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Lenguas Uru en Bolivia: Identidad y Cultura

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WILLEM F. H.

ADELAAR, PILAR VALENZUELA BISMARCK


YROBERTO ZARIQUIEY BIONDI
Editores

[Link] LENGUAS
,
ANDINAS YAMAZONICAS

~\i.NE8'9t.r

~-s FONDO
~ EDITORIAL
PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL PERÚ
Estudios sobre lenguas andinas y amazónicas
Homenaje a Rodolfo Cerrón-Palomino
Willem F. H . Adelaar, Pilar Valenzuela Bismarck
y Roberto Zariquiey Biondi
© Willem F. H. Adelaar, Pilar Valenzuela Bismarck
y Roberto Zariquiey Biondi, editores
De esta edición:
© Fondo Editodal de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 2011
Av. Universitaria 180 l, Lima 32 - Perú
Teléfono: (51 1) 626-2650
Fax: (51 1) 626-2913
fedi tor@[Link]. pe
[Link]. pe/ publicaciones

Cuidado de la edición, diseño de cubierta y diagramación de interiores:


Fondo Editorial PUCP
Ilustración de cubierta: Josué Sánchez Cerrón
Foto de Rodolfo Cerrón-Palomino: Roberto Zariquiey
Primera edición, setiembre de 2011
Tiraje: 500 ejemplares
Prohibida la reproducción de este libro por cualquier medio, total o parcialmente,
sin permiso expreso de los editores

ISBN: 978-9972-42-972-9
Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú Nº 2011-11916
Registro de Proyecto Editorial: 315013611O1722
Impreso en Tarea Asociación Gráfica Educativa
Pasaje María Awciliadora 156, Lima 5, Perú
LA LENGUA EN LA IDENTIDAD DE LOS URUS BOLMANOS HOY

XavierAlbó
CIPCA, La Paz

El poco tiempo y mis limitados conocimientos me impiden desarrollar más a


fondo el tema como lo merecería un libro en honor del gran colega y amigo
Rodolfo Cerrón-Palomino. Pero ahí van estas notas y recuerdos con todo mi
cariño y respeto hacia él. Nos conocemos desde fines de 1960 y hemos seguido
siempre en contacto hasta hoy, cultivando a la vez una sólida amistad.
La vida, nuestros propios intereses y las circunstancias locales nos han llevado
por caminos distintos pero complementarios. Rodolfo es mucho más académico,
tanto en sus cátedras como en sus rigurosas investigaciones, centradas sobre todo
en las lenguas andinas hoy y en su pasado, sobre las que se ha convertido en un
referente fundamental. Yo estoy más en mil quehaceres vinculados con gente
de base, sus problemas y demandas. La necesidad me ha ido haciendo cada vez
más interdisciplinario, empezando por la sociolingüística y, de ahí, saltando a lo
educativo, cultural, religioso o político. Esta complementariedad de enfoques es
lo que más ha enriquecido nuestros intercambios mutuos, desde ambas vertientes.
Aquí seguiré ese intercambio en relación al grupo que últimamente más tiempo
le ha ocupado: los urus.
Efectivamente, la inquietud lingüística de Rodolfo lo trajo ya hace años al
altiplano aimara, a ambos lados de esta tan artificial frontera entre Perú y Bolivia,
y más recientemente también más al sur, hasta Chipaya, el principal reducto actual
de la lengua uru. A ello dedicaré esta pequeña ~ertulia con él.

1. ¿Cuántos y dónde están hoy los urus de Bolivia?

En el último censo de 2001, Bolivia llegó a desarrollar preguntas más sofistica-


das que los otros países andinos y hasta latinoamericanos para poder medir su
condición étnico-lingüística: por ejemplo, se preguntó por las lenguas habladas,
por la primera lengua aprendida en la niñez, y también, por el sentimiento de
MVIERALBó

pertenencia a algún pueblo indígena originario. De esta forma, se llegó a especificar


todas las identidades y lenguas de los pueblos originarios (Molina y Albó, 2006).
Ello nos permite conocer también con bastante detalle el caso de los urus. En
total, se enumeraron 2.134 con esa identidad, incluyendo la pertenencia inferida
de los menores de edad a quienes no se les formuló la pregunta. De ellos -a
diferencia de lo que ocurre con los otros dos pueblos andinos y con varios del
oriente- la gran mayoría (84,0%) seguía viviendo en el sector rural, sobre todo
de Oruro: 1.897, de los que 1.622 están el municipio de Chipaya. De todos ellos,
los que además afirman hablar la lengua son 1.800 (84,3%; ver Molina y Albó,
2006: cuadros ,4_5 y 7.5), concentrados también mayormente en Chipaya, único
lugar en que se mantiene una gran lealtad lingüística.
Con todo, en lo que corresponde a esta información y otros datos que s~guen,
habrá que tomar también muy en cuenta que una cosa es la respuesta escueta dada
a esas preguntas dentro del cuestionario del censo y otra mucho más compleja
interpretar qué: sentido dan los propios interesados a tal respuesta, sobre todo
en el dato lingüístico fuera de Chipaya. Los lingüistas saben muy bien esto. Al
pretender averiguar la estructura de algunos idiomas en lugares donde, según el
censo, supuestamente se habla dichas lenguas, pueden llevarse fuertes frustra-
ciones, porque en determinados contextos decir que «se habla la lengua» puede
tener un sentido simbólico y reivindicativo pero no tanto lingüístico. Lo iremos
viendo también en la información que sigue.
Aprovechando el nivel de detalle que nos permite el programa Sistema de
Información Geográfica, Étnica y Lingüística (SIGEL), que elaboramos junto
con Ramiro Molina Barrios, he hecho un seguimiento sistemático de todos los
municipios de Bolivia en que al menos una persona afirma ser uru y/o hablar
la lengua 1 •
Los resultados están en el cuadro 1, que resalta todo el municipio de Chipaya,
y también algunas otras localidades, especificadas en la última columna, en las
que se mantiene esa identidad. Hay que distinguir tres situaciones distintas:

1) Iruwit'u, en la parte superior del río Desaguadero, entre las dos Machaqa,
La Paz:i al principio de la lista. Se escribe también Iruitu y muchos en el
lugar prefieren incluso escribirlo Yrohito o Irohito, sea por influencia de
maestros o por tener ya documentos legales con esa ortografía. Cerrón y
yo mismo lo hemos refonemizado como Iru Wit'u, que en aimara significa

1
Seguramente hay algunos más que, si bien especificaron que pertenecían y/o hablaban la lengua
de algún «otro pueblo nativo» distinto del aimara y quechua, no explicitaron cuál era este. Pero
nos hemos quedado sin saber si eran o no urus, salvo cuando aparecen en Chipaya mismo o algún
otro lugar claramente identificado como uru.

34
U LENGUA EN LA IDENTIDAD DE LOS URUS BOLIVIANOS HOY

«punta o promontorio con paja brava», interpretación recogida también


por Ciriaco Nina (2006: 101) 2 , uno de los principales promotores actuales
de la variedad local de lengua uru, allí llamada uchumataqu 'el idioma
de los uchu[s]uma' u 'ochosuma', nombre con que desde principios de
la Colonia se conocía a los urus libres de esa región septentrional del
río Desaguadero (Wachtel, 1990: 377-382; Choque, 2003: 224-227,
327-331). Vellard es quien más trabajó su lengua y publicó sobre ella
entre 1949 y 19673 • Sus textos son la base principal del reciente estudio
lingüístico de Hannss (2009).

2) El área más difusa de los murato en el contorno del Lago Poopó 4 , Oruro.
Nótese que, como explican Moricio y Miranda (1992), ese nombre, -y,
sin duda, también el del río Mulato al sur del lago- es en memoria del
español Morató que les reconoció sus lugares. No les gusta en cambio el
término «usla» con que otros los identifican (Rojas, 2006: 17) por sus
connotaciones despectivas . Ya no hablan la lengua y muy poco es lo que
sabemos sobre esta variedad, localmente conocida como chholo. En la
parte occidental de este lago, donde están sus principales asentamientos,
ya hablan también más quechua que aimara.

3) Chipaya y su área de influencia, al final de la lista. Es por mucho la con-


centración más notable en términos demográficos, en el mantenimiento
de la lengua y por su rango y unidad organizativa. Por lo mismo, es tam-
bién el caso más estudiado. Entre los estudios históricos y etnográficos
destacan los de Nathan Wachtel (1990, 2001), que hace una historia
«regresiva» de los chipayas para reconstruir muchos lugares urus hoy
aymarizados. Por otro lado, entre los trabajos lingüísticos, destacan los de
nuestro homenajeado, Rodolfo Cerrón-Palomino (2006, 2009). Antes de

2
Palavecino (1949: 60; cit. en Rojas, 2006: 15) interpreta iruito como 'pescado'. Pero esta glosa
no queda sustentada por los datos lingüísticos más recientes de Inda, Muysken y otros (2005),
donde pescado (genérico) es qerilqiri, aparte de otros términos más específicos.
3
Ver su bibliografía sobre el tema en [Link]
La prematuramente desaparecida Liliane Porterie-Gutierrez, cuyo trabajo aún inédito tanto alaba
Cerrón (2006: 30; 2009: 33), estuvo también algún tiempo en Iruwit'u en la década de 1980.
Una vez el párroco de Qurpa se la encontró y la recogió cuando estaba caminando, llorosa por el
cansancio, desde Iruwit'u.
4
Según Rojas (2006: 4) este nombre tendría que ver con la expresión pox pox, 'los remolinos del
agua'. Nótese que el presidente Evo Morales Ayma proviene de Orinoca, también del contorno del
lago, por lo que no debe descartarse que tenga algo de uru, y de hecho -como nos ha recordado
Jaime Zalles (en el prólogo a Rojas y otros, 2006: 8)- en enero de 2006, chipayas y muratos fueron
dos de los seis pueblos originarios que citó al principio de su discurso de toma de posesión.

