El Imperio Incaico
INTRODUCCION
Inca (del quechua, inka, ‘rey’ o ‘príncipe’), nombre genérico de los gobernantes cuzqueños, con
equivalencia a soberano, quienes establecieron un vasto imperio en los Andes en el siglo XV, muy poco antes de la
conquista del Nuevo Mundo por los españoles. El nombre también se aplica por extensión, a todos los súbditos del
Imperio incaico o Incanato. Inca es, arqueológicamente, el nombre de una cultura y un periodo prehispánico.
Imperio Inca (principios del XVI)
Los incas crearon uno de los más grandes y florecientes imperios americanos a
mediados del siglo XV. Sus dominios, que se extendían por la costa occidental
de Sudamérica, abarcaban más de 4.000 km. La ciudad de Cuzco, que se halla
en el sur de Perú, fue la capital de este Imperio.
HISTORIA
Los incas no eran un grupo étnico natural del Cuzco, región que
después será su área central, se trataba de una población que emigró
hacia el año 1100 d.C., probablemente desde el Altiplano, hacia el valle
de Cusco o Cuzco, donde durante casi trescientos años llevaron a cabo
incursiones y alianzas con los pueblos de la zona. Con el paso del tiempo
se convirtieron en un grupo muy poderoso e importante, sin embargo
permanecieron en la región hasta la invasión chanca y el gobierno de
Pachacutec Inca Yupanqui, cuando empezaron a expandirse por otras
regiones.
El imperio fue fundado alrededor del año 1200 y llegó a su apogeo bajo el gobierno de Huayna Capac (1493
– 1572), a quien sucedieron sus hijos Huáscar y Atahualpa. Atahualpa salió victorioso en la guerra civil que siguió
luego, pero el imperio fue conquistado en 1533 por las fuerzas españolas encabezadas por Francisco Pizarro.
Los incas eran hábiles en ingeniería y agricultura y sus actividades en estos campos llegaban a la
construcción de caminos, puentes, trabajos de desecación o irrigación y uso de fertilizantes. Habían alcanzado
también gran desarrollo en las artes y artesanía, entre otras las textiles, metalúrgicas y cerámica.
Un linaje de Incas del Perú, de origen quechua, hacia los comienzos del siglo XIII, fundó la ciudad de
Cuzco y estableció su dominación sobre las regiones circundantes. El fundador de esta dinastía fue, según la
tradición, Manco Capac, a quien sucedieron Sinchi Roca, que organizó el ejército; Lloque Yupanqui, que conquistó
los territorios del lago Titicaca; Mayto Capac, llegó hasta Arequipa; Capac
Yupanqui, que pasó el Apurimac y avistó la costa. A mediados del siglo XV, esta
familia había conseguido una amplia dominación, representada por los incas
Pachacuti Yupanqui (1438-1471), y Tupac Yupanqui que llegó por el sur hasta Chile
y por el norte hasta Quito. En el momento de su muerte, llegaron al Perú los
españoles, cuando se debatía la sucesión entre sus hijos Huáscar y Atahualpa. Los
incas alcanzaron un elevado nivel de cultura, realizaron magníficas construcciones y
dieron a sus dominios una legislación.
Atahualpa
El último soberano inca, Atahualpa, fue ejecutado por los conquistadores españoles, en
1533, por considerar que conspiraba contra Francisco Pizarro.
CULTURA
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Los incas fueron gobernantes que recopilaron y dieron gran extensión a una serie de costumbres que
ancestralmente existían en los Andes. Su valor no se halla tanto en su capacidad creativa, sino en su habilidad para
difundir, ordenar y administrar el sistema andino en un amplio territorio. La base de la cultura y la organización
andina se encuentra en el parentesco, es decir, en el ayllu, un conjunto de personas que se consideran parientes pues
creían descender de un antepasado común. Éstos están a su vez unidos por vínculos de reciprocidad, es decir, están
comprometidos a ayudarse mutuamente en las labores cotidianas; a este tipo de trabajo se le conoce con el nombre
de ayni. También tienen la obligación de trabajar juntos para el beneficio de todo el ayllu: este trabajo se conoce
como minca. Los miembros de un ayllu responden a la autoridad de sus curacas (caciques), que son los encargados
de regular las relaciones sociales, de ejecutar las fiestas, de almacenar recursos, repartir las tierras entre su gente y
disponer de la mano de obra. La economía inca no conoció ni la moneda, ni el mercado, por lo tanto los
intercambios y la fuerza laboral se obtenían a través de lazos de parentesco o por reciprocidad. Entre parientes
existía un intercambio de energía constante, pero también se daba trabajo para la autoridad, conocido como mita. El
inca pedía como tributo exclusivamente mano de obra, que era enviada a trabajar sus tierras, a hacer cerámica, a
construir andenes o grandes obras arquitectónicas. A cambio, el inca devolvía estos servicios organizando rituales,
manteniendo los caminos, repartiendo bienes en caso de necesidad o en fiestas; esta relación por la cual el inca
devolvía el trabajo del ayllu se conoce como redistribución.
