Capítulo
4
RHEMA
La palabra hablada tiene una creatividad asombrosa, y su uso apropiado es vital para la vida
cristiana victoriosa.
Sin embargo, esta palabra hablada debe tener su base correcta para ser realmente eficaz. El
principio para descubrir esta base correcta es una de las porciones más importantes de la Palabra
de Dios. Es acerca de este tópico que quiero conversar hoy con ustedes.
Cierto día trajeron a mi oficina una señora que venía paralizada de la cabeza a los pies. No podía
siquiera mover los dedos. Cuando la vi tendida en la camilla, comencé a sentir una sensación
extraña. Sentía algo en mi corazón, como supongo habrá sentido aquel hombre que estaba en el
estanque de Betesda. Una sensación como que algo iba a suceder.
Cuando me paré al lado de la señora y la miré a los ojos, me di cuenta que tenía fe para ser
sanada. No una fe muerta, sino una fe viviente. La toqué en la frente con la mano, y le dije: -
Hermana, en el nombre del Señor Jesús, sé sana de tu enfermedad.
El poder de Dios bajó inmediatamente, y ella fue instantáneamente sanada. Se incorporó de la
camilla asombrada, asustada y electrizada.
Algunos días más tarde vino a mi casa para traerme un regalo. Después de entrar a mi estudio me
preguntó
- ¿Puedo cerrar la puerta, por favor?
-Sí -repliqué -. Puede cerrarla.
Entonces ella se arrodilló delante de mí, maravillada todavía por haber sido sanada, y dijo: - Señor,
por favor, revélate a mí. ¿Eres tú la segunda encamación de Jesús?
Yo me reí.
- Querida hermana - le dije -, usted debe saber que yo como tres comidas diarias, tengo que ir al
baño, y duermo todas las noches. Soy tan humano como usted, y la única manera que tengo yo de
ser salvo, es por medio del Señor Jesús.
La sanidad de esta mujer había sido tan notable, que la noticia se regó por todas partes. Poco
después una mujer muy rica vino a la iglesia. A ella también la traían en una camilla. Había sido
cristiana ya por largo tiempo: y diaconisa de la iglesia. Había aprendido de memoria una escritura
tras otra respecto a la sanidad divina. "Yo soy Jehová, tu sanador" (Éxodo 15:27). "Por sus llagas
fuimos nosotros curados" (Isaías 53:5). "El mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras
dolencias" (Mateo 8:17). "y estas señales seguirán a los que creyeren... sobre los enfermos
pondrán las manos y sanarán" (Marcos 16:1-18).
Con tanta base bíblica, oré por ella poniendo todo mi poder: Pero nada sucedió. Entonces grité,
repitiendo las mismas palabras, la misma oración reclamando sanidad. Usé versículos de la Palabra
de Dios, y hasta di saltos. Pero nada sucedió. Le dije que, por fe, tratara de ponerse en pie. Lo
hacía mientras yo la tenía de la mano, pero no bien la soltaba, la pobre caía como un tronco. Volví
a decirle: - Tenga fe, y póngase de pie. Otra vez se puso de pie y otra vez volvió a caer como un
tronco. Me dijo que ella tenía toda la fe del mundo, pero que su fe no daba resultados. Yo quedé
realmente deprimido, y ella empezó a llorar. Me dijo: - Pastor, usted tiene prejuicios contra mí.
Usted ama a esa otra señora más que a mí, por eso la sanó a ella y a mí no.
Usted no me ama, por eso yo seguiré enferma. Usted tiene prejuicios.
- Hermana - repliqué - yo he hecho de todo, usted lo ha visto. He orado, he gritado, he saltado, he
llorado. He hecho todo lo que un buen predicador pentecostal puede hacer, pero nada ha
sucedido. ¡No puedo comprenderlo!
Este enojoso problema, de que algunos se sanen con una sola oración, y otros no se sanen nunca,
no estuvo limitado en mi iglesia a este solo caso. Por mi iglesia han pasado famosos evangelistas
conocidos mundialmente.
"¡Todos ustedes serán sanados, todos ustedes serán sanados!" Luego predican la palabra de fe, y
muchos son sanados.
Después estos evangelistas se van, se llevan toda la gloria, y me dejan a mí para tratar con todos
los enfermos que no fueron sanados. Los pobres vienen a mí, descorazonados, hundidos y
desesperados, y se quejan.
- Nosotros no hemos sido sanados. Dios nos ha abandonado. Se ha olvidado de nosotros. ¿Por qué
tenemos que seguir sufriendo y luchando, y venir aquí a ver si tenemos fe en Jesús?
Yo me aflijo y oro y lloro. - ¿Por qué, Padre? ¿Por qué tiene que ser así? Por favor, Padre, dame
una respuesta, una respuesta bien clara y comprensible.
