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Intervención Territorial Comunitaria: Procesos y Herramientas

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6211 26 2024

PROCESOS Y HERRAMIENTAS EN LA
INTERVENCIÓN TERRITORIAL
COMUNITARIA.

Silvia Plaza

112
Procesos y herramientas en la intervención
territorial-comunitaria69

Mgter. Silvia Plaza

Introducción.

¿Qué implica intervenir? ¿Cómo, en dónde, con quiénes? ¿Con qué


herramientas contamos?

En este capítulo se abordará la intervención territorial. Para ello es necesario,


previamente, presentar la perspectiva, aquí sostenida, ya que esta intervención se
realiza en el marco de lo que denominamos “procesos comunitarios”. En un territorio
real, social y simbólico; en un lugar de encuentro de personas, grupos y
organizaciones, donde transcurre la vida comunitaria. En esa vida comunitaria nos
disponemos a acercarnos e intervenir. El punto de partida es reconocer a los sujetos
involucrados en dichos procesos y que se encuentran anclados en la complejidad de la
diversidad, en la dinámica del conflicto. Apartarnos de esto implica pensar una
comunidad en donde lo que circula es lo común -en tanto homogéneo- anulando así la
complejidad de lo diverso e invisibilizando los conflictos.

Con esta referencia fundamental, puntualizaremos algunos aspectos de la


intervención. Así también, presentaremos algunas herramientas útiles y pertinentes a
tener en cuenta en los procesos de intervención en los procesos comunitarios.

La intervención territorial se comprende y trabaja en el marco de la


investigación-acción-participante y participativa, y de procesos de problematización.
Implica e interpela la posición del “equipo interventor” instituyéndose en un campo de
permanente reflexión. La Posición comunitaria y producción colectiva del conocimiento
es en donde hace nudo la relación comunitaria que desde esta perspectiva “hace” a la
actividad de extensión.

1. Procesos comunitarios.

Para abordar los procesos comunitarios se hace necesario pensar determinadas


maneras de aproximación y acción. Esta manera-forma-modalidad el “método” base
de toda acción es la investigación acción participativa y participante70.

69
Extraído de: FICHA DE CÁTEDRA Plaza Silvia (2007) “Campo de la Psicología Comunitaria”.
113
Un quehacer –rol71- implica una función, un papel a desempeñar, acciones a
realizar. Estas funciones, papeles, acciones pueden ser pre-escriptas, desempeñadas
o actuadas y posibles u otras no previstas. Pueden ser ejercidas en situación o por
fuera del contexto de la acción. Puede incluir componentes subjetivos o abstraerse de
ellos.

Los contextos comunitarios interpelan nuestra acción, nos presentan situaciones


nuevas, nos hacen otras preguntas. La realidad y los otros intervienen en la
construcción del quehacer. Instituyen, transforman, reproducen o conservan
prácticas.

Este campo construido (y en construcción) con el foco puesto en los procesos


comunitarios, con el eje y abordado a través de la participación (IAPyP), y con un
quehacer en situación y con otros; necesita ampliar la comprensión de los mismos a
través de un complejo conceptual para facilitar la intervención.

Hay dos términos involucrados, que por su importancia, se hace necesario


despejar: Procesos y Comunidad/Comunitario.

Acerca de los procesos.

Barrault-Vazquez (1999) intentan dilucidar el concepto de “proceso”, en tensión


con el de “evolución” y con lo “dinámico” que según el Diccionario Etimológico remite
a la idea de ir adelante (derivado del latín procedere: proceder) según una trayectoria
que no es de ninguna manera potencial o preexistente sino como lectura posterior,
como reconstrucción de lo acontecido y a la vez construcción de ese sentido.

70
Uno de los principales referentes es el colombiano Fals Borda, que en la década del ´60 se preguntaba
sobre la producción de conocimiento, reconociendo un conocimiento científico y otro popular, ligado
básicamente a la participación en su producción. Esta idea en el cómo hacer se vacía cuando el sujeto
queda fuera de foco y se transforma sólo en un dador y/o recolector de datos/información y/o en un
mero objeto de estudio; aquí el investigador-interventor juega un papel preponderante (línea inicial que
plantea la Investigación-acción –IA-). La línea de la investigación acción participativa -IAP- involucra a un
sujeto participante en todo el proceso, actor y protagonista en la producción del conocimiento. Y
finalmente la investigación acción participativa y participante, realza a la IAP otorgando un lugar también
importante al investigador-interventor.
71
El rol prescrito refiere a lo que la historia de una profesión –en este caso- fue escribiendo para ella,
roles, rollos, papeles a actuar; a lo que ya está escrito para el desempeño, al conjunto de acciones o
tareas consensuadas y legalizadas, que demarca lo que se puede o no se puede hacer. El rol
desempeñado es el rol actuado, lo que efectivamente se realiza; en donde el marco de referencia es lo ya
escrito sobre el rol. Pero en este “haciendo rol” no todo está prescripto, no todo de lo escrito se actúa y
hay acciones que se realizan que aún no están escritas. Así es que la dinámica de “lo desempeñado”, al
estar en contacto con las realidades y no solo con “la letra” -que sintetiza lo andado en la historia-,
posibilita y en contacto también con los nuevos tiempos, con una historia que aún no está escrita (por
tanto no se volvió preescrición), cambios, incorporaciones de nuevas acciones, transformación del sentido
de lo ya escrito, etc. Decimos, entonces, que además del rol prescripto y del rol desempeñado –lo ya
construido-, hay un rol posible –en construcción y a construir-, en situación y con otros.

114
Proceso se diferencia de la “evolución” en cuanto ésta se refiere al desarrollo,
desenvolver lo envuelto con un sentido preestablecido y de alguna forma gradual y
ordenado (Ferrater Mora, 1971), como una potencialidad que se actualiza en el aquí y
ahora. Y se asemeja a lo “dinámico” en su sentido general y como cualidad: “como
todo lo que se refiere al movimiento y aún al devenir” (Ferrater Mora, op. cit.).

Estos movimientos se alejan de considerar la comunidad y sus procesos como


un sistema cerrado, isomorfo o incluso un organismo.

Teniendo en cuenta las diferencias y semejanzas planteadas, nos interesa


detenernos en su sentido etimológico: precedere=proceder.

Al menos es posible pensar que refiere a dos sentidos más que el señalado “ir
adelante”. Uno de ellos remite a “procedencia” y el otro a “procedimiento”.

Procedencia nos remite a origen; ¿de dónde viene o deviene? “Procedimiento” refiere
a formas, comportamientos; a maneras de actuar, a conjunto de acciones. El “ir
adelante” al movimiento.

Así, en la idea de proceso confluye la idea de movimiento: hacia adelante y


hacia atrás, y a maneras de actuar, de proceder.

En los procesos, entonces, es posible incluir: a) las trayectorias de sujetos,


grupos, organizaciones (en un movimiento de de-reconstrucción de esa trayectoria).
Lo anterior, lo que precede, el origen, las matrices, la historia. b) Lo que aún no es, lo
que deviene pero que la condición de posibilidad está en de donde viene. Y c) lo que
aún no es ni es posible capturar en ese “ir hacia atrás” o “ir hacia delante”. No es
posible nombrar. Lo que acontece como acontecimiento.

Estos procesos se dan “en situación”, atravesada por espacio y tiempo, que le
otorga un ritmo propio y singular. Aspectos objetivos y subjetivos se juegan tanto en
el espacio como en el tiempo. El tiempo del calendario, del reloj aún en su
arbitrariedad nos ordena en un tiempo objetivo. El tiempo vivido, la temporalidad nos
sitúa en un tiempo subjetivo. El espacio como localidad geográfica, la medición, las
distancias nos sitúan en un espacio objetivo. El sentido otorgado a ese espacio nos
señala la cualidad subjetiva del espacio.

Se alude a una pluralidad de Procesos en situación; que refieren a


transformaciones cualitativas y cambios, desplazamientos, movimientos que
acontecen en una trayectoria que va siendo en la comunidad. No es sólo la cualidad
de lo dinámico, movimiento continuo, sino la de cambio.

Acerca de lo comunitario.