35
MVIERALBó

él trabajó muchos años allí Ronald Olson, del ILV, pero apenas publicó
análisis lingüísticos.
En el cuadro explicito algunas comunidades en que el Censo 2001 señala una
especial concentración. Solo Chipaya e Iruwit'u coinciden con las ocho mencio-
nadas en el mapa III de Cerrón (2006) y otras tres están resaltadas en el mapa
mucho más detallado del contorno del lago Poopó en el excelente testimonio
de los muratos Lucas Miranda y Daniel Moricio (1992) recogido por Rossana
Barragán; a saber, Puñaqa, Wilañiqi y Llapallapani. Pero otras regiones ya no
aparecen como urus.
En los demás municipios se trata mayormente de migrantes salpicados por
cualquier parte. Como suele ocurrir, ya hay un número significativo, pero to-
davía bajo, en llas principales ciudades capitales, como La Paz/El Alto, Oruro,
Cochabamba y la lejana Santa Cruz. Más allá de la frontera nacional, habría que
mencionar sin duda Puno, tanto en la ciudad de Puno como en Chulluni donde
viven urus y quizás neo-urus en el bien desarrollado nicho de eco-etno-turismo
que son las islas artificiales de totora en la Bahía de Puno. Hay también desde hace
mucho tiempo numerosos chipayas en la ciudad de Arica y los valles irrigados
de su contorno o, en menor grado, !quique. Allí camuflan con frecuencia sus
orígenes e indumentaria pero la retoman al regreso a su pueblo.
Llama la atención que el Censo ya no refleja la existencia de unas colonias
que los chipayas iniciaron en el área de colonización al norte de Yungas, La Paz,
hacia el Beni. Solo se enumeran 3 urus en Palos Blancos y otros 4 en San Borja.
¿Fracasaron esas colonias? ¿Han ido asimilándose a los demás colonizadores de la
zona sin sentir ya la necesidad o deseo de expresar su origen en el Censo?

Cuadro 1. Bolivia, municipios con presencia uru

Chuquisaca, capital Sucre

Capital La Paz 8 42

El Alto 15 37

Viacha

36
LA LENGUA EN LA IDENTIDAD DE LOS URUS BOLIVIANOS HOY

Pucarani 1

Colquiri 1

Palos Blancos 3 3

Batallas 1

Ayo Ayo 1 2

Charazani 8

Curva 6

Caranavi 2 1

Capital Cochabamba 18 38

Aiquile 1 1

Morochata 1 1

Santivañez 1

Quillacollo 3 4

T iquipaya 1

Colcapirhua 1 5
'

Sacaba 1 4

Tapacarí 1

Po jo 1

Puerto Villarroel 1

Capital O ruro 24 88

Caracollo 6

Machacamarca 1

Huanuni 2

ÁREAMURATO

El Choro 1

Soracachi 1

Toledo 4

Santiago de Andamarca 2

Belén de Andamarca 1

37
XAVIERALBó

Cruz de Machacamarca

Esmeralda

[... ] desaparecen urus históricos en Pampa Aullagas, kapillus [... ]

Capital Potosí 2

Llallagua

Sacaca

Tupiza 5

Llica

Villazón

Capital Tarija 3

Capital Sanita Cruz de la Sierra 14 70

La Guardia

Santa Rosa del Sara 3

El Puente 3 7

Beni, San Borja 4


Fuente: Censo Nacional 2001, procesado con SIGEL
* Incluye pertenencia inferida a menores de 15 años, a los que el Censo no lo preguntó.

38
U LENGUA EN LA IDENTIDAD DE LOS URUS BOLIVIANOS HOY

2. El sentido de lengua e identidad

Obviamente, hay que distinguir entre Chipaya, la única concentración municipal


en que la lengua sigue con gran vitalidad, y los demás lugares.

Chipaya
En el cuadro 2 resumo los datos más significativos del Censo 2001, diferenciados
por edad y sexo. En conjunto, sobre los 993 de los mayores de 15 años a quienes
se les preguntó si se autoidentificaban como miembros de algún pueblo indígena
originario, el 95% se dicen uru chipayas. El resto, probablemente forasteros, se
identificaron mayormente como no pertenecientes a ningún pueblo indígena
originario (3%). Apenas el 1,4% lo hicieron como aimaras, que es la identidad
masiva de todo el contorno.
Pasando a la lengua, sobre los 1.667 chipayas que ya saben hablar, el 97%
habla chipaya, que es, además, la lengua que el 95% aprendió a hablar de niño.
Un notable 72,5% afirma saber castellano pero apenas un 14,2% afirma saber
aimara. La única diferencia entre hombres y mujeres tiene que ver con el acceso
al castellano. Mientras que solo hay un 22% de varones monolingües en len-
gua originaria, tanto entre los más ancianos como en los aún no expuestos a la
escuela, en las mujeres el porcentaje sube al 33%, sobre todo para las mayores.
El porcentaje que habla chipaya es incluso superior al del Censo 1992 (95%),
analizado en Albó (1995, II: 36-37).
La evolución que ocurre de un censo al otro con relación al conocimiento
del castellano tiene un sentido más bien inverso. En 1992, un 82% afirmaba sa-
berlo, mientras que en 2001 la cifra baja al 72,5%. Se debe en buena parte a que
las cifras de 2001 y 1992 no son del todo comparables, porque en 1992 solo se
preguntó sobre el idioma a la población de 6 años o más, es decir a niños que ya
estaban en la escuela (que entonces era totalmente castellanizante) y, por tanto,
estaban también más expuestos al castellano. En cambio, en el 2001 se preguntó
a toda la población incluida la niñez aún no expuesta a la escuela que ahora es,
además, bilingüe. El dato ratifica, por tanto, que el chipaya sigue siendo la lengua
por mucho dominante en el hogar y trasmitida, por tanto, como primera lengua
a los hijos cuando empiezan a hablar.
Lo que sí muestra un cambio notable de un censo al otro, sin que se lo
pueda atribuir a las diferencias en la edad inicial de su base demográfica, es el
gran bajón en el acceso al aimara, que es la lengua general de todo el contorno.
En 1992, los que sabían aimara alcanzaban el 51 % en Ayparavi y el 39% en el
resto de Chipaya; en cambio, en 2001 esta cifra se había reducido al 14% sin
que aparezcan ya diferencias significativas entre Ayparavi y el resto. Los datos de

