar a un supuesto zorro. Tanto Pedro como “el Yesus”
que, sin llegar a ser ronquidos, me informaron de su plácido fueron condenados a pasar la noche atados a un pino, con
sueño. una manta como abrigo.
A través de los cristales de la torre no se dejaba ver la Aquella noche tardé bastante en dormirme, pues los
luna, tan sólo llegaba hasta nosotros un reejo blanquecino, remordimientos no me dejaban aceptar que yo, como zorro,

 
tuviese la culpa del castigo de mis compañeros. Pero ¿si me — Doy mi reino por un bocadillo de sardinas con
hubieran descubierto no habría acabado yo en el mismo lu- callos —dijo Pedro, mientras buscaba la forma más idónea
gar con ellos? para aposentarse— o de garbanzos, pues tengo más hambre
Al margen de los incidentes más o menos anecdóti- que el perro un ciego.
cos del campamento, no cabe la menor duda al decir que los — Pues si yo fuese ciego —contestó Fernando— me
quince días fueron pletóricos en experiencias y vivencias. comería el perro. Y pensar que mañana no vamos a poder
Como la caza de los terribles “gamusinos”. tomar el desayuno. ¿Os imagináis, ahora, las gigantescas re-
— Hay que tener mucho cuidado —informaba Pe- banadas de pan con mantequilla, ese pan reciente que todo
dro a los aventureros y encandilados críos— con los gamusi- lo diluye, y mermelada, sumergiéndose lentamente en el
nos, pues si bien no atacan al hombre, hay veces que te pue- poto lleno de cacao?
den morder, sobre todo cuando tienen hambre o están en — En mi Patrulla —argumentó Roberto, el de la
celo. Fernando una noche los vio rondando por el campa- Tropa— desayunamos picatostes; el cocinero se encarga de
mento, ¿verdad? sorprendemos todas las mañanas con algo nuevo; ayer pan
— Sí, es cierto. Hace dos días, cuando comenzó la frito con azúcar, y para mañana tenía pensado damos tosta-
luna llena, vi a dos gamusinos corretear cerca de la intenden- das con aceite y ajo. El nuestro sí que es un cocinero y lo de-
cia. No los pude distinguir muy bien, pero me di cuenta de más tontería.
que eran peligrosos. Tenían la cabeza como de león, pero — Puesy yo daría el brazo insquierdo por pashar
más pequeña y sin pelo, con colmillos blancos que resalta- ahora mishmo la prueba de la totemnizashion y que fueshe
ban en la noche; el cuello era largo y delgado, quizá ... sí, comerme un bocata de tierra, o de hormigash, o de an-
como el cuello de una jirafa, con manchas negras y anaran- choash, o de eshpárragos con freshash...
jadas; las patas fuertes y cortas, entre lobo y perro pastor, con — Eso, macho —le contesté— cómete el bocadillo
uñas largas y muy aladas. También tenían rabo que levan- y saca el brazo de ahí , que me estás clavando el codo.
taban al correr, largo y como lleno de plumas oscuras... no — Bueno —volvió de nuevo Roberto, el de la
sé si me explico bien. Tropa— sabemos que debemos levantarnos temprano, para
— Yo también los vi —intervine por un mo- ir “cuando el sol se levante” hasta el “nacimiento de la vida”.
mento— al volver de las letrinas y me asusté bastante al ver ¿Pero dónde está?
animales semejantes. Se me quedó grabada la expresión tan

 
más alto de la torre, en donde reposaba la plataforma metá- horrenda y provocativa de sus bocas: entreabiertas, dejando
lica. Se ascendía hasta ella por dentro y mediante una escale- ver los dientes alados, el rugido que emitían. Me quedé in-
rilla vertical, de nos barrotes de hierro, rodeada por otras móvil y pensé en el daño que nos podían hacer. Cuando se
láminas delgadas que la envolvían, en forma de tubo, y cuya lo conté al resto de la Patrulla decidimos preparar la caza de
función era no dejar el cuerpo expuesto al vacío en una po- los que merodean por aquí , de los pequeños, pues los gran-
sible caída. Terminaba la escalera en una trampilla para dejar des seguramente que ya huyeron a las cimas de los montes,
libre el acceso a la plataforma. donde normalmente habitan.
Una vez dentro nos podíamos estirar cual largo éra- — ¿Traéis todos los sacos? —preguntó Pedro— ya
mos, pues la altura de la caseta rondaba los dos metros, y a sabéis que cuando veamos alguno de los pequeños tenemos
través de las vidrieras se podía observar todo el inmenso pi- que guardarlo rápidamente. Después haremos la danza para
nar que se extendía a nuestros pies, mientras nos apoyába- que salgan de su escondrijo y poder matarlos. Ahora vámo-
mos en la frágil barandilla que por el interior circundaba nos, y ya sabéis, cada diez pasos que deis hay que lanzar el
todo el “anteatro”. Hasta donde la vista alcanzaba, en el va- grito y golpear los palos que lleváis para meter ruido.
lle y parte de las laderas montañosas, se observaba la gran Era gracioso ver a los lobatos con la cara de susto,
mancha oscura que la luz plateada de la luna nos mostraba desgañitándose con la emisión del ridículo “crus-cru-
como bosque; enormes pinares viejos y otros más de repo- gahaah” y dando fuertes golpes con dos palos cruzados. Y
blación, se abrían de vez en cuando para albergar las tenues ellos convencidos que iban a cazar terribles alimañas.
lucecillas de algún pueblo. Diseminados por toda aquella es- Nuestra labor consistía en atemorizarlos y rodearlo
pesa mancha, se adivinaba la civilización perdida para noso- todo de una salsa especial; que estaros un momento quietos;
tros después de los días campamentales. Y ahora estábamos ¿escucháis aquel rugido?; ¿no veis moverse algo tras de esa
“cerca del cielo”, contemplando la tierra, como hijos adopti- maleza? Y en la sicosis de pánico, los Lobatos veían y oían
vos de una mitología ancestral. Habíamos ascendido hasta todo.
lo más alto, casi para poder alcanzar el ilusionado manto de Cuando ya empezaban a estar un poco afónicos con
estrellas alrededor de la encendida luna, y mientras nos jun- tanto rugido para obligar a que los gamusinos saliesen al ex-
tábamos, tapados con las gruesas mantas que nos dieron, terior, y las manos estaban cansadas de golpear, decidimos
para sentir más de cerca el calor humano, nuestra ilusión se comenzar la segunda parte de la caza: coger los gamusinos.
depositaba en la llegada del nuevo día.