Es importante señalar aquí conceptualizaciones sobre comunidad. Remarcamos


la relación estrechísima entre estos conceptos y el proceso de intervención. La

115
variedad de definiciones sobre comunidad es inmensa, teniendo una multiplicidad de
significaciones y connotaciones. Señalaremos algunas:

1) De entrada, el término comunidad denota la cualidad de lo común o


compartido: de lo que une, “unidad en lo común”. Una idea, un territorio, una historia,
una enfermedad, un rasgo. Esta manera de conceptuar comunidad deviene también la
idea de homogeneidad, de igualdad, de consenso. Con un esfuerzo de inclusión en lo
común, de adaptación según lo compartido, del mantenimiento y/o conservación de
aquello que iguala, que ordena, que disciplina. Este esfuerzo puede asociarse también
con la exclusión de lo diferente, con la minimización de la variedad, con la anulación o
subsidiariedad del conflicto. Lo común como lo dado. Responde a una aproximación
conceptual clásica de comunidad.

2) Una segunda aproximación apunta a lo compartido, y según lo que se


comparta, se ubicarán las distintas concepciones de comunidad (Sánchez Vidal,
1991).

Por un lado, el reconocimiento de esta pluralidad hizo que se examinaran


definiciones sobre comunidad, encontrando tres áreas de acuerdo o coincidencia: una
localidad compartida, relaciones y lazos comunes, interacción social.

Siguiendo esto Bernard (1973, citado en Sánchez Vidal, 1991) ha trazado una
distinción entre comunidad: uso adjetivo del término “comunitario” –prácticamente
equivalente a compartido- (en donde predominaría la interacción social y lazos
comunes. Se refiere a una cualidad social y psicológica genérica) y la comunidad: uso
substantivo del concepto (predominaría la localidad geográfica compartida –
territorialidad-. Concepto específico y geográficamente anclado).

Sanders (1976, citado en Sánchez Vidal, 1991) completa “la comunidad” de


Bernard aludiendo a la existencia de una red efectiva de comunicación; y al desarrollo
de una identificación psicológica con el “símbolo local” (el nombre). Responde a la
discusión comunidad como territorio-comunidad como simbólico.

3) Una tercera aproximación refiere a un desplazamiento en la definición del


componente localidad geográfica. Con su definición, Klein (1968) subraya factores
relacionales y psicológicos, ubicando a la comunidad como fuente de sentido e
identidad (cultural y psicológica), pero excluye los ligados a la comunidad, lo que hace
que se asuma que la vecindad geográfica no produce por si misma comunidad.

En el artículo “Hacia una redefinición del concepto de comunidad” Mariane


Krause Jacob (2001año), sostiene que uno de los problemas centrales es la definición
de comunidad. Tradicionalmente se encuentra ligado a la noción de territorio
(localidad geográfica). Hoy se va desvaneciendo la noción de territorio físico-material.
Se establecen redes y grupos de personas que no tienen un territorio común. Se
enfatiza en la dimensión subjetiva e intersubjetiva en el concepto de comunidad. Que
refiere al sentido o sentimiento de comunidad. Propone definir Comunidad, incluyendo
tres elementos: Pertenencia (entendida desde la subjetividad como “sentirse parte de”
116
e “identificado con”); Interrelación (comunicación, interdependencia e influencia
mutua entre sus miembros); Cultura común (existencia de significados compartidos).

4) Una cuarta cuestión refiere a una idea de “comunidad ideal” o de “comunidad


real”. Una cosa es reconocer el vínculo con otros como necesidad humana y otra, muy
diferente, es definir las características que debiera tener ese vínculo. Se mezcla así el
“deber ser”, “el estado ideal” con lo que es. Trabajamos con comunidades reales,
imperfectas. Si, señala Jacob, es posible identificar características asociadas al buen
funcionamiento de una comunidad o comunidad saludable, distinguiéndolo de lo ideal
en la comunidad.

Por lo tanto, la primera cuestión es hacer visible a los múltiples otros, miradas y
voces, lo igual y lo diferente. Lo común-compartido se construye, desde y con lo
múltiple. En la definición de comunidad debemos atender en una aproximación inicial
“la unidad en lo común” y “lo diferente en lo compartido”, facilitando la dinámica del
conflicto y formas resolutivas y de abordaje que atiendan la co-existencia de “lo uno y
lo múltiple”.

La segunda cuestión “lo compartido”; y según el uso –adjetivo o sustantivo-;


implica abrir distintas líneas de significación, en donde lo que se pone en tensión es la
“localización geográfica” o el “mundo simbólico”. Según qué predomine configura una
posición; incluyendo en éstas una tercera que involucra a ambas; e incluso una cuarta
si estas líneas constituyen etapas o momentos o fases en un proceso de intervención.

Una tercera cuestión afirma la existencia de comunidades reales e imperfectas.

Procesos Comunitarios.

Retomando ahora los dos términos “procesos comunitarios”, se hace necesario


atender a la distinción entre “procesos comunitarios” y “procesos en la comunidad”.
Que en un punto reedita la discusión de poner énfasis en la comunidad como localidad
geográfica o en la comunidad como mundo simbólico. “Procesos en la comunidad”
alude a procesos en un espacio geográfico localizado y estos procesos pueden ser
“cualquier proceso”. Algo que sucede está ocurriendo en un territorio determinado. La
comunidad (nombrada así) ubica al proceso como localización territorial, lo fusiona, lo
confunde. Es algo a completar: “procesos… en la comunidad”. O debería enunciarse:
“la comunidad…”

Otra cuestión es, a qué tipo de procesos se refiere (si no es cualquier proceso).
Y aquí dar lugar a la dimensión psicosocial es fundamental. Maritza Montero refiere a
“Procesos psicosociales comunitarios”, incluyendo aquí los “fenómenos psicosociales
propiamente comunitarios: habituación72, familiarización73, problematización74,

72
Estructuras de comportamiento, estructuradas y estables, no discutidas, no conscientemente
asumidas (habitus según Pierre Bourdieu 1972). Configuran modos de enfrentar la vida cotidiana,
117
desideologización, naturalización y desnaturalización, concientización y conversión”
(Montero; 2004:281). “Los procesos psicosociales influyen en las relaciones sociales
de las personas y a la vez están influídos por las circunstancias sociales y que
suponen subprocesos de carácter cognoscitivo, emotivo, motivacional que tienen
consecuencias conductuales” (Montero; 2004:255). Se muestra cómo hay procesos
que tienden a mantener un cierto estado de cosas y cómo hay otros
(problematización, desnaturalización, desideologización, concientización) que buscan
romper con la tendencia entorpecedora de las transformaciones comunitarias –de las
condiciones de vida-. “Este tipo de procesos transformadores configura el núcleo
central en el trabajo psicológico comunitario, haciendo referencia a la importancia de
considerar la afectividad en estos procesos” (Montero; 2004:282).

“Procesos comunitarios” implica una forma específica de intervención: la


intervención comunitaria. Hablar de procesos comunitarios incluye una historia del
lugar presente en este proceso, interacciones, ciertas modalidades de relación y de
hacer entre sujetos, grupos, organizaciones que hacen a este proceso;
representaciones, percepciones y significaciones respecto del otro y del mismo espacio
habitado (un lugar, ese espacio se vuelve lugar en tanto es cargado de significación);
identidades múltiples en tanto es posible la multiplicidad de pertenencias, fuente de
sentido e identidad, relaciones de poder, campo de lucha.

Estos procesos comunitarios se dinamizan en las relaciones –en la relación- que


los sujetos –protagonistas de estos procesos-, establecen, producen, construyen,
reproducen. La puesta en tensión de estas relaciones se traducen en el encuentro con
el otro. En los procesos comunitarios y en sus procesos de intervención se juega el
encuentro/desencuentro con el otro. Encuentro que implica reconocimiento/
desconocimiento del otro; en búsqueda de efectos de conocimiento. Así es que en
este encuentro se activa tanto la percepción-significación que el uno tiene de si mismo
en relación al otro más lo que este uno percibe y significa del otro más lo que este
uno supone que el otro percibe y significa del uno. Y a la vez este mismo proceso se
da en el otro. Pone su atención en ese “entre” que se instituye entre uno y uno, entre
uno y otro, entre múltiples otros. Suponiendo la constitución de un vacío que en la
relación y en este encuentro y desencuentro se significa, dinamiza, transforma.

