Cooperativas Mineras en Bolivia: Estructura y Desafíos
Cooperativas Mineras en Bolivia: Estructura y Desafíos
COOPERATIVAS
MINERAS
EN BOLIVIA
Formas de organización,
Producción y
Comercialización
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Presentación Pág. 1
Introducción Pág. 3
Introducción
Bolivia suele tener la imagen de un país minero desde que el Cerro Rico
alimentaba al mundo con sus ricos
yacimientos de plata. Sin embargo, esa imagen ya no corresponde mucho a la realidad, la minería
hasta el 2006 sólo aporta un 4,5% al Producto Interior Bruto (PIB) del país, y ocupa apenas al 1,5%
de la población, mientras que en los años 70 contribuía con más de 13% al PIB y ocupaba 4% de la
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población activa. Aún con este cambio el sector minero continua siendo clave para el país. Primero,
porque a pesar de esas contribuciones bajas al PIB y al empleo, las ex portaciones mineras
representan más del 25% del total de las exportaciones de Bolivia, lo que contribuye fuertemente a
la entrada de divisas. Segundo, porque los mineros son todavía una de las fuerzas sociales más
organizadas, unidas y fuertes de Bolivia, como lo expresó en el 2004 el director de Prevención de
Conflictos y Régimen Interno, Gregorio Lanza, al declarar que los cooperativistas mineros eran el
tercer problema político social del país, después del gas y de la tierra. En tercer lugar, porque este
sector puede aún contribuir mucho al desarrollo del país, visto que se estima que sólo se ha
explotado el 10% del potencial minero nacional. Una reactivación del sector podría entonces
generar muchos empleos, ingresos para el Estado a través de los impuestos a la minería, y, en fin,
contribuir a mejorar el nivel de vida de todos los bolivianos. En último lugar, porque si consideramos
el empleo en cifras absolutas y no relativas, nos damos cuenta que la minería ofrece casi 70.000
empleos directos, a los cuales podemos añadir 300.000 empleos indirectos (alimentación,
transporte, producción de herramientas y maquinas etc.), lo que no es despreciable visto la falta de
alternativas que tendría la gente ocupada en ese sector si este desapareciera. El sector minero es
entonces todavía de suma importancia para Bolivia, sobre todo considerando el potencial que tiene.
Una característica de la minería boliviana, que sólo se encuentra en este país, es la
importancia del sector cooperativista dentro del sector minero en su totalidad. Así, el
número de cooperativistas, que se estima actualmente, llega aproximadamente a 60.000
personas, representando el 90% del empleo minero nacional. Sin embargo, las
cooperativas participan en la producción minera boliviana sólo con un 20%, lo que
evidencia una contradicción que es uno de los puntos de partida de nuestra investigación:
¿porque la minería corporativizada aporta tan poco a la producción de mineral aunque
ocupe la gran mayoría de la mano de obra del sector? El análisis de las formas de
producción de las cooperativas debería permitirnos contestar esta pregunta.
La Alianza Cooperativa Internacional define una cooperativa como: “una asociación
autónoma de personas que se han unido de forma voluntaria para satisfacer sus
necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales en común
mediante una empresa de propiedad conjunta y de gestión democrática”. Esas
dos últimas características, la propiedad conjunta y la gestión democrática, constituyen la
diferencia de las cooperativas con otros tipos de emprendimientos económicos. Sobre todo,
las cooperativas se diferencian de las empresas privadas por buscar fines sociales y no
fines de lucro, siguiendo los llamados principios rochdilianos, por la cooperativa Rochdale,
primera cooperativa en sistematizarlos en 1844y que son los siguientes:
- Libre acceso y adhesión voluntaria
- Control democrático (decisiones tomadas en asamblea general, donde cada socio tiene
un voto)
- Distribución de excedentes en proporción a operaciones
- Limitación del interés del capital, que debe estar al servicio de los trabajadores, y no
encima de ellos como en una empresa privada
- Neutralidad política y religiosa
- Ventas al contado, lo que debe garantizar el comprar sólo lo necesario - Fomento
de la educación y obras sociales.
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Esos principios, base del cooperativismo, han sido retomados por las cooperativas del
mundo, y han sido traducidos en leyes por los gobiernos nacionales para organizar la
formación y el funcionamiento de las cooperativas. Aquí surge entonces el otro punto de
partida de nuestra investigación: ¿Cómo son las cooperativas mineras bolivianas? Es decir,
¿cómo se organizan? ¿Dentro de qué el marco normativo?, y dentro de este marco, ¿cómo
las cooperativas desarrollan su actividad, es decir cómo organizan la producción y
comercialización de minerales? La pregunta subyacente a la investigación se remite a
conocer si existe un modelo único de funcionamiento, o al contrario si cada cooperativa
busca su propia organización interna y productiva y si es posible encontrar para el conjunto
una o varias tipologías.
Nuestra investigación no quiere ser un análisis histórico de la evolución de las
cooperativas, sino más bien un diagnóstico de la situación actual. Así, nuestro trabajo se
destina a procurar un mejor conocimiento y comprensión de la situación de las
cooperativas, cuyo tratamiento recurrentemente está atravesado por un conjunto de
información equivocada, prejuicios e intereses económicos y políticos, que expresan en
algunos casos una visión positiva que reivindica en el discurso los principios del
cooperativismo y por otro lado una visión negativa que crítica la permanente violación de
estos mismos principios en la práctica, además de otras posturas que critican este sistema
por su deficiente capacidad productiva. Apostamos por un mejor conocimiento de la
realidad que debería permitir acabar con esos prejuicios, para tener debates más
racionales y precisos sobre el tema.
Nuestro trabajo se basa en el estudio de las cooperativas mineras tradicionales, es decir
las cooperativas que explotan minerales metálicos, salvo el oro. Se trata de la plata,
estaño, plomo, zinc en su gran mayoría. Hemos decidido dejar de lado las cooperativas
auríferas, que representan el 30% del total de las cooperativas mineras, visto que la
manera de trabajar es diferente a la de Las cooperativas tradicionales, sobre todo porque
se trabaja en exterior mina (yacimientos aluvionales o a cielo abierto), por lo que el proceso
productivo es muy diferente, requiere otro tipo de tecnología, inversiones, trabajo, etc.
Además, la mayoría de las cooperativas auríferas son propietarias de sus concesiones,
mientras las cooperativas tradicionales arriendan las suyas de la Comibol, lo que implica
una diferencia organizativa, como veremos más adelante. Así, para contestar a la pregunta
subyacente de la investigación, determinar si existe o no un modelo general de
organización cooperativa, nos pareció más pertinente estudiar cooperativas lo más
parecidas posibles, para eliminar las diferencias exógenas y así destacar mejor las
diferencias endógenas entre un mismo tipo de cooperativas.
También hemos decidido dejar de lado el impacto ambiental de las cooperativas,
considerando el número elevado de estudios dedicados a ese tema que se han realizado
en los últimos años.
Nuestra investigación recurrió, además de la literatura existente sobre el tema, a la
observación directa (visita de minas cooperativizadas en Oruro, Po tosí, Llallagua y
Atocha), y a entrevistas a personas claves que trabajan en o sobre el sector minero.
Entrevistamos a dirigentes de la Fencomin, de las federaciones departamentales o
regionales, de organizaciones no gubernamentales (ONGs), prefecturas y las mismas
cooperativas. A través de esa información, hemos podido constatar que no existe un
modelo único de organización de las cooperativas mineras.