Y él me dio esa respuesta. De modo que vaya compartir esa respuesta con ustedes. Y algunas de
las cosas que me condujeron a recibir esta comprensión.
La gente piensa que puede creer en la Palabra de Dios. La verdad es que puede, pero falla al no
conocer la diferencia que hay entre la Palabra de Dios que da conocimiento general acerca de
Dios, y la Palabra de Dios que es usada para impartir fe acerca de circunstancias y problemas
específicos. Esta última fe, es la que produce los milagros.
En el idioma griego hay dos palabras diferentes que se traducen "palabra". Una es logos, la otra es
rhema. El mundo fue creado por la Palabra, el logos de Dios.
Lagos es la palabra de Dios que se extiende de Génesis hasta Apocalipsis, porque toda esa palabra,
directa o indirectamente, nos habla de Jesucristo, la Palabra, o Lagos. Leyendo el logos, de Génesis
a Apocalipsis, usted puede recibir todo el conocimiento que necesita acerca de Dios y sus
promesas. Pero solo por leer usted no recibe fe. Usted recibe conocimiento y comprensión de
Dios, pero no recibe fe.
Romanos 10:17 nos hace ver que el material que se usa para edificar la fe es algo más que la mera
lectura de la Palabra de Dios. "La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios". Específicamente
hablando, la fe viene por el oír del rhema.
El Dr. Ironside define en su "Léxico Griego" la palabra logos como "la palabra dicha de Dios"; y
rhema, como "diciendo la Palabra de Dios". Muchos eruditos definen esta acción de rhema como
si el Espíritu estuviera tomando algunos versículos de la Palabra de Dios y vivificando con ellos a
una determinada persona. He aquí mi propia definición de rhema: "Rhema es una palabra
específica, dada a una persona específica, en una situación específica".
Cierta vez en Corea, una señora de nombre Yun Hae Kyung, tenía grandes concentraciones
juveniles en las montañas de Samgak. Esta señora tenía un gran ministerio.
Cuando ella predicaba, y se paraba delante de la plataforma, la gente pasaba al frente y caía al
suelo como herida por el rayo, tocados por el poder del Espíritu. Muchos eran los jóvenes que
acudían a sus reuniones. En la ocasión que les cuento, esa señora tenía reuniones juveniles en
Samgak con miles y miles de gentes jóvenes asistiendo cada noche.
Durante esa semana de juventud llovió torrencialmente. Todos los ríos se desbordaron. Un grupo
de jóvenes, que deseaba asistir al culto esa noche llegó a la orilla de un río. Las reuniones eran en
el pueblo, al otro lado del río. Pero el río venía muy crecido, no había puentes ni botes a la vista, y
los jóvenes se desalentaron.
Pero tres chicas se juntaron y dijeron - ¿Por qué nosotras no podremos cruzar este río? Pedro
caminó sobre las aguas, y el Dios de Pedro es nuestro Dios también. El Jesús de Pedro es el Jesús
nuestro también, y la fe de Pedro, es nuestra fe. Pedro creyó y caminó sobre las aguas. Nosotras
creemos, y vamos a caminar sobre las aguas también.
El río estaba muy crecido y la corriente era fuerte. Las tres chicas se arrodillaron, se tomaron de las
manos, y citaron la Escritura, mencionando a Pedro caminando sobre las aguas. Dijeron a todos
que ellas repetirían el milagro. A la vista de todos los demás jóvenes, entraron resueltamente en
las aguas.
Se sumergieron inmediatamente. Tres días después sus cadáveres fueron hallados flotando en el
mar.
Este triste caso tuvo repercusión en toda Corea. Los periódicos no cristianos atacaron la fe. Traían
titulares tales como éste "El Dios de los cristianos no pudo salvarlas", o éste "¿Por qué su Dios no
contestó sus oraciones llenas de fe?".
Los incrédulos tuvieron un tiempo de triunfo con esta tragedia, y la iglesia cristiana experimentó
una derrota y vino un aplastamiento general: Vino una verdadera baja de valores en la Bolsa
espiritual. Muchos se sintieron deprimidos y desalentados, y no tenían palabras para responder a
los reproches y acusaciones.
El caso de las tres chicas ahogadas llegó a ser tópico general en todo el país, y muchos cristianos
volvieron atrás. Habían sido buenos cristianos, pero después de este aparente fracaso decían.
"Estas chicas creyeron lo mismo que nos enseñan los pastores. Ellas pusieron en ejercicio su fe. Los
pastores urgen continuamente al pueblo a tener fe en la Palabra de Dios. Estas chicas hicieron
justamente eso. ¿Por qué Dios no les contestó? Jehová Dios no debe ser un Dios viviente. No debe
ser nada más que otra religión formalista, y nosotros nos hemos envuelto en ella.