Estos procesos comunitarios que tienen como soporte material el espacio de la


comunidad, están atravesados por un contexto social e histórico, por los procesos
sociopolíticos. “El contexto se hace texto en la comunidad”, y en el texto de la

considerados como la manera natural de ser y de hacer en el mundo. Ni se espera ni se piensa que se
puede actuar de otra manera. Carece de intención estratégica, ya que actúa como enlace coyuntural.
73
Unido al proceso de naturalización. Son las vías para aceptar, conocer y relacionarse con lo extraño,
con lo diverso; para hacerlo aceptable, admisible e internalizarlo, considerándolo parte del “modo de ser
en el mundo. Junto con la habituación, son los mecanismos microsociales que mantienen ciertas
estructuras y ciertos modos de vida, a la vez que sostienen la permanencia social. Remite a Teoría de las
Representaciones sociales.
74
Proceso de analizar críticamente el ser en el mundo “en el qué y con el qué” se está. Ésta conduce a la
desnaturalización ya que al problematizar el carácter esencial y natural adjudicado a los hechos o
relaciones, se revelan sus contradicciones. Ambos procesos son de carácter crítico. Remite a Paulo Freire.
118
comunidad se lee el contexto. Además, el contexto particular-sectorial atraviesa de la
misma forma el territorio comunitario. Por tanto no hablamos de procesos
comunitarios aislados, parcializados, fragmentados. Hablamos de procesos sujetados,
atravesados, en conflicto o no, manifiesto o latente, con sus contextos.

En síntesis, y en relación a procesos comunitarios localizados en un sector


particular, la característica de popular da un carácter de posición diferencial:
- en relación a un contexto, contexto que se nombra a partir de dos signos-procesos a
considerar: los procesos de desafiliación (Castell, 1991)/fragmentación social (Binder,
1991), precarización de las vidas ordinarias (Guillaumme Le Blanc, 2007), procesos de
desolación y sufrimiento psíquico; y los procesos de marginalidad (neomarginalidad)
en sus movimientos de expulsión-exclusión/inclusión-integración (en relación al
mundo del trabajo).
- en relación a condiciones concretas de existencia, que en relación con los sujetos,
producen determinada calidad de vida –y relacional- incorporando historia e
internalizando realidad, y junto con ellos formas y procesos organizativos, así también
sus sentidos –sentidos construidos desde la historia, desde un contexto
particular/coyuntural, desde la relación de intersubjetividad-.
- en relación a los procesos de producción y construcción de identidad/es, que ligado a
lo anterior, implica fundación de espacios-territorios, otorgándoles cualidades
particulares.

Ligado a una mayor comprensión de los procesos comunitarios se presenta a


continuación un complejo conceptual, que incluye los conceptos de: Espacio,
Necesidades, Participación, Afectividad.

Espacio.

Territorio, espacio, lugar, es un concepto central. Se encuentra ligado a


distintos debates y posiciones en el campo comunitario. Por un lado, a los debates
sobre “comunidad”. Por otro, a los escenarios, tramas y dinámicas de la vida
comunitaria en la vida cotidiana. Así también como organizador de la cotidianidad y
de una idea de proceso en situación (junto con el tiempo).

Entre el contexto social productor de sentido y los procesos comunitarios,


mediatizan condiciones concretas de existencia. Ubicamos allí al ESPACIO –en el
sentido de condición de despliegue de vida y de vida relacional-.

El espacio alude a la localización territorial, que hace referencia al espacio físico


(soporte material) y social identificable y reconocible por los sujetos (y por lo cual
también son identificados y reconocidos por otros). Es el lugar donde “se vive”, que se
percibe como algo propio y común, donde se crean y re-crean las relaciones, valores,
costumbres, motivaciones, identidades, representaciones y prácticas, denominado
comúnmente como el barrio, la villa o la manzana (Alderete y otros, 1996).
119
Este espacio, barrios, villas, asentamientos, habitados por los “sectores
populares” en los sectores, llamados sectores urbano-marginales, pobres,
empobrecidos, vulnerables, precarizados, carentes, entre otros. Aquel resto, que
deviene por la producción capitalista. No son excluidos del sistema, este lo produce. Y
también produce el desplazamiento de las causas por los efectos y la consideración
ideologizada de la necesidad e inevitabilidad de la pobreza se llaman a la vez “urbano
marginales”. La denominación urbano-marginal nos señala una configuración –en la
totalidad- diferenciada. Esto implica en los sujetos experiencia vivida “de” y “en” un
espacio. Se constituirá “un” propio espacio social.

Las comunidades habitan esta configuración de lo “urbano marginal”. “Si nos


detenemos a observar la distribución urbana, es fácil ver cómo se reproducen en ella
los patrones socio-económicos de inclusión-exclusión del sistema. La distribución de la
tierra en la ciudad, la posibilidad de acceder a diferentes servicios, los patrones de
consumo, todos ellos distribuidos en forma inequitativa, que marcan la posición social
de los diferentes sujetos, se expresan en las diferentes formas de ocupar el gran
espacio de la ciudad. Con relación a esto, podemos hablar, en contraposición a otros
espacios, de espacios descapitalizados…” (Pomares-Pérez, 2005).

El Espacio se plantea desde una doble perspectiva: como localización geográfica


–condición objetiva- y como representación –condición subjetiva-. Los sujetos habitan
un espacio, concreto, definido, objetivo, como por ejemplo el barrio donde viven, el
lugar donde trabajan, su cuarto, las distancias, cerca-lejos, las demarcaciones,
adentro-afuera, arriba-abajo.

Vamos encontrando diferentes adjetivos que califican el “espacio-lugar”: lo


propio, lo ajeno, lo público, lo privado, lo pobre, lo rico. Y estos atributos no son solo
físicos del espacio, sino que pertenecen más bien a la significación que adquieren los
mismos en su apropiación, en el habitar (Pomares-Pérez, 2005).

A la vez son habitados por los espacios; a través de mecanismos de


internalización y significación de los mismos. Constituyen entonces un lugar, que
define la propia posición en relación a un contexto. Lo que se encuentra objetivado se
significa de modo singular. Se construye un sentido del lugar. El espacio objetivo se
transforma en lugar a través del sentido psicológico dado.

Necesidades.

Hay diferentes maneras de entender y abordar las necesidades. Agnes Héller


(1999) dice que la necesidad es deseo consciente y aspiración. Intención dirigida en
todo momento hacia cierto objeto. El objeto en cuestión es un producto social, sin
importar que éste sea una mercancía, un modo de vida, una actividad cultural, una
reflexión o el amor. Cada sociedad tiene un sistema de necesidades en cuyo interior

120
se comprenden las necesidades particulares, por lo tanto la creación y la satisfacción
de esas necesidades constituye un proceso histórico. Las necesidades son al mismo
tiempo personales y sociales. Y tiene diferentes manifestaciones según las clases
sociales. En la clase dominante se expresa como necesidad de aumentar
cuantitativamente ciertas necesidades y los objetos de satisfacción, siguiendo la lógica
del mercado, mientras que en las clases subalternas la posesión se manifiesta como
necesidad de reducir los deseos a meras necesidades vitales o de reproducción.

Esta misma autora presenta un sistema de necesidades compuesto por:


necesidades necesarias75 (de sobrevivencia y de auto conservación), y necesidades
necesarias propiamente dichas76 (servicios-normatividad según el “progreso”). Postula
que la sociedad de clases reproduce las necesidades necesarias (alienadas). Hay un
tipo de necesidades no alienadas, que llama “radicales”, que también se desarrollan
en el capitalismo pero no pueden ser satisfechas en él. Motiva que los habitantes,
para satisfacerlas, produzcan una formación social distinta, cuyo sistema de
necesidades se diferenciará del precedente –cualitativamente-. Estas necesidades
radicales no se satisfacen, sino que se despliegan.

