Facultad de Humanidades
MÓDULO 1
LITERACIDAD: PRÁCTICA SOCIAL QUE IMPLICA
EL USO DE LA LECTURA Y LA ESCRITURA
ACTIVIDAD A REALIZAR.
Lee el texto con atención y responde a los siguientes planteamientos:
• ¿Qué es la Literacidad?
• Diferencia literacidad disciplinar y alfabetización disciplinar
• Elabora un organizador visual y anota los conceptos relevantes que identificas en esta lectura.
• Socializa en plenario.
LITERACIDAD: PRÁCTICA SOCIAL QUE IMPLICA EL USO DE LA LECTURA Y LA
ESCRITURA
El término literacidad se deriva del inglés literacy, que en español ha sido traducido de diversas
maneras: "alfabetización o cultura escrita (Emilia Ferreiro), literacia o literidad (usado en
América, calcando el literacy inglés) y escrituralidad (propuesto como alternativa a la
oralidad)" (Cassany, 2005:9). Los términos que se prefieren en la literatura especializada en
español son alfabetización y literacidad. En este momento se concibe que ambos tienen cabida
en el mismo enfoque teórico; no obstante, se asocian con significados distintos.
Desde el enfoque sociocultural y, en particular, desde los Nuevos Estudios de Literacidad, se
entiende que la literacidad es un "conjunto de prácticas discursivas, es decir... formas de usar la
lengua y otorgarle sentido tanto en el habla como en la escritura" (Gee, 2004: 24). Es una
práctica aprendida por el ser humano para que le sea útil a sus propósitos e "implica una
manera de usar la lectura y la escritura en el marco de un propósito social específico" (Zavala,
2008: 7l ) y, sobre todo, es "algo que la gente hace. Es esencialmente social y se localiza en la
interacción interpersonal" (Barton y Hamilton, 2004: 109 ). El enfoque sociocultural para entender
la literacidad no niega el componente cognitivo del lenguaje, pero, en lugar de considerar que
la lectura y la escritura son sólo habilidades cognitivas individuales, se las ve como una práctica
social y "una práctica ideológica, implicada en relaciones de poder e incrustada en significados
y prácticas culturales específicas" (Street, 2014: 1 ). Tomando en cuenta estas consideraciones,
podemos precisar que la noción de literacidad remite básicamente a la participación activa de
los individuos en la cultura de lo escrito, es decir, el conocimiento y reconocimiento del código
escrito, de las reglas lingüísticas que gobiernan la escritura y de las convenciones establecidas
para el texto. También se refiere al conocimiento y reconocimiento de géneros discursivos, de
los roles que desempeñan los interlocutores en la comunicación escrita, de las formas de
pensamiento y procedimientos de observación de la realidad, de la presentación de información
y de razonamiento asociados con el discurso escrito; a la identidad y el estatus que los
miembros de una comunidad han adquirido a través del uso de la escritura, y a los valores y
marcos culturales que se elaboran a través del discurso escrito (Castro y Sánchez, 2015).
Según este enfoque, existe un sinnúmero de literacidades, asociadas con situaciones diversas;
algunas pueden ser vernáculas, es decir, que se vinculan con la vida cotidiana y que no están
reguladas por las instituciones (Barton y Hamilton, 2003). Otras literacidades pueden ser
prácticas llamadas oficiales, institucionalizadas o dominantes, las cuales están relacionadas con
la vida pública, formal o profesional, por lo que están sujetas a reglas estrictas, de diferente
índole, como de convenciones lingüísticas y formato, entre otras (Cassany,2008). A continuación,
nos centraremos en una práctica institucionalizada particular, la que se relaciona con los
ámbitos disciplinares.
Literacidad disciplinar y alfabetización disciplinar
Cabe hacer una distinción inicial. En la literatura especializada en español es común que se
denomine literacidad académica (Zavala,2009) y alfabetización académica (Carlino, 2013) a lo que
en este trabajo entendemos por literacidad disciplinar (López Bonilla, 2013; Natale y Stagnaro, 2015)
y alfabetización disciplinar (Parodi, 2008). Además, en la literatura de Estados Unidos (por
ejemplo, (Moje, 2007, 2008; Shanahan y Shanahan, 2008) se denomina disciplinary literacy a lo que
en textos especializados del Reino Unido se llama academic literacy (como hacen Lea y Street,
2006).
Con relación a la distinción entre lo académico y lo disciplinar, Fang y Coatoam (2013) sostienen
que la literacidad disciplinar puede ser clasificada como un tipo de literacidad académica. Ello
se debe a que esta última se relaciona con prácticas específicas del ámbito académico, mientras
que la literacidad disciplinar puede ocurrir en cualquier ámbito especializado en torno a una
disciplina concreta, incluido, por supuesto, el entorno académico. No obstante, dado que en el
ámbito académico coexisten prácticas de literacidad de diversos tipos y niveles de especialización
(Shanahan y Shanahan, 2008), consideramos necesario distinguir las prácticas más generalizables
o básicas de las que son más sofisticadas y delimitadas a disciplinas concretas. Tomando esto
en consideración, entendemos por literacidad y alfabetización académica a las prácticas más
generalizables, por ejemplo, las que se enseñan en asignaturas iniciales que suelen formar parte
de los programas de estudio del nivel superior o en talleres de redacción general. En cambio,
concebimos la literacidad y la alfabetización disciplinar como prácticas altamente
especializadas.
Otra cuestión por tomar en cuenta es que las nociones de literacidad disciplinar y alfabetización
disciplinar suelen ser empleadas como sinónimos, aunque cada vez más la literatura
especializada marca una distinción que conviene resaltar. En seguida presentamos una breve
explicación de cada uno de los conceptos.
