HISTORIA DE LA INDUMENTARIA BARROCA
1. Contexto histórico
El siglo XVII es una centuria llena de cambios políticos e ideológicos, que ve aparecer nuevas
primeras potencias europeas, como la francesa, ve asentarse el concepto de Estado y Nación,
supone la mejor representación de la Monarquía Absolutista, la llegada de la Contrarreforma y
el triunfo del arte barroco.
A lo largo de este siglo el Imperio Español irá perdiendo su hegemonía de épocas precedentes,
tanto por la debilidad política de la monarquía de los Austrias como por los enfrentamientos
marítimos con los piratas ingleses y holandeses. Las guerras religiosas en Flandes y la cantidad
de dinero necesaria para hacer frente a estos conflictos, la debilidad de los monarcas españoles,
más dedicados a la caza y a las artes que al gobierno y que por tanto delegarán las decisiones
fundamentales a sus validos (el duque de Lerma y el conde-duque de Olivares) tampoco
favorecerá a la corona peninsular que verá como Francia le gana terreno políticamente e incluso,
al acabar el siglo, con la muerte del último monarca de los Austrias españoles, Carlos II, la corona
quedará en manos de Felipe V de Borbón, nieto del rey galo Luis XIV.
Inglaterra se verá sumida en una guerra civil de vital importancia para el futuro de Europa. El
monarca inglés Carlos I, rey absolutista, fue destronado y se vio obligado a enfrentarse
militarmente a sus propios nobles, quienes exigían la instauración de un Parlamento que
regulara en cierta medida las acciones, hasta incuestionables, del monarca; el fin de la contienda
trajo consigo la decapitación del monarca inglés, la instauración de una nueva dinastía
encabezada por Guillermo de Orange y la aparición por primera vez en la historia de una
Monarquía Parlamentaria, lo que asentará las bases del futuro panorama político europeo que
tendrá su punto de partida en la Revolución Francesa (1789).
Francia, relativamente próspera y en calma durante este siglo, será por tanto la protagonista,
algo que también influye en la indumentaria, con un nuevo nivel de refinamiento y lujo que se
extenderá por toda Europa y que contrastará con la sobriedad de la corte española. Destacarán
dos de los monarcas franceses, Luis XIII y su sucesor Luis XIV; el primero comenzó su reinado
quizás de una manera un tanto problemática, ya que para poder asumir el gobierno tuvo que
desplazar a su madre, María de Medici, la Regente, y ejecutar a su consejero más cercano, sin
embargo, la italiana no se dio por vencida y se enfrentó militarmente a su hijo en dos ocasiones,
por haber sido apartada de la corte, hasta que en 1620 firman por completo la paz y el monarca
permite el regreso de su madre a palacio. Su principal consejero será el cardenal Richelieu,
responsable de muchos de los cambios administrativos de este período, aunque no mantenía
buenas relaciones con el resto de la familia real; pero los últimos años de su reinado estarán
marcados por una intensa guerra contra España, a la cual, con esfuerzo, irá ganando terreno
poco a poco.
Le sucederá su hijo Luis XIV, conocido también como el Rey Sol, en el año 1643, quien tan solo
era un niño y por lo tanto la regencia cayó en manos de su madre, Ana de Austria, hija del rey
español Felipe III; los conflictos civiles, propiciados y encabezados por la nobleza, a los que la
Reina tuvo que hacer frente generó en el pequeño rey una profunda des confianza hacia la
aristocracia, mientras que al mismo tiempo continuaba la guerra contra España, que acabaría
en 1650 con la firma del tratado de los Pirineos, que establecía la frontera entre ambos países
en esta cordillera. Para sellar por completo la paz el monarca francés contraerá matrimonio con
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su prima carnal (por partida doble, tanto materna como paterna) con María Teresa de Austria,
hija de Felipe III e Isabel de Francia.
Acuerdo y ma trimonio de Luis XI V con Ma ría Teresa de Austria
El monarca se involucraría de manera activa en todos los aspectos del gobierno, desde el político
hasta el militar, siendo el responsable de dirigir sus batallas y llegar a los acuerdos de paz,
siempre buscando de una manera excepcionalmente inteligencia el beneficio para Francia y
llegando a acuerdos dinásticos que le colocarían en la posición ideal para reclamar el trono de
España llegado el momento, tras la muerte de Carlos II, casado con su sobrina María Luisa de
Orleans en primeras nupcias, e hijo de su tío Felipe IV.
