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Reglas del Método Cartesiano y Duda

El documento describe la filosofía de René Descartes y su búsqueda del método adecuado para alcanzar la verdad y la certeza. Descartes desarrolla el método de la duda metódica para cuestionar todo aquello que puede ser dudoso y así encontrar principios indubitables. Aplicando este método, Descartes llega a la conclusión de que el único principio que no puede ser cuestionado es el pensamiento, expresado en la famosa frase 'cogito ergo sum'.
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Reglas del Método Cartesiano y Duda

El documento describe la filosofía de René Descartes y su búsqueda del método adecuado para alcanzar la verdad y la certeza. Descartes desarrolla el método de la duda metódica para cuestionar todo aquello que puede ser dudoso y así encontrar principios indubitables. Aplicando este método, Descartes llega a la conclusión de que el único principio que no puede ser cuestionado es el pensamiento, expresado en la famosa frase 'cogito ergo sum'.
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DESCARTES

La época en la que vive Descartes se caracteriza por los grandes cambios ocurridos tras la Edad Media
y el Renacimiento. A nivel filosófico es una época eminentemente escéptica en la que los temas.
fundamentales son la búsqueda de la verdad y la certeza. Para conseguir este objetivo, se considera
necesario emplear el método adecuado. Cada disciplina se esfuerza en buscar el camino que le lleve a
la verdad y la filosofía no es ajena a esta necesidad.
La filosofía de Descartes sigue estas dos líneas básicas: por una parte intentará encontrar el
método que guíe a nuestra razón en su búsqueda de la certeza, y en segundo lugar, una vez hallado
ese método, lo aplicará encontrando las lineas maestras de su pensamiento.
En estas dos lineas será exclusivamente la razón la que nos lleve al descubrimiento de
verdades. Descartes es un filósofo racionalista y en su pensamiento no queda lugar para los sentidos y
la información que nos transmiten.

A) Búsqueda del método.

Como se ha mencionado ya, el objetivo fundamental del saber es la búsqueda de la certeza.


Descartes entiende la certeza como lo indubitable, aquello que no se puede cuestionar. Dos son los
requisitos. necesarios para que se de enunciado de tal tipo; claridad y distinción. Se define la claridad
como "lo presente y manifiesto a una mente atenta, comprendido intelectualmente y no mediante los
sentidos". Distinción se refiere a "lo determinado, lo delimitado frente a otras cosas".
Pero para encontrar este tipo de certeza, aquello que es claro y distinto, es necesario un
método adecuado que guíe a la razón. Para Descartes es de vital importancia esta cuestión del
método. Sólo si se resuelve esta cuestión de manera adecuada podrá conseguirse el objetivo final.
Descartes analiza los métodos de distintas disciplinas y llega a la conclusión de que sólo las
matemáticas han conseguido el objetivo de alcanzar la verdad. ¿Qué tiene de particular el método
matemático que es el único que hasta ahora no se ha cuestionado y que nos lleva a enunciados
ciertos y evidentes? El resto de las ciencias experimentales opera con enunciados confusos porque se
basan en los sentidos.
Ante esta constatación Descartes analiza el método matemático para comprobar si puede ser
aplicado a la filosofía. Encuentra que esta disciplina se basa en elementos simples, a partir de los
cuales se deducen el resto de enunciados. Estos primeros elementos son autoevidentes y en el
ámbito matemático son los axiomas. Los elementos deducidos a partir de los axiomas son los
teoremas. El éxito de las matemáticas se debe a que siempre utiliza certezas, ya sean axiomas o
teoremas. Estos enunciados ciertos se pueden hallar por intuición o deducción.
La intuición es "la aprehensión inmediata y de forma evidente", y la deducción es el
"desarrollo demostrativo". Mediante la intuición se alcanzan los primeros principios o verdades, y con
la deducción se encuentran el resto de enunciados necesarios.
Una vez que Descartes ha encontrado las claves del método matemático, intentará aplicarlo
a la filosofía. Y para ello considera que apenas son necesarias 4 reglas para encontrar la verdad:

- Evidencia: es la regla que está presente en todo el método cartesiano. Consiste en no admitir nada.
verdadero que no sea evidente, es decir, sin posibilidad de duda.

