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Vísperas de Santa Rosa de Lima

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VÍSPERAS A SANTA ROSA DE LIMA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. –Dios mío, ven en mi auxilio.


R/. –Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos. Amén.

SAMODIA
Ant. 1: Esta es la verdadera escala del paraíso, y fuera de la cruz no hay camino para subir al
cielo.

SALMO 121

¡Qué alegría cuando me dijeron:


“Vamos a la casa del Señor!”
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada


como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor.

Según la costumbre de Israel,


a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:


“Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.”

Por mis hermanos y compañeros


voy a decir. “La paz contigo.”
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1: Esta es la verdadera escala del paraíso, y fuera de la cruz no hay camino para subir al
cielo.

Ant. 2: Que gran cosa es la gracia que el Señor da en herencia a sus hijos.
SALMO 126

Si el Señor no construye la casa,


en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,


que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;


una recompensa es el fruto de las entrañas;
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena


con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2: Que gran cosa es la gracia que el Señor da en herencia a sus hijos.

Ant. 3: Mucho hay que luchar por participar de la divina naturaleza, por la gloria de los hijos de
Dios.

CÁNTICO EF. 1, 3-10


Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo.
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,


antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo


por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo, redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,


hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Este es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos. Amén

Ant. 3: Mucho hay que luchar por participar de la divina naturaleza, por la gloria de los hijos de
Dios.

LECTURA BREVE 1Co 7, 32-34


El célibe se preocupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor, lo mismo, que la
mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en
cuerpo y alma.

V/. Llevan ante el Rey al sequito de vírgenes, las traen entre alegría.
R/. Llevan ante el Rey al sequito de vírgenes, las traen entre alegría.

V/. Van entrando en el palacio real.


R/. las traen entre alegría.

V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


R/. Llevan ante el Rey al sequito de vírgenes, las traen entre alegría.

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Mi Señor Jesucristo se desposó conmigo con su anillo, y como verdadera esposa me
adornó con una corona.

Cántico de la Santísima Virgen María Lc 1, 46-55


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,


Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:


dispersa a los soberbios de corazón,
Derriba a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
Acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos. Amén

Ant.: Mi Señor Jesucristo se desposó conmigo con su anillo, y como verdadera esposa me
adornó con una corona.

PRECES

Alabemos con gozo a Cristo, que elogió a los que permanecen vírgenes, a causa del reino de
Dios, y supliquémosle diciendo:
Jesús, rey de las vírgenes, escúchanos.

- Señor Jesucristo, tú que como esposo amante colocaste junto a ti a la Iglesia sin mancha ni
arruga, haz que sea siempre santa e Inmaculada.

- Señor Jesucristo, a cuyo encuentro salieron las vírgenes santas con sus lámparas encendidas,
no permitas que falte nunca el óleo de la fidelidad en las lámparas de las vírgenes que se han
consagrado a ti.

- Señor Jesucristo, a quien la Iglesia virgen guardo siempre fidelidad intacta, concede a todos
los cristianos la integridad y la pureza de la fe.

- Tú que concedes hoy a tu pueblo alegrarse por la fiesta de Santa Rosa de Lima, virgen,
concédenos también gozar, siempre de su valiosa intercesión.

- Tú que recibiste en el banquete de tus bodas a las vírgenes santas, admite también a nuestros
hermanos difuntos en el convite festivo de tu reino.

Oremos con Jesús, diciendo a nuestro Padre: Padre Nuestro…

ORACIÓN

Dios Nuestro, que impulsaste a Santa Rosa de Lima a apartarse de la vida del mundo por amor
tuyo y a consagrarse sólo a ti, en la austeridad y en la penitencia, concédenos, por su
intercesión, que sepamos seguir, en este mundo, el camino que conduce a la verdadera vida,
para que lleguemos a gozar del torrente de tus delicias allá en el cielo. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la


vida eterna.

R. Amén.

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