La perspectiva de CELATS77 afirma que hay ciertos hechos, situaciones, cosas


que se destacan por la necesidad. Y aquello que se destaca vuelve a nosotros con un
significado, con un valor. Afecta, produce algo en cada persona (emoción,
sentimientos). Ese significado, ese valor, esa e-moción, es lo que mueve, lo que lleva
nuevamente al mundo para actuar; interviniendo en este proceso el pensamiento. La
afectividad es aquello que moviliza y hace que lo percibido en el mundo venga con un
valor, un significado que afecta y luego lleva/mueve a actuar. En este sentido
constituye el “motor hacia el mundo”, el móvil de la conducta en tanto aporta el
impulso y los motivos para la acción y la desencadena.

Pichón Riviere concibe al sujeto como sujeto de Necesidades. La necesidad


como motor para la acción, necesidad significada y significada por otros. La necesidad
impulsa al sujeto a buscar su satisfacción en el mundo exterior; en el mundo exterior
se encuentra con otros que significan y devuelven al sujeto la necesidad significada.

Se conoce una necesidad a través de práctica de acción (gestos, llantos,


sonrisa, etc.) y de prácticas del discurso. El sujeto enuncia, dice, nombra su
necesidad. Hay diferentes interpretaciones de tal necesidad o de las necesidades.
Estas interpretaciones pueden estar en armonía o pueden entrar en conflicto. El sujeto
enuncia su interpretación de la propia necesidad o ella puede ser interpretada por

75
Es el límite inferior del sistema de necesidades. Se refiere a la reproducción de la fuerza de trabajo
actual y futura (comprende el sustento de los hijos). No son naturales ni universales, son históricas y
sociales. Están dirigidas a la autoconservación del hombre como tal (alimento, vestido, calefacción,
vivienda, etc.). Dependen de la cultura, de la tecnología etc.
76
Necesidades que deben ser satisfechas, aunque no sean límites, para que los miembros en una
determinada sociedad o clase tengan la convicción de que su vida es normal (servicios de salud,
educación, etc.).
77
Centro Latinoamericano de Trabajo Social.
121
otros. El quién enuncia, el quién interpreta, el quién hace; y el qué, se vuelve muy
importante. Hay una lucha por la interpretación de necesidades, de la cual el equipo
extensionista participa. Esta lucha y la posibilidad o no de la propia enunciación tiene
consecuencias (directas-indirectas, intencionales-no intencionales).

Nancy Fraser (1991) es quien destaca que los discursos políticos refieren a las
necesidades de las personas. Es en los diferentes discursos en donde se disputa
acerca de lo que necesitan realmente los diferentes grupos. Más aún, el tema de las
necesidades funciona como un medio para formular y debatir los reclamos políticos. El
discurso de las necesidades coexiste con el de los derechos y los intereses. El centro
es la política de las necesidades, los discursos construidos que interactúan, en su
variedad, polémicamente. Esta política es entendida como perteneciente a la
distribución de satisfactores. Pero el problema central es la política de interpretación
de las necesidades (incluyendo contexto y demanda).

Federico Arnillas, sociólogo peruano, presenta una tipología sobre las


necesidades “de los pobladores en torno a las cuales se estructuran prácticas
asociadas; aunque no todas ellas se traducen en estructuras organizativas formales”.
Distingue Necesidades Colectivas y Comunes.

Las necesidades Colectivas son aquellas que afectan por igual al conjunto de
pobladores y que sólo pueden ser atendidas por las características objetivas que
adquiere su satisfacción, de manera simultánea para toda la población. La unidad
espacial de expresión es el barrio y el canal organizativo más común es la
Organización Vecinal. En relación a las estrategias en el proceso de resolución, al ser
necesidades objetivas y que sean percibidas así, supone una asunción como
reivindicación. Suponen la necesidad como derecho y al Estado responsable de su
satisfacción (devienen de la relación con el estado). La reivindicación está asociada a
la idea de “derecho violado”.

A su vez se subdividen en necesidades básicas (por ejemplo, si consideramos


una situación urbana, estabilidad en el terreno, luz eléctrica, agua potable, desagües);
y necesidades complementarias (reconocimiento del asentamiento, titulación, vialidad,
transporte, limpieza).

Y las necesidades comunes son aquellas que afectan a un sector mayoritario de


la población pero cuya satisfacción ha recaído tradicionalmente en el esfuerzo
individual o familiar. No tienen referente espacial inmediato. Pero es el barrio el
terreno concreto pues allí viven los afectados. A nivel organizativo, se encuentran
comedores, vasos de leche, grupos juveniles, etc. En relación a las estrategias en el
proceso de resolución, no se han estructurado en torno a ellas prácticas colectivas
formales y generalizadas, aunque se presentan prácticas de reciprocidad.

A su vez se subdividen en necesidades de subsistencia (empleo-ingreso,


alimentación, salud, vivienda); y necesidades de integración social (educación,
cuidado y formación de los niños, recreación, formación sexual, producción y

122
recreación del mundo cultural, opresión de género y/o de generación, relaciones
interpersonales -integración grupos sociales-, participación en vida comunal).

Participación.

El concepto de participación (Gil La Cruz y otros) está muy extendido dentro de


contexto de las ciencias sociales. Sus implicaciones políticas, sociales, dinamizadoras,
legales, etc., son obvias y observables en nuestra vida cotidiana y desde el territorio
en que nos ubicamos. Sin embargo, el estudio de la participación es complejo. Es un
motor potencial de cambio social y, al mismo tiempo, implica la toma de conciencia
colectiva y el compromiso individual de las personas.

Bajo la mención de participación (Montero, 2004) pueden introducirse desde las


más variadas formas de manipulación, de consulta, de divulgación de información,
hasta la delegación de poder en grupos y el completo control comunitario.

Lo anterior señala uno de los más complejos problemas ligados a la


participación: aquel que deriva de la limitación impuestos desde fuera como condición
para que ella se dé, que justamente por ser efectivos, conducen a la ausencia de
participación; en donde se culpabiliza a los individuos de la pasividad a la que se los
ha reducido. Lo que resulta muy conveniente cuando se trata de desarrollar
clientelismo político. Como dice Salas (1984): “uno de los efectos más evidentes (de
este tipo de relación) es el estímulo a la dependencia de organismo ajenos a la
comunidad”, lo cual desvía del logro de los objetivos de la comunidad, en beneficio de
aquellos de otros grupos externos a ella.

Gil La Cruz considera que, además de ser una declaración de principios, la


participación debe hacerse realidad a través de la comunidad, asumiendo proyectos e
iniciativas sociales. No es esto lo más frecuente dentro de la intervención social, ya
que en ocasiones se produce una divergencia entre la comunidad y los mediadores
sociales, al imponerse a las primeras ofertas socioculturales que les son ajenas a sus
motivaciones y necesidades. A fin de evitar lo que Díaz (1992) denomina "clientismo
institucional", la participación ha de articularse a lo largo de todo el proceso de
dinamización sociocultural (López, 1987).

La Participación es un principio en la extensión universitaria. Facilitar y generar


participación, la circulación y manifestación de la palabra de cada uno, es tarea del
extensionista. Hay diferentes niveles y maneras de participación. Básicamente
participar es: ser/tener parte en algo/todo (con una accesibilidad, distribución,
disposición desigual: conocimiento social disponible, bienes económicos, sociales,
culturales, etc.); acción con otro/s.

La participación en extensión universitaria (o al menos la que promueve) es


voluntaria, intencional, comprometida. Se busca ser parte y con otros porque se
desea modificar una situación, relación, etc. Se desea el cambio, participar en los
procesos de cambio. Desde esta perspectiva, la participación comunitaria es
123
participación política. Montero (2006) propone pensar a la participación comunitaria
como un proceso organizado, colectivo, libre, incluyente, en el cual hay una variedad
de actores, de actividades y de grados de compromiso, que está orientada por valores
y objetivos compartidos, en cuya consecución se producen transformaciones
comunitarias e individuales.

La participación comunitaria tiene un efecto político en el sentido que forma


ciudadanía y desarrolla y fortalece la sociedad civil a la vez que aumenta la
responsabilidad social. Tienen también un efecto amplio de carácter socializador y otro
específico, de carácter educativo informal y de modo alternativo de acción política.