 
Contábamos que se escondían entre las ramas caídas y hacer las cosas juntos, pues de nada valdría decir “todos
de los árboles y los troncos secos, y como eran tan pequeños, juntos avanzaréis”.
se ocultaban sin ser vistos. Así que era necesario meter todo — Eso, eso —exclamó José Manuel— y dormir lo
en los sacos y llevarlos hasta el campamento para obligarles a más cerca posible del cielo, es dormir en lo alto de un monte,
salir. Al rato, todos los Lobatos tenían los sacos llenos de ra- en la cima de la montaña, o en el tejado de una casa.
mas y alguna que otra piedra que les metíamos. — O en la torre de los forestales —intervino de
De regreso al campamento estaban destrozados. nuevo Roberto, el de la Tropa— me parece más razonable,
¡Cada uno llevaba más de veinte kilos de peso en el saco! Y por la seguridad que entraña, el que quieran que durmamos
cuando ya empezaban a estar un poco “moscas” con tanto todos juntos y en sitio resguardado. ¿Está más cerca del cielo
trabajo, les hicimos dejar la carga de gamusinos en la parcela la cima o la torre que se levanta sobre ella?
de la Tropa. Tenían entonces que golpear fuertemente los — Masycho, o tueresh clarividente o un enano pivo-
sacos, mientras nosotros realizábamos la danza misteriosa al- tante initrao; tiesh mash shesho que una vaca, shin ofen-
rededor de ellos. der, eh...
Después de quince minutos de romper palos con — Pues entonces —dije yo— demos media vuelta
tanto golpe, nosotros teníamos ya el cachondeo tan subido para regresar al campamento por este mismo camino y coger
que nos fue imposible mantener por más tiempo la cha- el sendero que sube hasta la torre forestal por detrás de las
ranga. parcelas de la Tropa.
— Hemos fracasado —decía Pedro— pues no salen — ¿Os dais cuenta por qué lo del silencio? —dijo al-
los gamusinos que trajimos. guno. La torre forestal no era muy grande pero sí lo sucien-
— Nos habéis engañado —increpaban los Loba- temente espaciosa como para poder estirarnos todos en su
tos— todo esto es un cuento. interior, sobre la plataforma cubierta. Habíamos estado allí ,
— Que no, que es cierto —armábamos nosotros de paso, cuando una de las exploraciones habituales del cam-
partidos de risa— lo que pasa es que no habéis sacudido con pamento, y la vez que el forestal nos enseñó a mandar el
fuerza los sacos. parte diario por radioteléfono.
— Iros a la porra —terminaron los Lobatos— nos En la base de cemento descansaban las cuatro grue-
vamos a dormir. Los gamusinos no existen. sas patas metálicas que originaban toda la estructura. Los
hierros se entremezclaban, cruzaban y sustentaban hasta lo

 
ser guerreros y en las que están expuestos a ser descubiertos Y cuando ya se marchaban enfadados hacia su par-
y muertos por otros, ya que no llevan armas con que defen- cela, Fernando, que se había escondido entre los pinos con
derse, ni siquiera de las eras, sino que han querido aden- una manta liada al cuerpo y un balde de agua en la cabeza,
trarnos en la “salsa” imaginaria para que “vivamos” más pro- salió corriendo, dando terribles aullidos. Los Lobatos se es-
fundamente estos momentos. Bueno, eso creo, aunque el tremecieron por el susto y vinieron corriendo hasta donde
resto del mensaje más me parece un jeroglíco que otra cosa. estábamos nosotros.
¿Tú qué opinas Patoti? — ¡Hemos visto uno! ¡Hemos visto uno muy
— Puesh queshtá claro, mashyo, noshyan tomao el grande! ¡Tenía cara de león y plumas de águila! ¡Lo hemos
cabello como jaimitosh y debemosh deshenterrar el hachsya visto!
de guerra y…
— Déjate de chorradas y piensa en algo verosímil —
le cortó Fernando —.
— Yo creo — intervino Roberto, el de la Tropa —
que deberíamos analizar tranquilamente todo el mensaje del
Jefe, pues estoy seguro que sus palabras encierran algo. En
las totemnizaciones siempre hay que pasar pruebas; me han
contado que muchas son duras y siempre difíciles y hasta
dolorosas. Hablan de marcarte en la piel el nombre elegido,
con un cuchillo al fuego, de pisar un rato descalzo las brasas
del fuego, cortarte el pelo y pintarte la cabeza con mercro-
mina, estar sin comer durante una semana, o, como en el
caso de mi amigo, comerte un bocadillo de tierra. Por lo que
creo que esto no es una prueba verdaderamente, sino el prin-
cipio para poder pasar la prueba. ¿Comprendéis? Algo sen-
cillo para hacer una nueva selección y pasar a las totemniza-
ciones; mas todo creo que está en base a mantenernos juntos

 
pero sin juntarse a nosotros, como formando parte de un
ente distinto, a pesar del destino común, o buscando en las
distancias la diferenciación de unidades. Pero cuando ya te-
níamos lejos la estampa campamental, perdiéndose a la vi-
sión el último cáncamo del mástil por donde pasaba —casi
siempre— la enredada cuerda que ahora descansaba sin el
peso de las banderas, nos juntamos todos para decidir o
adoptar una postura válida después de aquellas circunstan-
INSERTO cias.
Fue Pedro el que comenzó :
El rocío hizo acto de presencia en toda la explanada — Bueno, macho, ya está bien de cabezas caídas y
campamental, haciendo que en la supercie terrestre y las semblantes oscuros. Nos han vacilado y todavía estamos
plantas aparecieran diminutas gotas de agua por efecto del atontados. Andamos por andar, pues ni sabemos a dónde
vapor condensado en la atmósfera. vamos ni por donde hemos de ir; desde luego, macho, esta-
Ramón sentía frío a pesar del inmenso calor que le mos más despistados que un chepa en un gimnasio, y...
invadía por los recuerdos en su interior. — Algo si sabemos —argumentó Fernando— y es
Se levantó de aquel lugar y llegó hasta su tienda de que, según las palabras de Águila Incansable, debemos
campaña, y también allí le acompañaron todos los insectos “avanzar en silencio para no despertar a los espíritus que
que participaban en la silenciosa tertulia del farol. duermen”; o sea, que es fundamental, para pasar la primera
Apartó de la mesa los muchos papeles y facturas que prueba, el mantenernos callados, o cuando menos, en silen-
allí se encontraban y retiró todo hasta que las tablas de ma- cio. Pero, ¿nos vamos a creer lo de los espíritus, no es un
dera mostraron su natural color albazano. poco tonto
Allí continuó su melancólico recuerdo. pensar en esa bobada?
Aún quedaban muchas cosas en qué pensar. — En realidad — contesté yo — no creo que se trate
de indios acechantes o vigilantes que están apostados por el
camino para asaltarnos si nos descuidamos, como en las ver-
daderas pruebas que pasan los indios de algunas tribus para

 
Pero antes de que esa noche llegue, dentro de poco pues la
luna apremia, debéis escuchar a Águila Incansable, que os-
tenta el penacho de jefe desde hace ya muchas lunas.
— Sólo hay un doble camino para llegar a ser Che-
rokee: superar las pruebas, y que Puma Sensato os invoque
a los dioses. El primer sendero deberéis recorrerlo solos, de-
mostrando estar capacitados para ser guerreros, cumpliendo
con honor y entereza todo aquello que el Consejo os va a
proponer; después será nuestro hechicero, quien en la cere- QUINTO RECUERDO
monia secreta a la que sólo llegarán aquellos que cubriesen
el primer camino, hablará con el fuego y la luna para que Juanjo había tomado la palabra después de que se
siempre os protejan en vuestra marcha y orienten por la hiciera un silencio casi sepulcral.
vida. — “Quisiera narraros algo que todavía no conocéis
El Consejo ha decidido que debéis atravesar las y que gracias a que se encontraba escrito en un librillo anti-
montañas para dormir lo más cerca posible del cielo; avanza- guo que hace tiempo leí , ha podido llegar a mi conoci-
réis todos juntos por la noche, en silencio, para no despertar miento: se trata de nuestra or de lis y la insignia de segunda
a los espíritus que duermen. Cuando el sol se levante iréis clase.
hasta el nacimiento de la vida, dirigir vuestras miradas a la “La Flor de Lis fue originalmente el timbre de los re-
única de agua y comenzad vuestro camino. yes franceses; Carlos, rey de Nápoles, debido a su ascenden-
Ahora ya os podéis marchar. Coged las mantas que cia francesa, también la usaba como timbre. Durante su
están junto al tótem y que los buenos espíritus os guíen. reinado, Flavio Giojia el Navegante, que fue quien llevó a
Al levantarnos para ir hacia el tótem —cuidadosa- cabo la adopción de la brújula marinera, añadió una tarjeta
mente labrado y pintado durante los días de campamento marcada con las letras iniciales N, S, E y W. El norte en ita-
por Jesús y Eduardo— comenzó de nuevo a escucharse el liano es tramontana, así que la T mayúscula representaba el
tam-tam. norte, pero al dedicar su brújula al Rey hizo la T en forma
José Manuel, Fernando, Pedro, El Patoti y yo íbamos de una Flor de Lis en honor del timbre del Rey, y fue de ese
delante; los scouts, Roberto y Chema, nos seguían de cerca origen que nació la Insignia Scout.

 
“Y esa Insignia Scout, con sus tres puntas caracterís- aquel que no haya sentido cruzar el calor por su rostro, debe
ticas como recordatorio de las tres promesas que un día hi- abandonar este círculo y esperar otra luna lena. Los demás
cisteis, os siguen hablando de deberes para con Dios y la Pa- pueden acercarse a nosotros.
tria, de servicio al prójimo y de cumplimiento de la Ley Y allí nos quedamos cinco mayores y dos scouts
Scout. junto a los tres guerreros, el jefe de la tribu y su hechicero. El
“Pero ahora tenéis ante vosotros un pequeño gallar- resto se marchó a las parcelas.
dete que os ofrezco como merecedores de la Segunda Clase. Cuando ya el silencio era nuevamente nuestro
“Es usual en heráldica poner el lema debajo del tim- acompañante, a la par que dejaba sentir su peso en medio de
bre de los individuos o de la asociación, pero el gallardete, en todo aquel misterioso círculo, habló el hechicero mientras
el cual se pone el lema casi siempre, tiene sus puntas hacia volvía a colorear los casi apagados tizones —irguiéndose
abajo; en el timbre de los scouts las puntas están hacia arriba triunfantes cada vez que pasaba su mano por encima de
para simbolizar los nales de la boca del scout que deben le- ellos— y ya el tam-tam parecía haber enmudecido deniti-
vantarse en una sonrisa, mostrando así, que está listo para vamente.
cumplir voluntariamente su deber. — Águila Incansable, jefe de la tribu cherokee a la
“El lema que aparece en el gallardete es “Siempre que orgullosamente pertenecemos como hijos guerreros,
Alerta”, y que fue adoptado por la policía de Sudáfrica, que propuso hace ya tres lunas totemnizar nuevos guerreros que
escogió dicho lema de Siempre Alerta — en inglés Be Prepa- se hubiesen hecho acreedores a tal honor. El consejo chero-
red — pues concordaba con las iniciales del nombre de su kee escuchó sus sabias palabras y dictaminó poneros a
fundador —Baden-Powell, que también lo es nuestro —. prueba a vosotros siete scouts, y que una vez superadas os
“Que esta nueva insignia os siga ayudando a encon- dará opción a ingresar como guerreros en nuestra familia.
trar el auténtico camino del escultismo, ahora con mayor Debéis saber que no todos sirven para guerreros, aguerridos
responsabilidad, pues ya sois Scouts de Segunda Clase”. guerreros que son el orgullo de nuestra tribu, pues las prue-
Sí, me habían concedido la Segunda Clase al tiempo bas han de ser duras y difíciles; mas vuestro espíritu y adies-
que Pedro me nombraba sub-guía de la patrulla Guepardos. tramiento alcanzado os habla en favor para que intentéis al-
¡Qué gran ilusión al anotar la fecha de aquel día en mi carnet canzar la meta de ser totemnizados. Nuestra ceremonia,
de servicio! Pero ¡cuántos recuadros quedaban por rellenar! transmitida a través de los tiempos, dará lugar a que el Con-
¿Podría llegar a ser Caballero Scout? Y aquella misma noche, sejo os nombre guerreros con el animal por vosotros elegido.

 
Dos indios hacían de escolta al tercero, quien lenta- cuando me acosté, soñaba con tener la destreza del pionero,
mente acercaba su antorcha hasta casi quemar nuestras ex- la nobleza del hidalgo, el espíritu de servicio sin tregua y la
pectantes caras, para reconocernos. Primero miraba ja- alegría de los hijos de Dios.
mente, unos instantes, el indio de plumas largas que se había En la Tropa hubo cambios notables, entraron nue-
sentado junto al desconocido —¿hechicero? — asentía o ne- vos muchachos y otros pocos dejaron de pertenecer al Mo-
gaba con su cabeza, mientras mantenía la mirada perdida en vimiento. Yo entonces era uno de los viejos, a pesar de no
la hoguera. Si hacía un ademán negativo los guerreros pasa- llevar mucho tiempo en el Grupo, y era mirado con cierto
ban a iluminar el rostro del siguiente, y así a todos los que en respeto por parte de los pietiernos. Además, la cinta que lle-
el círculo estábamos. Cuando daba una respuesta arma- vaba como subguía de patrulla dejaba notar su peso, y no
tiva, la cara del elegido era cruzada de parte a parte por la an- sólo con vistas a los demás, sino para mi propio ser y estar,
torcha del guerrero, en forma de rápida equis, y al instante pues creo que a partir de entonces cambió notablemente mi
el hechicero “hacía” que del fuego se desprendiese una bolsa comportamiento y forma de pensar. Quizá la pequeña res-
de humo anaranjado. Uno a uno fueron eligiéndose los fu- ponsabilidad contraída y el sentirme más Scout inuyó de-
turos guerreros. cisivamente en mi desarrollo.
Cuando me llegó el tumo, estaba un poco apesa- Tuve que hacerme una libreta de actividades y mar-
dumbrado, tan sólo habían cruzado con la antorcha a dos carme unos horarios rígidos para cumplir, no podía malgas-
scouts y cuatro compañeros de equipo; quedábamos, nali- tar mi tiempo. Las clases del colegio me absorbían toda la
zando el círculo, Patoti y yo. Y cuando aquel indio se me mañana y por la tarde debía dedicar unas horas concretas al
acercó cerré los ojos, de temor, y porque el calor casi me que- estudio antes de ponerme a trabajar con Pedro en la direc-
maba; sentí dos zumbidos secos que recorrieron mi faz. Iba ción de la Patrulla. Había dejado de salir con la pandilla,
a ser totemnizado. La fumarola anaranjada ascendió hasta pues su vida y forma de ser ya no me atraían, además de no
disolverse en el aire. disponer de tiempo para seguir haciendo el ganso por la ca-
Entonces habló aquel indio sentado junto al hechi- lle, juntarme en los billares o ir de guateques y cafeterías los
cero (era Águila Incansable, el jefe de la tribu), extendió sus sábados y los domingos. Me encontraba más a gusto en el
brazos al cielo y comenzó : local de la Tropa, a veces proyectando una actividad, deco-
— El fuego y la luna, nuestros dioses, han querido rando algún rincón o, simplemente, estudiando en compa-
que nuevos guerreros sean elegidos y totemnizados. Todo ñía de otros scouts. Aunque a decir verdad las tardes que