La literacidad disciplinar es un tipo de práctica de literacidad que se da en el marco de un
dominio específico y restringido; una disciplina donde la lectura y la escritura se ven como
prácticas inherentes y esenciales, las cuales pueden ser reproducidas, aprendidas y enseñadas.
Se refiere a la capacidad de participar en prácticas sociales, semióticas y cognitivas consistentes
con aquéllas que llevan a cabo los expertos en la disciplina. Se basa en la creencia de que la
lectura y la escritura son parte integral de las prácticas disciplinares y que las disciplinas no
sólo difieren en el contenido, sino también en la forma en la que ese contenido es producido,
comunicado y criticado (Fang, 2012:19-20 ).
Es importante enfatizar que las prácticas de literacidad van más allá de la lectura y la escritura,
ya que incluyen los conocimientos necesarios para participar en la actividad. Particularmente
la literacidad disciplinar toma en cuenta los conocimientos de la disciplina que se han
acumulado en el tiempo, así como el desarrollo de la capacidad para producirlos y criticarlos
(Moje, 2007). Asimismo, considera las actividades que permiten determinar qué cuenta como
conocimiento válido en una disciplina, qué normas y roles se deben cumplir en una comunidad
específica, cómo se determina la autoridad disciplinar (Ford y Forman, 2006) y cómo se difunde el
conocimiento.
Aunque puede haber prácticas generalizables a diferentes ámbitos, cada disciplina tiene un
conjunto de prácticas de literacidad particulares, las cuales no se pueden transferir
automáticamente, pues requieren rutinas sofisticadas y especializadas (Shanahan y Shanahan,
2008). En consecuencia, para aprender las prácticas de cada disciplina, y para construir los
conocimientos que les son propios, es necesario fomentar que los aprendices estén inmersos
en las prácticas y que utilicen los textos específicos de cada disciplina (Moje, 2008). Heller y
Greenleaf (2007) ilustran esta situación con el caso de una disciplina en particular, la Biología: los
estudiantes aprenden a leer y a escribir como biólogos sólo si participan de manera recurrente
en prácticas que requieran que lean y escriban como biólogos. Esta misma situación aplica a
cualquier área de conocimientos, pues en todos los casos los especialistas leen y escriben "en el
marco de una discusión en evolución, con sus propios objetivos, problemas, condiciones,
argumentos y dialecto" (Bazerman, 1988: 5 )
La alfabetización disciplinar, en cambio, es precisamente la instrucción formal en torno a la
literacidad disciplinar. Esta noción puede ser definida como la responsabilidad de los maestros
expertos en una disciplina de compartir con sus estudiantes las formas de leer, escribir, hablar,
escuchar, investigar y pensar de los miembros de esa comunidad disciplinar. Bajo este modelo,
los expertos proveen el andamiaje necesario para que los aprendices entiendan y escriban
textos complejos en formas relevantes para la disciplina (International Writing Center Association,
2015).
Distinguir estos conceptos es importante por dos razones: en primer lugar, porque ayuda a
entender que es conveniente ofrecer formación explícita para que los estudiantes puedan
participar exitosamente en las actividades propias de las disciplinas; en segundo lugar, porque
cada noción implica necesidades distintas para obtener datos empíricos, es decir, para conocer
las prácticas de literacidad es necesario acercarse a los especialistas, a fin de describir y analizar
las actividades que llevan a cabo como miembros de su comunidad disciplinar; en cambio, para
conocer las prácticas de alfabetización conviene caracterizar el ejercicio de los docentes e
identificar cómo enseñan a los estudiantes las prácticas letradas de las disciplinas (Carlino, 2013).
El tipo de formación que busca la alfabetización disciplinar no se limita a un conocimiento
mecánico de prácticas específicas, sino que pretende lograr la construcción de conocimientos
disciplinares a partir del involucramiento en prácticas de literacidad disciplinar. Este tipo de
formación suele vincularse con el nivel superior; no obstante, los contenidos disciplinares
forman parte del currículo de los niveles educativos previos. Moje (2007) señala que es a partir
de la secundaria cuando se marcan las diferencias temáticas asociadas a las disciplinas; en
consecuencia, la alfabetización disciplinar puede comenzar antes de que los estudiantes
ingresen a la universidad. Heller y Greenleaf (2007) explican que el objetivo de la alfabetización
disciplinar no es, necesariamente, convertir a los estudiantes de secundaria en especialistas de
cada disciplina, ya que esa sí es labor de la educación superior, o incluso del posgrado. Lo que
se pretende lograr al introducir a los estudiantes en las prácticas de los especialistas es que
sepan cómo se concibe el conocimiento, cómo se investiga y cómo se comunica en cada
disciplina, para que así les resulte posible navegar en las diferentes disciplinas que les demanda
el currículo escolar.
Referencia:
Carlino, Paula (2013), "Alfabetización académica diez años después", Revista Mexicana de Investigación
Educativa, vol. 18, núm. 57-3, pp. 355-381,
en: [Link] (consulta: 18 de agosto de 2020).
Internacional y IV Foro Nacional de Enseñanza de la Lengua y la Literatura, Hermosillo, Universidad de
Sonora, 30 de octubre-3 de noviembre de 2006, en: [Link]
gresos/12/act/10/Cassany,_D..pdf (consulta: 18 de agosto de 2020).
Marinkovich, Juana y Laura Aurora Velásquez (2010), "La representación social de la escritura y los
géneros discursivos en un programa de licenciatura: una aproximación a la alfabetización
académica", en Giovanni Pa rodi (ed.), Alfabetización académica y profesional en el siglo XXI:
leer y escribir desde las disciplinas, Santiago, Ariel, pp. 127-152.