LEYENDAS
1. La leyenda del origen del lago de Atitlán
Cuentan que esto sucedió hace mucho tiempo, cuando los Cakchiqueles dieron
muerte a saetazos a Tolgom. Este suceso permitió que la punta del cerro del
lanzamiento de Tolgom se volviera muy famosa. Los Cakchiqueles arrojaron a la
laguna los pedazos de Tolgom y se marcharon más allá de Qakbatzulú. Luego de
esto, se sumergieron dentro de la laguna. Cada uno pasó ordenadamente y sentían
mucho miedo pues la superficie del agua se agitaba fuertemente. De allá se dirigieron
a Panpatí y Payán Chocol, practicando sus dones de hechicería. Estando en Chitululse
toparon con nueve zapotes.
Posteriormente los guerreros, entre ellos Gagavitz y su hermana llamada Chetehauh.
Decidieron parar y construir sus casas en la punta llamada actualmente QabouilAbah.
Sin razón alguna, un día Gagavitz decidió arrojarse al agua convirtiéndose en la
serpiente emplumada. Al instante se obscureció el agua, se levantó un viento y se formó un remolino que acabó de agitar la superficie
del lago. En la orilla del agua estaban las siete tribus, quienes al ver lo ocurrido dijeron a los descendientes de los
Atziquinahay:”Acaba de agitarse la superficie de nuestra laguna, nuestro mar ¡oh hermano nuestro! Que sea para ti la mitad del lago y
para ti una parte de sus frutos, los patos, cangrejos, pescados.”
Consultaron entre ellos y brindaron la siguiente respuesta:”Está bien, hermano. La mitad de la laguna es tuya, tuya será la mitad de los
frutos, los patos, cangrejos y pescados, la mitad de las espadañas y las cañas verdes. Y así también juntará la gente todo lo que mate
entre las espadañas.” De esta manera fue hecha la división del origen del Lago de Atitlán.
2. La leyenda de la Llorona
En su versión guatemalteca, la Llorona es el alma en pena de una mujer de origen criollo
(descendiente de españoles) o mestiza, pero en ambos casos de un estrato socioeconómico
alto. Cuenta la leyenda que la mujer se llamaba María y que, mientras su esposo andaba de
viaje, tuvo un amorío con un mozo de su hacienda. Pero María resultó embarazada a causa
de esta relación. Angustiada, terminó ahogando a su hijo (en otras versiones son dos o tres)
en un río una vez que nació. Se dice que el niño se llamaba Juan de la Cruz. Por este crimen
la mujer fue condenada a repetir hasta el fin de los tiempos su grito «¡Ay, mi hijo!», que en
ocasiones se transforma en «¡Ay! ¡Dónde está mi hijo! ¡Juan de la Cruz!».
Según la tradición, la Llorona pasea por las calles solitarias y frecuenta los lugares donde
hay agua, como piletas, ríos, fuentes o tanques. Sus lastimeros gritos asustan al más valiente
y paralizan al pavoroso. Muchos dicen haberla visto y escuchado. Se cuenta que, cuando se
la escucha cerca, en realidad está muy lejos, y viceversa. Se dice que no puede ganarse a una
persona (es decir, quitarle la vida) si esta usa la ropa interior al revés. Se les presenta a los
hombres mujeriegos como una mujer para engañarlos. Se dice que quien le habla pierde la vida y que un hombre acechado por la
Llorona se salva únicamente si una mujer le toma la mano, pues el espectro ataca únicamente a hombres solitarios. También se cuenta
que, si uno escucha el grito, debe tratar de moverse y no quedarse congelado por el pavor. La persona tiene que huir antes de escuchar
el tercer grito o la Llorona se la ganará. Para evitar encontrarse con ella o ahuyentarla, la persona hará bien en rezar al santo de su
devoción o repetir las oraciones tradicionales católicas.
Unos imaginan a la Llorona como una mujer vestida de luto riguroso, mientras que otros la ven ataviada de blanco. También se dice
que el pelo suele taparle la cara y que esta es como la de un caballo (rasgo que comparte con la Siguanaba). Otro aspecto propio del
espectro, según otras leyendas guatemaltecas, es que su grito viene acompañado de un viento frío que hiela la sangre. También se
cuenta que si alguien ve a la Llorona a los ojos pierde la vida.