En el cenit de su poderío, los incas habían desarrollado un sistema político y administrativo no superado por
ningún otro pueblo nativo de América. El Imperio incaico era una teocracia basada en la agricultura y en el sistema
de ayllus, o grupos de parentesco, dominada por el inca, que era adorado como un dios viviente. En la organización
política inca llama la atención la existencia de un sistema de poder dual, donde todas las autoridades aparecían
siempre emparejadas: por ejemplo, en el caso del inca, se propone la existencia de dos incas que gobiernan en
simultáneo, un inca hanan (‘arriba’) y un inca hurin (‘abajo’). De igual forma, las autoridades a nivel local eran
también duales: a nivel de los ayllus, las máximas autoridades fueron los
curacas; todo ayllu tenía dos curacas, uno hanan y otro hurin. Por debajo de los
incas, se encontraban las familias de los antiguos incas, las cuales formaban
grupos de parentesco conocidos como panacas (‘familia noble’), quienes se
encargaban de mantener el recuerdo del inca fallecido, de realizar ceremonias
en su nombre y de cuidar de sus bienes y alianzas hechas en vida. Las panacas
tenían gran influencia en la decisión del nombramiento de los sucesores al
cargo de inca. Debajo de este sector se encontraban los jefes de los pueblos
conquistados por los incas, los cuales, en caso de no ser rebeldes, recibían una
educación cuzqueña y una serie de privilegios. El siguiente nivel de autoridad
lo constituían los curacas, jefes de los ayllus. La gente común estaba agrupada
en la categoría de hatun runa, se trataba de campesinos miembros de un ayllu,
éstos tenían la obligación de ir a la mita (trabajo por turnos) para el Estado
inca. Algunos salían temporalmente de esta condición y eran movilizados fuera
de su lugar de origen: a estos se les conoce como mitimaes o mitmaqunas,
población que era movilizada a distintas zonas con diferentes objetivos, como
obtener recursos o poblar regiones. Finalmente, cabe mencionar a los
yanacona, los cuales eran separados definitivamente de su ayllu y pasaban a
depender directamente del inca, para quien desempeñaban una labor
especializada.
Quipu inca
Dado que la compleja organización de su sociedad necesitaba llevar a cabo inventarios de las tropas,
suministros y población, los incas crearon los llamados quipus, los cuales, como el que aparece en esta
fotografía, eran juegos de cintas anudados según un sistema codificado que permitía llevar la
contabilidad de lo registrado.
Administrativamente, todo el territorio estaba dividido en cuatro grandes regiones o suyos (‘parte’), a ello debe su
nombre Tahuantinsuyu (una palabra quechua que significa literalmente ‘Tierra de los Cuatro Cuarteles’ o ‘de las
Cuatro Partes’), que estaba, a su vez, subdividido en cuatro: Antisuyu, Collasuyu, Cuntisuyu y Chinchasuyu.
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Fue el inca un pueblo de agricultores avanzados: para cada zona desarrollaron una estrategia que permitía
obtener el máximo provecho. Utilizaron andenes o terrazas de cultivo para aprovechar las laderas de los cerros,
camellones o waru waru en zonas altas inundables, irrigaciones, etc. Es destacable la existencia de un arado de pie
conocido como chaquitaclla. Los cultivos más importantes fueron la papa (patata) y el maíz, además del ají, la
chirimoya, la papaya, el tomate y el fríjol. Las llamas fueron los animales básicos de transporte; también se
domesticaron las vicuñas y alpacas por su fina lana. Otros animales domesticados fueron guanacos, perros, cobayas
y ocas. Las principales manufacturas incas fueron la cerámica, los tejidos, los ornamentos metálicos y las armas con
bellas ornamentaciones. A pesar de no contar con caballos, ni vehículos de ruedas ni un sistema de escritura, las
autoridades de Cuzco lograron mantenerse en estrecho contacto con todas las partes del Imperio. Una compleja red
de caminos empedrados que conectaban las diversas zonas de las regiones, permitía esta comunicación; mensajeros
entrenados —los chasquis—actuando en relevos, corrían 402 km al día a lo largo de esos caminos. Los registros de
tropas, suministros, datos de población e inventarios generales se llevaban a cabo mediante los quipus, juegos de
cintas de diferentes colores anudados según un sistema codificado, que les permitía llevar la contabilidad. Botes
construidos con madera de balsa constituían un modo de transporte veloz a través de ríos y arroyos.