 
estudiábamos en la base no eran muy provechosas que diga- grandes llamaradas verdosas que dieron lugar a una fuma-
mos, pues siempre había algún recuerdo que mencionar o rola anaranjada. En ese momento surgió de nuevo el tam-
alguna situación graciosa que analizar. Y entre pitos y autas tam de los tambores, pero a un ritmo mucho más trepi-
y los discursos losócos del “patoti”, alguna vez las mate- dante. También aquel indio se puso a danzar vertiginosa-
máticas pasaron desapercibidas. Menos mal que Juanjo, mente unas veces, y lentamente otras, cuando hacía sonar
cuando iba por las tardes al local, nos explicaba las dudas aca- sus cascabeles y maracas mientras andaba renqueante alrede-
démicas contraídas y resultaban mucho más asequibles a dor del fuego que misteriosamente se tornaba en verde, azul
nuestros conocimientos la recta de altura o los logaritmos o amarillo fuego.
neperianos. Concluyó su encantador baile y marchó a sentarse
El ser Sub-guía de Patrulla, a pesar de hacerme con- muy cerca de las brasas. Fue cuando pudimos observarle me-
traer ciertas responsabilidades, también me trajo algún pri- jor, aunque no consiguiéramos reconocerle. Llevaba panta-
vilegio. Como el asistir a las reuniones mixtas con las Guías, lón largo tipo “mohicano”, con muchísimos ecos, y un
o el de hacer visitas con ellas a lugares de interés. En el Grupo chaleco de donde también pendían hilos y cintas de colores;
no había entonces Unidades Femeninas — se formarían al la franja de algodón alrededor de la cabeza no llevaba plu-
año siguiente — y la tarde de un sábado al mes manteníamos mas, estaba limpia y matizaba mucho más la gran coleta de
contactos con una Compañía de las Guías de España. pelo negro que caía sobre la espalda; la cara oculta tras de
Hay que reconocer que si exteriormente aquellas una careta multicolor de misterioso semblante, sólo dejaba
muchachas eran normales y semejantes a las demás chicas ver unos aros colgando de las orejas. Nuevamente se paró el
que yo entonces conocía, interiormente poseían todo un tam-tam. ¿Quién sería ese personaje o desconocido y enig-
mundo diferente al que estaba acostumbrado entonces. Y mático danzarín? (Nunca lo supe ni nunca sabré quién se
no sólo era yo el asombrado, pues cuando nos quedábamos ocultaba tras aquella máscara).
solos y analizábamos la reunión mantenida, todos estába- Volvieron los cuatro guerreros al círculo, y uno, el
mos de acuerdo en armar que aquellas chavalas estaban que más grande llevaba el plumaje que casi le tapaba por
muy preparadas y nos daban cien vueltas en casi todas las completo la espalda, fue a sentarse junto a él. Ambos mira-
cosas. ban jamente el fuego, los otros tres se acercaron hasta no-
— Macho, todas están quedadas conmigo — co- sotros: comenzaba la selección.
mentaba Fernando Casi siempre —. Ramonín, ¿te diste

 
cinturas; los rostros estaban desgurados, ocultos bajo un cuenta de la rubia? Échala una visual y ya verás que está
sin n de rayajos multicolores; las frentes cubiertas por una como para cortar el hipo.
ancha cinta de algodón bordada, de donde arrancaban unas — A mí me gusta más Charo, la subjefe de las Gace-
preciosísimas, blanquecinas y grisáceas plumas, que contor- las; tiene una mirada muy graciosa, siempre se está riendo, y
neaba toda la cabeza del guerrero. además, ¡vaya cachas que tiene!
Aquel espectáculo era hermoso, lleno de color, que — Bueno señores —interrumpía Juanjo— no se
destacaba por encima de la grandiosa Naturaleza acompa- trata de ponemos de acuerdo en cuál de ellas está mejor, sino
ñante, y nos sumergía en un mundo fascinante con el que en analizar la reunión de esta tarde y ser capaces de elaborar
algunas veces habíamos soñado. unas conclusiones a los temas tratados. Y os quiero añadir
Quizá fuesen los de la Tropa quienes más disfruta- una cosa: no ligaréis ninguno; aún os queda mucho que
sen del momento, pues sus ojos no hacían más que seguir aprender como para llegarlas a la altura de los zapatos.
atónitos el danzar de los indios y sus bocas entreabiertas de- — Pues a mí la rubia no hacía más que mirarme —
jaban encontrar un aletear de satisfacción. insistía Fernando—; eso es que tenía ganas de ligar, no hay
Terminó aquella danza y los “salvajes” salieron del duda.
círculo, ocupando cada uno su lugar asignado por los cuatro — Fernando: como sigas diciendo sandeces te lla-
puntos cardinales. La música lejana se apagó y las antorchas maré la atención en tu comportamiento —increpó Juanjo
se erguían ahora más triunfantes. El silencio sólo era alterado mientras echaba una mirada para fulminarle— y no volverás
por el crujir de algún madero en la hoguera. a participar en las reuniones mixtas. Hemos dicho que va-
Y, de pronto, casi rompiendo de la impresión nues- mos a trabajar y vamos a trabajar, ni más más, ni más menos.
tros ya impresionados corazones, surgió de la oscuridad una El próximo día, para salir de dudas, la preguntas si está que-
tétrica sombra que saltó velozmente por encima de nuestras dada contigo y ya está . Ahora empecemos el primer punto:
cabezas. Un grito agudo le acompañaba. Aquel nuevo indio labor del scout en casa.
fue a posarse muy cerca del fuego, en donde las brasas eran Después de todo lo que hemos estado hablando,
de un lánguido bermellón, y su cuerpo estático, inerte, ¿cómo se os ocurre a vosotros que se puede trabajar en el ho-
quieto, rígido, se mantenía inmutable a pesar del humo que gar? ¿qué tipo de labores son asequibles a la parte masculina
ascendía desde el suelo. Hizo un ademán con su brazo iz- de la familia? Estamos de acuerdo, como bien dijeron las
quierdo sobre las teas apagadas, y al instante surgieron