¿Qué clase de respuesta se le podría dar a esa gente? Esas niñas habían creído. Habían ejercido fe
en la Palabra de Dios. Pero Dios no tenía razón para apoyar su fe. Pedro nunca caminó sobre las
aguas por razón del logos, el cual provee información general acerca de Dios. Pedro demandó que
Cristo le diera una palabra específica para él. Dijo: "Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre
las aguas" (Mateo 14:28).
Jesús contestó: "Ven".
La palabra que Jesús le dio a Pedro no era lagos, sino rhema. Jesús dio una palabra específica, ven,
a una persona específica, Pedro, en una ocasión específica, la tormenta.
Rhema trae fe. La fe viene por el oír, por el oír de rhema. Pedro nunca caminó sobre las aguas sólo
por el conocimiento de Dios. Caminó porque recibió rhema.
Pero esas tres chicas solo tenían logos, un conocimiento general de Dios y del milagro de andar
sobre las aguas, y en este caso específico de la obra de Dios a través de Pedro. Ellas ejercieron una
fe humana en logos, y ese fue su error. Dios, por lo tanto, no tenía responsabilidad de responder a
esa fe. La diferencia en el modo en que estas tres chicas y Pedro ejercieron fe, es una diferencia
como del día a la noche.
Dos años atrás dos estudiantes del Instituto Bíblico fallaron completamente en su primera
empresa ministerial.
Los dos habían sido discípulos míos. Habían escuchado mis conferencias, y como concurrían a mi
iglesia, habían aprendido algo acerca de los principios de fe.
Comenzaron su ministerio con lo que parecía un gran acopio de fe. Se valían de escrituras tales
como éstas: "Abre tu boca, y yo la llenaré (Salmo 81:10), Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo
haré" (Juan 14:14).
Fueron a un banco y sacaron un préstamo por una gran cantidad de dinero. Después fueron a
visitar a un hombre muy rico, y le pidieron prestada otra gran cantidad de dinero. Con este dinero
compraron un terreno y edificaron una bonita capilla, sin tener todavía una congregación.
Empezaron a predicar, esperando que la gente le cayera por cientos. Confiaban en sacar muchas
ofrendas y pagar así las cuotas de los préstamos. Pero nada sucedió. . .
Uno de estos jóvenes había pedido prestados treinta mil dólares. El otro cerca de cincuenta mil.
Pronto les cayeron los acreedores deseando cobrar sus cuentas.
Los jóvenes se vieron muy apretados y llegaron al punto casi de perder la fe.
Entonces los dos acudieron a mí. Los dos lloraron.
- Pastor Cho, ¿por qué su Dios y nuestro Dios son diferentes? Usted comenzó con 2.500 dólares y
ahora ha completado un proyecto de cinco millones. Nosotros hemos construido una iglesia que
nos costó 80.000.
¿Por qué Dios no nos contesta a nosotros? Creemos en el mismo Dios, tenemos la misma fe, ¿por
qué Él no nos ha respondido a nosotros?
Entonces comenzaron a citar versículos de la Biblia con promesas tanto del Antiguo como del
Nuevo Testamento, agregando, - Nosotros hicimos exactamente como usted nos enseñó, y
fracasamos.
Entonces les dije - Me alegra que hayan fracasado después de seguir mi palabra. Ustedes son
buenos discípulos míos, pero no del Señor Jesucristo. Han entendido muy mal mis enseñanzas. Yo
comencé la obra de mi iglesia dirigido por rhema, no por logos.
Dios habló claramente a mi corazón diciendo: "Levántate, ve y edifica una iglesia para diez mil
personas."
Dios me impartió su fe, y yo fui, y el milagro ocurrió.
Pero ustedes fueron solamente con logos, un conocimiento general acerca de Dios y su fe. Por lo
tanto, Dios no tenía obligación de apoyarlos y sostenerlos a ustedes en sus empresas, aun cuando
el ministerio que ustedes hacían era para el Señor Jesús.
Hermanos y hermanas, por medio de logos ustedes pueden conocer a Dios. Pueden adquirir
conocimiento de quién o qué es Dios, pero logos no siempre se hace rhema.
Supongamos que un hombre enfermo acude al estanque de Betesda y dice a los reunidos allí: -
"Eh, tontos, ¿Qué están haciendo aquí? Este es el mismo estanque de siempre, con la misma agua,
en el mismo lugar. ¿Por qué tienen que estar esperando día tras día? Yo vaya meterme ahora
mismo en el agua".
