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Vida y sueños de Pongos y Zoncitos

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investigaciones sociales

N.°45, pp. 233-241 [2021]UNMSM/IIHS. Lima, Perú


DOI: [Link]

Un ensayo de prosopografía andina


(Pongos y zoncitos)
Artículos originales: historia Wilfredo Kapsoli Escudero
Recibido: 10/04/2021 Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Aprobado: 25/06/2021
wckapsoli@[Link]
Publicado: 14/10/2021

RESUMEN
La Prosopografía es el estudio de los seres más excluidos de la sociedad. En este ensayo rescatamos la vida de Pongos y Zoncitos
cuyas historias están olvidadas con sus sueños invisibles. Ellos con su sudor y sangre alimentaron la prosperidad de los gamonales
(plantas parásitas que vivían a expensas de las cepas buenas). Los Pongos eran siervos de las haciendas ninguneados y excluidos
socialmente. Los zoncitos son personajes enigmáticos que actúan como bufones para divertir a los patrones y sus allegados. Pongos
y Zoncitos son también considerados como illas, es decir, deidades de la buena suerte y abundancia. Ellos testimonian su vida con
metáforas y alegorías asociadas al tiempo y a la naturaleza. Tienen también sueños utópicos y que en algún momento el mundo
se vuelva al revés.

Palabras clave: pongos, zoncitos, gamonales, bufones, illas, metáforas, sueños y utopías

An essay on Andean prosopography (Pongos and zoncitos)


ABSTRACT
Prosopography is the study of the most excluded beings in society. In this essay we rescue the life of Pongos y Zoncitos whose
stories are forgotten with their invisible dreams. They with their sweat and blood fed the prosperity of the gamonales (parasitic
plants that lived at the expense of good strains). The Pongos were serfs of the haciendas ignored and socially excluded. The zon-
citos are enigmatic characters who act as buffoons to amuse the patrons and those close to them. Pongos and Zoncitos are also
considered illas, that is, deities of good luck and abundance. They testify to their life with metaphors and allegories associated
with time and nature. They also have utopian dreams and that at some point the world turns upside down.

Keywords: pongos, zoncitos, gamonales, buffoons, illas, metaphors, dreams and utopias

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WILFREDO KAPSOLI ESCUDERO

1. Una vida en metáforas de plata. Cuando ella envejecía no podía sujetar-

A
se sobre el caballo, tenemos que trasladarlo de la
uge Marc, en Las formas del olvido (1998), hacienda Pachaclla hasta Huancavelica en ‘andas
señala que Clifford Geertz pone en relieve entre cuatro pongos’.
las riquezas de las mediaciones simbólicas Para ver el trabajo de los pongos en las chacras y
que organizan la práctica social en un mun- campos de cultivo, tenemos que cargar a la patrona
do determinado. Es decir, «habla de la cultura como en andas y cada domingo lo bajábamos al templo
un sistema de símbolos en perpetua interacción» de Santa Ana. Después de la misa lo volvíamos a
(p. 36). Por otra parte, Paul Ricoeur, subraya que la cargar hasta la Casa Hacienda. (p. 212)
comprensión de las mediaciones simbólicas legitima
la lectura de las prácticas sociales que se expresan a Y continúa el relato:
través de la historia» (p. 38).
En la década de 1980, la antropóloga Carmen Cuando uno entra el pongo la hacienda nunca nos
Escalante recogió el testimonio de un pongo de daba de comer, cada pongo tenía que entrar car-
Huancavelica, quien aceptó contar su vida. Este tra- gado de sus víveres y si los víveres se terminaban
bajo lo plasmó en el texto: Testimonio de un pongo, pasábamos hambre. Esta patrona era una mujer
Comunidad Campesina de Pachaccla Huancavelica sin alma, a pesar de que en su casa había cuartos
(1983). En su testimonio enfatizó que su relato no llenos de chuño (papa deshidratada). ¿de dónde
se puede deschatar (discutir), porque los siervos eran era esa papa? Era lo que nosotros trabajábamos.
tratados día y noche como animales. En palabras del Nuestra patrona María Lozano quedó viuda muy
pongo: «Aquí en la Hacienda hemos alimentado con joven. Ella era una cristiana sin alma, verdadero
nuestro sudor, con nuestra sangre desde que nuestros nido del diablo. Cuando se perdía el ganado en la
ojos se abrieron a la luz en estas lomas. Así lo hicie- Hacienda, teníamos que reponerlo nosotros con la
ron también nuestros padres y abuelos como Justo cantidad que quería. Así, ¡Cuánto nos hizo llorar!,
Bernaco, a quien el hacendado le nombró ullariko hasta que las lágrimas se sequen en nuestros ojos (lo
(transmisor de órdenes)». (p. 212). subrayado es nuestro). Esta patrona envejeció en
En la época de los incas esta función lo cumplían nuestras manos y su vejez ha sido un verdadero
los Tucuyricoj (los que todo lo ven) que informa- castigo porque ha padecido peor que un animal.
ban del comportamiento de los runas en los ayllus. No se daba cuenta de lo que se había cagado en la
Bartolomé de las Casas, cuando se refería a la explo- cama. Ya no hablaba, sin lengua se arruinó. Murió
tación de Mitayos en los centros mineros decían: «no terminado por el piojo. Se quedó muda, no habla-
es el oro ni la plata los que se envían a España sino la ba, solo mugía. Durante el día, dos pongos no nos
sangre y el sudor de los indios». El testimoniante de movíamos de su lado, no se sujetaba ni parada ni
Carmen Escalante proclama: «Soy hijo de aquel atar- sentaba, nosotros lo bajábamos y los sentábamos.
decer de mi vida, viviendo como pongo» (lo subrayado Cuando nos sentábamos se iba como un trompo.
es nuestro). Comía hasta la saciedad, todo se engullía como un
Aquí, es interesante señalar, cómo el pongo asocia pato, luego decía ¡basta! A pesar de nuestros cuida-
su existencia con el «atardecer», esto es, envejecer en dos los piojos lo terminaban, aparecían como hormi-
la misma situación opresiva a la que estaba sometido. gas. La ropa lo hacíamos hervir en peroles, pero, aun
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Al inicio del testimonio dice «a mí me tocó vivir en así, los piojos lo terminaban. (p. 217)
la hacienda cuando la dueña era una vieja machona
sin marido y con alma de diabla» (p. 212). Nótese Carmen Escalante apunta que, al ver estas escenas,
que el pongo alude a la patrona en forma despectiva los comuneros decían Chiki (envidia), el anuncio de
asociándolo con el mal y el infierno. un mal agüero, era la premonición para que desapa-
rezca todo el ganado y aún su vida. Concluyendo esta
Nosotros tenemos que estar en su casa sin ojotas y parte del relato, el testimoniante dice «este fin animal
con la ‘cabeza desnuda’, sin sombrero, hasta lo que ha tenido nuestra patrona, su vida en nuestras manos
ella escupía tenemos que recibirlos en una vasija se acabó». Murió callada sin decir palabra alguna «su
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UN ENSAYO DE PROSOPOGRAFÍA ANDINA (PONGOS Y ZONCITOS)