Entre las expresiones artísticas más impresionantes de la civilización inca se hallan los templos, los
palacios, las obras públicas y las fortalezas estratégicamente emplazadas, como Machu Picchu. Enormes edificios
de mampostería encajada cuidadosamente sin argamasa, como el
Templo del Sol en Cuzco, fueron edificados con un mínimo de
equipamiento de ingeniería. Otros logros destacables incluyen la
construcción de puentes colgantes a base de sogas (algunos de casi
cien metros de longitud), de canales para regadío y de acueductos.
El bronce se usó ampliamente para herramientas y ornamentos.
Machu Picchu (Perú)
Las ruinas de Machu Picchu, próximas a Cuzco, son los restos de una
antigua ciudad del Imperio inca. Esta civilización, asentada en el sur de
Perú, se originó en el siglo XV y fue destruida por los conquistadores
españoles en el siglo XVI. Los incas poseían grandes conocimientos sobre
arquitectura, construcción de carreteras y astronomía.
La religión tuvo un carácter de gran formalidad. El dios supremo de
los incas era Viracocha, creador y señor de todas las cosas vivientes. Otras grandes deidades fueron los dioses de la
creación y de la vida, Pachacamac, del Sol, Inti (padre de los incas), y las diosas de la Luna, Mamaquilla, de la
Tierra, Pachamama, y del rayo y la lluvia, Illapa. Las ceremonias y rituales incas eran numerosos y frecuentemente
complejos y estaban básicamente relacionados con cuestiones agrícolas y de salud, en particular con el cultivo y la
recolección de la cosecha y con la curación de diversas enfermedades. En las ceremonias más importantes se
sacrificaban animales vivos y raramente se exigía la realización de sacrificios humanos como ofrenda a los dioses.
Los incas produjeron un rico corpus de folclore y música, del cual sólo perviven algunos fragmentos.
MITOLOGÍA INCA
Conjunto de creencias, normalmente de base animista, propio de los pueblos de origen quechua y aymara
que constituyeron el imperio inca, cuya capital era la ciudad de Cuzco.
Los Dioses;
El dios creador, con rasgos de héroe cultural, es Viracocha, calificado como Anciano hombre de los cielos o
Señor maestro del universo. Por haber creado la tierra, los animales y los seres humanos, y ser el poseedor de todas
las cosas, los incas lo adoraban. Creó a los hombres, los destruyó y volvió a crearlos a partir de la piedra. Después
los dispersó en cuatro direcciones. Como héroe cultural, enseñó a los seres humanos varias técnicas y oficios.
Emprendió muchos viajes hasta que llegó a Manta (Ecuador), desde donde surcó el océano Pacífico: según algunos,
en una embarcación hecha con su capa; según otros, caminando sobre el agua.
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Inti, el dios Sol, era la divinidad protectora de la casa real. Su calor beneficiaba a la tierra andina y hacía madurar
las plantas. Se representaba con un rostro humano sobre un disco radiante.
Cada soberano inca veía en Inti a su divino antepasado. La Gran Fiesta del Sol, el Inti Raymi, se celebraba
en el solsticio de invierno. Para dar la bienvenida al Sol, le ofrecían una hoguera, en la que quemaban a la víctima
del sacrificio, junto con coca y maíz. Culminada la celebración, exclamaban: “¡Oh, Creador, Sol y Trueno, sed
jóvenes siempre! ¡Multiplicad los pueblos! ¡Dejad que vivan en paz!”. La mujer de Inti se llamaba Mamaquilla, la
Madre Luna, y era la encargada de regular los ciclos menstruales de la mujer. El dios dador de lluvia, Illapa, era una
divinidad agrícola. En época de sequía se hacían peregrinaciones a los templos consagrados a Illapa, construidos en
zonas altas. Si la sequía era muy persistente, llegaban a ofrecerle sacrificios humanos. Los incas creían que la
sombra de Illapa se encontraba en la Vía Láctea, desde donde arrojaba el agua que caería en la tierra en forma de
lluvia.
