Lucha Estudiantil por Ingreso UBA 1971
Lucha Estudiantil por Ingreso UBA 1971
Cita:
Guadalupe Andrea Seia (2013). La lucha del Movimiento Estudiantil por
el ingreso irrestricto: una aproximación al caso de la Universidad de
Buenos Aires en el año 1971. X Jornadas de Sociología. Facultad de
Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.
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X Jornadas de Sociología de la UBA
20 años de pensar y repensar la sociología.
Nuevos desafíos académicos, científicos y políticos para el siglo XXI
1 al 6 de julio de 2013
A modo de introducción
El presente trabajo es parte de una investigación mayor que estudia la lucha del
movimiento estudiantil de la UBA por el ingreso directo a la universidad entre 1969 y
1973(en los casos de las Facultades de Filosofía y Letras, Ciencias Exactas y
Naturales y Derecho). A partir de 1969 se inauguró una nueva etapa en las luchas
sociales en Argentina expresada en el auge del activismo obrero y estudiantil. Con la
llegada al poder de Cámpora, las universidades nacionales fueron intervenidas y
puestas al servicio del proyecto “nacional y popular”. Rodolfo Puiggrós fue nombrado
rector de la UBA y, como en el resto de las universidades nacionales, se
desarrollaron experimentos político-pedagógicos de variada índole (Sarlo, 2001).
Meses más tarde, el interventor de la UBA fue llamado a dejar su cargo como
expresión de la disputa por la orientación del movimiento peronista.
Nuestro objeto de análisis es la práctica política y gremial del movimiento estudiantil
de la UBA en el período mencionado, en el presente artículo nos concentraremos en
los hechos y debates del año 1971. Romero (2009) afirma que la existencia de
estudiantes no supone la del movimiento estudiantil, ya que este implica un cierto
nivel de movilización y organización a partir de actividades, intereses y objetivos
comunes, y de un sentido de pertenencia o identidad. Estos elementos de la
situación estudiantil constituyen las condiciones relacionales objetivas en las que
actúan los sujetos y se conforma el movimiento estudiantil.
Como hipótesis de trabajo planteamos que en el contexto de creciente movilización
social y radicalización política de diversos sectores sociales contra el régimen militar,
ante el aumento de la matrícula universitaria sin el aumento proporcional de
recursos, la lucha contra la limitación del ingreso a la UBA y la expansión del
sistema universitario fueron ejes centrales de la movilización estudiantil. Sostenemos
que la experiencia estudiantil en la UBA en esta etapa contribuyó a transformar las
formas de lucha, organización y las ideas sobre la política de los estudiantes. De
este modo, el movimiento estudiantil articuló nuevas formas de organización, mayor
politización y vinculación con actores de la sociedad civil.
Indagamos el fenómeno a partir un conjunto de variables complejas: la coyuntura
histórica (procesos internacionales, nacionales y locales); las orientaciones
1
ideológicas estudiantiles (diversas tradiciones como el reformismo y el humanismo,
relatos, propuestas, modalidades de organización, posicionamientos respecto al
limitacionismo, la universidad, etc.); y, por último, las luchas estudiantiles
(enfrentamientos1 concretos en los que participan los grupos de estudiantes
analizados a partir de sus agrupamientos, alianzas 2, enemigos, repertorios de
acción, etc.).
Para el desarrollo del presente trabajo recurrimos a fuentes primarias y secundarias.
Entre las primeras trabajamos con los periódicos de los partidos y agrupamientos de
izquierda (Nuestra Palabra –PC-, Nueva Hora –PCR-, Política Obrera, entre otros,
también con volantes y boletines de las agrupaciones universitarias de izquierda,
reformistas, integralistas y peronistas). Entre las fuentes secundarias a las que
recurrimos se destacan el detallado trabajo documental de Bonavena (1992) sobre el
desarrollo del movimiento estudiantil en Argentina durante las décadas de 1960 y
1970 y los trabajos específicos sobre periodos y/o conflictos estudiantiles de autores
varios.
A continuación presentamos una breve caracterización de las décadas del sesenta y
del setenta para luego indagar las políticas y prácticas de la Revolución Argentina en
los ámbitos de la cultura y la investigación. Asimismo, describimos sintéticamente la
situación de los estudiantes y el movimiento estudiantil en ese momento y
caracterizamos con mayor profundidad las particularidades de la lucha contra el
limitacionismo en la UBA durante 1971. A modo de cierre, presentamos algunas
ideas centrales a nuestro entender.
1
Analizaremos la lucha del movimiento estudiantil como un conjunto de enfrentamientos entendidos
como situaciones en las que se ponen en acto contradicciones y/o antagonismos sociales (Marín,
1981).
2
Entendemos por las alianzas (tácticas y/o estratégicas) que sostienen los estudiantes con otras
fracciones sociales, y sus enemigos para dar cuenta de las luchas estudiantiles, como las uniones
temporales (a corto, mediano o largo plazo) que establecieron con grupos políticos o clases sociales
de diferente origen para llevar adelante una lucha por intereses comunes. Estas pueden ser de
diferente tipo: acciones conjuntas, acuerdos y pactos políticos, entre otras (Harnecker, 1987: 74).
2
2011). En general, y en particular en las universidades nacionales, esta alza
significativa en la matrícula, no se dio con el proporcional aumento del presupuesto
destinado a la educación superior (Buchbinder, 2010). En este marco, se da un el
auge mundial de las luchas estudiantiles en la década de 1960, tanto en el bloque
capitalista como en el soviético, (Feuer 1969 y 1971; Stedman Jones, 1970;
Touraine, 1971; Bourdieu, 2008; Sommier, 2009; Hobsbawn, 2011).
Sommier (2009) cuestiona el paradigma explicativo dominante de la crisis
universitaria, centrado en el temor al desclasamiento, la masificación del
estudiantado y la inflación de los títulos (Boudon, 1969; Portantiero, 1978; Bourdieu,
1984) ya que afirma que el aumento del desempleo no afectaba aún a los
estudiantes durante las décadas de 1960 y 1970. Portantiero (1978) sostuvo que los
estudiantes son fuerza de trabajo en formación y que, en ese momento, se habían
dispuesto al combate social debido a su situación crítica en relación a su posición en
el mercado laboral -los egresados aumentaron más rápidamente que los empleos y
los títulos fueron perdiendo valor (Romero, 2011)-. Si bien este planteo es
sumamente relevante, no consideramos adecuado dejar de lado lo ocurría dentro de
la universidad, analizaremos los conflictos propios de la condición de estudiantes
universitarios en relación a las transformaciones culturales –internacionales, pero
sobretodo nacionales- de los sesenta. A su vez, respecto de la lucha particular de
los estudiantes por el acceso directo a las universidades, la tesis de Portantiero
perdería fuerza ya que los estudiantes se movilizaron con este objetivo a pesar de
que los títulos perdían valor en el mercado laboral.
En cambio, Sommier destaca como más pertinentes aquellas explicaciones que
incorporan la dimensión generacional (Feuer, 1969 y 1971; Eisenstadt, 1969; Mead,
1971; Mannheim, 1993; Hobsbawn, 2011), el surgimiento de un antiautoritatismo y
el desarrollo de una “extrema izquierda”.