Enseguida se mete en el agua y se baña todo lo que quiere. Pero cuando sale del agua está tan
enfermo como antes. Era solamente después que el ángel del Señor revolvía el agua que la gente
podía meterse dentro y recibir sanidad. Siempre era el mismo estanque, con la misma agua. Pero
solamente cuando el ángel de Dios removía el agua se producían los milagros.
Rhema sale de logos. Logos es igual que el estanque de Betesda. Usted puede oír la Palabra de
Dios, y puede estudiar la Biblia, pero solamente cuando viene el Espíritu Santo y aviva esa Palabra
en su corazón, haciéndola arder dentro de su alma, y dándole a conocer a usted cómo aplicarla
directamente a su situación específica es que logos se convierte en rhema . Si usted nunca tiene
tiempo de esperar delante del Señor, entonces el Señor nunca vendrá a vivificar la Palabra
sembrada en su corazón, que usted necesita. Esta es una época muy agitada. La gente viene a la
iglesia para ser entretenida. Escuchan un sermón breve, y enseguida son despedidos, sin tener un
momento de tiempo para esperar delante del Señor. Se les da el logos, pero no el rhema. Por eso
no ven milagros de Dios, y comienzan a dudar de su poder.
La gente debe venir al santuario, escuchar atentamente al predicador, y después esperar un
tiempo delante del Señor. Pero como ellos no vienen para escuchar el mensaje, y luego esperar
bastante tiempo delante la presencia del Señor hasta recibir el rhema, entonces no reciben la fe
que necesitan para solucionar sus problemas. Aunque vienen a la iglesia, nada sucede. Por eso
empiezan a enfriarse y a perder la fe.
Otro de los problemas que sufren las iglesias en esta época es el de los ministros demasiado
ocupados.
Pasan horas y horas haciendo de electricista, carpintero, albañil, conserje, enfermero, ocupados
en cien tareas diferentes.
Cuando llega el sábado se tumban por ahí, tratando de pensar en algún logos para predicar
mañana por la mañana. Están tan cansados que no tienen tiempo de esperar delante del Señor.
No tienen el tiempo de cambiar el pasto verde en blanca leche. Sus congregaciones comen pasto
simplemente, pero no la rica leche de la Palabra. Este es un error muy grande.
Los laicos no son los enemigos del pastor. Son sus amigos. Como hicieron los apóstoles, el ministro
debe concentrarse en la oración y el ministerio de la Palabra, delegando cualquier otro trabajo en
sus laicos, ancianos, diáconos, diaconisas y líderes.
Yo sigo esta norma en mi iglesia. No me permito subir a la plataforma sin antes esperar delante del
Señor y recibir el rhema. A veces me paso toda la noche del sábado en oración. Durante el día oro:
"Señor, mañana vendrá la gente con toda clase de problemas; malestares, enfermedades, dramas
familiares, problemas de negocios - todos los tipos de problemas humanos que uno puede
imaginarse.
Ellos vendrán, no sólo para recibir conocimientos generales acerca de ti, sino para recibir una
solución real a sus problemas. Si yo no les doy una fe viviente, rhema, entonces ellos volverán a
sus casas sin haber solucionado ninguno de sus problemas. Yo necesito un mensaje específico,
para una gente específica, en un tiempo específico.
Entonces espero hasta que el Señor me da el mensaje.
Cuando subo a la plataforma marcho igual que un general, porque sé que el mensaje que voy a
entregar tiene la unción del Espíritu Santo.
Después que predico viene la gente de mi congregación y me dice: - Pastor, usted predicó
exactamente la palabra que yo necesitaba. Tengo fe que mi problema se va a solucionar.
Esto ocurre así porque yo los he ayudado a recibir rhema.
Hermanos y hermanas, no estamos edificando en la iglesia un club de santos. Estamos tratando
con asuntos de vida y muerte. Si el pastor no le provee rhema a su pueblo, entonces todo lo que
tiene es un club religioso y social. Ya tenemos en el mundo clubes sociales tales como el Rotary y
los Kiwanis, y otros de la misma naturaleza, y sus miembros pagan una especie de diezmo
también.
Las iglesias que nosotros edificamos deben ser lugares donde la gente recibe soluciones de parte
de
Dios. Recibe y ve milagros en su vida. Y puede obtener, no meramente un conocimiento
intelectual de Dios, sino un conocimiento experimental, real y vivo. Pero para lograr este objetivo
es necesario que el pastor reciba rhema primero.
Se le debe conceder tiempo a los cristianos para que esperen delante del Señor, a fin de que el
Espíritu Santo tenga tiempo de tratar con ellos e inspirarlos por medio de las Escrituras. El Espíritu
Santo puede tomar las Escrituras, "la palabra dicha" de Dios, y aplicarla al corazón de una persona,
haciendo que la palabra "dicha" pase a ser la palabra "diciente" de Dios. El logos debe hacerse
rhema.