- Análisis: al igual que en el conocimiento matemático, en el filosófico se debe de partir de elementos


simples. Para ello es necesario dividir lo complejo en sus partes más simples, esos enunciados que
sean claros y distintos. Esos primeros principios se encuentran por intuición.

- Síntesis: consiste en la reconstrucción deductiva del saber a partir de los elementos simples. Se
llevaría a cabo mediante la deducción.

- Enumeración: recuento de todos los pasos.

Para Descartes estas cuatro reglas son suficientes para alcanzar la verdad.
Es notable observar que para Descartes la verdad es una sola. El pensamiento cartesiano es
dogmático, puesto que la razón es una y la misma para todas las personas, si ésta es bien guiada por
el método adecuado, las verdades obtenidas serán las mismas para todo aquel que haga el esfuerzo
intelectual. Este es el concepto de Descartes de unidad de la razón.

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B) Aplicación del método.

Una vez obtenido el método, el paso siguiente será utilizarlo para alcanzar verdades. El primer paso
será el uso de la duda metódica. ¿En qué consiste? A Descartes le parece que si queremos llegar a
algún primer principio evidente, que no se pueda poner en cuestión, lo más conveniente es ver de
qué enunciados podemos dudar para así quedarnos con aquellos que sean absolutamente ciertos e
indubitables. La duda metódica no consiste en negar aquello que se pueda poner en duda, sino
alcanzar principios de los que nadie pueda dudar y que constituyan la base de un conocimiento cierto
y verdadero. Aquello de lo que dude Descartes no tiene por qué ser forzosamente falso; simplemente
no puede constituir un enunciado cierto y evidente. Frente a la duda metódica cartesiana está la duda
escéptica, que considera falso aquello que se puede poner en cuestión.
Una vez que Descartes pone en práctica su método, encuentra varios niveles en su duda:

- Duda de los sentidos. Descartes considera que es posible dudar de la información que nos
proporcionan los sentidos. Todo aquello que proviene de la experiencia pueden ser sometido
a duda. Los sentidos en numerosas ocasiones nos proporcionan informaciones confusas, por
lo tanto, no se pueden encontrar en ellos las verdades ciertas y evidentes que Descartes
anda buscando.
- Duda del sueño y la vigilia. Descartes sigue profundizando en el nivel de la duda. ¿Podría
ocurrir que lo que pensamos que es real no fuera sino un sueño? ¿Cuántas veces ocurre que
los sueños. nos parecen tan reales como la vigilia? Si en el anterior nivel de la duda Descartes
cuestiona el mundo de los sentidos, en éste se cuestiona la propia realidad.

¿Queda algo que pueda resistir estos dos niveles de duda? De momento las verdades matemáticas,
porque no se basan en los sentidos y además, son igualmente verdaderos estando nosotros
despiertos y estando dormidos. Pero la duda metódica no se detiene aquí:

- Duda del genio maligno. Descartes se plantea si podría ser posible que en vez de existir un
Dios bueno existiera una divinidad malvada que disfrutara confundiendo nuestro
entendimiento y que por lo tanto aquello que consideramos verdadero realmente no lo sea.
Es obvio que Descartes no cree en la existencia de tal genio malvado, pero pretende que
desconfiemos de nuestro propio entendimiento para que la duda sea absoluta y total, y ni
siquiera las matemáticas puedan ser considerados principios ciertos.

