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Estado y Política en Argentina: Evolución

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La Política y el Estado
Desde los comienzos de la humanidad, los seres humanos se fueron
agrupando con diversos fines: hacer más fáciles las actividades de la vida
diaria, afrontar los problemas naturales e infinidad de otras cuestiones. Lo
cierto es que hombres y mujeres conviven en organizaciones pequeñas o
grandes desde siempre. Esto llevó a que surjan problemáticas de convivencia
y la necesidad de darse algunos ordenamientos comunes con el fin de lograr
una coexistencia pacífica y estable. La política es la forma en que esas
comunidades organizaron y organizan las normas que todos y todas deben
respetar.
Con el correr de los años y los siglos, estas organizaciones se fueron
haciendo más complejas, albergando cada vez más personas y agregando
problemáticas a resolver.
Los conflictos en toda sociedad compleja son la regla, y no la excepción. La
política es entonces la forma de anticiparse y/o administrar los conflictos
que surgen en las sociedades, con miras a obtener el bien común, la menor
cantidad de perjuicios y la mayor cantidad de beneficios para la mayoría de
la población.
En la modernidad, las cada vez más extensas sociedades se dieron un
ordenamiento complejo que prevalece hasta nuestros días: el Estado.

¿Qué es el Estado?
A partir de la modernidad, con sociedades tan grandes y diversas, el gobierno
de la cosa pública (aquello que es de todos, las cuestiones colectivas),
requería la organización de grandes unidades administrativas que pudieran
conducir los asuntos de todos y todas, en un marco de armonía y bienestar.
Estas cuestiones son las que se procesan a través de los aparatos burocráticos
y las instituciones públicas que conforman el Estado.
Además de su carácter administrativo, reconocemos en el Estado a un gran
generador de identidad que nos hace formar parte de un pueblo mucho más
vasto que el del barrio, la ciudad o la provincia.

El Estado: una construcción social


Concebimos al Estado como una relación social, lo que significa que no es
natural, ni estuvo dado desde siempre, entonces.
Quienes lo creamos, lo vamos complejizando y somos quienes decidimos
día a día. El Estado no está hecho de una vez y para siempre: lo modifican,
agrandan o achican los actores sociales, en función del proyecto político y
los intereses que representan.
Además, el Estado es conducido con diferentes criterios dependiendo de las
ideas de las fuerzas sociales (o los grupos sociales) que ocupan sus espacios
e instituciones. Y (...) de acuerdo a las ideas y las formas de conducir los
resortes del Estado, se irán generando diferentes resultados y modos de
relacionarse con los problemas y demandas de la sociedad.

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Agreguemos que aquellos que ejercen el gobierno, no pueden hacer lo que
se les antoja con el Estado: el gobierno es la organización y el modo de
administrar el poder público dentro de las instituciones estatales, que tienen
una serie de reglas que deben ser cumplidas. En nuestro país, los gobiernos
son elegidos democráticamente, lo cual quiere decir que lo eligen sus
ciudadanos a través del voto, y ello en virtud del carácter Representativo
de la forma de gobierno adoptada constitucionalmente (aunque en distintos
momentos de la historia argentina, grupos de militares y civiles usurparon el
poder y gobernaron por la fuerza). Nuestro régimen de gobierno es, además
Republicano: lo que significa que la división de poderes, la publicidad de
los actos de gobierno, la igualdad de los ciudadanos ante la ley y demás
principios de las Repúblicas modernas nacidas a partir de las revoluciones
americana y francesa, los hemos adoptado como Nación.; y Federal, dado
que los Estados provinciales tienen autonomía para decidir sobre cuestiones
específicas, no delegadas al Gobierno federal.
En relación al Estado, a través del siglo XX podemos encontrar variadas
definiciones y conceptualizaciones sobre el mismo, ya que los procesos
históricos-políticos-sociales de construcción de los Estados Nacionales han
dado a luz diferentes formas de manifestación del mismo. En general, el
Estado puede ser entendido como:

- Un proceso socio-político de organización de las sociedades

- Un conductor social,

- Un conjunto de instituciones,

- Un conjunto de normas y leyes reconociendo distintos derechos


(civiles, políticos, sociales, económicos, entre otros),

- Un territorio donde se vinculan culturas y tradiciones,

- La activación y regulación de recursos y Políticas Públicas.

