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La Voluntad de Dios - TU SANIDAD - Erika Bojartschuk

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La voluntad de Dios:

T
Un estudio bíblico que te guía a la
experiencia de la sanidad divina
La voluntad de Dios: TU SANIDAD
Edición en español
© 2021 por Erika Bojartschuk
ins tuto.grace1@[Link]
erikabojartschuk@[Link]
Corrección de texto: Felicita Elizabeth Correa de
Oviedo, Stephan Bojartschuk
Diseño de portada: Dorina Bojartschuk

A menos que se indique lo contrario, los textos


bíblicos han sido tomados de las siguientes
versiones:
Reina Valera Contemporánea ® © Sociedades
Bíblicas Unidas, 2009, 2011.
Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América
La na; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas
Unidas. U lizado con permiso. Reina-Valera 1960 ™
es una marca registrada de la American Bible
Society, y puede ser usada solamente bajo licencia.

El texto bíblico indicado con «NTV» ha sido tomado


de la Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente, ©
Tyndale House Founda on, 2010. Usado con
permiso de Tyndale House Publishers, Inc., 351
Execu ve Dr., Carol Stream, IL 60188, Estados Unidos
de América. Todos los derechos reservados.

Reservados todos los derechos. No se permite la


reproducción total o parcial de esta obra, ni su
incorporación a un sistema informá co, ni su
transmisión en cualquier forma o por cualquier
medio (electrónico, mecánico, fotocopia, grabación,
digital u otros) sin autorización precia y por escrito
de la autora.
Índice

Introducción
I. La voluntad de Dios es sanar
II. El amor de Dios y la sanidad
III. Sanidad a través del sacrificio de Cristo en la cruz
IV. La compasión, bondad y benignidad de Dios en acción
V. Las enfermedades y sus causas
VI. ¿Qué debemos hacer para recibir la sanidad?
VII. La cena del Señor y la sanidad
VIII. Nuestra misión: sanar a los enfermos
IX. Métodos bíblicos por los cuales Dios sana
Bibliogra a
Introducción
La salud es una de las más grandes bendiciones que podemos
tener mientras estemos en la erra. Sin ella no podríamos
disfrutar de la familia, amigos, casa, dinero, ni de todas las demás
bendiciones de Dios.
La gente alrededor nuestro está sufriendo a causa de
enfermedades, para las cuales la ciencia médica constantemente
busca nuevas soluciones. Han logrado avances, sin embargo, las
enfermedades siguen apareciendo y aumentando. Podemos ver
cómo las industrias farmacéu cas están creciendo en muchos
lugares, donde la gente acude para encontrar algo que alivie sus
dolores. Como hijos de Dios, necesitamos saber lo que dice Dios
con respecto a esto, pues Él desea que salgamos de la ignorancia y
que conozcamos su deseo y su poder para sanar.
A través de la muerte y resurrección de Cristo, Dios proveyó una
salvación que incluye libertad y sanidad. Una extensa porción del
ministerio terrenal de Jesucristo estuvo relacionada con
proporcionar sanidad sica a los enfermos y afligidos. La historia
de la Iglesia primi va está llena de relatos de grandes sanidades y
milagros realizados en el nombre de Jesús.
En este material aprenderemos lo que la Palabra de Dios dice
sobre la salud y la sanidad de los enfermos; veremos el corazón del
Padre celes al que es hacernos bien y vernos sanos. Cuanto más
conocemos el carácter bondadoso, amoroso, misericordioso y
compasivo de Dios que lo mueve a sanar y la revelación de la obra
consumada de Cristo en la cruz, más fácil nos será creerle por la
sanidad y caminar en salud.
Aprenderemos por las Escrituras, que no se trata de qué debemos
hacer para ser sanos, sino de descansar en la gracia de nuestro
Señor quien ha hecho todo para que seamos sanos. Dejemos a
lado nuestras ideas, explicaciones y experiencias, para que el
Espíritu Santo nos pueda revelar los pensamientos y planes tan
perfectos y buenos para nosotros. Él desea revelarse a nosotros
como el buen Padre y Jahwe Rafa (sanador).
Mi oración es que la revelación de la bondad de nuestro Padre
celes al y la obra terminada de Jesucristo en la cruz nos lleven a la
salud y sanidad divina.
Capítulo 1
I. LA VOLUNTAD DE DIOS ES SANAR
La sanidad divina es una gran necesidad, pues la enfermedad es
una de las más grandes plagas que enfrenta la humanidad. Dios en
su gran amor ha provisto la solución para estos sufrimientos.
Las personas se preguntan: ¿Es la voluntad de Dios sanar? ¿La
enfermedad viene por voluntad de Dios? Si es la voluntad de Dios
que seamos sanos, ¿cómo se recibe la sanidad de Dios?
Hay personas que desesperadamente esperan ser sanadas por
Dios, pero aun no reciben la sanidad, muchas de ellas hasta se
sienten frustradas e inseguras, por no saber que más hacer para
ser sanadas.
Para saber si Dios quiere que seamos sanados es necesario que
miremos y oigamos más allá que las experiencias humanas,
nuestras propias experiencias pasadas, tradiciones o doctrinas de
hombres, y que creamos que Dios dice. La base de nuestra fe es lo
que nos dice la Palabra de Dios. Que el Espíritu Santo nos ayude
liberarnos de prejuicios equivocados, experiencias contrarias y de
toda enseñanza falsa acerca de la voluntad de Dios con respecto a
la sanidad y llenarnos con la verdad revelada en la Palabra de Dios.
La mayoría de la gente cree que Dios puede sanar. Pero muchos
dudan en ciertos casos si realmente es la voluntad de Dios sanar a
todos. Otros creen que su enfermedad viene de Dios para probar
su fe o para mantenerles humildes, sin embargo se van al médico
o toman pas llas; esto nos lleva a pensar en que, si en verdad
creyeran que la voluntad de Dios es que estén enfermos, entonces,
al ir al médico o tomar pas llas, ¿no estarían yendo en contra de la
voluntad de Dios? Si la enfermedad fuera la voluntad de Dios,
entonces buscar la sanidad seria pecado.
¿Qué es lo que crees en tu corazón acerca de la sanidad de la
enfermedad? Tu creencia concuerda con lo que la Biblia nos
enseña?

Despojémonos de:
- Experiencias pasadas contrarias a la verdad de la Palabra de
Dios
- Tradiciones o doctrinas de hombres
- Enseñanzas falsas acerca de la voluntad de Dios con respecto
a la sanidad
Permitamos que el Espíritu Santo plante la verdad acerca de la
sanidad en nuestros corazones, pues lo que nuestro corazon cree,
eso experimentamos.

En Juan 8:32 dice: “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará


libres”. Inmediatamente nos viene la pregunta: Pero ¿cuál es la
verdad que nos librará de la enfermedad? En este libro
conoceremos algunas de estas verdades liberadoras.
La verdad que creemos produce en nosotros un cambio de
mentalidad (arrepen miento) y, por tanto, una transformación.

En Mateo 8:2-3 leemos: “Y he aquí vino un leproso y se postró ante


él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la
mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra
desapareció”. Al parecer, este hombre no dudaba del poder de
Jesús para sanarlo, pero no estaba seguro si Jesús estaba dispuesto
a hacerlo. La respuesta de Jesús nos muestra la voluntad de Dios.
Él dijo: “Quiero sanarte”.
¿Conoces alguna situación en la que Jesús no estaba dispuesto a
sanar? No encontramos en la Biblia ninguna situación en la que
Jesús no estuviera dispuesto a sanar al enfermo. Él quiere que
seamos sanados. Él nos dice: Puedo sanarte y también lo quiero.
.

¿Cómo sabemos
que la voluntad de Dios es sanar a los
enfermos?
La Biblia nos muestra claramente que la enfermedad no es la
voluntad de Dios, sino la de sanar a los enfermos y mientras que
no estemos convencidos de que esto sea así, no podremos
reclamarlo. Nadie puede reclamar aquello que no sabe que le
pertenece por derecho. Dios nos ha entregado el derecho de
recibir la sanidad que Él ene y quiere darnos. Muchas veces no
recibimos o no retenemos la sanidad debido a nuestra
incer dumbre sobre la voluntad divina.
Dios nos revela en la Biblia que su voluntad es la sanidad.
Estudiaremos ahora lo que la Biblia nos enseña al respecto.
1.

La sanidad de los
enfermos está en la naturaleza de Dios
La Biblia nos dice claramente que Dios es un Dios de amor y es un
Padre bueno. Él anhela hacerle bien a sus hijos. De hecho, Él desea
que sobreabunden las bendiciones cada día en la vida de sus hijos.
Nunca pensemos que un Dios bueno nos dará enfermedades,
aflicciones sicas y malestares. Las enfermedades son malas y
parte de la maldición. Nuestro Dios bueno nos ama tanto que nos
dio a su Hijo Jesús para que tengamos vida y vida en abundancia
(Juan 10:10b).

La vida que Jesucristo nos trajo es una vida llena de vitalidad y


sanidad. Dios no nos quita o nos diminuye la vida, Él nos da,
mul plica y restaura la vida y salud.
San ago 1:17 dice: “Toda buena dádiva y todo don perfecto
desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay
mudanza, ni sombra de variación.”
La enfermedad no es una buena dádiva, la sanidad si es una buena
dádiva, por esto sabemos que
Dios nos quiere darnos la salud.
Dar cosas buenas es la naturaleza de Dios, Él es nuestro Padre
amoroso y está lleno de compasión. A través de su Palabra Él nos
invita a comparar el amor que nosotros tenemos por nuestros
hijos con el amor y la compasión que Él ene para con nosotros
que somos sus hijos.
En Lucas 11: 11-13 leemos: “¿Qué padre de vosotros, si su hijo le
pide pan, le dará una piedra? ¿O si pescado, en lugar de pescado,
le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un
escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas
dadivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celes al dará
el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” Podemos saber que
nuestro Padre celes al es bueno, y si le pedimos por sanidad, Él
nos dará la sanidad. La sanidad de los enfermos está en la
naturaleza de Dios.

2.

La sanidad de los
enfermos nos es revelado en el nombre de Dios
Para los hebreos en el empo del An guo Testamento, un nombre
era más que una designación. Llevaba en si un significado más
profundo. El nombre hablaba de la naturaleza de la persona, lugar
o cosa. Cuando Dios nos comunica su nombre, lo hace con una
finalidad, nos da una promesa, nos está diciendo quien Él es para
nosotros, y lo que Él hará.
En Éxodo 15:26c dice: “yo soy Jehová su sanador.” El vocablo
hebreo de sanador es “rafá” y significa sanador, médico o doctor.
Dios mismo se presenta cómo Yahweh Rafá. Sabemos que Dios no
cambia, y que Él sigue siendo nuestro Yahweh Rafá, que significa:
Dios sanador.
“Yo soy” está en presente con nuo, por lo tanto, lo que Dios nos
dice es: Yo soy tu Señor que te está sanando todo el empo. Yo
era, soy y seré siempre el sanador. Yo con nuo sanandote.

3.
La sanidad de los
enfermos fue demostrada por Jesucristo
Si queremos saber cómo es el Padre celes al, podemos mirar a
Jesús. Si queremos saber que piensa sobre la sanidad de enfermos,
veamos a Jesús; él siempre sanaba a los enfermos que acudían a Él
(Juan 14:9-11).
Es maravilloso ver que el Evangelio, las “buenas no cias”, no
solamente lidia con nuestro pecado, sino que también nos provee
una solución para la enfermedad sica.
En Hechos 10:38 dice: “cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con
poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y
sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba
con él.”
Este versículo nos cuenta que Dios ungió a Jesús de Nazaret con el
Espí tu Santo y con poder, y cuenta como Él hizo bien y sanó a
todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él.
¿Jesús en algún momento dijo: “Esta enfermedad es la voluntad de
mi Padre para ”?
¿O dijo alguna vez: “no puedo sanar tu enfermedad porque es
muy grave”?
En la Biblia no hay ningún registro que Jesús haya rechazado
alguna persona que le pidiera sanidad, ni los some ó a una
"prueba de pecado" primero. Nunca dijo que una enfermedad
fuera la voluntad del Padre celes al. Él nunca hizo algo que
enfermara a alguien. Él nunca dijo: “Recibe este dolor para que
aprendas a ser humilde”. Él no dijo: “Has pecado, por eso es
correcto que tengas esta enfermedad”. Él no dijo: “Primero debes
confesar tus pecados o romper las maldiciones generacionales
para que te pueda sanar”. Él no dijo: “Cuando cambias tu vida te
puedo sanar. Tampoco dijo: “No enes suficiente fe, por lo tanto,
no puedo sanarte”.