39
MVIERALBó

1992 ya mostraban que esta lengua se aprendía en edad adulta a consecuencia


de los intercambios con otros lugares vecinos. La evolución de los que sabían
aimara era así:
HH MM
De 10 a 19 años: 7% 9%
De 20 a 34 años: 48% 43%
De 35 a 49 años: 88% 81%
De 50 y más años: 96% 91%
Fuente: Albó (1995, II: 37).

Pero, como muestra el cuadro 2, esta prescindencia del aimara del contorno,
había aumentado notablemente en 2001. Sigue relativamente alta, por ejemplo,
en el grupo de 50-54 años (74% en varones y 54% en mujeres), pero en los de
40-44 años ya baja a 26 y 28%; en los de 30-35 baja al 15 y 11 %; y en los me-
nores no llega ni al 5%.

Cuadro 2. Municipio de Chipaya, Oruro


Población por idioma que habla, según sexo y grupos de edad quinquenales

5a9 1.4 o/o 55.5 o/o

10a14 .9 o/o 82.2 o/o

15 a 19 91.0 o/o

20 a24 1.2 o/o 4.9 o/o 92.6 o/o

25 a29 15.7 o/o 92.9 o/o

30 a34 1.7 o/o 15.0 o/o 91.7 o/o

35 a39 31.4 o/o 94.3 o/o

40 a44 26.1 o/o 95.7 o/o

45 a49 3.1 o/o 28.1 o/o 87.5 o/o

50 a 54 18.5 o/o 70.4% 92.6%

55 a 59 4.5 o/o 68.2 o/o 81.8 o/o

60 a 64 58.8 o/o 88.2 o/o

40
LA LENGUA EN LA IDENTIDAD DE LOS URUS BOLIVIANOS HOY

5a9 .7% 53.2 %

10a14 89.4%

15 a 19 2.2% 93.4 %

20 a24 2.7% 79.7%

25 a29 4.1 % 2.7% 86.3 %

30 a 34 11.4 % 84.l %

35 a 39 25.0% 90.6%

40 a44 28.l % 75.0%

45 a49 45.5 % 69.7%

50 a 54 54.5 % 40.9%

55 a 59 61.5 % 38.5 %

60 a64 62.5 % 43.8 %

5 a9 1.1 % 54.4%

10 a 14 .s % 85.9 %

15 a 19 1.0 % 92.l %

20 a 24 .6% 3.9 % 86.5 %

25 a29 2.1 % 9.1 % 89.5 %

30 a34 1.0 % 13.5 % 88.5 %

35 a 39 28.4 % 92.5 %

40 a44 27.3 % 83.6 %

45 a49 1.5 % 36.9 % 78.5 %

50 a 54 10.2% 63.3% 69.4 %

55 a 59 2.9% 65.7% 65 .7 %

60 a 64 60.6 % 66.7%

41
MVIERALBó

Viéndolo en frío y sobre el mapa, parecería que el bilingüismo chipaya-aimara


debería ser lo más obvio en ese contexto. Pero no ocurre así. Se nota más bien un
creciente rechazo incluso en quienes por su edad y viajes sin duda lo necesitan. Al
parecer, en ellos esta función de comunicación queda en parte sustituida por el
acceso mucho más masivo al bilingüismo chipaya-castellano ya en todas las edades
e incluso algo (26 y 29%) en el grupo preescolar hasta 4 años de edad, tanto en
los chipayas como en los aimaras del contorno. Como bien nos recuerda Cerrón
(2009: 30), este interés por el castellano se explica también por la permanente
migración temporal, ya mencionada, que muchos chipayas realizan desde mucho
tiempo atrás a los valles del norte de Chile.
Pero ¿será realmente cierto el desconocimiento creciente del aimara regis-
trado por el censo? La respuesta dada en este censo podría reflejar también una
suerte de postura militante de rechazo a los vecinos del contorno aimara, pues
ni siquiera muestra una plena correlación con lo que la misma gente dijo nueve
años antes en el censo anterior. Por ejemplo, entre los que en 1992 tenían de 35
a 49 años, un 88% de los varones y 81 % de las mujeres indicaban entonces saber
aimara. Pero, cuando estas mismas personas, en el Censo 2001 ya tenían entre
45 y 59 años, responden en porcentajes bastante más bajos, que oscilan entre el
70 y el 28% en los varones y entre el 62 y el 45% en las mujeres, según el grupo
quinquenal de edad (cuadro 2).
Pueden influir en ese rechazo sus_conflictos crónicos por acceso a tierras y
pastizales que los aimaras del contorno les niegan. Pero puede que sea también
clave en ese cambio la nueva autoestima fomentada por el componente inter-
cultural bilingüe de la Reforma Educativa que se empezó a aplicar en el área
rural desde 1995. Con el nuevo énfasis otorgado desde entonces a los pueblos
indígenas, también en Chipaya se aplicaron programas especiales de apoyo tanto
desde el Ministerio de Educación como también desde la Dirección Nacional
de Asuntos Étnicos. Quizá por primera vez los chipayas empezaron a descubrir
que el hecho de ser una minoría étnica les daba ciertas ventajas y recursos que ni
siquiera tenían sus vecinos aimaras.