Para Feuer, estos procesos de movilización estudiantiles se debieron
fundamentalmente a los cambios en la cultura juvenil de las últimas décadas
producto de un salto generacional. La juventud, que compartía una conciencia
generacional producto de experiencias comunes y problemas históricos similares, se
adjudicó una misión histórica que trascendía los límites de las reivindicaciones
estrictamente estudiantiles, buscaba transformar la sociedad en la que la vieja
generación había fracasado en el ejercicio del poder económico y político.
Para estas décadas, la posición generacional de un grupo de edad nacido con
posterioridad a 1945 nos permite comprender que sus condiciones de socialización
fueron absolutamente diferentes respecto de sus padres nacidos a partir de 1925.
Los progenitores se criaron en un contexto signado por la desocupación masiva y la
guerra, sus hijos en una sociedad de pleno empleo y seguridad social. Por ello, las
expectativas de ambas generaciones resultaron dispares en tanto lo que a los ojos
de los padres eran conquistas, en la visión de los hijos eran derechos básicos desde
los cuales se imponía mejorar la calidad de vida. Hobsbawn (2011) coincidió en
señalar que en la segunda posguerra se había producido una revolución social y
cultural, la cultura juvenil de masas daba cuenta del salto generacional y de una
renovación cultural sin precedentes. Para el autor, los jóvenes universitarios eran
una fuerza con gran eficacia para expresar un descontento políticamente radical.
La sociedad de posguerra fue denominada por Touraine (1973) como sociedad
postindustrial. En la misma a partir de mayo de 1968, el movimiento estudiantil pasó
a ocupar un lugar similar al del movimiento obrero en los años previos. Para ello,
construyó un paralelo entre el antiguo rol de la fábrica en la sociedad y el nuevo
papel de la universidad en la misma. Al reflexionar sobre estos fenómenos, el
3
sociólogo francés señala que la actividad de la juventud debe comprenderse entre
dos grandes polos excluyentes: la formación de culturas juveniles y la politización
juvenil. La forma de ejercicio del poder era la clave para analizar la actividad juvenil.
Así, cuando las clases dominantes llevaban adelante su predominio de modo
dirigista con la intención de promover reformas sistémicas y modelos de instituciones
juveniles con autoridades rígidas, no habría lugar para otro tipo de práctica juvenil
que la rebelión política contra los centros de la planificación económico–sociales.
Este podría ser el caso del fenómeno que estudiamos durante la dictadura de la
denominada Revolución Argentina. En cambio, cuando las clases dominantes
gobiernan de modo liberal, sin poner el acento en la planificación y con autoridades
dotadas de flexibilidad, la politización tendría menos lugar, pues las energías se
canalizarían hacia la formación de una cultura juvenil en ámbitos de sociabilidad
generacionales que el sistema social tolera y promueve.
Es fundamental considerar el proceso de cambio cultural y una transformación
sustancial en la cultura política de izquierda que se dio en Argentina en los años
posteriores a la caída del poder del peronismo. La aparición de revistas como
Primera Plana, la fundación de la Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA),
creación en Buenos Aires de las Carreras de Psicología y Sociología, el desarrollo
una vanguardia artística como la del Instituto Di Tella aportaron al desarrollo cultural
del país, modernizando las ciencias y al arte. Estos hechos, resaltados por autores
como Sigal (1991), Terán (1991), Altamirano (2001), Sarlo (2001) y Romero (2011)
se dieron fundamentalmente en la ciudad de Buenos Aires, con un impacto limitado
en el resto del país. Asimismo, la Revolución Cubana, los movimientos de liberación
nacional del denominado Tercer Mundo, la Teología de la Liberación y la discusión y
actualización de las posiciones respecto del peronismo posibilitaron la confluencia
político-ideológica entre nacionalismo y marxismo, entre izquierda y peronismo, que
generó la crisis de la izquierda tradicional (Partido Socialista y Partido Comunista) y
culminó en la formación de la llamada “nueva izquierda” (Tortti, 1999, 2003, 2007).
La renovación cultural de fines de la década de 1950 produjo en la universidad
argentina un proceso transformación que se articuló con la masificación del
estudiantado, el crecimiento de la matrícula femenina y el desarrollo de la
orientación a la investigación (CONICET fue fundado en 1958) y la docencia
universitaria. Como señala Buchbinder (2010), este proceso no fue homogéneo, y
tuvo un impacto desigual en la vida universitaria de las distintas facultades de la
UBA y también de las diversas regiones del país. La universidad como polo
concentrado de modernización, cada vez más, se volvió centro de disputas y
polémicas alrededor de su “función social” (Sarlo, 2001).
4
financiero, la fracción económicamente dominante y políticamente débil. En cambio,
O’Donnell (1982) conceptualizó a la dictadura de Onganía como Estado Burocrático
Autoritario (BA)3. La política de la dictadura se caracterizaba por la proscripción
hacia los partidos políticos y por reformas estructurales que transformarían
profundamente la sociedad y la economía. O'Donnell afirma que se trató, entonces,
de un sistema de privilegio burgués, de clase.
Mignone (1988) afirma que entre los objetivos de la denominada Revolución
Argentina se encontraban “(…)la modernización del estado y el ordenamiento de la
nación, particularmente de las universidades nacionales, consideradas por los
nuevos gobernantes como un reducto del protagonismo estudiantil, la izquierda
marxista y la desintegración social.” (Mignone, 1988: 44). El ex funcionario de
educación de ese gobierno sostuvo que el objetivo era organizar un sistema de
educación superior acorde a los propósitos del régimen: el orden, la jerarquía, la
planificación, la coordinación y la eficiencia, sin alterar la tradición liberal, autonomía
académica, participación en el gobierno del cuerpo docente, la gratuidad, entre
otros.
Respecto de la intelectualidad y la universidad, la Revolución Argentina tuvo una
política de intervención y represión ya que consideraba que eran ámbitos de
infiltración comunista (Altamirano, 2001; Sarlo, 2001; Romero, 2011; Tcach, 2012).
La lucha contra los principios de la Reforma Universitaria de 1918 estaba asociada a
la lucha contra la izquierda y su influencia cultural. Califa (2012) plantea que para el
régimen era prioritario imponer orden en las aulas antes que erigirla como baluarte
de modernización social.
Las metas principales en materia educativa del gobierno de facto fueron despolitizar
la actividad de todos los ámbitos universitarios y limitar la expansión de la matrícula
universitaria. Como primera medida, el 29 de julio de 1966 tuvo lugar la intervención
de las universidades nacionales. El decreto-ley 16.912 firmado por el presidente de
facto Juan Carlos Onganía dispuso que los rectores y decanos universitarios
pasaran a ser designados por el Poder Ejecutivo en carácter de administradores.