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ORGANIZACIÓN
INTERNA
1.1. Orígenes
La formación de las cooperativas mineras de Bolivia tiene su base en la Ley General de
Sociedades Cooperativas (LGSC, o Decreto Ley No. 5035) del 13 de septiembre de 1958,
que rige la organización interna de las cooperativas, sus campos de actividad, etc.,
siguiendo los principios internacionales del cooperativismo retomándolos en su primer
artículo, que declara la igualdad de derechos y obligaciones de los socios, la gestión
democrática, el control social y los fines sociales de la institución, así como la limitación de
los intereses del capital. La formación de una cooperativa, que necesita un mínimo de diez
personas, debe ser aprobada por la federación respectiva, o sea la Fencomin en nuestro
caso, y la afiliación a esta federación es obligatoria. La LGSC fija entre otras cosas las
condiciones de ingreso a las cooperativas, la estructura interna de estas instituciones
compuestas al menos de la asamblea general y de los consejos de administración y de
vigilancia, y el manejo del fondo de operaciones. Sin embargo, la LGSC nunca ha sido
reglamentada en lo que concierne a las cooperativas mineras, al contrario de las
cooperativas de ahorro y crédito por ejemplo, lo que deja un vacío en el marco legislativo
que rige a la actividad minera.
A pesar de que en su artículo 34 la LGSC declare que las minas de propiedad estatal
serán administradas preferentemente por cooperativas, las minas fueron administradas y
explotadas por la Corporación Minera de Bolivia (Co mibol) a partir del 1952, hasta la crisis
de la Comibol y su desmantelamiento que se inició en el 1985 con la promulgación del
Decreto Supremo No. 21060. A partir de esta fecha, laComibol dejó poco a poco sus
actividades de producción, despidiendo a miles de trabajadores “relocalizados”, situación
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ratificada por el nuevo Código de Minería de 1997 que estipula que la Comibol no puede
realizar operaciones directas de producción, sino sólo administrar las concesiones
mediante contratos de arrendamiento o de riesgo compartido. El DS 21060, además de
empezar con la liquidación de la Comibol, liberalizó la economía boliviana, dejando que los
precios y los salarios se fijen por la confrontación de la oferta y de la demanda, autorizando
la libre comercialización y exportación, y declarando la flexibilidad del tipo de cambio entre
otras medidas.
Ese Decreto transformó esencialmente la actividad minera. Muchos de los mineros
relocalizados, al no encontrar alternativas laborales en las ciudades donde habían migrado,
decidieron retornar a la mina, a pesar de las cotizaciones bajísimas de los minerales en esa
época, para poder sostener a sus familias. Se multiplicaron entonces las cooperativas,
única forma legal para los trabajadores de explotar las minas frente a la desaparición de la
Comibol y a la ausencia de fuentes de empleo en las empresas privadas. Ese retorno a las
minas sucedió varias veces de manera violenta, cuando el gobierno se negó a ceder ciertas
minas a las cooperativas. Los mineros tenían entonces que tomar la mina y ocuparla hasta
que el gobierno les acordara el derecho de explotarla como cooperativa. Vemos entonces
que la creación de cooperativas no se hace realmente a partir de un deseo de crear
cooperativas, sino a partir de la necesidad. Integrar una cooperativa es para muchos
trabajadores la única forma de trabajar en la mina, y la única forma de trabajar en general
visto la ausencia de alternativas, y así sostener a sus familias.
El nuevo Código de Minería, o ley No. 1777 del 17 de Marzo de 1997, ratifica la
desaparición de la Comibol como entidad productiva como ya hemos mencionado. A pesar
de eso, no modifica sustancialmente a nivel normativo la situación para las cooperativas. Lo
que sí introduce es una especie de superioridad del derecho minero, visto que los
concesionarios tienen derecho al uso de los recursos naturales (agua, madera, etc.) que se
encuentran en el área de su concesión, aunque la propiedad del terreno y la concesión
sean separadas. Este derecho otorga la posibilidad de constituir servidumbre o de
expropiar si el terreno es de propiedad privada. Una constante en la legislación minera de
Bolivia desde el Código de Minería de 1965 es que no distingue las cooperativas del resto
de los agentes del sector. Es decir que todos tienen los mismos derechos y obligaciones, lo
que obliga a las cooperativas a competir con empresas privadas dotadas de mucho capital,
con capacidades financieras y técnicas altamente superiores a las de las cooperativas. Las
cooperativas sólo reciben un tratamiento diferenciado en las leyes ambientales, menos
exigentes con las entidades que producen menos de 300 toneladas al mes.
1.2. Los trabajadores
La actividad minera, en general, se transmite a través de la familia: muchos
cooperativistas son hijos de mineros, y tienen hermanos, primos o hijos en la misma
cooperativa. Eso se debe por una parte a la ausencia de fuentes alternativas de empleo en
las localidades mineras, y por otra parte al prematuro ingreso de los jóvenes a la actividad,
por ejemplo si el padre fallece los hijos jóvenes deben entrar a la mina para sostener a su
familia, lo que impide estudiar, y “condena” entonces a seguir en la mina por falta de
formación en otra actividad. Además, en tiempo de cotizaciones altas de los minerales, la
minería parece una buena oportunidad para ganar dinero, aunque la suerte toque a pocos
mineros como veremos más adelante.
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Una característica de los mineros actualmente es que gran parte de los trabajadores
dividen su actividad entre la mina y la agricultura.. Eso les permite generar otra fuente de
ingreso, o por lo menos tener algo para comer, en tiempo de cotizaciones bajas o de “mala
suerte”. Dejan entonces su actividad minera algunas semanas al año, en tiempo de
siembra o de cosecha, con permiso previo de sus cooperativas.
Los trabajadores de las cooperativas son, en principio, socios de la cooperativa, iguales
entre ellos o eventuales (según las condiciones de ingreso a la cooperativa). Sin embargo,
las cooperativas de Potosí se distinguen en este as pecto, visto que las cooperativas del
Cerro Rico emplean a peones y distinguen varias categorías de socios. También existen
diferentes tipos de peones: por una parte, mineros que recién empiezan en la actividad y
que tienen que trabajar un tiempo como peón antes de hacerse socios y por otra parte
gente del campo que viene a trabajar a la mina por un tiempo corto (de unos días a unos
meses) para mejorar sus ingresos agrícolas. Los peones llegan así a representar más de la
mitad o alrededor de dos tercios de los trabajadores en algunas cooperativas del Cerro
Rico.
Existen, igualmente, diferentes “estatutos” de peón. Los que se quedan más tiempo tienen
un contrato con remuneración fija, alrededor de 120Bs por mita de cuatro horas, con la
posibilidad de trabajar dos mitas al día. Los que se quedan menos tiempo, lo insuficiente
para tener un contrato, tienen remuneración por día (de 50 a 80Bs por mita, también con la
posibilidad de trabajar dos mitas). La última posibilidad permite repartirse la producción
entre socio y peones. Como ejemplo en un grupo de cuatro peones que trabajan para un
socio, estos se reparten la producción de la siguiente manera: el 40% para el socio y el
60% para los peones, lo que representa entre 700 y 1.000 Bs. de ingresos al mes para los
peones. Se debe recordar que con esos ingresos los peones tienen que comprar su
equipamiento y herramientas, lo que reduce mucho los ingresos netos.
