Recurso de Prescripción Adquisitiva en Buenos Aires
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En su oportunidad, la curadora
designada por el Gobierno de la Ciudad Autónoma
de Buenos Aires para intervenir en la sucesión
vacante de Pilar Muñoz contestó el traslado
conferido respecto de los agravios del
accionante, solicitando se declare desierto el
recurso o, en su defecto, se desestimen las
quejas impetradas.
II.- Es menester señalar que los
jueces no están obligados a analizar todas y
cada una de las argumentaciones de las partes,
sino tan sólo aquéllas que sean conducentes y
posean relevancia para decidir el caso (conf.
CSJN, “Fallos”: 258:304, 262:222, 265:301,
272:225, 276:132, 303:2088, 304:819, 305:537,
307:1121, entre otros; Fassi Yañez, "Código
Procesal Civil y Comercial de la Nación.
Comentado, Anotado y Concordado", T° I, p. 825;
Fenocchieto Arazi, "Código Procesal Civil y
Comercial de la Nación. Comentado y Anotado",
T° 1, p. 620).
En sentido análogo, tampoco es
obligación del juzgador ponderar todas las
pruebas agregadas, sino únicamente las que
estime apropiadas para resolver el conflicto
(art. 386, in fine, del CPCC; CSJN, "Fallos":
274:113; 280:3201; 144:611).
Por otro lado, estimo pertinente
recordar que el obrar jurisdiccional del
tribunal opera con sujeción al principio de
congruencia, existiendo una serie de campos de
actividad de los que no puede exceder el
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agravios del accionante, debo señalar que a mi
modo de ver las manifestaciones vertidas por el
apelante contienen una simple disconformidad
con el fallo recurrido, sin que importen una
crítica concreta y razonada de las partes que
considera erróneas, tal como reza e impone el
art. 265 del ordenamiento procesal.
Al respecto, ha decidido esta Sala de
modo reiterado, tras recordar las exigencias
del artículo referido con relación a la
expresión de agravios, que ésta, para que
cumpla su finalidad, debe constituir una
exposición jurídica que mediante un análisis
serio de la sentencia apelada demuestre su
equivocación o los errores -de hecho o de
derecho- que contiene (conf. esta Sala C, R.
503.019, del 22-4-2008, entre otros), debiendo
presentarse una crítica precisa de cuáles son
los errores que la resolución contiene, ya sea
en la apreciación de los hechos o en la
aplicación del derecho (conf. Fassi, Santiago,
“Código...”, T. I, pág. 474, n° 923, ed. 1975;
Areal - Fenochietto, Manual de Derecho Procesal
Civil y Comercial, tomo II, pág. 577).
En igual sentido, las quejas
generalizadas emitidas respecto de una
sentencia que no constituyen una crítica
concreta y razonada de los fundamentos dados en
la misma, ni rebaten las conclusiones a las que
en ella se arribaran, incumpliendo con la carga
que impone el art. 265 del Cód. Procesal, son
causas suficientes para tener por desierto el
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respuesta desligada de aspectos rituales y por
considerar que la valoración de los recaudos
exigidos por la legislación procesal debe ser
hecha con criterio amplio –dado que se
encuentra en juego la garantía constitucional
de la defensa en juicio–, analizaré las
cuestiones sobre las que versan los agravios
esbozados a efectos de demostrar los
fundamentos por los cuales –adelanto– estimo
que la sentencia de grado deberá ser
confirmada.
IV.- De las constancias de la causa se
desprende que fue iniciada por Juan Carlos
Colombo a fin que se tenga por adquirida por
prescripción adquisitiva la propiedad del 50%
indiviso de la unidad funcional n° 4 del
inmueble sito en la calle Moreno 2791/99, de
esta ciudad.
Relató en su libelo inicial que el 1°
de agosto de 1963 el inmueble fue adquirido en
partes iguales por Guillermo Arpa Navarro y por
su tío Pedro Navarro, siendo que como
consecuencia del fallecimiento de este último
lo sucedió en carácter de heredera su cónyuge
Pilar Muñoz de Navarro.
Continuó detallando que Pilar Muñoz
habitó el inmueble hasta su fallecimiento,
ocurrido en el año 1989; mientras que Guillermo
Arpa Navarro lo hizo desde su adquisición en el
año 1963 hasta el año 1982 reconociendo la
titularidad del 50% indiviso en su condómino, y
a partir del año 1982 como su único dueño, en
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cómputo a partir de la fecha de fallecimiento
de Pilar Muñoz.