 
chicas, que las labores domésticas deben ser repartidas por Cuando ya las antorchas estaban cerca y la música aumentó
partes iguales entre todos los que habitan en la casa, ya que de intensidad, comenzamos a observar las caras y cuerpos de
esta es el lugar común de convivencia de los mismos y forma los porteadores, que se movían descontorsionadamente en
parte del bienestar familiar; pero siempre se ha concebido a un baile hechizado y pletórico de ademanes. Si la luz de las
la madre como cocinera, lavadora, criada y costurera, ha- antorchas jugueteaba entre sombras para mostramos sus
ciendo las hijas el papel de ayudantes en todo cuanto ella rostros, la claridad de la luna, ese haz luminoso que el astro
hace. Y, de otra parte, el padre o cabeza de familia es el abne- desprendía, también jugaba con sombras sobre sus cuerpos.
gado trabajador que vuelve cansado a casa y por lo tanto está Eran cuatro auténticos guerreros indios los que
justicado de efectuar cualquier trabajo casero, mientras hasta nosotros habían llegado y que ya danzaban en el inte-
que el hijo no hace nada en el hogar, a excepción de ensuciar, rior del círculo —agrandado para ser más espacioso— del
descolocar, y poner los pies encima de la mesa, porque otra casi apagado fuego de campamento.
cosa no sería de hombres. Bien, pues hay determinadas labo- Cuatro cuerpos pintados, semidesnudos, llenos de
res hogareñas para las que el buen scout está capacitado a plumas bailaban sin cesar al son del incansable tam-tam. Lle-
realizar, dando así ejemplo de su auténtico espíritu de servi- vaban mocasines de lona rústicos, atados por nos cordeles
cio y contribuyendo a aligerar el trabajo rutinario de la ma- de cuero hasta el tobillo, en donde se arropaban con unos
dre. aros metálicos y otras cintas de colores; iban cubiertos con
Bueno, pues hasta aquí las conclusiones de la puesta pequeños faldellines de piel curtida que terminaban en múl-
en común de hoy, ahora se trata de ponernos de acuerdo en tiples ecos o cortes; sobre el cuello, cubriendo gran parte
aquellas cosas que a partir de mañana haremos en nuestras del pecho, mostraban collares dorados, colgajos de vidrio, -
respectivas casas. lásticas llenas de aretes y, sobresaliendo, un gran disco pla-
(Se hizo un silencio absoluto y el que más el que me- teado que se movía vertiginosamente con el continuo dan-
nos trataba de camuarse tras de una mirada perdida o vol- zar al que estaba sometido; un brazo extendido hacia el cielo
teando simplemente la cabeza). portaba la gran antorcha que iluminaba sin cesar todo el es-
— Señores, no es necesario que hablen todos al pectáculo y que describía misteriosas guras a través del aire,
mismo tiempo —intervino de nuevo Juanjo después de al- mientras que el otro, en donde se ajustaba un grueso aro de
gunos minutos de pausa—, ni que alcen tanto la voz. A ver, bronce, reposaba sobre la espalda unas veces, o apoyado en
Jaime, ¿cómo transcurre un día normal en tu casa? la testa del cuchillo suspendido del lado izquierdo de sus

 
— Yo creo que sí — continuó Roberto, el de la tropa — Podías haber elegido a otro —contestó malhu-
—, que se trata de totemnizaciones. Ese tambor que escu- morado el pequeño Jaime— porque yo tengo tres hermanas
chamos es el característico de las tribus indias cuando van a y poco puedo hacer en casa.
realizar una ceremonia de investir nuevos guerreros, que — Te he preguntado que cómo transcurría un día
sólo puede hacerse cuando hay luna llena. Un amigo scout normal en tu casa, no lo que haces en tu casa un día normal.
de otro Grupo me habló hace tiempo de ello, de las pruebas — Bueno, pues me levanto a las siete de la mañana,
que tienen que pasar y de los nombres de guerra que esco- me lavo, desayuno y me voy al colegio, entro a las ocho.
gen, y… Vuelvo a comer a las dos y después entro por la tarde a las
— Y tú, — le cortó el Patoti — como eres shoco- tres y media. Salgo a las seis, regreso a casa, meriendo y me
rrishta, te llamarán “jeringa rota”. pongo a estudiar o me voy por ahí a jugar; y cuando tengo
— Macho, —continuó Roberto, el de la Tropa — que preparar alguna reunión con mi Jefe de Patrulla o acti-
pues a ti te llamarán “mofeta perfumada” que es lo más ade- vidad especial de Grupo, pues no juego y estudio antes o des-
cuado para bautizar tus pies. pués de ello, y el sábado y el domingo, pues ya sabéis lo que
— ¡Chishsh!, no te excitesh jeringuilla que te dalin- hago…
farto. — Bien Jaime, no has contestado a mi pregunta ini-
— Bueno señores — intervine yo — ya está bien de cial y has hablado de lo que haces en tu casa un día normal,
incongruencias, más vale que nos callemos y miremos aque- sin quererlo lo has dicho, y sin embargo no has hablado de
llas luces ambulantes que vienen hacia nosotros. ver la televisión, sentarte a descansar en un sofá o perder el
Efectivamente, cuatro antorchas encendidas im- tiempo mirando por la ventana. Ahora se trata de que nos
pregnaban el ambiente con sus lenguas temblorosas, y si pri- digas cuáles son tus trabajos asignados dentro de la casa o
mero se observaban como puntos pequeños, apiñados, como ayuda a tu madre.
ahora se tornaban grandes gargantas de fuego separadas que (Silencio total en Jaime y expectación en todos no-
se elevaban hacia el cielo. sotros).
El ritmo del tam-tam se hizo más patente, como — ¡Es que ni tan siquiera te haces la cama por las
rompiendo denitivamente con el temor callado que ante- mañanas? — de nuevo le preguntó Juanjo con ironía.
riormente lo mantenía casi imperceptible, para pasar a gol-
pear también nuestros tímpanos con su trepidante sonido.

 
— Ya te he dicho —contestó Jaime con cierta irrita- ascendiendo hasta el cielo, también, nosotros, subimos a tra-
ción y enfado— que yo tengo tres hermanas y son ellas quie- vés del aire con nuestras miradas y volvimos a sentir el acecho
nes ayudan a mi madre. implacable del disco lunar. Y Roberto, el de la Tropa, que
— De acuerdo, de acuerdo —volvió el Jefe de Tropa estaba removiendo las brasas con una rama verde, rompió el
a comentar, ahora con una hermosa sonrisa en sus labios— silencio para decir:
en que tus hermanas llevan todo el peso de las labores do- — Señores, no debemos preocuparnos. Hoy hay
mésticas junto a tu madre, pero ¿no podrías descargarlas de luna llena y el tam-tam que se escucha no es más que el co-
su trabajo aportando un pequeño esfuerzo por tu parte? — mienzo de una ceremonia india que se llama totemnización.
Juanjo se dirigía ahora a todos los demás— ¿no os podrías Todos, inclinando y volteando la cabeza como en
hacer la cama por las mañanas, después de levantaros, en vez ademán de escuchar más de cerca las palabras, hicimos ges-
de dejar todo el cuarto patas arriba para que lo arregle vues- tos de extrañeza. Algunos asintieron con aes alegres y espe-
tra madre? ¿No podéis bajara hacer algún recado cuando a ranzadores; otros, como el Patoti, buscaba una salsa mayor
ella se le olvidó de comprar y está próxima la hora de cerrar para ambientarlo todo, por si fuese poco el misterio que ya
el comercio? ¿No sois vosotros más rápidos y más jóvenes nos rodeaba.
como para cargar con alguna bolsa o cesta de la compra que — Desho na — argulló —, lo que pashyaes que
contenga mucho peso?, ¿os da vergüenza ir al mercado? ¿Al eshytamosh rodeaosh de foreshyesh y canivalesh indiosh,
terminar de comer no se merece también ella un pequeño can deshenterrao lascha de guerra y sheshtan preparando
descanso? Pues ayudarla a recoger la mesa, a fregar, a colocar para atacar.
los cacharros de cocina, a secarlos, etc. — Sí, la tribu de los pies sucios — respondió alguno
— También podría limpiarme yo mismo los zapatos — que como les han cortado el agua por no pagar el recibo,
—interrumpió Jaime en un alarde de orgullo marchitado— han decidido guerrear contra los rostros pálidos. ¿Y tú, Pa-
y limpiar los de mis hermanas, sería un trabajo menos para toti, de qué lado estás?
ellas... — ¿Por qué lo preguntas?
— Y ayudar a nuestra madre a doblar las sábanas an- — No, por nada — continuó la voz oculta — como
tes de plancharlas —solté a la concurrencia después de soli- eres rostro pálido hasta parecer el rey de los hepáticos… y
darizarme con el eufórico arrebato de servicio de Jaime— también pareces el jefe de la tribu, por lo “limpios” y “perfu-
también será un trabajo casero, pues ella sola no puede mados” que tienes siempre los pinreles…