En otros lugares, por ejemplo en Llallagua, se emplean peones no para entrar a la mina,
sino para concentrar el mineral. Los socios o las cuadrillas que disponen de un paraje
bastante rico como para pagar a peones les emplean para moler el mineral, de manera
manual, pagando entre 10 y 20Bs el saco, según la dureza del mineral. Se necesita más o
menos dos horas para moler un saco. En Llallagua, la mayoría de los peones provienen del
campo, y normal mente no quieren ingresar como socios a la cooperativa, sino obtener
puntual mente otra fuente de ingresos.
Las cooperativas de Potosí, además de los peones, distinguen otras categorías de
trabajadores: los “segundas manos”, que es una categoría entre peón y socio, y dos o tres
categorías de socios según las cooperativas, cada categoría con sus obligaciones y sus
derechos. Es entonces toda una escala social, en la que el ascenso depende de la
antigüedad y los aportes financieros, los cuales van aumentando con las categorías. Las
obligaciones que pueden variar son sobre todo el aporte que realizan los socios a su
cooperativa. Por ejemplo, los peones y los segundas manos no aportan a las cooperativas,
mientras los socios si aportan con un porcentaje de su producción, y suben de categorías
con aportes mayores. Los derechos que cambian según la categoría conciernen sobre
todo los regalos de fin de año y al aguinaldo, que benefician más a los socios de las
categorías altas. En algunas cooperativas, concierne también el acceso a los puestos de
dirigentes, que son reservados a los socios de la categoría más alta.
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cooperativa, pero en general son sólo asalariados, con una paga fija, por ejemplo entre 400
y 900 Bs. para una secretaria según la capacidad financiera de la cooperativa, de 700 a
1.000 Bs. para el personal de seguridad que se ocupa de controlar la entrada a la mina y
vigila el trabajo (por ejemplo que los socios no beban demasiado alcohol). Los técnicos o
ingenieros tienen un papel importante en las cooperativas: son los que orientan a los
trabajadores hasta tal o cuál paraje, les ayudan a ubicar una veta si esta se corta,
aconsejan sobre el uso y mantenimiento de las maquinas, etc. Antes de la bajada de los
precios a finales de los años 1990 y principios de los 2000, la mayoría de las cooperativas
contaba con un ingeniero propio. Sin embargo, casi todas tuvieron que separarse de su
ingeniero con la caída de las cotizaciones. Actualmente existen nuevas contrataciones de
técnicos, aunque en algunas cooperativas sea más como una cuestión figurativa, es decir
que existe el cargo pero un recurrente incumplimiento de las funciones técnicas,, así los
socios denuncian muchas veces la incapacidad de su ingeniero. Las cooperativas pueden
también recurrir a ingenieros “externos”, por ejemplo la Comibol tiene “brigadas” de
técnicos que pueden intervenir puntualmente en las cooperativas.
Dentro del personal de apoyo, hay que destacar la situación de las“serenas”. En el Cerro
Rico, algunas cooperativas emplean a una serena, que es como la guardia de la bocamina:
vive al lado de la entrada de la mina, para vigilar día y noche las casitas donde los mineros
dejan su equipamiento y sus herramientas. Las serenas son a menudo viudas, que viven
con sus hijos , que no gozan de ninguna protección social: las cooperativas las emplean
poco tiempo, para no tener que otorgarles verdaderos contratos con beneficios sociales,
pagándoles menos de 400 Bs. por mes en general.
Una característica común a muchas cooperativas es la falta de visión de largo aliento, es
decir la falta de capacidad de planificar la actividad a medio o largo plazo, pensando en la
institución en su conjunto. Más bien, los socios tienen en general una visión individualista y
de muy corto plazo de su actividad, siendo lo importante producir en el momento, reduciendo
al máximo los gastos. Se descuida entonces la seguridad y las inversiones que podrían
mejorar la producción en el futuro, porque representan un costo que no tiene contraparte
visible en el presente. Esta manera de pensar y actuar se debe sobre todo a la falta de
capacitación en gestión administrativa, pero también al propio funcionamiento de las
cooperativas, que impide, como ya hemos mencionado, la acumulación de experiencia y
conocimientos de la directiva. Sin embargo, el ejemplo de las cooperativas de la
Ferecominsur, muy bien organizadas y con una visión colectiva y de largo plazo, así como
una conciencia más progresiva de este problema de gestión, empiezan a generar un
movimiento hacia más capacitación y más esfuerzos en torno a este tema.
PRODUCCIÓN
Los yacimientos que explotan las cooperativas mineras son yacimientos que han sido
explotados desde hace mucho tiempo, varios siglos para el Cerro Rico por ejemplo, o desde
finales del siglo XIX para yacimientos estañíferos como el de Llallagua. Muchos de esos
yacimientos se encuentran casi agotados, con minerales de baja ley, lo que limita mucho la
capacidad productiva de las cooperativas. Esa capacidad ha sido limitada también por el
desmantelamiento de la infraestructura y la tecnología instalada por la Comibol en estas
minas. En efecto, la Comibol, cuando cerró sus actividades de producción, sacó todas sus
máquinas de la mina, y las cooperativas tuvieron que empezar a partir de cero. El trabajo en
tiempo de la Comibol era bastante mecanizado: se disponía de perforadoras funcionando
con aire y agua, la mayoría de las galerías estaban equipadas con rieles para sacar el
mineral en los carros metálicos de los troles motorizados, algunas minas tenían rampa para
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subir la carga desde los niveles de abajo, etc. Las galerías eran en ese entonces anchas,
iluminadas por lámparas eléctricas y se disponía de oficinas y centros de salud dentro de la
mina. Pero no quedó nada de todo eso: la Comibol sacó hasta los rieles de las galerías
cuando cerró sus operaciones.
2.1. Extracción del mineral
2.1.1. Trabajo en interior mina
Como lo hemos señalado anteriormente, la producción se realiza de manera autónoma
dentro de las cooperativas: los socios buscan su paraje y lo explotan sin intervención de la
directiva, con la posibilidad de asociarse entre varios socios si el paraje lo permite. El
tiempo de explotación de un paraje puede variar de unos meses a varios años. En el caso
de una explotación larga, los socios acondicionan un rincón para guardar sus herramientas,
ropa, ponen una radio si tienen electricidad en la mina. La mayoría de los socios cierran su
paraje con una puerta de madera y un candado, para evitar el robo de herramientas o de
mineral.
La primera etapa de la producción es la perforación de varios agujeros para colocar
explosivos. Después de la explosión, hay que esperar unas horas (generalmente hasta
medio día), según la ventilación, a que baje y se disperse el polvo, entonces se ingresa
nuevamente a seleccionar el mineral (“palleo”), separándolo de la carga a golpes de
martillo. Se saca entonces el mineral seleccionado o toda la carga cuando se dispone de
un trole, para comercializarlo, con procesamiento previo en algunas cooperativas.
Los horarios de trabajo dependen de la organización de cada cooperativa: cuando se
baja y sube a los niveles de la mina por una jaula (ascensor rudimentario), la cooperativa
define horarios de entrada y salida, para que la jaula no funcione todo el día. La
cooperativa puede entonces definir que se trabaje en varias puntas (turnos de trabajo
distribuidos en todo el día) o sólo con un horario diurno. Si se trabaja por puntas, puede
haber dos puntas al día, o hasta tres, con una punta nocturna. En las cooperativas donde
no hay jaula, la entrada es en general libre, cada socio o cuadrilla define su propia
organización, sólo son las cuadrillas numerosas las que en general se dividen dividiéndose
en general por puntas.
