100% encontró este documento útil (2 votos)
194 vistas50 páginas

Estrategia de Fomento a la Lectura

Libro de Edipo Rey

Cargado por

Rosa López
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (2 votos)
194 vistas50 páginas

Estrategia de Fomento a la Lectura

Libro de Edipo Rey

Cargado por

Rosa López
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

ESTRATEGIA INTEGRAL DE FOMENTO A LA LECTURA | CONTINÚA LEYENDO

EDICIÓN
COMPLETA
Y ANOTADA
LECTURA | EDIPO REY

EDIPO REY
Sófocles

© 2019 Fundación Carlos Slim


Todos los derechos reservados.

Fundación Carlos Slim


Lago Zúrich. Plaza Carso II. Piso 5. Col. Ampliación Granada
CP. 11529, Ciudad de México. México.
contacto@[Link]

Edición, adaptación y notas: Daniel Rendón.


Diseño: Eduardo Valladares.
Ilustraciones: Yearim Ramírez y Eduardo González.

Texto adaptado desde el original publicado bajo licencia Copyfreedom © en [Link]

ISBN: En trámite.

Para uso exclusivo de los usuarios registrados en la plataforma “PruébaT” con fines estrictamente
educativos.

La Fundación, “PruébaT” y sus logotipos, son propiedad exclusiva de sus respectivos titulares, los cuales se encuentran
protegidos por los tratados internacionales y leyes aplicables en materia de propiedad intelectual y derechos de autor.
Los derechos de autor sobre el contenido, la organización, la recopilación, la compilación, las transferencias magnética
o electrónica, la conversión digital, los logotipos, las fotografías, las imágenes, los programas, las aplicaciones, y/o en
general cualquier información publicada en “PruébaT” se encuentran debidamente protegidos a favor de La Fundación,
de las empresas relacionadas, o bien, de autores independientes, de conformidad con la legislación aplicable en materia
de propiedad intelectual e industrial.
Se prohíbe expresamente al Usuario usar, reproducir, modificar, alterar o suprimir, ya sea en forma total o parcial,
los avisos, las marcas, los nombres, los anuncios, los logotipos y, en general, cualquier indicación que se refiera a la
propiedad y autoría de la información contenida en “PruébaT”.
El Usuario renuncia expresamente en este acto a intentar cualquier acción, demanda o reclamación en contra de La
Fundación o de las empresas relacionadas en materia de violación de cualquier derecho de autor o propiedad intelectual,
derivado de la información, programas, aplicaciones, software, ideas y demás material que el propio Usuario envíe a
“PruébaT” o publique en cualquiera de sus secciones o sitios derivados.
LECTURA | EDIPO REY

EDIPO REY
Sófocles

PERSONAJES
Personajes principales:
Edipo: rey de Tebas y esposo de Yocasta. Por haber librado a la ciudad de la
amenaza de la Esfinge1, los tebanos lo habían elegido como rey.
Creonte: es el hermano de Yocasta, a quien Edipo acusa de querer usurpar su
trono (vale aclarar que Creonte no tiene dicha intención). Queda a cargo de
las hijas y del trono de Edipo cuando este se va.
Tiresias: un adivino ciego de Tebas.
Yocasta: reina de Tebas, madre de Edipo. Se casó con Edipo (sin saber su
identidad) tras el asesinato de su anterior esposo, Layo.
Corifeo: Dirige el coro y es amigo de Edipo.
03
Personajes secundarios:
Coro2: de ancianos tebanos
Mensajero: lleva a Yocasta la noticia de la muerte del rey Pólibo.
Paje: testigo y relator de los últimos sucesos y el desenlace final.
Sacerdote: ministro del culto religioso de Zeus.
Pastor (sirviente): anciano, antiguo servidor del difunto rey Layo. Y testigo
que presenció la muerte de layo y sabe que el asesino es Edipo.

1
Esfinge: demonio mitológico representado con rostro de mujer, cuerpo de león y alas de ave que acechaba a las afue-
ras de Tebas y mataba a cualquiera que no pudiera resolver sus enigmas.
2
En el formato tradicional de las tragedias griegas aparece siempre un coro. Originalmente el coro explicaba al publico
algunos elementos de la trama como una especie de narrador y ayudaba a la transición entre escenas. En tragedias
posteriores, el coro funciona como personaje colectivo, como el pueblo de Tebas o la voz del destino.
LECTURA | EDIPO REY

Parte 1. Peste en Tebas


Argumento: Edipo, rey de Tebas, se dirige a una muchedumbre encabezada por
un sacerdote, que se ha congregado ante el rey para pedir un remedio a la peste
que golpea la ciudad de Tebas. Para conocer las causas de esta desgracia, el
propio Edipo ha mandado a su cuñado Creonte a consultar el oráculo de Delfos.
La respuesta de éste es que la peste se debe a que no se ha vengado la muerte
de Layo, el rey anterior: su sangre derramada amenaza con dar muerte a todos
los habitantes de la ciudad hasta que el asesino sea ejecutado o exiliado.

(Delante del palacio de Edipo, en Tebas. Un grupo de ancianos y de jóvenes están


sentados en las gradas del altar, en actitud suplicante, portando ramas de olivo.
El Sacerdote de Zeus se adelanta solo hacia el palacio. Edipo sale seguido de dos
ayudantes y contempla al grupo en silencio. Después les dirige la palabra).

EDIPO.- ¡Oh hijos!, descendencia nueva del antiguo Cadmo ¿Por qué están aquí
todos sentados ante mí, coronados con ramos de suplicantes? La ciudad está llena
de incienso, cantos de súplica y de gemidos… He venido hasta aquí en persona,
para enterarme de lo que sucede, yo, el llamado Edipo, famoso entre todos. Así
que, oh anciano, ya que eres por tu condición a quien corresponde hablar, dime 04
en nombre de todos: ¿cuál es la causa de que estéis así ante mí? ¿El miedo, o
el ruego? Yo les ayudaré en todo. Sería insensible, si no me compadeciera ante
semejante actitud.

SACERDOTE.- ¡Oh Edipo, soberano de mi tierra! Ves la edad de quienes somos


los que nos arrodillamos cerca de tus altares: unos, sin fuerzas aún para volar
lejos; otros, torpes por la vejez, somos Sacerdotes —yo lo soy de Zeus—, y otros,
escogidos entre los aún jóvenes. El resto del pueblo con sus ramos permanece
sentado en las plazas en actitud de súplica, junto a los dos templos de Atenea.

La ciudad, como tú mismo puedes ver, está ya demasiado agitada y no es capaz


todavía de levantar la cabeza de las profundidades y se debilita debido a la peste.
¡Odiosa epidemia! Tú, que al llegar, liberaste la ciudad de la terrible Esfinge con
la ayuda de un dios… ¡oh Edipo, el más sabio entre todos!, te imploramos todos
los que estamos aquí como suplicantes que nos consigas alguna ayuda, bien
sea tras oír el mensaje de algún dios, o bien lo conozcas de un mortal. Pues veo

3
Cadmo: En la mitología griega era uno de los hijos de Telefasa y Agénor. Mientras buscaba a su hermana Europa rap-
tada por Zeus, fundó con ayuda de los dioses la ciudad Cadmea, posteriormente llamada Tebas, ciudad que gobierna
Edipo.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 1

que son efectivos, sobre todo, los hechos llevados a cabo por los consejos de
los que tienen experiencia. ¡Ea, oh el mejor de los mortales!, endereza la ciudad.
¡Ea!, apresta tu guardia, porque esta tierra ahora te celebra como su salvador.
Que de ninguna manera recordemos de tu reinado que vivimos, primero, en la
prosperidad, pero caímos después; ¡levanta con firmeza la ciudad! Pues, si vas
a gobernar esta tierra, como lo haces, es mejor reinar con hombres en ella que
vacía.

EDIPO.- ¡Oh hijos dignos de lástima! Sé bien que todos están sufriendo y, al
sufrir, no hay ninguno de ustedes que padezca tanto como yo. Mi ánimo se duele,
al tiempo, por la ciudad y por mí y por ustedes. Estén seguros de que muchas
lágrimas he derramado yo y muchos caminos he recorrido en el curso de mis
pensamientos. El único remedio que he encontrado, después de reflexionar a
fondo, es el que he tomado: envié a Creonte, hijo de Meneceo, mi propio cuñado,
a la morada Pítica de Febo4, a fin de que se enterara de lo que tengo que hacer
o decir para proteger esta ciudad. No debe tardar mucho en volver, y en cuando
llegue, cumpliré todo cuanto el dios Apolo ordene.

SACERDOTE.- ¡Qué oportuno!. Precisamente me están indicando por señas que


Creonte se acerca.

EDIPO.- ¡Oh soberano Apolo! ¡Ojalá viniera con suerte liberadora, del mismo
modo que viene con rostro radiante!

SACERDOTE.- Por lo que se puede adivinar, viene complacido. En otro caso no


vendría así, con la cabeza coronada de frondosas ramas de laurel5. 05
EDIPO.- Pronto lo sabremos, pues ya está lo suficientemente cerca para que
nos escuche. ¡Oh príncipe, mi pariente, hijo de Meneceo! ¿Con qué respuesta
del oráculo nos llegas?

(Entra Creonte en escena).

CREONTE.- ¡Con una buena! Estoy seguro de que todo resultará para bien.

EDIPO.- ¿Cuál es la respuesta? Por lo que acabas de decir, no estoy ni tranquilo,


pero tampoco preocupado.

CREONTE.- Si deseas oírlo estando éstos aquí cerca, estoy dispuesto a hablar
y también, si lo deseas, a ir dentro.

4
Morada Pitica de Febo: Febo es un epítome o apodo para el dios Apolo, al referirse a la morada pítica, Edipo se refiere
a mandar a su cuñado a consultar al Oráculo de Delfos, instalado en el templo de Apolo ubicado en Grecia, uno de los
más importantes del mundo helénico.
5
Para los griegos, la corona elaborada con hojas de laurel, simboliza la victoria, la gloria o que se ha alcanzado una meta.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 1

EDIPO.- ¡Habla ante todos!, ya que por ellos sufro una aflicción mayor, incluso,
que por mi propia vida.

CREONTE.- Diré las palabras que escuché de parte del dios. El soberano Febo
nos ordenó, claramente, arrojar de la región una mancha que existe en esta
tierra y no mantenerla y así evitar peores males irremediables.

EDIPO.- ¿Pero cómo? ¿Cuál es la naturaleza de esa desgraciada mancha?

CREONTE.- Teníamos nosotros, señor, en otro tiempo a Layo como soberano


de esta tierra, antes de que tú rigieras rectamente esta ciudad.

EDIPO.- Lo sé por haberlo oído, pero nunca lo vi.

CREONTE.- Él murió asesinado y ahora nos prescribe claramente que tomemos


venganza de los culpables con violencia, puesto que su sangre derramada es la
que está sacudiendo a la ciudad.

EDIPO.- ¿En qué país puede estar? ¿Dónde podrá encontrarse la huella de una
antigua culpa, difícil de investigar?

CREONTE.- Afirmó que en esta tierra. Lo que es buscado puede ser atrapado,
pero se escapa lo que pasamos por alto.

EDIPO.- ¿Se encontró Layo con esta muerte en casa, o en el campo, o en algún 06
otro país?

CREONTE.- Tras haber marchado, según dijo, a consultar al oráculo, y una vez
fuera, ya no volvió más a casa.

EDIPO.- ¿Y ningún mensajero ni compañero de viaje lo vio, o supo algo?

CREONTE.- Murieron todos, excepto uno, que huyó despavorido y sólo una
cosa pudo decir con seguridad de lo que vio, decía que unos ladrones con los
que se tropezaron le dieron muerte.

EDIPO.- ¿Cómo podría un ladrón llegar a semejante audacia? Seguro estoy de


que el asesino se le envió desde aquí pagado con buen dinero.

CREONTE.- Eso era lo que se creía. Pero, después que murió Layo, nadie surgía
como su vengador en medio de las desgracias. Estábamos todos ocupados
con La Esfinge, de enigmáticos cantos, debíamos atender a lo que nos estaba
saliendo al paso, dejando de lado lo que no teníamos a la vista.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 1

EDIPO.- ¡Yo lo volveré a sacar a la luz la verdad desde el principio!, ya que Febo,
merecidamente, y tú, de manera digna, me indican el camino; verán también
en mí a un aliado para vengar a esta tierra y al antiguo rey Layo. El que fuera el
asesino de aquél tal vez también quiera matarme. Así, pues, auxiliando a aquél
me ayudo a mí mismo. Ustede, hijos, levántense de las gradas y recojan estos
ramos de suplicantes. Que otro congregue aquí al pueblo de Cadmo sabiendo
que yo voy a disponerlo todo. Y con la ayuda de la divinidad apareceré triunfante
o fracasado.