suerte ha sido padecer y castigo porque esta patrona la tembladera que lo obligaba a correr sin control.
hasta el último, solo odio, tristeza y nos hizo llorar a Un día tropezó con un toro bravo que lo embistió
toda su gente». (p. 218) y le sacudió un fuerte espanto y el chukchu escapó
Continúa Carmen Escalante explicando que de susto de su cuerpo1. (p. 221)
cuando el pongo realizaba tarea de pastoreo y se le
perdía una cría o una madre de oveja o se lo comía A pesar de los estragos que causaba la peste, los cam-
el zorro si era «merino» (ganado fino) se reponía con pesinos se burlaban de la enfermedad a través de bai-
ovejas chuscas el rebaño del pastor. No había dónde les alusivos al tema. Y explica Carmen Escalante:
quejarse, «la hacienda mandaba como quería y nunca
estaba contento». Ellos justificaban esta acción dicien- Los pongos, para bajar a la costa, semanas antes se
do que los indios se apropiaban del ganado por vicio. curaban con medicamentos de los más hediondos,
hasta que estén totalmente penetrados de olores
En estas lomas hay mucho zorro, para eso la ha- pestilentes. Tomaban orines fermentados, kerose-
cienda enviaba veneno en carne, para colgarlo en ne, se untaba con excremento humano fermenta-
el cuello de las crías enfermas; así se las dejaba lejos do, con orín de zorrino, se sahumaba con humo
de las estancias, entonces cuando estas crías se de- de jebe de cuerno derecho de los toros negros y de
jaban, lloraban de noche y los zorros acudían de los chivos capones, con humo de maderos de cru-
todas partes, ahora algunos zorros, regresándose ces abandonadas del campo santo. Cuando eran
morían en el camino, otros dentro de sus huecos. penetrados del todo por estos olores, el chukchu
Porque si mandaba veneno para 6 u 8 zorros, había no se les acercaba, estos olores lo ahuyentaban. Y
que buscar los zorros muertos hasta encontrar para para abrirse paso del chukchu, en el camino a la
llevarlos a la hacienda; porque si faltaba decía, se- costa, llevaban puesto un collar hecho de uñas de
guro que no has puesto completo y te has comido zorrinos, de chivos y de picos de chiwako. (p. 222).
la cría, diciendo así: se reponía con un borrego de
nuestra tropa. (p. 219) Estos ritos en pos de la salud eran costumbres con-
suetudinarias y estaban legitimados socialmente.
Lo que describe el pongo nos hace ver un fenóme- El pongo precisa: «Ellos nos gritaban ¡apura bu-
no de dominación total que no era cuestionado por rro!, ¡apura talegón! ¡apura gran puta CARAJO! Solo
nadie. «La lana se sacaba a Ica. Este viaje duraba se- esas palabras recibíamos. Cuando nos expulsaron de
manas o meses y el fiambre que nos llevábamos era la hacienda, salíamos sin nada. Éramos llevados solo
de nuestra despensa» (p. 220). A lo que agrega: «la por nuestra cabeza. Así aparecíamos regados por todas
hacienda sólo nos entregaba lana pesada ya y era de partes con lágrimas de lluvia, con lágrimas de río; como
nuestra responsabilidad llegar como sea con la lana errantes si pueblo, sin familia. Así andamos en el tiempo
a Ica, en un plazo fijado por el patrón» (p. 221). En de la hacienda, que de padre solo tuvimos al viento y de
fin, «Ir a Ica era apostar con la muerte. Muchos ya madre a la neblina de estas lomas. Nos arrastrábamos
no regresaban. Morían en el camino o regresaban en- de loma en loma. Así éramos como si no hubiéramos
fermos a morir con chukchu (paludismo, terciana). sido paridos por esta tierra» (p. 225). (lo subrayado
Mi padre transportaba en mulas la fibra de alpaca y es nuestro).
el chuño a Ica, regresó con chukchu y curándole día y
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noche, le hicieron regresar ya de la mitad del camino a