2.1.2. Mecanización
Aunque la Comibol sacó sus máquinas de las minas al cerrar sus operaciones, la
mayoría de los cooperativistas trabajan hoy en día de forma mecaniza da, en algunas
cooperativas, todos los socios trabajan con máquinas, mientras en otras es sólo un 50%.
Sin embargo, el proceso de mecanización es bastante reciente: la mayoría de los socios
han comprado sus perforadoras en los últimos tres o cuatro años, trabajando hasta
entonces manualmente.
Para perforar, el trabajo manual “a pulso”, con punta y martillo, tarda de 2 a 8 horas para
hacer un agujero, según la dureza de la roca. Con una perforadora a compresión de aire,
se tarda unos minutos para hacer una perforación aún más profunda. Si consideramos que
se necesita de 5 a 20 agujeros para colocar la cantidad suficiente de explosivos, nos
damos cuenta de la ganancia en tiempo que representa una perforadora. Según el tipo de
maquina o su antigüedad (si es de segunda mano), una perfora puede costar de 700 a
1.300 Dólares. Los socios individualmente o las cuadrillas, empleando el dinero del fondo
común, adquieren las perforadoras y se encargan de su mantenimiento. Las perforadoras
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funcionan con el aire provisto por una compresora, que provee al mismo tiempo aire para
ventilar la mina. Las compresoras antiguas funcionan con diesel y las nuevas o más
modernas con electricidad. Existen diferentes tamaños de compresoras: algunas son
pequeñas, cuestan alrededor de 4.000 Dólares, y son compradas por un socio o una
cuadrilla, para alimentar su paraje; otras son más grandes y permiten alimentar hasta
varios niveles, estas pueden costar entre 35.000 y 50.000 Dólares, así que pertenecen en
general a las cooperativas, o a la Comibol, que las arrienda a las cooperativas, e incluso
pueden pertenecer a una empresa comercializadora, que alquila la maquina a la
cooperativa, a cambio del compromiso de entregarle el mineral extraído. Si el socio no
dispone de su propia compresora, tiene que pagar a la cooperativa por el aire que utiliza,
de 60 a 80 Bs. por hora.
Las bombas de agua, que se utilizan para extraer el líquido que en muchas cooperativas
llena los niveles inferiores, pueden pertenecer, como las compre soras, a la Comibol, a las
cooperativas o a los mismos socios. Igual pasa con los winches, o jaulas: los grandes, que
son como ascensores que permiten bajar y subir dentro de la mina, pertenecen a las
cooperativas o a la Comibol que los alquila, pero también existen pequeños winches que
los socios pueden instalar en su paraje para subir el mineral de los niveles más bajos. Los
winches funcionan con electricidad y están a cargo de un winchero, que puede ser socio o
mero empleado de la cooperativa. Para sacar el mineral fuera de la mina, muchos socios
tienen que cargarlo en la espalda, caminando hasta más de 45 minutos con 40 a 60 kilos
de mineral, doblándose, agachándose en las galerías que no tienen la altura para dejar
pasar a un hombre parado. En otras minas, se dispone de un trole, cuyos rieles pertenecen
o bien a las cooperativas o bien a la Comibol que los alquila a las cooperativas. Los carritos
metálicos se los tienen que comprar los socios o las cuadrillas por 1.000 a 1.500 Dólares,
salvo en algunas cooperativas donde los carritos pertenecen a la institución y se prestan a
los socios según sus necesidades. Disponer de un trole tiene varias ventajas. Primero, evita
sacar el mineral en la espalda, lo que ahorra un esfuerzo importante. Segundo, permite
sacar más mineral: los socios llevan el mineral desde su paraje hasta un cuadro
(perforación que conecta los distintos niveles de una mina), de donde cae a un nivel más
abajo en un buzón (tipo de caja donde se acumula el mineral) hasta abrir el buzón para que
la carga completa caiga al carrito metálico. Después se empuja el carro hasta el exterior de
la mina, con una persona encargada de despejar la vía y controlar los rieles. Este sistema
permite sacar de 7 a 15 toneladas de mineral al día según cuanto se trabaja: cada carro
puede cargar de una a dos toneladas de carga según la densidad de esta, y se realizan
mínimo cinco viajes al día. La tercera ventaja de un trole es que permite sacar toda la carga
de la mina. Cuando se carga a lomo de espalda, sólo se saca el mineral seleccionado, y el
resto se tira en la mina, obstruyendo las galerías e impiden do (o por lo menos
complicando) así una explotación posterior de las zonas tapadas. Al contrario, sacar todo el
mineral gracias a un trole permite dejar la mina “limpia”, con espacio para caminar sin tener
que agacharse, y con más posibilidades de producción futura.
2.1.3. Trabajo en exterior mina
No todas las cooperativas trabajan en interior mina. Algunas trabajan en los desmontes
de la Comibol, otras en los relaves, y tienen por lo tanto otra manera de trabajar que las
cooperativas de interior mina. Por ejemplo, el trabajo en exterior mina es casi siempre
individual, y los socios sólo se juntan para comercializar, no así para producir.
Los desmontes se constituyen de los residuos de la Comibol, o sea de la carga que sacó
de las minas, carga que todavía podía tener mineral de baja ley, pero demasiada baja
según la Comibol como para explotarla. Los desmontes forman entonces verdaderas
montañas de fragmentos de roca al lado de las minas, donde ahora trabajan
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La mera concentración gravimétrica no basta para concentrar los otros minerales como la
plata, el plomo, el zinc, etc., que necesitan el uso de químicos para su concentración.
Además, esos minerales vienen muy a menudo en forma de complejos, es decir
mezclados, y necesitan entonces ser separados en el proceso de concentración. Esos
minerales se concentran por flotación, que puede ser mecanizada o manual. La
concentración manual por flotación es un proceso más complicado que la concentración
manual gravimétrica, y más cara porque recurre a químicos, así que no todos los socios
pueden concentrar su mineral, pero muchos no tienen otra opción si quieren mejorar la ley
de su producción para poder venderla. Además, este proceso es más dañino para la salud,
visto que la mayoría de los socios concentran sin usar guantes o respiradores, a pesar de
que estén manejando químicos como el xantato, el kerosén, o el ácido sulfúrico. Privados,
como en la cooperativa Chorolque, en Atocha, donde algunos socios poseen un ingenio, y
concentran el mineral de los demás por 20 a 30 Dólares por tonelada. El ingenio consiste
esencialmente en un molino de bolas de acero, que acaba de reducir en polvo el mineral
que llega triturado y, según el mineral, de mesas de concentración para el estaño, o de
celdas de flotación para los otros minerales. Puede tener otros dispositivos, por ejemplo un
imán para separar el hierro del resto de los minerales, pero el funcionamiento es en general
bastante sencillo, utilizando sobre todo electricidad y agua, aunque la concentración de los
complejos necesite químicos como ya hemos dicho.
Los ingenios que usan las cooperativas son de modesto tamaño, procesan do de unas
10 toneladas al día para los ingenios pilotos privados de Chorolque a unas 150 toneladas
por día para el ingenio que pertenece a esa misma cooperativa, con un costo de
construcción que varía según el tamaño, pero que puede alcanzar los 500.000 Dólares
para uno como el de Chorolque.