Otros dioses importantes son Pachamama, la Madre Tierra, el mundo de las cosas visibles, Señora de las montañas,
las rocas y las llanuras, y Pachacamac, dios del fuego y del cielo, el espíritu que alienta el crecimiento de todas las
cosas, espíritu padre de los cereales, animales, pájaros y seres humanos.
Tiempo Y Calendario;
Entre los incas, el tiempo se medía según las fases en el curso natural de la Luna. El año, de trescientos
sesenta días, estaba dividido en doce lunas de treinta días cada una. Los cuatro hitos del recorrido del Sol, que
coincidían con los festivales más importantes consagrados al dios Inti, se indicaban por medio del intihuatana, una
gran roca, coronada por un cono que hacía sombra en unas muescas de la piedra. En Cuzco los solsticios se medían
con pilares llamados pachacta unanchac o indicadores de tiempo. La organización mítico-religiosa determinaba la
sucesión en el calendario a través de las doce lunas, correspondientes a festividades y actividades cotidianas:
• Capac Raimi Quilla (Luna de la Gran Fiesta del Sol), equivalente a diciembre, mes de descanso;
• Huchuy Pucuy Quilla (Pequeña Luna Creciente), enero, tiempo de ver el maíz en crecimiento;
• Hatun Pucuy Quilla (Gran Luna Creciente), febrero, tiempo de vestir taparrabos;
• Pacha Pucuy Quilla (Luna de la Flor Creciente), marzo, mes de maduración de la tierra;
• Ayrihua Quilla (Luna de las Espigas Gemelas), abril, mes de cosecha y descanso;
• Aymoray Quilla (Luna de la Cosecha), mayo, el maíz se seca para ser almacenado;
• Haucai Cusqui Quilla (Luna de la Preparación), junio, cosecha de patata y descanso, roturación del suelo;
• Chacra Conaqui Quilla (Luna del Riego), julio, mes de redistribución de tierras;
• Chacra Yapuy Quilla (Luna de la Siembra), agosto, mes de sembrar las tierras en medio de cantos de triunfo;
• Coia Raymi Quilla (Luna de la Fiesta de la Luna), septiembre, mes de plantar;
• Uma Raymi Quilla (Luna de la Fiesta de la Provincia de Uma), octubre, tiempo de espantar a los pájaros de los
campos cultivados;
• Ayamarca Raymi Quilla (Luna de la Fiesta de la Provincia de Ayamarca), noviembre, tiempo de regar los
campos.
ARTE Y ARQUITECTURA INCAS
Arte y arquitectura incas, supuso el momento culminante de un largo proceso social y político que se había
iniciado varios milenios antes. Más que un conjunto de formas innovadoras, sus manifestaciones artísticas
supusieron una continuidad con las tradiciones anteriores, siendo las más elaboradas los textiles, la orfebrería, el
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trabajo en piedra y la cerámica. A partir de una experiencia local modesta, los incas desarrollaron un arte sencillo al
que fueron incorporando las técnicas y la habilidad de los pueblos conquistados. Respondiendo a las necesidades
derivadas de un Estado tan complejo como el inca, sus manifestaciones artísticas se convirtieron en un arma
propagandística de una gran importancia.
Arquitectura;
Al margen de las obras agrícolas, los incas desplegaron una intensa actividad constructiva que perseguía
objetivos políticos, de conquista y de unificación.
Características
La arquitectura inca fue fundamentalmente lítica, pero con su pragmatismo se adaptaron en la costa a las
formas tradicionales de la construcción con adobe. Los paramentos de piedra se diferencian según la finalidad de la
construcción y el tipo de material empleado. Por ejemplo, los muros de corrales y de habitaciones campesinas se
realizaban con piedra sin trabajar, superpuestas y ajustadas con piedrecillas; es la pirca. Se cubrían con techos a dos
aguas de ichu, la hierba dura de la puna, sostenido por un armazón de palos.