la otra vida». (p. 221).
1 Sal y Rosas, Federico. Psicólogo ancashino, dice que el mal del susto
da lugar a la «separación del alma del cuerpo por la acción de la tie-
Con este mal del paludismo a uno le da alta ca- rra. Tal sustracción del espíritu (jani) se debería al enojo de la tierra
lentura y ataques de temblor de pies a cabeza. Esta ante el susto del hombre, por lo cual el regreso o rescate de aquel
requería sustancialmente la invocación y ofrendas a las divinidades».
enfermedad entra en el momento que uno se asus- Observaciones en el Folklore Psiquiátrico. En: Folklore Americano,
ta y también se expulsa el mal con otro susto. Así Lima, año 20 N°17, 1971, pág. 249 al 262. También puede curarse
con el Jacacupe o sobe con el cuy para sacar el manchainisca (susto).
el tayta Clemente, cuando regresó de Ica empezó
Se puede realizar igualmente el shocma (ficción del cuerpo con flores
a dormir día y noche y cuando despertaba le daba y hojas de coca).
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WILFREDO KAPSOLI ESCUDERO

En la cosmovisión andina el agua de las lluvias, 2. Bufones e illas


los ríos y las lagunas eran considerados esenciales para
la producción y la existencia individual y colectiva. El antropólogo Washington Rozas, al inicio de su en-
sayo «El zoncito y la hacienda una interpretación de su
Por último, alguien dice sin pensar como si no tu- ambigüedad» (2013), nos relata cómo nació su interés
viéramos cabeza «¡No puede ser! Que no recuer- por el tema. Recuerda que en sus notas de campo
den cómo arrastramos el sufrimiento en tiempo «había escrito varias páginas sobre la vida y funciones
de la hacienda, porque hasta el chancho tiene que tenía el zoncito en la hacienda serrana» (p. 1).
memoria. Por eso, esa vez, al escucharlos mi cora- Henry Favre, citado por Rozas, considera hacienda «a
zón ardía y de rabia me retorcía. Si hubiera tenido toda propiedad individual de tierras, cualquiera sea
fuete, a los dos los hubiera fueteado. Porque ¿en la su extensión, sobre la que vive una población esta-
cabeza de quién cabe, que el tiempo de la hacienda ble, directa e individualmente ligada al propietario
pueda regresar? Y ¿Cómo ya lo que está cocido puede o a su representante por una serie de obligaciones
volver a ser crudo?». (p. 225). personales, tanto materiales como simbólicas, que la
mantienen en estado de servidumbre, admitida o di-
Esta es una metáfora de elogio a la comida, es de- simulada, o por lo menos en una situación primitiva
cir al alimento ya preparado. Los pongos, a pesar de de dominio y dependencia» (p. 3).
todo, tenían momentos de alegría, como las kachwas Era costumbre de los hacendados tener zoncitos
(bailes) durante la trilla del trigos, alverjas y cebadas, que jugaban un papel importante porque simbólica-
donde mente la presencia de ellos les traía «buena suerte».
Por eso los trataban como un fetiche festivamente.
… la gente bailando pisaba los granos, se hacía de Ellos tenían una serie de obligaciones, tanto como
noche entre peones solteros. Los varones pisaban, mitanish o peones.
las muchachas iban a dar aliento, él iba con bombo
y quena cantando y tocando. El dueño da a todos Los pongos eran sirvientes que tenían una serie de
coca, trago y cigarro, los jóvenes se agarran de las obligaciones personales tanto como mitanish como
manos y corren a toda fuerza, a trote, se forman peones. El zoncito realizaba tareas domésticas como
dos bandos y frente a frente corren. Da la vuelta trasladar agua y leña a la cocina, preparaba alimen-
a la era y vuelven a empezar de nuevo, las chicas tos de los animales como son los perros, cerdos,
mujercitas, pasñas van a cantar a fin de enamorar cuyes y gallinas. En ocasiones, también cuidaban
a los jóvenes solteros y tener relaciones. (p. 227) a las vacas lecheras y ayudaban a ordeñarlos. No
recibían salario ni usufructuaba las tierras del pa-
Eran tiempos de la iniciación sexual y de socializa- trón. Su trabajo se reconocía con comida, la ropa y
ción. También en aquella época practicaban el culto la vivienda que le facilitaban. Su presencia era ex-
a las Apachetas (montículo de piedra). En todas las travagante, harapiento, es decir, tenía un estereo-
cumbres siempre habían piedras grandes y redondas, tipo original. Vivía solo el presente, sin recuerdo
lustrosas como si hubiera sacado brillo. Con ellas del pasado y tampoco inquietudes por el futuro.
prueban sus fuerzas los jóvenes. Acto que era cono- (p. 6).
cido como el pulso rumi y otros conocidos como el
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azul wari, consideraba piedras secretas que lo guar- Estos servicios eran conocidos también como:
daba en su corazón. En estos ritos decían oraciones
secretamente. Cuando ningún hombre lo levantaba El pongeaje y mitani que eran trabajos obligados
por ser muy pesada, lo trasladaban en mantas cargán- que recibían a entrar al servicio de la hacienda
dolo entre varios, por eso los hacendados se conside- durante una semana sin remuneración monetaria,
raban apachetas o piedras sagradas. pero a cambio recibía comida y productos agríco-
las. La otra obligación era cumplir labores agríco-
las: siembra, barbecho, aporque y cosecha. Todo
ello a cambio de comida y coca. Como se puede
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UN ENSAYO DE PROSOPOGRAFÍA ANDINA (PONGOS Y ZONCITOS)

