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Misterios de la Vida de Jesús

misterios del santo rosario

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MISTERIOS GOZOSOS

El Ángel le respondió: “El Espíritu


Santo descenderá sobre ti y el
poder del Altísimo te cubrirá con
su sombra. Por eso el niño será
Santo y será llamado Hijo de Dios”.
María dijo entonces: “Yo soy la
servidora del Señor, que se cumpla
en mí lo que has dicho”. Y el Ángel
se alejó.

(Lc 1,38)
En aquellos días, María partió y fue
sin demora a un pueblo de la
montaña de Judá. Entró en la casa
de Zacarías y saludó a Isabel.
Apenas ésta oyó el saludo de
María, el niño saltó de alegría en su
seno, e Isabel, llena del Espíritu
Santo

(Lc 1,41)
Mientras se encontraban en
Belén, le llegó el tiempo de ser
madre; y María dio a luz a su
Hijo primogénito, lo envolvió en
pañales y lo acostó en un
pesebre, porque no había lugar
para ellos en el albergue.
(Lc 2,6-7)
Cuando llegó el día fijado por la
Ley de Moisés para la
purificación, llevaron al niño a
Jerusalén para presentarlo al
Señor.

(Lc 2,22)
Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de
los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles
preguntas. Y todos los que lo oían estaban
asombrados de su inteligencia y sus respuestas. Al
verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre
le dijo: «Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto?
Piensa que tu padre y yo te buscábamos
angustiados». Jesús les respondió: «¿Por qué me
buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de
los asuntos de mi Padre?». Ellos no entendieron lo
que les decía.
(Lc 2,49-50)
MISTERIOS
LUMINOSOS
Apenas fue bautizado, Jesús
salió del agua. En ese momento
se le abrieron los cielos [Juan], y
vio al Espíritu de Dios descender
como una paloma y dirigirse
hacia él.

(Mt 3,16)
Tres días después se celebraron unas bodas
en Caná de Galilea, y la madre de Jesús
estaba allí. Jesús también fue invitado con
sus discípulos. Y como faltaba vino, la
madre de Jesús le dijo: «No tienen vino».
Jesús le respondió: «Mujer, ¿qué tenemos
que ver nosotros? Mi hora no ha llegado
todavía». Pero su madre dijo a los
sirvientes: «Hagan todo lo que él les diga».
(Jn 2, 1-12).
“Después que Juan fue arrestado,
Jesús se dirigió a Galilea. Allí
proclamaba la Buena Noticia de
Dios, diciendo: «El tiempo se ha
cumplido: el Reino de Dios está
cerca. Conviértanse y crean en la
Buena Noticia”.

(Mc 1, 14-15)
Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a
su hermano Juan, y los llevó aparte
a un monte elevado. Allí se
transfiguró en presencia de ellos:
su rostro resplandecía como el sol
y sus vestiduras se volvieron
blancas como la luz. De pronto se
les aparecieron Moisés y Elías,
hablando con Jesús.
(Mt 17, 1-9).
El Señor Jesús, la noche en que fue
entregado, tomó el pan, dio gracias, lo
partió y dijo: «Esto es mi Cuerpo, que se
entrega por ustedes. Hagan esto en
memoria mía». De la misma manera,
después de cenar, tomó la copa,
diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza
que se sella con mi Sangre. Siempre que
la beban, háganlo en memora mía». Y
así, siempre que coman este pan y beban
esta copa, proclamarán la muerte del
Señor hasta que él vuelva”.
(1 Cor 11, 23-26).
MISTERIOS
DOLOROSOS
En seguida Jesús salió y fue como
de costumbre al monte de los
Olivos, seguido de sus discípulos.
Cuando llegaron, les dijo: «Oren,
para no caer en la tentación».
Después se alejó de ellos, más o
menos a la distancia de un tiro de
piedra, y puesto de rodillas, oraba:
«Padre, si quieres, aleja de mí este
cáliz. Pero que no se haga mi
voluntad, sino la tuya”.
(Lc 22, 39-42).
“Después algunos comenzaron a
escupirlo y, tapándole el rostro, lo
golpeaban, mientras le decían:
«¡Profetiza!». Y también los
servidores le daban bofetadas.”
(Mc 14, 65). “Pilato mandó
entonces azotar a Jesús”.
(Jn 19, 1).
“Los soldados tejieron una corona
de espinas y se la pusieron sobre la
cabeza. Lo revistieron con un
manto rojo, y acercándose, le
decían: «¡Salud, rey de los judíos!»,
y lo abofeteaban”.

(Jn 19, 2-3).


“Entonces Pilato se lo entregó para
que lo crucifiquen, y ellos se lo
llevaron. Jesús, cargando sobre sí la
cruz, salió de la ciudad para
dirigirse al lugar llamado «del
Cráneo», en hebreo «Gólgota»”

(Jn 19, 16-17)


Junto a la cruz de Jesús, estaba su
madre y la hermana de su madre,
María, mujer de Cleofás, y María
Magdalena. Al ver a la madre y cerca de
ella al discípulo a quien el amaba, Jesús
le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo».
Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a
tu madre». Y desde aquel momento, el
discípulo la recibió en su casa.
(Jn. 19, 18-30).
MISTERIOS
GLORIOSOS
El Ángel dijo a las mujeres: «No teman,
yo sé que ustedes buscan a Jesús, el
Crucificado. No está aquí, porque ha
resucitado como lo había dicho. Vengan
a ver el lugar donde estaba, y vayan en
seguida a decir a sus discípulos: «Ha
resucitado de entre los muertos, e irá
antes que ustedes a Galilea: allí lo
verán».
(Mt 28, 1-8).
“y enseñándoles a cumplir todo lo que
yo les he mandado. Y yo estaré siempre
con ustedes hasta el fin del mundo” ;
“Después de decirles esto, el Señor
Jesús fue llevado al cielo y está sentado
a la derecha de Dios”.

(Mc 16, 19).


“Al llegar el día de Pentecostés, estaban
todos reunidos en el mismo lugar. De pronto,
vino del cielo un ruido, semejante a una
fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda
la casa donde se encontraban. Entonces
vieron aparecer unas lenguas como de fuego,
que descendieron por separado sobre cada
uno de ellos. Todos quedaron llenos del
Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en
distintas lenguas, según el Espíritu les
permitía expresarse”.
(Hch 2, 1-4).
“porque el miró con bondad la
pequeñez de tu servidora. En
adelante todas las generaciones
me llamarán feliz, porque el
Todopoderoso he hecho en mí
grandes cosas: ¡su Nombre es
santo!”
(Lc 1, 48-49).
Y apareció en el cielo un gran signo: una
Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus
pies y una corona de doce estrellas en su
cabeza. Estaba embarazada y gritaba de dolor
porque iba a dar a luz. Y apareció en el cielo
otro signo: un enorme Dragón rojo como el
fuego, con siete cabezas y diez cuernos, y en
cada cabeza tenía una diadema. Su cola
arrastraba una tercera parte de las estrellas
del cielo, y las precipitó sobre la tierra.

(Ap 12, 1,9).

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