 
Mayores y por lo tanto ejemplo para ellos, manteníamos el hacerlo sin ciertas dicultades. Como pelar las patatas por la
silencio ambiental, junto al estoico aguante de las horas a noche antes de cenar, en vez de estar mirando la televisión y
nuestras espaldas que ya reclamaban la horizontalidad del mientras tanto entablar una conversación con ella. Me doy
saco. cuenta de que casi nunca hablamos de cosas serias y en serio.
Pasaba el tiempo. — Y echar las mudas y los calcetines sucios al cesto
Y de pronto, como queriendo romper la paz natural de lavar —comentó alguno— en vez de dejarlos tirados por
de nuestra quietud, se comenzó a escuchar un lejano eco; el nuestro cuarto.
viento transportaba el tenue susurro de un continuo redo- — Y bajar a por el pan los domingos —dijo otro—
blar tambores; de los cuatro puntos cardinales salían suaves o subir las botellas de refresco llenas...
golpes de rataplán, que el aire se encargaba de traer hasta no- — Bien, bien, me alegro de que seáis capaces de su-
sotros. Eran los ecos de un continuo “tam-tam”. gerir trabajos —habló Juanjo mientras hacía ademanes con
La hoguera empezó a escupir chispas alocadas, como las manos para que se callase todo el mundo— pero no se
si también ella tuviera temor al incansable zumbido que trata sólo de eso, sino de que a partir de ahora nos convenza-
mantenía nuestro sentido en constante atención de alerta. mos de la labor que también nosotros tenemos que realizar
Primero nos mirábamos extrañados, con muecas indecisas en nuestra casa. Que nos armemos en que las cosas no son
de una incertidumbre del más allá ; después, esperábamos un de chicas o de chicos, sino de cualquiera, de quien preste an-
desenlace que justicase aquellos sonidos característicos de tes el servicio. Y por encima de todo, que hagamos bien visi-
las imaginadas tribus indias. ble y llevemos a la práctica el principio scout del hogar: “el
Los scouts que yacían un poco adormilados abrie- deber del scout comienza en casa”.
ron los ojos y oídos cual Lobato escuchando las máximas de Bueno, ya está bien por hoy. Podéis ir pensando en
Baloo y preguntaban a su alrededor el origen de aquellos el tema de la próxima reunión con las chicas y que también
ecos que turbaron su paz y rompieron la hermandad con es uno de nuestros principios: “el scout es hijo de su patria y
Sueño. Y así , entre la tensión mantenida por el silencio, la ama a su país”.
ausencia de Jefes, y la melodiosa musiquilla rítmica, centra- — ¡Fabuloso! —exclamó complacido Fernando— el
mos nuestra expectación ante el fogaje de la hoguera. Y quizá próximo día serán las chicas las que nos digan que van a ir
por contemplar aquellas lenguas amarillo-anaranjadas, que ellas a hacer el servicio militar, ¡ja! ¡ja!
se elevaban ondulantes dando lugar a la sinuosa fumarola

 
De esa reunión no puedo hablar, por primera vez Las unidades femeninas se levantaron, y como siem-
falté a una actividad y fue debido a una gran gripe que tenía pre lo hacían, se retiraron a sus parcelas cantando los últimos
encima. Pero la noche de aquella reunión en la que tratamos compases de su canción campamental:
las labores en casa, recuerdo que me metí en la cocina y le
pedí a mi madre que me dejara pelar las patatas. Ella me en- “todas las ores y las estrellas
tregó el cuchillo, los tubérculos, y me dijo complaciente an- las cosas bellas las hizo Dios
tes de darme un beso en la mejilla: “me parece muy bien el temblor de una mirada
hijo”. Y fue suciente, ya que era la primera vez, como para en una niña enamorada,
sentirse orgulloso y experimentar una grata sensación por el la ternura de una madre
cuerpo. todo es sonrisa de Dios...”
Otro de los privilegios que obtenía por ser subguía
de patrulla, era el de tener acceso directo a la biblioteca del Y allí nos quedamos el resto, esperando que también
Grupo. Si bien en nuestro pequeño rincón de lectura en el los Lobatos siguiesen al viejo lobo, Akela, y se marchasen del
local de Tropa se podían obtener libros scouts y de temas ju- lugar para dejar paso a la acción de apagar el fuego, reservada
veniles en general, la biblioteca situada en el Kraal de Jefes a la Tropa, Mayores y Rovers. Pero estos últimos también se
era mucho más amplia en número de volúmenes y abarcaba fueron con la Manada, por lo que nosotros continuábamos
múltiples aspectos en su temática. Además de los libros junto a la Tropa.
scouts clásicos, había otros títulos, también scouts, pero que Se levantó Jesús, el Jefe de Grupo y de Campa-
yo ni me imaginaba que pudieran existir. Y eran libros fran- mento, para decirnos que deberíamos aguardar las dos uni-
ceses, ingleses, americanos y hasta brasileños. Claro que yo dades, en silencio, durante un rato, pues había necesidad de
no dominaba entonces ningún idioma aparte del español, darnos unos avisos y esperaban a que el resto del campa-
pero sólo el hecho de ver dibujos y fotografías de otros mento se acostase. Y allí se quedó la Tropa y allí nos queda-
scouts de muchos países inuía en mí para que devorase rá- mos nosotros, más cerca del fuego, en un círculo estrechado
pidamente las imágenes y tratara de descifrar el mensaje de y de mayor hermandad.
los pies de fotos escritos en inglés o francés. Y había nume- Los scouts estaban cansados y más de uno apoyaba
rosos folletos en colores y librillos nos y volúmenes espesos. su cabeza contra el hombro de un compañero o se dejaba
En uno de estos, escrito en español, pero traducido del mecer en un bamboleo de incierto destino. Nosotros, como

 
inglés, encontré un relato que me impresionó mucho y que
se ha quedado marcado en mi interior desde entonces. Se ti-
tulaba “A la altura de las circunstancias” y lo transcribo a
continuación respetando la forma de expresión que allí se
encontraba.

AVISO: Paseo a las rocas del Carpintero. La Patrulla se re-


unirá en la estación de los camiones a las 9 a.m. en punto. Con
SEXTO RECUERDO uniforme completo. Traer tortas y algo para la merienda. Re-
greso a las 9 p.m. Firmado S. Romer, G.P.
Aquel fuego de campamento se había desarrollado
normalmente, y la normalidad en este tipo de actividad está Todavía lo recuerdo, es la forma como se propagó la
regida por la alegría, el desenfado, el compañerismo y la as- noticia, excepto que Sam escribió estazión y puso una h en
cética del estar formando círculo alrededor de un fuego y sa- algo.
berse parte integral del mismo. Pero quizá fuese diferente. Por supuesto nos encontramos en la parada de los
No sé por qué me daba la impresión de que aquellas brasas camiones, todos de uniforme completo, como decía el aviso,
estaban más encendidas. que nunca, pues las llamas ascen- menos David Cárdenas, que precisamente se había unido a
dían pletóricas de luz y a través del humo, esa columna zig- la Tropa y no se había aún adornado con la Camisa y la Pa-
zagueante ora transparente, ora opaca, se dejaba ver la otra ñoleta de Grupo. Suspiramos cuando lo vimos venir. En ho-
luminosidad nocturna: la luna. Un disco lunar perfecta- nor de la ocasión llevaba una camisa blanca con cinturón de
mente redondeado, de contornos alados y color de plata, tiras amarillas y rojas y con una hebilla de piel de víbora, un
hinchado, lleno de blancura y cuya pureza sólo era alterada par de pantalones abotonados abajo de la rodilla y un som-
por minúsculas manchas oscuras que nos hacían cambiar la brero nuevo. Pobre muchacho ¡Obviamente iba satisfecho
idea dios-luna por satélite-luna, nos miraba incansable- de sí mismo y tan orgulloso de su Sombrero Scout que no
mente. tuvimos corazón para pedir que no lo llevara! El camión em-
pezó a caminar y nos apiñamos dentro.