En lo que se refiere al ámbito artístico el movimiento de
este siglo es el denominado Barroco, el cual está
estrechamente vinculado a la Contrarreforma, la
respuesta de la Iglesia Católica de Roma a la Reforma
Protestante iniciada por Martín Lutero el siglo anterior y
que se había ido extendiendo por buena parte de Europa.
La Iglesia se valdrá del arte para representar la
magnificencia de la institución, el esplendor de la
Salvación, reivindicar la figura de la Virgen y los santo y
abrumar al fiel en lo que consideran la imagen perfecta de
la Gloria Celestial.
Las características fundamentales de este periodo son el
dinamismo, marcado gracias a la líneas diagonales que
generan la sensación de movimiento, la búsqueda del
momento trascendental de la narración, inmediatamente
anterior al desarrollo de la acción completa, el
El éxta sis de Santa Teresa, Bernini
dramatismo, los juegos de luces y sombras (claroscuro), la
intensidad emocional y la búsqueda de provocar sensaciones en el espectador, introduciéndole
en muchas ocasiones dentro de la propia obra (juegos de miradas, trampantojos, escenas que
se continúan en el mundo real, indumentaria propia del siglo XVII en escenas religiosas o
históricas…).
En el ámbito europeo van a destacar algunos artistas de renombre, como Peter Paul Rubens
(Flandes), Jan van Dyck (trabajará en Inglaterra), Gian Lorenzo Bernini (Italia), Francesco
Borromini (Italia), Juan Pantoja de la Cruz, Diego de Velázquez, Bartolomé Esteban Murillo, Paulo
Coello, Francisco de Zurbarán,… y muchos otros en España. La Península se situará en estos
momentos al frente del ámbito artístico europeo, conjuntamente con Italia, en parte gracias a
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la gran labor de mecenazgo del monarca Felipe IV, quien recolectó y encargó la inmensa mayoría
de las obras que hoy en día conforman la colección del museo del Prado, considerada una de las
mejores pinacotecas del mundo.
2. Noticias generales sobre la indumentaria
Tras la aparición de los nacionalismos en el siglo XVI, en el siglo XVII predominan los estilos
diferentes en función de los distintos países europeos, destacando la superioridad del traje
francés y holandés, mientras que otros como Italia y sobre todo España van a ver cómo la
supremacía del siglo anterior va desapareciendo, aunque algunas de las prendas peninsulares
van a permanecer en el traje europeo durante todo el siglo XVII, e incluso el XVIII en algunos
casos, como el verdugado y el guardainfantes.
Mientras que la influencia francesa va a ser más generalizada, en el caso holandés se va a limitar
casi exclusivamente a los países protestantes, destacando su influencia sobre Inglaterra, estados
nórdicos y Alemania. También es posible encontrar algunos aspectos del mundo artístico en el
ámbito de la indumentaria en el siglo XVII, como el dinamismo de las líneas diagonales,
movimiento, grandiosidad, exageración, voluptuosidad... la indumentaria va a reflejar estos
aspectos en las exageraciones, la falta de equilibrio, la búsqueda de la asimetría y el gusto
excesivo por el colorido y el preciosismo.
A lo largo del primer tercio de siglo algunos elementos de la moda renacentista van a
desaparecer por completo, como los jubones “armados”, las mangas amplias, las gorgueras (en
algunos casos como en España serán prohibidas por ley, mientras que en los Países Bajos se
mantendrán y seguirán creciendo), los rellenos y las braguetas.
Durante este siglo se siguió manteniendo la característica legal de limitar ciertos aspectos de la
indumentaria mediante leyes suntuarias, como la pragmática española ya mencionada que
prohibía el uso de gorgueras o escotes profundos (a excepción de las prostitutas registradas), o
en el caso francés, donde se reguló la entrada de tejidos de lujo de importación, favoreciendo la
fabricación propia.
A diferencia de períodos anteriores, las modas se van a suceder rápidamente, favorecido en
gran parte por el aumento de poder económico y social de la burguesía, una clase social cuyo
ascenso es imparable, lo cual obligaba a la alta nobleza a buscar formas nuevas de indumen taria
que les ayudara a diferenciarse de los burgueses, sin título pero con una capacidad monetaria y
de gasto igual o superior.
El complemento más característico de la segunda mitad del siglo XVI, la gorguera, tenderá a la
desaparición y será sustituida por la valona (un cuello caído de tela blanca y bordeado de
encajes) y la golilla (un cuello rígido, almidonado pero de pequeñas dimensiones, muy usado en
España durante los reinados de Felipe III y Felipe IV). El encaje se convertirá también en
elemento indispensable de la indumentaria, algo que se refleja en la aparición de importantes
núcleos productores en Francia y Flandes.
