La Voluntad de Dios - TU SANIDAD - Erika Bojartschuk
La Voluntad de Dios - TU SANIDAD - Erika Bojartschuk
T
Un estudio bíblico que te guía a la
experiencia de la sanidad divina
La voluntad de Dios: TU SANIDAD
Edición en español
© 2021 por Erika Bojartschuk
ins tuto.grace1@[Link]
erikabojartschuk@[Link]
Corrección de texto: Felicita Elizabeth Correa de
Oviedo, Stephan Bojartschuk
Diseño de portada: Dorina Bojartschuk
Introducción
I. La voluntad de Dios es sanar
II. El amor de Dios y la sanidad
III. Sanidad a través del sacrificio de Cristo en la cruz
IV. La compasión, bondad y benignidad de Dios en acción
V. Las enfermedades y sus causas
VI. ¿Qué debemos hacer para recibir la sanidad?
VII. La cena del Señor y la sanidad
VIII. Nuestra misión: sanar a los enfermos
IX. Métodos bíblicos por los cuales Dios sana
Bibliogra a
Introducción
La salud es una de las más grandes bendiciones que podemos
tener mientras estemos en la erra. Sin ella no podríamos
disfrutar de la familia, amigos, casa, dinero, ni de todas las demás
bendiciones de Dios.
La gente alrededor nuestro está sufriendo a causa de
enfermedades, para las cuales la ciencia médica constantemente
busca nuevas soluciones. Han logrado avances, sin embargo, las
enfermedades siguen apareciendo y aumentando. Podemos ver
cómo las industrias farmacéu cas están creciendo en muchos
lugares, donde la gente acude para encontrar algo que alivie sus
dolores. Como hijos de Dios, necesitamos saber lo que dice Dios
con respecto a esto, pues Él desea que salgamos de la ignorancia y
que conozcamos su deseo y su poder para sanar.
A través de la muerte y resurrección de Cristo, Dios proveyó una
salvación que incluye libertad y sanidad. Una extensa porción del
ministerio terrenal de Jesucristo estuvo relacionada con
proporcionar sanidad sica a los enfermos y afligidos. La historia
de la Iglesia primi va está llena de relatos de grandes sanidades y
milagros realizados en el nombre de Jesús.
En este material aprenderemos lo que la Palabra de Dios dice
sobre la salud y la sanidad de los enfermos; veremos el corazón del
Padre celes al que es hacernos bien y vernos sanos. Cuanto más
conocemos el carácter bondadoso, amoroso, misericordioso y
compasivo de Dios que lo mueve a sanar y la revelación de la obra
consumada de Cristo en la cruz, más fácil nos será creerle por la
sanidad y caminar en salud.
Aprenderemos por las Escrituras, que no se trata de qué debemos
hacer para ser sanos, sino de descansar en la gracia de nuestro
Señor quien ha hecho todo para que seamos sanos. Dejemos a
lado nuestras ideas, explicaciones y experiencias, para que el
Espíritu Santo nos pueda revelar los pensamientos y planes tan
perfectos y buenos para nosotros. Él desea revelarse a nosotros
como el buen Padre y Jahwe Rafa (sanador).
Mi oración es que la revelación de la bondad de nuestro Padre
celes al y la obra terminada de Jesucristo en la cruz nos lleven a la
salud y sanidad divina.
Capítulo 1
I. LA VOLUNTAD DE DIOS ES SANAR
La sanidad divina es una gran necesidad, pues la enfermedad es
una de las más grandes plagas que enfrenta la humanidad. Dios en
su gran amor ha provisto la solución para estos sufrimientos.
Las personas se preguntan: ¿Es la voluntad de Dios sanar? ¿La
enfermedad viene por voluntad de Dios? Si es la voluntad de Dios
que seamos sanos, ¿cómo se recibe la sanidad de Dios?
Hay personas que desesperadamente esperan ser sanadas por
Dios, pero aun no reciben la sanidad, muchas de ellas hasta se
sienten frustradas e inseguras, por no saber que más hacer para
ser sanadas.
Para saber si Dios quiere que seamos sanados es necesario que
miremos y oigamos más allá que las experiencias humanas,
nuestras propias experiencias pasadas, tradiciones o doctrinas de
hombres, y que creamos que Dios dice. La base de nuestra fe es lo
que nos dice la Palabra de Dios. Que el Espíritu Santo nos ayude
liberarnos de prejuicios equivocados, experiencias contrarias y de
toda enseñanza falsa acerca de la voluntad de Dios con respecto a
la sanidad y llenarnos con la verdad revelada en la Palabra de Dios.
La mayoría de la gente cree que Dios puede sanar. Pero muchos
dudan en ciertos casos si realmente es la voluntad de Dios sanar a
todos. Otros creen que su enfermedad viene de Dios para probar
su fe o para mantenerles humildes, sin embargo se van al médico
o toman pas llas; esto nos lleva a pensar en que, si en verdad
creyeran que la voluntad de Dios es que estén enfermos, entonces,
al ir al médico o tomar pas llas, ¿no estarían yendo en contra de la
voluntad de Dios? Si la enfermedad fuera la voluntad de Dios,
entonces buscar la sanidad seria pecado.
¿Qué es lo que crees en tu corazón acerca de la sanidad de la
enfermedad? Tu creencia concuerda con lo que la Biblia nos
enseña?
Despojémonos de:
- Experiencias pasadas contrarias a la verdad de la Palabra de
Dios
- Tradiciones o doctrinas de hombres
- Enseñanzas falsas acerca de la voluntad de Dios con respecto
a la sanidad
Permitamos que el Espíritu Santo plante la verdad acerca de la
sanidad en nuestros corazones, pues lo que nuestro corazon cree,
eso experimentamos.
¿Cómo sabemos
que la voluntad de Dios es sanar a los
enfermos?
La Biblia nos muestra claramente que la enfermedad no es la
voluntad de Dios, sino la de sanar a los enfermos y mientras que
no estemos convencidos de que esto sea así, no podremos
reclamarlo. Nadie puede reclamar aquello que no sabe que le
pertenece por derecho. Dios nos ha entregado el derecho de
recibir la sanidad que Él ene y quiere darnos. Muchas veces no
recibimos o no retenemos la sanidad debido a nuestra
incer dumbre sobre la voluntad divina.
Dios nos revela en la Biblia que su voluntad es la sanidad.
Estudiaremos ahora lo que la Biblia nos enseña al respecto.
1.
La sanidad de los
enfermos está en la naturaleza de Dios
La Biblia nos dice claramente que Dios es un Dios de amor y es un
Padre bueno. Él anhela hacerle bien a sus hijos. De hecho, Él desea
que sobreabunden las bendiciones cada día en la vida de sus hijos.
