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Joyce y el nudo de las palabras

Joyce. S xxiii

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VI

JOYCE Y LAS PALABRAS IMPUESTAS

El nudo de Lacan
Nudos y cadenas
Los lapsus del nudo corregidos por el
sinthome
Equivalencia sexual = no-relaci6n
Mujer-síntoma, hombre-estrago

Tenía una esperanza puesta en las vacaciones - y no piensen que se tra-


ta de coquetería, de provocación. Mucha gente se va. Entre mi clientela, es
sorprendente. Pero aquí no, veo las puertas obstruidas como siempre. Todo
esto me exaspera, porque no es de muy buen gusto.
Más aún, esperaba que la sala estuviera aligerada, gracias a lo cual es-
peraba pasar a las confidencias, instalarme en medio de la sala, no sé. Si
solo hubiera la mitad de la audiencia, sería mejor, podría hablar de manera
más íntima.
De todos modos, sería simpático si pudiera lograr que me respondan,
que colaboren, que se interesen. Me parece difícil interesarse en lo que se
vuelve una búsqueda. Quiero decir que empiezo a hacer lo que implica el
término búsqueda, es decir, dar vueltas en círculos.
Había una época en la que yo era algo estruendoso. Decía, como Picasso
- Yo no busco, encuentro. Pero ahora me resulta más difícil abrirme camino.

Retomaré, de todos modos, lo que supongo· - pura suposición, al res-


pec~o me veo obligado a suponer - que entendieron la última vez.
el nuardadentrar en el meollo del tema, voy a ilustrarlo. Este es un nudo, es
0 e trébol 0 nu do de tres, que se deduce del nudo borromeo, el cual

89
LA PISTA DE JOYCE

no es un nudo - contrariamente
. . a lo que indic a su nombr
·
dos 1os nombres, refl eJa un sentido - sino una cad . e, que, com
. . 1 'd 1 ena. Tiene 1 o to.
penmte situar e sentl o en a guna parte de la cadena borrome sentido que
Cuando llamamos a un elemento de la cadena lo · . ~ª·
real y al tercero lo simbólico, el sentido, como ya lo m~:~m~o, a otro lo
· · · 1 · b "I' e, eS ta en el
po entre 1o 1mag1nano y o s1m o 1co. No podemos esperar b. cam.
parte porque estamos obligados a imaginar todo lo que pens~ icario en otra
. al b . mos. Solo qu
no pensamos sin p a ras, contranamente a lo que expusieron al _e
cólogos, los de la escuela de Würzburg. gunos psi-
Como ven, estoy algo decepcionado y me cuesta empezar. Me intr d _
ciré ahora en el meollo del tema y diré lo que puede suceder a lo qu: ~e
anuda.
Lo que se anuda es, como mínimo, el nudo de tres. Me contento con ello
'
puesto que este nudo se deduce de que los tres redondeles de cuerda de lo
imaginario, lo real y lo simbólico formen un nudo, a saber, no se contenten
con delimitar cierto número de campos de sujeción. Estos campos son lu-
gares donde, si metemos el dedo, nos lo apretamos. Nos apretamos tam-
bién en un nudo, solo que el nudo es de una naturaleza diferente.
La última vez, si recuerdan bien - naturalmente no espero tanto-, ex-
puse esta observación que no es evidente, que basta que haya un error en
alguna parte en el nudo de tres para que este se reduzca al redondel. Su-
pongan, por ejemplo, que aquí en lugar de pasar por debajo pase por arri-
ba. Esto basta.

Nudo de tres · Nudo de tres e"óneo

Todos saben que no hay nudo de dos. Basta, pues, que haya un eJTOt en
del nudo.
JOYCE Y LAS PALABRAS IMPUESTAS
___________.;;...::-----------:.:.:.:..~~---
. que esto les salta a la vista. Sin embargo no -
p1ens0 1 d d . ' es a1go evid
rr. en por ejemplo, e nu o e cinco. Como hay un d ente .
.l olll , d d . . nu o de
ocido que se llama el nu o e Lzstmg, llamé al nud d . cuatro
uycon E .e · o ecmco ·id
111 ·t1
chí a .I' da el nudo
. de Lacan. n e1ecto, es el nudo que más eonv1ene.
. , 1Peroea
lo diré otra vez.

Nudo de Lacan
Nudo de Listing

Se trata de algo absolutamente sublime. Como cada vez que se di-


buja un nudo, corremos el riesgo de equivocarnos. Hace un rato, cuan-
do dibujaba estas cosas para presentárselas, me las vi con algo análo-
go, que obligó a Gloria a poner aquí un remiendo. Al dibujar así, uno
se equivoca.
Luego, el nudo de cinco. Si se equivocan en uno de estos dos puntos
que se señalan con 4 y 5, se produce lo mismo que en el nudo de tres, ª 1

saber, la vuelta se libera. Evidentemente esto no da más que un redon-


3 1
del. Si en cambio se equivocan en uno de estos tres puntos, 1, 2, , pue-
li
den conS tatar que se mantiene como nudo, es decir, que se vuelve un 'I
nudo de tres. \!
,1
Quiero decirles que no es evidente que al equivocarse en un pon· 1

to de un d ' arlo de este I'


modo. nu 0 , todo el nudo se evapore, si puedo expres . !¡

Lo que di. 1 , . h namado este


afio . Je a ulttma vez aludía a que el síntoma, lo que e de
e1sznth . · 0 hacemos
eUauna orne, pernnte reparar la cadena borromea si yan h uainadº
un en; Cadena, 0 sea, si en dos puntos hemos cometido lo que e
or.

91
LA PISTA DE lOYce

El sinthome borromeo

Al mismo tiempo, si lo simbólico se libera, como indiqué antes , tene-


mos un medio de reparar esto. Es hacer lo que, por primera vez, definí como
el sinthome. Es algo que permite a lo simbólico, lo imaginario y lo real
·mantenerse juntos, aunque allí, debido a dos errores, ya ninguno esté uni-
do al otro.
La última vez me pennití definir como sinthome lo que pennite al nudo
de tres, no seguir siendo un nudo de tres, sino mantenerse en una posición
tal que parezca constituir un nudo de tres. Esto es lo que he expuesto muy
lentamente.
Les recuerdo incidentalmente lo que he pensado - hagan con mi pen-
samiento lo que quieran. Pensé que aquí estaba la clave de lo que le había
ocurrido a Joyce.
Joyce tiene un síntoma que parte de que su padre era carente, radical-
mente carente - solo habla de eso. He centrado la cosa en tomo del nom-
bre propio Yhe pensado - hagan lo que quieran con este pensamiento -
que por querer hacerse un nombre Joyce compensó la carencia paterna.
. ~or lo m~no~, esto es lo que he dicho, porque no podía decir nada me-
Jor. ntentare articularlo de una manera más precisa
Pero es claro que el arte de Jo c al .. .
sinthome es ·usto el qu . Y e es go tan particular que el ténnmo
1 1e conviene.
2

ue el viernes pasado, en mi presentación de al O ·


Resulta q ente como un caso, tuv~ un caso, de locuras! que se consi-
eJ1l generalnl ~~
¡,oret ' fa~
p~'ffi lam
bijr~ i,m~[Link]~e~st~asii[
. "];;-;;;=-:=gus::--ra_m_e_nt~e, que
d
coJllenZ6 os é ~ 1
nte nusmo art1cu a así eso que par 10
por lo rn~ inae una articulación que puedo llamar lac de más
1oru '6' l amana •Có
~ s 112~1 ~ qs gue as palabras de las que .j~
eS qii!! l!lll1 de algUllª manera, 1mpuestas?J !)ende,
¡¡¡os aos •~ to, lo q e amamos un enfermo llega a veces más le·
'~
110 qu~ ~ ombfe110
----=--
un hombre con buena salud. Se trata más u 1•en ~ue sa~ue
nnal, llamaao normal, no percffie que la pal ~ ~""''
i;:

~ UBP . ·~ - - -- a ae
~ r...~dsit<>t queila palabra es un revestlilllento, que_ la pala6ra es laform"i
-~~_gue aqueja al ser humano. ¿Cómo hay quienes llegan a sentirl 0 n
Joyce nos ~ nnite conjeturar algo.) ·J
CteífallRi~
No hablé la última vez de su .h._1Ja · par_a no d esem?ocar en lo que pode-
naroar las anécdotas. Esta hiJa, Lucia, ya que dio a sus hijos nombres
~talio~ os aún vive. Está en Inglaterra, en una clínica psiquiátrica. Ella e
i an ' . f ,, . s
ue solemos namar una esquizo renica.
1oqRecordé esto durante nu. u"l' . " de casos, porque el caso
tima presentacion
que yo presentab~ se había a~ravado. Después de haber tenido la sensa-
ción _ que por Ill1 parte considero sensata - de palabras que le eran im-
puestas, el paciente sintió que estaba afectado por lo que él mismo lla-
maba@§!a~ o er9 lo gue solemes lla,naat con_esta palabra, a saber,
estar [Link] · nte e-..G0sas que les s~ceden a los otros, er~ gue tod~
muruio ,......... ,..... · é · e fm u b su ero
íntuno~ sabeF, sus reflexiones más ocultas, :y muy [Link] las rey
fl@ones gue se le ~resenta6an al margen de las famosas palabias. i,ñ9
~ El~§]
escuchaba algo como sucio asesinato político, por ejemplo, lo que
P_ara_ él equivalía a sucio asistanato político. Vemos claramente que el
Significante se reduce aquí a lo que es, al equívoco, a una torsión de voz.
respuesta a sucio asistanato o sucio asesinato llamado político él se de-
c1a as;1 rmsmo
· algo, que empezaba por un pero y que era su reflexión sobre
el te~. Lo que lo enloquecía completamente era la idea de que todos los
Idemas tamb',, ·
ien conocieran las reflexiones que él se formulaba ademas ' de
0 que consid
Él eraba como palabras que se le unpon1an.
. ,
tenía era, pues, como lo expresa, telépata emisor. En otras palabras, ya n?
secretos, nada privado. Por eso había cometido un intento de temu-
LA PISTA DE JOYCE