Parece que Descartes nos ha conducido a un callejón sin salida con su duda absoluta. Pero es
en este momento cuando descubre ese primer principio evidente y cierto que con tanto ahínco ha
perseguido. Hay algo de lo que no se puede dudar, el pensamiento. Aún en la más radical de las dudas,
lo que nadie puede cuestionar es el propio pensamiento porque la misma duda es un acto de
pensamiento. No se puede dudar del pensamiento porque dudar es pensar.
De esta manera Descartes encuentra su primer principio indubitable y que va a ser la base de
todo su pensamiento. Al pensamiento le denomina "res cogitans" o "sustancia pensante".
Esta primera verdad se encuentra mediante la intuición. De esta manera se ha procedido al
análisis, la descomposición de lo complejo en sus partes más simples. A partir de aquí se inicia la
síntesis, que procederá mediante deducción.
Para Descartes el pensamiento es algo cierto porque es claro y distinto. Es claro porque es
evidente, y distinto porque está perfectamente separado y delimitado de lo físico y corporal.
Una vez que se ha llegado a la evidencia del pensamiento, Descartes deduce que tal
pensamiento es producido por un sujeto que debe ser real y existente. De ahí la célebre frase "cogito
ergo sum". Se puede encontrar un antecedente del enunciado de Descartes en el "si fallor sum" de S.
[Link] vez encontrada la base del pensamiento cartesiano hay que proceder a explicar muchas
cuestiones mediante la deducción. ¿Qué se puede deducir a partir de la res cogitans?
La primera deducción es que el pensamiento debe de ocuparse de algo. Para Descartes los
contenidos del pensamiento, es decir, aquello que el pensamiento piensa son ideas. Las ideas son el
objeto del pensamiento.
Aunque ésto no parezca tener excesiva importancia, el hecho de que para Descartes el
pensamiento recaiga sobre ideas va a suponer una nueva fase en la historia de la filosofía, Hasta
ahora se entendía que el pensamiento recaía sobre las propias cosas, pero con la concepción

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cartesiana de que hay intermediarios, las ideas, entre el pensamiento y las cosas se inicia la filosofía
moderna con consecuencias que quedarán de manifiesto en autores posteriores. En Descartes se
encuentran las bases de todo el idealismo postrior, aunque el propio Descartes es realista.
Pues bien, Descartes ha llegado a la conclusión de que la res cogitans piensa ideas. La labor
de Descartes. a partir de ahora será intentar salir del ámbito del pensamiento para intentar explicar la
realidad. Ya veremos que para hacer ésto Descartes recurrirá a un ser perfecto que aúne esencia y
existencia.

Pero no adelantemos demasiado. El siguiente paso que avanzará Descartes será analizar las ideas que
hay en el pensamiento. Son de tres tipos: adventicias, que proceden del exterior del pensamiento
(árbol, perro, roca...), facticias (sirena, centauro...), que elabora el propio pensamiento a partir de las
adventicias, e innatas, que el pensamiento posee en si mismo. Descartes se centra en este tipo de
ideas que son tres, las de extensión, pensamiento e infinito. Son ideas que no proceden del exterior y
que el pensamiento no ha podido construir. De las tres ideas innatas Descartes analiza la de infinito.
Tomando principios de la filosofía escolástica, identificará la idea de infinito con la de perfección, y en
última instancia la idea de una entidad perfecta nos lleva a la idea de Dios. Como adelantábamos
anteriormente, Dios tendrá una importancia fundamental en la constitución del pensamiento
cartesiano porque le permitirá pasar del ámbito de la esencia, del pensamiento, al de la realidad,
puesto que es el único ser que aúna esencia y existencia. ¿Cómo la idea de Dios nos permite dar ese
paso? Mediante la demostración de su existencial objetiva. Hasta ahora Descartes ha llegado a la
deducción de la idea de Dios. A continuación tendrá que demostrar que además de una idea, Dios
tiene existencia real.

Tres son los argumentos que Descartes utilizará para demostrar la existencia objetiva de Dios:

- El primero es el argumento de San Anselmo de Canterbury, que se conoce como argumento


ontológico. Mediante el mismo, se demuestra la existencia de Dios a partir de su propia idea
y definición. Si la idea que tiene nuestro pensamiento de Dios es la de un ser perfecto,
necesariamente debe de existir, de lo contrario, no sería perfecto. El no existir sería una
imperfección, y en Dios no puede haberla.

- El segundo argumento seria el causal. Se centraría en la cuestión de cuál es la causa de la


idea de perfección que se encuentra en nuestro pensamiento. Hay un principio escolástico
que afirma que la causa nunca puede ser inferior a lo causado; por lo tanto, la causa de la
ideas de perfección no puede ser menos que perfecta, y por supuesto, ese ser perfecto es
Dios.

- El tercer argumento seria el más débil. Descartes se pregunta si podemos ser causa de
nosotros mismos. ¿Puedo yo haberme causado a mi mismo? La respuesta debe ser negativa.
Si yo tuviera la posibilidad de causarme a mi mismo, puesto que poseo la idea de perfección,
me hubiera hecho perfecto. Puesto que indudablemente ésto no es asi, se deduce que yo no
soy causa de mi mismo, con lo cual debe de haber otro ser que me haya causado: Dios.