Todos los que vinieron junto a Él fueron sanados. Cuando vemos a


Jesús sanando con el poder del Espíritu Santo, vemos al Padre.
Jesús hizo lo que el Padre le dijo para hacer. Él cumplió
perfectamente la voluntad del Padre celes al (Juan 6:38).
Jesús vino a hacer la voluntad del Padre. Él mismo dijo, “Yo hago
todo lo que le agrada a Él” (Juan 8:29). Si Jesús vino a hacer la
voluntad de Dios, su Padre, y Él siempre sanó a todos los que
venían a Él para ser sanados.

Lea los siguientes versículos y encuentra lo que podemos


aprender:
Marcos:1:40-41
Mateo 8:16-17
Lucas 6:19

4.

La sanidad de los
enfermos fue un mandato de Jesús
En Mateo 10:1 leemos: “Entonces llamando a sus doce discípulos,
les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los
echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.”
Jesús dio autoridad a sus discípulos para sanar toda enfermedad y
dolencia.
En Mateo 10:8 Jesús le dice a sus discípulos y a la iglesia: “Sanad
enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera
demonios…”
En Marcos 16:18 dice: “Y estas señales seguirán a los que creen: En
mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas;
tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mor fera, no
les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.”
Sanar a los enfermos es uno de los señales que seguirán a los que
creen.
Jesús no hubiera mandado sanar a los enfermos si no fuese la
voluntad de Dios.

5.

La sanidad de los
enfermos fue demostrada por los apóstoles
En Hechos 8:6-8 leemos: “Y la gente, unánime, escuchaba
atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las
señales que hacía. Porque de muchos que tenían espíritus
inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralí cos
y cojos eran sanados; así que había gran gozo en aquella ciudad.”
Este versículo nos muestra que los apóstoles hicieron lo mismo
que Jesús.

6.

La sanidad de los
enfermos fue enseñada por San ago
San ago 5:14-15 nos enseña: “¿Está alguno enfermo entre
vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él,
ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe
salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere come do
pecados, le serán perdonados.”

7.

La sanidad de los
enfermos se revela en la obra de Cristo en la cruz
Ya en el An guo Testamento estaba profe zada la venida de Jesús
y su obra en la cruz para sanidad de los enfermos. Isaias 53:3-5
dice: “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de
dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de
él el rostro, fue menospreciado, y no lo es mamos. Ciertamente
llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y
nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y aba do. Mas
él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados;
el cas go de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos
nosotros curados.” Este versículo nos dice con respecto a nuestros
dolores: Cristo sufrió nuestros dolores; y con respecto a las
enfermedades dice: Él llevó nuestras enfermedades.
Jesús pagó el precio completo de nuestras enfermedades cuando
fue cas gado por nuestro pecado. Nuestra salud es tan importante
para Dios que Jesús mismo pagó, con la entrega de su propio
cuerpo, por nuestra sanidad. Su cuerpo fue tan quebrantado para
que el nuestro pudiera ser sanado. Por su llaga hemos sido
sanados.
En Isaías y 1 Pedro dice: “somos nosotros sanados” y “fuisteis
sanados”. Ya sucedió. ¡Ya está hecho! Fuimos sanados, por lo
tanto, estamos sanos. La obra de Jesús en la cruz también proveyó
para nuestra salud sica.
La muerte de Jesucristo en la cruz es la razón por la que hoy
podemos disfrutar de salud, paz y vida abundante.

8.

La sanidad de los
enfermos se afirma en la Palabra de Dios
En Proverbios 4:20-22 dice: “Hijo mío, está atento a mis palabras;
Inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; Guárdalas
en medio de tu corazón; Porque son vida a los que las hallan, Y
medicina a todo su cuerpo.”
En Salmos 107:19-20 dice: “Pero clamaron a Jehová en su
angus a, Y los libró de sus aflicciones. Envió su palabra, y los sanó,
Y los libró de su ruina.”
La Palabra de Dios es medicina también para nuestro cuerpo. La
Biblia está llena de versículos que nos muestran que la voluntad de
Dios es sanarnos. La salud es de Dios y la enfermedad de Satanás.
B. ¿Es la voluntad de Dios sanar a
todos los enfermos?
Hay personas que creen que la voluntad de Dios es sanar a los
enfermos, sin embargo tambien creen que no está en Su voluntad
sanar a todos los enfermos. Veremos lo que dice la Palabra de
Dios.
Lee los siguientes versículos y escribe la parte del versíulo que dice
si es o no es la voluntad de Dios sanar a todos:
Salmos 103:3
Mateo 8:16
Lucas 6:19
Mateo 4:23
Isaias 53:4-5
1 Pedro 2:24
3 Juan 1:2
En conclusión, podemos decir que la voluntad de Dios es sanar a
los enfermos.

Un hombre no puede sanar por sí solo, pero lo que para el hombre


es imposible, para Dios no lo es, porque Dios no es hombre.
Nuestro Padre celes al es un Dios sobrenatural y nada es di cil
para Él. Dios no cambia y sus palabras permanecen para siempre,
Él siempre cumplirá su parte. Debemos alinearnos a la perfecta
voluntad de Dios y comenzar a hablar lo mismo que Dios habla. Si
Él declara sanidad, nosotros también declaramos lo mismo y la
sanidad comienza a suceder en nuestras vidas. De esta manera
veremos la manifestación de lo que Cristo ha provisto en la cruz
para nosotros en nuestra vida. Dios no es hombre, Él no miente.
No debemos declarar lo que vemos con nuestros ojos naturales,
sino lo que Dios dice en su Palabra.
Así como la salvación es un regalo para todos, pero no todos creen
y la reciben, así tambien la sanidad es para todos. A la persona a
quien le fue revelado que Dios quiere y puede sanar a todos,
incluyendolo a él/ella, también estará muy convencido/a como
para poder recibir la sanidad.
Cuando esperamos que Dios nos sane, Él se goza, porque le
dejamos ser Dios. Sanar y darnos lo que necesitamos alegra su
corazón, pues esto es su naturaleza. Por eso, cuando estamos
expectantes y sabiendo que Él quiere sanarnos, nos acercamos a
Él.

Responde:
¿Cómo sabemos que la sanidad de los enfermos es la voluntad de
Dios?
¿Qué es lo que mas te convence que Dios quiere verte sano?
¿Cuáles son ejemplos y verdades bíblicas que nos ayudan creer en
nuestra sanidad y vida en abundancia hasta el úl mo día aquí en la
erra?

Ejercicio:
U liza el siguiente documento para meditar en la Palabra de Dios y
convencer tu corazón de la verdad sobre la sanidad.
Para imprimir o reenviarlo a personas enfermas u liza el siguiente
enlace: h ps://[Link]/3Jx6voP
o acceda a la plan lla a través del QR.
Capítulo 2
II. EL AMOR DE DIOS Y LA SANIDAD
Alguna vez te has preguntado: "¿Me sanará Dios si me voy junto a
Él?" Su amor dice: “Estoy dispuesto y soy capaz”.
¿Alguna vez alguien a quien amas se enfermó y al verlo sufrir, no
podías soportar verle con ese dolor, por el simple hecho de amar a
esa persona? De la misma manera, Dios no quiere vernos con
dolor porque nos ama.

. Por amor entregó a su Hijo para


nuestra sanidad

Este
gran amor de Dios por nosotros le mo vó a enviar su único Hijo
para que muera en la cruz por nosotros (Juan 3:16-17). Ese grande
amor y esa profunda compasión por cada uno de nosotros
finalmente llevaron a nuestro Señor Jesucristo a soportar los
azotes más inhumanos, a soportar nuestras enfermedades y a
llevar nuestros dolores a la cruz para que podamos ser sanados
(ver Isaías 53:4-5). Así de preciosos somos nosotros para Él. Si Dios
voluntariamente, simplemente porque nos ama, entregó a Jesús
por nosotros, ¿nos retendría la sanidad? Él ya ha dado lo mejor,
¿cómo no nos dará también todas las cosas, incluyendo la
sanidad? En Romanos 8:32 dice: “El que no esca mó ni a su propio
Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará
también con él todas las cosas?”

. Él es un buen Padre que desea ver


sanos a sus hijos
Es probable que aquí en la erra haya un padre que quiera ver a su
hijo enfermo y derrotado, pero nuestro Padre celes al no es ese
po de padre. Él es el po de padre que disfruta proveernos para
sa sfacer nuestras necesidades. Él ene pensamientos de bien
acerca de nosotros (Jeremías 29:11). Él quiere ver que sus hijos
estén sanos. Él no les va a retener la sanidad.

En Mateo 7:11 dice: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar


buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que
está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” El Padre
celes al nos dice: “No temas a la enfermedad”. No hay
enfermedad que Jesucristo no haya derrotado por nosotros. No
nos tocará (Salmos 91:5-7).

. Por amor nos sacia con abundante y


larga vida
El plan de Dios no es que alguien muera prematuramente por una
enfermedad. En Salmos 91:16 dice: ”Lo saciaré de larga vida, y le
mostraré mi salvación”. Dios no solamente quiere que tengamos
una larga vida, sino que tengamos una vida sa sfactoria. Él desea
que caminemos en todas las bendiciones de salud y provisión que
Él nos ha dado a través de Jesucristo. Él envió a su Hijo para que
nos de vida y vida en abundancia (Juan 10:10). Vida abundante es
una vida que desborda. Él que ama da y por esto Dios da. El da lo
que es bueno excesivamente, mucho más de lo que nos podemos
imaginar (1 Corin os 2:9). A diferencia de un ladrón, el Señor Jesús
no viene por razones egoístas y para quitarnos algo. Él vino para
que las personas puedan tener vida en Él que sea significa va,
rebosante y eterna. Esta palabra "abundante" en griego es
“perisson”, que significa "una can dad tan abundante como para
ser considerablemente más de lo que uno esperaría o an ciparía".
Él que ama da. Dios nos ama y por esto nos da vida y vida en
abundancia.

. Como un buen pastor nos cuida y


provee todo para nuestra sanidad
Él nos cuida y provee todo para nuestra sanidad como un buen
pastor. En Salmos 23 Dios está descrito como nuestro buen pastor.
Él nos cuida para que no tengamos necesidades. Él nos da todo lo
que necesitamos, renueva nuestras fuerzas y nos guía a lo que está
para nuestro bien. Siendo que Él está tan interesado en nuestro
bienestar, ¡cómo no nos dará también la salud! Jesús como el
representante de Dios, nos dice lo siguiente: “Yo soy el buen
pastor, el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11).
Tanto nos ama que está dispuesto, y de hecho lo hizo, dar su vida
por nosotros. Si Él dio su vida para nuestro bien, ¡cómo no incluirá
la sanidad! Si Él es nuestro buen pastor que tanto nos ama,
podemos estar seguros de que nos dará todo lo que necesitamos,
incluyendo la salud. No necesitamos temer nada, Él nos cuida. Él
no es un pastor que rompe una pierna a su oveja para que
aprenda, sino que la cuida y le provee todo lo que necesita para
sanarse y renovar sus fuerzas. El bien y la misericordia nos
seguirán todos los días (Salmos 23:6). Considerando el Salmos 23
podemos saber que Dios, como nuestro buen Pastor, provee todo
para nuestra sanidad y salud, porque el es nuestro buen pastor
quién está interesado en nuestro bienestar.