. lo que se llama un intento de suicidio


1 cuestt6 n, , 1 ' que era t
nar con a 1 que él estaba aht y por o que, en suma yo t , é\Jribién
e
1 m otivo por e ' en1a que .
inte.
res
arme en él. d ·L · ·
. ulsa a hablarles e ucrn Justamente lo si·g .
Hoy me imp u1ente
. en la defendió ferozmente de la presión de los , .' a saber
ue Joyce, q Ul l' E llled1c '
g , sa que ella era una te epata. n las cartas que . os, s0¡0
dec1a una co , , . 1· escnbe 1
1 tea que ella es mucho mas inte igente que todo a res.
pecto, Pan . b e 1 lllunct
!-'-'orma _ milagrosamente es 1a pa1a ra sobreentenct·d 0 , que
ella 1e IIll' , d I a - tod 1
curre a cierto numero e gente, que para ella esas pe oo
que 1e O rsonas no t·
nen secretos .
. No hay en esto algo sorprendente? No se trata en absolut d
¿ . '-' . lepata,
' que supo lo o e que yo
Piense que Lucia fue e1ect1vamente, una, te·-.e que 1e ocu
rría a gente sobre la que e 11a no tenia mas huonnación que otro p -
. • ero veo
en el hecho de que Joyce le confiiera esta vrrtud a partir de alguno .
. , . s signos
algunas declaraciones que él entendia de cierta manera, que para det d '
si puede decrrse . asi,, a su m·Jª e'11e atriºbuye algo que está en la prolon en er,_
, . ga
ción de lo que por e1 momento 11amare su propio síntoma.
Resulta difícil no recordar a propósito del caso de Joyce a mi propio
paciente, tal como la cosa había comenzado en él. No puede decirse que a
Joyce no se le impusiera algo con respecto a la palabra.
Resulta difícil no ver en el esfuerzo que hace desde sus primeros en-
sayos críticos, inmediatamente después en Retrato del artista, más tarde
en Ulysses, para terminar en Finnegans Wake, en el progreso de alguna
manera continuo que constituyó su arte, que cada vez se le impone más
cierta relación con la palabra - a saber, destrozar, descomponer esa pa-
labra que va a ser escrita - , hasta tal punto que termina disolviendo_~I
lenguaje mismo, como observó muy bien Philippe Sollers, y como les diJe
al comienzo del año. Él termina imponiendo al lenguaje mism? un~;:~
pecie de quiebre, de descomposición, que hace que ya no haya iden
f onatoria. di de la
.
Sm duda hay en ello una reflexión sobre la escntura.
. ber en una
escntura. 1a palabra se descompone imporuen . , dose eorno tal a sa d ' de1
fberarse
deformación de la que resulta ambiguo saber si se trata e-~ de dejarse
' · pa1abrero del que hablaba hace poco 0 , por el contran
paras1to '
, ...-,ico de la P
a}a·
. .
mvadrr por las propiedades de orden esenc1
bra, por la polifonía de la palabra.
Sea como fuera, debido a ese enfermo cuyo .
caso con
.a1me nte foneu.u
. yce
si·deré la últíJllJ
AJUle, el que te in·
o '
a- .

. • en Satnte-arece c1e. rtamen


que hice lo que se llama rm presentac1on,
para defender a Lucía, diga que es una telépata, me p

94
,orCE f LAS pAl.,ABRAS IMPUESTAS

Freud testimonia en ese punto mismo que d . ,


l
. de Jo que es1gne como
..1;catt"º "1"enc1·a del con
1P e ta e~
padre. . home es t'a marcado aqu1, por _
el smt un d
e sosteng0 d . re ondel d
1dJ..P queue [Link] que se pro uce en e11ugar tmsmo donde, d'igamos- e
cUerdJI, q ado del nudo. ,
..ra el traz
ye1i

El error corregido en el lugar donde se produce

1
3
1
1
1
1

1
Es difícil no ver que el lapsus es eso sobre lo que se establece en parte
\
la noción del inconsciente.
También lo es el chiste, que sin embargo debe ponerse en la misma
cuenta, si puedo decirlo así, porque no es impensable después de todo que
resulte de un lapsus. Por lo menos de este modo lo articula el propio Freud,
diciendo que es un cortocircuito, una economía respecto de un placer, de
una satisfacción.
Que esté en el lugar donde el nudo falla, donde hay una especie de laP:
del nudo mismo, está bien pensado para retenerrios. Me ocurre10ª nu
IDlsmo fallar, a veces, como he mostrado aquí, y es precisamente que
co~ que un nudo falla. Asimismo, el inconsciente nos muestr11 que ª
Partil' de su propia consistencia, la del inconsciente, hay montones de fra·
casados.
A~uf se renueva la noción de falta. ¿La falta, eso cuya conciencia
constituy 1 , de la pala-
e e pecado, es del orden del lapsus? El equivoco
raes ta b'é ·dO al Otro ·Hay
algo delm
b
o d1 n lo que permite pensarlo ' pasar de un sentt • ¿_
s menciona
Jo~? r en del lapsus en esta falta primera que tanto no . ·.

