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Cuentos Reflexivos para Niños

El cuento trata sobre un niño llamado Víctor que enfrenta al matón de la escuela, Ramón, demostrando valentía al defender a los demás a pesar de recibir golpizas. Gracias a su actitud, Víctor gana admiración y amigos, disminuyendo el miedo que causaba Ramón. Al final, el padre de Víctor evita que el padre de Ramón también lo golpee.
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Cuentos Reflexivos para Niños

El cuento trata sobre un niño llamado Víctor que enfrenta al matón de la escuela, Ramón, demostrando valentía al defender a los demás a pesar de recibir golpizas. Gracias a su actitud, Víctor gana admiración y amigos, disminuyendo el miedo que causaba Ramón. Al final, el padre de Víctor evita que el padre de Ramón también lo golpee.
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EL TEJÓN

Tejona iba siempre detrás de Tejón. Si Tejón quería agua, ella iba al río a beber aunque no
tuviera sed. Si Tejón quería comer, ella comía aunque no tuviera hambre. Si Tejón quería
pasear, ella lo acompañaba aunque estuviera muy cansada. Pero cuando Tejón dormía,
aunque ella tuviera sueño limpiaba la madriguera para que estuviera todo dispuesto al día
siguiente, como a él le gustaba.

Su amiga Osa le dijo un día:

- Tejona, está bien querer a alguien, pero no de esa manera.

- ¡No te metas en mi vida! Tejón me quiere. Yo también, y soy feliz a su lado - le respondió
enojada a Osa.

Otro día Tejón empujó de muy malos modos a Tejona, que se golpeó con el tronco de un
árbol hiriéndose en una pata. Ella, callada, agachó las orejas, dolorida, y se fue llorando.
Puerco Espín lo presenció todo desde el río.

- ¿Por qué dejas que te trate así? ¡Tejón no te respeta! - le dijo cuando la vio al día siguiente.

- ¡¿Por qué te me metes en mi vida?! ¡Todo el mundo tiene enfados! - le dijo dando un
rabotazo.

Una mañana Tejona se metió en lo más profundo de su madriguera y tuvo dos bebés tejones:
fue el día más feliz de su vida. Osa y Puerco Espín fueron a visitarla. Llevaron unas moras,
arándanos, uvas y un poco de miel.

- Te ayudarán a coger fuerzas - le dijeron dejando las viandas a su alcance. Rápidamente entró
Tejón por la puerta.

- ¡Qué suerte! ¡Hum...! - dijo relamiéndose, y sin saludar siquiera, se zampó todo de un bocado.

Osa esperó a que saliera de allí y dijo:

- Tejón solo piensa en él. ¡Es un egoísta! ¿No te das cuenta?


Puerco Espín asintió ante las palabras de Osa. Esta vez Tejona abrazó a sus bebés y bajó la
cabeza avergonzada. Al principio Tejón parecía contento con el nacimiento de los dos
cachorros; pero poco le duró la alegría. Pronto empezó a sentirse molesto con los juegos de
los pequeños y a quejarse de lo ruidosos que eran.

Transcurría el tiempo y Osa y Puerco Espín, que solo podían hablar con su amiga a escondidas
para que Tejón no se enfadara, le dijeron una vez más:

- No te engañes. Si os quisiera cuidaría de ti y de los cachorros. ¿Por qué no te vas de


aquí? ¡No puedes seguir así!

Tejón pasaba mucho tiempo fuera de casa y, cuando volvía, siempre estaba malhumorado,
gritaba y asustaba a los cachorros que se iban a un rincón haciéndose una bola.

- ¿Por qué tenéis que vivir con miedo? ¡Tejón no es bueno con vosotros! - insistían sus
amigos.

- ¡Llévatelos de aquí! ¡Fuera de mi vista! - le ordenó Tejón a Tejona nada más entrar en la
madriguera, a los pocos días.

- ¡Hace mucho frío! - le contestó.

- ¡He dicho que te los lleves! ¡Quiero descansar! - gritó airado dando un fuerte rabotazo
golpeando a los hermanos.

Tejona, muy decidida, hizo una señal a sus hijos para que subieran a su lomo y salió de la
madriguera rápidamente. Sus amigos Osa y Puerco Espín la esperaban en el claro del
bosque. Nunca regresaron a casa con Tejón.