Las novedades en la moda comenzaron a aparecer en los noticiarios de la época y se conservan
a día de hoy libros de sastre donde se conservan los patrones originales de las prendas, tanto de
verano como de invierno, ya que por primera vez desde la época romana, se recupera la idea de
estacionalidad de la indumentaria, empleando tejidos mucho más ligeros en los meses más
calurosos. De mano de este auge y mayor especialización del vestir se encuentra la aparición de
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la figura del sastre y la modista, no realizándose ya los trajes de manera doméstica, si no
acudiendo a profesionales dedicados exclusivamente a esta labor y que cada vez irán ganando
un mayor prestigio y reconocimiento, más semejante al de los artistas que al de los artesanos.
3. La indumentaria masculina
3.1. De 1590 a 1625
En este período todavía se mantiene la influencia española en la moda francesa, los hombres
continúan vistiendo un jubón, con la cintura redondeada (ligeramente abombada) o en forma
de apuntada, con los hombros muy marcados gracias al uso de rellenos (antiguos brahones) y
mangas acuchilladas, cuello redondo más bien elevado y cuello de lechuguilla, aunque se
comienza a introducir la valona. Las trusas se continúan usando en combinación con las calzas.
3.2. De 1625 a 1650
Durante el reinado de Luis XIII se ignoraron abiertamente las leyes suntuarias promulgadas tanto
por Richelieu como por Mazarino, con lo que se hacía prácticamente imposible identificar a un
individuo por su indumentaria, lo cual hace que se sucedan rápidos cambios en la moda,
buscando estilos que los burgueses no puedan imitar fácilmente .
El jubón va a realizarse con tela de un solo color, con grandes cuchilladas y faldones largos
(tassettes), se abotonará solo en la parte superior y dejará asomar ligeramente la camisa,
decorada muchas veces con encaje. Las mangas, también acuchilladas dejarán ver la camisa,
pero se estrecharán en la muñeca y las trusas llegarán justo por encima de la rodilla, bien muy
ajustados a las piernas, bien sueltos.
En el ámbito militar predominan las trusas largas, amplias, rematadas en ocasiones con un
pequeño volante y que llegan por debajo de la rodilla, más similares a los pantalones actuales,
y que se combinan con botas altas.
Las medias de seda se utilizarán en todos los colores en verano, mientras que en invierno se
realizaban de lana; sobre ellas se podían usar las llamadas medias de botas, las cuales podían
ser completas o no (sin pie ni talón), se ensanchaban en la parte superior y se adornaban con
encajes.
3.3. De 1650 a 1675
Una vez sobrepasado la mitad del siglo, la moda francesa va a dar un vuelco absoluto y volverse
mucho más preciosista y recargada, en la que destaca el rhingrave, una especie de pantalón de
un enorme ancho (hasta un 1’80 m por prenda), con numerosísimos pliegues, tantos que no era
posible en ocasiones diferenciar el espacio entre ambas piernas. Esta moda perdurará en
Francia hasta al menos 1675 y se sabe de un cierto uso en Inglaterra; fueron objeto de cierta
mofa por parte de los filósofos y escritores franceses, ya que tendían a deformar la figura y
asemejaban faldas cubiertas de lazos, volantes y encajes.
Su origen es bastante incierto, parece tener una ascendencia alemana y se ha relacionado con
la familia del Palatino (título nobiliario alemán), aunque no hay datos claros que lo indiquen.
El jubón que se llevaba con estos pantalones eran muy cortos, para dejar ver los rhingraves,
abierta, al menos por abajo, para dejar ver también la camisa inferior; todo el conjunto se
decoraba con lazos.
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Se comienza a usar por primera vez en el ámbito civil una pieza propia del mundo militar, un
sobretodo denominado casaca, en un principio sobre amplias trusas, aunque estas cada vez se
irán estrechando más hasta ser completamente ajustadas al final de este periodo. La casaca es
una prenda de abrigo larga, que llega hasta la rodilla, con abotonadura, aunque se lleva
generalmente suelta, y unas mangas ligeramente ensanchadas; por debajo de ellas se usará una
chaqueta, comenzando así a desaparecer el jubón, realizada con una parte delantera y unas
mangas en un tejido rico y vistoso, mientras que la espalda se confeccionaba únicamente con
forro.
Aumenta el gusto por el uso de bordados de oro, galones y sobretodo pedrería en la
indumentaria masculina (también en la femenina) ya que en 1644 se habría descubierto una
técnica para colorear el vidrio a semejanza de las piedras preciosas.