o~
LA PISTA DE JOYCE

Esto va acompana .
- do de la evocación de todo un embrollo. .Pero noso.
tros hemos llegado allí porque estamos en el nudo y al mismo tiempo en el
embrollo. .
He hablado de corregir el lapsus en el, p~nt~ nusmo en que se produce.
Esto no es algo evidente. En efecto, ¿que s1gmfica que s~ produzea en la)
Punto? Hay equívoco, puesto que tenemos la consecuencia de ello en otr
. las nusmas
dos puntos. Lo sorprendente es que no llene . consecuencias os
estos dos puntos. S1 prestan atenc1on, pue en ver en la manera en que en
. . ,. d
ponde el nudo que no obllenen
. e1nusmo. nudo pomendo
. el sinthome res-l
·
lugar dos
nusmo · 1a falta, o b'1en comg¡endo
en que se prodUJO ·· en e
la cosa en estos
. _otros puntos.

Habiendo corregido el error en los otros dos puntos,


no subsiste el mismo nudo

Corregir el lapsus en los otros dos puntos es tau concebible como hacerlo
en el punto en que se produce el error, puesto que se trata de hacer que subsista
algo de la estructura inicial del nudo de tres. Ahora bien, como ven, lo que sub-
siste debido a la intervención del sinthome es diferente según el sinthome esté
ubicado en el mismo punto que el lapsus o en los otros dos puntos.
Cosa sorprendente, hay algo en común en la manera en que se anudan
las cosas, algo que se observa en cierta dirección, orientació~, digamos
dextrógira, de la compensación anudada, de la compensación po~ el
sinthome. Queda igualmente claro que lo que resulta de esta compensación
es diferente según el lugar en que se ubiq~e..
La naturaleza de esta diferencia es la sigmente.d d ...,ébol en los otros
. ,. aportada al nu
En lo que resulta de la correccion h o eque
u'
se hace aquí, si
. lb
dos puntos, el sznthome Ye uc e en 1 forma de oc o -
d . el ocho rojo y el redondel
,. t,.
puedo decirlo as1, espon ane amente
. - es ecrr,
' te equivalentes.
• · son estnctamen
verde, pueden mvertrrse,

96
-------.!_OYCE Y LAS PALABRAS IMPUESTAS

Equivalencia por inversión del ro1o


. Y del verde

En cambio, no hay esta inversión c


en que
Ah se produce el error. uando la corrección se da ene11ug~
ora solo tienen que tomar 10
Obt dr'
, e~ an muy fácilmente el pasaje quedellamar'
.fe un nudo en forma de och
mas Slillple. º·
una 1orma a la otra· N0 hay nada

Nudo llamado "en forma de ocho"

. Basta que conciban que estiran las cosas de tal manera que el doble ocho
fOJO forma aquí un redondel. Nada más fácil que percibir que existen todas
las posibilidades de que lo que es entonces primero el redondel verde se vuel-
va un doble ocho verde. Verán en la práctica que es un doble ocho de igual
dextrogiria. Aparentemente hay, pues, como antes, estricta equivale~cia.
¡,Qué ocurre con lo que llamo equivalencia? ~~s~ués de_! cannno que
he allanado en tomo de la relación sexual, no es dtf1cil sugenr que cuando
1

hay equivalencia no hay relación.


97
1
LA PISTA DE JOYCE
- emos entonces
el nudo de trébol. Convengamos que los d
os s
Retom . b r ados por los dos colores, y supongamos por . exos
están aquí s1lm h::os hecho, que entonces hay un fracaso del n udn lllstan.
te como ya o . d 1h uo .
' Hemos constatado que lo que persiste e .echo de que este fr·
<luzca en el punto 2 o en e1punto 3 es estnctamente eq . acaso
se pro . 1 . u1valent
1o que vemos así como equ1va ente se sostiene en que hub f e. Si
1 o rae
nudo tanto en un sexo como en e otro, resulta que los dos s aso de¡
exosson
valentes. equ¡.
Sin embargo, esto solo es cierto si se deja de lado que si la fal
en el mismo lugar donde se produce, los dos sexos ya no son se repara
¿Qué ocurre en el nudo en forma de ocho? Lo que equivalentes
ces a lo que he llamado hace poco equivalen~ia está dcohrresponde ento~-
. 1 e echo le·
eqmvalente. Un co or puede ser reemplazado por el otr . Jos de ser
en el dibujo precedente el redondel verde es si pued od,pe~o llllentras que
. ' o ecrrlo a81, ·
al conJunto de lo que sostiene aquí el doble ocho roj . _ , interno
te el rojo es externo al doble ocho verde. 1
o, en e dibuJo siguien-
1:
'