De esta manera Descartes considera que ha quedado demostrada la existencia de Dios, no sólo como
una idea, sino también como una realidad objetiva. A esa realidad objetiva, Dios, Descartes le
denomina res infinita, sustancia infinita. Con ella se ha pasado de lo especulativo y mental a lo real.

¿Qué consecuencias trae la demostración de la res infinita? Dios será la garantia de que
podemos conocer. Con la existencia de Dios queda eliminada la duda del genio maligno que
cuestionaba nuestro propio entendimiento. La existencia de Dios es totalmente incompatible con esa
divinidad malvada. Si ésta no existe, queda abandonada la hipótesis del genio maligno y podemos
confiar en nuestra capacidad racional. Dios queda como el aval y la garantia de que nuestra razón
nos puede llevar a certezas. Dios queda como garantia de nuestro conocimiento.

(En este punto detectamos una incoherencia en el pensamiento cartesiano. En principio, la duda del
genio. maligno nos incapacita para poder usar nuestro entendimiento, pero para deducir y llegar a la
demostración de la existencia de Dios hemos usado ese entendimiento. Descartes ha caldo en un

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circulo vicioso: para poder confiar en el uso de nuestra razón es necesario demostrar la existencia de
Dios, pero para demostrar la existencia de Dios necesitamos usar la razón.)

¿Qué tipo de verdades puede proporcionarnos el correcto uso de nuestro entendimiento? Las
relativas al mundo físico. La razón, y no los sentidos, puede explicarnos ese mundo real y externo a
nosotros. Si prescindimos de toda información sensible, lo único que la razón puede indicarnos sobre
la realidad es que el mundo extenso tiene extensión. El resto de las cualidades son mudables: la
figura, textura, tamaño, color, dureza..., cambian continuamente, pero lo único que no varía y que es
indudable, es que cualquier objeto físico ocupa un lugar en el espacio, tiene extensión. Por esta
cualidad básica, a lo existente en el mundo físico Descartes le llama res extensa, sustancia extensa.

La tarea que le queda a Descartes es explicar ese mundo físico, la res extensa. Su explicación es
mecanicista y determinista. La res extensa sigue las leyes de la física, y no hay nada en el mundo
objetivo que escape a ellas. Las tres principales leyes de la física cartesiana son:
- inercia
- movimiento rectilíneo
- conservación del movimiento.

De esta manera Descartes acaba su síntesis, su deducción de la res infinita y extensa a partir de la res
cogitans, y logra explicar los principales temas de los que se ocupa la filosofía: yo, mundo y Dios.

Antes de terminar con la antropología cartesiana es conveniente aclarar algunos términos utilizados
hasta ahora, sobre todo el de sustancia. Descartes toma las definiciones aristotélica y escolástica de
este concepto: lo que existe por sí mismo y no necesita de otro, Cada sustancia tiene su atributo, es
decir, la esencia o naturaleza de dicha sustencia y modos, la forma de darse cada una de ellas. De este
modo, la teoría de la sustancia cartesiana podría quedar resumida en el siguiente cuadro:

SUSTANCIA ATRIBUTO MODOS


Res cogitans: conciencia, alma Pensamiento Imaginación, memoria,
sensación, duda, deseo.
Res infinita: Dios Eternidad, omniscencia, No tiene
omnipotencia...
Res extensa: mundo Extensión Figura y movimiento

Para acabar con el pensamiento cartesiano nos queda un breve esbozo de su antropología.
Para Descartes el ser humano es un compuesto dual, formado por cuerpo (res extensa) y
alma (res cogitans). Esta concepción dualista encaja perfectamente con el pensamiento expuesto. Los
problemas de este dualismo son similares a los demás. ¿Cómo se explica la unión de esas dos
sustancias en el ser humano? ¿Cómo interaccionan dichas sustancias?
Descartes soluciona esta cuestión introduciendo esta interacción en el cerebro. Sería dentro
de la denominada glándula pineal donde lo material incidiría sobre lo mental y a la inversa. Descartes
dedujo la existencia de esta glándula y pensó que el cerebro, donde se mezclan lo mental y lo físico,
sería la mejor opción para ubicarla. Allí es donde se produciría la interacción.

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