V.- De conformidad con lo previsto por
el art. 7 del Código Civil y Comercial de la
Nación resulta de aplicación al caso la
normativa contenida en el Código Civil hoy
derogado por ser la ley vigente al tiempo de la
consumación de los hechos que se invocan, sin
perjuicio de lo cual se advierte que la
aplicación de las disposiciones de uno u otro
código en nada modificaría la solución del
presente litigio.
VI.- Corresponde señalar primeramente
que la usucapión es un modo de adquisición de
los derechos reales por “la continuación de la
posesión” en forma pública, pacífica, continua
e ininterrumpida durante el tiempo establecido
por la ley. La adquisición por este medio se
basa en dos hechos fundamentales: la posesión
de la cosa por parte de quien no es su dueño y
la duración de esa posesión por un cierto
tiempo. De la conjunción de la posesión con el
tiempo la ley hace derivar la adquisición,
siendo éste uno de los efectos más importantes
de la posesión (cfr. Areán, Beatriz, Derechos
reales, Hammurabi, 2003, t° 1, p. 375).
Dada la naturaleza peculiar de este
modo de adquisición del dominio, la prueba a
producirse adquiere una importancia
trascendental y debe generar en el juzgador el
íntimo convencimiento que los extremos exigidos
por la ley para adquirir por prescripción se
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realizada por aquél en su favor en fecha 19 de
octubre de 2004.
Expuso la a-quo que respecto de la
posesión del antecesor y cedente ha mediado
cosa juzgada, siendo que “no es posible eludir
que ha habido pronunciamiento firme, en lo que
hace a una gran parte de ese plazo mismo, que
surgió del propio reclamo del aquí actor,
decidiéndose en la Alzada que no estaba
probada la posesión del cedente por los años
que se reclamaban para sí” (sic).
Luego de reseñar los fundamentos de la
sentencia de Alzada dictada en los autos
labrados con antelación a las presentes, la
colega de grado señaló con acierto que no
corresponde una reexaminación de la valoración
de la prueba allí efectuada; indicando
posteriormente que el aquí accionante debió
aportar prueba diferente que acreditara tanto
la posesión propia como la de su invocado
antecesor.
Por los fundamentos expuestos y en
tanto estimó que no existía una sola prueba que
demuestre con las características reseñadas el
hecho de la posesión del propio prescribiente
ni del antecesor denunciado, la sentenciante
desestimó la acción impetrada.
VIII.- Se agravia en esta instancia la
parte actora efectuando en primer término una
serie de apreciaciones personales sin bases
jurídicas que en nada contribuyen a su postura.
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Posteriormente plantea su
disconformidad en tanto en el fallo recurrido
se ha señalado que ante la falta de
incorporación de nuevos elementos este proceso
no pasaría de ser una reedición de un juicio
que ha culminado y se encuentra clausurado.
En este sentido, afirma que el
presente es un proceso autónomo y sostiene que
la postura de la a-quo la lleva a ignorar los
elementos introducidos en el nuevo plexo
probatorio, haciendo referencia a la absolución
de posiciones y a la partida de defunción de
Pilar Muñoz, así como también a su presentación
en el juicio sucesorio de Pilar Muñoz y a las
testimoniales, boletas, recibos de pago de
servicios y demás elementos que lucen en los
autos anteriormente tramitados.
Diciente con el fallo en tanto
considera en lo sustancial que no se ha
efectuado un análisis combinado de las
distintas pruebas producidas, sosteniendo que
tanto ambas posesiones como el vínculo entre
ellas se encuentran acreditados.
IX.- Ahora bien, pretende el
accionante que se declare adquirida por
usucapión la propiedad del 50% indiviso del
inmueble objeto de marras por la posesión
ejercida en primer lugar por Guillermo Arpa
Navarro y posteriormente por el actor en forma
personal.
Ello en tanto sea que se tome como
punto de partida la fecha en que se invocó la
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celebración de un boleto de compraventa entre
Guillermo Arpa Navarro y Pilar Muñoz (9/4/82)
–como pretendiera en los autos N° 107891/05–, o
la de defunción de esta última (25/4/89) –como
ahora propicia–, siendo que el accionante
afirma que su relación posesoria tuvo comienzo
el 19 de octubre de 2004, le resulta necesario
a los fines pretendidos unir su posesión a la
de su invocado antecesor.
A dichos efectos, resulta dable
señalar en este estado del análisis que no
basta con probar el nexo jurídico que
constituye el presupuesto de la unión de
posesiones para admitir el reclamo, sino que
también es necesaria la demostración de los
actos posesorios ejecutados por el antecesor y
luego por el reclamante mismo, con las
características necesarias para adquirir el
derecho real de que se trate.