. Su es ma e interés por nosotros es


personal y minucioso
Sin importar que sea algo pequeño o grande, Dios quiere
solucionarlo y darnos salud. En Mateo 10:30-31 dice: “Pues aún
vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis; más
valéis vosotros que muchos pajarillos”. Si Él lleva en cuenta hasta
la can dad de cabellos que tenemos en la cabeza, entonces no hay
malestar o dolencia en nuestro cuerpo de la que no esté enterado
y desee sanarlo. Su erno cuidado, nos llena de absoluta
confianza y nos infunde mucha paz. Qué bueno es recordar que
frente a cualquier pánico que se haga presente, cuyo fin es
robarnos la paz, Jesús nos dice: “Pues aún vuestros cabellos están
todos contados. Ustedes son tan preciosos que la más pequeña
porción de ustedes es preciosa y bajo mi cuidado. Yo cuido de
desde la cabeza hasta los pies”.
Él ene pensamientos de paz y no de mal, para darnos el fin que
esperamos (Jeremías 29:11). Su amor y cuidado por nosotros es
tan personal e integral. Él ene cuidado de nosotros (1 Pedro 5:7)
y está con nosotros, no necesitamos temer, porque en sus ojos
somos de gran es ma (Isaías 43:4-5).

. Nada nos puede separar de su amor


que opera a favor nuestro
Su amor permanente nos hace vivir seguros. Nos sen mos
seguros, porque ninguna cosa creada nos podrá separar de su
amor. En Romanos 8:37-39 leemos: “Sin embargo, en todo esto
somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por
lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles,
ni los principados, ni las potestades, ni lo presente, ni lo por venir,
ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá
separar del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús nuestro
Señor”.
El amor de Dios es un amor extravagante e imparable. Nada puede
detener este corriente de amor de nuestro Padre celes al que
opera a favor nuestro. Si Él está por nosotros, ¿qué puede venir o
mantenerse en contra nosotros? Este amor incondicional hace que
Él abra puertas que nadie puede cerrar y que abra camino dónde
parece que no los hay (Isaías 43:16 y 19). El amor que Dios ene
por nosotros opera a favor nuestro.
Si nosotros entendemos cuánto Dios, nuestro Padre, nos ama, nos
podemos acercarnos a Él, sabiendo que se goza dándonos salud y
todo lo que necesitamos.

Responde:
1. El amor de Dios es un amor en acción, un amor que opera a
favor nuestro. ¿Qué significa esto con respecto a la sanidad
para nosotros?
2. ¿Cómo sabemos que su amor opera a favor nuestro?
Capítulo 3
III. SANIDAD A TRAVÉS DEL SACRIFICIO DE
CRISTO EN LA CRUZ
Jesús descendió del cielo para rescatarnos y redimirnos de una
vida de muerte, enfermedad y pobreza a una vida de libertad,
salud y bendiciones. Su cuerpo fue tan quebrantado para que el
nuestro pudiera ser sanado. Por su llaga hemos sido sanados.
Jesús no tuvo que hacerlo, Él voluntariamente escogió hacerlo,
porque nos ama. No hay enfermedad que Jesús no haya derrotado
por nosotros.

La sanidad es de
gran importancia para Jesús
Jesús siempre sanaba a los que acudían a Él, ni uno solo se fue sin
recibir sanidad, nunca les rechazaba y no hizo nada que les
enfermara. Él anduvo haciendo bien y sanando a todos los
oprimidos por el diablo (Hechos 10:38). Jesús hizo de la sanidad
divina una prioridad durante su ministerio terrenal y demostró así
que su Reino es superior a cualquier otro reino.
Jesús quien es el mismo ayer, hoy y para siempre (Hebreos 13:8).
Su corazón late con compasión por nosotros y quiere hacernos
bien y sanarnos.
.

Él no hace
acepción de personas
Nada y nadie es insignificante para Jesús. Cualquier persona con
cualquier necesidad puede recibir la sanidad; de hecho, es la
necesidad la que califica a la persona para recibir un milagro. En
Marcos 10:49-52 leemos acerca de Bar meo un mendigo ciego,
quien seguramente a menudo era ignorado, pero no por Jesús,
quien le escuchó y le tuvo compasión cuando Bar meo le llamó.
Jesús respondió a su necesidad y le sanó. Así también nosotros,
sabiendo que Él nos quiere y puede sanar, nuestra necesidad nos
califica para recibir el milagro. Todo lo que necesitamos hacer es
venir a Él con nuestra necesidad, así como lo hicieron la gente
descrita en Mateo 15:30: “Y se le acercó mucha gente que traía
consigo a cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos;
y los pusieron a los pies de Jesús, y los sanó” . Dios desea que
todos reciban la salvación y la sanidad, el no hace acepción de
personas.

Tanto el perdón
como la sanidad son nuestros
El perdón de pecados y también la sanidad están vinculados al
sacrificio redentor de Jesucristo. Jesús cargó no solamente
nuestros pecados en la cruz, sino también nuestras enfermedades.
Ambos, nuestro perdón y nuestra sanidad son parte de la obra
consumada de Jesucristo en la cruz. En Hebreos 8:12 y 10:17 dice
que nunca más se acordará de nuestros pecados. En Isaías 53:5
dice: “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por
nuestros pecados; el cas go de nuestra paz fue sobre él, y por su
llaga fuimos nosotros curados” . Él ya hizo todo para que nosotros
podamos vivir sanos. La sanidad no es una bendición adicional,
porque la salvación que nos fue dada por Jesús en la cruz ya
incluye la sanidad. A causa de la muerte de Jesucristo en la cruz
tenemos el derecho de una restauración total e integral.

La gracia de Dios
incluye nuestra sanidad
La gracia de Dios no conoce límites. Hemos sido perdonados
conforme a las riquezas de su gracia (Efesios 1:7). Todos nuestros
pecados, pasados, presentes y futuros han sido perdonados. Jesús
lo hizo una vez para siempre (Hebreos 7:27; Romanos 6:10).
Fuimos hecho justos y ningún pecado puede detener a Dios de
sanarnos. Cristo cargó también sobre sí mismo el cas go por
nuestros pecados. Confiadamente podemos acercarnos a Él y
recibir misericordia y gracia (Hebreos 4:16; 1 Pedro 3:12). Por
gracia por medio de la fe fuimos hechos justos y sanos.
. El intercambio en la cruz
En la cruz se llevó a cabo un intercambio divino; allí cayó todo
nuestro mal, debido a nuestros pecados, sobre Jesús y ahora
tenemos todo Su bien disponible para nosotros. Cristo llevó
nuestro pecado y nos dio su jus cia. Jesús, al que no conoció
pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos
hechos jus cia de Dios en Él (2 Corin os 5:21, Romanos 5:19). Hoy
somos justos, no por nuestras buenas obras, sino por su obra
consumada en la cruz (Tito 3:5). Somos la jus cia de Dios en
Cristo. Nuestra jus cia no está basada en lo que hayamos hecho,
sino en lo que Él hizo. Al justo le pertenece la sanidad; no
podemos ganárnosla, sino que gracias a la obra de Jesucristo
calificamos para adquirir la sanidad y restauración.
Al Señor Jesús se le hirió sicamente para que nosotros podamos
recibir sanidad sica. En Isaías 53:4-5 dice: “Ciertamente llevó él
nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores”. Y en el
siguiente versículo dice: “Y por sus llagas fuimos nosotros
curados.” Jesús fue herido para que nosotros fuésemos sanados.

Que las palabras: enfermedades y dolores, se refieren


verdaderamente a lo sico, nos muestra Mateo 8:16-17: “ Y
cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con
la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos;
para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El
mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias”.
Mateo cita bajo la inspiración del Espíritu Santo el pasaje de Isaías
53:4-5, cuando Jesús sanaba a los enfermos. No cabe duda de que
Isaías se refiere a la sanidad sica y que hoy podemos recibirla. Él
llevó nuestras enfermedades y nuestros dolores sicos. Por sus
llagas recibimos salud sica.
La sanidad, que podríamos estar necesitando en este momento, ya
está disponible y no es algo para el futuro. El enemigo intenta
decirnos que todo depende de nosotros, que no somos lo
suficientemente buenos para ser sanados. Sin embargo, la sanidad
no ene nada que ver con nosotros, sino sólo con lo que Cristo
hizo en la cruz. Podemos decir: Soy digno de ser sanado. Nuestra
sanidad es por gracia por medio de la fe, no hay condenación para
los que están en Cristo, nuestra deuda está pagada, nuestra
jus cia es sólo Cristo y nada más. No importa lo que haya hecho,
tanto mi jus cia en Cristo como también la sanidad son un hecho,
porque no dependen de mí.

Dios no responde a la oración porque yo haya hecho algo. Por fe


podemos apropiarnos de la sanidad que Cristo proveyó en la cruz
por nosotros. Recordemos, no se trata de lo que yo debo hacer
para ser sanado, sino lo que Él ha hecho por nosotros.
Descansamos en lo que Jesucristo ha hecho por nosotros para que
nosotros podemos ser sanos.

Yo en Cristo y
Cristo en mi
Jesucristo es la forma de vida más pura y sana, en Él las
enfermedades y dolores no enen lugar. Nosotros tenemos el
privilegio de par cipar de su vida pura y sana. Veámonos a
nosotros mismos, espíritu, alma y cuerpo, sumergidos y rodeados
de su vida. Somos reves dos de Él, escondidos en Él, estamos
unidos e iden ficados con Cristo. La vida de resurrección de
Jesucristo inunde cada parte de nuestro cuerpo. Somos par cipes
de su plenitud y también de su sanidad. Par cipamos de todo lo
que Él es.

Cuanto más nos enfocamos en lo que Cristo ha hecho por nosotros


en la cruz, más experimentaremos su sanidad divina y restauración
en cada parte de nuestra vida.
Responde:
1. ¿Por qué podemos decir que la sanidad es muy importante
para Dios?
2. ¿Cómo puedo saber si Dios me quiere sanar? Fundamenta tu
respuesta con versículos bíblicos.
3. ¿Qué relación ene la sanidad con la obra de Cristo en la
cruz?
4. ¿Qué debemos hacer para ser sanos? Fundamenta tu
respuesta con un versículo bíblico.
Capítulo 4
V. LA COMPASIÓN, BONDAD Y BENIGNIDAD
DE DIOS EN ACCIÓN
Puede ser que se te hayan dicho: “Debes tener más fe para ser
sanado”. “La mano de Dios solo se mueve por tu fe”. “Debes
arrepen rte para que Dios te sane”. “Debes buscar más a Dios y
orar para que Dios te sane”.
¿Pero es algo de esto requisito para que Dios nos sane? ¿O es
posible que también podamos recibir la sanidad simplemente
porque Él nos ama y se compadece de nosotros?

La compasión
No hay dificultad o enfermedad que enfrentemos con el cuál
Jesucristo no pueda iden ficarse y ofrecernos una solución
(Hebreos 4:15). En Lucas 7:12-15 leemos: “Cuando llegó cerca de
la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un
difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella
mucha gente de la ciudad. Y cuando el Señor la vio, se compadeció
de ella, y le dijo: No llores. Y acercándose, tocó el féretro; y los que
lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a te digo, levántate.
Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y
lo dio a su madre”. Debió ser terrible para la viuda experimentar la
muerte de su hijo después de haber experimentado la muerte de
su marido. Jesús la vio y se compadeció de ella. Al joven muerto
dijo: “Joven, a te digo, levántate”.
Muchas veces Jesús sanaba a un enfermo cuando veía la fe de la
persona, pero esta vez Jesús fue movido por la compasión.

Lea los siguientes versículos y observa la compasión de Jesús en


diferentes ocasiones:
Mateo 14:14
Mateo 15:32
Mateo 20:34
Marcos 6:34

Una persona religiosa posiblemente le diría: “Algo debe estar mal


en tu vida, algún pecado o una maldición generacional debe ser la
causa. Debes encontrar lo que está mal y arrepen rte. Pero Jesús
no le dijo nada de esto; Jesús no le condenó, no le despreció, sino
que se compadeció de ella y resucitó a su hijo. Su compasión lo
movió a la acción, pues Él no solo dijo: pobrecita, siento mucho lo
que te ha sucedido. La compasión mueve a Jesucristo a hacer el
milagro o la sanidad en nuestra vida. En Jesús vemos a Dios el
Padre. Si Jesús se compadeció, sabemos que el Padre también se
compadece de nosotros.