(Entran Edipo y Creonte en el palacio).

SACERDOTE.- Hijos, ¡levantémonos! ¡Ojalá que Febo, el que ha enviado estos


oráculos, llegue como salvador y ponga fin a la epidemia!

(Salen de la escena y, seguidamente, entra en ella el Coro de ancianos tebanos).

CORO.- ¡Oh dulce oráculo de Zeus!


Mi ánimo está tenso por el miedo, temblando de espanto.
¡Oh dios, a quien se le dirigen agudos gritos!
Por ti estoy lleno de temor.
¿Qué obligación de nuevo me vas a imponer?
Dímelo, ¡oh hijo de la áurea Esperanza, palabra inmortal!

Te invoco, inmortal Atenea6, y a tu hermana, Artemisa7, protectora del país.


¡Ay! Si ya antes, en socorro de una desgracia sufrida por la ciudad, consiguieron 07
arrojar del lugar el ardor de la plaga, ¡háganlo también ahora!

¡Ay de mí!
Soporto dolores sin cuento, ¡todo mi pueblo está enfermo!
Uno tras otro la población perece en número incontable, caen con fuerza, hacia
la costa del dios de las sombras. Los hijos, abandonados, yacen en el suelo,
portadores de muerte.
Esposas y canosas madres gimen por doquier en las gradas de los templos, en
actitud de suplicantes, a causa de sus tristes desgracias.
Resuena el peán8 y se oye, al mismo tiempo un sonido de lamentos.
¡Oh dura hija de Zeus!, envía tu ayuda, de agraciado rostro.

6
Atenea: diosa de la sabiduría, de la razón y de la guerra justa.
7
Artemisa: diosa de la caza, los animales salvajes y los nacimientos. Aliviaba las enfermedades de las mujeres.
8
Peán: canto religioso dirigido a Apolo para sanar enfermedades.
LECTURA | EDIPO REY

Parte 2. Predicciones de Tiresias


Argumento: Por consejo de Creonte, Edipo manda llamar a Tiresias, el adivino
ciego para que ayude a esclarecer lo sucedido. Cuando llega Tiresias, no quiere
colaborar; dice que conoce las respuestas, pero se niega a hablar y le sugiere a
Edipo abandonar su búsqueda. El diálogo entre Edipo y el adivino se convierte
rápidamente en pelea y ambos se insultan. Edipo, molesto, acusa a Tiresias de
complicidad en el asesinato de Layo. Tiresias, irritado, declara que Edipo es el
asesino que está buscando, e incluso le anuncia (en lenguaje voluntariamente
críptico) que vive en incesto con su madre y ha tenido hijos con ella; que aunque
se crea extranjero es tebano de nacimiento y que dentro de poco se quedará,
como él, ciego.
Edipo no se explica cómo puede ser cierto lo que dice Tiresias, así que llega a la
conclusión de que el ciego y Creonte se han puesto de acuerdo para acusarle del
crimen y quitarle el trono. Al final, Tiresias se marcha, murmurando oscuramente
que cuando se descubra al asesino será un ciudadano nativo de Tebas, hermano
y padre de sus propios hijos, e hijo y esposo de su propia madre.

CORIFEO.- Sé que, más que ningún otro, el noble Tiresias ve lo mismo que el 08
mismísimo Febo, y de él se podría tener un conocimiento muy exacto, señor.

EDIPO.- Al decírmelo Creonte, he enviado dos mensajeros. Me extraña que no


esté presente desde hace rato.

CORIFEO.- Entonces los demás rumores son ineficaces y pasados.

EDIPO.- ¿Cuáles son? Toda la información es importante.

CORIFEO.- Se dijo que murió a manos de unos caminantes.

EDIPO.- También yo lo oí. Pero nadie conoce al que lo vio.

CORIFEO.- Seguramente tendrá miedo.

EDIPO.- El que no tiene temor ante los hechos tampoco tiene miedo a la palabra.

(Entra Tiresias con los enviados por Edipo. Un niño le acompaña.)


LECTURA | EDIPO REY | PARTE 2

CORIFEO.- Pero ahí está el que lo dejará al descubierto. Éstos traen ya aquí al
sagrado adivino, al único de los mortales en quien la verdad es innata9.

EDIPO.- ¡Oh Tiresias, que todo lo manejas, lo que debe ser enseñado y lo que
es secreto, los asuntos del cielo y los terrenales! Aunque no ves, comprendes,
sin embargo, de qué mal es víctima nuestra ciudad. A ti te reconocemos como
único defensor y salvador de ella, señor. Porque Febo, si es que no lo has oído a
los mensajeros, contestó a nuestros embajadores que la única liberación de esta
plaga nos llegaría si, después de averiguarlo correctamente, dábamos muerte
a los asesinos de Layo o les hacíamos salir desterrados del país. ¡Sálvate a ti
mismo y a la ciudad y sálvame a mí!, líbranos de toda impureza originada por el
muerto. Estamos en tus manos. Que un hombre preste servicio con los medios
de que dispone y es capaz, es la más bella de las tareas.

TIRESIAS.- ¡Ay, ay! ¡Qué terrible es tener clarividencia10 cuando de nada sirve
al que la tiene! Yo lo sabía bien, pero lo he olvidado, de lo contrario no hubiera
venido aquí.

EDIPO.- ¿Qué pasa? ¡Qué abatido11 te has presentado!


TIRESIAS.- Déjame ir a casa. Más fácilmente soportaremos tú lo tuyo y yo lo mío
si me haces caso.

EDIPO.- No hablas con justicia ni con generocidad para la ciudad que te alimentó,
si le privas de tu augurio12.

TIRESIAS.- Porque veo que tus palabras no son oportunas para ti. ¡No vaya a ser 09
que a mí me pase lo mismo...!

(Hace ademán de retirarse).

EDIPO.- No te des la vuelta, ¡por los dioses!, si sabes algo, ya que te lo pedimos
todos los que estamos aquí como suplicantes.

TIRESIAS.- Todos han perdido el juicio. Yo nunca revelaré mis desgracias, por no
decir las tuyas.

EDIPO.- ¿Qué dices? ¿Sabiéndolo no hablarás, sino que piensas traicionarnos y


destruir a la ciudad?

9
Que le pertenece por naturaleza desde el nacimiento.
10
Supuesta capacidad que más allá de los cinco sentidos naturales, permite a algunas personas conocer el pasado o el
futuro.
11
Triste, decaído.
12
Señal o anuncio de un hecho futuro.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 2

TIRESIAS.- Yo no quiero afligirme13 a mí mismo ni a ti. ¿Por qué me interrogas


inútilmente? No te enterarás por mí.

EDIPO.- ¡Oh el más malvado de los malvados, pues tú llegarías a irritar, incluso,
a una roca! ¿No hablarás de una vez, sino que te vas a mostrar así de duro e
inflexible?

TIRESIAS.- Me has reprochado mi obstinación, y no ves la que igualmente hay


en ti.

EDIPO.- ¿Quién no se irritaría al oír razones de esta clase con las que tú estás
perjudicando a nuestra ciudad?

TIRESIAS.- Llegarán por sí mismas, aunque yo las proteja con el silencio.

EDIPO.- Pues bien, debes manifestarme incluso lo que está por llegar.

TIRESIAS.- No puedo hablar más. Ante esto, si quieres irrítate de la manera más
violenta.

EDIPO.- Nada de lo que estoy advirtiendo dejaré de decir. Has de saber que
parece que tú has ayudado a planear el crimen. Y si tuvieras vista, diría que,
incluso, este acto hubiera sido obra por entero tuya.

TIRESIAS.- ¿De verdad? Y yo insisto en pedirte que permanezcas leal a lo que


has dicho antes y que no nos dirijas la palabra ni a éstos ni a mí desde el día de 10
hoy, porque tú eres el azote impuro de esta tierra.

EDIPO.- ¿Con tanta desvergüenza haces esta aseveración14? ¿De qué manera
crees poderte escapar a ella?

TIRESIAS.- Ya lo he hecho. Pues tengo la verdad como fuerza.

EDIPO.- ¿Por quién has sido enseñado? Pues, desde luego, de tu arte no procede.

TIRESIAS.- Por ti, porque me impulsaste a hablar en contra de mi voluntad.

EDIPO.- ¿Qué palabras? Dilo, de nuevo, para que aprenda mejor.

TIRESIAS.- ¿No has escuchado antes?

EDIPO.- No como para decir que me es comprensible. Dilo de nuevo.

13
Afligir; causar tristesa.
14
Afirmación.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 2

TIRESIAS.- Afirmo que tú eres el asesino del hombre acerca del cual están
investigando.

EDIPO.- No dirás impunemente15 dos veces estos insultos.

TIRESIAS.- En ese caso, ¿digo también otras cosas para que te irrites aún más?

EDIPO.- Di cuanto gustes, que en vano16 será dicho.

TIRESIAS.- Afirmo que tú has estado conviviendo muy vergonzosamente, sin


advertirlo17, con los que te son más queridos y que no te das cuenta en qué
punto de desgracia estás.

EDIPO.- ¿Crees tú, en verdad, que vas a seguir diciendo alegremente esto?

TIRESIAS.- Sí, si es que existe alguna fuerza en la verdad.

EDIPO.- Existe, pero no para ti. Tú no la tienes, ya que estás ciego de los oídos,
de la mente y de la vista.

TIRESIAS.- Eres digno de lástima por echarme en cara cosas, porque a ti no


habrá nadie que no te reproche pronto.

EDIPO.- Vives en una noche continua, de manera que ni a mí, ni a ninguno que
vea la luz, podrías perjudicar nunca.
11
TIRESIAS.- No quiere el destino que tú caigas por mi causa, pues para ello se
basta Apolo, a quien importa llevarlo a cabo.

EDIPO.- ¿Esta invención es de Creonte o tuya?

TIRESIAS.- Creonte no es ningún dolor para ti, sino tú mismo.

EDIPO.- ¡Oh riqueza, poder y saber que aventajas a cualquier otro saber en una
vida llena de encontrados intereses! ¡Cuánta envidia hay en ustedes, si, a causa
de este mando que la ciudad me confió —sin que yo lo pidiera—, Creonte,
el que era leal, el amigo desde el principio, desea expulsarme deslizándose
a escondidas, tras sobornar a semejante hechicero, maquinador y charlatán
engañoso, que sólo ve en las ganancias y es ciego en su arte! Porque, ¡ea!,
dime, ¿en qué fuiste tú un adivino infalible? ¿Cómo es que no dijiste alguna

15
Sin ser castigado.
16
Vano, procede del latín vanus, que significa vacío. En vano quiere decir sin fundamento, o fundamentado en el vacío,
sin consecuencia.
17
Sin darse cuenta.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 2

palabra que liberara a estos ciudadanos cuando estaba aquí la perra cantora18.
Cierto era que aquel enigma no podría resolverlo cualquier persona que
se presentara, requería el arte adivinatoria que tú no demostraste tener, ni
procedente de las aves19 ni conocida a partir de alguno de los dioses. Y yo,
Edipo, el que nada sabía, llegué y la hice callar consiguiéndolo por mi habilidad,
y no por haberlo aprendido de los pájaros. A mí es a quien tú intentas echar,
creyendo que estarás más cerca del trono de Creonte. Me parece que tú y el
que ha urdido esto tendréis que lograr la purificación entre lamentos. Y si no te
hubieses hecho valer por ser un anciano, hubieras conocido con sufrimientos
qué tipo de sabiduría tienes.

CORIFEO.- Nos parece adivinar que las palabras de éste y las tuyas, Edipo,
han sido dichas a impulsos de la cólera20. Pero no debemos ocuparnos en tales
cosas, sino en cómo resolveremos los oráculos del dios de la mejor manera.