EN EQUIPOS REFLEXIONEN Y CONTESTEN LAS SIGUIENTES PREGUNTAS:

 ¿Crees que el comportamiento de Tejón es el adecuado? ¿Por qué?

 ¿Cómo crees que se siente Tejona?

 Si fueras Tejona, ¿qué habrías hecho?

 ¿Qué has aprendido con el cuento?


Adiós a la ley de la selva: El
ratón
Ratoncito no sabía por qué, pero siempre lo elegían a él. Apenas tenía
amigos, porque como él se sentía pequeño e insignificante prefería
dedicarse a lo suyo para no enfurecer ni decepcionar a nadie. Pero daba
igual, cada vez que llegaba a la selva un nuevo rey, él era el objeto de las
burlas y los golpes. Gritar, correr, morder o insultar tampoco servía de nada,
porque cuanto más lo hacía más disfrutaban sus agresores. Y aunque alguna
vez había pensado en pedir ayuda a los elefantes, tenía miedo de lo que
pudiera pasar.
Cierto día, mientras un gigantesco león estaba divirtiéndose a su costa
agarrándolo por el rabo y girándolo como un ventilador, se soltó y salió
volando por los aires. El ratón rebotó largo rato de árbol en árbol, bajando
por la montaña, hasta quedar suspendido de una rama, ¡precisamente un
par de metros por encima de otros dos leones! Ratoncito quedó
inmóvil, sujetándose con su rabito a la rama con todas sus fuerzas para
evitar ser visto, pues conocía de sobra a uno de los leones. Era el anterior
rey de la selva que, tras perder la lucha con el gigantesco león, había
cambiado su puesto de rey por un montón de heridas y cicatrices.
Lo que escuchó el pobre ratón colgado de aquella rama casi hizo que se
soltara.
- Mira - contaba el antiguo rey- yo llegué a ser el rey después de llenar de miedo
a todos. Tal y como me enseñó mi padre, busqué un animalillo miedoso y solitario,
alguien sin amigos que no se atreviera a buscar ayuda, y lo castigué para mostrar mi
fuerza y mi crueldad. Tuve suerte, porque en esta selva hay un ratoncillo
perfecto para eso, que además llora mucho y se llena de rabia, así que también
era muy divertido fastidiarle…
Tanto lloró Ratoncito en silencio, colgado de su rama, que los leones
pensaron que comenzaba a llover y se marcharon. Pero luego el ratón se
sintió aliviado, pues aquel león cruel había recibido su mismo castigo, y
además ahora ya sabía que no lo elegían a él por mala suerte o por
casualidad. Estaba claro, necesitaba nuevos amigos y aprender a controlar
su miedo.
Como nada de eso se le daba bien, miró qué hacían los demás animales, y aprendió
que nadie hacía amigos dedicado a sus propios asuntos con gesto triste, como solía
hacer Ratoncito, sino mostrándose alegres, preocupándose por los demás y
ayudándoles con sus problemas. Consiguió un aire más alegre tras horas de
ensayo ante un espejo. Y encontró cómo ayudar a los demás tras descubrir que,
aunque no fuera muy rápido ni muy fuerte, su tamaño y su fino oído eran de gran
utilidad para muchos otros animales.
Así pudo por fin, con buenas dosis de esfuerzo y paciencia, hacer su primer
amigo: un simpático mono a quien ayudó a recuperar unos plátanos. Y este, que
tenía muchos y buenos amigos, le ayudó conocer a muchos otros animales y a
sentirse mucho más feliz en la selva.
Desgraciadamente para el pequeño ratón, no tardó en llegar un nuevo rey
que quiso volver a infundir el miedo a costa de Ratoncito. Este se había
entrenado con su amigo el mono para controlar su miedo y sus gritos, pero
aún así estuvo a punto de desmayarse al sentir las garras del tigre
acariciando sus orejitas. Consiguió aguantar sin gritar ni llorar, y también
se mantuvo tranquilo cuando el tigre lo insultó y lo empujó. El tigre se
enfureció, pues no se estaba divirtiendo y se preguntaba por qué le habrían
dicho que ese ratón era ideal para provocar miedo en los demás… ¡ni
siquiera él parecía tenerlo! Además, los amigos del pequeñajo empezaban a
llenar el lugar, y sus caras mostraban más enfado según subía el tono de las
amenazas y provocaciones…
Entonces ocurrió lo impensable: un león recién llegado, viendo el poco apoyo que
tenía el tigre, pensó que podría ganarse la simpatía de aquellos animales
fácilmente, así que intervino para pedirle al tigre que dejara tranquilo a Ratoncito.
Para sorpresa de todos, el tigre le hizo caso, entre otras cosas porque ya se había
convencido de que aquel ratoncillo valiente y alegre no le serviría para infundir el
miedo en el resto de animales. Y aquella fue la última vez que nadie quiso abusar de
Ratoncito, que lo celebró con una gran fiesta llena de amigos a la que no faltó
el león salvador, con quien se mostró muy agradecido y del que terminó siendo un
gran amigo.
Desde entonces, cada vez que Ratoncito ve a algún animalito convertido en
el centro de los ataques y las burlas, corre a ser su amigo y le cuenta su
historia para animarlo a convertirse en alguien valiente y alegre que esté
siempre rodeado de buenos amigos.