La bondad
La bondad es otro atributo infinito e inmutable de Dios. Nuestro
Dios es bueno, bueno y solamente bueno (1 Juan 1:5; 1 Crónicas
16:34; Salmos 106:1; Salmos 34:8; Mateo 7:11). Su voluntad
siempre es buena (Romanos 12:2). De Él solamente viene lo bueno
y todo lo que Él hace es bueno. ¿Es la enfermedad algo bueno?
No, nadie quiere estar enfermo. Sabiendo que Dios es bueno, Él
nunca envía la enfermedad, ni para disciplinarnos o enseñarnos
algo. Toda buena dádiva viene del Señor (San ago 1:17) y la
enfermedad no es una buena dádiva.
Bondad es la palabra griega “agathhosune” que se refiere a ser
bueno y hacer el bien a los demás. Se u liza para indicar la
rec tud de corazón y una ac tud y acción de beneficencia (Strong
#19). La bondad es una ac tud y acción de ayuda hacia otras
personas, con rec tud de corazón, sin interés personal.
La Biblia nos dice que Dios es bueno para con todos (Salmos 145:9;
Mateo 5:45), y que para Él no hay acepción de personas (Romanos
2:11). La bondad es parte de su naturaleza.
Si el carácter de Dios es bondad, sabemos que Él nos hace bien y
se deleita en hacernos bien. En Jeremías 32:40-41 dice: “Haré con
ellos un pacto eterno, y nunca dejaré de hacerles bien. Pondré mi
temor en su corazón, para que no se aparten de mí, y en verdad
me regocijaré de hacerles bien. Con todo mi corazón y con toda mi
alma los plantaré en esta erra”. Tanto es su deseo de poder
hacernos bien que envió su Hijo Jesucristo para que Él cargue
sobre sí mismo todo lo que nos impedía poder experimentar su
bondad. Con Cristo, nuestro representante o mediador, Él hizo el
Nuevo Pacto y nosotros en Cristo somos par cipes del Nuevo
Pacto, que nos habilita experimentar siempre las riquezas de su
bondad.
En el An guo Pacto, que una persona experimente la bondad de
Dios dependía de sus acciones, es decir, debían ganarse las
bendiciones de Dios.
Hoy estamos en el Nuevo Pacto y Dios nos ve en Cristo. Somos
aceptos, santos y justos por gracia por medio de la fe y podemos
deleitarnos en la bondad de Dios. No necesitamos ganarnos su
bondad, simplemente apropiarnos de todo lo bueno de Él. Ni
necesitamos pedir o procurar a convencer a Dios de ser bueno y
darnos cosas buenas como por ejemplo la salud, ¡No!, Él es bueno,
este es su carácter, no necesitamos convencerle con nuestras
oraciones de que sea bueno y bondadoso con nosotros. Él es
bueno y se goza en hacernos bien y regalarnos la salud. Nuestra
oración y nuestro ayuno no cambian a Dios, porque Él ya es bueno.
Tampoco necesitamos convencer a Dios de proveer para el pobre,
porque en Salmos 68:10b dice: “Por tu bondad, oh Dios, has
provisto al pobre”. Su naturaleza es la bondad, por esto Él es
bueno y nos hace bien. En Hechos 10:38 leemos: “Ese mensaje
dice que Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con
poder, y que él anduvo haciendo el bien y sanando a todos los que
estaban oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él”.
En el estudio de la Palabra de Dios y la oración, alineando nuestro
corazón a su corazón, la verdad nos es revelada y con fe nos
apropiamos de la salud que Él ya ha provisto para nosotros con su
muerte en la cruz (Tito 3:4-5; Efesios 2:7).

Sus hijos (que somos nosotros) se regocijan y se deleitan en la


bondad de Dios. Con certeza sus hijos no desmayan porque ven la
bondad de Dios (Salmos 27:13). Ciertamente el bien y la
misericordia nos seguirán todos los días de nuestra vida (Salmos
23:6).

Benignidad
Dios es benigno. La palabra “benignidad” se traduce de la palabra
griega “chrestotes” que significa: excelencia moral en el sen do de
conducta, gen l en el trato con otros, amabilidad, gen leza
(#Strong 5544). Benignidad describe la habilidad de actuar con
amabilidad y en misericordia para el bienestar de los otros. Dios al
ser benigno actúa con amabilidad y en misericordia para nuestro
bienestar, incluyendo la sanidad.
En Romanos 2:4b dice: “...su benignidad te guía al
arrepen miento”. No es su dureza o cas go que llevan al
arrepen miento, sino su benignidad.
A pesar de que le fallemos, le ofendemos y no merecemos nada,
Dios nos bendice y nos trata con amabilidad para nuestro
bienestar, lo que incluye también la salud. Aún es benigno hacia
los ingratos y malos según lo escrito en Lucas 6:35.
Él no espera nuestra perfección, para poder sanarnos, tampoco
espera de nosotros una acción o esfuerzo humano para así
ganarnos la sanidad, no, la sanidad es un regalo, la podemos
recibir por gracia, creyendo que Él desea vernos sanos y que ya
proveyó en Cristo por nuestra sanidad.

Realiza las siguientes ac vidades:


1. Describe la bondad de Dios.
2. Demuestra con versículos bíblicos que la compasión le mo vó
a Jesús sanar a los enfermos.
3. Describe al Dios benigno.
4. Sabiendo que Dios es bueno, benigno y lleno de compasión,
¿cómo Él te trata?

Ejercicio
Haz el siguiente ejercicio para iden ficar si hay men ras que tu
corazón cree acerca de la sanidad para reemplazarla con la verdad
de la Palabra de Dios. Si tu corazón cree la verdad experimentarás
la sanidad.

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Capítulo 5
V. LAS ENFERMEDADES Y SUS CAUSAS
La Biblia nos dice que todo lo bueno, lo perfecto y lo sano viene de
Dios. La enfermedad no es algo bueno y no proviene de Dios.
Dios, en sus propósitos eternos, dio la solución al problema del
pecado mediante la muerte de Cristo en la cruz, dándonos perdón
de pecados, libertad de condenación, libertad de las maldiciones
generacionales y también libertad de las consecuencias
temporales del pecado: la enfermedad. En otras palabras, la
sanidad es, juntamente con el perdón de pecados, fruto de la obra
de Cristo en la cruz.

¿Qué es la
enfermedad?
Cien ficamente una enfermedad es una alteración de nuestro
estado normal saludable, es un estorbo del correcto
funcionamiento de los sistemas fisiológicos que afectan también el
bienestar del alma.
Desde la perspec va espiritual se puede decir que la enfermedad
es una invasión y perversión demoniaca de la obra perfecta de
Dios. La enfermedad roba al hombre la vitalidad, la paz, el gozo, las
fuerzas sicas, relaciones, dinero, etc.
.

El autor de la
enfermedad
El hombre fue creado por Dios de una manera perfecta. El hombre
antes de pecar era inmune a toda enfermedad. Ninguna fábrica
construye a propósito una maquina o un auto con defectos, pues
esto no le traería fama y honra, asi mismo Dios no nos a creado
con enfermedades, ni nos enviaría enfermedades. Él nos quiere
ver sanos.
En el An guo Pacto, Dios hace ver a su pueblo que, si son
obedientes, ninguna enfermedad les llegaría. En Éxodo 15:26 dice:
“y dijo: “Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres
lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y
guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que
envié a los egipcios te enviaré a ; porque yo soy Jehová tu
sanador.”
La verdadera solución vino con el Nuevo Pacto. “Porque también
Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los
injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la
carne, pero vivificado en espíritu”. Cristo cargó sobre sí mismo
nuestros pecados como también las enfermedades.
En Juan 5:14 dice: “Después le halló Jesús en el templo, y le dijo:
Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga
alguna cosa peor.” Este versículo nos hace deducir que su
enfermedad fue consecuencia del pecado.
Jesús mismo no hizo que los enfermos primeramente vieran sus
pecados para que se arrepin eran y que solo, posterior a su
arrepen miento, les sanara. Él tuvo compasión y les sanó. Pero la
Biblia nos hace ver bien claro que el autor de la enfermedad es el
diablo y no Dios. Satanás es el autor de la enfermedad y de la
muerte (Hechos 10:38; Hebreos 2:14-15). El propósito de Satanas
con el hombre es dañarlo y destruirlo. Cada vez que un enfermo se
sana, se está deshaciendo una obra del diablo. Cristo vino para
deshacer las obras del diablo (1 Juan 3:8). Cuando vemos a un
enfermo, deberíamos actuar de la misma manera como Jesús, no
condenarle o querer convencerle de su pecado, sino que lleno de
la compasión y el amor de Dios presentarle la bondad de Dios y la
buena no cia de la solución integral para su situación. El enfermo
no necesita hacer nada o ganarse la sanidad, sino solo recibir el
regalo provisto por Cristo en la cruz.
Leemos en la Biblia que las enfermedades pueden estar
relacionadas con ac vidades demoniacas.
Según Job 2:7 él que hirió a Job con la sarna maligna fue satanás.
Según Lucas 13:16 el que habia mantenido atada a la mujer con
enfermedad por 18 años fue satanás.
Según Hechos 10:38 Jesús sanó a los oprimidos por el diablo.
El diablo trae la enfermedad para atormentar a las personas. Él no
ene autoridad para hacerlo en la vida de un hijo de Dios, pero
busca engañarle para hacerle creer que sí ene autoridad y le
puede dañar. La buena no cia es que Cristo ha vencido al diablo
en la cruz.
C. Causas de las enfermedades
Una enfermedad puede tener una causa. La Biblia nos menciona
algunas:
1. Enfermedades como consecuencias de
influencias demoniacas
Cualquiera que sea el nombre de la enfermedad (la diagnosis) que
el médico haya dicho, existe un nombre que es sobre todo
nombre, que es el nombre de Jesucristo, que hace huir todo
espíritu de enfermedad.
Cuando la enfermedad ene origen espiritual se puede echar
fuera el demonio y el problema en el cuerpo estará solucionado.
Lea los siguientes versículos y escribe la causa de la enfermedad:
Lucas 13:10-11
Lucas 11:14
Marcos 9:25-26
Enfermedades como consecuencia del pecado y la
condenación

En el caso de que la enfermedad sea una consecuencia del pecado,


también existe solución. La buena no cia es que Cristo derramó su
sangre para que nosotros podamos recibir el perdón de nuestros
pecados. En 1 Juan 1:9 dice: “Si confesamos nuestros pecados, él
es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de
toda maldad”. En 2 Corin os 5:21 dice: “Al que no conoció pecado,
por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos
jus cia de Dios en él”. Este es el maravilloso intercambio en la cruz.
Lo que enferma a mucha gente es la culpa y la condenación. Las
personas se condenan a sí mismas por sus fracasos y pecados,
reciben la condenación de otros e incluso piensan que Dios les
condena. La buena no cia es que no hay ninguna condenación
para los que están en Cristo, porque Cristo ya fue condenado en
nuestro lugar (Romanos 8:1 y 34, 2 Corin os 5:19). A través de su
obra perfecta en la cruz nos hizo justos y sin culpa y condenación.
Si lo creemos y recibimos este regalo, Dios nos ve como justos en
Cristo. Él no está enojado, sino que está con los brazos abiertos
para amar y restaurarnos.
(Lea Juan 8:10-11)

3. Enfermedades hereditarias
Hay enfermedades que pasan de una generación a otra. Una
enfermedad hereditaria puede ser la diabetes, presión alta, etc. En
2 Reyes 5:27 dice: “Por tanto, la lepra de Naamán se te pegará a
y a tu descendencia para siempre. Y salió de su presencia leproso,
blanco como la nieve.”
La buena no cia es que Jesús nos libera de cada maldición
generacional. Hoy, viviendo en el Nuevo Pacto, hemos sido
liberados de la maldición de la enfermedad por el perfecto
sacrificio de Jesús en la cruz.
Leyendo en los evangelios sobre las sanidades y liberaciones que
Jesús hizo observamos que Él iba directamente a la solución. En
cierta ocasión (Juan 9:1-7) los discípulos preguntaron por la causa
o el pecado de quien había nacido ciego. Jesús solamente estaba
interesado en manifestar el poder sanador para hacer que el
hombre viera. Él no culpó a nadie, ni buscó la causa de la
enfermedad. De la misma manera, nosotros debemos ocuparnos
en la solución: Jesucristo quien llevó cada pecado y maldición
sobre sí mismo a la cruz para darnos sanidad, libertad y bendición
(Gálatas 3:13; Isaías 53:4-5). Nos apropiamos de lo que Él ya ha
provisto en la cruz.