TIRESIAS.- Aunque seas el rey, se me debe dar la misma oportunidad de


replicarte, al menos con palabras semejantes. También yo tengo derecho a ello,
ya que no vivo sometido a ti sino a Loxias21, de modo que no podré ser inscrito
como seguidor de Creonte, jefe de un partido. Y puesto que me has echado
en cara que soy ciego, te digo: aunque tú tienes vista, no ves en qué grado
de desgracia te encuentras ni dónde habitas ni con quiénes transcurre tu vida.
¿Acaso conoces de quiénes desciendes? Eres, sin darte cuenta, odioso para
los tuyos, tanto para los de allí abajo como para los que están en la tierra, y la
maldición que por dos lados te golpea, de tu madre y de tu padre, con paso
terrible te arrojará, algún día, de esta tierra, y tú, que ahora ves claramente, 12
entonces estarás en la oscuridad. ¡Qué lugar no será refugio de tus gritos
cuando te des perfecta cuenta del infausto matrimonio en el que vives! Y no
adviertes la cantidad de otros males que te igualarán a tus hijos. Después de
esto, ultraja a Creonte y a mi palabra. Pues ningún mortal será aniquilado nunca
de peor forma que tú.

EDIPO.- ¿Es que es tolerable escuchar esto de ése? ¡Maldito seas! ¿No te irás
cuanto antes? ¿No te irás de esta casa, volviendo por donde has venido?

TIRESIAS.- No hubiera venido yo, si tú no me hubieras llamado.

EDIPO.- No sabía que ibas a decir necedades. En tal caso, difícilmente te hubiera
hecho venir a mi palacio.

18
Cruel cantora, madre perra o perra cantora son nombres comunes para referirse a la esfinge.
19
La ornitomancia, o adivinación mediante las aves era muy común en la antigua grecia. Consistía en predecir el futuro
mediante la interpretación del comportamiento, vuelo y plumaje de las aves.
20
Cólera: enojo, alteración o ira desmedida.
21
Loxias es uno de los epítetos (expresa o resalta una característica) de Apolo, que significa oblicuo o ambiguo. Este
epítome se usa para referirse al dios como protector de los adivinos.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 2

TIRESIAS.- Yo soy tal cual te parezco, necio, pero para los padres que te
engendraron22 era juicioso.

EDIPO.- ¿Para quiénes? Aguarda. ¿Qué mortal me dio el ser?

TIRESIAS.- Este día te engendrará y te destruirá.

EDIPO.- ¡De qué modo enigmático y oscuro lo dices todo!

TIRESIAS.- ¿Acaso no eres tú el más hábil por naturaleza para interpretarlo?

EDIPO.- Échame en cara, precisamente, aquello en lo que me encuentras


grande.

TIRESIAS.- Esa fortuna, sin embargo, te hará perecer23.

EDIPO.- Pero si salvo a esta ciudad, no me preocupa.

TIRESIAS.- En ese caso me voy. Tú, niño, condúceme.

EDIPO.- Que te lleve, sí, porque aquí, presente, eres un molesto obstáculo; y,
una vez fuera, puede ser que no atormentes más.

TIRESIAS.- Me voy, porque ya he dicho aquello para lo que vine, no porque


tema tu rostro. Nunca me podrás perder. Y te digo: ese hombre que, desde 13
hace rato, buscas con amenazas a causa del asesinato de Layo está aquí. Se
dice que es extranjero establecido aquí, pero después saldrá a la luz que es
tebano. Ciego, cuando antes tenía vista, y pobre, en lugar de rico, se trasladará
a tierra extraña tanteando el camino con un bastón. Será manifiesto que él
mismo es, a la vez, hermano y padre de sus propios hijos, hijo y esposo de la
mujer de la que nació y de la misma raza, así como asesino de su padre. Entra
y reflexiona sobre esto. Y si me coges en mentira, di que yo ya no tengo razón
en el arte adivinatorio.

(Tiresias se aleja y Edipo entra en palacio).

CORO.- ¿Quién será el autor de aquellas acciones indecibles entre las indecibles?
¡Es momento para que huya tan rápido como el viento, pues contra él se
precipita, armado con fuego y relámpagos, el hijo de Zeus24! Y, junto a él, las
infalibles diosas de la muerte.

22
Engendrar: Dar existencia a un nuevo ser por medio de la fecundación.
23
Perecer: morir.
24
Apolo es hijo de Zeus.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 2

De terrible manera me perturba el sabio adivino...


Yo nunca he sabido, ni antes ni ahora, qué motivo de disputa había entre los
Labdácidas y el hijo de Pólibo25, que, por haberlo probado, me haga ir contra
la pública fama de Edipo, como vengador para los Labdácidas de muertes no
claras.

Yo nunca, hasta ver que la profecía se cumpla, reprocharé a Edipo, porque, un


día, llegó contra él la terrible esfinge y quedó claro, que era sabio y amigo para
la ciudad. Por ello, en mi corazón nunca será culpable de maldad.

14

25
Los Labdácidas son el pueblo de Tebas (del que Edipo es rey en este momento) y Pólibo el padre adpotivo de Edipo,
quien lo adoptara luego de que Layo su verdaero padre lo abandonara. Este párrafo y el siguiente explican la actitud del
pueblo (representado por el coro) de desconfiar de las declaraciones de Tiresias el adivino, toda vez que para ellos Edipo
es un héroe.
15
LECTURA | EDIPO REY

Parte 3. Acusaciones contra Creonte


Argumento: Entre los ancianos tebanos existe duda por las confusas palabras
de Tiresias. Creonte aparece indignado ante las acusaciones de conspiración
que ha hecho Edipo, también señala que es inexplicable que Tiresias, que estaba
en la ciudad en el momento del asesinato de Layo, no declarara entonces lo que
sabía, y haya esperado hasta ahora para acusarle del crimen.
Creonte añade que, como cuñado y amigo de Edipo, ya tiene suficiente poder en
Tebas y que nunca desearía las preocupaciones y problemas que debe afrontar
un rey. Edipo exige que Creonte sea ejecutado; sin embargo, el coro le convence
de que deje vivir a Creonte.

(Entra Creonte).

CREONTE.- Ciudadanos, habiéndome enterado de que el rey Edipo me acusa


con terribles palabras, me presento sin poder soportarlo. Pues si cree haber
sufrido de mi parte con palabras o con obras algo que le lleve a un perjuicio26,
no tengo deseo de una vida que dure mucho tiempo con esta fama. El daño que
me reporta esta acusación es gravísimo, si es que voy a ser llamado malvado en 16
la ciudad, y ante los amigos.

CORIFEO.- Tal vez haya llegado a este ultraje forzado por la cólera, más que
intencionadamente.

CREONTE.- ¿Abiertamente dijo Edipo que, persuadido por mis consejeros, el


adivino decía mentiras?

CORIFEO.- Eso dijo, pero no sé con qué intención.

CREONTE.- ¿Y, con la mirada y la mente rectas, lanzó esta acusación contra mí?

CORIFEO.- No sé, pues no conozco lo que hacen los que tienen el poder. Pero
él, en persona, sale ya del palacio.

(Entra Edipo en escena).

26
Daño moral o material.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 3

EDIPO.- ¡Tú! ¿Cómo has venido aquí? ¿Eres, acaso, persona de tanta osadía
que has llegado a mi casa, a pesar de que es evidente que tú eres el asesino
de este hombre y un usurpador27 de mi soberanía? ¡Ea, dime, por los dioses!
¿Te decidiste a actuar así por haber visto en mí alguna cobardía o locura? ¿O
pensabas que no descubriría que tu acción se deslizaba con engaño, o que no
me defendería al averiguarlo? ¿No es tu intento una locura: buscar la soberanía
sin el apoyo del pueblo y de los amigos, cuando se obtiene con la ayuda de
aquél y de las riquezas?

CREONTE.- ¿Sabes lo que vas a hacer? ¡Escúchame!, y después juzga tú mismo.

EDIPO.- Tú eres diestro en el hablar y yo soy torpe para comprenderte, porque


he descubierto que eres hostil y molesto para mí.

CREONTE.- En lo que a esto se refiere, óyeme primero cómo lo voy a contar.

EDIPO.- No me digas que no eres un malvado.

CREONTE.- Si crees que la presunción separada de la inteligencia es un bien,


no razonas bien.

EDIPO.- Si crees que perjudicando a un pariente no sufrirás la pena, no razonas


correctamente.

CREONTE.- Estoy de acuerdo contigo, pero infórmame qué perjuicio dices que
has recibido. 17
EDIPO.- ¿Intentabas persuadirme28, o no, de que era necesario que enviara a
alguien a buscar al venerable adivino?

CREONTE.- Y sigo pensando que fue el mejor consejo.

EDIPO.- ¿Cuánto tiempo hace ya desde que Layo...

CREONTE.- ¿Qué fue lo que hizo? No entiendo.

EDIPO.- ... sin que fuera visible, pereciera en un asesinato?

CREONTE.- Podrían contarse largos y antiguos años.

EDIPO.- ¿Ejercería entonces su arte ese adivino?

27
Usurpador ​es un término peyorativo usado para denominar a la persona o grupo que reclama u obtiene el poder de
forma ilegítima o controvertida.​
28
Persuair, convencer.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 3

CREONTE.- Sí, tan sabiamente como antes y honrado por igual.

EDIPO.- ¿Hizo mención de mí para algo en aquel tiempo?

CREONTE.- No, ciertamente, al menos cuando yo estaba presente.

EDIPO.- Pero, ¿no hicisteis investigaciones acerca del muerto?

CREONTE.- Las hicimos, ¿cómo no? Y no conseguimos nada.

EDIPO.- ¿Y cómo, pues, ese sabio no dijo entonces estas cosas?

CREONTE.- No lo sé. De lo que no comprendo, prefiero guardar silencio.

EDIPO.- Sólo lo que sabes podrías decirlo con total conocimiento.

CREONTE.- Si lo sé, no lo negaré.

EDIPO.- Que, si no hubiera estado acordado contigo, no hubiera hablado de la


muerte de Layo a mis manos.

CREONTE.- Si eso dijo el adivino, tú lo sabrás. Yo considero justo informarme


de ti, lo mismo que ahora tú lo has hecho de mí.

EDIPO.- Haz averiguaciones. No seré hallado culpable de asesinato.


18
CREONTE.- ¿Y qué? ¿Estás casado con mi hermana?

EDIPO.- No es posible negar la pregunta que me haces.

CREONTE.- ¿Gobiernas el país administrándolo con igual poder que ella?

EDIPO.- Lo que desea, todo lo obtiene de mí.

CREONTE.- ¿Y no es cierto que, en tercer lugar, yo me igualo a ustedes dos?

EDIPO.- Por eso, precisamente, resultas ser un mal amigo.

CREONTE.- No si me das la palabra como yo a ti mismo. Considera primeramente


esto: si crees que alguien preferiría gobernar entre temores a dormir tranquilo,
teniendo el mismo poder. Por lo que a mí respecta, no tengo más deseo de ser
rey que de actuar como si lo fuera, ni ninguna otra persona que sepa razonar.
En efecto, ahora lo obtengo de ti todo sin temor, pero, si fuera yo mismo el que
gobernara, haría muchas cosas también contra mi voluntad. ¿Cómo, pues, iba a
ser para mí más grato el poder absoluto, que un mando y un dominio exentos
de sufrimientos? Aún no estoy tan mal aconsejado como para desear otras
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 3

cosas que no sean los honores acompañados de provecho. Actualmente, todos


me saludan y me reciben con cariño. Los que ahora tienen necesidad de ti me
halagan, pues en esto está, para ellos, el obtener todo. ¿Cómo iba yo, pues,
a pretender aquello desprendiéndome de esto? Una mente que razona bien
no puede volverse torpe. No soy, por tanto, amigo de esta idea ni soportaría
nunca la compañía de quien lo hiciera. Y, como prueba de esto, ve a Delfos y
entérate si te he anunciado fielmente la respuesta del oráculo. Y otra cosa: si
me sorprendes habiendo tramado algo en común con el adivino, tras hacerlo,
no me condenes a muerte por un solo voto, sino por dos, por el tuyo y el mío;
pero no me inculpes por tu cuenta a causa de una suposición no probada. No
es justo considerar, sin fundamento, a los malvados honrados ni a los honrados
malvados. Afirmo que es igual rechazar a un buen amigo que a la propia vida, a
la que se estima sobre todas las cosas. Con el tiempo, podrás conocer que esto
es cierto, ya que sólo el tiempo muestra al hombre justo, mientras que podrías
conocer al perverso en un solo día.

CORIFEO.- Bien habló él, señor. Pues los que se precipitan no son seguros para
dar una opinión.