Para que haya verdadera participación (Montero, 2004) es necesario que se dé


un movimiento desde los grupos de base; o bien que haya encuentro entre
instituciones y agencias estatales o no gubernamentales y los grupos de actores
sociales necesitados de la acción transformadora, los cuales deben tener el control
sobre la situación de participación y desarrollar sus recursos de poder.

El concepto de participación dentro del ámbito de la extensión universitaria


remite a un protagonismo directo de los ciudadanos con un alto grado de implicación y
motivación en las distintas actuaciones llevadas a cabo por la comunidad (Martín,
1988).

Los grupos y las personas atraviesan distintos estados y roles participativos que
van desde: la ausencia de comportamiento participativo, la participación instrumental
(cuando dicha conducta depende de una dinámica impuesta desde el exterior de la
comunidad), la participación contestataria (el colectivo se moviliza ante un problema,
pero responsabiliza a agentes externos de la situación), la participación reivindicativa
(se plantean distintas soluciones también externas para superar el problema), hasta la
participación proyectada, en la que la comunidad se organiza en torno a un proyecto
común, con unas acciones concretas a desarrollar. Estos distintos estadios
participativos están manifestando tanto una necesidad humana, como un derecho y
un deber, que todo mediador social debe tomar en consideración (Arango, 1987).

Las prácticas de participación y sus sentidos se modifican según las distintas


épocas (hay diferencia en las prácticas de los ´60 a las de los ´90, por ejemplo). Y se
modifican también las condiciones (históricas, políticas, ideológicas, institucionales,
etc.) de esas prácticas. Así es que hay condiciones que facilitan la participación y otras
que la obstaculizan.

Para Sirvent (1985) los condicionamientos de los procesos participativos tienen


que ver con: 1) el origen de los procesos participativos (incide en sus características,
ritmo y producto). Los obstáculos retardan o distorsionan la naturaleza de la
participación. Si el origen de las propuestas es verticalista, debe encarar situaciones
como: desconfianza de distintos sectores sobre objetivos o verdaderas intenciones del
poder político; aceptación ingenua de técnicos integrados a-críticamente al sistema de
burocracia pública, recepción propuesta participativa, como obligación o sobrecarga
impuesta. 2) las Condiciones institucionales macro-micro y 3) las Condiciones
psicosociales. Aquí hay que detectar mecanismos facilitadores o inhibidores de los

124
procesos de Participación Real. En 1. Contexto sociopolítico (el contexto, la historia, la
cultura determinan factores que inhiben o no Participación Real); 2. Estructuras
institucionales (reflejan en mayor o menor grado contradicciones a nivel global); 3.
Aspectos psicosociales de los grupos e individuos comprometidos (las relaciones de
poder de estructuras autoritarias se reproducen en las prácticas culturales, las
necesidades subjetivas y las representaciones sociales de los grupos subordinados -
una de las barreras más difíciles-).

Montero (2004) observa dificultades en la participación comunitaria que es


necesario prever y resolver en el trabajo comunitario:
- Relación agentes externos e internos en la labor psicosocial comunitaria. Diversos
actores con diversos saberes. Dificultades referidas al compromiso y al conocimiento
que puede manejarse en comunidad.
- Conocimiento de miembros de la comunidad que provienen de costumbres y
tradiciones que pueden entrar en contradicción con los cambios necesarios para la
comunidad (aquellos referidos a lo peligroso, exclusión, maltrato, mantenimiento de la
ignorancia).
- La participación de las personas no está aislada de las prácticas comunes imperantes
y, por lo tanto, influidas por tendencias políticas y religiosas entre otras.
- La diversidad de afiliaciones políticas de la comunidad o agentes externos puede ser
otra causa de problemas.
- Otra fuente de dificultades puede ser las alianzas que los agentes externos hagan
con ciertos sectores de la comunidad, que de alguna manera signifique la exclusión de
otros grupos (el riesgo que esto implica es tanto el clientelismo como el
asistencialismo y el activismo político).
- Ciertas prácticas en las cuales se proponen formas de acción predeterminadas de
manera inconsulta por organizaciones ajenas a las comunidades no pueden
considerarse como participación comunitaria.

Sirvent (1985) propone conceptos básicos para la descripción de los procesos


participativos. Diferencia participación real de participación simbólica. La participación
real ocurre cuando los miembros de una institución o grupo a través de sus acciones
ejercen poder en todos los procesos de la vida institucional: en la toma de decisiones
en diferentes niveles, tanto en la política general como en la determinación de metas,
estrategias y alternativas específicas de acción, en la implementación de las
decisiones, y en la evaluación permanente. La Participación Simbólica asume dos
connotaciones:

1) al referirse a acciones a través de las cuales no se ejerce, o se ejerce en grado


mínimo una influencia a nivel de la política y del funcionamiento institucional; 2) el
generar, en los individuos y grupos comprometidos, la ilusión de ejercer un poder
inexistente.

125
Lo que está en juego es el poder institucional, entendido como una intervención
real en la toma de decisiones de una institución. La participación real supone
modificaciones en la estructura de concentración del poder. Desde esta perspectiva,
muchas veces “apertura a la participación”, puede no representar cambio alguno en
los esquemas de toma de decisiones, o puede representar situaciones “enmascaradas”
de verticalismo autoritario, con mecanismo de cooptación en defensa y conservación
del poder establecido.

Se enfatiza, entonces, la importancia de evaluar la naturaleza real o simbólica


de los procesos participativos, las condiciones facilitadoras o inhibidoras de dichos
procesos y sus productos mediatos o inmediatos. Atendiendo puntos críticos tales
como: ¿Quién participa? ¿Cómo? ¿A través de qué mecanismos? ¿En qué área de la
vida institucional o del proyecto de trabajo?

La Participación Real constituye un largo y difícil proceso de aprendizaje de


conocimientos, actitudes, habilidades y destrezas que modifique los modelos de
relación humana internalizados en años de autoritarismo y explotación. La autora
propone trabajar con modelos de participación intermedia. La Participación Real como
un proceso de aprendizaje demanda ir creando etapas intermedias semi-
participativas. Sus posibilidades y limitaciones dependen de las condiciones macro y
micro estructurales, institucionales y psicosociales que deben ser enfrentadas.

Por tanto, y desde la extensión universitaria es posible proponer, de modo


articulado, dos áreas definitorias en el desarrollo comunitario: participación, cuya
finalidad sería la transformación de la acción social de la comunidad, en una acción
plenamente comunitaria (Martín, 1988), y sentimiento de pertenencia como sustrato
sobre el que se asienta y se hace posible dicha participación.

Afectividad.

La expresión de la emoción necesita del otro y de la reciprocidad. La afectividad


es un aspecto constitutivo de la actividad humana que se expresa en la vida cotidiana.
El trabajo comunitario, necesariamente debe tomar en cuenta la dimensión afectiva
de y en los procesos comunitarios. Montero (2004) -quien nos orienta en este
apartado- apunta lo que Heller (1980) decía: actuar, pensar, sentir y percibir
constituyen un proceso unificado, y Lane y Sawaia (1991) refería la necesidad de
“introducir en la investigación científica la pasión”, ya que “conocer con pasión es
comprometerse con la realidad”... “y permite la comprensión que lleva al saber”.
Montero cita a Sawaia “la felicidad y el sufrimiento públicos y privados son el centro
de la praxis psicosocial que lucha contra la exclusión y la sumisión -temas que tocan
al trabajo comunitario-. La indiferencia y supuesta neutralidad no comprometida no
conducen a la transformación social. Es por tal razón que el estudio de la afectividad y
de los modos en que ella se expresa en la práctica son tan importantes en la
psicología comunitaria”.

