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Impactos de la Segunda Guerra Mundial en Europa

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La Segunda Guerra Mundial fue uno de los eventos más importantes del

siglo XX y tuvo lugar entre los años 1939 y 1945. Durante este
acontecimiento, los sistemas políticos, sociales y económicos de muchos países
se vieron alterados. Pero ¿qué impactos tuvo a largo plazo?
El artículo Los efectos de la Segunda Guerra Mundial en los resultados
económicos y de salud en toda Europa, publicado en The Review of Economics
and Statistics, profundizó sobre las consecuencias a largo plazo de este suceso
en el estatus socioeconómico y la salud de personas mayores de Europa. Así, sus
autores (Iris Kesternich, Bettina M. Siflinger, James P. Smith, Joachim Winter)
encontraron graves efectos para los cuatro caminos explorados: hambre,
despojo, persecución y tener un padre ausente.
Consecuencias sociales de la Segunda Guerra
Mundial
Según el escrito, no solo los soldados se vieron afectados por la guerra, sino
que los civiles sufrieron las consecuencias del combate. Entre ellos, se
cuenta aproximadamente la mitad de las bajas europeas. A su vez, entre 9.8 y
10.4 millones de personas fueron asesinadas por motivos políticos o
raciales por el régimen nazi.
Además, el escrito asegura que esta guerra provocó crisis de hambre
severas que conllevó a muchas víctimas. Como consecuencia, también
aumentó la probabilidad de sufrir enfermedades cardíacas, diabetes y también
depresión. “Las personas que experimentan la guerra o el combate tienen
una salud autoevaluada significativamente más baja".

Maleta del infante Thomas Fischer, víctima del campo de exterminio de


Auschwitz. Polonia

Muchas mujeres no se casaron y muchos niños crecieron sin un padre a


causa de que principalmente fueron hombres quienes fallecieron durante la
guerra. Asimismo este sesgo masculino en las muertes se concentró entre los
soldados, ya que las defunciones de civiles y del holocausto fueron en
gran medida neutrales al género.
Durante la Segunda Guerra “millones de judíos, pero también opositores al
régimen nazi, fueron expropiados y, a menudo, enviados a campos de
concentración, donde murieron”. A su vez, los cambios en las fronteras, por
lo general, indujeron a millones a abandonar sus lugares de residencia y
huir.
Por otra parte, el escrito indica que experimentar la guerra también se asocia
con menos años de educación y satisfacción con la vida.
Sumado a esto, aproximadamente “la mitad de la entrada de mujeres en la
fuerza laboral durante la guerra se mantuvo hasta el final del conflicto, lo que
proporcionó un aumento posiblemente exógeno en la oferta de mano de obra
femenina”.
Consecuencias económicas y políticas de la
Segunda Guerra Mundial
“El impacto inmediato de la Segunda Guerra Mundial aparentemente fue
bastante destructivo para los países involucrados, especialmente para los
derrotados (Alemania, Japón e Italia).” Sin embargo, esta situación se revirtió
en los años siguientes, reflexiona el documento.

“A diferencia de la Primera Guerra Mundial, que resolvió poco, la Segunda


Guerra contribuyó a la construcción de las naciones en Europa”, y la
parte occidental del continente estableció regímenes democráticos
permanentes.

Desde una perspectiva geopolítica y socioeconómica, el final de la Segunda Guerra


Mundial marcó el inicio de una nueva era en la que la comunidad internacional del bloque
capitalista mostró una gran resolución a la hora de trabajar codo con codo para recuperar la
economía internacional de mercado.

Esto quedó patente mediante las instituciones internacionales que fueron desarrollándose
durante el periodo de 1944 a 1947, con objetivos claros de reconstruir Europa, eliminar las
barreras al comercio y garantizar una cierta estabilidad en materia de tipos de cambio de
divisas. Estas iniciativas tuvieron diversos grados de éxito, pero todas ellas fueron eficaces a la
hora de consolidar una cierta confianza en el sistema de mercado, frente al incipiente
expansionismo comunista oriental.
Ya durante la Segunda Guerra Mundial se habían celebrado negociaciones entre Gran Bretaña y
EE. UU. en materia económica. El resultado más inmediato fue la firma del Mutual Aid
Agreement (Acuerdo de Asistencia Mutua) de 1941, que se centró en acuerdos de préstamos
financieros y en el intercambio de ideas sobre cómo colaborarían las naciones una vez que la
paz fuese restaurada, de cara a construir una economía que funcionase de la mejor manera
posible.

En abril de 1944, delegados de 44 naciones se reunieron en Bretton Woods (New Hampshire, EE.
UU.), para dibujar políticas económicas encaminadas a conseguir una consolidación económica
de posguerra. Fruto de dichas reuniones nacería el FMI (Fondo Monetario Internacional) y el
BIRD (Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento).

El objetivo de las reuniones de los delegados de las economías mundiales punteras de la época
era facilitar una política monetaria de estabilidad mediante la fijación de tasas de cambio
respaldadas por el oro o por el dólar.