notar, muchas costumbres y creencias de la época infierno? ¡Ni pensar! Cuando yo me muera me iré a
de la hacienda fueron practicadas hasta antes de la Andahuaylas, ocurrencia que festejaba el hacendado
Reforma Agraria (pp. 3-4). riéndose.
En síntesis, según Washington Rosas:
2.1 Bufones
Los zoncitos jugaban una función importante en la
Los nobles españoles tenían por costumbre poseer hacienda: la de entretener y divertir al hacendado
bufones (persona que hace tonterías o se comportan y a su familia. A pesar de que recibía vejaciones,
con poca seriedad pretendiendo ser cómicos y resul- burlas, chacotas de parte de los peones. El zoncito
tando ridículos). En el palacio de los reyes existía una no se daba cuenta de su gracia y payasada. Los pa-
curiosa banda de bufones (enanos o discapacitados pelones que hacían para risa de los demás, eran in-
psíquicos) que formaban parte de la vida cotidiana voluntarios. No se preocupaba de su alimentación,
en la Corte. Su función consistía en divertir a los ropa ni tampoco pedir algún antojo cuando los
monarcas y grandes señores. En la pintura de Diego comerciantes (wasaqepes) aparecían en la hacienda.
Velásquez, en el motivo de las Meninas aparece un Los zoncitos oscilaban entre el entretenimiento y
enano que da una patada al perro. Washington Rozas la ingenuidad. Se movían dentro de una delgada
se pregunta ¿Quién era el bufón? contesta: «un perso- línea entre la normalidad y la anormalidad. Tenían
naje, un pícaro, gracioso, humorista, que, con sus pa- la potestad de expresar cosas que los peones no se
labras, acciones y chistes hacía reír a los nobles. Son atrevían a decir frente al hacendado. Por ejemplo,
aquellas personas que hacen y dicen tonterías frente según lo mencionó uno de los informantes, cierta
a los demás». vez un zoncito advirtió al hacendado que, en su via-
je se portara bien porque era gritón y boca suelta.
En las haciendas los bufones hacían lo grotesco (p. 11).
para divertir a los visitantes esporádicos o coti-
dianos y también actuaban durante las jornadas Muchos zoncitos poseían talento para la música y la
agropecuarias para que el trabajo no fuera abu- fiesta del patrono San Isidro El Labrador donde to-
rrido ni pesado. A los zoncitos les ponían apodos caban bombos o tambores. En suma, en torno a ellos
con los que la gente los ridiculizaba. Les decía, por existían muchas tradiciones, entre otras que traían
ejemplo, compadre, sargento thantaña (haraposo) la buena suerte, por eso eran considerados amuletos
o simplemente opa (zonzo). No tenía documen- sagrados.
tación alguna, solo referencias del bautizo en las
haciendas, por tanto, eran personajes sin existencia 2.2 Illas
real para la nación peruana. (p. 8).
Según José María Arguedas (1966), Illa era aquella
No podían contraer matrimonio ni tener familia. persona o representación de algún animal o cosa que
Estaban condenados a ser wakchas (pobres) y como reportaba la buena suerte. Parecían estrellas o pie-
tal eran mal vistos socialmente. A los zoncitos les so- dras deformes a manera de ídolos y tenían vida, si
metían a vejámenes en las moliendas de la caña de un hombre los encontraba tendría fortuna y, sobre
azúcar o la fabricación de la chancaca. Así, una noche todo, poder, eran conocidos también como Qonopas,
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de molienda, el zoncito se durmió y uno de los peones pequeñas esculturas de piedra que tienen forma de
le untó los ojos con melaza de caña. Al despertar, el llamas, alpacas, cuyes, maíz y papa. Eran objetos ce-
zoncito no pudo abrir los ojos y se desesperaba, pro- remoniales, las personas que lo conseguían veían cre-
vocando la risa de los presentes, pero, él se vengaba cer su ganado y sus cosechas agrícolas. Solo la caída
de los intrusos y cuando los molineros se dormían les de un rayo podía afectarlos. Eran estampas sagradas
orinaba, sacudiéndose en el altillo (p. 10). El zoncito (p. 266).
no tenía noción del más allá y la patrona le pregun- Por su parte, Diego Gonzáles Holguín, en su dic-
taba: ¿Cuando te mueras, a dónde deseas ir? ¿al cie- cionario sobre la Lengua Quechua, traduce la palabra
lo? No, le contestaba, ¿al purgatorio? Tampoco, ¿al Iclla de la siguiente manera: «piedras o vetas grandes
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como un huevo que la persona lleva para ser rico y nenoso conocido como el antimonio, que mata a las
venturoso». (1989, p. 336). personas cuando éstos los aspiran, los zoncitos juegan
El patrón de la hacienda creía que los zoncitos un papel importante en el hallazgo del tesoro. Un
hombres o mujeres «traían más suerte». Pensaban que testigo contó a Washington Rozas el hallazgo de un
los zoncitos espantaban a las almas en pena, a las cala- tesoro en Calca (Cusco):
midades y pestes. También ayudaban a encontrar los
Tapados (tesoro escondido) como lo ha señalado para Se necesita una técnica especial para desenterrar
el Valle Mantaro Takahiro Kato. Creían que los Illas un tesoro. Lo primero que se debe hacer es pagar
recibían revelaciones en sueños sobre la existencia de al Apu y a la Pachamama con un buen despacho
tesoros ocultos por lo cual se asociaban con los hua- en agradecimiento de su tapado. Luego, se debe
queros. Decían que en las noches lóbregas arden con buscar a un opa para que excave, él se encargará
luz radiante de color amarillo anunciando la presen- de desenterrar el tesoro. El opa no debe ser del lu-
cia del oro y la plata de los Incas. gar. El Apu y la Pachamama piden como pago a
un ser humano. Algunos huaqueros pagan con un
Los zoncitos se pensaban que también eran prote- feto humano, pero la Tierra no siempre está con-
gidos por los Apus, por lo mismo recibían parapus tenta y puede llevarse al huaquero. Para evitar eso,
u ofrendas con fetos de llama, chicha y hoja de sacrifican al zoncito. Una forma de sacrificarlo, es
coca. Washington Rosas, comenta también: «En haciendo que excave, y la Tierra es a él a quién se
una hacienda contaban que el zoncito tenía la cos- lo llevará. Otros dicen, que después que excava lo
tumbre de madrugar muy temprano, al tercer can- ahorcan y entierran en el mismo lugar del Tapado.
to del gallo ya estaba levantado y hacia bulla que (p. 14).
no dejaba dormir al mayordomo. Un día pensó el
mayordomo hacerle una broma para que se asuste. José María Arguedas tradujo al castellano un famo-
Antes que el zoncito se levantara, el mayordomo le so cuento llamado El Sueño del Pongo o Oponsoc
esperó en la acequia donde acostumbraba lavarse; Moscoinin que adquiere mayor realce al ser escrito en
estaba cubierto con una manta blanca haciéndo- quechua como parte de la literatura oral. Este rela-
se fantasma. El zoncito al verlo, se encolerizó y le to nos remite la historia de Miguel Ugayapa donde
agredió a pedradas». (Rozas, p. 12) «el pongo es ingenioso y diestro para el desarrollo de
muchos malabares». El pongo también es el servidor
En suma, una hacienda sin un zoncito no tenía atrac- del auki y de los huamanis, sirve también como cu-
tivo alguno. randero porque él es un iniciado en ese oficio y está
en condiciones en comunicarse con el espíritu de las
montañas. El pongo no es un Laica (brujo) sino más
3. Sueños y utopías bien se relaciona con los dioses para destruir a quie-
nes le ofenden.
En el mundo andino existe la creencia de que los El autor de Los ríos profundos dedicó el cuen-
sueños pueden transmitir revelaciones acerca de la to a la memoria de don Santos Ccoyoccoci de
existencia de los tesoros escondidos de los incas. Los la comunidad de Canmutu de la provincia de
testimoniantes dicen que cuando los ancianos sue- Quispicanchi Cusco, quien vino a Lima en varias
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ñan con un ídolo, con excremento humano o con un ocasiones y regresó a su pueblo cargando a espal-
niño, son indicadores que el huaquero encontrará la da materiales escolares y donaciones que recibió
riqueza con los Tapados. «Los Tapados arden duran- «su majestuosa y tierna figura seguirá protegiendo
te la noche y el color con que arde es indicador del desde la otra vida a su comunidad y acompañan-
metal. Si es amarillo significa oro y si es blanco, con do a quienes tuvimos la suerte de ganar su afecto
seguridad es plata». Se cree que los Tapados al ser ha- y recibir el ejemplo de su tenacidad y sabiduría».
llados se cobran la vida de una persona porque ellos (Arguedas, 1969, p. 55).
son Apus que viven en los cerros o en la Pachamama Arguedas escuchó el cuento en Lima, conta-
(Madre Tierra). Los Tapados, almacenan un haz ve- do por un comunero de Qasha de la Provincia de
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UN ENSAYO DE PROSOPOGRAFÍA ANDINA (PONGOS Y ZONCITOS)

Quispicanchis. No pudo grabar su versión, pero punas. Entonces, el patrón reía de buena gana y la
ella quedó «casi copiada en mi memoria» dice risa le sacudía en todo el cuerpo. ¡Regresa! Le grita-
José María. Oscar Núñez Prado contó otra ver- ba cuando alcanzaba el extremo del gran corredor.
sión muy diferente del mismo tema. Nuestra ver- El pongo volvía y llegaba fatigado, mientras tanto
sión es lo más fiel posible al original, aunque «hay los sirvientes rezaban el Ave María despacio como
mucho de nuestra propia cosecha» –testimonió viento interior en el corazón. (p. 59)
Arguedas–. Las palabras en castellano diluidos
en la poderosa corriente de la lengua quechua se Y continúa;
confunden con la sabiduría e inspiración admira-
ble de los testimoniantes, como son soncco llaqui Ahora ¡alza las orejas como vizcacha! ¡Vizcacha eres!
(tristeza del corazón), cielo ñawjiwa (ojo que col- ¡siéntate en dos patas! «como si en el vientre de
ma del cielo). De este modo, «al lector que no ha- su madre hubiera sufrido la influencia modelante
bla quechua le llevará directo al estilo de nuestra de alguna vizcacha, el pongo imitaba exactamen-
lengua indígena tradicional que se mantiene con te la figura de uno de estos animalitos». Recemos
todos sus matices y características del ser vivo que el Padre Nuestro, decía el patrón a los indios que
se defiende triunfalmente. (p. 54). esperaban en fila. El pongo no podía rezar porque
José María describe al pongo: «Era pequeño, no estaba en el lugar que le correspondía. Los sier-
de cuerpo miserable, de ánimo débil, todo la- vos se dispersaban ¡Vete, pancita! Decía el patrón.
mentable; sus ropas, viejas» (p. 57). El gran señor Todos los días le obligaba a revolcarse, lo obligaba
de la hacienda, no podía contener la risa cuando a reírse, a fingir llanto. Lo entregó a la mofa de
el hombrecito le saludaba. ¿Eres hombre u otra sus iguales, los colonos. Es decir, sus indios de la
cosa? Preguntó delante de todos los sirvientes de hacienda.
la hacienda. Humillándose, el pongo no contes- Una tarde a la hora del Ave María, cuando están
taba nada «atemorizado, con los ojos helados, se reunidos todos los colonos, el hombrecito habló
quedó de pie». Por lo menos sabrás lavar ollas. muy claramente, aunque su rostro seguía muy
«Llévense a esta inmundicia» ordenó a uno de espantado:
sus mayordomos. Arrodillándose, el pongo le «—Habla… si puedes —contestó el hacendado.
besó la mano al patrón y todo agachadito siguió —Padre mío, señor mío, corazón mío —empezó
caminando hasta la cocina. El hombrecito tenía a hablar el hombrecito—. Soñé anoche que ha-
cuerpo pequeño, pero sus fuerzas eran como de bíamos muerto los dos juntos; juntos habíamos
cualquier hombre común. Cumplía con todos los muerto.
trabajos. Pero había en él un espanto en su rostro —¿Conmigo? ¿Tú? Cuenta todo, indio —le dijo
y algunos se reían viéndolo así y otros lo compa- el gran patrón.
decían. Expone en el relato: —Como éramos hombres muertos, señor mío,
aparecimos desnudos, los dos juntos; desnudos
Huérfano de huérfanos; hijo del viento de la luna ante nuestro gran Padre San Francisco.
debe ser el frío de sus ojos, el corazón pura tristeza», —¿Y después? ¡Habla! —ordenó el patrón, entre
había dicho la mestiza cocinera, viéndolo. En otras enojado e inquieto por la curiosidad.
ocasiones, al final de la tarde, cuando los siervos se —Viéndonos muertos, desnudos, juntos, nuestro
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reúnan para rezar el Ave María «el patrón lo mar- gran Padre San Francisco nos examinó con sus ojos
tirizaba delante de toda la servidumbre, lo sacudía que alcanzan y miden no sabemos hasta qué dis-
como a un trozo de pellejo». También lo obligaba a tancia. A ti y a mí nos examinaba, pesando, creo,
arrodillarse «creo que eres perro» ¡ladra! Les decía, el corazón de cada uno y lo que éramos y lo que
pero el hombrecito no podía ladrar ¡Ponte en cua- somos. Como hombre rico y grande, tú enfrenta-
tro patas! Le ordenaba, a lo cual el pongo le obede- bas esos ojos, padre mío.
cía y daba unos pasos en cuatro pies. ¡Trota como —¿Y tú?
perro! Seguía ordenándole. El hombrecito salía a —No puedo saber cómo estuve, gran señor. Yo no
correr como imitarlo a los pequeños perros de las puedo saber lo que valgo.
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WILFREDO KAPSOLI ESCUDERO