Así, se puso fin a su autonomía política y académica. Además, se disolvieron los
centros de estudiantes, se clausuraron todos los mecanismos de participación
estudiantil en el co-gobierno universitario (Bonavena, 2012b; Califa, 2012). Sólo la
UBA se pronunció públicamente en contra: el rector, los decanos, demás
autoridades, los profesores, los graduados y los estudiantes defendían la autonomía
universitaria y el Estatuto elegido por los tres claustros, pidiendo por el
restablecimiento de la democracia (Califa, 2012). El rector y la totalidad de los
decanos renunciaron en desacuerdo con la disposición que los convertía en
delegados del Ejecutivo. Fue designado rector el penalista Luis Botet, quien
3
Entre sus principales características se encuentran: 1) la gran burguesía oligopólica y
trasnacionalizada es la principal base social del BA; 2) son decisivas las instituciones destinadas a la
coacción física y a la “normalización” de la economía; 3) es un sistema de exclusión política de
sectores populares previamente activados; 4) a partir de dicha exclusión quedan suprimidas la
ciudadanía y la democracia política; 5) es un sistema de exclusión económica de los sectores
populares; 6) corresponde a, y promueve, la trasnacionalización económica y política de la sociedad;
7) producto de lo anterior el BA supone y promueve un encogimiento de la nación; 8) el BA promueve
una despolitización de las cuestiones sociales y su tratamiento técnico y 9) el BA supone el cierre de
los canales democráticos de acceso al gobierno, sólo vigentes para las cúpulas de las FFAA y de las
grandes empresas.
5
mantenía estrechos vínculos con la Marina. Al asumir la situación de la universidad
se caracterizaba por el éxodo docente. Califa detalla que hubo 1.378 renunciantes4.
Mediante la Ley Orgánica de Universidades (17.245/67) se eliminó cualquier tipo de
actividad política dentro de las universidades. Los conflictos sociales y los problemas
ideológicos únicamente podían ser objeto de estudio científico. Asimismo, clausuró
todo tipo de participación estudiantil en las instancias de gobierno. El sistema de
autogobierno universitario se limitó al personal docente, jerarquizado y con primacía
de los profesores de “mayor nivel académico”. Los estudiantes sólo podrían elegir a
un delegado con voz en los consejos académicos de cada facultad Entre otras
reformas también se creó el Consejo de Rectores y se promovió la
departamentalización y la reforma de los contenidos y estructuras de las carreras.
(Mignone, 1988).
Con la finalidad de limitar la expansión de la matrícula, se pusieron en marcha
políticas nacionales como limitación efectiva del acceso directo a la universidad, y
políticas locales como la elevación de los costos o cierre de los comedores
estudiantiles (Buchbinder, 2010). Además, el alumno que en el término de un año no
aprobará por lo menos una materia, perdería su condición de regularidad. También
se redujeron los cupos permitidos de estudiantes por carreras. La Federación
Universitaria Argentina (FUA) advirtió sobre los alcances de estas reformas
“limitacionistas” y procuró encabezar un movimiento de lucha en su contra.
A partir de los hechos ocurridos en Córdoba en mayo de 1969, sumado a los
episodios internacionales como el mayo francés, se desarrolló el Plan Taquini con la
finalidad de conciliar el aumento de la matrícula con una universidad científica,
ligada directamente al desarrollo regional. Con la creación de nuevas universidades
en el Área Metropolitana de Buenos Aires y en el interior del país se solucionaría el
problema de la sobrepoblación de las universidades ubicadas en los principales
centros urbanos. Es decir, desconcentrar a las masas estudiantiles y de esta
manera, colaborar en la despolitización de las universidades y de los estudiantes.
4
Los números más elevados corresponderían a Arquitectura (47,7%), Filosofía y Letras (68,7 %) y
Ciencias Exactas y Naturales (77,4%). En el departamento de Física de esta última facultad 69 de los
75 profesores que componían el plantel docente dejaron sus cargos. (Califa, 2012)
5
A fines de 1964, tras un enorme movimiento de protesta en el que el movimiento estudiantil jugó un
papel destacado, el presupuesto universitario se había incrementado de modo significativo, pero ya
en 1965 con la sanción de la nueva ley de presupuesto de la nación se generó polémica. Mientras
que desde el Consejo Interuniversitario reclamaban 35 millones de pesos para las casas de estudio,
desde el poder ejecutivo se les asignaba solamente 20 millones.
6
contestatarios que el nuevo gobierno proyectaba dar por tierra. El derrotero de
activación política de los años previos, lapso en el que la consigna “más presupuesto
universitario y menos presupuesto militar” había definido el enemigo del joven
reformismo.
La UBA se convirtió en el centro de la lucha contra la intervención en el país. Las
agrupaciones reformistas o de origen reformista fueron también quienes más
activamente resistieron el embate. Luego de la “Noche de los Bastones Largos” se
registraron protestas callejeras estudiantiles reprimidas por las fuerzas del orden.
Los centros de estudiantes más activos, junto a la FUA y la Comisión Intercentros de
la Capital Federal fueron disueltos por ley.
A pesar de que la dictadura procuró sujetar las universidades al poder político,
constriñendo la libertad académica y limitando la autonomía, se vuelve evidente que
no logró alcanzar dichos objetivos. Buchbinder (2010) sostiene que fracasó en su
intento de reconfigurar y normalizar la universidad. Como han descripto numerosos
autores y como daremos cuenta a continuación, el régimen tampoco logró limitar la
politización creciente de la vida académica, y la resistencia de los estudiantes
aumentó progresivamente. Los estudiantes rechazaron la intervención, las leyes y
estatutos nuevos, la presencia policial, las medidas limitacionistas y la
reestructuración de las carreras, dando fuerte impulso la movilización.
La universidad fue atacada directamente desde el Estado y esto generó una
respuesta contundente por parte de los estudiantes. De este modo, las
organizaciones estudiantiles se fortalecieron en un marco de creciente politización.
El compromiso político y la militancia se convirtieron en elementos distintivos de un
importante sector del estudiantado universitario.
El estudiantado identificó a sus adversarios políticos: la dictadura representada por
las fuerzas del Estado, la policía y el ejército, y sobre todo, el imperialismo. El orden
universitario pasó a ser cuestionado por no ser el adecuado a las características del
país y las necesidades de las clases populares, y no exclusivamente por sus
falencias académicas. Esta institución era considerada funcional a los sectores
dominantes (burguesía, monopolios, etc.). Así, se planteaba como imperioso
transformarla de manera radical.
En la caracterización de este clima de creciente movilización es importante
considerar elementos de la propia vida universitaria. En ese sentido, es importante
reconstruir las problemáticas derivadas de las consecuencias de la masificación de
la enseñanza superior conjugada con la limitación presupuestaria. El aumento de la
matrícula universitaria sin el proporcional incremento de las partidas presupuestaria,
se tradujo en el deterioro de las condiciones materiales de cursada y trabajo para
docentes y no-docentes. La reivindicación por mayor presupuesto continúo siendo
un factor central de la movilización estudiantil (Buchbinder, 2010 y Califa, 2012).
Tanto Romero (2011) y Buchbinder (2010) retoman en cierta medida la tesis de
Portantiero (1978) que sostuvo que los estudiantes se encontraban en una situación
crítica en relación a su posición en el mercado laboral: los egresados aumentaron
más rápidamente que los empleos y los títulos fueron perdiendo valor.
La movilización callejera de los estudiantes formaba parte de la vida cotidiana de
Buenos Aires y las grandes capitales provinciales, muestras contundentes de esto
fueron episodios como el Rosariazo y, posteriormente, el Correntinazo y el
Cordobazo. Las movilizaciones estudiantiles y su participación activa junto con los
obreros, no sólo manifestando su disconformidad con las políticas universitarias
adoptadas, sino aunando y apoyando las luchas de todos los sectores que formaban
7
parte del campo popular, dieron cuenta del fracaso de los planes de la denominada
Revolución Argentina.
Durante 1971, en particular, se produce una fractura en la FUA. Se divide en dos
líneas. La primera, hegemonizada por el Movimiento de Orientación Reformista
(MOR, ligada al PC) llamada FUA-La Plata, presidida por Hugo Varsky. La otra,
denomina FUA-Córdoba, fruto de la alianza entre Franja Morada y el Movimiento
Nacional Reformista, presidida por un estudiante de la UNLP, Domingo Teruggi,
reemplazado en el Congreso por Néstor Jaimovich (MNR). La secretaría general
queda a cargo de Marcelo Stubrin (Franja Morada).
8
Afirmaba la necesidad de movilizarse contra los exámenes de ingreso tal y como
estaban planteados en el sistema universitario intervenido que ya no era ni
autónomo, ni democrático y ni co-gobernado por los tres claustros (estudiantes,
docentes y graduados). Así, el régimen de la Revolución Argentina era el enemigo
directo a derrotar para reconstruir la universidad reformista.
En ese marco, sostenían que los cursos de ingreso no eran formativos ni niveladores
como afirmaban las autoridades, sino todo lo contrario.
“(…)no es cierto que estos cursos de ingreso sean formativos, orientadores, ni que
tiendan a nivelar las reales deficiencias existentes en la enseñanza media. Su
carácter (…) es fundamentalmente limitativo, ya que tiende a “seleccionar jóvenes
para el aprovechamiento de la enseñanza universitaria”. Que la existencia de
cursos formativos y orientadores son una real necesidad frente al actual panorama
de la enseñanza, pero presupone para su realización una política universitaria
democrática, al servicio de las necesidades del país en una universidad autónoma
y gobernada por los tres claustros. (…) Que si bien es cierto que las pruebas de
ingreso existen desde la universidad autónoma, no es posible establecer
comparaciones. Una cosa fue dicha universidad, gobernada por los tres claustros,
democrática, donde los estudiantes tenían posibilidades de incidir directamente en
la orientación y organización de los ingresos y de luchar contra quienes, desde
adentro y afuera de la universidad, querían limitarla, y otra cosas es una
universidad regida por la dictadura con las más elementales libertades cercenadas
y donde todo el contenido está al servicio de los monopolios imperialistas(…)”
(Nuestra Palabra (PC), 23/2/1971)
Contra la política educativa del régimen, el PC-FUA La Plata afirmaba que la
gratuidad de la enseñanza universitaria se debía fundamentalmente a las fecundas
luchas del movimiento estudiantil y todo el pueblo argentino, enraizadas en las
jornadas de la reforma universitaria. Por el contrario, el gobierno que enfrentaban fue
quien más había atentado contra esa gratuidad con medidas como el
arancelamiento de la enseñanza, las restricciones presupuestarias, los subsidios a
las universidades privadas, el cierre de los comedores estudiantiles, la disminución
del número de becas, entre otras. Así, la tendencia era liquidar la gratuidad a través
de de la privatización de la enseñanza.
Sostenían que sólo debido a las luchas de los estudiantes año a año ingresaban
más jóvenes a las universidades contra las restricciones en los cupos y modalidades
de acceso fijadas por la dictadura.
“(…)Que si en 1969 ingresaron a la universidad 54000 frente a los 37000 de 1968,
ello se debió a que las luchas estudiantiles contra a la limitación que concitaron
gran apoyo popular, frenaron los intentos restrictivos de la dictadura. Que es
inexacta la afirmación de que hoy no hay fijados cupos para los ingresos en la
universidad. Estos existen como parte de una política de eliminación de la misma,
y su no aplicación depende de las luchas del estudiantado.” (Nuestra Palabra
(PC), 23/2/1971)
Así, para la FUA La Plata era fundamental enmarcar la lucha contra el limitacionismo
en pelea por reconquistar la autonomía y el co-gobierno. Para ello era fundamental
la herramienta de los centros de estudiantes que organizaran las comisiones de
ingresos y los delegados de curso (Nuestra Palabra (PC), 23/2/1971).
El Frente Antiimperialista Universitario de Izquierda (FAUDI/Partido Comunista
Revolucionario) fue una de las organizaciones que postuló una oposición frontal a
estas políticas limitacionistas relacionadas directamente con las necesidades de los
monopolios y la burguesía. Explicaban las contradicciones propias del sistema
capitalista en general y universitario en particular para argumentar la creciente
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radicalización política y movilización social, y con ella la transformación
revolucionaria.
“El grado de desarrollo capitalista de nuestro país deriva en una creciente
tendencia de la población a abrigar expectativas de especialización con visas a
participar en el proceso productivo. De ahí el sostenido aumento de la cantidad de
estudiantes secundarios. De los inscriptos en la universidad, y de la renovada
diversificación vocacional. La matrícula total de estudiantes universitarios paso de
159643 en 1960 a 238015 en 1969. Esa tendencia, expresiva de la necesidad de
expansión de las fuerzas productivas, encuentra por parte de las clases
dominantes una respuesta compleja, acorde con sus requerimientos de adecuar la
política universitaria a las necesidades del capitalismo dependiente, de
concentración monopólica y del proceso político general que se espera. (…) Pero
el centro de las tácticas de las clases dominantes para abordar el problema
poblacional en la educación es el limitacionismo.” (Gerónimo Basualdo, NUEVA
HORA (PCR), primera quincena de 1971, núm. 60)
Las propias características irracionales de estructura capitalista dependiente en la
cual los egresados no podían “colocarse” podría generar que la elite tecnificada que
constituía los cuadros de la clase dominante se volcara hacia el campo político
popular. A la vez, afirmaba que una universidad masiva y sin restricciones suponía
una amenaza para el régimen y el sistema capitalista todo.
“Una universidad que matriculara y permitiera ingresar sin restricciones superaría
a mediano plazo el medio millón de universitarios, que relativamente
democratizada su extracción de clase, con las tradiciones del movimiento
estudiantil argentino, en medio de la alta situación continental y mundial y,
fundamentalmente, en el contexto explosivo de la política argentina, con el
proletariado crecientemente a la cabeza de la lucha, esa universidad sería una
bomba de tiempo.” (Gerónimo Basualdo, NUEVA HORA (PCR), primera quincena
de 1971, núm. 60)
Asimismo, para FAUDI, el limitacionismo es parte de la esencia de la política de las
clases dominantes y la restricción al ingreso de los aspirantes a la universidad es su
piedra angular. Sin embargo, a partir de dicha medida podía originarse su fin.
Sostenía que posibilitaba concentrar en un breve lapso el choque entre el deseo de
acceso a la cultural de millones de jóvenes con la adversidad limitacionista,
generando una motivación para la lucha de masas. Era posible desmontar
rápidamente los argumentos que justificaban las restricciones a través de un buen
trabajo político, mostrando su carácter restrictivo y elitizante, y desnudando, en su
base, al conjunto de la política universitaria de la dictadura. Por último, afirmaba que
el acceso de los estudiantes la universidad en medio y en virtud de la lucha de
masas colaboraría con el proceso de radicalización durante el resto de su vida
universitaria, ya que atacaba al apoliticismo academicista. Es por esto que para el
FAUDI organizar la lucha de los ingresantes adquiría singular relevancia.
“Debemos impulsar la lucha por los ingresos como ángulo principal de incidencia
estudiantil de masas en ese panorama, capaz de sacudir a la dictadura hasta sus
cimientos. (…)” (Gerónimo Basualdo, NUEVA HORA (PCR), primera quincena de
1971, núm. 60)
Para este sector del movimiento estudiantil, el gobierno sólo había cosechado
fracasos en la universidad. La resistencia estudiantil había creado una situación tal
en las que cada una de las viejas contradicciones se mantenía y a ellas se
agregaban las generadas por la intervención. Esto daba por resultado una crisis
global en la universidad:
“(…)el presupuesto se ha reducido, el número de estudiantes no disminuyó, a
pesar de la ley U., ya que los cursos de ingreso y otras trabas limitativas, fueron
convertidos en letra muerta o liquidados; decenas de profesores y auxiliares
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reclaman por salario y por sus derechos democráticos: la orientación de la
enseñanza ha sido desnudada en su esencia antipopular y proimperialistas, la
agitación política se impone casi sin trabas, en la mayoría de las universidad
desde del país. (…) Mientras, la dictadura ensaya una táctica que generalmente
contradice sus propios planes. Es que hoy los ha reducido a un objetivo preciso:
impedir que los estudiantes jueguen como detonante o como aliados valiosos de
las explosiones obreras y populares.” (Nueva Hora (PCR), Primer quincena de
julio de 1971, núm. 71)
En ese sentido, sostenía que la Revolución Argentina carecía de un proyecto político
definido para la universidad. Sus sucesivas propuestas y los funcionarios que las
encabezaban, afirmaban, habían sido bloqueadas por las luchas estudiantiles. Por
ejemplo, durante 1970 la política de ingreso había sido abatida por la movilización,
numerosos cursos y exámenes fueron eliminados.
La consigna estratégica de FAUDI, vinculada a la concepción general de la
universidad del pueblo liberado y a la crítica global de la política cultural del
capitalismo dependiente, era la “derogación de los cursos y exámenes de ingreso”.
Esto era factible de ser logrado donde se profundizara la movilización. Su eje político
era la consigna del ingreso irrestricto, en polémica con el reformismo del PC que
desde su óptica tenían consignas mejorativas de los cursos, al margen de analizar el
significado de clase del limitacionismo.
Los sectores trotskistas por su parte denunciaban la tibieza de la lucha de los
reformistas que se contentaban con ciertas concesiones parciales por parte de las
autoridades y lo errado de las estrategias petardistas que buscaban desmovilizar a
las masas estudiantiles y aislarlas de las luchas obreras.
Entendían a las restricciones al ingreso a la universidad como medidas
limitacionistas funcionales al sistema capitalista todo. Las medidas de este tipo eran
una parte constitutiva de la política general de la dictadura, y por ende, enfrentarlas y
derrotarlas sólo era factible en el marco de una lucha general.
“Lejos de confiar en las actuales concesiones hay que profundizar el combate anti
dictatorial y la organización de masas de los ingresantes en favor de la derogación
de los cursos y exámenes y el ingreso irrestricto y la REROGACION DE LA LEY
UNIVRESITARIA; esta lucha debe unirse a la del personal no docente por el
escalafón, al combate por el CONTROL OBRERO ESTUDIANTIL DE
PRESUPUESTO AUMENTANDO EN BASE A UN IMPUESTO A LOS
CAPITALISTAS, y a la lucha del movimiento obrero contra la represión (por la
derogación de la legislación represiva y antisindical, y la inmediata libertad de
todos los detenidos), en solidaridad con FIAT, IKA, los compañeros de la carne y
los 20000 de aumento.” (Política Obrera, 1 de marzo de 1971, año V, núm. 84)
“Las luchas del movimiento estudiantil contra el limitacionismo no pueden triunfar
al margen del triunfo de la lucha del movimiento obrero sobre el capitalismo y la
imposición de un gobierno obrero y popular. Por lo tanto hay que profundizar la
actual movilización estudiantil en el sentido de un frente único de la clase obrera y
las masas explotadas, donde las reivindicaciones estudiantiles son parte del
programa de la clase obrera revolucionaria de reorganización de la sociedad.”
(Política Obrera, 1 de marzo de 1971, año V, núm. 84)
Asimismo, consideraban que la eliminación de algunas restricciones por un lado
indicaba la crisis y debilidad de la denominada Revolución Argentina:
“La razón de retroceso de la dictadura debe buscarse, en primer lugar, en su
incapacidad para enfrentar el alza de masas en su conjunto (con la clase obrera a
la vanguardia) debido al aislamiento político y social que padece. La incapacidad
del gabinete educacional (y por lo tanto de los distintos rectorados) para imponer,
en forma consecuentemente, toda la política limitacionista y reaccionaria, es un
reflejo más de la crisis política de la dictadura capitalista.”
11
Por otro, suponía una estrategia de las clases dominantes para obstaculizar la
organización y la movilización de los estudiantes junto a las clases explotadas, sobre
todos en los lugares más radicalizados.
“Es evidente, entonces, que la dictadura, con estas medidas, persigue el objetivo
de disolver la incipiente organización estudiantil existente antes de que se
convierta en un enemigo verdaderamente incontenible al unificar sus luchas con
las que está librando el movimiento obrero en forma creciente.
No es casual entonces que la dictadura retroceda en las provincias más
conmocionadas por las luchas obreras y la crisis social (Córdoba y Rosario, y en
el resto del interior en menor medida) y se mantenga aún en una posición firme en
la Capital y otros lugares donde el movimiento obrero está más desorganizado y
tiene menos vínculos con el movimiento estudiantil.” (Política Obrera, 1 de marzo
de 1971, año V, núm. 84)
Consideraban que si bien en un sentido inmediato las concesiones a los estudiantes
lograba su cometido (demorar su organización y avance), a la vez la crisis del
aparato educacional se agudizaba: el inmenso número de alumnos que entre en
primer año no tendría profesores, aulas, horarios, materiales, etc., y los planes de
departamentalización de la universidad (basados en una disminución drástica del
alumnado, mediante la limitación social intelectual) se demorarían y dificultarían aún
más. Las concesiones obtenidas en distintos lugares acrecentaba la confianza de los
ingresantes y activistas de todo el país en su lucha contra la limitación.
Por último, sostenían que el aumento de los cupos o la flexibilización de algunas
restricciones no significaban de ningún modo la eliminación de la limitación ya que
los estudiantes de primer año debían enfrentar el ultra limitativo régimen vigente
(artículo 90, aranceles, materias filtro, exámenes limitacionistas, etc.).
Por su parte, los sectores peronistas del alumnado tomaron distancia de esos
alineamientos, al evaluar que el problema del ingreso irrestricto se solucionaría
únicamente con un gobierno nacionalista y popular. El reformismo advertía que esta
posición desalentaba la confrontación inmediata; especulaba que el objetivo era
favorecer una posible salida electoral, alternativa de la que se hablaba cada vez con
más fuerza.
De la concentración, la asamblea y los actos relámpagos a tomar el poder
Durante los primeros meses de 1971 se dio una importante movilización de los
ingresantes y las agrupaciones estudiantiles en las facultades de la UBA para
enfrentar la política limitacionista y lograr acceder a la universidad. La lucha contra el
limitacionismo se constituyó como uno de los ejes dinamizadores de la movilización
estudiantil fundamentalmente durante los primeros meses del año, ya que durante
ese período era cuando se dictaban los cursos y se tomaban los exámenes de
ingreso.
Así, es posible ordenar las movilizaciones estudiantiles del año en estudio en dos
grandes partes. En la primera, desde enero hasta junio aproximadamente, las luchas
se concentran fuertemente contra las restricciones al ingreso universitario. En la
segunda, los procesos de cada facultad adquieren particularidades pero se destaca
la constitución de cuerpos de delegados y comités de lucha que abordaban los
principales problemas, avanzando en discusiones políticas, ideológicas y también,
sobre el contenido de las carreras y materias. Los cuerpos de delegados en varios
casos eran quienes convocaban las concentraciones, actos, asambleas y por donde
pasaban las principales decisiones de orientación del movimiento estudiantil.
Asimismo, en la segunda parte del año se dieron procesos electorales de consejos
académicos y centros de estudiantes que marcaron algunas discusiones entre las
agrupaciones.
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En general, todas las fuerzas estudiantiles (reformistas, marxistas o peronistas)
vinculaban al enfrentamiento de la política limitacionista con la lucha contra la
Revolución Argentina. Las agrupaciones de izquierda planteaban la relación directa
entre la misma y los intereses del capitalismo.
El año empezó con una convocatoria general de los dirigentes estudiantiles
universitarios y secundarios a un "plan de lucha" con manifestaciones, actos y
asambleas en cada lugar de concentración universitaria de la Capital Federal. El fin
de las demostraciones será "protestar contra la política de limitacionismo de ingreso
a la Universidad, por la que solo el 25 por ciento de los que pretenden ingresar lo
consiguen" (Bonavena, 1992).
En el marco del plan de lucha, se convocaron asambleas en Ciencias Económicas y
en Filosofía y Letras, contra el ingreso y también en la última trataron la
reestructuración de las carreras.
Asimismo, se convocaba reuniones de aspirantes de cada carrera y/o facultad. Un
número importante de jóvenes se reunió sobre todo en las carreras de Filosofía y
Letras, Ciencias Económicas, Medicina y Arquitectura. Los mismos denunciaban el
carácter limitacionista de los cursos ya sea por las modalidades de evaluación, los
costos de los materiales, los ritmos de trabajo u otras cuestiones. Estas reuniones
en general eran respaldadas por los centros de estudiantes a través de documentos
o convocatorias. Se exigía el acceso libre para todos los postulantes.
A mediados de febrero, el Consejo de Rectores de las Universidades Nacionales
afirmó que las pruebas de ingreso no eran limitacionistas. El Poder Ejecutivo, por su
parte, dispuso mantener el actual sistema de ingreso a las Universidades, cada una
de ellas establecerá sus modalidades.
En Filosofía y Letras se conformó la Mesa de Lucha tras el programa de la
derogación de curso de ingreso y los exámenes, constituida por FEN, FAUDI,
TUPAC, Carta Abierta y TERS.
A principios de marzo, la FUA se reunió en la ciudad de Rosario para tratar el tema
del plan de lucha frente al sistema de ingreso a la Universidad. En ese momento, el
Consejo de Rectores atravesaba una crisis debido a la resolución de la [Link]
Córdoba de dejar sin efecto el examen de ingreso.
A medida que se convocaban concentraciones y asambleas más numerosas y
frecuentes en contra del ingreso en las facultades, la represión iba aumentando. En
general, las fuerzas policiales desalojaban a los estudiantes, los golpeaban, los
detenían. Las autoridades de las facultades en varias ocasiones cerraban los
edificios para impedir el desarrollo de las actividades planteadas por los estudiantes.
Mientras en la ciudad de Córdoba se desarrollaban los hechos de masas conocidos
como “El Viborazo”, en Capital Federal los actos en apoyo de la lucha cordobesa
fueron duramente reprimidos por la policía.
A fines de marzo, luego de que asumiera Lanusse como presidente de la nación, se
desarrolló una "jornada nacional de protesta" en la Facultad de Derecho, organizada
por la FUBA y el ENA, con la presencia de unos 500 estudiantes. Participaron MOR,
CAEM, Centro de Estudiantes de Derecho, Movimiento de Acción Programática. Los
oradores atacaron con dureza al gobierno y califican a la educación actual de
"retrógrada y aristocratizante".
En Filosofía y Letras, aprobó el ingreso el 63 % de los aspirantes. En el hall de la
planta baja se realizó una breve reunión de los alumnos del curso de ingreso que
consideraron carente de validez por las anomalías. Unos 200 estudiantes del curso
de ingreso asistieron a la asamblea. Solicitaron el ingreso automático de todos los
aspirantes. El Decano sostuvo que no podía rever lo actuado, los estudiantes en
13
asamblea manifestaron seguir "en la acción de lucha por el ingreso irrestricto y una
Universidad para el Pueblo" (Bonavena, 1992).
En el mes de mayo, hubo fundamentalmente gran agitación docente, con paros y
movilizaciones, acompañada por la movilización de los estudiantes. En un
comunicado de la FUA expresó su solidaridad con "las luchas del magisterio y los
sectores de la enseñanza media contra las "reformas" educativas, en la perspectiva
de la constitución de un frente común".
En mayo ya las asambleas en Filosofía fueron cada vez más numerosas, asistía
entre 1.000 y 2.000 alumnos. En las mismas se delineaban los planes de lucha que
consistían en concentraciones frente al decanato y marchas al rectorado. A las
asambleas estudiantiles se sumó el sector docente. Así, avanzaron en el tratamiento
de cuestiones referidas a las reestructuraciones de las carreras. A medida que
avanzaba la organización conjunta entre docentes y estudiantes, se recrudece la
represión del régimen.
A principios de mayo, la FUA ponía en marcha un nuevo plan de lucha, según lo
resuelto por su junta ejecutiva, con movilizaciones simultáneas en todo el país,
marchas y concentraciones. La agitación estudiantil aumentaba, la FUBA realizaba
actos relámpagos en la ciudad, las FUAS actos en la facultades. La represión
continuaba en aumento y las facultades son cerradas por dicho clima de
radicalización. En este marco, renunció el Ministro de Educación Luis María Cantini
quien fue reemplazado Gustavo Malek.
En Ciencias Exactas también se conformó una Mesa de Lucha Provisoria, integrada
por FAUDI, TERS, TAREA y 2 independientes, a los que se reincorporaron los
delegados elegidos por cursos. El MOR se retiró de la asamblea negándose a
integrar la "Mesa". Se aprobó un plan de lucha, la coordinación con el movimiento
estudiantil de Filosofía y Letras y el llamado a elecciones para formar el Centro
Único.
En junio, Filosofía y Letras ya se había transformado en un verdadero "bastión
rebelde" a partir de la acción en unidad de estudiantes y docentes. No obstante ello,
según la evaluación del Cuerpo de Delegados estudiantiles -bautizado Emilio
Jaúregui-, peligraba la continuidad del movimiento si no logran romper el
aislamiento, esto es, si no se incorporan al combate estudiantes y docentes de otras
unidades académicas.
En Derecho, por su parte, se realizó una asamblea de la que participaron más de
400 estudiantes en repudio al ingreso "restrictivo" y a las diferentes formas de
represión. La apoyaron TUPAC, JURE y CENAP. En Medicina, las agrupaciones
iniciaron una campaña de movilización contra el ingreso. TERS de Medicina
denunciaba que el ingreso a esa Facultad es uno de los más limitativos del país;
respecto a la alta inscripción de los aspirantes en cursos de ingreso dados por
institutos privados, señala que el ingreso "se halla privatizado de hecho" (Bonavena,
1992).
Mientras tanto, en las demás facultades predominaba un clima electoral ya que se
elegirían centros de estudiantes y consejos académicos. En este marco, renunció el
rector interventor de la UBA, Dr. Andrés A. Santas.
El 10 de junio se desarrolló otra asamblea docente/estudiantil (1.200 participantes)
en Filosofía y Letras en la cual decidieron asumir el gobierno de la Facultad
desconociendo al Decano Castellán y ocupar el edificio para garantizar el desarrollo
de las tareas académicas. Se conformpo el Cuerpo de Delegados que se define
como provisional. Participaron la Coordinadora Nacional de Docentes Peronistas,
Agrupación Docente 29 de Mayo, Docentes de Psicología, alumnos del ingreso,
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TERS, TUPAC, FEN, Carta Abierta, Movimiento de Acción Programática, TAR,
FAUDI y sectores de izquierda independiente. La asamblea sancionó un programa:
"1- Contra la división de carreras; 2- Contra el plan de la intervención y todo plan
de estudios elaborado sin participación del estudiantado; 3- Contra la
colaboración o negociación con las autoridades. 4- Por la elaboración de planes
de alternativa al servicio del proceso de liberación; 5- Contra los exámenes de
ingreso; 6- Contra la represión y la tortura; por el levantamiento de sanciones y
expulsiones, la libertad de compañeros presos y detenidos políticos; 7- Contra la
dictadura y sus variantes golpistas o electorales. Posteriormente se agregan más
puntos: Contra las 2 FUA y FUBA; el desconocimiento de los viejos Centros de
Estudiantes; se postula al Cuerpo de Delegados como la dirección permanente
de esa Facultad. Se organizan clases paralelas en bares y calles.” (Bonavena,
1992).
En este contexto, 2.500 alumnos del Ingreso a Psicología pidieron la anulación de
las restricciones del ingreso, piden la reincorporación de los compañeros
sancionados. Asimismo, se suspendieron las clases con el objeto de neutralizar al
poderoso Cuerpo de Delegados y al "poder docente/estudiantil”. No obstante la
clausura, los estudiantes y docentes lograron garantizar el desarrollo de los trabajos
prácticos desarrollando las clases en la calle y en los bares de la zona de esa
Facultad, y en aulas de la Universidad Tecnológica, Derecho (UBA), Ingeniería
(UBA) y Arquitectura (UBA) (Bonvavena, 1992). Al día siguiente, triunfó la moción
presentada por Carta Abierta, FEN, TUPAC, CENAP, TAR y delegados
independientes en el sentido de empezar a trabajar "como gobierno de la Facultad".
En respuesta a esta situación, en un comunicado el Decano Castellán afirmaba
"A partir de este momento no aceptará que una minoría pugnaz perturbe la tarea
docente con presiones o amenazas sobre profesores, alumnos y personal (...) Al
servicio de los intereses de la mayoría pondrá todos los medios a su disposición y
no vacilará en utilizarlos para garantizar dichos intereses". (Bonvavena, 1992)
Semanas más tarde, las autoridades levantan la clausura de la Facultad de Filosofía
y Letras hecho que se consideró un triunfo del movimiento estudiantil/docente ya
que habían logrado seguir cursando las materias en forma paralela.
En otras facultades como Ciencias Exactas, Ingeniería y Arquitectura se
conformaron comités de lucha y cuerpos de delegados que articularon su trabajo con
sendos espacios de Filosofía.
Julio se inicia con una fuerte custodia policial en Filosofía y Letras (UBA) y con un
clima de gran tensión entre los estudiantes y autoridades. Bonavena (1992)
reconstruye las discrepancias que existían en el seno del Cuerpo de Delegados: los
sectores independientes y del TAR plantean el peligro de aislarse de las bases
estudiantiles si se prolongaba la ofensiva, por el contrario, FAUDI afirma que no
había que replegarse. Los directores de Sociología y Filosofía terminaron
renunciando.
La vigilancia policial y la represión continuaban en todas las facultades. Hubo
heridos, detenidos y también nuevos asesinatos. En ese sentido, el Cuerpo de
Delegados de Filosofía y Letras denunció "una escalada represiva", afirmando que
en los últimos cinco años se han producido cerca de 25.000 detenciones políticas.
El 22 de julio asumió Bernabé Quartino como Rector de la UBA en el Colegio
Nacional de Buenos Aires.
Como observamos, la reivindicación por el ingreso directo perdió peso, los
estudiantes daban su batalla contra las autoridades de las facultades y contra los
contenidos de sus carreras. Los mismos rendían con sus propios programas
exámenes ante docentes rebeldes o boicoteaban los exámenes que no respondían a
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sus programas. En varias unidades académicas los estudiantes y docentes
organizaron cursos paralelos:
"(…)luchamos contra la política selectiva y excluyente de la Facultad y por el
derecho de enseñar y aprender. Los cursos paralelos dan oportunidad de
conocer ideas jurídicas diferentes a las impartidas oficialmente". (Jaime Nuguer,
presidente del centro de estudiantes de Derecho en Bonavena, 1992)
Luego en facultades como Derecho, Ingeniería, Arquitectura, Filosofía los
estudiantes tomaron problemáticas como la reestructuración de las carreras,
expresándose en contra a través de paros activos convocados por los cuerpos de
delegados.
Las formas de organización
Durante 1971 se dio en la UBA un conjunto de debates alrededor de las
modalidades de organización estudiantil para un momento de gran movilización
social y radicalización política como el que se vivía.
En este año se expandió una nueva forma de organización que demostró una alta
eficacia en la lucha: el Cuerpo de Delegados. Estos entraron en conflicto con los
Centros de Estudiantes, sin embargo a lo largo del año logran armonizar su acción
para golpear al enemigo común y avanzar en las conquistas.
MOR/PC hacía hincapié en la importancia de los centros de estudiantes y las
federaciones para la movilización de los estudiantes y la organización de los
delegados.
En polémica con este sector, el FAUDI/PCR planteaba que los cuerpos de
delegados de los estudiantes de ingreso eran el instrumento principal de
organización ya que era menester:
“(…)tensar las formas que impulsen la protagonización más amplia por parte de los mismo
ingresantes, en todos los niveles asegurando su funcionamiento democrático y su relación
con los organismos únicos del estudiantado regular de la universidad.” (Gerónimo
Basualdo, NUEVA HORA (PCR), primera quincena de 1971, núm. 60)
Al respecto toman como ejemplo el proceso en Filosofía y los logros de la
asamblea estudiantil-docente en un cogobierno igualitario. Resaltan que dichos
espacios no sólo discutían cuestiones estrictamente reivindicativas y de las
luchas particulares sino que avanzó en los debates acerca del contenido y
orientación de las carreras.