 
Era un hermoso día de primavera, con cúmulos me- adelante compartirás en la Corte de Honor, en la dirección
ciéndose en el azul del cielo y una alegre brisa que golpeaba de la Tropa y de tu Patrulla. Te entrego estas dos cintas que
los diques del norte hasta convertirse en espuma sobre las representan tu cargo y te recuerdo que sólo son símbolo de
matatenas de la playa formada abajo de las colinas. Nos ba- la inmensa responsabilidad que aceptas.
ñábamos en las pozas de las rocas de los alrededores. Caza- Después vinieron los agasajos, las enhorabuenas, los
mos cangrejos. Juntamos algas marinas, Hicimos patitos vítores y las sonrisas. Los otros Jefes de Patrulla se acercaron
con las matatenas, sobre el agua, jugamos al tiro al blanco hasta mí, y después de felicitarme cordialmente, se ofrecie-
sobre un pato señuelo de piedra, hicimos todas las cosas que ron con sinceridad para ayudarme en todo lo que necesitase.
los Scouts hacen cuando se encuentran a la orilla del mar. Aquella noche, cuando me metí en la tienda de cam-
La mayor parte del tiempo tuvimos la pequeña paña y cerré el saco, la oscuridad se hizo más patente que
bahía para nosotros. La gente que va los domingos preere nunca. Necesitaba una luz que iluminara mi sueño. Abrí un
las arenas y los panoramas más al Norte. David Cárdenas poco la tienda, lo suciente como para ver el exterior y no
tuvo un día glorioso. Siendo un Pietierno, frecuentemente alterar el sueño de “mis” patrulleros y observé el cielo.
estuvo en dicultades. Se resbaló sobre las algas y cayó sen- Así permanecí durante algunos minutos, extasiado,
tado en una poza. Comió más de lo acostumbrado a la hora anonadado, embelesado con las estrellas. Una brisa seca me
del almuerzo y estaba ligeramente indispuesto en una cueva. azotaba el rostro y el olor a Naturaleza impregnaba todo mi
A la hora de la merienda su camisa blanca ya no era tal, su cuerpo.
cinturón estaba retorcido, sus calcetines se habían caído, las “Señor y Jefe mío, que a pesar de mi debilidad me ha-
rodillas de sus pantalones azules y el asiento no debemos béis escogido como jefe y guardián de mis hermanos los scouts;
mencionarlo, pero estaba verde. A pesar de lo que había su- haced que mis palabras iluminen sus pasos por el sendero de
cedido, su sombrero nuevo estaba exento de todo daño. vuestra Ley; que sepa mostrarles vuestras huellas divinas en la
Cuando el día se llenó de brisa fresca y algunas gotas de llu- Naturaleza que habéis creado; enseñarles lo que debo y, con-
via empezaron a caer después de la merienda, Sam buscó en ducirlos de etapa en etapa hasta ti, Señor mío; en el campo del
el cielo y decidió terminar el día. Se dieron órdenes para le- reposo y de la dicha donde habéis establecido vuestra tienda y
vantar, empacar y estar listos y miramos el acantilado una la nuestra, para la eternidad. Así sea”.
vez más antes de que el Guía de Patrulla nos diera la orden
de partir. Mientras estábamos parados en ese lugar una

 
Peñalara, desde lejos, nos retaba en una lucha sorda de be- ráfaga de viento le quitó al Pietierno su sombrero nuevo. Se
lleza y majestuosidad. fue dando volteretas por los bordes del acantilado como si
La mayoría estaban cansados, pero no por ello de- fuera un aro y desapareció a la orilla. Con un grito David
silusionados o sin fuerzas. Aún quedaba un duro descenso salió corriendo detrás de él y desapareció también. Cuando
hasta Cotos para el día siguiente. ¿Y por qué relatar toda la bajamos hasta él lo encontramos con la cara sobre las piedras.
marcha si lo más maravilloso de aquella salida fue la ceremo- Parecía haberse estrellado sobre un lado, no tenía una mi-
nia del domingo? Quizá mi recuerdo vague todavía en busca rada agradable. No del todo propia para un conjunto de
de aquella celebración y no sepa apagar los auténticos y no- Scouts como nosotros. Su ojo izquierdo estaba abierto mi-
bles sentimientos hacia la Naturaleza, la que tanto me ha en- rando jamente y estaba haciendo unos raros gorgoritos con
señado y ofrecido: Y es que, entre los fríos neveros de la parte su garganta. Nos paramos a su alrededor espantados y ate-
norte y el calor de la fogata en el centro de la velada, gratas rrorizados. Todos volteamos y miramos a Sam.
sensaciones recorren mi cuerpo. Exactamente por medio minuto Sam no dijo nada.
Ya sabíamos que Pedro tenía que dejar la dirección Se arrodilló suavemente, tomó una de las manos y cerró el
de la patrulla porque tenía que pasar a la Unidad de Mayo- ojo abierto. Enseguida colocó cuidadosamente la cabeza del
res, pero lo que yo no podía imaginar era que me hubiera muchacho y lo golpeó ligeramente de manera que la sangre
elegido para sucederle en el cargo. ¡Jefe de Patrulla! Y aún que estaba borboteando con su garganta saliera de su boca
continuaba sin reaccionar cuando informalmente Pedro me sobre las piedras. Después de eso, el gorgoreo se detuvo y to-
lo dijo un poco antes de comenzar la ceremonia. Y hasta que dos nos sentimos mejor. Te dije en un capítulo anterior que
Juanjo no dio por nalizada la misma, el recelo que me hacía Sam nunca ordenó ninguna cosa; tampoco hizo nada en esta
creer estar viviendo un sueño no se disipó. ocasión, solamente nos dijo lo que teníamos que hacer y lo
— Ramón: la Corte de Honor, habiendo observado hicimos. Una cosa recuerdo y es que nos dio instrucciones a
el desarrollo de tu vida Scout dentro de la Tropa, tomando cada uno por nuestro nombre, no nos dijo: alguno vaya por
en cuenta tu espíritu Scout y viendo que reúnes las cualida- auxilio o corran o traigan algo de agua. Dijo simplemente, ú
des y el entusiasmo necesario, ha decidido, en solemne sesión eres el mejor corredor, o algo así , poniéndonos en nuestra
aprobada por unanimidad, que puedes ser un buen Guía de Especialidad, antes de decirnos lo que deseaba que hiciéra-
Patrulla y me ha pedido que te nombre guía de patrulla Gue- mos, y con gusto obedecimos: algo que hacer era lo que
pardos. Recuerda la responsabilidad que de ahora en deseábamos. Jaime y Federico por compañero fueron