Luego siguió: «Nuestro padre dijo con su boca: Ahora ¡lámanse el uno al otro! Despacio, por mucho
«De todos los ángeles, el más hermoso, que venga. tiempo». El viejo ángel rejuveneció a esa misma
A ese incomparable que lo acompañe otro ángel hora; sus alas recuperaron su color negro, su gran
pequeño, que sea también el más hermoso. Que el fuerza. Nuestro Padre le encomendó vigilar que su
ángel pequeño traiga una copa de oro, y la copa de voluntad se cumpliera». (pp. 62-63)
oro llena de miel de chancaca más transparente».
Esta orden aparentemente iba direccionado a favor San Francisco de Asís es considerado como el santo
del patrón. de los pobres. Miguel de Unamuno dice que «San
Pero, dueño mío: apenas nuestro gran Padre San Francisco fue el más auténtico cristiano, sin duda, el
Francisco dio la orden, apareció un ángel, brillan- cristiano perfecto, humanamente imposible, cristia-
do, alto como el sol; vino hasta llegar delante de no yo diría que trágico y armónico. Y que mal se me
nuestro Padre, caminando despacio. entiende estos conceptos que son sentimientos. Ser
Luego San Francisco ordenó «Ángel mayor: cubre perfectos como nuestro padre celestial que está en los
a este caballero con la miel que está en la copa de cielos. El Cristo nos puso como una meta lo inacce-
oro; que tus manos sean como plumas cuando pa- sible y San Francisco con la estricta observancia, con
sen sobre el cuerpo del hombre, diciendo, ordenó la observancia agónica y trágica que no excluye la ale-
nuestro gran Padre. Y así el ángel excelso, levantan- gría» (Robles, 2000). A su vez trascribe una leyenda
do la miel con sus manos, enlució tu cuerpecito, llena de símbolos mágico religiosos. Se trata del Pozo
todo, desde la cabeza hasta las uñas de los pies. Y te de Santa Clara que es presentado poéticamente:
erguiste, solo; en el resplandor del cielo la luz de tu
cuerpo sobresalía, como si estuviera hecho de oro, La cara fresca de Santa Clara
transparente». (p. 62) vio Francisco en el lecho de un pozo
y del agua bebió con su mano
Este pasaje reflejaba aparentemente una satisfacción y al gustar el claror de la cara
de clase. Así: se bañó las entrañas de gozo
aclamando su senda el Hermano.
—Cuando tú brillabas en el cielo, nuestro gran
Padre San Francisco volvió a ordenar: «Que de to- Al claro frescor de la Luna
dos los ángeles del cielo venga el de menos valer, el claridad, caridad,
más ordinario. Que ese ángel traiga en un tarro de la pobreza toda su fortuna
gasolina excremento humano». Así, «Un ángel que claror de la hermandad.
ya no valía, viejo, de patas escamosas, al que no
le alcanzaban las fuerzas para mantener las alas en ¿Por qué la tradición cristiana en el mundo andi-
su sitio, llegó ante nuestro gran Padre; llegó bien no evocaba la santidad de San Francisco de Asís?
cansado, con las alas chorreadas, trayendo en las Seguramente por la recuperación de la dignidad hu-
manos un tarro grande». Finalmente, nuestro gran mana y por el valor simbólico de la pobreza terrenal
Padre ordenó: «Embadurna el cuerpo de este hom- que será recompensada en el más allá, en el Reino de
brecito con el excremento que hay en esa lata que los Cielos.
has traído; todo el cuerpo, de cualquier manera; Juan Pérez de la Riva, historiador cubano, escribió
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cúbrelo como puedas. ¡Rápido!, entonces, aparecí hace unas décadas el libro titulado: Para una Historia
avergonzado, en la luz del cielo, apestando…». Es de las Gentes sin Historia. Allí el autor se propone sa-
en estas circunstancias cuando nos vimos juntos, car a la luz a unos protagonistas de la historia que
los dos, ante nuestro gran Padre San Francisco, él apenas son mencionados. Se trata de aquellos hom-
volvió a mirarnos, a ti ya a mí, largo rato. Con sus bres olvidados que requieren ser rescatados y conocer
ojos que colmaban el cielo, no sé hasta qué hon- su vida cotidiana para comprender mejor las raíces
duras nos alcanzó, juntando la noche con el día, el de la explotación humana y las particularidades del
olvido con la memoria. Y luego dijo: «Todo cuan- presente. Aunque Marc Augé (1998) considera que:
to los ángeles debían hacer con ustedes ya está hecho.
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UN ENSAYO DE PROSOPOGRAFÍA ANDINA (PONGOS Y ZONCITOS)