EDIPO.- Cuando el que conspira a escondidas avanza con rapidez, preciso es


que también yo mismo planee con la misma rapidez. Si espero sin moverme, los
proyectos de éste se convertirán en hechos y los míos, en frustraciones.

CREONTE.- ¿Qué pretendes, entonces? ¿Acaso arrojarme fuera del país?

EDIPO.- En modo alguno. Que mueras quiero, no que huyas. 19


CREONTE.- Cuando expliques de dónde viene tanto odio...

EDIPO.- ¿Quieres decir que no me obedecerás?

CREONTE.- ...pues veo que tú no razonas con cordura29.

EDIPO.- Sí, al menos, en lo que me afecta.

CREONTE.- Pero es preciso que lo hagas también en lo mío.

EDIPO.- Tú eres un malvado.

CREONTE.- ¿Y si es que tú no comprendes nada?

EDIPO.- Hay que obedecer, a pesar de ello.

29
Cordura: opuesto a la locura, cuando una persona es prudente y sensata.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 3

CREONTE.- No al que ejerce mal el poder.

EDIPO.- ¡Oh ciudad, ciudad!

CREONTE.- También a mí me interesa la ciudad, no sólo a ti.

CORIFEO.- Cesad, príncipes. Veo que, justo a tiempo, sale de palacio Yocasta,
con quien deben dirimir30 la disputa que están sosteniendo.

20

30
Dirimir: Resolver o solucionar un desacuerdo.
LECTURA | EDIPO REY

Parte 4. Revelaciones de YocastaCreonte


Argumento: Yocasta, esposa primero de Layo y luego de Edipo, ejerce de
mediadora en la disputa. Intenta reconfortar a Edipo. Tras conocer los motivos,
dice a Edipo que no debe hacer ningún caso de las adivinaciones proféticas y
pone como ejemplo una predicción del oráculo que no se cumplió. La profecía
afirmaba que Layo moriría asesinado por su propio hijo. Sin embargo, Layo
murió de otra forma, asesinado por unos bandidos en un cruce de tres caminos
de camino a Delfos. El único hijo que tuvieron murió poco después de nacer,
pues se lo dieron a un criado para que lo matara. Por tanto, señala Yocasta, el
oráculo no se cumplió en modo alguno.

La mención de este cruce de caminos hace que Edipo se pare un momento y


pida más detalles. Le pregunta a Yocasta qué aspecto tenía Layo, y Edipo de
repente empieza a sospechar que sean ciertas las acusaciones de Tiresias. Exige
que traigan a su presencia al único testigo del asesinato de los campos donde
ahora trabaja de pastor. Hay un gran suspenso porque Yocasta no conoce los
motivos de ese miedo de Edipo.

(Yocasta sale de palacio). 21


YOCASTA.- ¿Por qué, oh desdichados, comenzaron esta discusión? ¿No les da
vergüenza ventilar cuestiones particulares estando como está sufriendo la ciudad?

CREONTE.- Hermana, Edipo, tu esposo, pretende llevar a cabo decisiones


terribles respecto a mí, habiendo elegido entre dos calamidades: o desterrarme
de la patria o, tras hacerme prisionero, matarme.

EDIPO.- Asiento. Pues le he sorprendido, mujer, tramando contra mi persona


con mañas ruines.

CREONTE.- ¡Que no sea feliz, sino que perezca maldito, si he realizado contra ti
algo de lo que me culpas!

YOCASTA.- ¡Por los dioses!, Edipo, ¡detente!, sobre todo si sientes respeto ante
un juramento en nombre de los dioses, y también por respeto a mí y a los que
están ante ti.

CORO.- Obedece de grado y por prudencia, señor, te lo suplico.

EDIPO.- ¿En qué quieres que ceda?


LECTURA | EDIPO REY | PARTE 4

CORO.- En respetar al que nunca antes fue necio y ahora es fuerte en virtud del
juramento.

EDIPO.- ¿Sabes lo que pides?

CORIFEO.- Lo sé.

EDIPO.- Explícame qué dices.

CORO.- Que, por un rumor poco probado, nunca lances una acusación de
deshonor a un pariente obligado por su propio juramento.

EDIPO.- Entérate bien ahora: me estás buscando la ruina o mi destierro de este


país. ¡Que se vaya éste, aun cuando deba yo morir irremediablemente o ser
expulsado por la fuerza, deshonrado, de esta tierra! Ante tus palabras dignas
de lástima me apiado, que no ante las de éste. Él, en donde se encuentre, será
objeto de mi aborrecimiento.

CREONTE.- Es evidente que lleno de odio cedes, y estarás molesto cuando


termines de estar airado31.

EDIPO.- ¿No me dejarás tranquilo y te irás fuera?

CREONTE.- Me voy sin que me hayas entendido, pero para éstos soy el mismo.

(Se aleja.) 22
CORO.- Mujer, ¿qué estás esperando para llevarlo a palacio?

YOCASTA.- Conocer qué es lo que ocurre.

CORO.- Una oscura sospecha surgió de unas palabras, pero también me desgarra
lo que puede ser injusto.

YOCASTA.- ¿Del uno y del otro?

CORIFEO.- Sí.

YOCASTA.- ¿Y cuál fue el motivo?

CORO.- Basta, me parece que es suficiente, estando atormentado el país. Que


se quede el asunto allí donde acabó.

31
Que muestra tener ira o un enfado muy grande.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 4

EDIPO.- Date cuenta dónde has llegado, aun siendo hombre honesto en tu
intención, haciendo caso omiso y embotando32 mi corazón.

CORO.- ¡Oh señor, no te lo he dicho sólo una vez: sabe que habría de mostrarme
insensato, falto de razonable juicio, si te abandonara. Tú, que dirigiste con justicia
el rumbo de mi querido país, cuando estaba sacudido entre desgracias, llegarás
a ser también ahora un buen guía, si puedes.

YOCASTA.- ¡En nombre de los dioses! Dime también a mí, señor, por qué asunto
has concebido semejante enojo.

EDIPO.- Hablaré. Pues a ti, mujer, te venero más que a éstos. Es a causa de
Creonte y de la clase de conspiración que ha tramado contra mí.

YOCASTA.- Habla, si es que lo vas a hacer para denunciar claramente el motivo


de la querella.

EDIPO.- Dice que yo soy el asesino de Layo.

YOCASTA.- ¿Lo conoce por sí mismo o por haberlo oído decir a otro?

EDIPO.- Ha hecho venir a un desvergonzado adivino, ya que su boca, por lo que


a él en persona concierne, está completamente libre.

YOCASTA.- Tú, ahora, escúchame y aprende que nadie que sea mortal domina el
arte adivinatoria. La prueba de esto te la mostraré en pocas palabras. Una vez le 23
llegó a Layo un oráculo —no diré que del propio Febo, sino de sus servidores—
que decía que tendría el destino de morir a manos del hijo que naciera de mí y
de él. Sin embargo, a él, al menos según el rumor, unos bandoleros extranjeros
le mataron en una encrucijada de tres caminos. Por otra parte, no habían pasado
tres días desde el nacimiento del niño cuando Layo, después de atarle juntas
las articulaciones de los pies33, le arrojó, por la acción de otros, a un monte
infranqueable34. Por tanto, Apolo ni cumplió el que éste llegara a ser asesino
de su padre ni que Layo sufriera a manos de su hijo la desgracia que él temía.
Afirmo que los oráculos habían declarado tales cosas. Por ello, tú para nada
te preocupes, pues aquello en lo que el dios descubre alguna utilidad, él en
persona lo da a conocer sin rodeos.

32
Embotando: en este caso, confundiendo.
33
Layo, Rey de Tebas, padre biológico de Edipo y primer esposo de Yocasta perforó los piés de Edipo cuando este era
apenas un bebé y lo abandonó amarrado a un árbol. Pensó que nadie adoptaría a un bebé con los piés lastimados. Layo
pretendía así salvarse a si mismo y a su reino de una profecía del oráculo que le advertía que si llegaba a concebir un
hijo, este lo mataría al convertirse en adulto.
Edipo fue encontrado por unos pastores y dado en adopción a Pólibo, rey de Corinto, quien lo bautizó con ese nombre,
que significa “el de los piés hinchados”.
34
Infranqueable: difícil, imposible de acceder.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 4

EDIPO.- Al acabar de escucharte, mujer, ¡qué delirio se ha apoderado de mi


alma y qué agitación de mis sentidos!

CREONTE.- ¿A qué preocupación te refieres que te ha hecho volverte sobre tus


pasos?

EDIPO.- Me pareció oírte que Layo había sido muerto en una encrucijada de tres
caminos.

YOCASTA.- Se dijo así y así fue.

EDIPO.- ¿Y dónde se encuentra el lugar ese en donde ocurrió la desgracia?

YOCASTA.- Fócide es llamada la región, y la encrucijada hace confluir los


caminos de Delfos y de Daulia.

EDIPO.- ¿Qué tiempo ha transcurrido desde estos acontecimientos?

YOCASTA.- Poco antes de que tú aparecieras con el gobierno de este país, se


anunció eso a la ciudad.

EDIPO.- ¡Oh Zeus! ¿Cuáles son tus planes para conmigo?

YOCASTA.- ¿Qué es lo que te desazona35, Edipo?

EDIPO.- Todavía no me interrogues. Y dime, ¿qué aspecto tenía Layo y de qué


24
edad era?

YOCASTA.- Era fuerte, con los cabellos desde hacía poco encanecidos, y su
figura no era muy diferente de la tuya.

EDIPO.- ¡Ay de mí, infortunado! Paréceme que acabo de precipitarme a mí


mismo, sin saberlo, en terribles maldiciones.

YOCASTA.- ¿Cómo dices? No me atrevo a dirigirte la mirada, señor.

EDIPO.- Me pregunto, con tremenda angustia, si el adivino estaba en lo cierto...


Me lo demostrarás, si me revelas una cosa.

YOCASTA.- En verdad que siento temor, pero a lo que me preguntes, si lo sé,


contestaré.

35
Desazón: Estado de intranquilidad o tristeza.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 4

EDIPO.- ¿Iba de incógnito, o con una escolta numerosa cual corresponde a un


rey?

YOCASTA.- Eran cinco en total. Entre ellos había un heraldo36. Sólo un carro
conducía a Layo.

EDIPO.- ¡Ay, ay! Esto ya está claro. ¿Quién fue el que entonces os anunció las
nuevas, mujer?

YOCASTA.- Un servidor que llegó tras haberse salvado sólo él.

EDIPO.- ¿Por casualidad se encuentra ahora en palacio?

YOCASTA.- No… Cuando llegó de allí y vio que tú regentabas el poder y que
Layo estaba muerto, me suplicó, encarecidamente, cogiéndome la mano, que
le enviara a los campos y al pastoreo de rebaños para estar lo más alejado
posible de la ciudad. Yo lo envié, porque, en su calidad de esclavo, era digno
de obtener este reconocimiento y aún mayor.

EDIPO.- ¿Cómo podría llegar junto a nosotros con rapidez?

YOCASTA.- Es posible. Pero ¿por qué lo deseas?

EDIPO.- Temo por mí mismo, oh mujer, haber dicho demasiadas cosas. Por ello,
quiero verle. 25
YOCASTA.- Está bien, vendrá, pero también yo merezco saber lo que te causa
desasosiego, señor.

EDIPO.- Y lo sabrás, después de saberlo yo. Pues, ¿a quién mejor que a ti


podría yo hablar, cuando paso por semejante trance?

36
Rango intermedio entre rey de armas y persevante. Representaban un papel importante, y su carácter era sagrado. Po-
dían entrar en las ciudades sitiadas o mezclarse en medio de los combates, sin que nadie se atreviese a herirles. Convo-
caban las asambleas de los jefes o generales, imponían silencio a la multitud antes de que hablaran los reyes para que se
oyeran sus discursos. Los heraldos eran los que llevaban sus órdenes y muchas veces sus ejecutores, llamando a aquellos
a quienes los príncipes deseaban ver o hablar.
26
LECTURA | EDIPO REY

Parte 5. Edipo cuenta su historia


Argumento: Yocasta, confusa cuestiona a Edipo sobre lo que ocurre. Edipo
relata a Yocasta cómo sus padres fueron Pólibo y Mérope, reyes de Corinto y
cómo, durante un banquete, un borracho acusó a Edipo de no ser el hijo legítimo
de su padre.