Ahora puedo decirle a usted por qué mucha gente no recibe sanidad. Todas las promesas son
potencialmente - pero no literalmente - nuestras. Nunca tome simplemente una promesa de Dios
y diga: - ¡Oh, esta es mía, esta es mía!
Es suya potencialmente, sí, pero llega a hacerse prácticamente suya cuando usted espera delante
del Señor. . .
Antes de que el Señor le dé una escritura a un individuo tiene varias cosas que hacer. Primero el
Señor desea limpiar su vida, y hacer que ese individuo se entregue a Él. El Señor nunca da
promesas en una manera promiscua. Cuando el Señor trata con usted, usted debe tomarse tiempo
para permanecer delante del Señor. Confiese sus pecados, y entregue su vida a Él.
Cuando estas condiciones requeridas se producen, entonces viene el poder de Dios. Y su corazón,
lo mismo que el estanque de Betesda, es removido por algún texto en particular; y usted sabe
entonces que esa promesa es suya, y recibe la fe para producir el milagro necesario.
La sanidad del cuerpo físico no es el blanco supremo del Espíritu Santo. Es necesario que sepamos
bien claro cuáles son las prioridades del Espíritu. El blanco supremo es la santidad de nuestras
almas. Cuando Dios trata con usted, siempre trata a través de la santidad del alma. Si su alma no
es recta delante de Dios, no importa cuánta oración, cuánto grito o cuánto salto pegue usted, eso
no le traerá el rhema que usted necesita.
Pero para que esto suceda usted debe esperar delante del Señor.
La sanidad divina está de completo acuerdo con la voluntad soberana de Dios. A veces una
persona recibe sanidad instantáneamente. Otras personas deben quizá esperar bastante tiempo.
Uno de los mejores diáconos de nuestra iglesia cayó enfermo. Este hermano daba todo para el
Señor, amaba al Señor, y trabajaba para El en una forma asombrosa.
Se le dijo que tenía un tumor en el cuerpo, y que el doctor deseaba operarle. Pero todos en mi
iglesia creían que el Señor iba a sanarlo, porque él era un santo tremendo, poseedor de una gran
fe.
Yo oré por su sanidad. Los cuarenta mil miembros de la iglesia oraron por él. El hermano también
clamó por su sanidad.
Pero nada sucedió. Se fue poniendo peor cada día. Finalmente, comenzó a sufrir tales hemorragias
que tuvo que ser llevado al hospital y operado. Muchos de los miembros quedaron consternados y
dijeron:
"¿Dónde está Dios? ¿Por qué lo ha dejado sufrir de esa manera?"
Pero yo alabé al Señor, porque sabía que en todo este caso había un magnífico propósito
escondido.
Cuando el hermano fue hospitalizado comenzó a predicar el evangelio a todos los que estaban en
la sala.
Pronto todo el hospital sabía que hay un Señor Jesús viviente, y que su representante terrenal
estaba ahí en una cama del mismo hospital. Los médicos y las enfermeras que lo trataron, y todos
los pacientes que lo escucharon, llegaron a convertirse y ser salvos.
Luego todos los miembros de la iglesia dijeron regocijándose:
- ¡Alabado sea el Señor, era mucho mejor para él ser hospitalizado que ser sanado divinamente!
Dios sabía que la prioridad era la salvación eterna de muchas almas más que la sanidad terrenal de
uno de los miembros de la iglesia y fiel siervo suyo.
Cuando sufrimos un dolor, o tenemos un sufrimiento cualquiera, tenemos derecho a reclamar
liberación.
Pero esto no se logra automáticamente. Si su sufrimiento es para que se manifieste la gracia de
Dios, o si viene a ser al canal por donde fluya esa gracia redentora, entonces ese sufrimiento ha
sido enviado por Dios. Pero si esos sufrimientos lo invalidan a usted, y comienzan a destruirlo,
entonces han sido enviados por Satanás, y usted debe orar para ser librado de ellos.
Les voy a relatar un caso cuando Dios no libró a la gente de sus sufrimientos.
Esto sucedió durante la guerra de Corea cuando quinientos pastores fueron capturados y fusilados
inmediatamente, y dos mil iglesias evangélicas fueron destruidas.
Los comunistas se portaron sádicamente con los pastores. La familia de un pastor fue apresada en
Inchón, Corea, y los líderes comunistas los sometieron a lo que ellos llaman un "Tribunal del
Pueblo". En estos famosos tribunales los acusadores siempre preguntan:
"Este hombre es culpable de tal o cual crimen, y por ese crimen debe ser castigado, ¿qué dice el
pueblo?"