Para la gran arquitectura se utilizaban piedras seleccionadas y bien talladas. Para fortalezas se prefería el aparejo
poligonal, trabajando cada piedra de forma individual para que sus ángulos encajasen perfectamente con los de sus
vecinas. En las bases de estos muros aparecen verdaderas piedras ciclópeas, de varias toneladas de peso, cuyo
ejemplo más conocido es la fortaleza del Sacsahuamán.
Los palacios y edificios religiosos se hacían con piedras regulares, colocadas en perfectas hiladas
horizontales que presentan siempre un aspecto completamente liso al exterior. En los muros curvos el ajuste y la
colocación de las piedras seguía siendo perfecto, sin haber el menor resquicio entre las mismas. El acabado final se
conseguía por frotamiento de arena humedecida. Un tipo de aparejo muy característico es el de piedras
almohadilladas, utilizado tanto para andenerías de cultivo como para edificios, que bajo la dura luz del altiplano
produce un interesante efecto visual.
Los edificios incaicos tienen además otra serie de características peculiares que le confieren un estilo
inconfundible. Los muros se hacían siempre con un ligero talud, que proporciona un cierto aspecto macizo. Los
vanos tienen forma trapezoidal y en el interior de las habitaciones aparecen nichos u hornacinas de la misma forma.
A pesar de la magnificencia de los muros líticos, los tejados se techaban con madera, hasta el templo mayor del
Cuzco se cubrió así.
Urbanismo
El urbanismo inca encuentra su mejor ejemplo en su capital: el Cuzco. Fue remodelada por Pachacutec Inca
Yupanqui a mediados del siglo XV. La ciudad se estructura sobre la base de dos diagonales que se cruzan en la
plaza central formando así cuatro barrios. Del centro de la ciudad partían las rutas que conducían a las cuatro
regiones del Imperio. En el norte dominaba la fortaleza del Sacsahuamán, donde residía el centro político-militar del
Estado y cuyo plano se ha identificado con la cabeza de un puma o de un halcón con las plumas erizadas, mientras
que el resto de la ciudad sería el cuerpo del animal. La asociación del felino con el halcón se remonta a tiempos
formativos y responde a una interpretación simbólica del espacio.
El otro gran ejemplo fue la ciudad de Machu Picchu, quizá la que ha generado más literatura. Se adhiere a una
escarpada cima montañosa bajo la protección de un elevado pico, el Huayna Picchu. Se encuentra situada en una
curva del río Urubamba, rodeada de precipicios que caen verticalmente. Terrazas, palacios, recintos sagrados,
habitaciones, forman un impresionante conjunto que, a pesar de haber sido sometido a una feroz reconstrucción
turística, sigue conservando un aspecto imponente y majestuoso.
Como ejemplo impresionante en el que el urbanismo se conjuga con un imponente escenario natural es el de
las andenerías de Pisac. Situada en una escarpadura rocosa
perpendicular al valle del río Vilcanota, forma un gigantesco conjunto
de terrazas colgantes a gran altura, junto con palacios, fortificaciones,
reservorios de agua y templos.
Los palacios cuzqueños son innumerables y constituyen, hoy día, los
cimientos de la ciudad colonial. Destaca también en ellos la
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perfección y sobriedad de su construcción, reduciéndose los elementos decorativos a los típicos nichos y a algunas
decoraciones en relieve de pumas y serpientes.
Pisac
En el departamento peruano de Cuzco, en el este de la cordillera Vilcabamba, se encuentran las ruinas de la antigua ciudad-
fortaleza inca de Pisac, parte de las cuales aparecen en esta imagen.
Arquitectura civil
La arquitectura civil gira en torno a las exigencias del Imperio. Encontramos caminos y calzadas para la
rapidez de las comunicaciones y la movilidad de las tropas. Depósitos y almacenes desde donde se distribuía todo lo
necesario para el correcto desenvolvimiento de la vida cotidiana.