3.4. De 1675 a 1705
Desaparecen por completo los rhingraves, se disminuyen los encajes, los bordados y los excesos
en el traje y se camina hacia una moda ligeramente más sobria donde triunfa indiscutiblemente
la casaca, confeccionada en seda, brocado o terciopelo. El mayor cambio de esta prenda en este
periodo radica en los bolsillos, los cuales pasan de ser verticales a horizontales; en el cuello se
adornaba en ocasiones con una corbata suelta y caída, que podía estar decorada con lazos o
encaje.
Por lo demás el vestuario masculino continúa sin mayores cambios en este periodo.
1590-1625 1625-1650 1650-1675 1675-1705
3.5. Accesorios
En lo que se refiere a los sombreros, a principio de siglo, en líneas generales, se mantienen las
tendencias renacentistas, aunque tiende a predominar el sombrero de copa elevada y ala. Sin
embargo rápidamente va a dar paso a un sombrero más blando colocado en diagonal sobre la
cabeza, decorado con grandes plumas, aunque la aparición de las pelucas lo hizo un elemento
más bien molesto que se llevaba más debajo del brazo que sobre la cabeza.
Cuando el monarca Luis XIII perdió su cabello debido a una enfermedad se popularizó el uso de
las pelucas, hacia 1633, que en un principio eran postizos que se mezclaban con el propio
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cabello, pero que acabaron por ser estructuras completas. En un principio se usarían solo por
necesidad ya que la moda era el cabello natural, largo y rizado y Luis XIV se resistió
enormemente al uso de este complemento, ya que tenía un abundante cabello y no usó peluca
de cabellos vivos hasta 1672, ya que estas obligaban a rasurarse el pelo por completo para poder
usarlas.
La peluca adquiere a finales de siglo proporciones monumentales, denominándose in folio, ya
que contaba con una marcada línea central a cuyos lados subía el pelo en rizos antes de caer a
los laterales de la cabeza hasta el pecho. Los colores eran muy variados y se espolvoreaban con
almidón o polvos de Chipre, hecho con harina de habas y moho de encina.
En cuanto al calzado se estilaron especialmente las botas, blandas y flexibles, altas hasta la
rodilla para montar a caballo o dobladas por debajo de estas para caminar; sin embargo Luis XIV
impuso su uso únicamente para cabalgar y bajo su reinado predominaron los zapatos
puntiagudos, elevados en el talón con un pequeño tacón.
3.6. Peculiaridades españolas
En España la rigidez del traje se mantuvo durante un periodo mucho más prolongado, habiendo
pocas variaciones en la moda respecto a finales del siglo XVI hasta 1620; los problemas
económicos de reino, así como la expulsión de los musulmanes en 1609 afectaron gravemente
a la industrial textil peninsular.
Los hombres continuarán usando el jubón con las anchas trusas, acuchilladas o no, cerrando el
cuerpo superior por completo, de cuello alto y adornado con una golilla habitualmente;
predominarán los colores oscuros, especialmente todavía el negro, considerado una insignia de
la corte española (denominado negro español o negro ala de cuervo).
Hacia mediados de siglos, el traje pierde ligeramente su rigidez, apareciendo las trusas más
estrechas y largas, combinadas con calzas y zapatos y profusamente decorados todos los
componentes del traje. No será hasta la muerte de Carlos II y la llegada al trono de Felipe V
cuando se introducirán por completo las modas francesas en Espeña.
4. La indumentaria femenina
4.1. De 1590 a 1625
El traje femenino apenas varía, manteniendo las cuchilladas sobre la parte superior del traje o
cuerpo y las mangas, las cuales todavía son muy voluminosas y bajo las faldas se extiende cada
vez más el uso de la almohadilla holandesa.
4.2. De 1625 a 1650
Las prendas femeninas son más sobrias que las masculinas; el cuerpo se forra con ballenas, en
muchas ocasiones con una ballena central más larga que sobrepasa con creces la cintura de la
falda y que incluso puedo acentuarse con una jareta; las mangas se acuchillan y adquieran una
forma abullonada y se prefieren los colores claros con bordados o figuras coloridas encima. La
falda, de gran volumen, está compuesta por tres piezas superpuesta, dos inferiores (la bribona
y la secreta) y una superior (la modesta).
Se populariza el escote amplio que enseña ligeramente los hombros, p or el cual asoma
ligeramente la camisa inferior; junto con esta camisa se llevaban unos calzones inferiores,
habitualmente decorados y con bolsillos, a los cuales se sujetaban las medias.
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En líneas generales la indumentaria se simplifica en este periodo, disminuyen en amplitud,
siendo trajes más sobrios y elegantes, algo de breve duración.
