Superficie, tamaño y composición
Un exoplaneta con 1,6 R⊕ tendrá un radio similar al de Kepler-62e —segundo
empezando por la izquierda—. En el extremo de la derecha figura la Tierra, a
escala.
Un exoplaneta con un volumen mayor que el terrestre, un relieve más complejo o una
superficie más amplia cubierta por agua en estado líquido puede ser más adecuado
para la vida.19 Sin embargo, puesto que el volumen de un planeta suele guardar una
relación directa con su masa, cuanto más masivo sea mayor será su atracción
gravitatoria, lo que puede traducirse en una atmósfera excesivamente densa.20
Los estudios del equipo de Courtney Dressing, investigadora del Centro de
Astrofísica Harvard-Smithsonian (CfA), indican que existe un límite natural, fijado
en 1,6 radios terrestres (R⊕), por debajo del cual casi todos los planetas son
cuerpos telúricos, compuestos principalmente de roca-hierron. 2 como Venus y la
Tierra.22 Normalmente, los objetos con una masa inferior a 6 masas terrestres (M⊕)
tienen altas probabilidades de presentar una composición similar a la de la
Tierra.23 Por encima de este límite, la densidad de los planetas disminuye a medida
que aumenta su tamaño, a imagen de los gigantes gaseosos.2425 Además, las
supertierras demasiado masivas pueden carecer de placas tectónicas.13
Así pues, cabe esperar que cualquier exoplaneta con una densidad similar a la
terrestre y un radio superior —próximo a los 1,6 R⊕— sea más apto para la vida.6 No
obstante, otros estudios indican que los mundos oceánicos representan un estado de
transición entre los minineptunos y los planetas telúricos, especialmente si
pertenecen a estrellas poco masivas —cuyos planetas situados en la zona habitable
tienden a acumular mucha más agua—.2627 Aunque los planetas océano pueden ser
habitables, la profundidad media de sus masas de agua y la ausencia de tierras
emergidas se alejan del concepto de superhabitabilidad sostenido por Heller y
Armstrong.28 Por tanto, aunque los cuerpos planetarios ligeramente más masivos que
la Tierra son, en principio, más adecuados para la vida, un tamaño excesivo
consigue justo el efecto contrario.28 Desde una perspectiva geológica, el óptimo
para la masa de un planeta se encuentra en torno a las 2 M⊕, así que debe contar
con un radio que mantenga la densidad de la Tierra —entre 1,2 y 1,3 R⊕—.29
Otro factor de habitabilidad inherente a la superficie que puede mejorar la aptitud
para la vida terrestre es la distribución de las masas continentales. En el pasado,
supercontinentes como Pangea podían tener vastos desiertos en su interior como
consecuencia de la lejanía respecto al mar.30 Por el contrario, los continentes más
separados y los archipiélagos presentan una cantidad mayor de vegetación y de
diversidad biológica.316
La profundidad media de los océanos también influye en la habitabilidad de un
planeta. Las áreas poco profundas del mar, dada la cantidad de luz que reciben,
suelen ser más acogedoras para las especies acuáticas, por lo que es probable que
los exoplanetas con una profundidad media menor sean más adecuados para la
vida.2832 Los exoplanetas más masivos que la Tierra tienden a tener una superficie
más regular por efecto de su gravedad, lo que puede suponer unas cuencas oceánicas
menos profundas.33 Por otro lado, los planetas con menor cantidad de agua que la
Tierra tienen una probabilidad menor de presentar un efecto invernadero
descontrolado si se encuentran en el confín interno de la zona habitable y es menos
probable que padezcan una glaciación global si pertenecen al confín externo.34
Geología
Impresión artística de un planeta superhabitable.
La tectónica de placas, en combinación con la presencia de grandes masas de agua
sobre un planeta, es capaz de mantener unos niveles de CO2 constantes.353637 Este
proceso parece ser habitual en los planetas telúricos geológicamente activos con
una velocidad de rotación significativa.38 Cuanto más masivo sea un cuerpo
planetario, más tiempo perdurará su calor interno, un factor principal que
contribuye a la tectónica de placas.13 No obstante, una masa planetaria
excesivamente alta también puede ralentizar este fenómeno a causa de una mayor
presión y viscosidad del manto, lo que dificulta el deslizamiento de la
litosfera.13 Las investigaciones sugieren que la tectónica de placas alcanza su
máximo de actividad en cuerpos con entre 1 y 5 M⊕, siendo el óptimo una masa
aproximada de 2 M⊕.29
Si la actividad geológica no es lo suficientemente intensa para generar una
cantidad de gases de efecto invernadero que eleven las temperaturas globales por
encima del punto de congelación del agua, el planeta puede experimentar una
glaciación global permanente, a menos que el proceso sea contrarrestado por una
irradiación estelar intensa o por una fuente de calor interno como el calentamiento
de marea.39
Otro factor favorable para la vida en los planetas más masivos que la Tierra reside
en su potencial para desarrollar una magnetosfera mayor que proteja al planeta más
eficazmente de la radiación cósmica y, especialmente, de los vientos estelares.40
Los cuerpos poco masivos y los que presentan una rotación lenta —o están anclados
por marea a su estrella— tienen un campo magnético débil o inexistente que en el
transcurso del tiempo puede suponer la pérdida de una porción relevante de su
atmósfera, sobre todo del hidrógeno, por escape hidrodinámico.13