Nunca pensemos que un Dios bueno nos dará enfermedades,
aflicciones sicas y malestares. Las enfermedades son malas y
parte de la maldición. Nuestro Dios bueno nos ama tanto que nos
dio a su Hijo Jesús para que tengamos vida y vida en abundancia
(Juan 10:10b).
2.
La sanidad de los
enfermos nos es revelado en el nombre de Dios
Para los hebreos en el empo del An guo Testamento, un nombre
era más que una designación. Llevaba en si un significado más
profundo. El nombre hablaba de la naturaleza de la persona, lugar
o cosa. Cuando Dios nos comunica su nombre, lo hace con una
finalidad, nos da una promesa, nos está diciendo quien Él es para
nosotros, y lo que Él hará.
En Éxodo 15:26c dice: “yo soy Jehová su sanador.” El vocablo
hebreo de sanador es “rafá” y significa sanador, médico o doctor.
Dios mismo se presenta cómo Yahweh Rafá. Sabemos que Dios no
cambia, y que Él sigue siendo nuestro Yahweh Rafá, que significa:
Dios sanador.
“Yo soy” está en presente con nuo, por lo tanto, lo que Dios nos
dice es: Yo soy tu Señor que te está sanando todo el empo. Yo
era, soy y seré siempre el sanador. Yo con nuo sanandote.
3.
La sanidad de los
enfermos fue demostrada por Jesucristo
Si queremos saber cómo es el Padre celes al, podemos mirar a
Jesús. Si queremos saber que piensa sobre la sanidad de enfermos,
veamos a Jesús; él siempre sanaba a los enfermos que acudían a Él
(Juan 14:9-11).
Es maravilloso ver que el Evangelio, las “buenas no cias”, no
solamente lidia con nuestro pecado, sino que también nos provee
una solución para la enfermedad sica.
En Hechos 10:38 dice: “cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con
poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y
sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba
con él.”
Este versículo nos cuenta que Dios ungió a Jesús de Nazaret con el
Espí tu Santo y con poder, y cuenta como Él hizo bien y sanó a
todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él.
¿Jesús en algún momento dijo: “Esta enfermedad es la voluntad de
mi Padre para ”?
¿O dijo alguna vez: “no puedo sanar tu enfermedad porque es
muy grave”?
En la Biblia no hay ningún registro que Jesús haya rechazado
alguna persona que le pidiera sanidad, ni los some ó a una
"prueba de pecado" primero. Nunca dijo que una enfermedad
fuera la voluntad del Padre celes al. Él nunca hizo algo que
enfermara a alguien. Él nunca dijo: “Recibe este dolor para que
aprendas a ser humilde”. Él no dijo: “Has pecado, por eso es
correcto que tengas esta enfermedad”. Él no dijo: “Primero debes
confesar tus pecados o romper las maldiciones generacionales
para que te pueda sanar”. Él no dijo: “Cuando cambias tu vida te
puedo sanar. Tampoco dijo: “No enes suficiente fe, por lo tanto,
no puedo sanarte”.
4.
La sanidad de los
enfermos fue un mandato de Jesús
En Mateo 10:1 leemos: “Entonces llamando a sus doce discípulos,
les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los
echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.”
Jesús dio autoridad a sus discípulos para sanar toda enfermedad y
dolencia.
En Mateo 10:8 Jesús le dice a sus discípulos y a la iglesia: “Sanad
enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera
demonios…”
En Marcos 16:18 dice: “Y estas señales seguirán a los que creen: En
mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas;
tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mor fera, no
les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.”
Sanar a los enfermos es uno de los señales que seguirán a los que
creen.
Jesús no hubiera mandado sanar a los enfermos si no fuese la
voluntad de Dios.
5.
La sanidad de los
enfermos fue demostrada por los apóstoles
En Hechos 8:6-8 leemos: “Y la gente, unánime, escuchaba
atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las
señales que hacía. Porque de muchos que tenían espíritus
inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralí cos
y cojos eran sanados; así que había gran gozo en aquella ciudad.”
Este versículo nos muestra que los apóstoles hicieron lo mismo
que Jesús.
6.
La sanidad de los
enfermos fue enseñada por San ago
San ago 5:14-15 nos enseña: “¿Está alguno enfermo entre
vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él,
ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe
salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere come do
pecados, le serán perdonados.”
7.
La sanidad de los
enfermos se revela en la obra de Cristo en la cruz
Ya en el An guo Testamento estaba profe zada la venida de Jesús
y su obra en la cruz para sanidad de los enfermos. Isaias 53:3-5
dice: “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de
dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de
él el rostro, fue menospreciado, y no lo es mamos. Ciertamente
llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y
nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y aba do. Mas
él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados;
el cas go de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos
nosotros curados.” Este versículo nos dice con respecto a nuestros
dolores: Cristo sufrió nuestros dolores; y con respecto a las
enfermedades dice: Él llevó nuestras enfermedades.
Jesús pagó el precio completo de nuestras enfermedades cuando
fue cas gado por nuestro pecado. Nuestra salud es tan importante
para Dios que Jesús mismo pagó, con la entrega de su propio
cuerpo, por nuestra sanidad. Su cuerpo fue tan quebrantado para
que el nuestro pudiera ser sanado. Por su llaga hemos sido
sanados.
En Isaías y 1 Pedro dice: “somos nosotros sanados” y “fuisteis
sanados”. Ya sucedió. ¡Ya está hecho! Fuimos sanados, por lo
tanto, estamos sanos. La obra de Jesús en la cruz también proveyó
para nuestra salud sica.
La muerte de Jesucristo en la cruz es la razón por la que hoy
podemos disfrutar de salud, paz y vida abundante.
8.
La sanidad de los
enfermos se afirma en la Palabra de Dios
En Proverbios 4:20-22 dice: “Hijo mío, está atento a mis palabras;
Inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; Guárdalas
en medio de tu corazón; Porque son vida a los que las hallan, Y
medicina a todo su cuerpo.”
En Salmos 107:19-20 dice: “Pero clamaron a Jehová en su
angus a, Y los libró de sus aflicciones. Envió su palabra, y los sanó,
Y los libró de su ruina.”
La Palabra de Dios es medicina también para nuestro cuerpo. La
Biblia está llena de versículos que nos muestran que la voluntad de
Dios es sanarnos. La salud es de Dios y la enfermedad de Satanás.
B. ¿Es la voluntad de Dios sanar a
todos los enfermos?
Hay personas que creen que la voluntad de Dios es sanar a los
enfermos, sin embargo tambien creen que no está en Su voluntad
sanar a todos los enfermos. Veremos lo que dice la Palabra de
Dios.
Lee los siguientes versículos y escribe la parte del versíulo que dice
si es o no es la voluntad de Dios sanar a todos:
Salmos 103:3
Mateo 8:16
Lucas 6:19
Mateo 4:23
Isaias 53:4-5
1 Pedro 2:24
3 Juan 1:2
En conclusión, podemos decir que la voluntad de Dios es sanar a
los enfermos.
Responde:
¿Cómo sabemos que la sanidad de los enfermos es la voluntad de
Dios?
¿Qué es lo que mas te convence que Dios quiere verte sano?
¿Cuáles son ejemplos y verdades bíblicas que nos ayudan creer en
nuestra sanidad y vida en abundancia hasta el úl mo día aquí en la
erra?
Ejercicio:
U liza el siguiente documento para meditar en la Palabra de Dios y
convencer tu corazón de la verdad sobre la sanidad.
Para imprimir o reenviarlo a personas enfermas u liza el siguiente
enlace: h ps://[Link]/3Jx6voP
o acceda a la plan lla a través del QR.
Capítulo 2
II. EL AMOR DE DIOS Y LA SANIDAD
Alguna vez te has preguntado: "¿Me sanará Dios si me voy junto a
Él?" Su amor dice: “Estoy dispuesto y soy capaz”.
¿Alguna vez alguien a quien amas se enfermó y al verlo sufrir, no
podías soportar verle con ese dolor, por el simple hecho de amar a
esa persona? De la misma manera, Dios no quiere vernos con
dolor porque nos ama.
Este
gran amor de Dios por nosotros le mo vó a enviar su único Hijo
para que muera en la cruz por nosotros (Juan 3:16-17). Ese grande
amor y esa profunda compasión por cada uno de nosotros
finalmente llevaron a nuestro Señor Jesucristo a soportar los
azotes más inhumanos, a soportar nuestras enfermedades y a
llevar nuestros dolores a la cruz para que podamos ser sanados
(ver Isaías 53:4-5). Así de preciosos somos nosotros para Él. Si Dios
voluntariamente, simplemente porque nos ama, entregó a Jesús
por nosotros, ¿nos retendría la sanidad? Él ya ha dado lo mejor,
¿cómo no nos dará también todas las cosas, incluyendo la
sanidad? En Romanos 8:32 dice: “El que no esca mó ni a su propio
Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará
también con él todas las cosas?”
Responde:
1. El amor de Dios es un amor en acción, un amor que opera a
favor nuestro. ¿Qué significa esto con respecto a la sanidad
para nosotros?
2. ¿Cómo sabemos que su amor opera a favor nuestro?
Capítulo 3
III. SANIDAD A TRAVÉS DEL SACRIFICIO DE
CRISTO EN LA CRUZ
Jesús descendió del cielo para rescatarnos y redimirnos de una
vida de muerte, enfermedad y pobreza a una vida de libertad,
salud y bendiciones. Su cuerpo fue tan quebrantado para que el
nuestro pudiera ser sanado. Por su llaga hemos sido sanados.
Jesús no tuvo que hacerlo, Él voluntariamente escogió hacerlo,
porque nos ama. No hay enfermedad que Jesús no haya derrotado
por nosotros.
La sanidad es de
gran importancia para Jesús
Jesús siempre sanaba a los que acudían a Él, ni uno solo se fue sin
recibir sanidad, nunca les rechazaba y no hizo nada que les
enfermara. Él anduvo haciendo bien y sanando a todos los
oprimidos por el diablo (Hechos 10:38). Jesús hizo de la sanidad
divina una prioridad durante su ministerio terrenal y demostró así
que su Reino es superior a cualquier otro reino.
Jesús quien es el mismo ayer, hoy y para siempre (Hebreos 13:8).
Su corazón late con compasión por nosotros y quiere hacernos
bien y sanarnos.
.
Él no hace
acepción de personas
Nada y nadie es insignificante para Jesús. Cualquier persona con
cualquier necesidad puede recibir la sanidad; de hecho, es la
necesidad la que califica a la persona para recibir un milagro. En
Marcos 10:49-52 leemos acerca de Bar meo un mendigo ciego,
quien seguramente a menudo era ignorado, pero no por Jesús,
quien le escuchó y le tuvo compasión cuando Bar meo le llamó.
Jesús respondió a su necesidad y le sanó. Así también nosotros,
sabiendo que Él nos quiere y puede sanar, nuestra necesidad nos
califica para recibir el milagro. Todo lo que necesitamos hacer es
venir a Él con nuestra necesidad, así como lo hicieron la gente
descrita en Mateo 15:30: “Y se le acercó mucha gente que traía
consigo a cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos;
y los pusieron a los pies de Jesús, y los sanó” . Dios desea que
todos reciban la salvación y la sanidad, el no hace acepción de
personas.
Tanto el perdón
como la sanidad son nuestros
El perdón de pecados y también la sanidad están vinculados al
sacrificio redentor de Jesucristo. Jesús cargó no solamente
nuestros pecados en la cruz, sino también nuestras enfermedades.
Ambos, nuestro perdón y nuestra sanidad son parte de la obra
consumada de Jesucristo en la cruz. En Hebreos 8:12 y 10:17 dice
que nunca más se acordará de nuestros pecados. En Isaías 53:5
dice: “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por
nuestros pecados; el cas go de nuestra paz fue sobre él, y por su
llaga fuimos nosotros curados” . Él ya hizo todo para que nosotros
podamos vivir sanos. La sanidad no es una bendición adicional,
porque la salvación que nos fue dada por Jesús en la cruz ya
incluye la sanidad. A causa de la muerte de Jesucristo en la cruz
tenemos el derecho de una restauración total e integral.
La gracia de Dios
incluye nuestra sanidad
La gracia de Dios no conoce límites. Hemos sido perdonados
conforme a las riquezas de su gracia (Efesios 1:7). Todos nuestros
pecados, pasados, presentes y futuros han sido perdonados. Jesús
lo hizo una vez para siempre (Hebreos 7:27; Romanos 6:10).
Fuimos hecho justos y ningún pecado puede detener a Dios de
sanarnos. Cristo cargó también sobre sí mismo el cas go por
nuestros pecados. Confiadamente podemos acercarnos a Él y
recibir misericordia y gracia (Hebreos 4:16; 1 Pedro 3:12). Por
gracia por medio de la fe fuimos hechos justos y sanos.
. El intercambio en la cruz
En la cruz se llevó a cabo un intercambio divino; allí cayó todo
nuestro mal, debido a nuestros pecados, sobre Jesús y ahora
tenemos todo Su bien disponible para nosotros. Cristo llevó
nuestro pecado y nos dio su jus cia. Jesús, al que no conoció
pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos
hechos jus cia de Dios en Él (2 Corin os 5:21, Romanos 5:19). Hoy
somos justos, no por nuestras buenas obras, sino por su obra
consumada en la cruz (Tito 3:5). Somos la jus cia de Dios en
Cristo. Nuestra jus cia no está basada en lo que hayamos hecho,
sino en lo que Él hizo. Al justo le pertenece la sanidad; no
podemos ganárnosla, sino que gracias a la obra de Jesucristo
calificamos para adquirir la sanidad y restauración.
Al Señor Jesús se le hirió sicamente para que nosotros podamos
recibir sanidad sica. En Isaías 53:4-5 dice: “Ciertamente llevó él
nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores”. Y en el
siguiente versículo dice: “Y por sus llagas fuimos nosotros
curados.” Jesús fue herido para que nosotros fuésemos sanados.
Yo en Cristo y
Cristo en mi
Jesucristo es la forma de vida más pura y sana, en Él las
enfermedades y dolores no enen lugar. Nosotros tenemos el
privilegio de par cipar de su vida pura y sana. Veámonos a
nosotros mismos, espíritu, alma y cuerpo, sumergidos y rodeados
de su vida. Somos reves dos de Él, escondidos en Él, estamos
unidos e iden ficados con Cristo. La vida de resurrección de
Jesucristo inunde cada parte de nuestro cuerpo. Somos par cipes
de su plenitud y también de su sanidad. Par cipamos de todo lo
que Él es.
La compasión
No hay dificultad o enfermedad que enfrentemos con el cuál
Jesucristo no pueda iden ficarse y ofrecernos una solución
(Hebreos 4:15). En Lucas 7:12-15 leemos: “Cuando llegó cerca de
la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un
difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella
mucha gente de la ciudad. Y cuando el Señor la vio, se compadeció
de ella, y le dijo: No llores. Y acercándose, tocó el féretro; y los que
lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a te digo, levántate.
Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y
lo dio a su madre”. Debió ser terrible para la viuda experimentar la
muerte de su hijo después de haber experimentado la muerte de
su marido. Jesús la vio y se compadeció de ella. Al joven muerto
dijo: “Joven, a te digo, levántate”.
Muchas veces Jesús sanaba a un enfermo cuando veía la fe de la
persona, pero esta vez Jesús fue movido por la compasión.
La bondad
La bondad es otro atributo infinito e inmutable de Dios. Nuestro
Dios es bueno, bueno y solamente bueno (1 Juan 1:5; 1 Crónicas
16:34; Salmos 106:1; Salmos 34:8; Mateo 7:11). Su voluntad
siempre es buena (Romanos 12:2). De Él solamente viene lo bueno
y todo lo que Él hace es bueno. ¿Es la enfermedad algo bueno?
No, nadie quiere estar enfermo. Sabiendo que Dios es bueno, Él
nunca envía la enfermedad, ni para disciplinarnos o enseñarnos
algo. Toda buena dádiva viene del Señor (San ago 1:17) y la
enfermedad no es una buena dádiva.
Bondad es la palabra griega “agathhosune” que se refiere a ser
bueno y hacer el bien a los demás. Se u liza para indicar la
rec tud de corazón y una ac tud y acción de beneficencia (Strong
#19). La bondad es una ac tud y acción de ayuda hacia otras
personas, con rec tud de corazón, sin interés personal.
La Biblia nos dice que Dios es bueno para con todos (Salmos 145:9;
Mateo 5:45), y que para Él no hay acepción de personas (Romanos
2:11). La bondad es parte de su naturaleza.
Si el carácter de Dios es bondad, sabemos que Él nos hace bien y
se deleita en hacernos bien. En Jeremías 32:40-41 dice: “Haré con
ellos un pacto eterno, y nunca dejaré de hacerles bien. Pondré mi
temor en su corazón, para que no se aparten de mí, y en verdad
me regocijaré de hacerles bien. Con todo mi corazón y con toda mi
alma los plantaré en esta erra”. Tanto es su deseo de poder
hacernos bien que envió su Hijo Jesucristo para que Él cargue
sobre sí mismo todo lo que nos impedía poder experimentar su
bondad. Con Cristo, nuestro representante o mediador, Él hizo el
Nuevo Pacto y nosotros en Cristo somos par cipes del Nuevo
Pacto, que nos habilita experimentar siempre las riquezas de su
bondad.
En el An guo Pacto, que una persona experimente la bondad de
Dios dependía de sus acciones, es decir, debían ganarse las
bendiciones de Dios.
Hoy estamos en el Nuevo Pacto y Dios nos ve en Cristo. Somos
aceptos, santos y justos por gracia por medio de la fe y podemos
deleitarnos en la bondad de Dios. No necesitamos ganarnos su
bondad, simplemente apropiarnos de todo lo bueno de Él. Ni
necesitamos pedir o procurar a convencer a Dios de ser bueno y
darnos cosas buenas como por ejemplo la salud, ¡No!, Él es bueno,
este es su carácter, no necesitamos convencerle con nuestras
oraciones de que sea bueno y bondadoso con nosotros. Él es
bueno y se goza en hacernos bien y regalarnos la salud. Nuestra
oración y nuestro ayuno no cambian a Dios, porque Él ya es bueno.
Tampoco necesitamos convencer a Dios de proveer para el pobre,
porque en Salmos 68:10b dice: “Por tu bondad, oh Dios, has
provisto al pobre”. Su naturaleza es la bondad, por esto Él es
bueno y nos hace bien. En Hechos 10:38 leemos: “Ese mensaje
dice que Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con
poder, y que él anduvo haciendo el bien y sanando a todos los que
estaban oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él”.
En el estudio de la Palabra de Dios y la oración, alineando nuestro
corazón a su corazón, la verdad nos es revelada y con fe nos
apropiamos de la salud que Él ya ha provisto para nosotros con su
muerte en la cruz (Tito 3:4-5; Efesios 2:7).
Benignidad
Dios es benigno. La palabra “benignidad” se traduce de la palabra
griega “chrestotes” que significa: excelencia moral en el sen do de
conducta, gen l en el trato con otros, amabilidad, gen leza
(#Strong 5544). Benignidad describe la habilidad de actuar con
amabilidad y en misericordia para el bienestar de los otros. Dios al
ser benigno actúa con amabilidad y en misericordia para nuestro
bienestar, incluyendo la sanidad.
En Romanos 2:4b dice: “...su benignidad te guía al
arrepen miento”. No es su dureza o cas go que llevan al
arrepen miento, sino su benignidad.
A pesar de que le fallemos, le ofendemos y no merecemos nada,
Dios nos bendice y nos trata con amabilidad para nuestro
bienestar, lo que incluye también la salud. Aún es benigno hacia
los ingratos y malos según lo escrito en Lucas 6:35.
Él no espera nuestra perfección, para poder sanarnos, tampoco
espera de nosotros una acción o esfuerzo humano para así
ganarnos la sanidad, no, la sanidad es un regalo, la podemos
recibir por gracia, creyendo que Él desea vernos sanos y que ya
proveyó en Cristo por nuestra sanidad.
Ejercicio
Haz el siguiente ejercicio para iden ficar si hay men ras que tu
corazón cree acerca de la sanidad para reemplazarla con la verdad
de la Palabra de Dios. Si tu corazón cree la verdad experimentarás
la sanidad.
h ps://[Link]/3u6IsYT
Capítulo 5
V. LAS ENFERMEDADES Y SUS CAUSAS
La Biblia nos dice que todo lo bueno, lo perfecto y lo sano viene de
Dios. La enfermedad no es algo bueno y no proviene de Dios.
Dios, en sus propósitos eternos, dio la solución al problema del
pecado mediante la muerte de Cristo en la cruz, dándonos perdón
de pecados, libertad de condenación, libertad de las maldiciones
generacionales y también libertad de las consecuencias
temporales del pecado: la enfermedad. En otras palabras, la
sanidad es, juntamente con el perdón de pecados, fruto de la obra
de Cristo en la cruz.
¿Qué es la
enfermedad?
Cien ficamente una enfermedad es una alteración de nuestro
estado normal saludable, es un estorbo del correcto
funcionamiento de los sistemas fisiológicos que afectan también el
bienestar del alma.
Desde la perspec va espiritual se puede decir que la enfermedad
es una invasión y perversión demoniaca de la obra perfecta de
Dios. La enfermedad roba al hombre la vitalidad, la paz, el gozo, las
fuerzas sicas, relaciones, dinero, etc.
.
El autor de la
enfermedad
El hombre fue creado por Dios de una manera perfecta. El hombre
antes de pecar era inmune a toda enfermedad. Ninguna fábrica
construye a propósito una maquina o un auto con defectos, pues
esto no le traería fama y honra, asi mismo Dios no nos a creado
con enfermedades, ni nos enviaría enfermedades. Él nos quiere
ver sanos.
En el An guo Pacto, Dios hace ver a su pueblo que, si son
obedientes, ninguna enfermedad les llegaría. En Éxodo 15:26 dice:
“y dijo: “Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres
lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y
guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que
envié a los egipcios te enviaré a ; porque yo soy Jehová tu
sanador.”
La verdadera solución vino con el Nuevo Pacto. “Porque también
Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los
injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la
carne, pero vivificado en espíritu”. Cristo cargó sobre sí mismo
nuestros pecados como también las enfermedades.
En Juan 5:14 dice: “Después le halló Jesús en el templo, y le dijo:
Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga
alguna cosa peor.” Este versículo nos hace deducir que su
enfermedad fue consecuencia del pecado.
Jesús mismo no hizo que los enfermos primeramente vieran sus
pecados para que se arrepin eran y que solo, posterior a su
arrepen miento, les sanara. Él tuvo compasión y les sanó. Pero la
Biblia nos hace ver bien claro que el autor de la enfermedad es el
diablo y no Dios. Satanás es el autor de la enfermedad y de la
muerte (Hechos 10:38; Hebreos 2:14-15). El propósito de Satanas
con el hombre es dañarlo y destruirlo. Cada vez que un enfermo se
sana, se está deshaciendo una obra del diablo. Cristo vino para
deshacer las obras del diablo (1 Juan 3:8). Cuando vemos a un
enfermo, deberíamos actuar de la misma manera como Jesús, no
condenarle o querer convencerle de su pecado, sino que lleno de
la compasión y el amor de Dios presentarle la bondad de Dios y la
buena no cia de la solución integral para su situación. El enfermo
no necesita hacer nada o ganarse la sanidad, sino solo recibir el
regalo provisto por Cristo en la cruz.
Leemos en la Biblia que las enfermedades pueden estar
relacionadas con ac vidades demoniacas.
Según Job 2:7 él que hirió a Job con la sarna maligna fue satanás.
Según Lucas 13:16 el que habia mantenido atada a la mujer con
enfermedad por 18 años fue satanás.
Según Hechos 10:38 Jesús sanó a los oprimidos por el diablo.
El diablo trae la enfermedad para atormentar a las personas. Él no
ene autoridad para hacerlo en la vida de un hijo de Dios, pero
busca engañarle para hacerle creer que sí ene autoridad y le
puede dañar. La buena no cia es que Cristo ha vencido al diablo
en la cruz.
C. Causas de las enfermedades
Una enfermedad puede tener una causa. La Biblia nos menciona
algunas:
1. Enfermedades como consecuencias de
influencias demoniacas
Cualquiera que sea el nombre de la enfermedad (la diagnosis) que
el médico haya dicho, existe un nombre que es sobre todo
nombre, que es el nombre de Jesucristo, que hace huir todo
espíritu de enfermedad.
Cuando la enfermedad ene origen espiritual se puede echar
fuera el demonio y el problema en el cuerpo estará solucionado.
Lea los siguientes versículos y escribe la causa de la enfermedad:
Lucas 13:10-11
Lucas 11:14
Marcos 9:25-26
Enfermedades como consecuencia del pecado y la
condenación
3. Enfermedades hereditarias
Hay enfermedades que pasan de una generación a otra. Una
enfermedad hereditaria puede ser la diabetes, presión alta, etc. En
2 Reyes 5:27 dice: “Por tanto, la lepra de Naamán se te pegará a
y a tu descendencia para siempre. Y salió de su presencia leproso,
blanco como la nieve.”
La buena no cia es que Jesús nos libera de cada maldición
generacional. Hoy, viviendo en el Nuevo Pacto, hemos sido
liberados de la maldición de la enfermedad por el perfecto
sacrificio de Jesús en la cruz.
Leyendo en los evangelios sobre las sanidades y liberaciones que
Jesús hizo observamos que Él iba directamente a la solución. En
cierta ocasión (Juan 9:1-7) los discípulos preguntaron por la causa
o el pecado de quien había nacido ciego. Jesús solamente estaba
interesado en manifestar el poder sanador para hacer que el
hombre viera. Él no culpó a nadie, ni buscó la causa de la
enfermedad. De la misma manera, nosotros debemos ocuparnos
en la solución: Jesucristo quien llevó cada pecado y maldición
sobre sí mismo a la cruz para darnos sanidad, libertad y bendición
(Gálatas 3:13; Isaías 53:4-5). Nos apropiamos de lo que Él ya ha
provisto en la cruz.