Enfermedades como consecuencias del miedo o del


temor
El temor es creer lo que el enemigo puede hacer, mientras que la
fe es creer lo que Dios puede hacer. En Job 3:25-26 dice: “Porque
el temor que me espantaba me ha venido, Y me ha acontecido lo
que yo temía. No he tenido paz, no me aseguré, ni estuve
reposado; No obstante, me vino turbación.” Job dice lo que temía,
le ha acontecido. Si alguien ene miedo de tener un día cierta
enfermedad, este miedo puede abrir la puerta para que entre el
espíritu de enfermedad.
Cuando la fe entra, el miedo sale, pero cuando el miedo entra, la
fe sale. Como lo vemos en el caso de Pedro en Mateo 14:30: “Pero
al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio
voces, diciendo: ¡Señor sálvame!”
Si miramos a las tormentas y las circunstancias alrededor y
dejamos entrar al miedo, nos podemos hundir. Tenemos que
mantener nuestra mirada en Cristo, y no a las circunstancias y
dejar entrar al miedo.
En 1 Pedro 5:7 dice: “Echando toda nuestra ansiedad sobre Él,
porque Él ene cuidado de nosotros”.
El temor es creer lo que el diablo puede hacer; sin embargo, fe es
creer lo que Dios puede hacer. Nosotros debemos arrancar las
men ras y plantar la verdad de Dios en nuestros corazones.
Si tenemos temor, debemos permi r que Dios trabaje en nuestro
corazón y que nos perfeccione en su amor. Para ser libres del
temor debemos enfrentarlo, ver al temor como nuestro enemigo,
atar al espíritu de temor y echarlo fuera.
Luego llenar nuestro corazón con la Palabra de Dios. Nos
levantamos con la verdad absoluta de Dios, declarando sus
promesas y su victoria sobre cualquier situación o pronós co que
nos quiere in midar. La mayoría de los temores desaparecen
cuando crece la confianza en la fidelidad y en el poder de Dios.
El temor se va cuando nos llenamos más y más del amor de Dios (1
Juan 4:18). Cuando nos sen mos amados incondicionalmente, nos
sen remos también protegidos y seguros en Él.

5. Enfermedades como consecuencia de


distorciones en el descanso, sueño, ejercicios
sicos y alimentación
Tenemos que afrontar el hecho de que nuestra salud puede sufrir
si descuidamos varios factores básicos. Para estar sanos, es
necesario seguir una dieta equilibrada. Hay ciertos alimentos y
vitaminas que deberán incluirse en esa dieta regular. Las
deficiencias y carencias en la dieta pueden producir un colapso en
nuestra salud. Según el Dr. Don Colbert, médico y conferencista
cris ano, se puede reducir el riesgo de padecer enfermedades
mortales, como las enfermedades del corazón, en un 80% y el
cáncer en por lo menos un 60% simplemente con llevar un es lo
de vida sano.
Durante las horas de sueño y descanso, el cuerpo se repara a sí
mismo. El sistema inmunológico es es mulado, sus principales
órganos son restaurados, las células viejas son sus tuidas, la
mente se relaja y ordena los pensamientos, creando un estado
mental sano. Dormir bien, aproximadamente 7 horas, retrasa el
proceso de envejecimiento y mejora la función cerebral. Un mal
descanso puede ser costoso para la salud. La falta de descanso y
sueño podrá afectar adversamente la condición de la salud. El
trabajo excesivo, sin el reposo necesario puede producir fa ga
mental y emocional.
El ejercicio sico es el remedio para retrasar el envejecimiento. El
ejercicio previene el cáncer, enfermedades cardíacas, artri s,
disminuye el estrés, mejora el flujo linfá co, ayuda prevenir los
resfríos y la gripe, reduce la depresión, mejora la retención de la
memoria, aumenta la capacidad pulmonar, alivia el dolor. Mejora
la producción de neurotransmisores y ayuda a disminuir los niveles
de cor sol, lo que reduce el estrés y favorece el descanso. Ayuda a
prevenir la diabetes y aumenta la transpiración que permite
desechar toxinas.
También es de suma importancia la alimentación. Hay alimentos
vivos y alimentos muertos. Los alimentos vivos producirán vida y
los alimentos muertos podrán producir muerte / enfermedades.
Alimentos vivos son aquellos que no han sido alterados o
cambiados de su estado natural, por ejemplo: frutas, verduras,
granos, etc. Los alimentos muertos son aquellos que han sido
procesados hasta quedar irreconocibles, se les han quitado la vida
y han añadido productos químicos fabricados por el hombre para
prolongar su duración. Debemos limitar la ingesta de alimentos
procesados como azúcar blanca, pan blanco, arroz blanco, etc.
Algunas recomendaciones del Dr. Don Colbert con respecto a la
alimentación:
- Evite las harinas blancas refinadas. Come granos integrales.
Alimentos con harina blanca refinadas carecen de nutrientes,
aumentan el peso, enen componentes ocultos dañinos,
pueden producir fa ga, cansancio y alergias, favorecen el
cáncer, el colesterol y la diabetes.
- Evite la azúcar blanca refinada. El consumo de azúcar refinada
está involucrado directamente en muchos trastornos y
enfermedades. Se asocia a la diabetes, a la obesidad, a los
problemas cardíacos, hepá cos y renales. Destruye la flora
intes nal, debilita el sistema inmunológico, acelera el
envejecimiento, puede dañar la memoria, aumenta el riesgo de
padecer cáncer. Puede causar y favorecer trastornos
psicológicos, como la depresión, los ataques de pánico, la
angus a, adicción al azúcar.
- Evite las bebidas y productos alimen cios con edulcorante
ar ficiales y usa Stevia o ka'a he'ẽ.
- Tome por lo menos dos litros de agua limpia por día.
- Disminuya el consumo de sal blanca. Es mejor usar sal del
Himalaya o sal marina (sin adiciones).
- Elija carnes magras. Evite comer carne de cerdo. Come carnes
de los criados orgánicamente (animales alimentados con
hierbas o granos). Come carne roja solo dos veces por semana.
- Come todos los días frutas y verduras orgánicas crudas.
- Evite grasas o aceites dañinos (los que son procesados al calor)
y usa grasas buenas como el aceite de oliva extra virgen que se
extrae en frio.
- Escoja productos lácteos desnatados y bajos en grasa.
(Colbert, 2007, pág. 73 y Colbert, 2010, pág. 172)
En Génesis 1:29 Dios dice a Adán que le da todas las plantas que
producen semilla y todos los árboles que dan fruto con semilla. A
Noé le dice: “Todo lo que se mueve y ene vida, al igual que las
verduras, les servirá como alimento (Génesis 9:3-4).
En Leví co 11 y Deuteronomio 14 el Señor dio instrucciones por
medio de Moisés sobre cómo comer de manera saludable. Les dijo
que clase de animales pueden comer. Esas normas enen una
base cien fica para la salud.
6. Enfermedades sicas como consecuencias de
enfermedades del alma o corazón
Algunas enfermedades del alma que pueden producir
consecuencias en el cuerpo son, por ejemplo, traumas,
resen mientos, recuerdos nega vos y dolorosos del pasado, etc.
3 Juan 1:2 dice: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en
todas las cosas y que tengas salud, así como prospera tu alma.”
Esto significa, que todo lo nega vo que está almacenado o
guardado dentro del alma, puede influir en el organismo para
producir cualquier enfermedad sica. En estos casos, para recibir
sanidad del cuerpo, es necesario primeramente recibir la sanidad
del alma y del corazón.
Ataques cardíacos a veces vienen a consecuencia de ataques de
ira. Ulceras pueden ser causadas por el estado emocional, el afán,
la preocupación y el estrés del diario vivir. Algunos cólicos se
deben a pleitos y disgustos.
La voluntad de Dios es que su pueblo esté sano, primeramente, del
espíritu y alma, y luego del cuerpo, ya que en toda la Biblia se
prueba que Dios trabaja siempre de adentro para afuera.
En la cruz, Jesús llevó sobre sí mismo cada una de nuestras
frustraciones, heridas y dolores emocionales. Lo hizo para que
nosotros podamos ser libres de temores, estrés, depresión, etc.
para disfrutar la paz y reposo en nuestro corazón, mente, alma y
cuerpo.
En Proverbios 17:22 dice: “El corazón alegre cons tuye buen
remedio; mas el espíritu triste seca los huesos.”
Cuando reímos, cuando estamos alegres, cuando alabamos a Dios,
cuando hacemos ejercicio, una sustancia, llamada endorfina, es
liberada en nuestro cuerpo. Esta sustancia alivia el dolor y trae
sanidad (actúa como medicina) a los tejidos de nuestro cuerpo.
Pero, por supuesto, también ocurre lo contrario, si no estamos
gozosos y si no alabamos a Dios, las endorfinas no fluyen y
experimentamos dolor y enfermedad (y el espíritu triste seca los
huesos). En Filipenses se nos da la orden de gozarnos. “Gozaos en
el Señor siempre: otra vez digo: Que os gocéis.” (Filipenses 4:4
RVA). El gozo ayuda a la salud.
La Dra. Caroline Leaf, una cien fica y oradora cris ana, que ha
inves gado la ciencia del pensamiento, escribe en su libro “¿Quién
me desconectó el cerebro?” que la ciencia ha comprobado lo que
la Biblia dice sobre nuestra manera de pensar. Los pensamientos
nega vos o tóxicos son como veneno para nuestra alma y el
cuerpo. Los pensamientos tóxicos son aquellos que desencadenan
emociones nega vas y de ansiedad, que producen sustancias
bioquímicas que causan el estrés en el cuerpo. Los pensamientos
tóxicos que llevan por ejemplo al enojo, temor, ansiedad o
amargura, traen a largo plazo efectos horribles para la salud. (Leaf,
2013, pág. 19)
En el cerebro los pensamientos son impulsos eléctricos, sustancias
químicas y neuronas. Se parecen a un árbol con ramas. A medida
que cambiamos nuestros pensamientos, desaparecen algunas
ramas y se forman otras nuevas. Los pensamientos se pueden
medir y ocupan un espacio mental. Son ac vos, crecen y cambian.
Cada vez que surge un pensamiento, el cerebro y el cuerpo
cambian en forma ac va, para bien o para mal. Al pensar se ac va
nuestra ac tud, que se refleja en nuestro estado de ánimo. Las
ac tudes posi vas producen la secreción de la can dad de
sustancias químicas y las ac tudes nega vas distorsionan las
secreciones químicas de modo que interrumpen su flujo natural.
Las emociones están ligadas a los pensamientos. Cuando tenemos
buenos pensamientos o pensamientos no tóxicos, se liberan
sustancias químicas de bienestar que nos hacen sen r en paz y
promueven la sanidad, la formación de la memoria y el
pensamiento profundo y se aumenta la inteligencia. Los
pensamientos saludables ayudan a nutrir y crear un cimiento
posi vo en las redes neuronales de la mente, liberan sustancias
bioquímicas como las endorfinas y la serotonina. Al encontrarse en
este entorno posi vo, el intelecto prospera, y junto con la salud
mental, emocional y sica.
El resultado del pensamiento tóxico (ira, enojo, tristeza, odio, etc.)
se traduce como estrés en nuestro cuerpo. El estrés nos daña de
diferentes maneras que van desde problemas de la memoria hasta
serios problemas mentales, problemas en el sistema inmunológico
(es el sistema que protege el cuerpo de enfermedades), en el
corazón y en el aparato diges vo.
El estrés hace que se liberen can dades equivocadas de sustancias
químicas. Estas sustancias fluyen por el cuerpo y pueden
distorsionar el ADN de las células inmunológicas, lo cual puede
volverlas menos eficaces para enfrentar los invasores que traen
enfermedades.
El sistema diges vo, en condiciones normales, se esfuerza por
ayudarnos a extraer la mayor can dad posible de nutrientes de lo
que comemos y bebemos y de dar combus ble a todos los
procesos del cuerpo y de mantener nuestros órganos en excelente
estado de salud. Cuando los pensamientos y emociones tóxicas
provocan disturbios en el sistema diges vo, crean un cóctel
venenoso que daña la salud.
Desde el punto de vista neurológico, nuestro corazón es sensible a
lo que pensamos y sen mos. Nuestros pensamientos afectan el
corazón. Pensamientos tóxicos que llevan al estrés pueden
producir hipertensión, angina, derrame cerebral y aneurisma.
Los tres sistemas que se ven afectados por los pensamientos
tóxicos que producen estrés para nuestro cuerpo son:
- El sistema ________________
- El sistema ________________
- El corazón ________________
Un ochenta por ciento de los problemas de salud sica, emocional
y mental pueden ser el resultado directo de nuestros
pensamientos según los cien ficos. La Biblia nos enseña cuáles
deben ser nuestros pensamientos para poder disfrutar de salud.
En Filipenses 4:8 dice: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es
verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo
amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si
algo digno de alabanza, en esto pensad.” Estos son los
pensamientos saludables, los que nos mantendrán con salud y
traerán sanidad para nuestra alma y cuerpo.