Disponer de un ingenio permite procesar el mineral de baja ley, que no se puede valorar
de manera manual, y así aprovechar al máximo el potencial de la mina, aunque nunca se
pueda recuperar la totalidad del mineral, por lo menos con los ingenios que tienen las
cooperativas. Pero sobre todo, un ingenio permite ahorrar mucho tiempo en el proceso de
concentración con respecto a la concentración manual, y mejorar así la productividad. Por
eso muchas cooperativas quieren dotarse de un ingenio, o incluso federaciones en su
conjunto, como la federación de Potosí que quiere construir dos ingenios con capacidad de
dos mil toneladas al día cada uno. Algunas cooperativas que todavía no tienen ingenio
mandan su mineral de baja ley a otra cooperativa que sí dispone de uno, por ejemplo en
Llallagua las cooperativas pueden enviar sus cargas al ingenio de la cooperativa Multiactiva
en Catavi, que se queda con el 50% de lo que procesa de otras cooperativas.
2.3. Transferencia de maquinarias de la Comibol
Como ya hemos destacado, la Comibol sacó la mayoría de sus máquinas al cerrar sus
operaciones. Sin embargo, a partir del 1985, fueron aprobadas varias leyes para transferir
estas máquinas a las cooperativas, con facilidades de pago. Pero esas leyes no llegaron a
ser aplicadas por la Comibol, o fueron boicoteadas por las cooperativas, que consideraron
las condiciones de transferencia injustas. En efecto, la mayoría de las maquinas eran ya
bastante obsoletas, pero la Comibol utilizó tasas de depreciación muy bajas para calcular el
precio de venta a las cooperativas, y al final los precios propuestos eran mucho más altos
de lo que valía realmente la maquinaria. Es así que una gran cantidad de equipos de la
Comibol, como movilidades, perforadoras, chancadoras o hasta ingenios quedaron en
desuso, oxidándose, mientras los cooperativistas trabajaban a pulso. No obstante, se
transfirió una parte de la maquinaria de la Comibol, según dos modalidades. La primera es
en forma de arrendamiento, que representa una transferencia de máquinas por un valor de
5,5 millones de Dólares desde el cierre de la Comibol. La segunda es en forma de venta
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con pago escalonado en el tiempo, que representa un valor de 3,3 millones de Dólares.
Hay que subrayar que esas transferencias han beneficiado sobre todo a dos regiones: las
federaciones del Norte de Potosí y del Sur de Atocha, que han gozado cada una de dos
millones de Dólares en la transferencia de máquinas.
2.4. Productividad
Este análisis de las formas de producción y concentración de las cooperativas nos
permite constatar la bajísima productividad de los cooperativistas, debida sobre todo al
carácter manual de muchas etapas de la producción y concentración de mineral. Por
ejemplo, la perforación a pulso, la selección manual del mineral o la concentración manual
representan un tiempo considerable, que se puede reducir usando máquinas perforadoras
e ingenios para concentrar, pero las tecnologías usadas por las cooperativas no permiten
alcanzar la productividad de la minería mediana. En efecto, la minería mediana dispone de
millones de dólares para invertir en maquinaria moderna, que arrancan montañas enteras y
las procesan en su totalidad, sin perder tiempo en ninguna selección. Se puede procesar
así hasta más de 8.000 toneladas de mineral al día, empleando a unas centenas de
trabajadores como mucho, mientras una de las cooperativas más productivas, la de
Chorolque, produce 300 toneladas al mes con 1.000 socios, y la mayoría de las
cooperativas ni alcanzan las 100 toneladas al mes. Así, si relacionamos la producción con
el factor trabajo, constatamos que la productividad laboral de las cooperativas no alcanza al
3% de la productividad laboral de la minería mediana.
COMERCIALIZACIÓN
S.A. (Cormin), que se encarga entonces de llevarla carga hasta Perú donde acopia el
mineral proveniente de varias fuentes, para después exportarlo a países como México o
Estados Unidos.
El contrato con Cormin se renueva cada año, y estipula que la cooperativa debe
entregar 90 toneladas al mes, pero con bastante flexibilidad: una entrega importante en un
mes compensa una entrega Esta estrategia de exportación directa se acompaña de una
gran severidad aplicada a los socios que intentan no entregar el mineral. Las sanciones por
sacar clandestinamente el mineral llegan hasta la exclusión de la cooperativa. Sin embargo,
los socios no tienen mucho interés en vender individualmente su mineral, visto que la
comercialización centralizada permite evitar intermediarios y así obtener mejores precios, al
mismo tiempo reduce las posibilidades de engaño por parte de las comercializadoras.
Además, es una ganancia en tiempo importante para los socios, que no tienen que
ocuparse ellos mismos a vender su producción. No obstante, tal estrategia tiene un costo, y
la cooperativa tiene que pagar un impuesto sobre sus exportaciones, que alcanzó como
promedio los 100.000 Bs. al mes en el año 2007.
Toda comercialización centralizada no significa exportación directa. Algunas
cooperativas, con una organización similar a la de Ánimas, venden su mineral de manera
centralizada, pero a comercializadoras, principalmente porque sus cupos de producción no
resultan atractivos para las empresas exportadoras o porque no llegan a cubrir las tasas
impositivas de exportación. Esta situación no tiene tanto beneficio como la exportación
directa, pero al menos Permiten reducir las posibilidades de engaño: por los análisis que se
hacen en laboratorios privados, y los socios encargados de la comercialización que
familiarizados con las transacciones pueden controlar los descuentos, etc.
También las cooperativas estañíferas tienen otra posibilidad: vender a fundidoras
nacionales de estaño, que procesan el mineral para exportarlo en lingotes. Es el caso de la
cooperativa Chorolque, que funciona de la misma manera que Ánimas, pero que vende su
producción a la empresa Operaciones Metalúrgicas S.A. (OMSA) en Oruro.
3.3. Engaño en el proceso de comercialización
Como hemos mencionado, las cooperativas se encuentran en una situación de sumisión
frente a las comercializadoras, que permite a estas últimas aprovechar la situación, para
muchas veces engañar a los socios o al estado de diferentes maneras, beneficiándose
principalmente de la ausencia de control en el proceso de comercialización.
La primera posibilidad de engaño se encuentra en el momento de la entrega del mineral
por parte de los socios. Como son las comercializadoras que realizan los análisis de las
muestras de mineral, pueden falsificar los análisis, y declarar una ley o un peso inferior a lo
que tiene realmente el mineral, pagando así al minero un precio inferior. Como hemos
dicho, existe la posibilidad para el socio de realizar un análisis alternativo en un laboratorio
privado, pero por el costo (25 Dólares la muestra), el tiempo que requiere, y la falta de
información de los socios, pocos recurren a esta posibilidad. La posibilidad de engaño es
aún mayor cuando se trata de complejos, porque los socios no pueden evaluar con
exactitud la proporción de cada mineral como lo pueden hacer cuando se trata de un sólo
mineral. Los complejos pueden incluso contener minerales desconocidos por los socios, lo
que da la posibilidad a la comercializadora de obtener gratuitamente esos minerales.
En el mismo momento, la comercializadora tiene otra posibilidad de engaño, por la
retención de los aportes. Los socios deben descontar varios aportes sobre el valor de su
20
producción: aportes a los seguros de corto y largo plazo, aportes a la Comibol por el
arrendamiento del yacimiento, pago del Impuesto Complementario a la Minería (ICM),
aportes a las federaciones de cooperativas y a la cooperativa a la cual pertenece el socio.