Responde:
1. ¿Quién es el autor de la enfermedad? Fundamenta tu
respuesta con versículos bíblicos.
2. ¿Cuáles pueden ser las causas de las enfermedades? ¿Cuál es
la solución de cada uno de ellos?
3. Da algunas recomendaciones para vivir con salud para el área
de alimentación, sueño / descanso, deporte.
4. Da algunas recomendaciones para vivir con salud para el área
del alma, enfermedades hereditarias y sen mientos de
condenación.
Capítulo 6
VI. ¿QUÉ DEBEMOS HACER PARA RECIBIR LA
SANIDAD?
Dios, nuestro buen Padre, que tanto nos ama y desea lo mejor
para nosotros, ha tomado la inicia va para nuestra sanidad. Él dio
a su Hijo para que llevara toda nuestra maldad y enfermedades a
la cruz para nuestro bien. La inicia va vino de Dios y ya es un
hecho. Ya no necesitamos pedir y rogarle que por favor haga algo a
favor nuestro para que nosotros podamos ser sanos y sin dolor. Él
ya hizo todo. Lo que Isaías profe zó ya es un hecho. Según Isaías
53:4-5 ya es un hecho porque dice: “Ciertamente llevó él nuestras
enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por
azotado, por herido de Dios y aba do. Mas él herido fue por
nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el cas go de
nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”.
Sabiendo que Jesucristo ya hizo todo, no necesitamos convencer a
Dios de ser tan bueno y sanarnos, sino apropiarnos de este
precioso regalo. Nuestra sanidad no depende de lo que nosotros
hayamos hecho, sino de lo que Él ha hecho.
Consideremos los siguientes puntos:
Creer la verdad
Nuestra manera de pensar y creer la verdad afectará nuestra vida,
la verdad se manifestará en nuestros cuerpos sicos.
Lo que experimentamos, es una consecuencia directa de lo que
pensamos y creemos. En Proverbios 23:7a leemos: “Porque cuál es
su pensamiento en su corazón, tal es él”. Para experimentar la
sanidad y luego vivir con salud es tan importante tener la
revelación de la obra consumada de Jesucristo en la cruz, por la
que somos justos y redimidos de cada maldición de enfermedad.
Conocer lo que
legalmente es nuestro
No se trata de pedir por algo que Él ya nos dio. Se trata de saber lo
que legalmente nos pertenece a causa de la cruz. El precio por
nuestra salud y restauración ha sido pagado. La Palabra de verdad
traerá vida a nuestro cuerpo y funcionará mucho mejor que
cualquier medicina (Proverbios 4:20-22). Debemos conocer lo que
legalmente es nuestro y apropiarnos de la salud.
Enfocarse en la
cruz y el amor del Padre celes al
Cuando deseamos ser sanados, nuestro enfoque debe ser la cruz.
A través de la muerte de Cristo en la cruz podemos ser sanados.
Así como el pueblo de Israel debía mirar a la serpiente levantada
para ser sanados, nosotros debemos mirar a la cruz para recibir la
sanidad y únicamente poner nuestra confianza en lo que Cristo ha
hecho por nosotros y no confiar en la oración de alguien, en una
ofrenda o sacrificio, ni en los médicos humanos, etc.
(Números 21:8-9; Juan 3:14-16)
Debemos enfocarnos en la gracia de Jesús y no mirarnos a
nosotros mismos, preguntándonos si tenemos suficiente fe. Ver la
gracia de Dios es ver lo que Jesucristo hizo por nosotros en la cruz.
Veamos a Jesús golpeado por nuestra maldad para darnos salud
(Isaías 53:4-5). Enfoquémonos en el carácter del Padre celes al y
en la obra perfecta de Cristo en la cruz. Esto hará que el Señor nos
diga: “Hijo/a, tu fe te ha sanado”. (Marcos 5:27-34)
A Jesús no importaba quienes eran o que cosas habían hecho en el
pasado. Siempre y cuando lo buscaron para sanidad, Jesús los
sanaba con mucho gusto. Él nunca les pedía primero arrepen rse
o que se comprome eran en seguirle, tampoco pedía orar,
ofrendar o hacer buenas obras, etc., nada de esto le importaba. Él
en su gran amor, bondad, compasión y misericordia les sanaba
(Mateo 8:16; 12:15; Lucas 6:19). Dios no pone exigencias o
condiciones para sanarnos. Simplemente nos sana.
Estamos viviendo en el Nuevo Pacto, dónde se trata de lo que Dios
ha hecho por nosotros y no de lo que nosotros debemos hacer
para recibir la sanidad. No tratemos ganarnos la sanidad (sea con
promesas, oraciones, ofrendas, sacrificios, ayuno, etc.), cuando
Jesucristo ya la pagó en la cruz. Estamos bajo la gracia y esto
significa estar constantemente bajo la provisión gratuita de todo lo
que necesitamos. No nos enfocamos en la enfermedad, sino ya
vemos la sanidad suministrada por gracia.
En Jeremías 33:6 dice: “He aquí que yo les traeré sanidad y
medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de
verdad” .
Reposemos, la
obra está terminada
Cuando creemos y vemos la obra terminada de Jesucristo en la
cruz y vemos las enfermedades y los pecados quitados de nosotros
y clavados en la cruz, nuestra alma encuentra descanso. Ya no
vamos a tratar de hacer algo para ser sanado, sino descansar en lo
que Él ya ha hecho (Hebreos 4:11; Filipenses 4:6-7; Colosenses
2:13-15). En este descanso en Él seguramente experimentaremos
la sanidad.
En Hebreos 4:11 dice: “Por tanto, queda un reposo para el pueblo
de Dios. Porque el que ha entrado en su reposo, también ha
reposado de sus obras, como Dios de las suyas. Procuremos, pues,
entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante
ejemplo de desobediencia”.
Reposar en la obra terminada no es inac vidad o pereza, sino es
un reposo dónde descansamos de nuestros propios esfuerzos. Nos
dejamos guiar por el Espíritu Santo y la gracia comienza a operar
en nuestra vida (Romanos 11:6; Isaías 40:31). Dejemos a Dios ser
Dios para que pueda hacer el milagro de sanidad en nuestra vida.
Nos enfocamos en la grandeza de Dios. Él es mucho más grande,
bueno y poderoso que cualquier enfermedad o diagnós co
médico. En Salmos 46:10 dice: “Estad quietos, y conoced que yo
soy Dios”. Descansamos en la fidelidad de Dios (no en nuestra fe),
Él cumplirá lo prome do (Hebreos 11:11).
Vernos en Cristo
y Cristo en nosotros
Jesucristo es la forma de vida más pura y sana, en Él las
enfermedades y dolores no enen lugar. Nosotros tenemos el
privilegio de par cipar de su vida pura y sana. Veámonos a
nosotros mismos, espíritu, alma y cuerpo, sumergidos y rodeados
de su vida. Somos reves dos de Él, escondidos en Él, estamos
unidos e iden ficados con Cristo. La vida de resurrección de Jesús
inunde cada parte de nuestro cuerpo. Somos par cipes de su
plenitud y también de su sanidad. Par cipamos de todo lo que Él
es (Efesios 1:3-14).
Guardar el
corazón
Debemos cuidar bien lo que dejamos entrar a nuestro corazón,
pues la Biblia nos dice en Proverbios 4:23: “Sobre toda cosa
guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”. Lo que
permi mos entrar en nuestro corazón, afectará nuestros
pensamientos, acciones e incluso nuestra salud. Por eso Jesús nos
ofrece su paz y descanso. Él dice: “No se turbe vuestro corazón, ni
tenga miedo”. Un corazón apacible y alegre promueve la salud
(Proverbios 14:30; 17:22). Todas nuestras preocupaciones y cargas
entregamos a Él, sabiendo que Él se encargará de ellos. Recibimos
de Él gratuitamente descanso y el milagro que necesitamos (1
Pedro 5:7).
Responde:
1. Explica lo que debemos hacer para recibir la sanidad. Cita
algunos versículos que fundamentan tu respuesta.
Capítulo 7
VII. LA CENA DEL SEÑOR Y LA SANIDAD
Sanar a los enfermos fue lo que Jesús hizo en gran parte de su
ministerio en la erra. Él hizo diferentes milagros y señales, pero lo
que más hizo fue sanar a los enfermos (Hechos 10:38).
Siempre será la voluntad de Dios para sus hijos que sean
completamente sanos y plenos. Pero ¿cuál es la razón porque
tantos de sus hijos están enfermos?
1 Corin os 11:29-30 nos da una respuesta: “Porque el que come y
bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio
(condenación) come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos
enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen”.
Podemos deducir de este versículo, de que, si alguien par cipa de
manera digna en la cena del Señor, teniendo la revelación correcta
del significado del cuerpo de Cristo, que es representado por el
pan, entonces es sano, fuerte y no morirá prematuramente. El
apóstol Pablo no da como causa de la enfermedad la mala dieta, el
pecado, la maldición generacional, sino comer y beber
indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor.
Algunas cosas debemos entender para poder apropiarnos de las
bendiciones, inclusive la sanidad y la salud, provistas por Cristo en
la cruz:
Comer el pan y
beber el vino de manera digna
La palabra indignamente describe la acción de comer y beber. El
apóstol Pablo no dice que no debemos par cipar de la Cena si
hemos pecado y somos indignos. Todos nosotros por nosotros
mismos no somos dignos, pero fuimos hechos dignos por la sangre
de Cristo derramada en la cruz. Solo la muerte de Jesucristo nos
califica para par cipar en la Cena de Señor y así poder apropiarnos
de todo lo que allí en la cruz proveyó para nosotros. Si no
reconocemos lo que Cristo con su muerte en la cruz ha provisto
para nosotros, par cipamos indignamente. Pero, par cipamos
dignamente cuando reconocemos y creemos que hemos sido
cons tuidos justos por la sangre derramada de Cristo en la cruz.
Al beber el vino reconocemos que nuestra redención y perdón de
pecados fue mediante su sangre derramada en la cruz (Colosenses
1:14; Efesios 1:7). Él pagó el cas go de nuestros pecados con su
sangre sin mancha. Hemos sido cons tuidos justos y ya no hay
ninguna condenación para los que están en Cristo (Romanos 8:1).
La manera en que comemos el pan y bebemos el vino determinará
si experimentamos los beneficios de la muerte de Jesucristo. Si
par cipamos con entendimiento y revelación experimentamos la
sanidad y salud. Dios ha hecho provisión especial para nuestra
salud y esto se encuentra en la muerte de su Hijo Jesucristo en la
cruz. Todo lo que el ser humano necesita para ser sano fue
provisto por Jesucristo en la cruz. La Cena del Señor es lo que Dios
estableció para que cada vez que comemos el pan y bebemos el
vino podamos apropiarnos de todo lo que Cristo ha provisto para
nosotros. De esta manera podemos vivir con salud y no morir
prematuramente.
.
Discernir el
cuerpo de Cristo
Dios quiere revelarnos el verdadero significado y el poder de la
Cena del Señor. “Discernir el cuerpo del Señor” hará que seamos
más fuertes y sanos. En 1 Corin os 11:29-30 dice: “Porque el que
come y bebe de manera indigna, y sin discernir el cuerpo del
Señor, come y bebe para su propio cas go. Por eso hay entre
ustedes muchos enfermos y debilitados, y muchos han muerto”. La
revelación faltante que el apóstol Pablo menciona en este
versículo es acerca del cuerpo del Señor.
Cristo fue sin pecado (lo que representa el pan sin levadura), pero
su cuerpo fue quebrado cuando Él cargó nuestros pecados y
enfermedades sobre su cuerpo. El cas go que nosotros
merecíamos cayó sobre Él. Cuando Jesús tomó el pan en la cena
con sus discípulos, lo par ó y dijo: “Esto es mi cuerpo, que por
ustedes es entregado; hagan esto en memoria de mí” (Lucas
22:19b). En Isaías 53:4-5 dice: “Ciertamente llevó él nuestras
enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por
azotado, por herido de Dios y aba do. Mas él herido fue por
nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el cas go de
nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”.
El cuerpo de Jesucristo fue quebrado, para que el nuestro pueda
ser restaurado y estar plenamente saludable. Jesús mismo tomó
nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias (Mateo 8:17).
Al recordar cómo Jesús vino voluntariamente por amor a salvarnos
y sufrir por nuestra sanidad, echará fuera toda duda con respecto
a nuestra sanidad. Cuando tenemos el pan en nuestra mano,
simplemente recordemos que el cuerpo de Jesús fue desecho en la
cruz para que el nuestro pueda ser sanado. Podemos decir:
“Gracias Señor Jesús por llevar mi enfermedad en tu cuerpo en la
cruz”. Cuando tomamos la copa, recordamos que Jesús derramó su
sangre para limpiar, perdonar y salvarnos. Podemos decir: “Gracias
Jesús por derramar tu sangre para quitar mis pecados y hacerme
justo. Como soy justo ahora, la sanidad me pertenece. Recibo tu
sanidad y tu vida de resurrección para mi cuerpo”.