Los urus Murato

En todas las demás regiones urus, la presencia de la lengua es mucho más limita-
da. Es prácticamente nula entre los muratos, salvo por algunos vocablos y frases
hechas, recogidas y analizadas por Schumacher y otros (2009), tras una reciente
convivencia en Puñaka con don Daniel Moricio, uno de los más connotados
muratos, autor junto con el ya desaparecido Lucas Miranda, de Llapallapani,
del hermoso relato testimonial publicado por Rossana Barragán en 1992.

42
LA LENGUA EN LA IDENTIDAD DE LOS URUS BOLIVIANOS HOY

Él ya no habla la variante uru local, llamada chholo, pero es seguramente el que


ahora más palabras y frases sueltas recuerda de ella.
El cuadro 1 presentado muestra algunas sorpresas, por no decir incongruen-
cias, al comparar los que afirman pertenecer a la nación o pueblo uru y los que
dicen hablar la lengua. Salvo en Chipaya y su área de influencia inmediata, lo
esperable sería que quienes dicen pertenecer al pueblo uru sean muchos más que
los que mantienen la lengua. Pero no siempre es así.
El caso más notable es cabalmente el de los muratos de Llapallapani, en el
municipio de Huari, al sureste del lago Poopó, donde al parecer 48 personas
hablarían la lengua pero solo 13 se identifican como urus/ muratos. Seguramente
se debe a un mal registro por parte de los entrevistadores del censo.

Los urus de Iruwit'u

Concentraré mis comentarios en el lugar que conozco más de cerca: Iruwit'u,


junto a Jesús de Machaqa, a orillas del río Desaguadero y a la salida de un lago
lleno de totorales formado por el mismo río 5•
En el censo de 1992, en que solo se preguntaba por la lengua, el 40% de
sus entonces 142 comunarios afirmaron saber uchumataqu, la variante local del
uru. Dos décadas después, en el Censo 2001, la población había descendido a
107, pero eran un 72% los que decían saber la lengua, aunque dos nuevas pre-
guntas entonces introducidas nos informaba de que solo una persona dijo haber
aprendido a hablar en la niñez en esa lengua; tenía entonces entre 50 y 54 años
y habría nacido, por tanto, en torno a 1950. Pero la gran mayoría (91 %) decía
haber aprendido en aimara y un pequeño grupo (9%), todos de treinta años para
abajo, ya lo había hecho más bien en castellano. Con relación a otra pregunta
que se hacía por primera vez a los mayores de 15 años, casi todos (93%) dijeron
pertenecer a «otro pueblo indígena», obviamente uru, aunque los censadores no
lo especificaron. Las personas restantes se identificaron 2 como aimaras y otros
2 como no indígenas.
¿Cómo interpretar esa respuesta afirmativa tan alta sobre el conocimiento
de una lengua que, por otra parte, Vellard (1954: 93, 103) ya consideraba en
vías de extinción a principios de los años cincuenta? En efecto, Pieter Muysken
(2001, 2002) y Katja Hannss (2009) explican en detalle que el uso cotidiano del
uchumataqu en Iruwit'u es prácticamente nulo y que el nivel de conocimiento de
la lengua por parte de los habitantes es muy bajo, un deterioro que ya era notable
y creciente desde medio siglo antes.

5 No está a orillas del lago Titicaca como equivocadamente sugieren dos fotos de Hannss (2009: 82).

43
XAVIERALBó

¿O no será tan así? Cerrón (2006: 26) y también Fabre (2005) citan a Wachtel
(1990: 279-280), quien afirma que, cuando en 1978 viajó a Iruwit'u con chipayas,
ellos y los Iruwit'us «se comprendieron sin dificultad», pese a sus variantes locales,
algo que diversos lingüistas han puesto en duda.
Da la casualidad que esa vez yo hice de puente para ese encuentro y
participé en él. Con Wachtel habíamos viajado a Iruwit'u acompañados por
tres chipayas, entre ellos el ya finado don Florencio Lázaro, de Chipaya, y el ya
mencionado don Daniel Moricio, murato de Puñaka, Poopó. Don Florencio
fue uno de los principales colaboradores del lingüista Ronald Olson y tuvo
contactos incluso con Kenneth Pike, fundador del célebre Instituto Lingüístico
de Verano (ILV). En 1995, se convirtió en el primer alcalde de Chipaya después
de que este municipio se fortaleció con la Ley de Participación Popular. Los
intercambios y la conversación de aquel día fueron cálidos y cordiales, pero
el encuentro se realizó mayormente en castellano y aimara, aunque con
permanentes referencias a la lengua, por ejemplo, en relación a sus instrumentos
de caza y pesca que tenían nombres semejantes. Según cuenta Wachtel (1990:
226; cf. Fabre, 2005) les mostró también textos de Métraux (1935) recogidos
allí mismo medio siglo antes y ellos los reconocieron enseguida como escritos
en su lengua. Pero no recuerdo si fue entonces o quizá en algún encuentro
posterior.
En la década de 1970 yo ya había tenido bastantes contactos con Iruwit'u.
Había grabado incluso un diálogo entre dos de las mujeres más diestras en la
lengua, el cual pasé al experto en chipaya Ronald Olson - lamentablemente sin
guardar copia para mí- . Por esos mismos años los comuneros me comentaron
que «un señor francés» les había dicho que su lengua se llamaba «Pukina» y uno
de ellos me mostró uno de los ardculos lingüísticos de Vellard que él mismo les
hizo llegar después de haberse concentrado mucho más que Métraux en transcribir
y publicar textos en uchumataqu.
Don Lorenzo Inda, quien desde entonces ya era el principal impulsor de la
cultura, lengua e identidad uru en Iruwit'u, quedó también más motivado por
aquel primer encuentro para escribir la historia local, interesarse en la lengua y
fortalecer sus contactos con otros urus, como aquellos que habían llegado hasta
Iruwit'u en 1978.
Pero volvamos al Censo de 1992. Es digno de resaltar que el grupo etáreo
que entonces indicó tener el más alto conocimiento de la lengua no era el de
los mayores de 50 años (83% entre los varones y 63% entre las mujeres) sino el
intermedio de 20 a 34 años (91%y73%), disminuyendo drásticamente a 33%
y 46% en el grupo de 1O a 19 años, para casi desaparecer en los de 6 a 9 años:
0% entre los varones y 7% entre las mujeres (Albó, 1995: II 38). Se trataba, por

