EL PERRO Y SU REFLEJO
Un perro muy hambriento caminaba de aquí para allá buscando algo para comer, hasta que
un carnicero le tiró un hueso. Llevando el hueso en el hocico, tuvo que cruzar un río. Al mirar
su reflejo en el agua creyó ver a otro perro con un hueso más grande que el suyo, así que
intentó arrebatárselo de un solo mordisco. Pero cuando abrió el hocico, el hueso que llevaba
cayó al río y se lo llevó la corriente. Muy triste quedó aquel perro al darse cuenta de que
había soltado algo que era real por perseguir lo que solo era un reflejo.
Moraleja: Valora lo que tienes y no lo pierdas por envidiar a los demás.
LA LIEBRE Y LA TORTUGA
Había una vez una liebre muy vanidosa que se pasaba todo el día presumiendo de lo
rápido que podía correr.
Cansada de siempre escuchar sus alardes, la tortuga la retó a competir en una
carrera.
—Qué chistosa que eres tortuga, debes estar bromeando—dijo la liebre mientras se
reía a carcajadas.
—Ya veremos liebre, guarda tus palabras hasta después de la carrera— respondió la
tortuga.
Al día siguiente, los animales del bosque se reunieron para presenciar la carrera.
Todos querían ver si la tortuga en realidad podía vencer a la liebre.
El oso comenzó la carrera gritando:
—¡En sus marcas, listos, ya!
La liebre se adelantó inmediatamente, corrió y corrió más rápido que nunca. Luego,
miró hacia atrás y vio que la tortuga se encontraba a unos pocos pasos de la línea de inicio.
—Tortuga lenta e ingenua—pensó la liebre—. ¿Por qué habrá querido competir, si no
tiene ninguna oportunidad de ganar?
Confiada en que iba a ganar la carrera, la liebre decidió parar en medio del camino
para descansar debajo de un árbol. La fresca y agradable sombra del árbol era muy
relajante, tanto así que la liebre se quedó dormida.
Mientras tanto, la tortuga siguió caminando lento, pero sin pausa. Estaba decidida a no
darse por vencida. Pronto, se encontró con la liebre durmiendo plácidamente. ¡La tortuga
estaba ganando la carrera!
Cuando la tortuga se acercó a la meta, todos los animales del bosque comenzaron a
gritar de emoción. Los gritos despertaron a la liebre, que no podía dar crédito a sus ojos: la
tortuga estaba cruzando la meta y ella había perdido la carrera.
Moraleja: Ten una buena actitud y no te burles de los demás. Puedes ser más exitoso
haciendo las cosas con constancia y disciplina que actuando rápida y descuidadamente.
EL LEÓN Y EL MOSQUITO
Un león descansaba bajo la sombra de un frondoso árbol cuando un mosquito pasó
zumbando a su alrededor. Enfurecido, el león le dijo al mosquito:
—¿Cómo te atreves a acercarte tanto? Vete, o te destruiré con mis garras.
Sin embargo, el mosquito era muy jactancioso y conocía bien sus propias habilidades
y las ventajas de su diminuto tamaño.
—¡No te tengo miedo! —exclamó el mosquito—. Puedes ser mucho más fuerte que
yo, pero tus afilados dientes y garras no me harán el menor daño. Para comprobarlo, te
desafío a un combate.
En ese momento, el mosquito atacó al león picándolo en la nariz, las orejas y la cola.
El león, aún más enfurecido a causa del dolor, intentó atrapar al mosquito, pero terminó
lastimándose gravemente con sus garras.
Lleno de orgullo, el mosquito comenzó a volar sin mirar hacia a donde iba. Fue de esta
manera que tropezó con una telaraña y quedó atrapado entre los hilos de seda. Entonces, se
dijo entre lamentos:
– Qué triste es mi final; vencer al rey de todas las bestias y acabar devorado por una
insignificante araña.
Moraleja: Ninguna victoria dura para siempre.
LA CIGARRA Y LA HORMIGA
Durante todo un verano, una cigarra se dedicó a cantar y a jugar sin preocuparse por nada.
Un día, vio pasar a una hormiga con un enorme grano de trigo para almacenarlo en su
hormiguero.
La cigarra, no contenta con cantar y jugar, decidió burlarse de la hormiga y le dijo:
—¡Qué aburrida eres!, deja de trabajar y dedícate a disfrutar.
La hormiga, que siempre veía a la cigarra descansando, respondió:
—Estoy guardando provisiones para cuando llegue el invierno, te aconsejo que hagas lo
mismo.
—Pues yo no voy a preocuparme por nada —dijo la cigarra—, por ahora tengo todo lo que
necesito.
Y continuó cantando y jugando.
El invierno no tardó en llegar y la cigarra no encontraba comida por ningún lado.
Desesperada, fue a tocar la puerta de la hormiga y le pidió algo de comer:
—¿Qué hiciste tú en el verano mientras yo trabajaba? —preguntó la hormiga.
—Andaba cantando y jugando —contestó la cigarra.
—Pues si cantabas y jugabas en verano —repuso la hormiga—, sigue cantando y jugando en
el invierno.
Dicho esto, cerró la puerta.
La cigarra aprendió a no burlarse de los demás y a trabajar con disciplina.
Moraleja: Para disfrutar, primero tienes que trabajar.
EL LEÓN Y EL RATÓN
En un día muy soleado, dormía plácidamente un león cuando un pequeño ratón pasó por su
lado y lo despertó. Iracundo, el león tomó al ratón con sus enormes garras y cuando estaba a
punto de aplastarlo, escuchó al ratoncito decirle:
—Déjame ir, puede que algún día llegues a necesitarme.
Fue tanta la risa que estas palabras le causaron, que el león decidió soltarlo.
Al cabo de unas pocas horas, el león quedó atrapado en las redes de unos cazadores. El
ratón, fiel a su promesa, acudió en su ayuda. Sin tiempo que perder, comenzó a morder la
red hasta dejar al león en libertad.
El león agradeció al ratón por haberlo salvado y desde ese día comprendió que todos los
seres son importantes.
Moraleja: No menosprecies a los demás, todos tenemos las cualidades que nos hacen muy
especiales.