Teoría del desarrollo psicosocial de Erik Eeikson
Erikson propone una teoría de la competencia. Cada una de las etapas vitales da pie al desarrollo de una serie de
competencias.
Si en cada una de las nuevas etapas de la vida la persona ha logrado la competencia correspondiente a ese momento
vital, esa persona experimentará una sensación de dominio que Erikson conceptualiza como fuerza del ego. Haber
adquirido la competencia ayuda a resolver las metas que se presentarán durante la siguiente etapa vital.
Otro de los rasgos fundamentales de la teoría de Erikson es que cada una de las etapas se ven determinadas por un
conflicto que permite el desarrollo individual. Cuando la persona logra resolver cada uno de los conflictos, crece
psicológicamente.
En la resolución de estos conflictos la persona halla un gran potencial para el crecimiento, pero por otra parte también
podemos encontrar un gran potencial para el fracaso si no se logra superar el conflicto propio de esa etapa vital.
Etapa 1 Confianza básica versus desconfianza: Cuando somos bebés nos preguntamos si podemos confiar en el otro y
nos cuestionamos si es seguro. Aprendemos que si podemos confiar en alguien ahora, lo haremos en el futuro. Si
experimentamos miedo, desarrollamos dudas y desconfianza. La clave de nuestro desarrollo es nuestra madre.
Etapa 2 Autonomía versus vergüenza y duda. En nuestra primera infancia nos experimentamos a nosotros mismos y
descubrimos nuestro cuerpo. Nos preguntamos está bien ser yo? Si se nos permite descubrirnos a nosotros mismos
desarrollamos la autoconfianza, si no podemos desarrollar vergüenza y auto duda. Ambos padres juegan un papel
importante.
Etapa 3 Iniciativa versus culpa: En el preescolar tomamos la iniciativa, probamos cosas nuevas y aprendemos principios
básicos como por ejemplo, como ruedan las cosas redondas. Preguntamos está bien que haga lo que hago? Si nos
animan podemos seguir nuestros intereses, si nos reprimen o nos dicen que lo que hacemos es una tontería, podemos
sentirnos culpables. Ahora estamos aprendiendo de toda la familia.
Etapa 4 Laboriosidad versus inferioridad: Ahora descubrimos nuestros propios intereses y nos damos cuenta de que
somos diferentes a los demás. Queremos demostrar que podemos hacer bien las cosas, preguntamos si podemos
lograrlo en este mundo. Si recibimos el reconocimiento de nuestros profesores o compañeros, nos volvemos laboriosos,
que es otra palabra para trabajadores. Si recibimos demasiados comentarios negativos comenzamos a sentirnos
inferiores y perdemos la motivación. Nuestros vecinos y escuela ahora son los que más influyen en nosotros.
Etapa 5 Identidad versus confusión de roles: Durante la adolescencia aprendimos que tenemos diferentes roles sociales.
Somos amigos, estudiantes, niños y ciudadanos. Muchos experimentan una crisis de identidad. Si nuestros padres ahora
nos permiten salir y explorar podemos encontrar una identidad. Si nos empujan a conformarlos con su puntos de vista,
podemos enfrentar la confusión de roles y sentirnos perdidos. La clave de nuestro aprendizaje son nuestros
compañeros y modelos a seguir.
Etapa 6 Intimidad versus aislamiento: Como adultos jóvenes poco a poco entendemos quiénes somos y comenzamos a
soltar las relaciones que habíamos construido antes para encajar. Nos preguntamos si podemos amar, si podemos hacer
un compromiso a largo plazo estamos seguros y felices. Si no podemos formar relaciones íntimas podríamos sentirnos
aislados y solos. Nuestros amigos y parejas son ahora fundamentales para nuestro desarrollo.
Etapa 7 Generatividad versus estancamiento: Cuando llegamos a los 40 nos sentimos cómodos. Usamos nuestro tiempo
libre de manera creativa y quizás empezamos a contribuir a la sociedad. Nuestra preocupación es la generatividad. Si
pensamos que podemos llegar a la próxima generación a este mundo, estamos felices. Si no resolvemos algunos
conflictos antes, podemos volvernos pesimistas y experimentar estancamiento. Las personas en casa y en el trabajo son
ahora los que más influyen.
Etapa 8 Integridad del ego vs desesperación: A medida que envejecemos tendemos a desacelerar y comenzar a mirar
hacia atrás de nuestras vidas. Preguntamos cómo me ha ido? si pensamos que lo hicimos bien, desarrollamos
sentimientos de satisfacción e integridad. Si no, podemos experimentar desesperación y volvernos gruñones y
amargados.