Edipo continúa relatando que decidió consultar al oráculo de Delfos sobre la


verdad de aquellos rumores, y asustado por las predicciones de que algún día
asesinaría a su padre abandonó Corinto. Más tarde, en sus andanzas, había
tenido un incidente en el mismo cruce de caminos donde fue muerto Layo,
donde encontró un carruaje que intentó sacarlo de la carretera. Se desarrolló una
discusión y Edipo mató a los viajeros, incluyendo a un hombre cuya descripción
coincidía con la que Yocasta hizo de Layo. La esperanza que tiene Edipo de
no ser el asesino de Layo es que el único testigo había afirmado que Layo fue
asesinado por varios ladrones. Si el pastor confirma que Layo fue atacado por
varios hombres, entonces Edipo no es el culpable.

EDIPO.- Mi padre era Pólibo, corintio, y mi madre Mérope, doria37. Era considerado
yo como el más importante de los ciudadanos de allí hasta que me sobrevino38 el 27
siguiente suceso. He aquí que en un banquete, un hombre saturado de bebida,
refiriéndose a mí, dice, en plena embriaguez, que yo era un falso hijo de mi
padre. Yo, disgustado, a duras penas me pude contener a lo largo del día, pero,
al siguiente, fui junto a mi padre y mi madre y les pregunté. Ellos despreciaron
la injuria de aquel que había dejado escapar estas palabras. Yo me alegré con
su reacción; sin embargo, eso me atormentaba sin cesar, pues me había calado
hondo. Sin que mis padres lo supieran, me dirigí a Delfos, y Febo me despidió
sin atenderme en aquello por lo que llegué, en lugar de ello, me anunció terribles
y desgraciadas calamidades: que estaba destinado que yo tendría que unirme a
mi madre y que traería al mundo una descendencia insoportable de ver para los
hombres y que yo sería asesino del padre que me había engendrado. Después de
oír esto, huí de Corinto huyendo de aquel destino. En mi caminar llego a ese lugar
en donde tú afirmas que murió el rey. Y a ti, mujer, te revelaré la verdad. Cuando
en mi viaje estaba cerca de ese triple camino, un heraldo y un hombre, cual tú
describes, montado sobre un carro tirado por potros, me salieron al encuentro.
El conductor y el mismo anciano me arrojaron violentamente fuera del camino.

37
Dorios: Una de las principales tribus griegas antiguas.
38
Sobrevenir: Ocurrir inesperadamente.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 5

Yo, al que me había apartado, al conductor del carro, le golpeé movido por la
cólera. Cuando el anciano ve desde el carro que me aproximo, apuntándome
en medio de la cabeza, me golpea con la pica de doble punta39. Y él no pagó
por igual, inmediatamente fue golpeado con el bastón por esta mano y cayó de
espaldas desde el carro. Maté a todos. Si alguna conexión hay entre Layo y este
extranjero, ¿quién hay en este momento más infortunado que yo? ¡Mancillo el
lecho del muerto con mis manos!, precisamente con las que le maté. ¿No soy yo,
en verdad, un canalla? ¿No soy un completo impuro? Si debo salir desterrado,
no me es posible en mi destierro ver a los míos ni pisar mi patria, porque me
veré forzado a unirme en matrimonio con mi madre y a matar a Pólibo, que me
crió y engendró. ¡Oh sagrada majestad de los dioses, que no vea yo ese día, sino
que desaparezca de entre los mortales antes que ver que semejante deshonor
impregnado de desgracia llega sobre mí!

CORIFEO.- A nosotros, oh rey, nos parece esto motivo de temor, pero mientras
no lo conozcas del todo por boca del que estaba presente, ten esperanza.

EDIPO.- En verdad, ésta es la única esperanza que tengo: aguardar al pastor.

YOCASTA.- Y cuando él haya aparecido, ¿qué esperas que suceda?

EDIPO.- Yo te lo diré. Si descubrimos que dice lo mismo que tú, yo podría


ponerme a salvo de esta calamidad.

YOCASTA.- ¿Qué palabras especiales me has oído?


28
EDIPO.- Decías que él afirmó que unos ladrones le habían matado. Si aún
confirma el mismo número, yo no fui el asesino, pues no podría ser uno solo igual
a muchos. Pero si dice que fue un hombre que viajaba en solitario, está claro: el
delito me es imputable.

YOCASTA.- Ten por seguro que así se propagó la noticia, y no le es posible


desmentirla de nuevo, puesto que la ciudad, no yo sola, lo oyó. Y si en algo se
apartara del anterior relato, ni aun entonces mostrará que la muerte de Layo se
cumplió debidamente, porque Loxias dijo expresamente que se llevaría a cabo
por obra de un hijo mío. Sin embargo, aquél, infeliz, nunca le pudo matar, porque
él mismo murió antes. De modo que en materia de adivinación yo no podría
dirigir la mirada ni a un lado ni a otro.

EDIPO.- Haces un sensato juicio. Pero, no obstante, envía a alguien para que
haga venir al pastor y no lo descuides.

(Entran en palacio).

39
Pica de doble punta: Arma antigua compuesta de una lanza de tres puntas; una central larga y dos más a los lados más
cortas.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 5

CORO.- La insolencia produce al tirano. La insolencia, si se harta en vano de


muchas cosas que no son oportunas ni convenientes subiéndose a lo más alto, se
precipita hacia un abismo de fatalidad donde no dispone de pie firme.

Pido que la divinidad nunca haga cesar lo que es favorable para la ciudad. Al dios
no cesaré de tener como protector.

Si alguien se comporta orgullosamente en acciones o de palabra, sin sentir temor


de la justicia ni respeto ante las moradas de los dioses, ¡ojalá le alcance un funesto
destino por causa de su infortunada arrogancia! Y si no saca con justicia provecho
y no se aleja de los actos perjudiciales, o toca cosas que son intocables en una
insensata acción, ¿qué hombre, en tales circunstancias, se jactará aún de rechazar
de su alma las flechas de los dioses? Si las acciones de este tipo son dignas de
horrores, ¿por qué debo yo participar en los coros?

Pero, ¡oh Zeus poderoso!, si con razón eres así llamado, que riges todo, no te
pase esto inadvertido ni tampoco a tu poder siempre inmortal. Se diluyen los
antiguos oráculos acerca de Layo, extinguiéndose, y Apolo no se manifiesta, en
modo alguno, con honores, y los asuntos divinos se pierden.

29
LECTURA | EDIPO REY

Parte 6. Noticias de Corinto


Argumento: Yocasta manda llamar al testigo y también se presenta como
suplicante ante el templo de Apolo para que resuelva sus males. Mientras,
llega un mensajero inesperado que trae noticias de Corinto: Pólibo ha muerto
y quieren proclamar a Edipo como rey de Corinto. Yocasta, tras oír las noticias,
trata de convencer a Edipo de que tampoco la profesía según la cual iba a matar
a su padre se había cumplido y por tanto ya no debería temer al otro oráculo que
decía que se casaría con su madre. Edipo, para sorpresa del mensajero, queda
feliz por las noticias, porque prueba que la mitad de la profecía era falsa, ahora
jamás podrá matar a su padre. Sin embargo, aún teme que pueda de alguna
manera cometer incesto con su madre. El mensajero, ansioso de tranquilizar a
Edipo, le dice que no se preocupe, porque Mérope no es su verdadera madre.

Surge entonces el hecho de que este mensajero fue anteriormente un pastor


en el monte Citerón, y que le entregaron un bebé, que entonces fue adoptado
por Pólibo, quien no tenía hijos. El niño, explica, se lo dio otro pastor de la casa
de Layo, a quien le habían dicho que se deshiciera del niño. Edipo pregunta al
coro si alguien conoce quién era este hombre, o dónde podría estar ahora. Le
responden que es el «mismo pastor» que fue testigo del crimen de Layo había
entregado a Edipo, cuando éste era un bebé, al mensajero, a quien Edipo ya
había mandado a buscar.

30

(Yocasta sale de palacio acompañada de servidoras).

YOCASTA.- Señores de la región, se me ha ocurrido la idea de acercarme a los


templos de los dioses con estas coronas y ofrendas de incienso en las manos.
Porque Edipo tiene demasiado en vilo40 su corazón con tristezas de todo tipo. Y
ya que no consigo nada con mis consejos, me llego ante ti, oh Apolo —pues eres
el más cercano—, cual suplicante, con estos signos de plegarias para que nos
proporciones alguna liberación purificadora, puesto que ahora todos sentimos
ansiedad, al ver asustado a aquel que es como el piloto de la nave.

(Entra en escena un mensajero).

MENSAJERO.- ¿Podríais informarme, oh extranjeros, dónde se halla el palacio


del rey Edipo?

40
Tener en vilo: en estado de inquietud o suspenso.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 6

CORIFEO.- Ésta es su morada y él mismo está dentro, extranjero. Esta mujer es


la madre de sus hijos.

MENSAJERO.- ¡Que llegues a ser siempre feliz, rodeada de gente dichosa, tú


que eres esposa legítima de aquél!

YOCASTA.- De igual modo lo seas tú, oh extranjero, pues lo mereces por tus
favorables palabras. Pero dime con qué intención has llegado y qué quieres
anunciar.

MENSAJERO.- Buenas nuevas para tu casa y para tu esposo, mujer.

YOCASTA.- ¿Cuáles son? ¿De parte de quién vienes?

MENSAJERO.- De Corinto. Ojalá te complazca —¿cómo no?— la noticia que te


daré a continuación, aun que tal vez te duelas.

YOCASTA.- ¿Qué es? ¿Cómo puede tener ese doble efecto?

MENSAJERO.- Los habitantes de la región del Istmo le van a designar rey, según
se ha dicho allí.

YOCASTA.- ¿Por qué? ¿No está ya el anciano Pólibo en el poder?

MENSAJERO.- No, ya que la muerte lo tiene en su tumba.


31
YOCASTA.- ¿Cómo dices? ¿Ha muerto el padre de Edipo?

MENSAJERO.- Que sea merecedor de muerte, si no digo la verdad.

YOCASTA.- Sirvienta, ¿no irás rápidamente a decirle esto al amo? ¡Oh oráculos
de los dioses! ¿Dónde están? Edipo huyó hace tiempo por el temor de matar a
este hombre y, ahora, él ha muerto por el azar y no a manos de aquél.

(Sale Edipo de palacio).

EDIPO.- ¡Oh Yocasta, muy querida mujer! ¿Por qué me has mandado venir aquí
desde palacio?

YOCASTA.- Escucha a este hombre y observa, al oírle, en qué han quedado los
respetables oráculos del dios.

EDIPO.- ¿Quién es éste y qué me tiene que comunicar?

YOCASTA.- Viene de Corinto para anunciar que tu padre, Pólibo, no está ya vivo,
sino que ha muerto.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 6

EDIPO.- ¿Qué dices, extranjero? Anúnciamelo tú mismo.

MENSAJERO.- Si es preciso que yo te lo anuncie claramente en primer lugar,


entérate bien de que aquél ha muerto.

EDIPO.- ¿Acaso por una emboscada, o como resultado de una enfermedad?

MENSAJERO.- Un pequeño quebranto41 rinde los cuerpos ancianos.

EDIPO.- A causa de enfermedad murió el desdichado, a lo que parece.

MENSAJERO.- Y por haber vivido largos años.

EDIPO.- ¡Ah, ah! ¿Por qué, oh mujer, habría uno de tener en cuenta el altar
vaticinador de Pitón42 o los pájaros que claman en el cielo, según cuyos indicios
tenía yo que dar muerte a mi propio padre? Pero él, habiendo muerto, está oculto
bajo tierra y yo estoy aquí, sin haberle tocado con arma alguna, a no ser que
se haya consumido por nostalgia de mí. De esta manera habría muerto por mi
intervención. En cualquier caso, Pólibo yace en el Hades y se ha llevado consigo
los oráculos presentes, que no tienen ya ningún valor.

YOCASTA.- ¿No te lo decía yo desde antes?

EDIPO.- Lo decías, pero yo me dejaba guiar por el miedo.

YOCASTA.- Ahora no tomes en consideración ya ninguno de ellos. 32


EDIPO.- ¿Y cómo no voy a temer al lecho de mi madre?