Somos tan privilegiados de que como hijos de Dios que podemos


recibir perdón y perdonar a otros para que nuestra mente esté en
paz y no produzca estrés. Podemos liberar nuestra mente de los
venenos. Si desintoxicamos nuestra mente recuperaremos nuestra
salud emocional y sica. En Romanos 12:2 nos dice que debemos
renovar nuestra mente: “No os conforméis a este siglo, sino
transformaos por medio de la renovación de vuestro
entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de
Dios, agradable y perfecta.” Nuestra manera de pensar debe
alinearse a la manera de pensar de Dios, que tendrá como
consecuencia salud y prosperidad. Debemos liberar nuestra mente
del veneno, y llenarnos con la Palabra de Dios, vivir según ella y
esperar la intervención sobrenatural de Dios en nuestra situación.

Responde:
1. ¿Quién es el autor de la enfermedad? Fundamenta tu
respuesta con versículos bíblicos.
2. ¿Cuáles pueden ser las causas de las enfermedades? ¿Cuál es
la solución de cada uno de ellos?
3. Da algunas recomendaciones para vivir con salud para el área
de alimentación, sueño / descanso, deporte.
4. Da algunas recomendaciones para vivir con salud para el área
del alma, enfermedades hereditarias y sen mientos de
condenación.
Capítulo 6
VI. ¿QUÉ DEBEMOS HACER PARA RECIBIR LA
SANIDAD?
Dios, nuestro buen Padre, que tanto nos ama y desea lo mejor
para nosotros, ha tomado la inicia va para nuestra sanidad. Él dio
a su Hijo para que llevara toda nuestra maldad y enfermedades a
la cruz para nuestro bien. La inicia va vino de Dios y ya es un
hecho. Ya no necesitamos pedir y rogarle que por favor haga algo a
favor nuestro para que nosotros podamos ser sanos y sin dolor. Él
ya hizo todo. Lo que Isaías profe zó ya es un hecho. Según Isaías
53:4-5 ya es un hecho porque dice: “Ciertamente llevó él nuestras
enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por
azotado, por herido de Dios y aba do. Mas él herido fue por
nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el cas go de
nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”.
Sabiendo que Jesucristo ya hizo todo, no necesitamos convencer a
Dios de ser tan bueno y sanarnos, sino apropiarnos de este
precioso regalo. Nuestra sanidad no depende de lo que nosotros
hayamos hecho, sino de lo que Él ha hecho.
Consideremos los siguientes puntos:

Creer la verdad
Nuestra manera de pensar y creer la verdad afectará nuestra vida,
la verdad se manifestará en nuestros cuerpos sicos.
Lo que experimentamos, es una consecuencia directa de lo que
pensamos y creemos. En Proverbios 23:7a leemos: “Porque cuál es
su pensamiento en su corazón, tal es él”. Para experimentar la
sanidad y luego vivir con salud es tan importante tener la
revelación de la obra consumada de Jesucristo en la cruz, por la
que somos justos y redimidos de cada maldición de enfermedad.

1. Fuimos hecho justos


Cuando tenemos la revelación de nuestra correcta posición
delante de Dios, todo se alineará en nuestra vida, incluyendo
nuestra salud sica.
En el An guo Pacto las bendiciones siguieron a la obediencia. Ellos
debían guardar todos los mandamientos de Dios para ser
bendecidos y disfrutar la salud. Por sus pecados debían sacrificar
un animal sin defectos. Antes de sacrificarlo transferían sus
pecados a este animal, quien luego debía morir en vez de la
persona que había pecado. Nosotros, viviendo bajo el Nuevo
Pacto, sabemos que Cristo murió por nosotros (Romanos 5:8; 6:8;
1 Corin os 15:3). Él se presentó en sacrificio una vez para siempre
para quitar nuestro pecado (Hebreos 9:26; 10:10-12). Cristo fue sin
pecado, pero nosotros transferimos nuestros pecados a Él, Él fue
sacrificado en nuestro lugar. Por esto Dios nos ve justos a través de
Cristo. Según Romanos 5:19, por su obediencia nosotros fuimos
cons tuidos justos. Como justos podemos disfrutar las
bendiciones, incluyendo la sanidad.
El justo se ve coronado de bendiciones (Proverbios 10:6). Nuestra
verdadera posición delante de Dios es: somos justos. Como justos
nos pertenecen las bendiciones: salvación, libertad, salud, etc.
Nuestra jus cia no depende de lo que nosotros hayamos hecho,
sino de lo que Cristo ha hecho.
2. Por sus llagas fuimos sanados
Creemos lo que la Palabra dice, que no solo llevó nuestros
pecados, sino también nuestras enfermedades y dolores (Isaías
53:4-5). Por sus llagas fuimos sanados. Sin importar la causa de
nuestros pecados, Él llevó todas nuestras enfermedades y dolores
sobre sí mismo a la cruz para proveernos la sanidad. No hay
enfermedad mayor que supere la obra perfecta que Jesucristo ha
logrado por nosotros. El cas go por nuestros pecados cayó sobre
Él y hoy podemos vivir libre del cas go por los pecados y libre de
cada maldición generacional.

3. Como hijos nos pertenece la sanidad


No somos huérfanas o mendigos que debemos mendigar por
nuestra sanidad. Tenemos una padre bueno que se goza en darnos
lo bueno y la sanidad es algo bueno (Mateo 7:11; San ago 1:17;
Jeremías 32:40-41). Nuestro Padre celes al no esca mó ni a su
propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos
dará también con Él todas las cosas, incluyendo la sanidad?
(Romanos 8:32)
La verdad que creemos es:
- A través de la obra consumada de Cristo en la cruz fuimos
hechos justos y como justos nos pertenece la sanidad.
- Jesucristo llevó nuestras enfermedades a la cruz y sufrió
nuestros dolores.
- Cristo ha hecho todo, no necesitamos ganarnos la sanidad.
- No necesitamos pedir y convencerle de ser tan bueno y
darnos la salud, sino recibir lo que ya ha provisto para
nosotros.
- Nuestra sanidad no depende de lo que nosotros hayamos
hecho, sino de lo que Él ha hecho.

Conocer lo que
legalmente es nuestro
No se trata de pedir por algo que Él ya nos dio. Se trata de saber lo
que legalmente nos pertenece a causa de la cruz. El precio por
nuestra salud y restauración ha sido pagado. La Palabra de verdad
traerá vida a nuestro cuerpo y funcionará mucho mejor que
cualquier medicina (Proverbios 4:20-22). Debemos conocer lo que
legalmente es nuestro y apropiarnos de la salud.

Enfocarse en la
cruz y el amor del Padre celes al
Cuando deseamos ser sanados, nuestro enfoque debe ser la cruz.
A través de la muerte de Cristo en la cruz podemos ser sanados.
Así como el pueblo de Israel debía mirar a la serpiente levantada
para ser sanados, nosotros debemos mirar a la cruz para recibir la
sanidad y únicamente poner nuestra confianza en lo que Cristo ha
hecho por nosotros y no confiar en la oración de alguien, en una
ofrenda o sacrificio, ni en los médicos humanos, etc.
(Números 21:8-9; Juan 3:14-16)
Debemos enfocarnos en la gracia de Jesús y no mirarnos a
nosotros mismos, preguntándonos si tenemos suficiente fe. Ver la
gracia de Dios es ver lo que Jesucristo hizo por nosotros en la cruz.
Veamos a Jesús golpeado por nuestra maldad para darnos salud
(Isaías 53:4-5). Enfoquémonos en el carácter del Padre celes al y
en la obra perfecta de Cristo en la cruz. Esto hará que el Señor nos
diga: “Hijo/a, tu fe te ha sanado”. (Marcos 5:27-34)
A Jesús no importaba quienes eran o que cosas habían hecho en el
pasado. Siempre y cuando lo buscaron para sanidad, Jesús los
sanaba con mucho gusto. Él nunca les pedía primero arrepen rse
o que se comprome eran en seguirle, tampoco pedía orar,
ofrendar o hacer buenas obras, etc., nada de esto le importaba. Él
en su gran amor, bondad, compasión y misericordia les sanaba
(Mateo 8:16; 12:15; Lucas 6:19). Dios no pone exigencias o
condiciones para sanarnos. Simplemente nos sana.
Estamos viviendo en el Nuevo Pacto, dónde se trata de lo que Dios
ha hecho por nosotros y no de lo que nosotros debemos hacer
para recibir la sanidad. No tratemos ganarnos la sanidad (sea con
promesas, oraciones, ofrendas, sacrificios, ayuno, etc.), cuando
Jesucristo ya la pagó en la cruz. Estamos bajo la gracia y esto
significa estar constantemente bajo la provisión gratuita de todo lo
que necesitamos. No nos enfocamos en la enfermedad, sino ya
vemos la sanidad suministrada por gracia.
En Jeremías 33:6 dice: “He aquí que yo les traeré sanidad y
medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de
verdad” .

Reposemos, la
obra está terminada
Cuando creemos y vemos la obra terminada de Jesucristo en la
cruz y vemos las enfermedades y los pecados quitados de nosotros
y clavados en la cruz, nuestra alma encuentra descanso. Ya no
vamos a tratar de hacer algo para ser sanado, sino descansar en lo
que Él ya ha hecho (Hebreos 4:11; Filipenses 4:6-7; Colosenses
2:13-15). En este descanso en Él seguramente experimentaremos
la sanidad.
En Hebreos 4:11 dice: “Por tanto, queda un reposo para el pueblo
de Dios. Porque el que ha entrado en su reposo, también ha
reposado de sus obras, como Dios de las suyas. Procuremos, pues,
entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante
ejemplo de desobediencia”.
Reposar en la obra terminada no es inac vidad o pereza, sino es
un reposo dónde descansamos de nuestros propios esfuerzos. Nos
dejamos guiar por el Espíritu Santo y la gracia comienza a operar
en nuestra vida (Romanos 11:6; Isaías 40:31). Dejemos a Dios ser
Dios para que pueda hacer el milagro de sanidad en nuestra vida.
Nos enfocamos en la grandeza de Dios. Él es mucho más grande,
bueno y poderoso que cualquier enfermedad o diagnós co
médico. En Salmos 46:10 dice: “Estad quietos, y conoced que yo
soy Dios”. Descansamos en la fidelidad de Dios (no en nuestra fe),
Él cumplirá lo prome do (Hebreos 11:11).