EN EQUIPOS REFLEXIONEN Y CONTESTEN LAS SIGUIENTES PREGUNTAS:


¿Qué les pareció el cuento?
¿Qué aspectos están en desacuerdo?
¿Crees que al final el ratoncito hacía lo correcto? ¿por qué?
¿si ustedes hubieran estado en el lugar del Ratoncito, que hubieran hecho?
Un papá muy duro
Ramón era el tipo duro del colegio porque su papá era un tipo duro. Si
alguien se atrevía a desobedecerle, se llevaba una buena.
Hasta que llegó Víctor. Nadie diría que Víctor o su padre tuvieran pinta
de duros: eran delgaduchos y sin músculo. Pero eso dijo Víctor cuando
Ramón fue a asustarle.
- Hola niño nuevo. Que sepas que aquí quien manda soy yo, que soy el
tipo más duro.
- Puede que seas tú quien manda, pero aquí el tipo más duro soy yo.
Así fue como Víctor se ganó su primera paliza. La segunda llegó el día
que Ramón quería robarle el bocadillo a una niña.
- Esta niña es amiga del tipo más duro del colegio, que soy yo, y no te
dará su bocadillo - fue lo último que dijo Víctor antes de empezar a
recibir golpes.
Y la tercera paliza llegó cuando fue él mismo quien no quiso darle el
bocadillo.
- Los tipos duros como mi padre y yo no robamos ¿y tú quieres ser un tipo
duro? - había sido su respuesta.
Víctor seguía llevándose golpes con frecuencia, pero nunca volvía la
cara. Su valentía para defender a aquellos más débiles comenzó a
impresionar al resto de compañeros, y pronto se convirtió en un niño
admirado. Comenzó a ir siempre acompañado por muchos amigos, de
forma que Ramón cada vez tenía menos oportunidades de pegar a Víctor o
a otros niños, y cada vez menos niños tenían miedo de Ramón. Aparecieron
nuevos niños y niñas valientes que copiaban la actitud de Víctor, y el patio
del recreo se convirtió en un lugar mejor.
Un día, a la salida, el gigantesco papá de Ramón le preguntó quién era
Víctor.
- ¿Y este delgaducho es el tipo duro que hace que ya no seas quien
manda en el patio? ¡Eres un inútil! ¡Te voy a dar yo para que te enteres
de lo que es un tipo duro!
No era la primera vez que Ramón iba a recibir una paliza, pero sí la primera
que estaba por allí el papá de Víctor para impedirla.
- Los tipos duros como nosotros no pegamos a los niños, ¿verdad? - dijo el
papá de Víctor, poniéndose en medio. El papá de Ramón pensó en
atizarle, pero observó que aquel hombrecillo delgado estaba muy seguro de
lo que decía, y que varias familias estaban allí para ponerse de su lado.
Además, después de todo, tenía razón, no parecía que pegar a los niños
fuera propio de tipos duros.
Fue entonces cuando el papá de Ramón comprendió por qué Víctor decía
que su padre era un tipo duro: estaba dispuesto a aguantar con valentía todo
lo malo que le pudiera ocurrir por defender lo que era correcto. Él también
quería ser así de duro, de modo que aquel día estuvieron charlando toda la
tarde y se despidieron como amigos, habiendo aprendido que los tipos duros
lo son sobre todo por dentro, porque de ahí surge su fuerza para aguantar
y luchar contra las injusticias.
Y así, gracias a un chico que no parecía muy duro, Ramón y su papá,
y muchos otros, terminaron por llenar el colegio de tipos duros, pero
de los de verdad: esos capaces de aguantar lo que sea para defender
lo que está bien.