YOCASTA.- Y ¿qué podría temer un hombre para quien los imperativos de la


fortuna son los que le pueden dominar, y no existe previsión clara de nada? Lo
más seguro es vivir al azar, según cada uno pueda. Tú no sientas temor ante el
matrimonio con tu madre, pues muchos son los mortales que antes se unieron
también a su madre en sueños. Aquel para quien esto nada supone más fácilmente
lleva su vida.

EDIPO.- Con razón hubieras dicho todo eso, si no estuviera viva mí madre. Pero
como lo está, no tengo más remedio que temer, aunque tengas razón.

YOCASTA.- Gran ayuda suponen los funerales de tu padre.

EDIPO.- Grande, lo reconozco. Pero siento temor por la que vive.

41
Quebranto: Decaimiento físico o moral.
42
Pitón: una gran serpiente que custodiaba el oráculo de Delfos. Cuando Apolo mató a la serpiente se quedó con el
oráculo.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 6

MENSAJERO.- ¿Cuál es la mujer por la que teméis?

EDIPO.- Por Mérope, anciano, con la que vivía Pólibo.

MENSAJERO.- ¿Qué hay en ella que os induzca al temor?

EDIPO.- Un oráculo terrible de origen divino, extranjero.

MENSAJERO.- ¿Lo puedes aclarar, o no es posible que otro lo sepa?

EDIPO.- Sí. Loxias afirmó, hace tiempo, que yo había de unirme con mi propia
madre y coger en mis manos la sangre de mi padre. Por este motivo habito
desde hace años muy lejos de Corinto, feliz, pero, sin embargo, es muy grato
ver el semblante de los padres.

MENSAJERO.- ¿Acaso por temor a estas cosas estabas desterrado de allí?

EDIPO.- Por el deseo de no ser asesino de mi padre, anciano.

MENSAJERO.- ¿Por qué, pues, no te he liberado yo de este recelo, señor, ya


que bien dispuesto llegué?

EDIPO.- En ese caso recibirías de mí digno agradecimiento.

MENSAJERO.- Por esto he venido sobre todo, para que en algo obtenga un
beneficio cuando tú regreses a palacio. 33
EDIPO.- Pero jamás iré con los que me engendraron.

MENSAJERO.- ¡Oh hijo, es bien evidente que no sabes lo que haces...

EDIPO.- ¿Cómo, oh anciano? Acláramelo, por los dioses.

MENSAJERO.- ...si por esta causa rehúyes volver a casa!

EDIPO.- Temeroso de que Febo me resulte veraz.

MENSAJERO.- ¿Es que temes cometer una infamia para con tus progenitores?

EDIPO.- Eso mismo, anciano. Ello me asusta constantemente.

MENSAJERO.- ¿No sabes que, con razón, nada debes temer?

EDIPO.- ¿Cómo no, si soy hijo de esos padres?

MENSAJERO.- Porque Pólibo nada tenía que ver con tu linaje.


LECTURA | EDIPO REY | PARTE 6

EDIPO.- ¿Cómo dices? ¿Que no me engendró Pólibo?

MENSAJERO.- No más que el hombre aquí presente, sino igual.

EDIPO.- Y ¿cómo el que me engendró está en relación contigo que no me eres


nada?

MENSAJERO.- No te engendramos ni aquél ni yo.

EDIPO.- Entonces, ¿en virtud de qué me llamaba hijo?

MENSAJERO.- Por haberte recibido como un regalo —entérate— de mis


manos.

EDIPO.- Y ¿a pesar de haberme recibido así de otras manos, logró amarme


tanto?

MENSAJERO.- La falta hasta entonces de hijos le persuadió del todo.

EDIPO.- Y tú, ¿me habías comprado o encontrado cuando me entregaste a él?

MENSAJERO.- Te encontré en los desfiladeros selvosos del Citerón.

EDIPO.- ¿Por qué recorrías esos lugares?


34
MENSAJERO.- Allí estaba al cuidado de pequeños rebaños montaraces.

EDIPO.- ¿Eras pastor y nómada a sueldo?

MENSAJERO.- Y así fui tu salvador en aquel momento.

EDIPO.- ¿Y de qué mal estaba aquejado cuando me tomaste en tus manos?

MENSAJERO.- Las articulaciones de tus pies te lo pueden testimoniar.

EDIPO.- ¡Ay de mí! ¿A qué antigua desgracia te refieres con esto?

MENSAJERO.- Yo te desaté, pues tenías perforados los tobillos.

EDIPO.- ¡Bello ultraje recibí de mis pañales!

MENSAJERO.- Hasta el punto de recibir el nombre que llevas por este suceso43.

43
Ver la nota número 33.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 6

EDIPO.- ¡Oh, por los dioses! ¿De parte de mi madre o de mi padre la recibí?
Dímelo.

MENSAJERO.- No lo sé. El que te entregó a mí conoce esto mejor que yo.

EDIPO.- Entonces, ¿me recibiste de otro y no me encontraste por ti mismo?

MENSAJERO.- No, sino que otro pastor me hizo entrega de ti.


EDIPO.- ¿Quién es? ¿Sabes darme su nombre?
MENSAJERO.- Por lo visto era conocido como uno de los servidores de Layo.
EDIPO.- ¿Del rey que hubo, en otro tiempo, en esta tierra?

MENSAJERO.- Sí, de ese hombre era él pastor.

EDIPO.- ¿Está aún vivo ese tal como para poder verme?

MENSAJERO.- (Dirigiéndose al Coro). Ustedes, los habitantes de aquí, podrían


saberlo mejor.

EDIPO.- ¿Hay entre ustedes, los que me rodean, alguno que conozca al pastor
a que se refiere, por haberle visto, bien en los campos, bien aquí? Indicádmelo,
pues es el momento de descubrirlo de una vez por todas.

CORIFEO.- Creo que a ningún otro se refiere, sino al que tratabas de ver antes
haciéndole venir desde el campo. Pero aquí está Yocasta que podría decirlo 35
mejor.

EDIPO.- Mujer, ¿conoces a aquel que hace poco deseábamos que se presentara?
¿Es a él a quien éste se refiere?

YOCASTA.- ¿Y qué nos va lo que dijo acerca de un cualquiera? No hagas ningún


caso, no quieras recordar inútilmente lo que ha dicho.

EDIPO.- Sería imposible que con tales indicios no descubriera yo mi origen.

YOCASTA.- ¡No, por los dioses! Si en algo te preocupa tu propia vida, no lo


investigues. Es bastante que yo esté angustiada.

EDIPO.- Tranquilízate, pues aunque yo resulte esclavo, hijo de madre esclava


por tres generaciones, tú no aparecerás innoble.

YOCASTA.- No obstante, obedéceme, te lo suplico. No lo hagas.

EDIPO.- No podría obedecerte en dejar de averiguarlo con claridad.


LECTURA | EDIPO REY | PARTE 6

YOCASTA.- Sabiendo bien que es lo mejor para ti, hablo.

EDIPO.- Pues bien, lo mejor para mí me está importunando desde hace rato.

YOCASTA.- ¡Oh desventurado! ¡Que nunca llegues a saber quién eres!

EDIPO.- ¿Alguien me traerá aquí al pastor? Dejad a ésta que se complazca en


su poderoso linaje.

YOCASTA.- ¡Ah, ah, desdichado, pues sólo eso te puedo llamar y ninguna otra
cosa ya nunca en adelante!

(Yocasta, visiblemente alterada, entra al palacio).

36
LECTURA | EDIPO REY

Parte 7. Resolución de los enigmas


Argumento: La reina Yocasta, tras oír el relato completo del mensajero, ha
comprendido todo el profundo misterio y desesperada, le ruega a Edipo que
deje de hacer preguntas. Pero él se niega, y ella corre a meterse en el palacio.
Por fin llega el testigo del crimen. Edipo y el mensajero lo interrogan y al principio
se resiste a dar respuestas, pidiendo que le dejen irse sin responder nada. Sin
embargo, ante las amenazas de Edipo de torturarlo o ejecutarlo, revela que el
niño que le habían entregado para que lo abandonara en el monte Citerón era
hijo del rey Layo y la reina Yocasta y que lo habían entregado para que muriera,
impidiendo que se cumpliera un oráculo funesto, la profecía que Yocasta dijo
que nunca se había hecho verdad: que el niño mataría a su padre. Sin embargo,
él lo había entregado al mensajero por piedad.

Edipo comprende que Yocasta y Layo eran sus verdaderos padres y que todas
las predicciones de los oráculos se han cumplido. Edipo se maldice a sí mismo
y al destino, antes de abandonar el escenario. El coro lamenta cómo incluso un
gran hombre puede caer por el destino, y después de esto, un criado sale del
palacio para hablar de lo que ha ocurrido dentro. Cuando Yocasta entró en la
casa, corrió al dormitorio del palacio y ahí se ahorcó. Poco después, Edipo entró
furioso, llamando a sus criados para que le llevaran una espada de manera que
pudiera cortar el vientre de su madre. Cuando furioso recorre la casa, hasta
que descubre el cuerpo de Yocasta. Gritando, Edipo la baja y le quita largas
agujas de oro que mantenían su vestido, antes de clavárselos en sus propios
ojos, desesperado. 38
Edipo sale del palacio con los ojos ensangrentados y pide ser desterrado, tan
pronto como sea posible. Dice que ha preferido cegarse porque no puede
permitirse ver, después de sus crímenes, a sus padres en el infierno, a los hijos
que ha engendrado, ni al pueblo de Tebas.
Entra Creonte, que asume el poder, pide a los tebanos que se apiaden de Edipo
y lo hagan entrar en el palacio. A continuación dice que consultará de nuevo al
oráculo para saber lo que tiene que hacer con Edipo. Este dice que no tenga
piedad con él, pide ser desterrado. Las dos hijas (y medio hermanas) de Edipo,
Antígona e Ismene, son llamadas y Edipo lamenta que hayan nacido en una
familia maldita. Le pide a Creonte que cuide de ellas y Creonte se muestra
conforme, antes de enviar a Edipo de vuelta al interior del palacio.
En un escenario vacío, los últimos versos del corifeo son una especie de conclusión
o máxima griega, de que ningún hombre debe considerarse feliz hasta que está
muerto.

Ningún mortal puede considerar a nadie feliz con la mira puesta en el último día,
hasta que llegue al término de su vida sin haber sufrido nada doloroso.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 7

CORIFEO.- ¿Por qué se ha ido tu esposa, Edipo, tan precipitadamente bajo el


peso de una profunda aflicción? Tengo miedo de que de este silencio estallen
desgracias.

EDIPO.- Que estalle lo que quiera ella. Yo sigo queriendo conocer mi origen,
aunque sea humilde. Esa, tal vez, se avergüence de mi linaje oscuro, pues tiene
orgullosos pensamientos como mujer que es. Pero yo, que me tengo a mí
mismo por hijo de la Fortuna, la que da con generosidad, no seré deshonrado,
pues de una madre tal he nacido. Y los meses, mis hermanos, me hicieron
insignificante y poderoso. Y si tengo este origen, no podría volverme luego
otro, como para no llegar a conocer mi estirpe.

CORO.- Si yo soy adivino y conocedor de entendimiento, ¡por el Olimpo44!,


no quedarás, ¡oh Citerón!, sin saber que desde el plenilunio45 de mañana yo
te ensalzaré como región de Edipo, al tiempo que nodriza y madre, y serás
celebrado con coros por nosotros como quien se hace protector de mis reyes.
¡Oh Febo, que esto te sirva de satisfacción!

(Entra el anciano pastor acompañado de dos esclavos).

EDIPO.- Si he de hacer yo conjeturas, ancianos, creo estar viendo al pastor que


desde hace rato buscamos, aunque nunca he tenido relación con él. Pues en su
avanzada edad coincide por completo con este hombre y, además, reconozco a 39
los que lo conducen como servidores míos. Pero tú, tal vez, podrías superarme
en conocimientos por haber visto antes al pastor.

CORIFEO.- Lo conozco, ten la certeza. Era un pastor de Layo, fiel como ninguno.

EDIPO.- A ti te pregunto en primer lugar, al extranjero corintio: ¿es de ése de


quien hablabas?

MENSAJERO.- De éste que contemplas.

EDIPO.- Eh, tú, anciano, acércate y, mirándome, contesta a cuanto te pregunte:


¿Perteneciste, en otro tiempo, al servicio de Layo?

SERVIDOR.- Sí, como esclavo no comprado, sino criado en la casa.

EDIPO.- ¿En qué clase de trabajo te ocupabas o en qué tipo de vida?