4.3. De 1650 a 1675
El traje femenino sufre menos variaciones en este periodo que en el caso masculino; sigue
predominando el escote ovalado que deja ver los hombros, aunque comienza a decorarse con
grandes cantidades de encaje o guipur y las faldas se mantienen sin variaciones.
El cuerpo se mantiene rígido, forrado de ballenas y más largo en la parte central, las mangas,
más bien cortas y abullonadas dejan entrever la camisa, también abullonadas y rematadas con
encaje en los puños. En el invierno estos trajes se forraban de lana o de pana, junto con
manguitos para las manos y tiras de piel para el cuello.
4.4. De 1674 a 1705
Durante el último cuarto de siglo los trajes de mantendrán escotados, con una línea más bien
recta y la falda superior y abierta en la parte central tiende a recogerse en la parte posterior,
formando grandes volantes a los laterales del cuerpo femenino y formando una cola que
entorpecerá los movimientos femeninos.
1590-1625 1625-1650 1650-1675 1675-1705
4.5. Peinado y accesorios
A comienzos de siglo todavía era habitual el uso de pequeñas cofias, pero con el tiempo
comienza a desaparecer y se sustituye por el cabello trenzado recogido en moños sobre la nuca;
otra variante será mantener el pelo peinado en largos bucles que enmarcan el rostro, se recogen
en la nuca y caen ligeramente por la espalda, pero con el tiempo tenderá a amontonarse los
rizos sobre la cabeza, lo que Madame de Sevigné definió como “cabeza coliflor”.
Hacia 1678 se populizará, uno de los peinados femeninos más conocidos de este peri odo, el
formado por una especie de estructura de bucles en la nuca que se rematarán con adornos de
encaje, bonetes, muselinas,…
Los zapatos femeninos seguirán la estela de los masculinos, con talones elevados, realizados en
seda brocada o terciopelo.
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Eran habituales también los guantes, de piel, satén, terci opelo o seda, bordados con hilos
metálicos y piedras preciosas, usados por ambos sexos, al igual que los manguitos para
protegerse del frio.
4.6. Peculiaridades españolas
Tras las dos primeras décadas, las mujeres españolas abandonan el uso del verdugado, el cual
combinaban bien con un cuerpo rígido, bien con una saya o un jubón femenino y lo sustituirán
por el denominado guardainfante.
El guardainfante es una estructura interna, formada por semicírculos de mimbre de tamaño
medio, cosidos a una tela corta a forma de enagua, que se disponen en los laterales de las
caderas y se atan a la cintura con unas pequeñas cintas o tiras; sobre esta estructura se disponen
las enaguas y las faldas, lo que da al traje un perfil increíblemente ancho en la falda en sus
laterales pero muy estrecho por delante y por detrás. En la parte superior se combina con un
cuerpo acorsetado con ballenas sobre una camisa, cuyas mangas y escotes parecen sentir más
la influencia francesa.
Esta moda será de uso casi exclusivo español durante el siglo XVII, aunque gracias a las relaciones
familiares de la Casa de los Austrias o Habsburgo con Alemania y Viena, esta falda acabará por
influenciar al traje del norte de Europa y llegará a Francia en el siglo XVIII.
Las mujeres españolas combinaban este traje con un tipo “peculiar” de maquillaje, entendido
como vulgar o excesivo en países como Francia, ya que en la península se gustaba de utilizar
polvos de carmín (obtenidos de la cochinilla) para colorear los pómulos, la nariz y los hombros,
además de los labios.
5. Cuidados y belleza
Durante este siglo los baños no eran demasiado habituales y se preferían otros métodos
higiénicos como restregarse con toallas húmedas, cambiarse habitualmente de ropa o
perfumarse en exceso para cubrir los olores.
La industria del perfume fue muy próspera, ya que se usaban esencias de todo tipo, se
impregnaban saquitos que se portaban entre la ropa, se fabricaban pastillas perfumadas para
chupar y “limpiar” los dientes, se perfumaban los cojines de las casas, pañuelos y guantes, …
Estuvieron de moda también los lunares falsos, utilizados como adorno facial para ambos sexos,
se hacían en terciopleo y seda, de muchos tamaños y formas y se colocaban sobre distintas
partes del rostro.
6. Orfebrería
A principios de siglo el gusto en joyas se inclinaba hacia las más sencillas, como los collares de
perlas u otras piedras preciosas en sencillas hileras, pendientes en forma de lágrimas,… La piedra
más usada a lo largo del siglo fue la perla, usada en joyas, peinados, complementos, trajes, etc…
aunque otras como los diamantes seguían siendo populares, así como los topacios, zafiros,
rubíes, esmeraldas, turquesas corales.