Todos esos aportes se calculan en el momento de la comercialización, y la
comercializadora es el agente de retención de esos aportes: es ella quien tiene que realizar
los aportes para los socios que le venden su producción. Pero muchas comercializadoras
manipulan esos aportes, aprovechando la falta de conocimientos de los socios sobre el
tema. Por ejemplo, hemos observado a comercializadoras en Potosi que descontaban
hasta el 40% del valor de la producción para el ICM, cuando tenían que descontar tan sólo
el 2,5%. Se han dado también muchos casos en los que las comercializadoras no realizan
los aportes que ya han sido retenidos, por ejemplo descuentan a los socios para el aporte a
la Caja Nacional de Salud (CNS), pero no aportan a la caja, dejando al socio desamparado
en caso de problemas de salud.
Además de los socios, las comercializadoras pueden además engañar al Estado, ya que
éste no controla las transacciones entre los socios y las comercializadoras, no conoce la
ley ni las cantidades del mineral de las compras. Por ejemplo, una comercializadora puede
haber comprado 100 toneladas de mineral, pero declarada exportadas, sólo 80 toneladas.
El estado no sabe que faltan 20 toneladas, y la comercializadora puede así exportar
clandestinamente 20 toneladas sin pagar impuestos sobre ellas. Las comercializadoras
manejan también el ICM. Como el ICM se calcula a partir de la ley del mineral (a mayor ley
mayor ICM), las comercializadoras pueden comprar el mineral con una ley alta, a la cual
corresponde un ICM alto, y cobran el aporte correspondiente por parte del socio. Pero a la
hora de exportar, declaran una ley menor, a la cual corresponde un ICM menor, lo que les
permite guardar la diferencia entre el aporte del socio y el aporte que realiza la
comercializadora al Estado.
Para intentar remediar a esta situación que perjudica gravemente a los socios de las
cooperativas y limita las entradas tributarias del Estado, al mismo tiempo que permite el
enriquecimiento de los dueños de las comercializadoras, el gobierno adoptó el 13 de Junio
de 2007 el Decreto Supremo No. 29165 a través del cual se crea el Servicio Nacional de
Registro, Control y Comercialización de Minerales (Senarecom). A través del Senarecom,
el Estado busca controlar la producción y la comercialización de minerales. Para eso, cada
agente del sector tendría que dotarse de un número de identificación, que debería aparecer
en todas las transacciones realizadas por ese agente, registradas a través de un formulario
destinado al Senarecom. Además, con la participación de los sectores implicados
(Aduanas, Impuestos, Prefecturas, etc.) se reforzaría el control para evitar la evasión, tanto
de mineral como de impuestos. Aún no se tiene ninguna información sobre las acciones de
ésta entidad, ya que sus operaciones se han iniciado en el mes de octubre de 2008, pocos
días antes de la publicación del presente estudio.
3.4. La falta de industria nacional
Una característica de la venta de los minerales bolivianos es que todos se destinan a
mercados extranjeros. La escasa industrialización del país hace que los minerales no
tengan mercado interno, y se destinen sobre todo a Asia, además de Estados Unidos,
México o Inglaterra, transitando por puertos chilenos o peruanos. Se vende entonces el
mineral en forma bruta, a veces ni siquiera en lingotes, es decir sin ningún valor agregado.
Son empresas extranjeras que utilizan esos minerales en sus procesos de producción de
bienes manufacturados, que a la vez debe importar Bolivia. Esta situación es clásica para
21
los países en desarrollo: exportan materias primas que cuestan menos que los bienes
manu facturados que importan, lo que genera una salida de divisas.
SITUACION
LABORAL
4.1. Ingresos
Los cooperativistas no tienen salario fijo. Los ingresos que obtienen dependen
directamente de su producción y de factores exógenos, como las cotizaciones
internacionales, el estado general de la mina y sobre todo las posibilidades azarosas de
hallar parajes con mineral de buena ley.
Como ya lo hemos mencionado, los socios buscan el paraje donde van a trabajar. La
cooperativa no interviene en el proceso de asignación de parajes, sino sólo para aprobar y
ratificar la formación de cuadrillas. Hemos constata do que la producción de cada socio o
cuadrilla, dependiendo sobre todo de la riqueza del paraje que explotan, depende
esencialmente de un factor: la suerte. La cuadrilla que tiene la suerte de encontrar un
paraje rico tendrá una producción elevada y generará ganancias importantes. Al contrario,
la cuadrilla o el socio que tiene un paraje pobre en mineral no producirá casi nada. Esta
azarosa situación es la que determina los ingresos de los socios, visto que no hay
redistribución de las ganancias al nivel de la cooperativa: cada uno obtiene sus ingresos a
partir de lo que produce.
La redistribución se hace sólo al nivel de la cuadrilla. Los socios de una cuadrilla ponen
en común su producción y se redistribuyen las ganancias de forma igualitaria, o según las
mitas trabajadas, es decir el número de días que han trabajado en el mes. Pero al nivel de
la cooperativa, no existe tal redistribución, lo que significa que si una cuadrilla o un socio no
tiene suerte y no pro duce nada, pues no tiene ingresos. En ninguna cooperativa existe un
sistema de compensación para tal situación. En algunas, la cooperativa intenta ayudar a
sus socios buscando otro paraje más rico, o proveyéndole algunos insumos, pero no es
mucho, y hemos visto el caso de algunos socios, desafortunados desde hacía dos años,
que sobrevivían sólo gracias al trabajo de otros miembros de la familia o de otras
actividades como la agricultura de subsistencia.
Este sistema crea una especie de circulo vicioso: el socio que tiene suerte puede
aumentar sus ingresos, y disponer así de la suficiente capacidad financiera como para
adquirir máquinas, con las cuales mejorará aún más su producción y entonces sus
ingresos, o tendrá más capacidad técnica para explotar un paraje pobre en el futuro. Al
contrario, un socio que no tiene suerte no genera ingresos para comprarse herramientas,
por ejemplo una perforadora, que podría mejorar su situación y está entonces condenado a
seguir trabajando de manera manual, con una productividad mucho más baja y poca
oportunidad de mejorar su situación. La suerte es entonces el punto de partida de un
sistema que puede generar socios con buenos ingresos al mismo tiempo que mantiene a
otros en la pobreza. Con un sistema de redistribución, aunque fuera mínima, todos podrían
hacer mayores inversiones y a la vez mejorar su productividad y por lo tanto sus
ingresos. Este círculo vicioso se hace evidente también al nivel del conjunto de algunas
cooperativas. Muchas cooperativas explotan minas casi agotadas porque han sido
explotadas desde hace mucho tiempo. Entonces, la mayoría de los socios de estas
cooperativas tienen un nivel de ingresos bajo. Ahora bien, como las inversiones de las
cooperativas en máquinas (compresoras, chancadoras, etc.) o en los ingenios se realizan a
partir de la contribución de cada socio, si
la mayoría de los socios tienen ingresos bajos, no pueden contribuir para una inversión de
22
este tipo, lo que impide una mecanización o la adquisición de un ingenio, que a mediano
plazo podrían mejorar la situación de todos los socios de la cooperativa. Es así que existe
cierta fatalidad: las cooperativas explotando minas de baja ley no tendrán muchas
posibilidades de mejorar su situación, igual que los socios que no tienen suerte. Al mismo
tiempo, las cooperativas que explotan minas más ricas generarán ganancias que podrán
invertir en máquinas o ingenios que mejorará aún más su situación.
