BIOGRAFIA: Eric Arthur Blair (Motihari, Raj
Británico, 25 de junio de 1903-Londres, Reino
12
Unido, 21 de enero de 1950), conocido por su
seudónimo de George Orwell, fue
un novelista, periodista, ensayista y crítico británic
o nacido en la India, autor entre otras obras de las
novelas distópicas Rebelión en la granja (1945)
y 1984 (1949).
Su obra lleva la marca de las experiencias
autobiográficas vividas por el autor en tres etapas
de su vida: su posición en contra del imperialismo
británico que lo llevó al compromiso como
representante de las fuerzas del orden colonial
en Birmania durante su juventud; a favor
del socialismo democrático, después de haber
observado y sufrido las condiciones de vida de las
clases sociales de los trabajadores de Londres
y París; y en contra de
los totalitarismos nazi y estalinista tras su
participación en la guerra civil española, en
el bando republicano.
Además de cronista, crítico de literatura y
novelista, es uno de los ensayistas en lengua
inglesa más destacados de las décadas de 1930 y
de 1940. También es conocido por sus críticas al
totalitarismo en su novela corta alegórica Rebelión
en la granja (1945) y su novela
distópica 1984 (1949), escrita en sus últimos años
de vida y publicada poco antes de su fallecimiento,
y en la que crea el concepto de «Gran Hermano»,
que desde entonces pasó al lenguaje común de la
crítica de las técnicas modernas de vigilancia.
En 2008 figuraba en el puesto número dos del
listado de los cincuenta escritores británicos de
mayor relevancia desde 1945, elaborado por The
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Times.
El adjetivo «orwelliano» es frecuentemente
utilizado en referencia al distópico universo
totalitario imaginado por el escritor británico
La sociedad: de Oceanía está dividida en tres grupos.
Los miembros "externos" del Partido Único, los
miembros del Consejo dirigente o círculo interior del
partido y una masa de gente, a la que el Partido
mantiene pobre y entretenida para que no puedan ni
quieran rebelarse, los proles (proletarios).
Los miembros "externos" constituyen la burocracia del
aparato estatal (de ahí la necesidad de la estricta
vigilancia), viven sometidos a un control asfixiante y a
una propaganda alienante que los desmoraliza y les
impide pensar críticamente. El estado suprime todo
derecho y condena a una existencia poco más que
miserable, con riesgo de perder la vida o sufrir
vejámenes espantosos, a aquellos que no
demostrasen suficiente fidelidad y adhesión a la causa
nacional. Para ello se organizan numerosas
manifestaciones, donde se requiere la participación
activa de los miembros, gritando las consignas
favorables al partido, vociferando contra los
supuestos traidores y dando rienda suelta al más
desaforado fanatismo. Solo con fervor fanático se
puede escapar a la omnipresente vigilancia de la
policía del pensamiento.