También se buscaba acordar préstamos para reconstruir Europa tras el fin de las hostilidades de
la Segunda Guerra Mundial y, posteriormente, desarrollar iniciativas de estímulo encaminadas al
crecimiento económico de los países destruidos. Nacía así lo que actualmente se conoce como
“Sistema de Bretton Woods”.

En 1947, ya con la Segunda Guerra Mundial terminada y con la victoria aliada, se desarrollaron
otras dos instituciones para estimular el comercio y las inversiones internacionales: el GATT
(Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio) y el ERA (conocido popularmente
como Plan Marshall). Veintitrés naciones se reunieron en Ginebra (Suiza) para esbozar el GATT
(desde 1995, la OMC (Organización Mundial del Comercio)) y negociar la reducción de aranceles
en casi el 50 % de las mercancías sujetas a comercio mundial. En 1949, ya eran 34 las naciones
firmantes del GATT (el equivalente al 80 % del comercio mundial).

El Plan Marshall, por su parte, destinó 13.000 millones de dólares a las regiones más arrasadas
por la Segunda Guerra Mundial. A pesar de ser un programa limitado a nivel de recursos, la
ayuda fue bastante eficaz, ya que un 60 % de los fondos estaba destinado a productos primarios
(alimentos y equipamiento industrial), lo que contribuyó a la productividad laboral y al nivel de
inversiones, lográndose así la ansiada recuperación de la confianza de los consumidores.

El periodo entre 1950 y 1973, clasificado por muchos economistas como “los años dorados”, fue
bastante espectacular en Europa. La productividad laboral media se encuadró en un 4,5 % anual,
mientras que el PIB real creció a un 4,8 % en los 16 países líderes de la OCDE.

Tan solo hicieron falta cuatro años para reconstruir Europa y para que el rendimiento
económico del continente alcanzara el de EE. UU. tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Hotel Mount Washington, en Bretton Woods, lugar elegido para la celebración de la la histórica
Conferencia de 1944. Fuente y autoría: Mwanner [dominio público], vía Wikimedia Commons.

Cartel propagandístico del Plan Marshall. Nótese la bandera estadounidense como motor del
resto de banderas del molino. Fuente y autoría: Gobierno de EE. UU. [dominio público],
vía Wikipedia.

Logotipo usado en los paquetes de ayuda destinados a países europeos tras la IIGM dentro del
Plan Marshall. Las autoridades estadounidenses consideraron necesario emplear esta marca ya
que temían que la Unión Soviética se anotase un tanto haciendo pasar por suya ayuda
norteamericana que no estuviese debidamente marcada e identificada. Fuente y autoría:
Gobierno de EE. UU. [dominio público], vía Wikipedia.

Sin duda alguna, resultados sorprendentes, especialmente si consideramos lo siguiente: Francia,


los Países Bajos y las potencias derrotadas del Eje tenían unos niveles de PIB a finales de la
Segunda Guerra Mundial parecidos a los de finales del siglo XIX; habían muerto 40 millones de
europeos en la guerra o por culpa del hambre; y la destrucción de capitales había sido mucho
más profunda que la padecida en la Primera Guerra Mundial.

Lo cierto es que la presencia de una gran determinación en la comunidad internacional


capitalista y la formación de instituciones internacionales orientadas al refuerzo de los procesos
de mercado desempeñaron un rol importante en la recuperación económica tras la Segunda
Guerra Mundial.

Ahora bien, el FMI, por ejemplo, fue bastante inútil en sus primeros años de andadura debido a
que las crisis económicas existentes en las diferentes economías nacionales impedían que esta
organización supranacional pudiese fijar tasas de cambio ventajosas frente al oro o al dólar.

John Maynard Keynes, sonriente a la derecha, fue uno de los economistas más influyentes del s.
XX. En esta fotografía de la reunión inaugural del FMI de 1946 se le ve junto a Harry Dexter
White, del Tesoro Americano. Fuente y autoría: FMI [dominio público], vía Wikimedia
Commons.

Los éxitos cosechados por el GATT también en su periodo inicial fueron limitados. Tras 1949, en
5 años no se volvieron a reunir las naciones firmantes en parte debido a discrepancias
estadounidenses sobre el hecho de que se consideraba que Europa estaba obteniendo más
beneficios que EE. UU. de la firma de estos acuerdos.

En resumidas cuentas, la reconstrucción financiera de Europa se produjo rápidamente tras la


Segunda Guerra Mundial y marcó el inicio de una época dorada en el Viejo Continente.
Este periodo de rápido crecimiento y productividad es atribuible, en parte, a la formación de
instituciones supranacionales centradas en la búsqueda de una estabilidad monetaria y en
políticas comerciales aperturistas a nivel mundial.

Los altos niveles de inversión, la baja tasa de desempleo y el bajo nivel de inflación, debido a la
aplicación de políticas keynesianas por parte de estos organismos internacionales también
jugaron un papel significativo en la recuperación económica de las economías del bloque
capitalista de posguerra.

Mantener la paz y la seguridad internacionales. Proteger los derechos humanos. Distribuir ayuda
humanitaria. Apoyar el desarrollo sostenible y la acción climática.

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