126
Desde el Modelo de Identidad Comunitaria, el Sentimiento de Pertenencia es
central. Y el vecindario es considerado como grupo de referencia (Mann, 1978). A
través de una relación duradera de las personas y los grupos con el territorio y los
otros, se va produciendo una percepción del barrio como algo propio de lo que se
siente parte. A los demás miembros de la comunidad se los percibe como vecinos, por
lo que el sujeto supone que comparte una misma experiencia subjetiva con el resto
del vecindario. Así es que se propone fomentar las relaciones de sociabilidad e
intercambio informal entre vecinos a través de las asociaciones tanto formales como
informales, -que funcionan como lugar de encuentro-, al tiempo que dan cauce a su
participación en tareas comunes para lograr objetivos compartidos (Sarason, 1974).

Por otro lado, Chavis y Wandersman (1990), propusieron y evidenciaron


empíricamente, que el sentimiento de comunidad funciona como un catalizador para
la participación en las diversas modalidades de transformación comunitaria del
entorno urbano: desarrollo comunitario, construcción de comunidad y organización
comunitaria. Esto se logra a través de la influencia que este sentimiento consolidado
ejerce sobre los componentes psicosociales básicos de esta participación, es decir, la
percepción del entorno, las relaciones sociales de la persona y la percepción del
control y empowerment dentro de la propia comunidad.

Según KRAUSE (2001) la dimensión subjetiva (e intersubjetiva) ha estado


presente en la historia del concepto de comunidad, bajo el concepto “sentido de
comunidad” o “sentimiento de comunidad” (Saranson, 1974). El sentido de comunidad
es el sentimiento de que uno es parte de una red de relaciones de apoyo mutuo, en
las que se puede confiar, el sentimiento de pertenecer a una colectividad mayor.
Incluye la percepción de similitud de uno mismo en relación a otros integrantes, la
interdependencia entre ellos (sobre la base de la reciprocidad) y el “sentimiento de
formar parte de una estructura social mayor estable y fiable (sentido de pertenencia e
integración social)”.

La afectividad interviene en el desarrollo del sentido de comunidad (Montero,


2004:279-80) y en la construcción colectiva de otra noción que incluye la anterior: la
identidad comunitaria. Los afectos están absolutamente presentes en cada acción
comunitaria, en cada encuentro de acción con otros, en la protesta, en los procesos de
cambio, en la organización comunitaria.

2. Intervención comunitaria: despeje de una tensión contradictoria.

Intervenir implica interrumpir un proceso, irrumpir en una situación, interferir


en una relación o dinámica dada. Significa un “venir entre” ¿“entre qué”? ¿“entre
quiénes”?

Es posible intervenir: desde afuera y desde arriba, desde adentro y desde


arriba, desde abajo y desde afuera, desde abajo y desde adentro; y todas aquellas
relaciones posibles de realizar, caracterizan la direccionalidad de la intervención.

Frecuentemente la intervención estatal, se realiza desde afuera y desde arriba,


a través de lo que conocemos como programas. Afirma una relación jerárquica y
127
desigual tanto del poder como del saber. A esta manera de actuar no sólo la
encontramos en las intervenciones estatales sino también en diversas organizaciones:
comunitarias, asociaciones civiles, organizaciones no gubernamentales. Esto indica
que es posible encontrar en la misma comunidad o en organizaciones no estatales la
afirmación del mismo tipo de relación (jerárquica y desigual).

En el campo de la intervención y desde la psicología, se reconocen: la


intervención individual, la intervención social y la intervención comunitaria.

La intervención comunitaria resuelve la tensión manifiesta en la mera


intervención y su carácter de interrupción externa y jerárquica; unidireccional. Puede
articularse esta noción con la propuesta de María Clemencia Castro (1993), cuando
afirma que en toda acción hay una orientación que se traduce en distintos abordajes y
señala ciertas dimensiones que presentan diferente dinámica según el tipo de
orientación que prime. De estas dimensiones, priorizamos: definición de comunidad y
carácter de la participación.

Esta autora propone dos aproximaciones, una que denomina abordaje externo y
otra abordaje interno. Nos interesa esta última ya que aquí se define la orientación a
privilegiar intereses externos o internos de la comunidad y a su proceso. En el
abordaje interno, la comunidad no existe sólo porque es definida externamente. Se
trata más bien de un proceso interno referido a su propia dinámica. Una comunidad se
reconoce como tal. El propósito central es la promoción y el desarrollo de la
comunidad. Lo que importa es dinamizarla para la autogestión de sus propias vidas.

“Intervención Comunitaria”. Lo comunitario aporta algo fundamental, único; capaz de


otorgar un carácter diferente; ésta es la participación. Es la participación comunitaria
lo que garantiza que esa intervención será inclusiva plenamente de los múltiples otros
en co-presencia en un contexto de intervención y es también la que ofrece
legitimidad.

Así, y aún “viniendo de afuera”, es lo que posibilita interpelar posiciones


jerárquicas y transformar la primera ecuación “desde arriba y desde afuera” en “desde
afuera, desde abajo y desde adentro”.

Dijimos que la intervención, o mejor dicho, los procesos de intervención, tienen


como marco referencial-conceptual los procesos comunitarios y como marco
metodológico, la investigación acción. Aludimos, también, a dos conceptos centrales:
comunidad y participación. En este complejo se juegan las tensiones y posiciones de y
en la intervención.

En el cuadro que sigue se muestra este complejo y las tensiones. La comunidad


tomada como objeto, es observada e intervenida desde afuera. La posición, entonces,
se denomina enfoque, abordaje, perspectiva comunitaria. Cuando la mirada es a la
interioridad de la comunidad, y ésta es considerada sujeto, estamos construyendo una
posición comunitaria.

128
Enfoque Comunitario Posición Comunitaria

Desde arriba y desde afuera Intervención Desde adentro y desde abajo


Relación Jerárquica Relación Horizontal
Saber jerarquizado Diversidad de saberes. No saber.

Externo Abordaje Interno


Objeto de políticas Sujeto de políticas

Exterioridad Comunidad Interioridad

Aquella Comunidad Esta comunidad

Definida por rasgos Su propia dinámica la define

Homogénea-Ideal Heterogénea-Real

Armonía-Unidad Conflicto-Diversidad

Lo común como dado Lo común construido

Restringida Participación Transformadora

Estado Proceso

Dirigida-Condicionada Libre-Protagónica

Síntoma Problemas de fondo

Lo anterior se amplía un poco más en el siguiente cuadro que muestra,


sintéticamente, las principales características de un abordaje comunitario restrictivo y
las de un abordaje comunitario transformador (Alfaro (2010) que toma los desarrollos
de la uruguaya Alicia Rodríguez):

Concepción restrictiva de abordaje Concepción transformadora de abordaje


comunitario comunitario

Interviene en el entorno inmediato de los Interviene en la relación de los sujetos con su


individuos, como modo de producir cambios en entorno inmediato, incluyendo la
él; con prescindencia del cuestionamiento de problematización y desnaturalización de los
los factores estructurales que producen factores estructurales que producen
desigualdades sociales. desigualdades sociales.

129
El fortalecimiento entendido sólo en términos El fortalecimiento entendido en términos
de autovaloración, autoestima, visualización y individuales y colectivos y persigue la alteración
desarrollo de potencialidades para el logro de de las relaciones de poder establecidas. La
la superación como personas. finalidad es la de la autodeterminación en la
búsqueda de mayores niveles de igualdad.

Jerarquiza la función de sostén, ayuda mutua e La perspectiva de redes sociales es entendida en


información de las redes sociales. su carácter cuestionador de los paradigmas
jerárquicos de relación hegemónicos.

Trabajo en redes entendido como la La relación entre organizaciones locales incluye


coordinación interinstitucional para atender las la coordinación de recursos pero la trasciende
necesidades de la población. No hay un para llevar adelante proyectos comunes que
proyecto en común y la comunidad se ubica incluyen a la población involucrada.
como beneficiaria, por fuera de esa red.

Autogestión como resolución de los problemas Promueve la conciencia y el ejercicio de los


mediante el empleo de recursos propios. Se derechos frente a los organismos responsables
cubren las deficiencias de los organismos del abordaje de los problemas de la población,
responsables y se generan servicios de pobres cuestionando las matrices internalizadas con
para pobres. relación a ellos.