EN EQUIPOS REFLEXIONEN Y CONTESTEN LAS SIGUIENTES PREGUNTAS:

Todos admiramos a las personas valientes, pero, para serlo, hay que
estar dispuesto a enfrentar algo que cuesta, duele o da miedo

- ¿Creen que eso se puede hacer de repente, o hará falta entrenarse


para conseguirlo?
- ¿Cómo podrían entrenar para ello?
- ¿Cómo reaccionarían cuando algo sin mucha importancia les duele,
les molesta, o les da miedo?
- ¿Podrían hacer algo para mejorar sus reacciones?
Una paz casi imposible
Gigantes y dragones eran enemigos desde siempre. Pero habían
aprendido mucho. Ya no eran tan tontos de montar guerras con
terribles batallas en las que morían miles de ellos. Ahora lo
arreglaban cada año jugando partidas de bolos. Un gigante
contra un dragón. Quien perdía se convertía en esclavo del
ganador. Si un dragón ganaba tendría un musculoso gigante para
todas las tareas pesadas. Si lo hacía el gigante, tendría vuelos y
fuego gratis para todo un año.
Así habían evitado las muertes, pero cada vez se odiaban más.
Cada año los ganadores eran más crueles con los perdedores, para
vengarse por las veces que habían perdido. Llegó un momento
en que ya no querían ganar su partida de bolos. Lo que
querían era no perderla.
Y el que más miedo tenía era el gigante Yonk, el mejor jugador de
bolos. Nunca había perdido. Muchos dragones habían sido sus
esclavos, y se morían de ganas por verle perder y poder vengarse.
Por eso Yonk tenía tanto miedo de perder. Especialmente desde la
partida del último año, cuando falló la primera tirada de su vida. Y
decidió cambiar algo.
Al año siguiente volvió a ganar. Cuando llegó a su casa con su
dragón esclavo este esperaba el peor de los tratos, pero Yonk le
hizo una propuesta muy diferente.
- Este año no serás mi esclavo. Solo jugaremos a los bolos y te
enseñaré todos mis secretos. Pero debes prometerme una cosa:
cuando ganes tu partida el año que viene, no maltratarás a tu
gigante. Harás lo mismo que estoy haciendo yo contigo.
El dragón aceptó encantado. Yonk cumplió su promesa: pasó el
año sin volar ni calentarse. También cumplió el dragón, y desde
entonces ambos hicieron lo mismo cada año. La idea de Yonk se
extendió tanto que en unos pocos años ya eran muchos los
gigantes y dragones que se pasaban el día jugando a los bolos,
olvidándose de las luchas y los malos tratos, tratándose más como
compañeros de juegos que como enemigos.
Mucho tiempo después Yonk perdió su primera partida. Pero para
entonces ya no tenía miedo de perder, porque había sido él quien,
renunciando a esclavizar a sus dragones, había terminado con su
odio, sembrando la primera semilla de aquella paz casi imposible
entre gigantes y dragones.

EN EQUIPOS REFLEXIONEN Y CONTESTEN LAS SIGUIENTES PREGUNTAS:

¿QUÉ OPINAN SOBRE EL CUENTO?