Otro factor que determina los ingresos de los socios es la cotización inter nacional del
mineral que explotan. Hace algunos años, en tiempo de cotizaciones bajas, la mayoría de
los socios apenas ganaban para sobrevivir. Ahora, la situación general ha mejorado,
aunque el ingreso promedio de un cooperativista siga siendo bajo. Por ejemplo, en Oruro y
Llallagua, los ingresos en promedio están en torno a 1.200 Bs. al mes, pudiendo subir a
6.000 u 8.000 Bs. cuando hay buena producción. En Potosí, el promedio de ingresos es un
poco más elevado, esto debido a que la explotación en el Cerro Rico se caracteriza por
diferencias importantes. Esta, por una parte, la diferencia entre los socios que han
acumulado capital y controlan parajes con alta capacidad de producción y que ya no entran
a la mina sino que subcontratan peones, recibiendo 4.000 Bs. al mes como promedio,
hasta 20.000 y, por otra parte, los peones, o los socios de categorías bajas que todavía no
han podido mejorar su situación, y que ganan en torno a 1.500 Bs. al mes.
El destino de los ingresos por parte de los mineros ha mejorado en los úl timos años. En
los anteriores repuntes de las cotizaciones internacionales, los mineros dedicaban una
parte importante de sus ingresos a la compra de bebidas alcohólicas, lo que generaba
problemas de alcoholismo y el incremento consecuente del número de accidentes
laborales. Ahora, los mineros usan una parte mayor de sus ingresos en la mejora de sus
condiciones de trabajo, invirtiendo en máquinas o equipamientos de protección en general.
Y los que ganan más se compran autos, casas en las ciudades, mandan a su familia a vivir
a la ciudad para que los hijos estudien, o invierten en pequeñas empresas o comercios en
las ciudades. Algunos llegan incluso a invertir en un ingenio piloto, como es el caso en
Chorolque donde existen cinco ingenios pilotos de propiedad de algunos socios, lo que les
permite tener una fuente importante de ingresos, visto que cobran entre 20 y 30 Dólares la
tonelada, y que procesan en torno a 10 toneladas al día. Las cooperativas también intentan
aprovechar la capacidad financiera que les otorgan las cotizaciones altas, invirtiendo en
máquinas, construyendo ingenios, o ampliando sus áreas de trabajo. Esperando con ello
estar mejor preparadas para afrontar una eventual baja de las cotizaciones de los
minerales.
4.2. Aportes
Como ya hemos visto, los socios realizan varios aportes a partir de la producción que
obtienen, que son centralizadas por las comercializadoras que actúan como agentes de
retención impositiva, o de las mismas cooperativas cuando es tas no comercializan a través
de una intermediaría. El primer aporte es el cañón de arrendamiento a la Comibol, o sea el
alquiler que pagan las cooperativas para poder explotar sus yacimientos que pertenecen a
la Comibol, que es del orden del 1% sobre el valor de la producción. Otro aporte del 1% es
el aporte a la Federación Nacional de Cooperativas, que permite su funcionamiento, la
organización de talleres, seminarios o movilizaciones sociales. Se aporta también a las
federaciones departamentales o regionales, con un descuento entorno al 1,5% en general.
Después se aporta a la cooperativa, cada una fija el monto del aporte, que puede ir del 2 al
23
20% del valor de la producción, monto que sirve para el funcionamiento de la cooperativa, o
sea para pagar las asignaciones de los dirigentes, los gastos de energía que pueden
alcanzar los 50.000 Bs. al mes, el mantenimiento de las máquinas y movilidades, etc.
También se aporta para los seguros de corto y largo plazo, pero volveremos sobre este
tema más adelante.
El último aporte que realizan las cooperativas es el ICM. La primera particularidad del
ICM es que se calcula sobre el valor bruto de la producción, es decir que, antes de
descontar los otros aportes y sin descontar los gastos de producción que tienen los
socios, como la compra de insumos por ejemplo. Es probablemente el único impuesto
que funciona de esta manera. Su segunda particularidad es que no beneficia al lugar
donde se produce el mineral, sino al lugar en el que se vende el mineral. En efecto, el
Estado cobra el ICM de las comercializadoras o de las empresas exportadoras, que
actúan como agentes de retención para las cooperativas. Ahora bien, como la mayoría
de las cooperativas comercializan en las ciudades de Oruro o Potosí, incluso las
cooperativas de Atocha que mandan sus camiones hasta Oruro, el ICM aparece
proviniendo de estas ciudades, aunque el aporte lo realice una cooperativa de otro
departamento. Las cooperativas rechazan además otro aspecto del ICM, referido a la
manera de calcular este impuesto, que se hace a partir del peso neto del mineral y de
las cotizaciones internacionales de los minerales. Ahora bien, visto que en el mercado
interno se pagan precios inferiores a los precios internacionales, los mineros no
entienden porque tienen que pagar un impuesto calculado sobre un precio que ellos no
reciben.
atendió con reticencia. Además, muchas veces el centro de salud queda lejos de la mina lo
que, en caso de emergencia, demora mucho más el traslado poniendo en mayor riesgo la
situación del herido. Es por esas razones que la cooperativa Multiactiva Corazón de Jesús,
en Oruro, decidió dotarse de su propio centro de salud, con un médico, un odontólogo y
dos enfermeras, donde los socios gozan de una atención médica básica. Sin embargo, de
todas las cooperativas que hemos visitado, es la única que tiene su propio centro de salud.
El otro aporte respecto a la seguridad social es el que se realiza a las Administradoras
de Fondo de Pensiones (AFPs). El sistema de pensiones de Bolivia cambió desde 1997,
pasando de un sistema solidario de redistribución a un sistema de capitalización individual,
donde cada persona aporta por su propia jubilación. Muchos mineros considerando que los
aportes que podían realizar no les daban derecho a una jubilación mínima, dejaron de
aportar en ese momento. La situación ha cambiado un poco desde entonces, ya que a
partir de varias campañas realizadas desde las federaciones y las AFPs, se ha mejorado el
nivel de aportes para las jubilaciones.
Sin embargo, hay todavía una mayoría de socios que no aportan a las AFPs, con
diferencias importantes entre cooperativas. Por ejemplo, en algunas cooperativas ningún
socio aporta, mientras en otras el aporte es obligatorio, como en las cooperativas de
Atocha, donde todos los socios de la Ferecominsur aportan a las AFPs. Como los socios
tienen ingresos variables, es difícil de fijar un monto de aportación. Por lo tanto, en la
mayoría de las cooperativas, se aporta el equivalente al sueldo mínimo. Sin embargo, en
las cooperativas donde los ingresos promedios son más elevados, se aporta más. De
manera general, los cooperativistas tienen varias demandas sobre el sistema de pensiones.
Las principales son de volver a un sistema solidario de redistribución y de disminuir la edad
de jubilación de los mineros, visto la esperanza de vida muy corta que tienen.
Pero son los accidentes en el manejo de explosivos los más numerosos dentro de la
mina. Por la falta de conocimiento en el tema, o por motivos económicos de ahorrar mecha
por ejemplo, muchos socios, principalmente jóvenes sin experiencia, cometen errores o
toman riesgos en el manejo de los explosivos, que necesitan al contrario un manejo muy
cuidadoso, se han conocido casos en que una mera chispa ha hecho explotar una caja
entera de explosivos.
Otro tipo de accidente posible tiene que ver con la acumulación de gases tóxicos en las
partes pocos ventilados de la mina. Estos gases, generados naturalmente, pueden
provocar explosiones, o mareos.