44
Olimpo: Hogar mitológico de los dioses griegos.
45
Plenilunio: Fase lunar que corresponde a la luna llena.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 7

SERVIDOR.- La mayor parte de mi vida conduje rebaños.

EDIPO.- ¿En qué lugares habitabas sobre todo?

SERVIDOR.- Unas veces, en el Citerón; otras, en lugares colindantes.

EDIPO.- ¿Eres consciente de haber conocido allí a este hombre en alguna parte?

SERVIDOR.- ¿En qué se ocupaba? ¿A qué hombre te refieres?

EDIPO.- Al que está aquí presente. ¿Tuviste relación con él alguna vez?

SERVIDOR.- No como para poder responder rápidamente de memoria.

MENSAJERO.- No es nada extraño, señor. Pero yo refrescaré claramente la


memoria del que no me reconoce. Estoy bien seguro de que se acuerda cuando,
en el monte Citerón, él con doble rebaño y yo con uno, convivimos durante tres
períodos enteros de seis meses, desde la primavera hasta Arturo46. Ya en el
invierno yo llevaba mis rebaños a los establos, y él, a los apriscos47 de Layo.
¿Cuento lo que ha sucedido o no?

SERVIDOR.- Dices la verdad, pero ha pasado un largo tiempo.

MENSAJERO.- ¡Ea! Dime, ahora, ¿recuerdas que entonces me diste un niño


para que yo lo criara como un retoño mío? 40
SERVIDOR.- ¿Qué ocurre? ¿Por qué te informas de esta cuestión?

MENSAJERO.- Éste es, querido amigo, el que entonces era un niño.

SERVIDOR.- ¡Así te pierdas! ¿No callarás?

EDIPO.- ¡Ah! No le reprendas, anciano, ya que son tus palabras, más que las de
éste, las que requieren un reprensor.

SERVIDOR.- ¿En qué he fallado, oh el mejor de los amos?

EDIPO.- No hablando del niño por el que éste pide información.

SERVIDOR.- Habla, y no sabe nada, sino que se esfuerza en vano.

46
Arturo: Se refiere al fin del verano e inicio del invierno, maracado por la salida vespertina de la estrella “Arturo”, la más
brillante de la constelación Bootes, de acuerdo con el calendario ático vigente en la antigua Grecia.
47
Aprisco: Corral o establo.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 7

EDIPO.- Tú no hablarás por tu gusto, y tendrás que hacerlo llorando.

SERVIDOR.- ¡Por los dioses, no maltrates a un anciano como yo!

EDIPO.- ¿No le atará alguien las manos a la espalda cuanto antes?

SERVIDOR.- ¡Desdichado! ¿Por qué? ¿De qué más deseas enterarte?

EDIPO.- ¿Le entregaste al niño por el que pregunta?

SERVIDOR.- Lo hice y ¡ojalá hubiera muerto ese día!

EDIPO.- Pero a esto llegarás, si no dices lo que corresponde.

SERVIDOR.- Me pierdo mucho más aún si hablo.

EDIPO.- Este hombre, según parece, se dispone a dar rodeos.

SERVIDOR.- No, yo no, pues ya he dicho que se lo entregué.

EDIPO.- ¿De dónde lo habías tomado? ¿Era de tu familia o de algún otro?

SERVIDOR.- Mío no. Lo recibí de uno.

EDIPO.- ¿De cuál de estos ciudadanos y de qué casa?


41
SERVIDOR.- ¡No, por los dioses, no me preguntes más, mi señor!

EDIPO.- Estás muerto, si te lo tengo que preguntar de nuevo.

SERVIDOR.- Pues bien, era uno de los vástagos48 de la casa de Layo.

EDIPO.- ¿Un esclavo, o uno que pertenecía a su linaje?

SERVIDOR.- ¡Ay de mí! Estoy ante lo verdaderamente terrible de decir.

EDIPO.- Y yo de escuchar, pero, sin embargo, hay que oírlo.

SERVIDOR.- Era tenido por hijo de aquél. Pero la que está dentro, tu mujer, es
la que mejor podría decir cómo fue.

EDIPO.- ¿Ella te lo entregó?

48
Vástago: Persona que desciende de otra.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 7

SERVIDOR.- Sí, en efecto, señor.

EDIPO.- ¿Con qué fin?

SERVIDOR.- Para que lo matara.

EDIPO.- ¿Habiéndolo engendrado ella, desdichada?

SERVIDOR.- Por temor a funestos oráculos.

EDIPO.- ¿A cuáles?

SERVIDOR.- Se decía que él mataría a sus padres.

EDIPO.- Y ¿cómo, en ese caso, tú lo entregaste a este anciano?

SERVIDOR.- Por compasión, oh señor, pensando que se lo llevaría a otra tierra


de donde él era. Y éste lo salvó para los peores males. Pues si eres tú, en verdad,
quien él asegura, sábete que has nacido con funesto destino.

EDIPO.- ¡Ay, ay! Todo se cumple con certeza. ¡Oh luz del día, que te vea ahora por
última vez! ¡Yo que he resultado nacido de los que no debía, teniendo relaciones
con los que no podía y habiendo dado muerte a quienes no tenía que hacerlo!

(Entra en palacio). 42
CORO.- ¡Ah, descendencia de mortales! ¡Cómo considero que viven una vida
igual a nada! Teniendo este destino tuyo ¡oh infortunado Edipo!, nada de los
mortales tengo por dichoso. Tú, que, tras disparar el arco con incomparable
destreza, conseguiste una dicha por completo afortunada, ¡oh Zeus!, después de
hacer perecer a la doncella de corvas garras cantora de enigmas49, y te alzaste
como un baluarte contra la muerte en mi tierra. Y, por ello, fuiste aclamado como
mi rey y honrado con los mayores honores, mientras reinabas en la próspera
Tebas. Y ahora, ¿de quién se puede oír decir que es más desgraciado? ¿Quién
es el que vive entre violentas penas, quién entre padecimientos con su vida
cambiada? ¡Ah noble Edipo, a quien le bastó el mismo espacioso puerto para
arrojarse como hijo, padre y esposo! Te sorprendió, a despecho tuyo, el tiempo
que todo lo ve y condena una antigua boda que no es boda en donde se engendra
y resulta engendrado. ¡Ah, hijo de Layo, ojalá, ojalá nunca te hubiera visto! Yo
gimo derramando lúgubres lamentos de mi boca.

(Sale un mensajero del palacio).

49
Se refiere a la Esfinge.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 7

MENSAJERO.- ¡Oh ustedes, honrados siempre, en grado sumo, en esta tierra!


¡Qué sucesos van a escuchar, qué cosas contemplarán y en cuánto aumentarán
su aflicción, si es que aún, con fidelidad, se preocupan de la casa de los
Labdácidas50! Creo que ni el Istro ni el Fasis51 podrían lavar, para su purificación,
cuanto oculta este techo y los infortunios que, enseguida, se mostrarán a la luz,
queridos y no involuntarios. Y, de las amarguras, son especialmente penosas las
que se demuestran buscadas voluntariamente.

CORIFEO.- Los hechos que conocíamos son ya muy lamentables. Además de


aquéllos, ¿qué anuncias?

MENSAJERO.- Las palabras más rápidas de decir y de entender: ha muerto la


divina Yocasta.

CORIFEO.- ¡Oh desventurada! ¿Por qué causa?

MENSAJERO.- Ella, por sí misma. De lo ocurrido falta lo más doloroso, al no


ser posible su contemplación. Pero, sin embargo, en tanto yo pueda recordarlo
te enterarás de los padecimientos de aquella infortunada. Cuando, dejándose
llevar por la pasión atravesó el vestíbulo, se lanzó derechamente hacia la
cámara nupcial mesándose52 los cabellos con ambas manos. Una vez que entró,
echando por dentro los cerrojos de las puertas, llama a Layo, muerto ya desde
hace tiempo, y le recuerda su antigua simiente, por cuyas manos él mismo iba
a morir y a dejar a su madre como funesto medio de procreación para sus
hijos. Deploraba el lecho donde, desdichada, había engendrado una doble 43
descendencia: un esposo de un esposo y unos hijos de hijos. Y, después de
esto, ya no sé cómo murió; pues Edipo, dando gritos, se precipitó y, por él,
no nos fue posible contemplar hasta el final el infortunio de aquélla; más bien
dirigíamos la mirada hacia él mientras daba vueltas. En efecto, iba y venía hasta
nosotros pidiéndonos que le proporcionásemos una espada y que dónde se
encontraba la esposa que no era esposa, seno materno en dos ocasiones, para
él y para sus hijos. Algún dios se lo mostró, a él que estaba fuera de sí, pues no
fue ninguno de los hombres que estábamos cerca. Y gritando de horrible modo,
como si alguien le guiara, se lanzó contra las puertas dobles y, combándolas53
desde los puntos de apoyo los cerrojos y se precipita en la habitación en la
que contemplamos a la mujer colgada, suspendida del cuello por retorcidos
lazos. Cuando él la ve, el infeliz, lanzando un espantoso alarido, afloja el nudo
corredizo que la sostenía. Una vez que estuvo tendida, la infortunada, en tierra,
fue terrible de ver lo que siguió: arrancó los dorados broches de su vestido

50
Labdácidas: ver nota 25.
51
Istro y Fasis: Nombres griegos para los ríos Danubio y Rioni, dos de los más caudalosos conocidos por los griegos.
52
Mesarse: Jalar y arrancarse los cabellos.
53
Combar: Dar forma curva a algo.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 7

con los que se adornaba y, alzándolos, se golpeó con ellos las cuencas de los
ojos, al tiempo que decía cosas como éstas: que no le verían a él, ni los males
que había padecido, ni los horrores que había cometido, sino que estarían en
la oscuridad el resto del tiempo para no ver a los que no debía y no conocer
a los que deseaba. Haciendo tales imprecaciones una y otra vez —que no una
sola—, se iba golpeando los ojos con los broches. Las pupilas ensangrentadas
teñían las mejillas y no destilaban gotas chorreantes de sangre, sino que todo
se mojaba con una negra lluvia y granizada de sangre. Esto estalló por culpa de
los dos, no de uno sólo, pero las desgracias están mezcladas para el hombre
y la mujer. Su legendaria felicidad anterior era entonces una felicidad en el
verdadero sentido; pero ahora, en el momento presente, es llanto, infortunio,
muerte, ignominia y, de todos los pesares que tienen nombre, ninguno falta.

CORIFEO.- ¿Y ahora se encuentra el desdichado en alguna tregua de su mal?

MENSAJERO.- Está gritando que se descorran los cerrojos y que muestren a


todos los Cadmeos al homicida, al que de su madre… profiriendo expresiones
impías54, impronunciables para mí, como si se fuera a desterrar él mismo de
esta tierra y a no permanecer más en el palacio, estando como está sujeto a
la maldición que lanzó. Lo cierto es que requiere un soporte y un guía, pues
la desgracia es mayor de lo que se puede tolerar. Te lo mostrará también a ti,
pues se abren los cerrojos de las puertas. Pronto podrás ver un espectáculo tal,
como para mover a compasión, incluso, al que le odiara.

(Se abren las puertas del palacio y aparece Edipo con la cara ensangrentada, andando 44
a tientas).

CORO.- ¡Oh sufrimiento terrible de contemplar para los hombres! ¡Oh el más
espantoso de todos cuantos yo me he encontrado! ¿Qué locura te ha acometido,
oh infeliz? ¿Qué deidad es la que ha saltado, con salto mayor que los más largos,
sobre su desgraciado destino? ¡Ay, ay, desdichado! Pero ni contemplarte puedo,
a pesar de que quisiera hacerte muchas preguntas, enterarme de muchas cosas
y observarte mucho tiempo. ¡Tal horror me inspiras!
Edipo.- ¡Ah, ah, desgraciado de mí! ¿A qué tierra seré arrastrado, infeliz?
¿Adónde se me irá volando, en un arrebato, mi voz? ¡Ay, destino! ¡Adónde te
has marchado?

CORIFEO.- A un desastre terrible que ni puede escucharse ni contemplarse.

EDIPO.- ¡Oh nube de mi oscuridad, que me aíslas, sobrevenida de indecible


manera, inflexible e irremediable! ¡Ay, ay de mí de nuevo! ¡Cómo me penetran,
al mismo tiempo, los pinchazos de estos aguijones y el recuerdo de mis males!