 
enviados al teléfono en el n del camino con instrucciones de sus rayos despistados incide deslumbrante sobre un re-
de tocar el botón de emergencia y preguntar al operador por manso del río? ¿Hay rmamento más hermosamente deco-
el hospital más cercano. Fue a decir a la gente del hospital rado que el que cobija nuestro suelo en las noches de vivac,
que un muchacho se había caído desde una altura de 9 me- mientras un manto estrellado serpentea el chorro plateado
tros, precisamente en la parte Norte de las rocas del Carpin- de la luna? ¿Se puede alcanzar más bello horizonte que el de
tero y estaba inconsciente y gravemente herido. unos pinos erguidos en guardianes perpetuos de la casi vir-
Después de haber hecho esto, se salió a esperar hasta ginal montaña, mientras el albazano resinoso nos llega con
que llegara la ambulancia y traerla así exacto. Si los doctores el silbido bonancible del viento?
del hospital enviaran algunas instrucciones especiales, Fede- La montaña es para vivirla, para identicarse con ella
rico estaba para traerles mensajes. Jaime esperaba. El trabajo en la humildad de sus piedras, con la austeridad de las pare-
de Pedro fue reunir todos los impermeables y los cinturones des, junto a la sobriedad de su gura. El hombre debe acer-
para el caso de que fueran necesarios. A Roberto se le envió carse a ella con respeto, afablemente en su trato, con timidez
a los poblados más cercanos para conseguir ayuda. Al resto y bondad, nunca irreverentemente, con salvajismo, exalta-
de la Patrulla se les mandó reunir trozos de madera en caso ción o maldad. La montaña es la escuela constante de virtu-
de que las tablillas fueran necesarias. des.
Yo fui uno de los que recogieron tablillas y recuerdo Por n llegamos a lo alto y un pequeño descenso nos
que pronto reunimos madera suciente para construir una reunió de nuevo a todos en una charla muda de miradas y
hoguera, pero Sam no nos dejó parar y nos mandó a por lejanas vistas hacia el valle. Más de un sombrero quería irse
más. Más tarde me di cuenta de que esa idea era para mante- con el viento y los bordones apenas podían herir la dura cor-
nernos ocupados. Ya nada teníamos que hacer. El mismo es- teza pétrea del suelo. Después, cuando ya los cuerpos estu-
tuvo agachado pacientemente cerca del Pietierno incons- vieron más sosegados, reanudamos la lenta marcha, esta vez
ciente, mirando y esperando; debe haber sido una prueba te- con premio al esfuerzo anterior, pues el camino nos condu-
rrible para él, allí sentado precisamente sin hacer nada. Ha- cía por una pendiente de suave descenso y el llegar hasta la
bía puesto un par de impermeables sobre el joven David para “bola” fue ya como un simple paseo.
mantenerle caliente y de cuando en cuando le vi haciéndolo Pero ¿qué meta es alcanzar lo que ya se tiene, a pesar
hacia un lado para sacarle la sangre de su boca. Estuvo ha- de las dicultades superadas? Continuando por la “cuerda”
ciendo esto y nada más, hasta que llegó la ayuda. en busca de las hermosas Cabezas de Hierro, mientras

 
de reposo o envidiosa comodidad. Estaba más alegre sa- Bien, ustedes no conseguirán medallas precisamente
biendo que era capaz de subir hasta lo más alto únicamente por no perder la cabeza y menos como los conozco, tanto
con la ayuda de mis piernas, apenas sin sentir el peso del ma- que ninguno le dio golpecitos a Sam en la espalda y le dijo
cuto, y la fortaleza de mi espíritu gratamente entusiasmado. ¡Bien hecho! Ninguno le dijo que había salvado la vida de
Y volvía a mirar ladera abajo, monte arriba, rmamento allá . un Pietierno; ninguno le dio las gracias por haberse portado
El viento frio cortaba el rostro, pero más de pureza como un baluarte entre los muchachos, su cargo y el terrible
que por gelidez, y un cielo limpio observaba con dulzura espectáculo de su compañero herido. Puede ser que algunas
nuestro lento caminar en zigzagueante ascensión. gentes no hayan pensado que él tenía parte de culpa por per-
¿Qué signicado tiene el veneno de la montaña? mitir al Pietierno corretear sobre la colina por delante de to-
Cuando se es novato en la Naturaleza y alocada- dos.
mente se sube a la sierra, aún no sentimos el auténtico reco- No sé nada acerca de ello. Todo lo que sé es que Sam
gimiento que nos brindan los bosques y las piedras, los ca- no solamente no perdió la cabeza sino que nos la hizo con-
minos y las cimas. Pero cuando ya son muchas veces que se servar a todos. No transformó en vistas de hechicero los pri-
ha llegado al límite de las fuerzas, se ha sentido la pesadez de meros auxilios, porque comprendió que las heridas de Da-
unas botas entre guijarros, se ha endurecido el cuerpo por vid eran tan serias que cualquier intento de aliviarlas proba-
dormir muchas noches en el suelo y hemos bebido agua blemente hubiera sido más dañoso que benéco, pero entre
fresca de recónditos manantiales, un gusanillo venenoso todas estas limitaciones el Guía estuvo a la altura de las cir-
uye a través de nuestras venas. El mismo que cosquillea el cunstancias.
espíritu cuando se ha llegado a la cima, que nos acompaña En primer lugar logró posesionarse de la situación
desilusionado en el extasiado descenso y que mira por nues- inmediatamente.
tros ojos cuando observamos desde lejos la esbelta silueta de En segundo lugar se dio tiempo para pensar antes de
la montaña ya desde el valle de la despedida. tomar una decisión. En tercer lugar hizo el peor de los traba-
¿Hay sensación más pura que hinchar el pecho de jos, el de la inactividad para él mismo y le dio a cada uno algo
libertad cuando se respira naturaleza en lo alto de los riscos? positivo que hacer. Al mismo tiempo permaneció en el cen-
¿Qué sentir más noble puede encontrarse que observar a los tro de todas las cosas, desde donde pudo dirigir las operacio-
animales, libres en el medio, mientras los árboles que nos ro- nes si era necesario.
dean impiden el paso del sol sobre nuestras cabezas y alguno

 
Finalmente, las órdenes que nos dio, fueron claras y
sencillas, simplemente nos llamó a cada uno por nuestro
nombre y nos dio una tarea especíca de acuerdo con nues-
tras habilidades o ación.
Kipling lo dice en este poema: “Si puedes conservar
tu cabeza, cuando todos los que te rodean la están perdiendo
y te están culpando” ... es el toque de Kipling que consiguie-
ron los Cernícalos a través de esta situación tan comprome-
tida. Fueron las cualidades del Guía de Patrulla que había-
mos visto en las pequeñas cosas, las que actuaron en las gran-
des.
Algún día te tocará tu turno, tú nunca sabrás
cuando.
* * *
Aún recuerdo bien la excursión de Tropa que hici-
mos por Navacerrada. Se me antojaba parecida a la primera
salida por Tablada, y en verdad, la única ligazón con aquella
era el que yo guraba el último de la columna.
Cuando llegamos a lo alto de Dos Castillas la forma-
ción se había roto en mil pedazos, pero yo debía guardar mi
posición al nal de la patrulla, ayudando a los dos Pietiernos
no desanimándome por lo pesado de la ascensión. Al con-
trario, cada vez que hacía mella en mi organismo el sofoco
de los muchachos nuevos miraba hacia abajo y una gratísima
sensación de libertad me invadía el cuerpo. A pesar de tener
cerca las sillas del remonte mecánico, no las veía con ansias



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