Responde:
1. Según la Palabra de Dios ¿porque hay muchos enfermos en la
iglesia?
2. Explica lo que significa “comer el pan y beber el vino de
manera digna”.
3. Explica lo que significa discernir el cuerpo de Cristo.
Capítulo 8
VIII. NUESTRA MISIÓN: SANAR A LOS
ENFERMOS
Dios quiere ver sanos a los enfermos. Él se compadece de ellos y
desea liberarles de sus sufrimientos y dolores. Él desea que
nosotros también, llenos de amor y compasión, extendamos
nuestras manos hacia los enfermos para que su poder de sanidad
puede fluir hacia ellos.
Buscar su poder y
anhelar ver la sanidad de los enfermos
En Salmos 105:4 leemos: “Buscad a Jehová y su poder; buscad
siempre su rostro”. Según este versículo, además de buscar a
Jehová y su rostro, también debemos buscar su poder.
Debemos buscar el don de sanidad y el poder para sanar
enfermos. Está claro que Dios es más importante que su poder, Él
es el centro, Él es todo para nosotros. Pero como nos ama tanto,
quiere ver sanos a todos. Él quiere que caminemos en su poder. Él
es sobrenatural y quiere que reflejemos al Dios sobrenatural en
nuestra vida. Dios quiere hacer visible su poder a través de la
iglesia, que somos nosotros. La gente debe ver que Jesucristo vive
y los ama. Dios quiere que su poder se exprese a través de cada
uno de sus hijos. Nuestro deseo es: “Dios, queremos que tu poder
sea visible en nuestras vidas. Queremos que el mundo vea que tú
eres un Dios todopoderoso y extremadamente bueno”. Dios es
sobrenatural, hacer milagros y sanar a los enfermos es natural
para Él, es su naturaleza. Buscamos que Dios haga lo sobrenatural
a través de nosotros, no para que seamos vistos, sino para que Él
sea visto. Tenemos que llegar a un punto en el que el poder
sobrenatural de Dios se convierta en algo normal en nuestras
vidas.
El evangelio es
poder de Dios e incluye sanar a los
enfermos
Pablo escribe en 1 Corin os 2:4-5: “y ni mi palabra ni mi
predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría,
sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe
no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de
Dios”. En este versículo el apóstol Pablo dice que su predicación no
se basó en palabras persuasivas de sabiduría humana, sino en el
poder de Dios.
Demostrar al Dios
sobrenatural al sanar los enfermos
El Señor quiere mostrarse en nuestra vida como alguien para quien
nada es imposible. Nos llama a vivir y a salir en el amor y en el
poder. A través de nosotros, el mundo debe saber que existe un
Dios todopoderoso y amoroso. Siempre podemos contar con la
intervención sobrenatural de Dios.
Los discípulos desearon poder predicar sin temor y demostrar el
poder de Dios. Ellos oraron: “Ex ende también tu mano, y permite
que se hagan sanidades y señales y prodigios en el nombre de tu
santo Hijo Jesús” (Hechos 4:30) . Dios quiere demostrar su amor y
poder a favor de las personas necesitadas y nosotros podemos ser
canales de su poder. Cuando sanamos a los enfermos
demostramos al Dios sobrenatural.
El mo vo
correcto: la exaltación de Dios
Jesús hizo lo que vio hacer al Padre. Él vivió en perfecta unidad con
su Padre. Si queremos fluir en el poder sobrenatural, debemos
fluir en esa unidad con Él donde no queremos hacer nuestra
voluntad, sino la suya.
Tenemos que examinar y purificar nuestros mo vos. Nos
preguntamos: ¿Por qué quiero ver milagros y sanidades? ¿Busco
ser visto y admirado por los otros o solo me interesa que Dios sea
glorificado? Tenemos que morir a nuestra propia exaltación y sólo
querer que Él sea visto. El mo vo correcto al sanar a los enfermos
es exaltar a Dios.
Jesús envió al Espíritu Santo. El Espíritu Santo vive en nosotros y es
la clave para hacer obras mayores. Eso significa que debemos
aprender a vivir esta unidad con el Espíritu Santo como Jesús la
vivió con el Padre. Jesús dijo: "No soy yo quien hace estas obras,
sino el Padre que vive en mí”. Lo mismo ocurre con nosotros: no
somos nosotros los que hacemos las obras, sino el Espíritu Santo
que vive en nosotros. Morimos a nosotros mismos y vivimos en
perfecta unidad con el Espíritu Santo y dejamos que Él fluya a
través de nosotros. Nos entregamos completamente al Espíritu
Santo y permi mos que Él se exprese. Decimos: “No lo que yo
quiero, sino lo que Él quiere que ocurra”. Dios quiere usar a las
personas. Él u liza a los que se ponen a su disposición. Sin Jesús
no podemos hacer nada, pero podemos hacerlo todo a través de
Jesús, que nos ama (Juan 15:5; Filipenses 4:13).
Responde:
1. Demuestra con versículos bíblicos que nuestra misión es
sanar a los enfermos.
2. ¿Cuál debe ser nuestro mo vo para sanar a los enfermos?
Capítulo 9
X. MÉTODOS BÍBLICOS POR LOS CUALES
DIOS SANA
1.
Responde:
1. Cita algunos métodos usados por Jesús en la sanidad y dé un
ejemplo de cada uno.
Bibliogra a
Biblia Plenitud (Reina-Valera 1960). Editorial Caribe
C , D (2010). “La Dieta “Yo sí puedo” de Dr. Colbert” Florida, Estados
Unidos: Casa Creación
C , D (2007). “Los siete pilares de la salud” Florida, Estados Unidos:
Casa Creación
F ,R (2009). “Sanando a los enfermos en el nombre de Jesús” [en
red] Disponible en:
h p://[Link]/pdf/FITTS,%20ROBERT/SANANDO
%20a%20Los%20ENFERMOS%20%5BRobert%20Fi s%5D%20~BOOK.
pdf
H , C U (2015). “Jesus heilt gerne" (U lizado en el
idioma original) Stri ma , Alemania: KIE-Media
H ,C F , (1983). “Como sanar a los enfermos” [en red]
Disponible en: h ps://[Link]/wp-
content/uploads/[Link]
L ,C (2013). “Quien me desconectó el cerebro”. Miami, Estados
Unidos: Editorial Unilit
P , J (2012). “Promesas de sanidad”. Estados Unidos: Casa
Creación
Santa Biblia (Reina-Valera 1960). Sociedades Bíblicas Unidas
S , J., LL. D., S.T.D. (2003). “Nueva Concordancia Strong exhaus va”
Nashville: Grupo Nelson