La participación como colaboración, retribución La participación como la intencionalidad de


de servicios, o involucramiento en actividades aumentar los grados de incidencia de la
planificadas desde el equipo que gestiona el población en los Programas y en la toma de
Proyecto. decisiones. El proyecto como oportunidad para el
ejercicio del derecho a participar, como modelo
a ser transferido a otros ámbitos

Los beneficiarios directos e indirectos Los sujetos con los cuales se trabaja
(comunidad) son concebidos como directamente y la comunidad de la que forman
destinatarios de las acciones. Pueden adoptar parte se consideran actores con los cuales se
un rol activo, pero su alcance es controlado y establece una relación horizontal y de diálogo,
limitado desde el equipo que gestiona el en donde el conflicto es inherente.
proyecto.

No se analiza el papel del servicio en el barrio El proyecto y su equipo analizan en forma


ni el vínculo que se construye con la permanente su lugar en la comunidad y el tipo
comunidad. El equipo no se piensa a sí mismo de vínculo que establecen, partiendo de un lugar
y su implicación en la relación con la población. de no neutralidad, de intencionalidad y de
Adopta una posición ingenua expuesta al vigilancia ética y respecto a sus acciones.
establecimiento de alianzas y al reforzamiento
de relaciones de dominación

130
Se prescinde de un análisis del marco político- Se analiza el marco político-institucional desde el
institucional desde el cual se interviene, lo que cual se trabaja, tomando conciencia de las
redunda en una actitud ingenua, múltiples determinaciones y racionalidades en
frecuentemente voluntarista y con el riesgo de juego, lo que permite discriminar lo personal de
producir una práctica alienada. lo organizacional y operar con mayores niveles
de autonomía.

No hay que perder de vista una pregunta fundamental ¿Por qué intervenir?

3. Intervención en procesos comunitarios.

Interesa aquí puntualizar los momentos conocidos en los procesos comunitarios


desde la perspectiva de la intervención: momento de entrada o ingreso, momento de
desarrollo, momento de cierre, retiro o despedida. La visita y la invitación.

La vida comunitaria es y es siendo. Más allá de nuestra presencia e


intervención. Las comunidades tienen historia, trayectorias, saberes, resuelven y
viven sin nuestra intervención.

Esta manera de abordar, según momentos, es un esquema propuesto de


lectura de un proceso.

El momento de ingreso o entrada a una comunidad y el modo en que lo


hagamos es fundamental y marcará la intervención y la relación comunitaria. En
general, entramos con alguien y dejamos que ese o esos alguien/es nos lleven. Nos
dejamos llevar a un territorio comunitario desconocido por el equipo y en el que el
equipo, a su vez, no es conocido por esta trama relacional-comunitaria. Nos
proponemos inicialmente, entonces, conocer y hacernos conocer. Recorremos el
territorio. Educamos la mirada, la observación, la escucha, la palabra, la pregunta.
Visitamos organizaciones, instituciones. Visitamos a las familias, nos detenemos en
una esquina, un almacén, una plaza a conversar con la gente. Vamos allí a donde la
gente está, se junta, camina, transita, vive su cotidianidad. Analizamos el contenido
de las conversaciones, armamos mapas de relaciones según nos van indicando
personas, grupos, organizaciones. Diseñamos un plan de ingreso. Nos acompañamos
con una guía de temas y preguntas.

Buscamos un contexto de confianza y establecer relaciones de confianza.

En este momento las herramientas claves son: el diagnóstico comunitario


participativo, las visitas domiciliarias e institucionales, la cartografía, la entrevista o
encuentro callejero, la conversación, el reconocimiento territorial, la asamblea, entre
otros.

El desarrollo o despliegue del proyecto está relacionado más que con el tiempo
objetivo, con un registro compartido de un pasaje para hacer foco en lo que nos
131
ocupará un tiempo. Aquello que se priorizó de modo colectivo que es algo de
resolución colectiva. Se facilita su sostenimiento haciendo uso –además de muchas de
las herramientas o técnicas señaladas anteriormente-, de acciones organizadas y
planificadas. Mucho dependerá el qué y el quienes, en la elección del reportorio de
técnicas y acciones.

El cierre o retirada es otro momento que debe ser pensado y planificado con
mucha atención. Es el momento de la objetivación de los vivido y realizado y también
el momento de la despedida.

Cada comunidad es singular. Siempre es esta comunidad. Nuestra intervención


orientará distintas acciones según la dinámica de los distintos grupos que habitan el
territorio. Los hay más permeables, los hay más rígidos y nuestra intervención será
pertinente a la situación.

Podemos entrar a través de un grupo, de una organización, de una institución.


Podemos trabajar con un grupo. Pero la intervención comunitaria-territorial, entra y
sale, busca comunicar, relacionar. Se mueve, atenta a la dinámica comunitaria.

En este proceso se construye un proyecto de intervención comunitaria. Lo


proponemos como hipótesis de acción.

78
4. Acerca del Proyecto de Intervención como Hipótesis de Acción.

Un proyecto anticipa, prepara y ordena intencionalidades, acciones y


modalidades. Las organiza en un tiempo y en un espacio, otorgándoles un ritmo.
¿Para qué? Para resolver una situación inicial que es leída de tal forma que exige una
acción o conjunto de acciones que la modifiquen en algún aspecto. Ancla en una
realidad, caracterizada, constatada, interpretada como un vacío que requiere, provoca
acciones para transformarla y significarla.

Un proyecto permite representar prácticas y acciones “con un mayor grado de


abstracción y organicidad que el otorgado por el relato vivencial de la acción”
(Martinic, S; 1987:93). Implica una propuesta/respuesta de cambio.

Para la formulación de un proyecto79 contamos con varios y diversas


propuestas; éstos son formatos que orientan y organizan la traducción de una idea,
de manera ordenada, en una propuesta de acción. Son formatos técnicos con

78
Este apartado se realiza en base al Documento de trabajo para el curso de extensión “Formación ética
en Desastres y Emergencias Sociales”. Lic. Silvia Plaza, Lic. Paola Blanes y Lic. Lorena Zamora. Cátedra
“Estrategias de Intervención Comunitaria”. Facultad de Psicología. U.N.C. Mayo de 2005.
79
Ejemplo Formato formulación de proyecto. Título (tema central) Fundamentación (Problema. Desde
dónde Por qué Para qué) Objetivos (Generales Específicos) Estrategia Metodológica (Modalidad de
Intervención: Facilitadores-obstaculizadores) Planificación (Organizador espacio-temporal. Identifica
etapas o momentos) Plan de Acción (Centrado en una unidad de acción) Evaluación (Actividad que
permite observar logros y dificultades).

132
consideraciones y/o pautas que facilitan la formulación. En palabras de J. Samara
(2004), “el proyecto es totalmente explícito, se confunde con el documento mismo”
(2004:48)

Ahora bien, no es lo mismo la formulación de un proyecto de intervención


que el proceso de construcción de un proyecto de intervención.

El proceso de construcción refiere a acciones situadas, en un lugar, en un


tiempo y con personas concretas (que ya no se piensan como destinatarios en la
formulación sino como partícipes en la construcción del proyecto). Se define no ya
como una preparación de la acción, sino en la acción, con otros y en situación. Y que
necesariamente apela a procesos de reflexión y problematización. Esta construcción
de proyecto puede ser pensado como una hipótesis, en este caso de acción. Y esta
hipótesis se construye en relación a una realidad, a sectores sociales, a grupos,
organizaciones, sujetos concretos, a un problema, a un interés, a un malestar, a una
dificultad, a una falta, desconocimiento, preocupación concreta.

Siguiendo a S. Martinic (1987) hay tres categorías a tener en cuenta en la


formulación de un proyecto (entendido como una hipótesis de acción): lectura de la
realidad, objetivos y estrategias metodológicas.

La lectura de la realidad refiere a lecturas detenidas y reflexivas según niveles,


dimensiones o aspectos que nos permiten aproximarnos a la realidad con algún
esquema/clave de lectura.80 Estas lecturas se realizan en relación a algo (podría ser
esta primera inquietud que provoca la búsqueda), sobre alguien (grupos, personas,
organizaciones); y en esta búsqueda vamos construyendo y definiendo el problema o
complejo de problemas del que se ocupa u ocupará este proyecto. Esta realidad
interpretada permite distinguir los problemas relevantes e identificar los problemas a
enfrentar, “es decir aquellos más concretos sobre los cuales intentará incidir
directamente la experiencia” (Martinic S. 1987:94). Al mismo tiempo, nos permite
reconocer también los recursos (de los sujetos, de los grupos, de las organizaciones)
que se utilizan y aquellos que podrían ser utilizados.