¿LES HA GUSTADO EL CUENTO? ¿POR QUÉ?
¿CREEN QUE ODIAR A ALGUIEN ES BUENO O MALO? ¿POR QUÉ?
¿ALGUNA VEZ HAN TENIDO MIEDO A PERDER O FALLAR EN ALGO EN SU
VIDA? COMENTEN ENTRE USTEDES COMO EQUIPO
El viaje de las hijas del sultán
Hubo una vez un viejo sultán preocupado porque aún no había decidido a cuál de sus
hijas dejar el trono. Su amigo el visir le aconsejó:
- Ponlas a prueba. La vida es un largo viaje ¿no? Pues llévalas a un lugar remoto y que
cada una viaje hasta aquí por su cuenta. Júzgalas a su vuelta por lo que hayan
aprendido.
- ¿Y si algo les ocurriera?
- No se preocupe, majestad. Dejaré que les guarde y acompañe un animal de su
elección
Ara y Taira, las princesas, fueron llevadas muy lejos, y allí pudieron elegir su animal
protector. Ara eligió un magnífico y poderoso tigre que no desentonaba ni con la
belleza ni con el carácter valiente e impetuoso de la princesa.
- Me encanta ese tigre- dijo Taira- pero yo no lo escogería para un viaje tan largo.
Los tigres son peligrosos y difíciles de controlar.
- No te preocupes, hermanita, yo sabré dominarlo- respondió Ara al emprender el
camino de vuelta.

Taira pasó algún tiempo conociendo a los animales antes de elegir su compañero. Y
aunque los animales bellos y exóticos le parecían maravillosos, se decidió por un perro
de ojos inteligentes, simpático y bonachón, con el que se entendía a las mil maravillas.
El viaje resultó muy extraño. Cada vez que pasaban por algún pueblo o ciudad, Ara y
su tigre levantaban gran admiración y eran acogidos con fiestas y celebraciones,
mientras Taira y su perro pasaban prácticamente desapercibidos. Pero el resto del
tiempo, cuando viajaban alejados de la gente, Taira disfrutaba de todo tipo de juegos
con su perro, mientras que Ara apenas conseguía dominar la ira y la fuerza del tigre, y
vivía angustiada pensando que en cualquier momento el animal pudiera llegar a
atacarla. Y lo hizo varias veces, aunque las heridas nunca llegaron a ser graves.
Cuando Ara y su tigre llegaron al palacio también fueron recibidos entre aclamaciones.
Al poco llegó Taira, y el visir recordó entonces al sultán:
- Ha llegado la hora de decidirse. Preguntadles qué tal fue el viaje y qué han aprendido.
- ¿Qué necesidad hay? - replicó el sultán - Mira a Ara y su magnífico tigre, tienen una
imagen perfecta y todo el mundo los adora.
- Preguntadles de todas formas - insistió el visir- seguro que tienen magníficas historias
que contar.
- Cierto, eso seguro... ¿Queridas hijas? ¿Qué tal vuestro viaje?
Ara apenas tuvo tiempo de responder, porque Taira se lanzó a hablar sin parar. Se le
había hecho tan corto, y lo había pasado tan bien con su perro, que no dejaba de dar
las gracias a su padre por habérselo regalado, y le pidió conservarlo para siempre. Y
mientras Taira contaba sus mil historias, el sultán vio en lo ojos de la bella Ara una
pequeña lágrima de envidia ¡Se le había hecho tan largo! ¡Y todo por haber elegido
aquel tigre brusco y salvaje!
El visir, viendo que el sultán había comprendido, gritó con voz potente:
- Ya no hay necesidad de trucos ¡Al sal halam!
... y una nube mágica devolvió al perro y al tigre su forma humana. Eran dos de los
muchos príncipes que llevaban años cortejando a las hijas del sultán. Las dos
reconocieron enseguida al tigre: era Agra, el más apuesto y poderoso de sus
pretendientes, del que ambas habían estado enamoradas durante años. El perro era
Asalim, un joven del que apenas recordaban nada. Pero tenía los ojos y la sonrisa de
su querido compañero de juegos, y Taira se lanzó a sus brazos y corrió a pedir permiso
a su padre para celebrar la boda.
Agra estiró las manos hacia Ara con un sonrisa: hacían una pareja admirable. Pero en
sus ojos la princesa reconoció la fiereza y agresividad que tantas veces mostró su
compañero de viaje. Y no tuvo ninguna duda: perdería el trono y su amor de juventud,
pero no pasaría toda su vida en compañía de un tigre al que nunca podría controlar.