54
Groserías y malas palabras.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 7

CORIFEO.- No tiene nada de extraño que en estos sufrimientos te lamentes y


soportes males dobles.

EDIPO.- ¡Oh amigo!, tú eres aún mi fiel servidor, pues todavía te encargas de
cuidarme en mi ceguera. ¡Uy, uy!, No me pasas inadvertido, sino que, aunque
estoy en tinieblas, reconozco, sin embargo, tu voz.

CORIFEO.- ¡Ah, tú que has cometido acciones horribles! ¿Cómo te atreviste a


extinguir así tu vista?, ¿qué dios te impulsó?

EDIPO.- Apolo era, Apolo, amigos, quien cumplió en mí estos tremendos,


sí, tremendos, infortunios míos. Pero nadie los hirió con su mano sino yo,
desventurado. Pues ¿qué me quedaba por ver a mí, a quien, aunque viera, nada
me sería agradable de contemplar?

CORO.- Eso es exactamente como dices.

EDIPO.- ¿Qué es para mí digno de ver o de amar, o qué saludo es posible ya oír
con agrado? Sacadme fuera del país cuanto antes, sacad, oh amigos, al que es
funesto en gran medida, al maldito sobre todas las cosas, al más odiado de los
mortales incluso para los dioses.

CORIFEO.- ¡Desdichado por tu clarividencia, así como por tus sufrimientos!


¡Cómo hubiera deseado no haberte conocido nunca!

EDIPO.- ¡Así perezca aquel, sea el que sea, que me tomó en los pastos, 45
desatando los crueles grilletes de mis pies, me liberó de la muerte y me salvó,
porque no hizo nada de agradecer! Si hubiera muerto entonces, no habría dado
lugar a semejante penalidad para mí y los míos.

CORO.- Incluso para mí hubiera sido mejor.

EDIPO.- No hubiera llegado a ser asesino de mi padre, ni me habrían llamado


los mortales esposo de la que nací. Ahora, en cambio, estoy desasistido de
los dioses, soy hijo de impuros, tengo hijos comunes con aquella de la que yo
mismo —¡desdichado!— nací.

CORIFEO.- No veo el modo de decir que hayas tomado una buena decisión.
Sería preferible que ya no existieras a vivir ciego.

EDIPO.- No intentes decirme que esto no está así hecho de la mejor manera,
ni me hagas ya recomendaciones. No sé con qué ojos, si tuviera vista, hubiera
podido mirar a mi padre al llegar al Hades55, ni tampoco a mi desventurada

55
Hades: Inframundo griego reino del dios del mismo nombre y morada de los muertos.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 7

madre, porque para con ambos he cometido acciones que merecen algo peor
que la horca. Pero, además, ¿acaso hubiera sido deseable para mí contemplar
el espectáculo que me ofrecen mis hijos, nacidos como nacieron? No por cierto,
al menos con mis ojos. Ni la ciudad, ni el recinto amurallado, ni las sagradas
imágenes de los dioses, de las que yo, desdichado —que fui quien vivió con
más gloria en Tebas—, me privé a mí mismo cuando, en persona, proclamé que
todos rechazaran al impío, al que por obra de los dioses resultó impuro y del
linaje de Layo. Habiéndose mostrado que yo era semejante mancilla, ¿iba yo
a mirar a éstos con ojos francos? De ningún modo. Por el contrario, si hubiera
un medio de cerrar la fuente de audición de mis oídos, no hubiera vacilado en
obstruir mi infortunado cuerpo para estar ciego y sordo. Que el pensamiento
quede apartado de las desgracias es grato. ¡Ah, Citerón! ¿Por qué me acogiste?
¿Por qué no me diste muerte tan pronto como me recibiste, para que nunca
hubiera mostrado a los hombres de dónde había nacido? ¡Oh Pólibo y Corinto
y antigua casa paterna —sólo de nombre—, cómo me criaron con apariencia de
belleza, pero corrompido de males por dentro! Ahora soy considerado un infame
y nacido de infames. ¡Oh tres caminos y oculta cañada, encinar y desfiladero en
la encrucijada, que bebieron, por obra de mis manos, la sangre de mi padre que
es la mía! ¿Se acuerdan aún de mí? ¡Qué clase de acciones cometí ante vuestra
presencia y, después, viniendo aquí, cuáles cometí de nuevo! ¡Oh matrimonio,
matrimonio, me engendraste y, habiendo engendrado otra vez, hiciste brotar
la misma simiente56 y diste a conocer a padres, hermanos, hijos, sangre de la
misma familia, esposas, mujeres y madres y todos los hechos más abominables
que suceden entre los hombres! Pero no se puede hablar de lo que no es noble
hacer. Ocúltenme sin tardanza, ¡por los dioses!, en algún lugar fuera del país o 46
mátenme o arrójenme al mar, donde nunca más me puedan ver.

CORIFEO.- A propósito de lo que pides, aquí se presenta Creonte para tomar


iniciativas o decisiones, ya que se ha quedado como único custodio del país en
tu lugar.

EDIPO.- ¡Ay de mí! ¿Qué palabras le voy a dirigir? ¿Qué garantía justa de
confianza podrá aparecer en mí? Pues de mi enfrentamiento anterior con él, en
todo me descubro culpable.

(Entra Creonte).

CREONTE.- No he venido a burlarme, Edipo, ni a echarte en cara ninguno de


los ultrajes de antes. (Dirigiéndose al Coro). Pero si no sienten respeto ya por
la descendencia de los mortales, siéntanlo, al menos, por el resplandor del
soberano Helios que todo lo nutre y no muestren así descubierta una ofensa
tal, que ni la tierra ni la sagrada lluvia ni la luz acogerán. Antes bien, tan pronto

56
Simiente: Cosaque es causa de otra.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 7

como sea posible, métanla en casa; porque lo más piadoso es que las deshonras
familiares sólo las vean y escuchen los que forman la familia.

EDIPO.- ¡Por los dioses!, ya que me has liberado de mi presentimiento al haber


llegado con el mejor ánimo junto a mí, que soy el peor de los hombres, óyeme,
pues a ti te interesa, que no a mí, lo que voy a decir.

CREONTE.- ¿Y qué necesitas obtener para suplicármelo así?

EDIPO.- Arrójame enseguida de esta tierra, donde no pueda ser abordado por
ninguno de los mortales.

CREONTE.- Hubiera hecho esto, sábelo bien, si no deseara, lo primero de todo,


aprender del dios qué hay que hacer.

EDIPO.- Pero la respuesta de aquél quedó bien evidente: que yo perezca, el


parricida57, el impío.

CREONTE.- De este modo fue dicho; pero, sin embargo, en la necesidad en que
nos encontramos es más conveniente saber qué debemos hacer.

EDIPO.- ¿Es que vas a pedir información sobre un hombre tan miserable?

CREONTE.- Sí, y tú ahora sí que puedes creer en la divinidad.


47
EDIPO.- En ti también confío y te hago una petición: dispón tú, personalmente,
el enterramiento que gustes de la que está en casa. Pues, con rectitud,
cumplirás con los tuyos. En cuanto a mí, que esta ciudad paterna no consienta
en tenerme como habitante mientras esté con vida, antes bien, dejadme morar
en los montes, en ese Citerón que es llamado mío, el que mi padre y mi madre,
en vida, dispusieron que fuera legítima sepultura para mí, para que muera por
obra de aquellos que tenían que haberme matado. No obstante, sé tan sólo
una cosa, que ni la enfermedad ni ninguna otra causa me destruirán. Porque no
me hubiera salvado entonces de morir, a no ser para esta horrible desgracia.
Pero que mi destino siga su curso, vaya donde vaya. Por mis hijos varones no te
preocupes, Creonte, pues hombres son, de modo que, donde fuera que estén,
no tendrán nunca falta de recursos. Pero a mis pobres y desgraciadas hijas,
para las que nunca fue dispuesta mi mesa aparte de mí, sino que de cuanto yo
gustaba, de todo ello participaban siempre, a éstas cuídamelas. Y, sobre todo,
permíteme tocarlas con mis manos y deplorar mis desgracias. ¡Ea, oh Señor!
¡Ea, oh noble en tu linaje! Si las tocara con las manos, me parecería tenerlas
a ellas como cuando veía. ¿Qué digo? (Hace ademán de escuchar.) ¿No estoy

57
Parricidio: Delito que consiste en matar a un familiar, en especial al padre, a la madre, a un hijo o al cónyuge.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 7

oyendo llorar a mis dos queridas hijas? ¿No será que Creonte por compasión ha
hecho venir lo que me es más querido, mis dos hijas? ¿Tengo razón?

(Entran Antígona e Ismene conducidas por un siervo).

CREONTE.- Aquí las tienes. Yo soy quien lo ha ordenado, porque imaginé la


satisfacción que ahora sientes, que desde hace rato te obsesionaba.

EDIPO.- ¡Ojalá seas feliz y que, por esta acción, consigas una divinidad que te
proteja mejor que a mí! ¡Oh hijas! ¿Dónde están? Vengan aquí, acérquense a
estas fraternas manos mías que les han proporcionado ver de esta manera los
ojos, antes luminosos, del padre que las engendró. Este padre, que se mostró
como tal para ustedes sin conocer ni saber dónde había sido engendrado
él mismo. Lloro por ustede dos —pues no puedo mirarlas—, cuando pienso
qué amarga vida les queda y cómo será preciso que pasen su vida ante los
hombres. ¿A qué reuniones de ciudadanos irán, a qué fiestas, de donde no
vuelvan a casa bañadas en lágrimas, en lugar de gozar del festejo? Y cuando
lleguen a la edad de las bodas, ¿quién será, quién, oh hijas, el que se expondrá
a aceptar semejante oprobio58, que resultará una ruina para ustedes dos como,
igualmente, lo fue para mis padres? ¿Cuál de los crímenes está ausente? Su
padre mató a su padre, fecundó a la madre en la que él mismo había sido
engendrado y las tuvo a ustedes de la misma de la que él había nacido. Tales
reproches soportarán. Según eso, ¿quién querrá desposarlas? No habrá nadie,
oh hijas, sino que seguramente será preciso que se consuman estériles y sin 48
bodas. ¡Oh hijo de Meneceo!, ya que sólo tú has quedado como padre para
éstas —pues nosotros, que las engendramos, hemos sucumbido los dos—, no
dejes que las que son de tu familia vaguen mendigando sin esposos, no las
iguales con mis desgracias. Antes bien, apiádate de ellas viéndolas a su edad
así, privadas de todo excepto en lo que a ti se refiere. Prométemelo, ¡oh noble
amigo!, tocándome con tu mano. Y a ustedes, ¡oh hijas!, si ya tuvieran capacidad
de reflexión, les daría muchos consejos. Ahora, supliquen conmigo para que,
donde les toque en suerte vivir, tengan una vida más feliz que la del padre que
les dio el ser.

CREONTE.- Basta ya de gemir. Entra en palacio.

EDIPO.- Te obedeceré, aunque no me es agradable.

CREONTE.- Todo está bien en su momento oportuno.

EDIPO.- ¿Sabes bajo qué condiciones me iré?

58
Oprobio: Deshonra o vergüenza públicas.
LECTURA | EDIPO REY | PARTE 7

CREONTE.- Me lo dirás y, al oírlas, me enteraré.

EDIPO.- Que me envíes desterrado del país.

CREONTE.- Me pides un don que incumbe a la divinidad.

EDIPO.- Pero yo he llegado a ser muy odiado por los dioses.

CREONTE.- Pronto, en tal caso, lo alcanzarás.

EDIPO.- ¿Lo aseguras?

CREONTE.- Lo que no pienso, no suelo decirlo en vano.

EDIPO.- Sácame ahora ya de aquí.

CREONTE.- Márchate y suelta a tus hijas.

EDIPO.- En modo alguno me las arrebates.

CREONTE.- No quieras vencer en todo, cuando, incluso aquello en lo que


triunfaste, no te ha aprovechado en la vida.

(Entran todos en palacio).


49
CORIFEO.- ¡Oh habitantes de mi patria, Tebas, mirad: he aquí a Edipo, el que
solucionó los famosos enigmas y fue hombre poderosísimo; aquel al que los
ciudadanos miraban con envidia por su destino! ¡En qué cúmulo de terribles
desgracias ha venido a parar! De modo que ningún mortal puede considerar a
nadie feliz con la mira puesta en el último día, hasta que llegue al término de su
vida sin haber sufrido nada doloroso.
50

También podría gustarte