… hay que saber olvidar para saborear el gusto Bibliografía


del presente, del instante y de la espera. La pro-
pia memoria necesita también del olvido, hay que Arguedas, José María (1966). Mitos, cuentos y leyendas.
olvidar el pasado reciente para recobrar el pasado Lima: Instituto de Cultura.
remoto». De este modo, será posible una lectura Arguedas, José María (1969). El sueño del pongo. Santiago
dialéctica de la realidad histórica social, donde de Chile: Editorial Universitaria.
incluso «las peripecias del sueño prolongan la de Auge, Marc (1998). La forma del olvido. Barcelona:
la vigilia, cambiando así vigilia y sueño como una Editorial Gedisa.
continuidad, de tal suerte que ambas concepciones Escalante, Carmen (1983). «Testimonio de un pongo,
formaban parte un solo relato. (p. 9) Comunidad Campesina de Pachaccla, Huancavelica».
En: Testimonio: Hacia la sistematización de la historia
Nuestro ensayo sobre Pongos y Zoncitos se ha ins- oral. Lima: Ed. Fundación Friedrich Ebert, CIESUL,
pirado en las propuestas de Juan Pérez de la Riva, 1° edición, pp. 211-226.
Laurence Stone, Marc Augé y José María Arguedas. Gonzales Holguín, Diego (1989). Vocabulario de la
Esperemos que los lectores se suman a otras tareas Lengua General de Todo el Perú llamado Lengua Quichua
similares que enriquezcan nuestro oficio y recuperen o del Inca. Lima: Editorial. UNMSM.
la memoria de los hombres anónimos e invisibles en Kapsoli, Wilfredo (1987). Movimientos campesinos en el
nuestro país. Perú. Lima: Editorial Atusparia.
Kapsoli, Wilfredo (1989). Historia y psicología del indio.
Lima: Ed. Caribe.
Conclusiones Kato, Takahiro (1991). «Los Tapados en el valle del
Mantaro». En Revista Antropológica 9. Lima: Pontificia
1. Los Pongos y Zoncitos son los personajes más ex- Universidad Católica del Perú.
cluidos de la sociedad andina y se desempeñaban Robles, Laureano (2000). «Texto inédito de Unamuno
como siervos en las haciendas serranas. sobre San Francisco». Separata de Naturaleza y Gracia.
2. Estos personajes eran maltratados, deshumaniza- Salamanca Vol. XXXXVII.
dos y tratados como animales sin que ellos pudie- Rozas, Washington (2013). El zoncito y la hacienda una in-
ran quejarse ante ninguna autoridad buscando terpretación de su ambigüedad. Disponible en: https://
justicia social. [Link]/9381444-El-zoncito-y-la-hacienda-una-
3. Los Pongos y Zoncitos formaban parte del paisa- interpretacion-de-su-ambiguedad-jesus-washington-
je latifundista al ser considerados también como [Link]
Illas y Bufones por lo mismo proveedores de la Sal y Rozas, Federico (1971). «Observaciones en el
abundancia y la diversión de sus amos. Folklore Psiquiátrico». En Folklore Americano. Año 20,
4. Los Pongos y Zoncitos asociaban su existencia a N°17, Lima.
través de metáforas relacionadas con la naturaleza
y la cosmovisión andina.
5. Los Pongos y Zoncitos en ocasiones, tenían cier-
tos momentos de alegría y alimentaban sueños
utópicos de condena a sus amos. En una palabra,
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esperaban la llegada de un Pachacuti (un mundo


al revés).

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