CUENTOS
UN PAYASO EN APUROS
Había una vez un payaso muy gracioso que vivía en la gran carpa del
Circo Círculis. Un circo lleno de ilusión y alegría que Sonri, el payaso,
lograba alegrar constantemente, con canciones, música, acrobacias de los
malabaristas, y como no, sus propios números, en los que la risa salía por
las lonas del circo y llegaba a todas las casas de los niños que no habían
podido ir a verlo.
Un día muy lluvioso, Sonri apenas tenía público que le hiciese actuar con
tanta ilusión como otras veces, y se le ocurrió cambiar la actuación y hacer
que se convertía en un mono. De esa manera, se aseguraba las risas de los
niños, y él no se cansaba tanto para los demás días de circo que no iba a
llover.
Cual fue su sorpresa cuando al ponerse unas orejas de cartón marrón y
enormes en la cabeza, pincharse un rabo largo con una chincheta en la
espalda, e imitar el sonido de los monos, ningún niño de los pocos que había, se rió.
Sonri pensó: - “Tendré que cambiar de estrategia, ahora me convertiré en pingüino”. – Y así lo hizo.
Con la improvisación del pingüino obtuvo el mismo resultado que con el mono, así que Sonri se vino abajo, y sintió que tenía un
auténtico problema. Se echó a llorar con la cara entre las manos, y de repente:
- “¡Ja, ja, ja, ja!”.
Los niños estaban riéndose porque un payaso estaba llorando, ¡inaudito!.
La función acababa de empezar y la lluvia había cesado, y Sonri vio como de pronto empezaron a llegar niños de la calle, que
comentaban que al oír la risa tan contagiosa de los que estaban dentro, pensaron que no se lo podían perder, ¡por mucho que lloviera!.
Así fue como el circo se llenó de niños y de risas, y Sonri el payaso, se dio cuenta de que los niños son tan agradecidos, que para que
él no llorase, ellos se reían más que nunca.
Nunca jamás Sonri el payaso se vio en apuros, y siempre tuvo éxito en todas sus funciones, ya que expresaba sus propias emociones,
sin improvisar ninguna.
FIN
El Pirata malvado
Había una vez un barco con un pirata malvado y su tripulación. Una isla con un mapa escondido y un
enorme cofre lleno de riqueza enterrado. Y el pirata más malvado que los demás quería el mapa y
luego el cofre con su llave.
Un día los piratas fueron a buscar comida a la isla y cortaron una palmera llena de cocos y de repente
cayó el mapa.
Luego fueron al barco y le dijeron al capitán cruel y malvado: ha caído el mapa y responde el capitán:
¿cómo que ha caído? responden: de una palmera, y luego el capitán dice: da igual, ja ja ja ja es nuestro.
Fueron a la isla y desenterraron el cofre y fueron los piratas más ricos del mundo pirata. Fin.
FABULAS
El león y el ratón.
El orgulloso león cayó en una trampa y quedó atrapado bajo la red del cazador. Un pequeño ratón prometió ayudarle, pero el león se
burló del pequeño tamaño del ratón. Con paciencia y habilidad, ratón liberó al león mordiendo las cuerdas hasta romperlas, y
demostrando a su amigo que todos somos importantes.
Moraleja: No desprecies a los demás porque sus habilidades pueden sorprenderte
La zorra y las uvas.
Una zorra iba caminando por el bosque cuando encontró un árbol cargado de uvas. Saltó y saltó para intentar cogerlas, pero por mucho
que se esforzó no consiguió su objetivo. Al acercarse un pájaro le dijo con desdén que el motivo de que no se comiera las uvas era que
estaban verdes, yno que no fuera capaz de alcanzarlas.
Moraleja: La sinceridad debe empezar siempre por uno mismo.
POESÍAS
“Las seis cuerdas”, de Federico García Lorca
La guitarra
hace llorar a los sueños.
El sollozo de las almas
perdidas
se escapa por su boca
redonda.
Y como la tarántula,
teje una gran estrella
para cazar suspiros,
que flotan en su negro
aljibe de madera.