Vernos en Cristo
y Cristo en nosotros
Jesucristo es la forma de vida más pura y sana, en Él las
enfermedades y dolores no enen lugar. Nosotros tenemos el
privilegio de par cipar de su vida pura y sana. Veámonos a
nosotros mismos, espíritu, alma y cuerpo, sumergidos y rodeados
de su vida. Somos reves dos de Él, escondidos en Él, estamos
unidos e iden ficados con Cristo. La vida de resurrección de Jesús
inunde cada parte de nuestro cuerpo. Somos par cipes de su
plenitud y también de su sanidad. Par cipamos de todo lo que Él
es (Efesios 1:3-14).

Guardar el
corazón
Debemos cuidar bien lo que dejamos entrar a nuestro corazón,
pues la Biblia nos dice en Proverbios 4:23: “Sobre toda cosa
guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”. Lo que
permi mos entrar en nuestro corazón, afectará nuestros
pensamientos, acciones e incluso nuestra salud. Por eso Jesús nos
ofrece su paz y descanso. Él dice: “No se turbe vuestro corazón, ni
tenga miedo”. Un corazón apacible y alegre promueve la salud
(Proverbios 14:30; 17:22). Todas nuestras preocupaciones y cargas
entregamos a Él, sabiendo que Él se encargará de ellos. Recibimos
de Él gratuitamente descanso y el milagro que necesitamos (1
Pedro 5:7).

Responde:
1. Explica lo que debemos hacer para recibir la sanidad. Cita
algunos versículos que fundamentan tu respuesta.
Capítulo 7
VII. LA CENA DEL SEÑOR Y LA SANIDAD
Sanar a los enfermos fue lo que Jesús hizo en gran parte de su
ministerio en la erra. Él hizo diferentes milagros y señales, pero lo
que más hizo fue sanar a los enfermos (Hechos 10:38).
Siempre será la voluntad de Dios para sus hijos que sean
completamente sanos y plenos. Pero ¿cuál es la razón porque
tantos de sus hijos están enfermos?
1 Corin os 11:29-30 nos da una respuesta: “Porque el que come y
bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio
(condenación) come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos
enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen”.
Podemos deducir de este versículo, de que, si alguien par cipa de
manera digna en la cena del Señor, teniendo la revelación correcta
del significado del cuerpo de Cristo, que es representado por el
pan, entonces es sano, fuerte y no morirá prematuramente. El
apóstol Pablo no da como causa de la enfermedad la mala dieta, el
pecado, la maldición generacional, sino comer y beber
indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor.
Algunas cosas debemos entender para poder apropiarnos de las
bendiciones, inclusive la sanidad y la salud, provistas por Cristo en
la cruz:

Comer el pan y
beber el vino de manera digna
La palabra indignamente describe la acción de comer y beber. El
apóstol Pablo no dice que no debemos par cipar de la Cena si
hemos pecado y somos indignos. Todos nosotros por nosotros
mismos no somos dignos, pero fuimos hechos dignos por la sangre
de Cristo derramada en la cruz. Solo la muerte de Jesucristo nos
califica para par cipar en la Cena de Señor y así poder apropiarnos
de todo lo que allí en la cruz proveyó para nosotros. Si no
reconocemos lo que Cristo con su muerte en la cruz ha provisto
para nosotros, par cipamos indignamente. Pero, par cipamos
dignamente cuando reconocemos y creemos que hemos sido
cons tuidos justos por la sangre derramada de Cristo en la cruz.
Al beber el vino reconocemos que nuestra redención y perdón de
pecados fue mediante su sangre derramada en la cruz (Colosenses
1:14; Efesios 1:7). Él pagó el cas go de nuestros pecados con su
sangre sin mancha. Hemos sido cons tuidos justos y ya no hay
ninguna condenación para los que están en Cristo (Romanos 8:1).
La manera en que comemos el pan y bebemos el vino determinará
si experimentamos los beneficios de la muerte de Jesucristo. Si
par cipamos con entendimiento y revelación experimentamos la
sanidad y salud. Dios ha hecho provisión especial para nuestra
salud y esto se encuentra en la muerte de su Hijo Jesucristo en la
cruz. Todo lo que el ser humano necesita para ser sano fue
provisto por Jesucristo en la cruz. La Cena del Señor es lo que Dios
estableció para que cada vez que comemos el pan y bebemos el
vino podamos apropiarnos de todo lo que Cristo ha provisto para
nosotros. De esta manera podemos vivir con salud y no morir
prematuramente.
.

Discernir el
cuerpo de Cristo
Dios quiere revelarnos el verdadero significado y el poder de la
Cena del Señor. “Discernir el cuerpo del Señor” hará que seamos
más fuertes y sanos. En 1 Corin os 11:29-30 dice: “Porque el que
come y bebe de manera indigna, y sin discernir el cuerpo del
Señor, come y bebe para su propio cas go. Por eso hay entre
ustedes muchos enfermos y debilitados, y muchos han muerto”. La
revelación faltante que el apóstol Pablo menciona en este
versículo es acerca del cuerpo del Señor.
Cristo fue sin pecado (lo que representa el pan sin levadura), pero
su cuerpo fue quebrado cuando Él cargó nuestros pecados y
enfermedades sobre su cuerpo. El cas go que nosotros
merecíamos cayó sobre Él. Cuando Jesús tomó el pan en la cena
con sus discípulos, lo par ó y dijo: “Esto es mi cuerpo, que por
ustedes es entregado; hagan esto en memoria de mí” (Lucas
22:19b). En Isaías 53:4-5 dice: “Ciertamente llevó él nuestras
enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por
azotado, por herido de Dios y aba do. Mas él herido fue por
nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el cas go de
nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”.
El cuerpo de Jesucristo fue quebrado, para que el nuestro pueda
ser restaurado y estar plenamente saludable. Jesús mismo tomó
nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias (Mateo 8:17).
Al recordar cómo Jesús vino voluntariamente por amor a salvarnos
y sufrir por nuestra sanidad, echará fuera toda duda con respecto
a nuestra sanidad. Cuando tenemos el pan en nuestra mano,
simplemente recordemos que el cuerpo de Jesús fue desecho en la
cruz para que el nuestro pueda ser sanado. Podemos decir:
“Gracias Señor Jesús por llevar mi enfermedad en tu cuerpo en la
cruz”. Cuando tomamos la copa, recordamos que Jesús derramó su
sangre para limpiar, perdonar y salvarnos. Podemos decir: “Gracias
Jesús por derramar tu sangre para quitar mis pecados y hacerme
justo. Como soy justo ahora, la sanidad me pertenece. Recibo tu
sanidad y tu vida de resurrección para mi cuerpo”.

La Cena del Señor es una forma que nos ayuda a contrarrestar el


proceso de envejecimiento y enfermedad y caminar en salud
divina. Cada vez que comemos el pan y bebemos el vino con
revelación, estamos revir endo los efectos del pecado y de la
maldición. Cuando celebramos la Cena del Señor, recordamos la
victoria de Cristo en la cruz. Él llevó toda nuestra debilidad,
enfermedad y dolor a la cruz. Por causa de la muerte de Cristo en
la cruz tenemos el derecho a una restauración completa por
dentro como por fuera.

Responde:
1. Según la Palabra de Dios ¿porque hay muchos enfermos en la
iglesia?
2. Explica lo que significa “comer el pan y beber el vino de
manera digna”.
3. Explica lo que significa discernir el cuerpo de Cristo.
Capítulo 8
VIII. NUESTRA MISIÓN: SANAR A LOS
ENFERMOS
Dios quiere ver sanos a los enfermos. Él se compadece de ellos y
desea liberarles de sus sufrimientos y dolores. Él desea que
nosotros también, llenos de amor y compasión, extendamos
nuestras manos hacia los enfermos para que su poder de sanidad
puede fluir hacia ellos.

. Sanar a los enfermos es un mandato de


Jesús
Sanar a los enfermos es un privilegio y mandato del Señor Jesús. Él
ordenó a sus discípulos que hicieran lo que Él mismo estaba
haciendo, predicar y sanar a los enfermos. Jesús les dijo: “Sanad a
los enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera
demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia” (Mateo 10:8).
Luego Jesús extendió este mandato a todos los creyentes. En
Marcos 16:15-18 leemos: “Y les dijo: Id por todo el mundo y
predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere
bau zado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y
estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán
fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos
serpientes, y si bebieren cosa mor fera, no les hará daño; sobre los
enfermos pondrán sus manos, y sanarán”. Jesús ha prome do que
si ponemos nuestras manos sobre los enfermos sanarán.
En Juan 14:12 Jesús dice: “De cierto, de cierto les digo: El que cree
en mí, hará también las obras que yo hago; y aún mayores obras
hará, porque yo voy al Padre”.

Buscar su poder y
anhelar ver la sanidad de los enfermos
En Salmos 105:4 leemos: “Buscad a Jehová y su poder; buscad
siempre su rostro”. Según este versículo, además de buscar a
Jehová y su rostro, también debemos buscar su poder.
Debemos buscar el don de sanidad y el poder para sanar
enfermos. Está claro que Dios es más importante que su poder, Él
es el centro, Él es todo para nosotros. Pero como nos ama tanto,
quiere ver sanos a todos. Él quiere que caminemos en su poder. Él
es sobrenatural y quiere que reflejemos al Dios sobrenatural en
nuestra vida. Dios quiere hacer visible su poder a través de la
iglesia, que somos nosotros. La gente debe ver que Jesucristo vive
y los ama. Dios quiere que su poder se exprese a través de cada
uno de sus hijos. Nuestro deseo es: “Dios, queremos que tu poder
sea visible en nuestras vidas. Queremos que el mundo vea que tú
eres un Dios todopoderoso y extremadamente bueno”. Dios es
sobrenatural, hacer milagros y sanar a los enfermos es natural
para Él, es su naturaleza. Buscamos que Dios haga lo sobrenatural
a través de nosotros, no para que seamos vistos, sino para que Él
sea visto. Tenemos que llegar a un punto en el que el poder
sobrenatural de Dios se convierta en algo normal en nuestras
vidas.

El evangelio es
poder de Dios e incluye sanar a los
enfermos
Pablo escribe en 1 Corin os 2:4-5: “y ni mi palabra ni mi
predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría,
sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe
no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de
Dios”. En este versículo el apóstol Pablo dice que su predicación no
se basó en palabras persuasivas de sabiduría humana, sino en el
poder de Dios.

Demostrar al Dios
sobrenatural al sanar los enfermos
El Señor quiere mostrarse en nuestra vida como alguien para quien
nada es imposible. Nos llama a vivir y a salir en el amor y en el
poder. A través de nosotros, el mundo debe saber que existe un
Dios todopoderoso y amoroso. Siempre podemos contar con la
intervención sobrenatural de Dios.
Los discípulos desearon poder predicar sin temor y demostrar el
poder de Dios. Ellos oraron: “Ex ende también tu mano, y permite
que se hagan sanidades y señales y prodigios en el nombre de tu
santo Hijo Jesús” (Hechos 4:30) . Dios quiere demostrar su amor y
poder a favor de las personas necesitadas y nosotros podemos ser
canales de su poder. Cuando sanamos a los enfermos
demostramos al Dios sobrenatural.