La respuesta es, invariablemente, un unánime "¡Sea castigado!"
En esta ocasión que les digo los comunistas cavaron un gran hoyo, y pusieron dentro al pastor, a la
esposa, y a varios de los hijos. El líder del pueblo dijo entonces:
- Don, todos estos años usted ha estado engañando al pueblo con esa superstición de la Biblia. Si
usted quiere ahora retractarse públicamente delante del pueblo, y arrepentirse de su
equivocación, usted, su esposa y sus hijos serán libertados. Pero si persiste en su superstición,
usted y toda su familia serán enterrados vivos.
¡Adopte usted su decisión!
Los chicos comenzaron a llorar: -¡Papito, papito, piensa en nosotros!
Piensen en eso, amigos y hermanos míos. ¿Qué hubiéramos hecho nosotros en su lugar? Yo soy
padre de tres hijos, y prefiero ser arrojado al fuego antes que verlos sufrir tan inicuamente.
Este padre fue conmovido profundamente. Se adelantó y dijo: - Si, si... voy a hacerlo... voy a
denunciar... mi... mi...
Pero antes de que pudiera terminar su frase la señora gritó: -¡Papá... di que NO". y dirigiéndose a
los hijos esa valiente mujer dijo.
-¡Cállense, chicos, esta noche vamos a cenar con el Rey de reyes y Señor de señores!
La misma madre comenzó a cantar y a guiar a sus hijos en el himno
En presencia estar de Cristo,
ver su rostro que será,
cuando al fin en plena gloria
¡mi alma le contemplará!
Al fin todos se unieron en el canto triunfal. Los comunistas comenzaron a echar paladas de tierra.
Pronto los más chicos quedaron cubiertos, pero siguieron cantando hasta que la tierra llegó a sus
cuellos. Toda la gente estaba mirando, estupefacta. Dios no libró a esa familia de la muerte, pero
casi toda la gente que contempló la ejecución llegó a convertirse al Evangelio de Cristo. Muchos de
ellos son miembros ahora de mi iglesia.
La gracia de Dios se derramó a través del sufrimiento de ellos. Dios dio a su Hijo Unigénito para
que muriera en la Cruz del Calvario, así este mundo podía ser salvado y redimido. Este es el más
grande propósito de Dios: la redención de nuestras almas. Si usted ve que su sufrimiento está
redundando en la salvación de almas, no pida ser librado del sufrimiento, sino que Dios le dé
fuerza para pasar a través del sufrimiento.
Poder discernir entre el sufrimiento que provoca Satanás, que Dios puede quitar, y el sufrimiento
permitido por Dios para hacer fluir su gracia salvadora, no es siempre fácil. Para poder distinguir
bien entre uno y otro, necesita esperar delante del Señor, y conocer profundamente la voluntad
de Dios. No se desoriente ni vaya rodando de un evangelista a otro. Por medio de la oración, el
ayuno y la fe, deje que Dios le muestre la verdad.
Cuando el Espíritu Santo aviva el logos de la Escritura, una fe milagrosa es impartida al corazón.
Usted se da cuenta de que la Escritura no es más la "palabra dicha de Dios", sino se ha convertido
en la "palabra diciente de Dios". Usted debe afirmarse en esa palabra .Y ponerla en práctica, aun
cuando momentáneamente no vea nada claro. Aun cuando usted no pueda ver ni tocar nada, aun
cuando toda su vida esté tinieblas, una vez que reciba el rhema no debe tener temor.
Camine y ande sobre las aguas, y podrá ver realizarse el milagro. Pero tenga cuidado, sin embargo,
de no adelantarse a Dios.
Mucha gente pretende adelantarse a Dios, como lo hizo Pablo por su urgencia de predicar el
evangelio de Jesucristo. Jesucristo le había dicho que iba a enviarlo lejos, a los gentiles. Pablo
aceptó ese logos y marchó para el Asia. Pero el Espíritu de Cristo no le permitió seguir.
Entonces dijo Pablo: "Me iré a Bitinia". Pero otra vez el Espíritu de Dios dijo "no".
Entonces Pablo y sus compañeros se dirigieron a Troas, una ciudad desconocida. Podemos
imaginamos el asombro y la confusión que tendrían allí. "Yo sólo estaba obedeciendo el mandato
del Señor de ir hasta los fines de la tierra predicando el evangelio. ¿Por qué se nos ha impedido
seguir?"
Pero cuando estaban orando y esperando delante del Señor, recibieron el rhema, y un hombre de
Macedonia se les apareció en visión y les dijo: "Pasen a Macedonia, y ayúdennos". De modo que
tomaron el primer barco que pasaba y se fueron a Europa.