Los mineros no podrían trabajar en esas condiciones sin “su coquita”, que les permite
aguantar el hambre, la altura y el cansancio del trabajo. La hoja de coca es además un
factor de cohesión social, los trabajadores se reúnen varias veces al día para p’ijchar, o sea
masticar hojas de coca, al mismo tiempo que sirve como ofrenda para el “Tío”, deidad de la
mina , el alcohol acompaña en general el p’ijcheo, y ayuda también a aguantar las duras
condiciones de trabajo. Sin embargo su consumo es a menudo excesivo, sobre todo los
martes y viernes que son días de ch’alla, o sea de mayor ofrenda al Tío y a la mina, lo que
puede provocar accidentes además de dañar la salud de los mineros. Para evitar eso, la
cooperativa de Animas, por ejemplo, ha prohibido el alcohol en el centro minero, pero es la
única de todas las cooperativas que hemos visitado que ha tomado esta decisión.
Recientemente se han iniciado intentos de mejorar las condiciones de trabajo de los
cooperativistas, con talleres de seguridad industrial por ejemplo, que informan e incentivan
a que las cooperativas inviertan en equipamiento adaptado, como cascos, guantes, botas,
overoles, respiradores que cumplan con las normas mínimas de seguridad. También
algunas cooperativas han asumido políticas de mantenimiento de la mina que mejoran la
seguridad, con construcción de chimeneas de ventilación, evacuación de la carga que
podría tapar las galerías, limpieza continúa de los parajes, etc. Pero para realizar eso, se
necesita ya una cierta capacidad económica que no tienen muchas cooperativas, pero
tampoco se observa en la mayoría de las cooperativas un interés real de asumir los costos
que significa. Algunas cooperativas tienen un comité de seguridad industrial, encargado de
informar a los socios, de participar en talleres sobre el tema, lo que puede generar una
política colectiva de seguridad industrial. Es el caso en varias cooperativas de Atocha,
donde es la cooperativa que fija normas de seguridad y de equipamientos para sus socios,
l
realizando compras para todos, como la cooperativa Chorolque que invirtió 300.000 Bs.
para equipar a todos sus socios de respiradores eficientes. Al contrario, cuando no hay tal
estrategia colectiva, la mayoría de los socios no se da cuenta de los riesgos que corre, y no
se protege, para no perder tiempo ni dinero.
Las condiciones de trabajo en exterior mina son diferentes a las de interior mina y los
mineros se exponen a otro tipo de riesgos. La explotación en exterior mina no produce
polvo, lo que reduce el riesgo de enfermedades pulmonares. Tampoco existe el riesgo de
derrumbe y de acumulación de gases tóxicos. Sin embargo, los trabajadores de exterior
mina son expuestos, a la dureza de las condiciones climáticas como: el frió; el sol de las
alturas castiga a, los trabajadores todo el día, la altura, el agua fría para los que trabajan en
los relaves, con posiciones de trabajo dañinas para la salud. Estas condiciones de trabajo
se aguantan además más tiempo en exterior mina, donde se trabaja en general entre diez y
doce horas al día todos los días de la semana, contra ocho a diez horas en interior mina,
donde el domingo es día de descanso en general. Las condiciones de trabajo también
tienen que mejorar en los ingenios de las cooperativas, donde se trabaja sin protección
auditiva a pesar de los altos volúmenes de ruido continuo de las maquinas con puntas muy
26
largas, de hasta 12 horas. Las mismas cooperativas consideran el trabajo en los ingenios
como el más duro, mandando a los socios a los ingenios para castigarlos en caso de falta.
4.5. La situación de las mujeres
A MANERA DE SÍNTESIS
Considerando estos elementos se pueden ver dos tipos de modelos, entre los que se
ubica la gran mayoría de cooperativas: por un lado se tiene a las cooperativas grandes, con
yacimientos importantes, que aglutinan a varios miles de socios, trabajadores
subcontratados, equipos auxiliares, etc. han logrado acceder a cierto tipo de tecnología y
eliminar varios intermediarios vinculándose directamente con los compradores; por el otro
lado se encuentran las cooperativas pequeñas y relativamente nuevas, con pocos socios
que trabajan directamente la mina, con tecnología muy precaria, que deben subalquilar
maquinaria y comercializar su pequeña producción mediante una serie de intermediarios,
estas cooperativas aún no han salido del estrecho marco de la subsistencia.
Uno de los aspectos que más llama la atención y que se reproduce principal mente en
las cooperativas grandes y medianas, es la estratificación económica y social, al interior de
su organización. Si bien los principios asociativos en los que se fundan como cooperativas
reconocen su fin social, las decisiones colectivas y el acceso a los beneficios de forma
equitativa, en muchos casos está muy lejos de la realidad, ya que se mantiene una
distribución de la riqueza dramáticamente inequitativa. Existen socios, que ocupan o están
directamente vinculados con los órganos de dirección de su cooperativa, que tienen control
de parajes con yacimientos de alta ley, que subcontratan trabajadores para explotar la mina
e invierten en tecnología, etc. y que logran altísimas utilidades personales. Este es un
estrato que en muchas cooperativas toma las decisiones más importantes y actúa más con
una lógica empresarial. Es éste grupo el que ha logrado tener una relación más directa con
las comercializadoras y en algunos casos ha gestionado alianzas con inversores
extranjeros estableciendo contratos de riesgo compartido. En un nivel intermedio se
encuentra la mayoría de socios que obtienen parajes menos prósperos, que incorporan
temporalmente fuerza de trabajo externa y dependen de maquinaria arrendada y del
conjunto de intermediarios para valorizar su producción. Finalmente en el estrato inferior se
hallan los miles de trabajadores no asociados, temporales o en espera de incorporarse a
una cooperativa, estos trabajan en un régimen a destajo o por jornales, con una paga que
no logra satisfacer sus mínimas necesidades, con relaciones laborales completamente
precarias e informales, ningún tipo de seguridad industrial, sin atención médica, sin
herramientas de trabajo, inclusive son ellos mismos los que deben invertir en insumos de
trabajo de sus propios ingresos.
ausencia de control de parte del Estado, ponen a las cooperativas en una relación de
subordinación completamente desventajosa frente los intermediarios que comercializan su
producción, estas empresas y los compradores internacionales, son los que se apropian de
las mayores utilidades en el ciclo minero, adquieren una producción a costos mínimos, ya
que son mercancías sin valor agregado, con tasas impositivas insignificantes y bajos costos
de producción sostenidos por la precariedad laboral de los trabajadores y la poca inversión
en el rubro. Además de esto, continuas denuncias han demostrado que ante la falta de
control del Esta do y la precariedad y dependencia de las cooperativas, se han dado
muchos casos en los que los intermediarios se apropian de recursos que le corresponden
al Estado por impuestos y a los cooperativistas por el pago a su producción.
Finalmente el tema que más debe llamar la atención es la completa falta de una política
de Estado. En el caso de las cooperativas no existe ninguna regulación efectiva que
permita promover, cualificar y potenciar la producción de la minería cooperativista, que
proteja los intereses de las asociaciones frente a la continua expoliación de las
comercializadoras y las vincule de forma más beneficiosa con el mercado internacional,
pero que a la vez restablezcan principios de redistribución equitativa de la riqueza al interior
de las mismas. Las condiciones de absoluta precariedad, pobreza e incertidumbre de la
mayoría de los trabajadores cooperativistas y aún más de los trabajadores subcontratados
por los asociados, los que han visto conculcados sus derechos laborales más básicos,
están en completa contradicción con la situación de una nueva élite al interior de las
mismas cooperativas, con altísimos ingresos, control de los yacimientos más ricos, de la
comercialización y control de las mismas instancias de dirección de las cooperativas, que
sustentan sus privilegios en la explotación del trabajo de otros miles de trabajadores.
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