“Es así como en sus asambleas no sólo se debaten ya las expresiones de la ideología y
de los planes de los monopolios en los programas de estudios. Se discute entonces desde
las contradicciones básicas del capitalismo hasta el tipo de la revolución en el país, o la
hegemonía obrera en sí mismo. En síntesis, lo que se manifiesta allí es la radicalización
profunda de centenares de estudiantes, preocupados no solo por la orientación política de
sus luchas, sino también por encontrar respuestas globales respecto a la crisis de esta
sociedad y los caminos para el avance hacia el socialismo.” (Gerónimo Basualdo, NUEVA
HORA (PCR), primera quincena de 1971, núm. 60)
Asimismo, proponía que centralizara mediante una fórmula organizativa (un
encuentro nacional de cuerpos de delegados de ingreso y de comisiones de lucha,
por ejemplo) un plan de lucha por el ingreso irrestricto y la derogación de cursos y
exámenes. Sin embargo, destacaban que era fundamental vincular esta pugna con
los demás ejes de la lucha política, confluyendo con las luchas obreras y populares.
Por último, propugnaban hacer punta en los centros que dirigimos para llevar a la
práctica sus posiciones y acaudillar directamente la lucha de masas.
“Para ello el secreto reside que los comunistas revolucionarios hagamos pie, firmemente,
entre la masa de los ingresantes acaudillándolos en su lucha concreta.” (Gerónimo
Basualdo, NUEVA HORA (PCR), primera quincena de 1971, núm. 60)
Por su parte, los sectores trotskistas también se oponían con fuerza a las
direcciones burocráticas de las FUA, la política reformista y al denominado
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“petardismo” de la mayoría de las agrupaciones. Así, la TERS llamaba a la
constitución de un comité de lucha nacional, y comités de lucha regional y por
facultad,
“(…)en base a una actividad de un frente único de las agrupaciones y activistas para
desarrollar nacionalmente la lucha de los ingresantes y del movimiento estudiantil contra
los planes reaccionarios de la dictadura y del golpe.” (Política Obrera, 1 de marzo de
1971, año V, núm. 84)
De hecho, en Filosofía y Letras, constituyeron junto con FAUDI, TUPA y, Carta
Abierta una mesa de lucha tras el programa de la derogación del curso y examen, y
por el ingreso irrestricto con la finalidad última de la constitución del frente único
antiimperialista.
Así, proponían una serie de acciones para llevar adelante un plan de acción
unificado por ingreso irrestricto a través del boicot a los cursos y los exámenes.
“La elección de delegados, comisiones de lucha, la realización de una asamblea general
(impulsado por la mesa) y el llamado a la unificación de las tendencias en la mesa tras su
programa, debe concretarse en el sentido de adoptar medidas de lucha tendientes a la
preparación del BOICOT de masas a los exámenes. La orientación consciente hacia el
BOICOT en cada una de las medidas de lucha evitará que éste aborte, o intente
imponerse en forma burocrática y administrativa a último momento(…)”.
Por último, en debate con el “petardismo” como método de lucha, planteaban
que el mismo aislaba la lucha estudiantil del combate de la clase obrera contra
el capitalismo, saboteando de hecho la permanencia de la organización
combativa del estudiantado, y por lo tanto la profundización del enfrentamiento
con la política de la dictadura.
Consideraciones Finales
A partir del presente trabajo, intentamos aportar a la caracterización de los procesos
corporativos y políticos en la universidad en relación con la situación política
nacional. Podemos afirmamos que durante 1971 los estudiantes a partir de una
situación crítica en la que su derecho a acceder a la cultura y la universidad se veía
directamente atacado, desarrollaron un nivel creciente de movilización contra el
limitacionismo, por la educación pública, autónoma, etc., constituyendo al
movimiento estudiantil como una fuerza política protagónica en el período.
Sarlo (2001) plantea que el movimiento estudiantil de la segunda mitad de los
sesenta afirmará el carácter no específico de la cuestión universitaria. En cambio, a
partir de lo desarrollado nosotros entendemos que es menester complejizar dicho
planteo. Para ello, retomamos a Millán (2011) que plantea que la participación
estudiantil en las luchas sociales de la época no habría sido sólo producto de las
tensiones del conjunto de la sociedad. Si bien entendemos no hay que desestimar
las tensiones de la estructura social en su totalidad, tampoco se debe soslayar la
importancia de las acciones y la experiencia de los estudiantes en sus propios
contextos. De este modo, la movilización de los estudiantes universitarios y los
ingresantes contra la política limitacionista en materia educativa de la Revolución
Argentina se constituye como un elemento más a considerar en la construcción de la
historia social de la resistencia y lucha contra dicha dictadura. Los estudiantes y las
diferentes agrupaciones consideraban que enfrentar las restricciones al ingreso a la
educación superior era dar una pelea más contra el régimen y las clases sociales
explotadoras que representaba.
Observamos que uno de los factores que colaboró a la masificación del movimiento
estudiantil durante la Revolución Argentina, fue movilizar por la demanda de
abolición de las restricciones del ingreso al sistema universitario. El impulso que
dieron muchas de las principales organizaciones estudiantiles a las luchas contra el
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llamado “limitacionismo” generó una sólida vinculación de los ingresantes con el
conjunto del movimiento estudiantil favoreciendo, su politización.
En el contexto de creciente movilización social y radicalización política de diversos
sectores sociales contra el régimen militar, ante el aumento de la matrícula
universitaria sin el aumento proporcional de recursos, la agudización de la “crisis
universitaria” –como planteaban las fuerzas políticas del movimiento estudiantil- la
lucha contra la limitación del ingreso a la UBA y la expansión del sistema
universitario fueron ejes centrales de la movilización estudiantil. Cabe destacar que
en varios casos, dicha reivindicación era relacionada directamente con la
construcción de una universidad democrática, autónoma, liberada y del pueblo.
Además, la batalla contra el limitacionismo era una parte de una batalla más amplia
contra la dictadura, el capitalismo, por el socialismo.
Consideramos que el ejercicio dirigista de la autoridad por parte de la denominada
Revolución Argentina nos aporta elementos para comprender la práctica juvenil
orientada hacia la rebelión política contra los centros de la planificación económico–
sociales. La misma desarrolló una reforma estructural política, social y económica a
favor de la hegemonía del capital financiero, en la que fueron centrales la coacción
física y la exclusión política y económica de los sectores populares movilizados. En
un contexto de radicalización creciente y generalizada contra la Revolución
Argentina, la lucha por el acceso a la educación superior y en contra de la política
limitacionista adquiere un carácter político, en respuesta a la política deliberada de
censura, despolitización y fragmentación del estudiantado como fuerza social a nivel
nacional.
Asimismo, debemos resaltar el surgimiento de nuevas modalidades de organización
entre los estudiantes y la importancia que las mismas tuvieron para el desarrollo del
movimiento estudiantil de la UBA durante 1971. La conformación de cuerpos de
delegados, mesas y comités de lucha potenciaron la masividad de la movilización y
también plantearon ciertos debates acerca de la orientación de la misma. Fueron
espacios que visibilizaron las demandas de los estudiantes y lograron considerable
protagonismo al interior de las facultades, llegando en el caso de Filosofía y Letras a
asumir el poder junto con los docentes, desautorizando a cualquier autoridad
dispuesta por el régimen. Podemos afirmar entonces que la experiencia estudiantil
en la UBA en esta etapa contribuyó a transformar las formas de lucha, organización
y las ideas sobre la política de los estudiantes.
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