EN EQUIPOS REFLEXIONEN Y CONETSTEN LAS SIGUIENTES PREGUNTAS:


¿QUÉ LES PARECIÓ EL CUENTO?
¿CÚAL CREEN QUE ES EL MENSAJE EN EL CUENTO?
¿USTEDES QUÉ TIPO DE ANIMAL HUBIERAN ESCOGIDO? MENCIONEN SUS CARACTERÍSTICAS Y
EL POR QUÉ DE SU ELECCIÓN.
LA ROSA Y EL SAPO
Cuenta que esta era una rosa roja y todo el mundo comentaba que no había
flor más bella que esa en el jardín. La rosa se emocionaba cuando la
halagaban. Sin embargo, quería que la vieran más de cerca y no entendía por
qué todos la observaban a distancia.
Un día notó que a sus pies siempre estaba un enorme y oscuro sapo. En
verdad no tenía nada de guapo, con su color opaco y sus feas manchas.
Además, sus ojos eran demasiado saltones y asustaba a cualquiera. La rosa
comprendió que la gente no se acercaba debido a ese animal.
De inmediato, le ordenó al sapo que se marchara. ¿No se daba cuenta de que le daba
mala imagen? El sapo, muy humilde y obediente, aceptó de inmediato. No quería
incomodarla y entonces se marchó lejos.
A los pocos días, la rosa comenzó a deteriorarse. Sus hojas y sus pétalos empezaron a
caerse. Ya nadie quería mirarla. Pasaba una lagartija cerca y vio a la rosa llorando. Le
preguntó qué le pasaba y ella contestó que las hormigas estaban acabando con
ella. Entonces la lagartija dijo lo que la rosa ya sabía: “Era el sapo quien se comía las
hormigas y te mantenía bella ”.

EN EQUIPOS RELFEXIONEN ACERCA DEL CUENTO Y CONTESNTEN LO SIGUIENTE:


¿CREEN QUE LA ROSA SE ARREPINTIÓ DE HABER CORRIDO AL SAPO?
¿QUÉ MENSAJE LES DEJA EL CUENTO ANTERIOR?
¿CREEN QUE EL FÍSICO ES IMPORTANTE? Y ¿POR QUÉ?
¿QUÉ LES PARECIÓ EL CUENTO CORTO?
EL LEÓN TEMEROSO
Comienza en una hermosa sabana africana, en donde un león se había
perdido de su grupo. Llevaba ya 20 días caminando de un lado para otro y
no encontraba a los suyos. Tenía hambre y sed, pero también mucho miedo al
verse solo.
Por fin divisó un estanque de agua fresca. Inmediatamente corrió hacia él con todas
sus fuerzas. Estaba muerto de sed y necesitaba a toda costa tomar un poco
del líquido vital. Sin embargo, al llegar a la orilla vio sobre las aguas la
imagen de un león sediento. Entonces se retiró. “El estanque ya tiene dueño”,
pensó.
Esa noche se quedó cerca de allí, pero no se atrevía a ir de nuevo al estanque. Si
aparecía el león que era dueño del lugar, seguramente lo atacaría por
meterse con su propiedad. Y él no estaba en condiciones de enfrentarse a
nadie. Pasó un día y el sol quemaba.
Ya era tanta la sed, que el león decidió arriesgarse. No aguantaba más.
Así que se acercó cautelosamente al estaque y al llegar a la orilla vio de
nuevo al león. Era tanta su sed que no le importó. Metió la cabeza para tomar
el agua fresca. En ese momento, el león desapareció: había estado viendo solo su
reflejo. Así son los miedos: desaparecen cuando los enfrentamos.

EN EQUIPOS REFLEXIONEN Y CONTESTEN LAS SIGUIENTES PREGUNTAS:

¿EL MIEDO, LES IMPIDE REALIZAR ACTIVIDADES QUE A USTEDES LES


GUSTARÍA HACER? ¿POR QUÉ?
¿CONSIDERAN QUÉ TENER MIEDO ES MALO? ¿POR QUÉ?
¿CÓMO CREEN QUE SE PUEDA CONTROLAR O PERDER EL MIEDO?
¿QUÉ LES PARECIÓ EL CUENTO?

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