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Golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923

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En su traslado desde Barcelona hacia Madrid Primo decidió sobre la marcha

continuar con el directorio militar una vez llegado a Madrid en vez de instaurar
el previsto directorio civil presidido por él mismo.71

Anuncio del gobierno de Primo de Rivera en 1923 en


Madrid.
En septiembre de 1923 extendió el somatén, la milicia tradicional catalana, a
todo el territorio español mediante el Real Decreto de 17 de septiembre de
instauración del Somatén Nacional.727374 Mediante Real Decreto de 30 de
septiembre se llevó a cabo el cese de todos los concejales de los
ayuntamientos, con la posterior sustitución por juntas de vocales —
contribuyentes no elegidos democráticamente—, en un proceso dirigido por la
autoridad militar; estos vocales serían los encargados de elegir al alcalde y al
resto de cargos municipales.7576n. 5

Véase también: Viaje de Alfonso XIII y Primo de Rivera a Italia


Tras el golpe de 1923 el grupúsculo con veleidades fascistas de La
Traza (posteriormente «Partido Somatenista Civil Español» y «Federación
Cívico-Somatenista») maniobró para tratar de constituirse en el movimiento civil
del régimen.78 En noviembre de 1923, Primo de Rivera efectuó un viaje
a Italia junto a Alfonso XIII para reunirse con Mussolini, donde compararía el
fascismo con su movimiento al dictador italiano, así como el somatén con
los camisas negras.79 A su vuelta a España el 1 de diciembre, una comitiva de
alrededor de 300 miembros de la diminuta organización Federación Cívico
Somatenista recibió al monarca y al dictador con un espectáculo fascista y, al
día siguiente, Alfonso XIII y Primo de Rivera recibieron un baño de masas
con 250 000 asistentes a la ceremonia de condecoración del primero con la
medalla del somatén celebrada en Barcelona.79 Los planes de proyección de La
Traza se vieron finalmente truncados,80 cuando en un intento de ocupar el
espacio dejado por los partidos conservadores y liberales dinásticos, Primo de
Rivera puso en marcha la Unión Patriótica como partido oficial del régimen en
abril de 1924,81 aunque los orígenes de esta organización hay que trazarlos
hasta la Unión Patriótica Castellana de Ángel Herrera Oria.82 La composición
del partido —cuyo lema era el tríptico de resonancias carlistas de «Patria,
Religión y Monarquía»—83 fue variopinta; en este, según José Manuel Cuenca
Toribio, confluyeron miembros de la burguesía rural, de las clases urbanas,
funcionarios, labradores y, en segunda instancia, oportunistas.84 El periódico La
Nación, prolongación de La Acción de Manuel Delgado Barreto, pasaría a
ejercer el rol de portavoz de Primo de Rivera y de la Unión Patriótica desde su
fundación el 16 de octubre de 1925.85 En cambio El Debate, que estuvo
relacionado con la fundación de la Unión Patriótica Castellana, tras ofrecer un
fervoroso apoyo inicial a Primo de Rivera, adoptó posteriormente una posición
más tibia hacia el régimen.86

El directorio militar buscó la anulación de la anarquista Confederación Nacional


del Trabajo (CNT) aumentando las medidas represivas sobre esta.87 Poco
después del golpe de 1923, Primo de Rivera consiguió atraer al Partido
Socialista Obrero Español (PSOE) y a la Unión General de Trabajadores (UGT)
para colaborar con la dictadura.88 Aunque el Partido Comunista de
España (PCE) tenía una relevancia limitada en aquel momento, Primo de
Rivera llegó a emplear a posteriori la amenaza del comunismo como uno de los
argumentos justificadores de su golpe y, aunque de forma precaria, se permitió
la publicación de su medio La Antorcha; las sedes del partido fueron
saqueadas y cerradas a finales de 1923.89

Finalmente, la medianoche del 12 al 13 de septiembre, Miguel Primo de Rivera


proclamó en Barcelona el estado de guerra y sacó a los militares a la calle, que
fueron ocupando los edificios clave de la ciudad. Lo mismo sucedió en el resto
de las capitales catalanas. En la región catalana contó no solo con el apoyo de
los militares, sino también del somatén,5758 de los industriales y de los sectores
conservadores en general. Fuera de Cataluña ocurrió lo mismo en Zaragoza y
en Huesca, donde también fueron tomados por los militares los lugares
estratégicos gracias a que Sanjurjo había logrado convencer al capitán general
de Aragón, general Palanca, de que se «abstuviera» de intervenir.59 En las
primeras horas el pronunciamiento no encontró ninguna oposición.

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