44
U LENGUA EN LA IDENTIDAD DE LOS URUS BOLIVIANOS HOY

tanto, de una clara «etnogénesis» lingüística inducida, más que de un conocimiento


para la práctica cotidiana.
Por el hecho de que allí esta lengua cotidiana es el aimara, ya no se observa el
rechazo al aimara en la misma medida que en Chipaya, aunque sí se nota cierta
tendencia aún ligera a ca~tellanizar más que aymarizar a la nueva generación. Para
empezar, solo un censado (en el grupo de 50-54 años) indicó haber aprendido a
hablar de niño en lengua uchhumataqu; y en ese mismo grupo aparece también
un primer caso aislado de alguien que habría aprendido a hablar de niño ya en
castellano. Pero después, todos los demás grupos hasta los de 30 años, indican
haber aprendido a hablar en aimara, aunque - salvo en los más viejos- la mayo-
ría ya habla también castellano y dijo «hablar» además uchumataqu. A partir de
los menores de 30 años, en casi todos los grupos de edad ya hay alguna persona
a la que habrían enseñado de niño a hablar en castellano más que en aimara o
juntamente con el aimara; y en el grupo de 5-9 años son ya 3 sobre un total de
1O los que aprendieron a hablar en castellano, aunque a la vez ya saben aimara.
Finalmente, en los menores, de 0-4 años, hay también 3 sobre 1O que solo saben
hablar castellano.
Durante la década de 1990 vino a verme un comunero de Iruwit'u que ya se
desempeñaba como profesor en otra escuela, acompañado de su hijo, del que se
sentía muy orgulloso porque ya había aprendido a contar hasta diez en los tres
idiomas locales y otros muchos. Felicité al muchachito, le enseñé a contar en
algunos otros idiomas y después empecé a hablarle en aimara. Pero ya no podía
responderme.

3. El proceso de etnogénesis uru

Más allá de esos datos censales, tanto en Chipaya como en Iruwit'u y los demás
pueblos urus, se está dando, efectivamente, cierto proceso de etnogénesis que
incluye de alguna manera lo lingüístico pero también otros muchos elementos
de su identidad y cultura.
No insistiré mucho en el caso Chipaya, que es mucho más evidente, como
relata el propio Cerrón (2006: 69 y 2009: 30-31). Recordemos que, sin entrar
ahora a las controversias por el alfabeto utilizado, ya existe desde hace años allí
el Consejo de Implementación de la Lengua Nativa Uru Chipaya (CILNUCH),
cuyos miembros han recorrido el lugar en busca de los mejores hablantes para
avanzar en el conocimiento de la lengua y, con ella, también de la cultura local.
Han retornado también al lugar los primeros chipayas egresados del Instituto
Normal Superior Intercultural Bilingüe de Caracollo para desempeñarse en las
instituciones educativas locales. En 2006, se puso en marcha el proyecto de una