El mo vo
correcto: la exaltación de Dios
Jesús hizo lo que vio hacer al Padre. Él vivió en perfecta unidad con
su Padre. Si queremos fluir en el poder sobrenatural, debemos
fluir en esa unidad con Él donde no queremos hacer nuestra
voluntad, sino la suya.
Tenemos que examinar y purificar nuestros mo vos. Nos
preguntamos: ¿Por qué quiero ver milagros y sanidades? ¿Busco
ser visto y admirado por los otros o solo me interesa que Dios sea
glorificado? Tenemos que morir a nuestra propia exaltación y sólo
querer que Él sea visto. El mo vo correcto al sanar a los enfermos
es exaltar a Dios.
Jesús envió al Espíritu Santo. El Espíritu Santo vive en nosotros y es
la clave para hacer obras mayores. Eso significa que debemos
aprender a vivir esta unidad con el Espíritu Santo como Jesús la
vivió con el Padre. Jesús dijo: "No soy yo quien hace estas obras,
sino el Padre que vive en mí”. Lo mismo ocurre con nosotros: no
somos nosotros los que hacemos las obras, sino el Espíritu Santo
que vive en nosotros. Morimos a nosotros mismos y vivimos en
perfecta unidad con el Espíritu Santo y dejamos que Él fluya a
través de nosotros. Nos entregamos completamente al Espíritu
Santo y permi mos que Él se exprese. Decimos: “No lo que yo
quiero, sino lo que Él quiere que ocurra”. Dios quiere usar a las
personas. Él u liza a los que se ponen a su disposición. Sin Jesús
no podemos hacer nada, pero podemos hacerlo todo a través de
Jesús, que nos ama (Juan 15:5; Filipenses 4:13).

Responde:
1. Demuestra con versículos bíblicos que nuestra misión es
sanar a los enfermos.
2. ¿Cuál debe ser nuestro mo vo para sanar a los enfermos?
Capítulo 9
X. MÉTODOS BÍBLICOS POR LOS CUALES
DIOS SANA

Hay muchas formas de sanar a los enfermos, Dios nos ha revelado


algunas de ellas, y nunca debemos intentar limitar a Dios y
“meterle en una caja”. Dios es soberano y Él puede hacer el
milagro cómo, cuándo, dónde y de la forma que Él quiera.
Dejémonos guiar por el Espíritu Santo.
En ocasiones usamos más de un método para sanar a los
enfermos. Algunas veces “imponemos las manos” sobre las
personas, de acuerdo con Marcos 16:18 y lo añadimos con Marcos
11:23-24, que es “diciendo” u “ordenando” que algo sea hecho.
Jesús es nuestro ejemplo. Él dice: “De cierto, de cierto os digo: No
puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al
Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo
igualmente. Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las
cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo
que vosotros os maravilléis” (Juan 5:19-20). Jesús hace lo que el
Padre quiere que haga. Él estaba conectado con su Padre, por esto
Él podía hacer mayores obras.
La obra de Jesús en la erra no debía cesar, sino con nuar. Jesús
dijo: “Como me envió el Padre, así también yo os envío.” (Juan
20:21). Debemos estar constantemente unido a Él y Él muestra lo
que quiere hacer. Cuando vemos o escuchamos lo que Él quiere
hacer, lo expresamos y lo hacemos.
Observemos algunos métodos descritos en la Biblia:
A. Sanidad por medio de la unción para
sanar
La unción es la habilidad dada por Dios al creyente para hacer la
obra del ministerio. La unción es Dios haciendo sus obras usando
nuestra humanidad.

1.

Enfermos tocando una


persona ungida
En Marcos 5:24-34 dice que cuando la mujer enferma tocó el
manto de Jesús, ella sin ó algo y Jesús sin ó algo. Jesús sin ó
poder saliendo de Él, y la mujer sin ó poder entrando en ella y ese
poder le sanó. Esa es la unción.
En Lucas 6:19 leemos: “Y toda la gente procuraba tocarle, porque
poder salía de Él y sanaba a todos.”
Marcos 6:56 nos cuenta: “... y dondequiera que entraba, en aldeas,
ciudades o campos, ponían en las calles a los que estaban
enfermos y le rogaban que les dejase tocar siquiera el borde de su
manto; y todos los que le tocaban, quedaban sanos.”
En 2 Reyes 13:21 dice: “Aconteció que estaban unos sepultando a
un hombre cuando súbitamente vieron una banda armada;
entonces arrojaron el cadáver en el sepulcro de Eliseo. Pero tan
pronto tocó el muerto los huesos de Eliseo, revivió y se puso en
pie.”
2.

Manos ungidas para sanar


a enfermos
Marcos 16:15-18, nos habla diciendo: “Id por todo el mundo y
predicad el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bau zado,
será salvo; pero el que no crea, será condenado. Estas señales
seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios,
hablarán nuevas lenguas, tomarán serpientes en las manos y,
aunque beban cosa mor fera, no les hará daño; sobre los
enfermos pondrán sus manos, y sanarán.”
Jesucristo nos mandó imponer los manos sobre los enfermos para
sanarlos. De esta manera damos lo que Él nos ha dado.
Cuando imponemos manos sobre los enfermos, ese poder sale de
nosotros para entrar en ellos y echa fuera demonios,
enfermedades y malestares, todo en el nombre de Jesús. De esta
manera ponemos a disposición a Dios nuestras manos para
transferir bendición. La palabra clave en esto es la impar ción. La
impar ción es una transferencia de poder y unción de una persona
a otra, en este caso por medio de imponer las manos.

B. Sanidad por medio de “hablar a la


montaña”
En Marcos 11:23 leemos: “Porque de cierto os digo que cualquiera
que dijere a este monte: quítate y échate en el mar, y no dudare en
su corazón, sino que creyere que será hecho lo que dice, lo que
diga le será hecho”.
Ese “cualquiera” que se menciona en el versículo puedes ser tú,
puedo ser yo, cualquiera de nosotros. Dios no hace acepción de
personas, El simplemente dice “cualquiera”.
No dice “cualquiera que ore”, dice “cualquiera que dijere”. Cuando
le dice a esta montaña “quítate y échate al mar” le está ordenando
a esa montaña hacer algo. Con la autoridad delegada podemos
hablar y decir lo que el Espíritu Santo nos guía decir.
“En el nombre de Jesús”, significa “en lugar de Jesús”, o “en vez de
Jesús”, o “por su autoridad”. Somos “embajadores de Cristo”. Esto
significa que nosotros llevamos su nombre y su autoridad.
Nosotros somos representantes de Jesús con toda su autoridad y
todo su poder. Es decir “representamos” o volvemos a presentar a
Jesús de nuevo a este mundo necesitado.

C. Sanidad por medio de ungir con


aceite
El aceite es una pología del Espíritu Santo. No es que el aceite
sane, es más bien un acto simbólico. Él que sana es siempre Dios.
En el An guo Testamento el aceite era usado para separar y
consagrar a personas para el ministerio y el servicio a Dios. En
San ago 5:13-15 dice: “¿Esta alguno entre vosotros afligido? Haga
oración, ¿Esta alguno alegre? Cante alabanzas, ¿Esta alguno
enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia y oren
por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración
de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere
come do pecados, les serán perdonados”.
En Marcos 6:12-13 dice: “Y saliendo, predicaban que los hombres
se arrepin esen. Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con
aceite a muchos enfermos, y los sanaban”.

D. Sanidad por medio de la oración


intercesora o la fe de otros
Un centurión vino junto a Jesús y le pidió sanar a su criado. En
Mateo 8:13 leemos: “Luego dijo Jesús al centurión: «Ve, y que se
haga con go tal y como has creído.» Y en ese mismo momento el
criado del centurión quedó sano”.
Según Marcos 2:5 fue la fe que Jesús vio y dijo al paralí co: “Hijo,
tus pecados te son perdonados”.
En San ago 5:16 dice: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y
orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del
justo puede mucho.” Algunas personas necesitan que otros oren
con fe por ellos para que puedan ser sanados.

E. Sanidad por medio de paños u


objetos ungidos
Paños ungidos (o pedazos de tela que han sigo ungidos) son otro
instrumento usado para sanar a los enfermos. No se trata de un
talismán o amuleto de la buena suerte. El objeto en si no ene
poder. Jesús ene el poder. Los objetos solo son un transportador
de la unción para que la persona pueda desatar su fe.
La unción se almacenaba en el manto de Jesús y todo aquel que le
tocaba era libre y sano. En Marcos 6:56 leemos: “Y dondequiera
que entraba, en aldeas, ciudades o campos, ponían en las calles a
los que estaban enfermos, y le rogaban que les dejase tocar
siquiera el borde de su manto; y todos los que le tocaban
quedaban sanos”.
Hechos 19:11-12 dice: “Y hacía Dios milagros extraordinarios por
mano de Pablo, de tal manera que aún se llevaba a los enfermos
los paños o delantales, y las enfermedades se iban de ellos y los
espíritus malos salían.”

F. Sanidad por medio de los dones del


Espíritu Santo
Los dones del Espíritu Santo son un canal para impar r la sanidad
divina (1 Corin os 12:9). En el área de sanidad de enfermos son
sobre todo el don de sanidad, el don de milagros y el don de fe.

G. Sanidad por medio de la Cena del Señor

La Cena del Señor es una celebración que encierra un gran poder


para sanar y liberar. La Cena del Señor es lo que Dios estableció
para que cada vez que comemos el pan y bebemos el vino
podamos apropiarnos de todo lo que Cristo ha provisto para
nosotros. De esta manera podemos vivir con salud y no morir
prematuramente.
El cuerpo de Jesucristo fue quebrado, para que el nuestro pueda
ser restaurado y estar plenamente saludable. Jesús mismo tomó
nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias (Mateo 8:17).
Al recordar cómo Jesús vino voluntariamente por amor a salvarnos
y sufrir por nuestra sanidad, echará fuera toda duda con respecto
a nuestra sanidad. Cuando tenemos el pan en nuestra mano,
simplemente recordemos que el cuerpo de Jesús fue desecho en la
cruz para que el nuestro pueda ser sanado.

Sanidad por medio


de hablar la Palabra de Dios
Jesús sanó hablando la Palabra. Él envió la palabra al siervo de un
centurión. El centurión dice a Jesús: “Di la palabra, y mi siervo será
sano” (Lucas 7:7b). En este caso vemos que el siervo fue sanado
sin Jesús haber estado ahí o sin haberle tocado. Jesús solo habló la
palabra y el siervo se sanó.
La gente sigue siendo sanada de la misma forma hoy, se puede
hablar la palabra de sanidad por alguien que tal vez está a miles de
kilómetros de distancia, y ésta puede ser sanada por el poder de
Dios, porque Dios es omnipresente. Es fascinante el reconocer que
Dios puede estar en todo lugar, al mismo empo exactamente.
Hablar la palabra puede ser de diferentes maneras:
- Hablar la palabra escrita. Ahí se declara lo que dice la Palabra
de Dios sobre la sanidad. No es el simple método de declarar
la Palabra que sana, pero cuando nuestro corazón cree la
verdad de la Palabra, la hablamos y experimentamos la
verdad que creemos.
- Hablar la palabra preven vamente. Declaramos sanidad
cuando hay una enfermedad, pero lo que debemos hacer
también es declarar la Palabra sobre todos nuestros órganos y
todo nuestro ser para vivir siempre en completa salud.
Hablamos preven vamente la Palabra de Dios
- Hablar la palabra “jrema”. Hablamos la palabra que Dios nos
da en nuestro espíritu para un momento y situación
específica.
La Palabra de Dios no solo trae sanidad, sino también nos
man ene la salud.

Dígase cada día: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no


vivo yo, sino que Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne,
lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí
mismo por mí (Gálatas 2:20). Él me guiará.
Jesús, sin no puedo hacer nada, haz tu voluntad en mí y a través
de mí. Que el cielo venga hoy a la erra a través de mí. Me dejo
guiar por .”
Jesús, el Hijo de Dios, no hizo nada que no viera hacer al Padre. Y
no sólo eso, incluso dice: "Yo mismo no puedo hacer nada.". Jesús
nos dijo lo mismo en Juan 15:5: “Yo soy la vid y ustedes los
pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho
fruto; porque separados de mí ustedes nada pueden hacer”. Jesús
dice que sin Él no podemos hacer nada. Sin Jesús no podemos
hacer nada, pero con Él, todo. (Filipenses 4:13)

Responde:
1. Cita algunos métodos usados por Jesús en la sanidad y dé un
ejemplo de cada uno.
Bibliogra a
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C , D (2010). “La Dieta “Yo sí puedo” de Dr. Colbert” Florida, Estados
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