En el capítulo, Marx profundiza en el análisis de la función del capital comercial y su relación
con la producción de plusvalía y la formación de la cuota general de ganancia. Establece
desde un inicio que el capital comercial, a diferencia del capital industrial, no crea valor ni
plusvalía por sí mismo. Su función específica es la de servir de vehículo para realizar la
parte de la plusvalía ya producida por el capital productivo que le corresponde según su
participación proporcional en el capital total adelantado en el proceso social de
reproducción.
El capital comercial posibilita las metamorfosis del capital-mercancía y capital-dinero,
permitiendo que se concrete la realización del valor y la plusvalía contenidos en las
mercancías. Sin embargo, la actividad misma de comprar para vender que caracteriza al
comercio no genera por sí misma un valor adicional. El precio de venta que fija el
comerciante se compone de tres elementos: el precio de compra, que es el precio de
producción para el capitalista industrial y representa el capital-mercancía adelantado; los
gastos de circulación en que incurre el comerciante para desempeñar su función, los cuales
constituyen su capital constante comercial (oficinas, transporte, etc.); y la ganancia
comercial propiamente dicha.
Esta ganancia comercial es justamente la parte de la plusvalía total generada por el
conjunto del capital productivo de la que se apropia el capital comercial en virtud de su
función de permitir la realización del valor contenido en las mercancías. Al deducirse esta
ganancia comercial de la masa total de plusvalía antes de repartirse entre los distintos
capitales industriales, la cuota general de ganancia para estos últimos resulta reducida en
comparación a lo que prevalecería si no existiera el capital comercial. Marx enfatiza que
cuanto mayor sea la proporción del capital comercial respecto al capital puramente
industrial, menor será la cuota general de ganancia para este último sector, puesto que el
capital comercial participa de la masa de ganancia total sin haber participado en su
producción.
En cuanto al capital variable que el comerciante adelanta para pagar los salarios de los
obreros comerciales, Marx aclara que este trabajo por sí mismo no produce valor ni
plusvalía de manera directa. Sin embargo, constituye una inversión necesaria para que el
capital comercial pueda cumplir su función de realizar la parte correspondiente de la
plusvalía generada por el conjunto del capital productivo. Aunque el trabajo de estos
obreros no crea valor directamente, le permite al comerciante desempeñar las operaciones
que hacen posible la apropiación de parte del valor y plusvalía creados originalmente por el
capital industrial.
Marx destaca que, gracias a la centralización del comercio en grandes capitales y la
consecuente división del trabajo al interior de las empresas comerciales, los gastos totales
de circulación en que incurre el capital comercial tienden a reducirse en comparación a lo
que sucedería si cada capitalista industrial tuviese que realizar por separado todas las
funciones comerciales. Esta centralización y división del trabajo en el comercio permite un
ahorro del capital total desembolsado en la esfera de la circulación.
Por otro lado, el trabajo de los obreros comerciales asalariados, que inicialmente requería
cierta calificación, tiende a experimentar una depreciación y reducción de sus salarios
relativos conforme avanza el desarrollo del capitalismo. Esto se debe a diversos factores
propios de ese modo de producción, como la división del trabajo al interior de las oficinas
comerciales que sólo requiere capacidades unilaterales, la generalización de la educación
comercial que aumenta considerablemente la oferta de este tipo de trabajadores, y la
incorporación de capas sociales habituadas a menores niveles de vida y por tanto
dispuestas a aceptar salarios más bajos.
Marx resalta que lo que para el capital industrial representan gastos improductivos que no
generan valor adicional, como los relativos a la esfera de la circulación, para el capital
comercial constituyen su misma inversión productiva y fuente de su ganancia. El
comerciante invierte productivamente en gastos de circulación (oficinas, transportes, fuerza
de trabajo comercial asalariada) precisamente para poder cumplir la función de facilitador de
la metamorfosis de las mercancías, lo cual le permite apropiarse de su parte alícuota de la
plusvalía generada por el conjunto del capital productivo.