Por medio del ejemplo de Pablo podemos apreciar la diferencia entre logos y rhema.
La gente viene a mí y me Comenta: - Pastor Cho, yo puedo orar por varias promesas de la
Escritura, y puedo esperar delante del Señor hasta que el Espíritu Santo las avive y las aplique a mi
vida. Pero, ¿cómo hago para obtener el rhema que me consiga un marido o una esposa? Yo leo
toda la Biblia, pero nada encuentro que me diga que me tenga que casar con Juana, María o
Isabel. ¿Cómo puedo tener rhema acerca de esto?
Tampoco la Biblia dice nada, dónde debo establecer mi domicilio, si en Buenos Aires, en Los
Ángeles o en Berlín. ¿Cómo puedo saber la voluntad de Dios acerca de cosas así?
Estas son preguntas legítimas. Permítanme darles los cinco pasos que yo doy para saber el rhema
acerca de cuestiones específicas.
1. Mi primer paso es ponerme a mí mismo en punto neutro. No marcha adelante, ni marcha atrás,
sino completa calma en el corazón. Entonces espero delante del Señor diciendo: - Señor, aquí
estoy, listo para escuchar tu voz. Si tú dices "sí', iré; pero si dices "no", no iré. No hagas decisiones
para mi propio beneficio, sino decide conforme a tus deseos. Sea algo bueno para mí, o sea algo
malo, estoy listo a aceptar tu dirección.
Con esta actitud de corazón espero delante del Señor. Muchas veces la mejor acción que se puede
tomar es ayunar y orar, porque si usted come mucho queda muy cansado, y ya no puede orar.
Luego de estar seguro que estoy en completa calma, doy el segundo paso.
2. La segunda cosa que hago es pedirle al Señor que me revele su voluntad a través de mis deseos .
Dios siempre viene a usted a través de sus deseos santificados. "Deléitate asimismo en Jehová, y él
te dará las peticiones de tu corazón" (Salmos 37:4). "A los justos les será dado lo que desean"
(Proverbios 10:24). Por tanto os digo, que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y
os vendrá" (Marcos 11:24).
Desear, entonces, es uno de los puntos focales de Dios. Además de eso, en Filipenses 2:13 leemos:
"Porque Dios es el que en vosotros produce, así el querer como el hacer, por su buena voluntad".
Oren al Señor, esperen delante de él hasta que él les dé el divino deseo. Mientras usted está
orando muchos deseos hermosos fluirán de su mente. Tenga la paciencia necesaria para que
también los deseos de Dios vengan a su mente. No se detenga y diga, "Oh, yo ya tengo de todo",
para salir enseguida corriendo. Espere delante del Señor un poco más. También Satanás puede
poner deseos en su corazón, como también pueden salir de su propio espíritu, o ser dados por el
Espíritu Santo.
El tiempo siempre es una prueba. Si usted espera pacientemente, sus propios deseos, y los deseos
de Satanás se debilitarán, pero el deseo del Espíritu Santo se hará más y más fuerte. De modo que
espere, hasta recibir el deseo divino.
3. Después de que mi deseo se ha hecho más claro, paso entonces al número 3: comparo mi deseo
con las enseñanzas de la Biblia.
Una vez una señora se me acercó muy agitada, y me dijo: - Oh pastor Cho, vaya sostener su
ministerio con una gran cantidad de dinero.
- Alabado sea el Señor - dije yo -. Tome asiento y dígame qué es.
Ella explicó: - Tuve un deseo fantástico de meterme en negocios. Este negocio está prosperando, y
si yo entro en él, creo que vaya ganar mucho dinero.
- ¿Qué clase de negocio es? -le pregunté.
- Tengo un deseo ardiente de monopolizar el mercado de cigarrillos. Tabaco, usted sabe.
- Olvídese de eso - dije rápidamente.
- Pero yo tengo el deseo - dijo ella - un deseo ardiente, justo como usted ha predicado.
- Ese deseo es de su propia carne - le repliqué. ¿Ha leído usted la Biblia para saber si ese deseo es
bíblico?
- No.
- Su deseo tiene que pasar por el cedazo de las Escrituras - le expliqué -. La Biblia dice que usted es
templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19). Si Dios hubiese deseado que la gente fumase, los
hubiera hecho con una nariz diferente. Las chimeneas se hacen con la boca apuntando para el
cielo, no hacia abajo, para que salga el humo. Dios no creó a la gente para que fume, porque les
hizo la nariz apuntando para abajo. El Espíritu Santo habita en su cuerpo. Si usted fuma, entonces
está contaminando el templo del Espíritu con humo. Su deseo está fuera de la voluntad de Dios.
Sería bueno que usted se olvidara de ese negocio.