“Hablar de Estado nunca es hablar de un dato sino de una construcción, de un


artefacto cultural que aparece como el producto y expresión de determinados
conflictos y tradiciones, cristalizados en conjuntos históricamente específicos
de instituciones y prácticas” (NUN, J: 2.000).

Teniendo en cuenta lo anterior, las transformaciones y manifestaciones que


se sucedieron en el Estado Argentino pueden resumirse en los siguientes
periodos:

1. 1810-1880 Luchas por la Organización Nacional- Constitución -


2. 1880-1930 Estado Liberal
3. 1930-1945 Comienzos del Estado Intervencionista
4. 1945-1975 Surgimiento del Estado Social y/o de Bienestar
5. 1976-2001 Ruptura del Estado de Bienestar y apertura del Estado
Neoliberal
6. 2002-2015 Crisis del Estado Neoliberal y apertura hacia un Estado
articulador e integrador.
7. 2016-2019 (retorno y profundización del Estado Neoliberal).

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En dichos periodos la intervención del Estado para regular y crear condiciones
institucionales y legales estuvo determinada por supuestos ideológicos que
constituyeron uno u otro tipo de Estado. Es decir, las mismas concepciones
que hoy se contraponen entre “Estado mínimo” o “Estado presente y
articulador”, que se retoman más adelante en esta unidad.

Gómez Díaz de León presenta gráficamente el concepto de Estado con sus


componentes fundamentales:

De acuerdo a lo expuesto en este apartado, podemos sintetizar que del


tipo de relación que se establezca entre el Estado y la Sociedad, surgirán
diferentes tipos de Estados.
Aunque con algunas diferencias o matices en la caracterización de cada uno
de ellos, en Argentina podemos hablar a grandes rasgos de la existencia de
dos tipos históricos de Estado: el Liberal y el Estado de Bienestar.

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Estado Liberal
En el caso del Liberalismo, el Estado se pensó como una esfera o espacio
separado y diferente de la sociedad, que se reservaba para sí las tareas de
representación política del pueblo.

La política no era una cuestión que debiera interesarle a todas las personas,
sino a algunas de ellas y consideradas individualmente, y no como un
colectivo.

Por eso, la sociedad civil es considerada como algo parecido al mercado:


consumidores que solamente desean saciar sus demandas. Detrás de esta
idea, está la concepción de que el libre mercado (sin ningún tipo de
regulación estatal) es el mejor asignador de recursos: algo así como que
los que más tienen lo deben a su esfuerzo y trabajo, y los que menos tienen
será porque no se esfuerzan lo suficiente. Y, además, que el mercado es
quien distribuye la riqueza del país de la manera más eficaz, por lo que el
Estado debe interferir lo menos posible en la economía. En este juego,
el Estado aparece tan sólo como el garante de que cada quién tenga lo suyo
a resguardo. Lo que no contempla este mecanismo es que hay una serie de
desigualdades históricas y de posibilidades acceso a los recursos, por lo que
el Estado renuncia a promover la equidad en la sociedad.

El Estado de Bienestar
El Estado de Bienestar, no se piensa como algo diferente y distante de la
sociedad, sino como esferas integradas. Por este motivo, se lo suele llamar
también, Estado social.

Si en el Estado Liberal se busca contrarrestar su poder respecto de la


sociedad civil, para que no atente contra las libertades individuales
(concepción negativa­de la libertad, que sostiene que mi libertad es el límite
de la libertad del otro); en el Estado de Bienestar estamos frente a la idea
de un Estado que garantiza las libertades individuales, en el contexto del
reconocimiento de la superioridad del bien común. Por lo tanto, haciendo
especial hincapié en que TODOS y TODAS deben gozar del cumplimiento de
sus derechos políticos, económicos, sociales y culturales.