Arquitectura religiosa
La arquitectura religiosa está representada por la huaca del Sol o Coricancha. Su recinto sagrado estaba
delimitado por un muro con una especie de proa curvilínea. Encerraba una roca sagrada, el usnu, llamado por
algunas fuentes el intihuatana, el lugar del Sol. Se le han atribuido funciones astronómicas, pero parece más bien
que poseía carácter mágico-religioso por el que, a través del sacrificio, se ponía en relación la divinidad solar con
los seres humanos. Todavía subsisten parte de los edificios originales, entre los que destacan cuatro construcciones
rectangulares, colocadas dos a dos, siguiendo un perfecto eje de simetría y que, según los cronistas españoles del
siglo XVI, estuvieron recubiertas de placas de oro y pedrería. El Coricancha era también el mausoleo de los
soberanos incas y allí se guardaban las momias a las que su linaje rendía culto. Parece que en el exterior hubo un
jardín artificial de oro en el que, según las descripciones españolas, los terrenos eran de oro fino, así como las
mazorcas de maíz, el ganado e incluso los pastores que lo guardaban. En la actualidad el antiguo Coricancha se ha
convertido en la iglesia de Santo Domingo.
Arquitectura militar
La arquitectura militar está representada por el Sacsahuamán. Esta antigua fortaleza estuvo formada por una
serie de edificaciones de las que no quedan más que los cimientos, pero de la que todavía permanecen tres enormes
murallas que, de forma escalonada y siguiendo tres niveles, se enlazan armoniosamente formando una imponente
obra de defensa. Sus edificios revelan todo tipo de funciones, desde palaciegas hasta defensivas, pasando por las de
almacenamiento. Debió ser un centro de poder desde el que el Inca, rodeado de una esplendorosa majestad, impartía
órdenes a todos los confines del Imperio. Constituía el símbolo más importante del poder militar de los incas siendo,
a demás, un lugar muy idóneo para refugiarse en caso de rebelión o invasión.
Tejidos
Conocieron un desarrollo espectacular. En primer lugar se daba a las fibras (lana y algodón) un tinte con
colorantes naturales, para a continuación ser hiladas con la ayuda de ruecas y después tejidas en diversos tipos de
telares rudimentarios. El más corriente, todavía se sigue utilizando en los Andes, consistía en dos lienzos colocados
sobre un plano horizontal, uno fijado a un árbol o a un
poste y el otro atado a una correa que el tejedor pasaba
alrededor de los riñones. Las técnicas conocidas eran
muy variadas, pero para producir tejidos destinados a
fines ceremoniales se utilizaba el brocado, el bordado
y la tapicería, siendo las piezas salidas de los talleres
de Paracas las más apreciadas. Estas magníficas telas
podían alcanzar hasta 20 metros de longitud y estaban
decoradas con una perfecta maestría y buen gusto con
motivos zoomorfos policromos, marcando, sin duda,
uno de los más brillantes momentos del arte universal
del tejido. Además de estas piezas, de clara inspiración
foránea, los incas dieron paso a un variado universo
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propio con vistosos diseños geométricos de gran colorido. Dividen el espacio en franjas y cuadrados donde
expresan un complejo mundo de símbolos presidido por la disposición geométrica. Durante este periodo la
producción textil adquirió un carácter masivo siendo los templos del Sol los lugares destinados al abastecimiento
del Inca y su corte.
Metalistería
“La tradición orfebre, muy antigua en la costa peruana, ocupó un capítulo muy importante dentro de su
ajuar”.
Los objetos de metal constituyen, sin duda, la realización más llamativa de todas cuantas llevaron a cabo los
incas. La tradición orfebre, muy antigua en la costa peruana, ocupó un capítulo muy importante dentro de su ajuar.
Trabajaron el cobre, el bronce, la plata y el oro, siendo el repujado y calado de láminas el procedimiento más
utilizado. Las decoraciones son eminentemente geométricas, aunque los motivos antropomorfos y zoomorfos,
representados frontalmente conforme a los principios de hieratismo y simetría axial, son bastante frecuentes. Los
alfileres y prendedores para sujetar las prendas de vestir, tupu en lengua quechua, fueron elementos muy corrientes
aunque de tipología poco variada. El remate solía ser una lámina muy desarrollada, de forma variable, que en el
caso poco habitual de ir decorada, presentaba motivos geométricos muy simples dispuestos en bandas o cenefas. El
alfiler de cabeza laminar o circular fue el modelo cuzqueño que alcanzó más difusión y popularidad, pudiéndolo
encontrar tanto en Cuzco como en los últimos confines del Imperio.