45
MVIERALBó

radio comunitaria en lengua chipaya. Ha habido y seguirá habiendo, sin duda,


altibajos y conflictos internos y externos, pero es claro que en Chipaya la identidad
y la lengua uru está actualmente en ascenso.
Más novedoso es lo que ocurre en la nación uru en su conjunto, pese a que
fuera de Chipaya el peso real de la lengua es mucho menor y ciertamente solo
simbólico. Lo seguiré a partir del mismo caso de lruwit'u que, como veremos,
enseguida se ramifica al conjunto de la nación uru.
En 1986, Lorenzo Inda escribió a mano y presentó a un concurso de cartillas
la historia ilustrada de su comunidad. Fue premiado y su texto se publicó poco
después en forma fotostática (Inda, 1988). En 1987 ocurrió algo inaudito: él
mismo, un uru muy consciente de serlo, escalaba al cargo más alto dentro de
la organización aimara de todo Machaqa - que por entonces aún se llamaba
«sindical»- , fusionando ambas identidades en su persona.
En 1989 y 1990 en dos congresos sucesivos de la región y de toda la provin-
cia, aquellos urus fueron reconocidos como «nacionalidad uru» y desde entonces
el pequeño sindicato local fue rebautizado como el Sindicato Especial lrohito
Nacionalidad Uru (Ticona y Albó, 1997: 258-262).
La lengua uchumataqu no estuvo ajena a este proceso. En 1990 se dieron
los primeros pasos y pronto Lorenzo y algunos ancianos del lugar, entre los que
sobresalía el ya finado Manuel lnda6, empezaron a enseñar la lengua ancestral a
sus nietos en la pequeña escuela local (Ticona y Albó, 1997: 261). Fue en medio
de esa euforia cuando se realizó el Censo de 1992, el cual recogió, por tanto, ante
todo el gran sueño y deseo de las personas, más que una realidad ya lograda. Más
adelante, después de otro encuentro en Chipaya, trajeron desde allí a un profe-
sor para que en la escuela local re-enseñara su lengua. No dio resultado, según
algunos por existir significativas diferencias entre las dos lenguas, aunque quizá
no sean tantas, como sugiere el propio Rodolfo Cerrón-Palomino (2006: 27-27).
Pero lo que es indudable es que re-enseñar una lengua prácticamente perdida es
mucho más difícil de lo algunos piensan. Para lograrlo, casi ningún pueblo tiene
los inmensos recursos y la voluntad política del caso más exitoso de recuperación:
Israel, que además contaba con abundante material escrito desde milenios atrás.
Nótese que todo aquel esfuerzo estaba ocurriendo antes de que la reforma
constitucional de 1994 reconociera más formalmente a los pueblos indígenas
(arts. 1 y sobre todo 171) y se pusiera en marcha una reforma educativa que
generalizaba el enfoque intercultural bilingüe. Poco antes, en marzo de 1994,

6
Años después aquel patriarca don Manuel diría a su tocayo Manuel Rojas, que visitaba el lugar:
«Conmigo se está muriendo el idioma, soy el último que habla el uchumataqu. ¡Ayúdame a salvar
mi lengua, que los jóvenes aprendan mi lengua antes de que desaparezca!» (Rojas, 2006: 33).

46
LA LENGUA EN LA IDENTIDAD DE LOS URUS BOLIVIANOS HOY

en el transcurso de una célebre y controvertida visita del entonces Presidente de la


República, Gonzalo Sánchez de Lozada, a Jesús de Machaqa (Ticona y Albó, 1997:
281-287; ver foto de los urus en p. 259), los niños de la escuela, bien ataviados
con su vestimenta típica, cantaron incluso el Himno Nacional en no sabemos
qué variedad de la lengua uru. Sería interesante hacer un análisis lingüístico de
aquella traducción, que por descuido mío no llegué a conseguir. ¿O sería chipaya?
Todo ello muestra una voluntad notable para un rescate lingüístico de momento
más simbólico que operativo para el habla cotidiana.
Más allá de Iruwit'u, en junio de 1993, el proceso se fusionó con el de otras
partes. En el Primer Encuentro de Urus de Bolivia, realizado en Chipaya, se
conformó la Nación Originaria Uru: Uru Chipaya, Uru Murato y Uru Iruhito
(Inda, 2005: 626). Esta iniciativa se consolidó en el 2001, en un encuentro que
incorporó a otros grupos urus como el del enclav~ San Juan de Coripata7 , de
la provincia Saucarí, Oruro, y muy particularmente a los chhulluni de los islas
flotantes de la Bahía de Puno, Perú, que tanto éxito han tenido en sus proyectos
eco-etno-turísticos. Fue allí donde se aprobaron también los estatutos orgánicos
y reglamentos de la Nación Originaria Uru (NOU), publicados un año después
en edición bilingüe chipaya-castellano y bien escudriñados por Cerrón (2006:
32) para su estudio de la lengua chipaya.
Este tipo de encuentros se fueron repitiendo de manera ampliada en sucesivos
años y lugares, como describen y documentan sobre todo Rojas y otros (2006),
con lujo de detalles y citas de discursos y documentos de todo el proceso, sobre
todo desde 2003 en adelante 8 • Por lo menos, desde el 1 Encuentro masivo en
marzo 2004 (si no antes), en que fueron anfitriones los urus chulluni de las islas
flotantes de Puno, todos han acordado autoidentificarse con el nombre de Qhas
Qut Suñi Uros -que podría traducirse 'Uro/ us, gente del agua y del lago'-
seguido del nombre particular de cada lugar. Allí mismo se realizó un 11 Encuentro
en diciembre 2005, aparte de otros encuentros especiales para niños allí y en
lruwit'u. Como una de rememoración de aquel primer y minúsculo encuen-
tro de 1987 en Iruwit'u, el lema central de los escritos y pósters de 2005 fue:
Los Uros son el pueblo más antiguo de los Andes (Wachtel) .
El tema del idioma ha estado siempre presente en estos encuentros. En el
encuentro de 2004, el chipaya Elías Paredes reclamaba el buen manejo del alfabeto

7
En el censo de 2001, allí ya nadie se identÍfica ni habla uru sino aimara (sobre 90%) con 47 que
además hablan castellano y 9 que hacen lo propio en quechua.
8
Esta publicación, al igual que los encuentros que ahí se relatan, contaron con un apoyo especial
de Ibis, Dinamarca, que permitió reproducir también una serie de materiales.