Aquí la libertad se entiende positivamente como una relación social a través


de la cual mi libertad se realiza en la libertad de los demás y con los
demás. Además, es fundamental pensar que, para ser libres, el Estado de
Bienestar otorga preponderancia a la igualdad social. Solamente podemos
ser libres en una comunidad pensada colectivamente; si todos tenemos las
mismas oportunidades para avanzar hacia “el bienestar general” tal como
lo expresa el Preámbulo de la Constitución Nacional. Y para que esto sea
posible, no hay que dejar que el mercado se regule libremente y se sigan
reproduciendo las asimetrías y desigualdades existentes, sino que el Estado
debe intervenir para hacer un reparto más equitativo de los recursos de
diferente naturaleza, en todos los niveles de la sociedad y debe, además,
tener presencia para asistir a quienes menos tienen y no pueden esperar que

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el mercado les solucione sus problemas.

Este tipo Estado asume al conflicto social como el corazón de la política, y


participa en ellos activamente: no se hace a un costado de las problemáticas
de la gente para que cada uno busque los modos de resolverlos, sino que
considera que es su deber atender las necesidades de la población, en
particular de los que menos tienen y pueden. Por eso, es árbitro de los
conflictos sociales, pero también es redistribuidor de poder y recursos.

¿Cuál es el rol del Estado en un


modelo de Estado de Bienestar?
Compartimos la perspectiva que plantea que “el Estado en tanto instrumento
poderoso en el conflicto político, munido de herramientas proporcionadas
por la Administración Pública, debe tener como supremo objetivo movilizar
la voluntad colectiva hacia el desarrollo y la superación de la injusticia
social” (Cao, Laguado Duca y Rey, 2015: 208). Esta concepción del Estado
reconoce su esencia política, sus contradicciones y limitaciones; es decir,
que implica la conciencia de que toda intervención está atravesada por las
condiciones y posibilidades que presenta la realidad.

El Estado cumple una tarea fundamental en el camino hacia la equidad, la


justicia y la mejora en la distribución del ingreso, procurando un desarrollo
con inclusión social. En este proceso, resulta necesario que la Administración
Pública se oriente hacia la universalización del ejercicio integral de los
derechos humanos, priorizando a los sectores sociales más vulnerados de
nuestra población.

POLÍTICAS PÚBLICAS
El Conjunto de medidas que el Estado genera para dar respuesta a las
necesidades de la población se denomina Política Pública. Es por ello que
suele decirse que éstas son el Estado en movimiento.

Las POLÍTICAS PÚBLICAS se crean a partir de las competencias de cada


uno de los organismos que componen la Administración Pública. Es decir, el
Estado con sus instituciones es el espacio y el instrumento social que posibilita
la escala y los mecanismos para convertir las necesidades, los derechos y
demandas sociales en políticas públicas y en proyectos compartidos. El
Estado nacional y popular activa las políticas públicas no como un actor
más, sino como el actor que expresa, sintetiza y canaliza la voluntad de las
mayorías y defiende los intereses de los sectores populares.

Las Políticas Públicas:

● Son decisiones y posicionamientos del Estado respecto a


problemas concretos, con propuestas y acciones también concretas.

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● Son el Estado en movimiento y puesto en relación con distintos
sectores de la sociedad para la resolución de conflictos y la atención de
problemáticas y necesidades de todas y todos.

● Aparecen para nuestra experiencia como planes, programas y


proyectos; como leyes que les dan marco y los sostienen; como medidas que
se toman desde algún área específica de la administración pública; como
instituciones que dan (o no) respuestas a necesidades y demandas.

● Son procesos nunca del todo cerrados en donde intervienen


siempre determinados intereses que entran en tensión, y por ello pueden
ser reversibles. Las políticas públicas son siempre conflictivas, en ellas se
juegan la distribución de los bienes, las riquezas y los ingresos públicos; las
posibilidades y el poder para decidir e intervenir en la vida colectiva y en la
calidad de vida presente y futura de todos/as y de cada uno/a.

● Las políticas públicas crean, reparten, habilitan, permiten el


acceso a posibilidades diferentes a los distintos integrantes de la sociedad.