“Lo fatal”, de Rubén Darío
Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
y no saber adónde vamos,
¡ni de dónde venimos!…
POEMAS
DE OLA EN OLA
De ola en ola,
de rama en rama,
el viento silba
cada mañana.
De sol a sol,
de luna a luna,
la madre mece,
mece la cuna.
Esté en la playa
o esté en el puerto,
la barca mía
la lleva el viento.
COMO SE DIBUJA A UN NIÑO
Para dibujar un niño
hay que hacerlo con cariño.
Pintarle mucho flequillo,
—que esté comiendo un barquillo—;
muchas pecas en la cara
que se note que es un pillo;
—pillo rima con flequillo
y quiere decir travieso—.
Continuemos el dibujo:
redonda cara de queso.
Como es un niño de moda,
bebe jarabe con soda.
Lleva pantalón vaquero
con un hermoso agujero;
camiseta americana
y una gorrita de pana.
Las botas de futbolista
—porque chutando es artista—.
Se ríe continuamente,
porque es muy inteligente.
Debajo del brazo un cuento
por eso está tan contento.
Para dibujar un niño
hay que hacerlo con cariño.
ODAS
“Oda a la alegría” de Friedrich Schiller (fragmento)
¡Alegría, hermosa chispa de los dioses
hija del Elíseo!
¡Ebrios de ardor penetramos,
diosa celeste, en tu santuario!
Tu hechizo vuelve a unir
lo que el mundo había separado,
todos los hombres se vuelven hermanos
allí donde se posa tu ala suave.
¡Abrazaos, criaturas innumerables!
¡Que ese beso alcance al mundo entero!
¡Hermanos!, sobre la bóveda estrellada
tiene que vivir un Padre amoroso.
“A la Patria”, de Leopoldo Lugones (fragmento)
Patria, digo, y los versos de la oda
como aclamantes brazos paralelos,
te levantan ilustre, única y toda
en unanimidad de almas y cielos.
Visten en pompa de cerúleos paños
su manto de Andes tus espaldas nobles,
y sobre ellas encumbran tus cien años
su fresca fuerza de leales robles.
Corcel azul de la eterna aventura,
sobre la playa que se ablanda en seno,
con su crin derramada en suave holgura
se alarga el mar como a pedirte freno.
OBRA DE TEATRO
Una noche en la granja. Teatro infantil para ser más autónomo
En esta obra de teatro los profesores de un colegio organizan una salida a la granja para que los niños se
diviertan y también aprendan a hacer cosas ellos solos como vestirse, hacer la cama o lavarse los dientes.
- Lugar en el que transcurre la acción: una casa o una escuela.
- Personajes: Almudena en el papel de profesora, Alba, Lucas, Carlota y Andrés. Se puede adaptar para incluir
a cuantos más niños mejor.
Almudena: Chicos, es hora de subir al autobús, decir adiós a los papás. Estaremos de vuelta mañana a la hora
de comer.
Alba: ¡Qué emoción!
Lucas: Yo estoy contento pero también un poco nervioso. Tendremos que hacer las cosas nosotros solos.
Almudena: (Está al lado de los niños) No os preocupéis ya veréis que no es tan difícil.
Los niños y los profes llegan a la granja dispuestos a pasárselo en grande.
Carlota: (Abre su maleta) ¡Voy a ordenar mi ropa!
Andrés: Yo me voy a lavar los dientes y a ponerme las botas para salir al campo.
Alba: Yo ya casi estoy, solo me queda atarme los cordones de los zapatos pero no se hacerlo bien, ¡siempre se
me desatan!
Lucas: No pasa nada, yo te ayudo.
Almudena: Lo veis chicos, ¿a qué no es tan complicado hacer estas cosas? Además, siempre podéis pedir
ayuda como acaba de hacer Alba.
Carlota: Tienes razón, lo que pasa es que hay veces que pensamos que no lo podemos hacer bien y al final nos
ponemos nerviosos.
Andrés: A mi también me pasa, sobre todo cuando me tengo que poner el pijama y estoy súper cansado.
Almudena: Os entiendo, a mi de pequeña me sucedía lo mismo, por eso una salida a la granja ayuda mucho, es
divertido y tenéis la oportunidad de hacer cosas como los mayores.
Los amigos se van a hacer las actividades en la granja. Salen de escena.
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