Otras culturas del periodo intermedio tardío (Chancay, chimú, ica-chincha) desarrollaron un arte figurativo
muy rico a base de prendedores rematados por figuras humanas o zoomorfas. Colgantes, collares, aretes, anillos,
brazaletes y pulseras son otros tantos objetos fabricados según las técnicas descritas. Los vistosos y ricos tocados
que adornaban las cabezas de reyes y nobles (donde confluían materiales como el tejido, la plumería y los metales
preciosos) son otros tantos ejemplos de la riquísima orfebrería inca. Encontramos también objetos rituales,
utilizados como amuletos u ofrendas, que representan animales y figuras humanas, de bulto redondo, entre los que
merece la pena destacar las figuras antropomorfas desnudas con una estilización y geometrización muy señalada, y
los estereotipos más comunes de llamas y vicuñas. Los objetos de metal se encontraban a menudo incrustados de
piedras preciosas o semipreciosas. A veces se coloreaban con un ácido natural que bruñía el cobre haciendo salir, de
este modo, el brillo del oro o la plata con que estaba aleado. La producción se orientó hacia fines ornamentales. El
Inca, la corte y los dignatarios del Estado iban ataviados con pectorales, brazaletes y collares, que ponían de
manifiesto su inmenso poder.
Cerámica
La ausencia del torno hacía que el alfarero tuviera que modelar la vasija a mano, y la pasta, presentada
generalmente en forma de rulos alargados, se enroscaba sobre sí misma para construir las paredes de la pieza.
Además de esta antigua técnica andina, la utilización del molde permitió la fabricación en serie, de tal forma que la
producción se incrementó notablemente. Debemos distinguir entre el menaje doméstico y la vajilla de uso ritual.
Mientras que en el primer caso las formas y tamaños derivaban de las necesidades cotidianas, en el segundo, su
desarrollo estuvo directamente condicionado por el mundo de las creencias.
Estilísticamente encontramos la cerámica tipo killke, con una cronología que va del 1200 al 1450 d.C., y la
cerámica policroma tipo Cuzco desde 1450 hasta la colonia. Las primeras aparecen decoradas con motivos
geométricos muy sencillos en tonos rojos y negros mientras las segundas, decoradas de igual forma, denotan una
elaboración técnica más cuidada. No sólo se plasmaba sobre sus paredes una rica iconografía, sino que las piezas
mismas eran colocadas como ofrendas en las sepulturas.
Los alfareros incas no inventaron ninguna técnica que fuera
desconocida en épocas anteriores y su cerámica se caracterizó,
fundamentalmente por formas equilibradas, un pulimento notable y la
preponderancia de los motivos geométricos. Los tipos más característicos y
propios fueron el aríbalo, una vasija globular de base cónica, cuello
cilíndrico de borde evertido con un apéndice zoomorfo en la base del cuello
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y dos asas en forma de lazo; el kero, un vaso de uso ceremonial utilizado por el Inca y la nobleza; y una gran
variedad de cuencos y platos de muy diversas formas y decoraciones.
Los keros y pajchas merecen una mención especial. Realizados a
partir de maderas muy duras como la chonta y utilizados para libaciones rituales a la tierra, se ornamentaban
mediante incisiones o decoración labrada sobre las que luego se aplicaban pastas resinosas coloreadas. Los temas
solían ser escenas figurativas dispuestas en franjas o frisos horizontales que proporcionan una riquísima
información sobre la vida incaica, tanto en época prehispánica como en tiempos de la conquista española
I d.C. se (encontramos escenas cortesanas, de guerra y rituales). Estas tipologías siguieron vigentes durante la época colonial,
ca, una de aunque incorporando en sus composiciones numerosos elementos ornamentales de raíz hispana y mayores dosis de
el periodo
dinamismo y profusión decorativa.
rámica se
omía y la
manas de
Escultura
Los trabajos realizados en piedra constituyen el otro gran conjunto de realizaciones incaicas que merece la
pena destacar. Suele limitarse a representaciones zoomorfas de auquénidos (llamas, vicuñas y alpacas) y fitomorfas
(mazorcas de maíz), que son conocidas como conopas, y a numerosos cuencos y recipientes llamados popularmente
morteros.
Entroncados en las tradiciones artísticas andinas, los incas supieron imprimir un carácter propio y original a
sus obras que se basó en una simplificación de las formas por medio de volúmenes geométricos sencillos y una
esquematización de los motivos decorativos muy próxima a una concepción estética geometrizante y cubista. El arte
inca se caracterizó por la sobriedad, la geometría y la síntesis, tendiendo más a lo práctico y funcional que a lo
formal.
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