Cuando son integrales y transformadoras, las políticas públicas “se sienten”


en la vida cotidiana. Para poder intervenir en su diseño, hay que saber partir
desde la vida cotidiana y la vida colectiva. Y “traducir” eso que sucede,
eso que se necesita, que corresponde por derecho, a una propuesta. La
participación, es ese trabajo de traer (a la política, al espacio público) y
traducir (las necesidades en propuestas e intervenciones) para transformar
las realidades.

Para tener políticas públicas más activas, integradoras, inclusivas, integrales,


con presencia en el territorio y con enfoque de derechos, articuladas entre sí
en síntesis políticas democráticas y distributivas, es necesaria la intervención
y la participación de la mayor cantidad de actores sociales.

Para no ser espectadores, sino protagonistas, hay que saber ver las políticas
en los procesos que estas suponen, buscando asumirlas­y abordarlas,
comprometiéndose en sus procesos de definición, de diseño e implementación.
Ello desafía a toda la sociedad y a las instituciones de la democracia a
generar ámbitos participativos desde donde construir colectivamente las
políticas públicas y consolidar un nuevo modelo de Estado presente, cercano
y un proyecto distinto de país.

El Estado y la Sociedad nueva, que habitan como anhelo y/o como Proyectos,
las reflexiones y los debates en torno a las políticas públicas, exigen también,
y principalmente: otro ciudadano; otro ejercicio de la ciudadanía.

Estado cercano, presente y accesible


La prestación de servicios públicos por parte del Estado debe estar orientada
a satisfacer necesidades colectivas impostergables e indispensables para que

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los miembros de una sociedad puedan desenvolverse en su vida cotidiana. El
diseño de políticas públicas, la generación de bienes y servicios orientados a
la ciudadanía, necesita de la relación cercana entre el Estado y la Sociedad,
a fin de que se satisfagan las necesidades y resuelvan de manera efectiva las
diferentes problemáticas; reconociendo y respetando las diversas realidades,
tanto a nivel individual como colectivo.

¿Cómo se logra este modelo de Estado?

è Garantizando a todos los ciudadanos y ciudadanas la equidad en el


acceso a la información, los bienes, productos y servicios ofrecidos por el
Estado.

è Asumiendo el rol de servicio público por y para la ciudadanía. Siendo


receptivos/as a sus necesidades, conociendo y resolviendo sus expectativas.

è Respetando la dignidad y diversidad de cada sujeto y/o colectivo


social.

è Reconociendo que cada bien, prestación o servicio que brinda el


Estado responde a derechos ciudadanos.

è Asumiendo el compromiso personal y organizacional para lograr la


mejora continua de la calidad de los procesos de gestión, productos, servicios
y demás prestaciones a la ciudadanía.

El Estado cercano es dinámico, media, interviene, es árbitro ante los


conflictos de intereses, tomando partido por quienes se encuentran en
inferioridad de condiciones.

Perspectiva de Derechos y enfoque en la


Ciudadanía
Desde la perspectiva de derechos, cada prestación y/o servicio es la
efectivización y afirmación de un derecho, como respuesta del Estado.
Por ejemplo, el acceso a un documento de identificación personal (DNI),
que se materializa a través de un trámite administrativo en una oficina
pública, es la afirmación del derecho a la identidad de la persona, frente
al Estado y la sociedad. Así, las funciones del Estado se orientan hacia la
universalización del ejercicio integral de los derechos humanos que abarcan
los ámbitos de la vida, la convivencia social y las posibilidades de desarrollo.
En el marco de un Estado Presente y Articulador, el ejercicio pleno de los

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derechos humanos implica promover la participación activa de la ciudadanía
en los asuntos de interés común, con el anhelo de incluir cada vez a más
sectores de la población en procesos democráticos. Dichos procesos implican
tanto derechos como deberes por parte de la población por lo cual resulta
imprescindible repensar la relación ciudadanía-Estado, formulando políticas
públicas que posibiliten que las personas, grupos y comunidades fortalezcan
sus capacidades, confianza, visión y protagonismo para impulsar cambios
positivos respecto a las situaciones de vulnerabilidad en las que viven.

Abordar la realidad desde una perspectiva de derechos requiere un enfoque


en la ciudadanía, definida como un conjunto social que –en tanto sujeto
de derecho- demanda el cumplimiento de sus derechos sociales, culturales,
económicos y políticos. Para ello es central la equidad en el acceso, debiendo
las y los trabajadores del Estado resolver las asimetrías para garantizar el
pleno goce de los derechos de la ciudadanía.