Según Martinic (1987), esta lectura de la realidad se hace a través de la


explicitación de constataciones e interpretaciones que el equipo tenga sobre esta
realidad. Constataciones en tanto “son afirmaciones que se asumen como obvias y
que forman parte del sentido común del equipo” (1987:93), e interpretaciones en
tanto “fundamentan las explicaciones y relaciones constituyendo el particular sesgo
del equipo para comprender la realidad” (1987:93-94), y transformándose estas
últimas en objeto de conocimiento.

80
Hay diferentes claves, una de ellas, por ejemplo, es pensar la realidad según dimensiones o aspectos;
esto es la dimensión política, la económica, la social. Otra es, en compatibilidad con la primera, ordenar
esta lectura teniendo en cuenta niveles, por ejemplo el nivel internacional, nacional, provincial, o local.
Otra (y en compatibilidad con las anteriores) observar lo estructural y lo coyuntural.
133
Esta lectura de la realidad constituye la primera lectura. Es contextual, ubica,
amplía y justifica el complejo de problemas81. Responde a qué preocupa ¿Quiénes
están involucrados? ¿En dónde acontece? ¿Cuáles son las estrategias utilizadas para
afrontar los problemas? ¿Con qué otros recursos cuentan?

Los Objetivos, por su parte, apuntan a la intencionalidad de la acción, del


proyecto. A través de los objetivos aproximamos propuestas/respuestas a la situación
caracterizada en la lectura de la realidad. Los objetivos son propositivos e indican la
orientación del cambio. A partir de su formulación se propone la construcción de una
realidad distinta a la caracterizada inicialmente.

Los objetivos deben ser claros, precisos y factibles (deben estar de acuerdo con
los recursos disponibles). Fijan qué se espera lograr al finalizar el proyecto de
intervención. Es importante reconocer los distintos niveles de generalidad,
diferenciando entre objetivos generales y objetivos específicos. Los primeros son el
eje del que se desprenden los específicos, los cuales precisan más detalladamente
algún aspecto o intermedio de aquello que se desea alcanzar.

Finalmente, las estrategias metodológicas refieren al cómo, a las formas, a las


modalidades propuestas para lograr lo que el proyecto propone (a través de sus
objetivos). La/s estrategia/s aluden a un conjunto de acciones ordenadas, conscientes
e intencionales. Implican, entonces, la planificación y realización de actividades y
tareas de manera sistemática, secuencial y articulada, valiéndose de diversas
herramientas. Sin embargo, una estrategia no es sólo un conjunto de actividades y
tareas, sino que supone, además, considerar cuáles son los ejes que lo atraviesan y
ordenan y cuáles son los principios y supuestos que lo promueven o motorizan. Para
conformar la estrategia también debemos considerar cuáles podrían ser los obstáculos
y facilitadores con los que podríamos encontrarnos en el proceso. En este sentido, es
importante que la estrategia sea flexible, dando lugar a lo nuevo e inesperado que
pueda suscitarse a lo largo de la intervención.

Dijimos que un proyecto podía ser pensado como hipótesis de acción82. Lo


que permite construirla es la relación y articulación entre los conceptos de problema
a enfrentar, intencionalidad y proceso. Si tomamos las categorías propuestas por
el autor; la hipótesis sería formulada de la siguiente manera:

Ante tal situación, realidad, problema (lectura de la realidad-problema a


enfrentar), si hacemos tal y cual cosa (estrategia metodológica-proceso);
lograremos tal y cual otra (objetivos-intencionalidad)

81
“Como dice Schön, la formulación del problema es un proceso a través del cual iteractivamente
nombramos las cosas que se intentarán enfrentar pero, al mismo tiempo, se enmarca el contexto en el
cual nosotros enfrentaremos el problema nombrado”. Martinic, S. (1987: 94)
82
Martinic (1987) afirma que “éstas consisten en una proposición que relaciona dos o más aspectos de la
realidad y que postula que el cambio en una de estas dimensiones produce, con una probabilidad
importante, cambios en la otra. Se llama hipótesis de acción porque, precisamente, la proposición
resultante desencadena una acción que demostrará o rechazará su propia validez”.(1987:96)
134
Si lo graficamos, resultaría de la siguiente manera:

UTOPÍA

Realidad
3

Concepción de cambio

Intencionalidad

Realidad Realidad
1 2

Problema
relevante
Problema
Proyecto
a enfrentar

PROCESO

La Realidad 1, sería la realidad inicial que marca la problematización y


definición de problema (problemas relevantes-problema a enfrentar). La Realidad 2
mientras tanto supone, frente a la ausencia de alguna intervención, la reproducción de
la misma situación. La posibilidad de alterar este curso reproductivo está dado por los
objetivos de los proyectos, que intervienen a través de los procesos83. Estos procesos,
a través de una línea de cambio, tienden hacia la Realidad 3 pero ésta, aún no es la
realidad de un mundo distinto y posible (utopía) si no sólo la realidad que puede
construirse a través de la acción de este proyecto.
Construida la Hipótesis de Acción, podemos empezar a diseñar la planificación 84
y a ajustar el plan de acción85.

83
“Éstos se refieren a las acciones que el proyecto propicia y a las interacciones que genera con la puesta
en práctica de cada una de ellas (…) estos procesos inciden en los problemas que se quieren enfrentar
dándoles un nuevo curso y evitando así su mera reproducción”. (Martinic, S; 1987:94).
84
Ejemplo Formato planificación. La planificación es un organizador necesario del trabajo de intervención.
Plasmar la intervención a desarrollar desde el proyecto en acciones, momentos, lugares, tiempos,
recursos necesarios, nos da instrumentos para accionar, modificar, evaluar la misma.
Etapas o momentos (el proceso: inicio/ingreso, desarrollo, cierre) Objetivos (el para qué de cada etapa)
Herramientas (modalidad central en cada etapa) Actividades (el qué) Espacio y Tiempo (dónde y cuándo
lo vamos a realizar en cada etapa) Responsables (quiénes se harán cargo) Con quiénes (con qué sujetos,
135
Tanto en la planificación como en el plan de acción es necesaria la participación
activa de todos los actores y es importante tener en cuenta siempre que es un
proceso dinámico, en permanente revisión y evaluación 86

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de Psicologia. Número especial. Anuario comisión psicología comunitaria.
Universidad de Chile. Vol X, N° 2

grupos, organizaciones trabajaremos) Con qué recursos (los disponibles, los que debemos conseguir o
construir) Evaluación (qué, con quiénes, cómo evaluamos)
85
Ejemplo Formato plan de acción. Un plan de acción, por su parte, es una presentación resumida, “la
mínina unidad de acción”, una pequeña planificación, generalmente en relación a una de las actividades
que ya está presentada en la planificación general del proyecto.
Objetivos (el para qué) Actividades (el qué) Tareas (cómo, a través de que pequeñas acciones) Espacio y
Tiempo (dónde y cuándo lo vamos a realizar) Responsables (quiénes se harán cargo) Con quiénes (con
qué sujetos, grupos, organizaciones trabajaremos) Con qué recursos (los disponibles, los que debemos
conseguir o construir) Evaluación (qué, con quiénes, cómo evaluamos)
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La evaluación es parte de nuestra planificación. Es una actividad organizada y sistemática que nos
permite visualizar los logros así como obstáculos que se plantean en la intervención, permitiéndonos
tomar decisiones. En este sentido, es preciso pensar la evaluación antes (Evaluación Diagnóstica),
durante (Evaluación de Proceso) y después (de resultado y de impacto) de la intervención. Para
realizarla, es necesario considerar los siguientes interrogantes: ¿Qué se evalúa? ¿Quiénes evalúan?
¿Cómo se evalúa? ¿Para quién se está evaluando?
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