¿Cuan Humildes somos?
Bando de oración: 9:00 a 9:10
Bienvenida: (Luis) 9:10 a 9:15
Bienvenidos hermanos y visitas que temprano en la mañana buscaron tiempo para llegar al
templo y rendirle adoración al Señor nuestro. Debemos sentirnos muy agradecidos de
nuestro Dios, porque nos permitió levantarnos para encontrarnos con ÉI.
Himno Inicia: (Diana) 9:15 a 9:20
Para adorarle, para aclamarle rey y Señor, cantemos con júbilo en nuestros corazones el
Himno Núm. 271, “Oh Cristo, te adoro”, del Himnario Adventista.
Lecturas Bíblicas y Oración de rodillas por Enrique(Luis) 9:20 a 9:30
2 Crónicas 7:14; Salmo 119:71; 1 Pedro 5:6.
Introducción: (Diana) 9:30 a 9:35
Hay dos virtudes que Jesús reclama como suyas. En este momento, queremos hablar
ampliamente sobre una de ellas, porque entendemos que necesitamos aprenderla y
practicarla en nuestras vidas. (Mateo 11:29). Creo que la humildad es una virtud que debe
adornar nuestro carácter. Jesús nos manda a aprender a ser humildes de Él mismo. Tal
parece que son pocos los modelos de humildad que nos encontraremos en la vida. Ser
humilde no se compra, no viene en yardas, o en pesos. Hay que cultivar esta gracia que a
algunos le es tan difícil practicar. ¿Qué necesitamos tener o hacer para ser humildes? Ya lo
veremos.
CANTO ESPECIAL : (Luis) 9:35 a 9;40
Ahora tenemos un canto especial por parte de nuestro hermano Julio
Misionero: (Diana) 9:40 a 9:45
El verso registrado en 2 Crónicas 7:14, se lo dirige Dios a su pueblo que aparentemente no
se había humillado. Es posible entonces identificar en las filas del pueblo de Dios altaneros
y arrogantes con corazones faltos de humildad. Es una lástima que no hayamos aprendido
esto todavía. La palabra humilde, como se usa aquí, implica “doblar las rodillas, rebajarse,
someter el orgullo, someterse debajo de, subyugarse”. La idea es inclinarse en sumisión.
Por eso, la oración es un acto de humillación y sumisión, donde nuestro yo queda bajo el
control de Dios. Al humillarnos, reconocemos que no somos más que Aquel ante el cual nos
sometemos; En este caso, Dios. Pero ser humilde implica más. Es reconocer el derecho de
los demás a opinar y ser escuchados. Cuando escuchamos, reconocemos que la persona
tiene espacio para emitir sus ideas, porque no siempre vamos a estar al frente controlándolo
todo. Dios le habla a La odisea señalándole su falta, pero La odisea no es humilde como
para escuchar y ver su condición. El Káiser II de Alemania oyó una vez la profecía de
Daniel 2 y exclamó: “No puedo aceptarla. No está en armonía con mis planes de
conquista.” Como él, no escuchamos, porque no estamos dispuestos a empezar a ser
humildes y reconocer el derecho de otros a superarse igualmente.
2 Cantos especiales por el grupo Elienai (Luis) 9:45 a 9:50
Para ser humildes, necesitamos vernos como somos, porque no somos mejores que el
compañero que está a nuestro lado. Necesitamos ver nuestra bajeza cuando nos
comparamos con la excelencia de Dios.
Todos los años, un labrador guardaba su maíz cosechado para uso posterior. Se jac-taba de
haber descubierto la fórmula para guardar el maíz durante mucho tiempo sin dañarse, y se
la recomendaba a sus vecinos. El día que un agrónomo le enseñó una manera más técnica y
más segura para hacerlo, el labrador entendió que habían otras personas que sabían más que
él y, con toda humildad y reconocimiento, un día se le acercó para que le explicara mejor el
proceso.
Nuestro orgullo no nos permite ver cualidades positivas en la gente. No nos permite quitar
la envidia de nosotros y progresar, reconociendo nuestras limitaciones. La humil-dad es aún
una virtud que no poseemos. Josías, cuando se enteró de lo mal que el pueblo había vivido
tanto años distante de la Ley de Dios, su corazón se conmovió y se humilló delante de Dios
al oír sus palabras (2 Crónicas 34:27). El tierno corazón de Josías encontró la verdad que
ignoraba el pueblo y, Ante ese gran error, el nuevo rey se sometió y se humilló. Acab fue
llevado por su mujer a adorar los dioses. Él mismo hizo lo malo por mucho tiempo, pero
ante la grandeza de Dios, Acab rasgó sus vestidos y puso cilicio sobre su carne, ayunó y
anduvo humillado (vers. 25, 26).
Nuevo horizonte: (Diana) 9:50 a 10:00
Hermanos: ¡Cuánto necesitamos ser humildes ante los consejos de Dios! No miremos al
pastor como alguien que nos critica y señala nuestros errores, sino escuchemos a través de
él la voz de admonición y consejo que nos envía Dios. No tenemos que censurar aquello
que tocó nuestra herida, si es Dios y su Palabra viva y eficaz la que nos ofrece su remedio
oportuno.
Hay que ser humildes y sencillos para recibir la razón, el consejo ajeno, o la amonestación
del Señor mismo.
1 Canto especial por la hermana Blanca: (Luis) 10:00 a 10:05
La odisea no progresa en el camino cristiano, porque aún está orgullosa de poseer la
verdad. No sabe, no entiende, no se humilla para comprender el consejo divino. “Aprended
de mí que soy manso y humilde” (Mateo 11:29). Tal es el consejo que nos fija el camino a
seguir para renovar el viejo hombre que todavía procura reverdear dentro de nosotros. La
humildad es una virtud que aún necesitamos aprender en nuestros corazones.
Ahora tenemos el estudio de la lección por grupos pequeños: (Diana) 10:05 a 10:30
Oración Final: