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Cántico Espiritual: Amor y Naturaleza

El 'Cántico Espiritual' de San Juan de la Cruz es un poema que explora la relación mística entre el alma y Dios, simbolizada a través de un diálogo entre la Esposa y el Esposo. A través de imágenes naturales y sensoriales, se expresa el anhelo del alma por la unión con lo divino, reflejando temas de amor, sufrimiento y búsqueda espiritual. La obra destaca la belleza del amor espiritual y la profundidad de la experiencia mística en el Renacimiento.

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Cántico Espiritual: Amor y Naturaleza

El 'Cántico Espiritual' de San Juan de la Cruz es un poema que explora la relación mística entre el alma y Dios, simbolizada a través de un diálogo entre la Esposa y el Esposo. A través de imágenes naturales y sensoriales, se expresa el anhelo del alma por la unión con lo divino, reflejando temas de amor, sufrimiento y búsqueda espiritual. La obra destaca la belleza del amor espiritual y la profundidad de la experiencia mística en el Renacimiento.

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ANTOLOGÍA POÉTICA DEL RENACIMIENTO: SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico Espiritual -Canciones entre el alma y el esposo-.

ESPOSA: ESPOSA: 12. ¡Oh cristalina fuente, 17. Detente, cierzo muerto;
si en esos tus semblantes plateados ven, austro, que recuerdas los amores,
1. ¿Adónde te escondiste, 6. ¡Ay!, ¿quién podrá sanarme? formases de repente aspira por mi huerto
Amado, y me dejaste con gemido? Acaba de entregarte ya de vero; los ojos deseados y corran sus olores,
Como el ciervo huiste, no quieras enviarme que tengo en mis entrañas dibujados! y pacerá el Amado entre las flores.
habiéndome herido; de hoy más ya mensajero
salí tras ti clamando, y eras ido. que no saben decirme lo que quiero. 13. Apártalos, Amado, 18. ¡Oh ninfas de Judea!,
que voy de vuelo. en tanto que en las flores y rosales
2. Pastores, los que fuerdes 7. Y todos cuantos vagan el ámbar perfumea,
allá por las majadas al otero, de ti me van mil gracias refiriendo, ESPOSO morá en los arrabales,
si por ventura vierdes y todos más me llagan, y no queráis tocar nuestros umbrales.
aquel que yo más quiero, y déjame muriendo Vuélvete, paloma,
decilde que adolezco, peno y muero. un no sé qué que quedan balbuciendo. que el ciervo vulnerado 19. Escóndete, Carillo,
por el otero asoma y mira con tu haz a las montañas,
3. Buscando mis amores 8. Mas, ¿cómo perseveras, al aire de tu vuelo, y fresco toma. y no quieras decillo;
iré por esos montes y riberas, ¡oh vida!, no viviendo donde vives, mas mira las compañas
ni cogeré las flores, y haciendo porque mueras ESPOSA de la que va por ínsulas extrañas.
ni temeré las fieras, las flechas que recibes
y pasaré los fuertes y fronteras. de lo que del Amado en ti concibes? 14. Mi Amado: las montañas, ESPOSO
los valles solitarios nemorosos,
PREGUNTA A LAS CRIATURAS 9. ¿Por qué, pues has llagado las ínsulas extrañas, 20. A las aves ligeras,
aqueste corazón, no le sanaste? los ríos sonorosos, leones, ciervos, gamos saltadores,
4. ¡Oh bosques y espesuras Y, pues me le has robado, el silbo de los aires amorosos, montes, valles, riberas,
plantadas por la mano del Amado! ¿por qué así le dejaste, aguas, aires, ardores,
¡Oh prado de verduras y no tomas el robo que robaste? 15. la noche sosegada y miedos de las noches veladores:
de flores esmaltado!, en par de los levantes del aurora,
decid si por vosotros ha pasado. 10. Apaga mis enojos, la música callada, 21. por las amenas liras
pues que ninguno basta a deshacellos, la soledad sonora, y canto de sirenas, os conjuro
RESPUESTA DE LAS y véante mis ojos, la cena que recrea y enamora. que cesen vuestras iras,
CRIATURAS pues eres lumbre dellos, y no toquéis al muro,
y sólo para ti quiero tenellos. 16. Cazadnos las raposas, porque la esposa duerma más seguro.
5. Mil gracias derramando que está ya florecida nuestra viña,
pasó por estos sotos con presura, 11. Descubre tu presencia, en tanto que de rosas 22. Entrado se ha la esposa
y, yéndolos mirando, y máteme tu vista y hermosura; hacemos una piña, en el ameno huerto deseado,
con sola su figura mira que la dolencia y no parezca nadie en la montiña. y a su sabor reposa,
vestidos los dejó de hermosura. de amor, que no se cura el cuello reclinado
sino con la presencia y la figura. sobre los dulces brazos del Amado.

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ANTOLOGÍA POÉTICA DEL RENACIMIENTO: SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico Espiritual -Canciones entre el alma y el esposo-.

23. Debajo del manzano, 29. Pues ya si en el ejido 35. En soledad vivía,
allí conmigo fuiste desposada, de hoy más no fuere vista ni hallada, y en soledad ha puesto ya su nido,
allí te di la mano, diréis que me he perdido, y en soledad la guía
y fuiste reparada que, andando enamorada, a solas su querido,
donde tu madre fuera violada. me hice perdidiza y fui ganada. también en soledad de amor herido.

ESPOSA 30. De flores y esmeraldas, ESPOSA


en las frescas mañanas escogidas,
24. Nuestro lecho florido, haremos las guirnaldas 36. Gocémonos, Amado,
de cuevas de leones enlazado, en tu amor floridas, y vámonos a ver en tu hermosura
en púrpura tendido, y en un cabello mío entretejidas. al monte y al collado,
de paz edificado, do mana el agua pura;
de mil escudos de oro coronado. 31. En sólo aquel cabello entremos más adentro en la espesura.
que en mi cuello volar consideraste,
25. A zaga de tu huella mirástele en mi cuello 37. Y luego, a las subidas
las jóvenes discurren al camino y en él preso quedaste, cavernas de la piedra nos iremos,
al toque de centella, y en uno de mis ojos te llagaste. que están bien escondidas,
al adobado vino; y allí nos entraremos,
emisiones de bálsamo divino. 32. Cuando tú me mirabas, y el mosto de granadas gustaremos.
su gracia en mí tus ojos imprimían;
26. En la interior bodega por eso me adamabas, 38. Allí me mostrarías
de mi Amado bebí, y, cuando salía y en eso merecían aquello que mi alma pretendía,
por toda aquesta vega, los míos adorar lo que en ti vían. y luego me darías
ya cosa no sabía, allí, tú, ¡vida mía!,
y el ganado perdí que antes seguía. 33. No quieras despreciarme, aquello que me diste el otro día:
que, si color moreno en mí hallaste,
27. Allí me dio su pecho, ya bien puedes mirarme 39. el aspirar del aire,
allí me enseñó ciencia muy sabrosa, después que me miraste, el canto de la dulce filomena,
y yo le di de hecho que gracia y hermosura en mí dejaste. el soto y su donaire
a mí, sin dejar cosa; en la noche serena,
allí le prometí de ser su esposa. ESPOSO con llama que consume y no da pena.

28. Mi alma se ha empleado 34. La blanca palomica 40. Que nadie lo miraba;
y todo mi caudal en su servicio; al arca con el ramo se ha tornado, Aminadab tampoco parecía,
ya no guardo ganado, y ya la tortolica y el cerco sosegaba,
ni ya tengo otro oficio, al socio deseado y la caballería
que ya sólo en amar es mi ejercicio. en las riberas verdes ha hallado. a vista de las aguas descendía.

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