NUEVA ESTATALIDAD:
Ética Pública y Equidad (El rol de
trabajadoras y trabajadores públicos)
La autora Paula Canelo plantea para este momento la necesidad de construir­
una nueva estatalidad para lo cual formula dos interrogantes: ¿Qué Estado
nos falta? ¿Qué Estado queremos? Ambas preguntas nos ponen en condiciones
para discutir sobre esa nueva estatalidad la cual, desde su perspectiva, pasa
por lograr un Estado que sea capaz de producir y cuidar lo que nos es común.

Ello implica reconstruir el pensamiento y la subjetividad estatal,


definiendo una ética específica basada en valores e intereses colectivos:
la solidaridad, la igualdad, la justicia, la responsabilidad del cuidado de lo
común, que oriente las prácticas que sean puestas en marcha para resolver
los problemas comunes del futuro.

Consiste en un trabajo cultural que implique reconocerse y asumirse


como sujetos protagonistas de las políticas de Estado, lo cual impactará
favorablemente­en la valoración de la labor cotidiana y de sus prácticas
concretas y, en consecuencia, sobre sus resultados.

En definitiva, se trata de construir sentidos que fortalezcan el compromiso


con lo público, la idea de servicio y trascendencia, así como la vocación y
responsabilidad por producir y cuidar lo que nos es común.

La producción de una subjetividad estatal rejerarquizada debe


permitirle, a quienes forman parte de ella, ver en la consecución de las
metas de conjunto, la realización de su propia meta individual.

Nuestro país atraviesa una delicada situación que combina elementos


histórico-estructurales, con eventos coyunturales o del momento, entre
ellos la pandemia COVID-19, la cual contribuyó a visibilizar y profundizar las
huellas dejadas por el neoliberalismo en nuestra sociedad y en el Estado,

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sobre todo las relacionadas a la desigualdad y a la fragmentación social
(concepción de Estado Mínimo).

En este contexto y frente a la narrativa individualista, anti-política y anti-


estatal, el Estado Nacional y el Estado Provincial –con sus instituciones-,
asumieron su rol central como garantes de derechos, adoptando una política
sanitaria y económica centrada en el valor de la vida, privilegiando la salud
y el cuidado de las grandes mayorías ante la emergencia; lo cual implicó
enfrentarse a sectores de poder real que intentan mantener el statu quo, su
hegemonía y tendencia a la híper concentración de la riqueza.

Un reconocimiento especial cabe para las trabajadoras y trabajadores


públicos valorados como esenciales, que son el brazo ejecutor de dichas
decisiones políticas, constituyéndose en garantes del principio de igualdad
de la ciudadanía frente al Estado.

El mencionado posicionamiento supuso y supone hoy, un gran desafío para


el Estado Social: ampliar su acción a través de la construcción colectiva
de políticas públicas integrales, con enfoque de derechos y género,
distributivas, articuladas y enmarcadas en un proyecto de provincia y de
país más equitativo y democrático.

Desde esta perspectiva, la capacitación de las y los trabajadores, en tanto


protagonistas de las políticas públicas, resulta estratégica.

La reflexión crítica sobre la realidad y las acciones que se hacen para


transformarla, habilita procesos de construcción colectiva de conocimientos
y saberes, que influyen no solo en los sujetos sino también en las instituciones
de las cuales forman parte.

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Bibliografía
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futuro después de la pan­demia”, en El futuro después del Covid-19.
Ar­gentina Unida.
- CAO H., REY M., LAGUADO DUCA A. (2015) “El Estado en Cuestión:
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Buenos Aires.
- MINISTERIO DE DESARROLLO SOCIAL PRESIDEN­CIA DE LA NACIÓN –
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- INSTITUTO NACIONAL DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA. “Atención a
la Ciudadanía. Módulo In­troductorio”, mimeo.
- “Estado y proyecto de país” del Diploma de op­erador/a social con
orientación en agroecología, urbanismo, hábitat social y producción e
intervención cultural popular.

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