Un hombre se acercó a mí y me dijo: - Pastor, quiero tener amistad con una hermosa mujer viuda.
Ella es dulce, bella, maravillosa. Cuando oro, siento un deseo ardiente de casarme con ella. Pero
todavía tengo a mi esposa, y a mis hijos.
- Vea - le dije - mejor olvide eso de inmediato, porque ese deseo es del diablo.
- ¡Oh, no, no, no, - dijo él -, este deseo no es del diablo! Cuando oro el Espíritu Santo me habla al
corazón y me dice que mi esposa original no es exactamente la clase de costilla que calza en mi
costado. Mi presente esposa es más bien una espina en mi carne. El Espíritu Santo me habló y me
dijo que esta viuda es exactamente mi costilla perdida, la que calza exactamente en mi costado.
- Esto no es del Espíritu de Dios. Es del diablo - volví a decirle.
Mucha gente comete el mismo error. Si oran en contra de la voluntad expresa de Dios, como está
escrita en su Palabra, entonces les hablará el diablo. El Espíritu Santo jamás contradice la Palabra
escrita.
Este hombre no me quiso escuchar. Se divorció de su mujer y se casó con la viuda. Ahora es el más
miserable de los hombres. Descubrió que su segunda costilla era mucho peor que la primera.
De modo que todos nuestros deseos deben ser examinados cuidadosamente por la Escritura. Si no
tiene usted confianza de hacer eso por sí mismo, entonces consulte con su pastor.
4. Después que he escrutado atentamente mi deseo con la Palabra de Dios, entonces estoy listo
para dar el paso número cuatro: pedirle al Señor que me dé una señal, y que esa señal provenga
de las circunstancias. Si Dios ha hablado realmente a su corazón, entonces le dará indudablemente
una señal desde el mundo exterior.
Cuando Elías oró siete veces pidiendo lluvia, recibió una señal externa: una nubecilla, del tamaño
de la mano de un hombre, apareció sobre el horizonte.
También en Gedeón tenemos un ejemplo, cuando Dios le dio la señal del rocío y el vellón de lana.
Dios siempre me muestra a mí una señal externa. A veces es muy pequeña, pero siempre es una
señal.
5. Después que he recibido una señal externa, doy el paso final. Oro hasta que sea el momento de
Dios. El tiempo de Dios siempre es diferente del nuestro.
Usted debe orar hasta que sienta una verdadera paz, porque la paz es el árbitro mayor. Si después
de orar todavía siente inquietud en su espíritu, entonces no es aún el tiempo apropiado. Significa
que todavía está encendida la luz roja. De modo que manténgase orando y esperando. Cuando vea
que la luz roja cambia, y se enciende la verde, entonces vendrá una gran paz a su corazón.
Entonces es el momento de saltar, y echar a andar. Camine, corra a toda velocidad, con la
bendición de Dios y el rhema de Dios. Los milagros se sucederán en su vida uno tras otro.
Siempre he seguido, en mi vida cristiana, estos cinco pasos, y Dios siempre ha confirmado este
modo de caminar con señales y milagros. Estos resultados positivos siempre me muestran la clara
diferencia que hay entre logos y rhema.
No necesita estar confundido acerca de las promesas de Dios. Ninguna clase de gritos, chillidos,
clamores y saltos convencerá a Dios. Dios se convence a sí mismo cuando pone en nuestro corazón
la fe que le agrada a Él.
La versión Reina Valera de la Biblia dice en Marcos 11:22, "Tened fe en Dios", para poder remover
montañas:
Pero el texto griego no dice precisamente "Tened fe en Dios", sino "Tened la fe de Dios".
¿Cómo puede usted tener la fe de Dios? Cuando usted recibe el rhema, la fe que le es dada no es
fe suya, fe humana, sino la fe que Dios le da a usted. Después de recibir esta fe que le es impartida
y concedida desde arriba, será capaz de remover montañas de su lugar. Sin recibir esa fe especial
de Dios usted no puede hacer eso.
Si no fuera por otra razón, usted debiera por ésta estudiar cuidadosamente toda la Biblia - desde
Génesis hasta Apocalipsis - con el fin de dar al Espíritu Santo el material que El necesita para
trabajar. Cuando usted espere tranquilamente delante del Señor, todo el tiempo suficiente, Dios
avivará la palabra, y cambiará el logos en rhema, e impartirá su fe en usted. Luego vendrán los
grandes milagros, cuando actúe con esa fe, milagros en su ministerio y en su hogar.
Espere delante del Señor. Nunca considere que esto es perder el tiempo. Cuando Dios hable a su
corazón, puede hacer grandes cosas en un segundo, que antes no podría hacer en un año entero.
Espere delante del Señor. Y verá realizarse grandes cosas.