47
XAVIERALBó

(en Rojas, 2006: 59) 9 que - como Rodolfo Cerrón-Palomino sabe muy bien- en
aquellos años era objeto de apasionados debates entre bandos y tradiciones contra-
puestas. En el siguiente, de 2005, se conformó una comisión para el idioma que
allí llaman uchumataqu o uchuntaqu (en Rojas, 206: 90-91), según el dialecto.
No deja de llamar la atención que en 2006, en un encuentro pan-uru realizado
en Chipaya, nuestro Lorenzo Inda, más que algún chipaya local, fue nombrado
primer presidente del Consejo Educativo de la Nación Uru (CENU). En otro
documento de la época, el iruwit'u Ciríaco Inda (2006: 98), después de llamar
a su lengua «la más antigua hablada por los pobladores de las riberas de ríos y
lagos del altiplano», añade: «recuperar la lengua significa revalorizar la memoria
colectiva de los pueblos milenarios en completa armonía con otros pueblos en
su entorno natural».
El desafío más reciente, tanto para Chipaya como para Iruwit'u, es su trans-
formación en Autonomía Indígena Originaria, en el marco de la nueva CPE.
Los estatutos y reglamentos que ya en 2001 redactaron para toda la Nación
Originaria Uru, son sobre todo una afirmación de su identidad y cosmovisión.
El hecho mismo de que, desde un principio se redactaran a la vez en castellano y
uru-chipaya, es también un importante acontecimiento lingüístico.
Pero en términos estrictamente jurídicos, las puertas para poder ser autonomías
indígenas originarias se han abierto en Bolivia recién con la nueva Constitución
Política de 2009. El primer paso efectivo para implementar esta nueva legislación
ha sido invitar a que los municipios con amplia base indígena originaria hagan
un referéndum interno para que decidan si quieren o no tal transformación.
Chipaya ha sido uno de los once primeros municipios que se han lanzado ya
a esa aventura y, para ello, el pasado 6 de diciembre de 2009 se realizó y se ganó
un referéndum local, con un abultado 92% que votó «SÍ».
En el caso de Iruwit'u, se trata solo del más diminuto de los 24 ayllus actuales
del municipio Jesús de Machaqa, el cual entró también en ese proceso hacia la
autonomía y ganó su referéndum aunque con un porcentaje más ajustado (56%),
que aquí no es relevante analizar. Lo que sí es oportuno para nuestro tema es
que, en este caso, los estatutos autonómicos que ya se están elaborando toman
muy en cuenta que dentro de su marka (unidad orgánica de un grupo de ayllus)
hay un ayllu que no es aimara sino uru, por mucho que también allí casi todos
hablen aimara. En consecuencia en todo el texto se ha tenido mucho cuidado en
evitar caracterizar la marka como aimara y en varias partes se hace un elogio de
ese su pluralismo interno. El artículo 8, por ejemplo, declara como sus idiomas

9
Sospecho que lo que Rojas transcribe allí como «Chimus» es en realidad el Consejo de
Implementación de la Lengua Nativa Uru Chipaya (CILNUCH).

48
U LENGUA EN LA IDENTIDAD DE LOS URUS BOLIVIANOS HOY

oficiales el aimara, el castellano y también el uchumataqu; y, dentro del capítulo


educativo, en el artículo 72 establece que «la educación machaqueña debe re-
cuperar y fortalecer la lengua ancestral de la Nación Uru en su ayllu, pudiendo
extenderse en la Marka».
En enero de 201 O ha tomado posesión la flamante Asamblea Legislativa
Plurinacional (ex Parlamento), elegida también en diciembre de 2009. En ella
se han designado, por primera vez, siete circunscripciones especiales en todo el
país y otros tantos escaños para pueblos indígenas minoritarios, más la minoría
afroboliviana. Uno de ellos corresponde al pueblo chipaya de Oruro, por lo que
hay ahora un chipaya diputado: don Benigno Quispe Mamani y, como suplente,
doña Toribia Álvaro Moya. Ambos aparecieron con su indumentaria y un buen
acompañamiento de paisanos a recibir su credencial y casi con seguridad en sus
futuras intervenciones en la Cámara de Diputados, utilizarán su lengua para
dejar asentada su identidad. A estas alturas del proceso ya no es probable que
ello provoque protestas de otros parlamentarios, como ocurrió en el 2006 en la
Asamblea Constituyente 4e Bolivia y en el vecino Perú, en la toma de posesión
de las primeras diputadas quechuas 10 •
En Chipaya estos avances son obviamente mayores porque coinciden con
una práctica cotidiana de la lengua. En las otras partes solo se puede pensar de
momento en algo más simbólico. Lingüistas como Rodolfo están contribuyendo
a ello. Y, en una amplia alianza entre autoridades locales y nacionales, lingüistas,
promotores y educadores, todos juntos podremos tener una gran incidencia para
que estos procesos avancen y se consoliden. Sigamos trabajando en ello.

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Choque Canqui, Roberto y Esteban Ticona (2003). Jesús de Machaqa: la marka rebelde.
l. Cinco siglos de historia. La Paz: CIPCA y Plural.

10
Paradójicamente, en este último caso, quien más se oponía al uso de esta lengua es, en su vida
profesional, una colega experta en lenguas indígenas (Pajuelo, 2006: 80-95).

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MVIERALBó

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