No equivalencia por inversión del rojo y del verde

Sobre este tema hice trabajar a nuestro querido Jacques-Alain Mille~


estaba en mi casa de campo cuando yo reflexionaba al respecto. ade
q:
esta .e1orma - con sobrada razon,
, •
contranamente a 1o que le he dicho -
irse pero
" do1e que descubnera
gan · la equ1valenc1a
· · que habna' Podido produc ·
d lhechodeque
es claro que la equivalencia no puede producirse. Esto surge e
10
el verde no podría atravesar la banda externa ~el dobl~ ~!~~reiaci6n del
·A nivel del sinthome, no hay pues equ1valenc~a ci6n sitJ1P10•BD
verde y del rojo, si nos contentamos con es ta designa

98
JOYCE Y LAS PALABRAS IMPUESTAS

----- 'd en que hay sinthome, no hay equivalencia sexual, es decir


Jamed1 a
h relación. ., . .
ayE {ecto, si la no relacion depende de la equivalencia, en la medida en
'

ne hay equivalencia,
· se estructura 1a re1acion.
·' Hay, pues, al mismo
. no relación sexual y no hay re1acion.
que . ' All'i donde hay relacion
· ' es en la
uempo, . d
medida en que hay sinthome, es decir, onde el otro sexo es sostenido por
el sinthome •
Me he permitido afirmar que el sinthome es precisamente el sexo al que
no pertenezco, es decir, una mujer. Si una mujer es un sinthome para todo
hombre, es completamente claro que hay necesidad de encontrar otro nom-
bre para lo que es el hombre para una mujer, puesto que el sinthome se
caracteriza justamente por la no equivalencia.
Puede decirse que el hombre es para la mujer todo lo que les guste, a
saber, una aflicción peor que un sinthome. Pueden articularlo como les
convenga. Incluso es un estrago. Si no hay equivalencia, están forzados a
especificar lo que ocurre con el sinthome.
No hay equivalencia, es la única cosa, el único reducto donde se sostie-
ne lo que se llama la relación sexual en el parletre, el ser humano.
¿No es lo que nos demuestra lo que llamamos la clínica, que es otro uso
de la cama? Pese a todo, cuando vemos a los seres en la cama, Yno solo en
las camas de hospital, podemos darnos una idea de lo que atañe a esa fa-
mos_a relación. Esa relación se une, conviene decirlo, con un lazo eSttecho,
al sznihome. Es precisamente el resultado, válgame Dios, de todo 10 que
escucho en otra cama, el famoso diván, donde a la larga me hablan de ellol.
· Se tratad. e si'tuar que, tiene. .
que ver el sznthome con 1o re al , lo real
. de .
mconsc1ent . . , ber si el in-
e . e, si es cierto que el inconsciente es real. ¿Como sa
onsc1ente . artt'cipa de un
eq , es real o 1maginario? Esta es la pregunta. Este P
u1voco entre los dos .
Aquí está · ces metidos,
y rnet·d eso donde, gracias a Freud, estamos desde enton. emos
1 os a t'tul0 . 1 cesivo ten
°
necesidad d i . de smthome. Quiero decir q~e en su reud considera-
ba natu el smthome en la relación sexual misma, que F
Conral, lo que no quiere . decir
. nada. . di·que de al-
guna esto los deJare
Th
• , ,
hoy, puesto que ademas es preci
·so que 1n
umerosos.
' 11anera · d d0 menos n
nu ecepción por no haberlos encontra
DE 1976
17 DE FEBRERO

99

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