En el afán de esclarecer la confusión
que se vislumbra, he asimismo de advertir que
el pretensor y su alegado antecesor en la
posesión no resultan ser terceros, ajenos a
toda relación real respecto del inmueble, sino
que se trata del caso en que un condómino
pretende usucapir una parte indivisa
perteneciente a otro condómino.
Se ha señalado en casos análogos que
el condómino no es un poseedor a título
precario, como lo es un usucapiente tercero,
puesto que, por hipótesis, posee como
propietario (art. 2676, Cód. Civil) y puede
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cabal demostración de los actos posesorios
efectuados por quien pretende usucapir y que
sean lo suficientemente idóneos como para poner
al propietario, que debe haber tenido
conocimiento de ellos, en el trance de hacer
valer por la vía correspondiente los derechos
que le han sido desconocidos (Conf. CSJN,
7/9/93, ED 159-233; id., CNCiv., Sala F,
“Wojcik Waryas, Emilia c/Wojcik y Waryas G. y
otros s/Prescripción adquisitiva”, 20/2/95;
id., Sala H, “S., J. A. c/C., O. G.”, 21/2/07;
CNCiv., Sala F, “De Lazzari Mario Jorge
c/Alberto de Lazzari e hijos S.C.A.
s/Prescripción adquisitiva”, n° 98080/10,
12/12/18).
Cabe así recordar que si la
prescripción es título idóneo para que un
condómino o coheredero extinga el parcial
derecho de sus otros comuneros y adquiera para
sí la propiedad de la totalidad de la cosa,
ello lo es a condición de que intervierta su
título de coposeedor por el único poseedor,
excluyendo así de la relación real con la cosa
a los demás condóminos o coherederos. A partir
de dicha mutación o interversión es que
comienza a correr el plazo usucapido (C.1a.
Civ. y Com. La Plata, Sala 3, “Dolset, Martha
Alicia c/Tarantino, Francisco s/Prescripción
veinteñal", 27/6/95, BA B200927; cit. en Kiper,
Claudio M. – Otero, Mariano C., Prescripción
Adquisitiva, 2° ed. act. y ampl., LA LEY, 2010,
p. 76).
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c/Pérez Jesús s/Prescripción adquisitiva”,
15/12/17).
La interversión del título se da
cuando el que tiene la cosa a nombre del
poseedor manifiesta por actos exteriores la
"intención de privar al poseedor de disponer de
la cosa" y cuando ellos producen ese efecto
(art. 2458 del Cód. Civil), cambio que debe
exteriorizarse de forma que no deje lugar a la
más mínima duda, que revelen en forma clara y
pública tal propósito, no siendo suficiente
cualquier acto, pues es necesario uno material
o jurídico de oposición al propietario, o al
menos es preciso que se manifieste por actos
exteriores, la intención de privar al poseedor
de la facultad de disponer de ella. En
consecuencia, si el comienzo de la ocupación
del inmueble reposó en el carácter de
condómino, al intentar usucapir el 100% del
bien, a éste le incumbe demostrar la
intervención del título y que la ocupación
alegada, es de allí en más a título de dueño
exclusivo (CCiv. Neuquén, Sala 2a, “Fernández
de Ramón Casas, Hilda y otro c/Solavagione,
José s/Prescripción", 13/2/96, Lexis N° 17/611;
cit. en Kiper, Claudio M. – Otero, Mariano C.,
Prescripción Adquisitiva, 2° ed. act. y ampl.,
LA LEY, 2010, p. 77).
X.- Conforme fuera señalado por el
accionante, con anterioridad a las presentes
tramitaron las actuaciones N° 107.891/05,
caratuladas “Colombo Juan Carlos c/Muñoz de
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asentándose que la copia simple acompañada
resultaba inhábil para justificar el hecho de
que daba cuenta su contenido o acordarle
certeza a la fecha de su eventual suscripción;
e indicándose a continuación que “Sentada
dicha premisa, y en ausencia del mencionado
elemento que constituiría la acreditación del
comienzo de la usucapión por parte del
anterior poseedor, debo decir también que
ninguna otra se ha aportado con virtualidad
suficiente para sostener tal extremo” (sic).
Incluso se especificó que “Los
testigos que prestaran declaración en la
causa, más allá de sus contradicciones
respecto del uso brindado al inmueble por el
actor, nada aportan acerca de los antecedentes
de su posesión” (sic); reseñándose asimismo que
si bien se alegó el ejercicio de la posesión
por parte del Sr. Guillermo Arpa Navarro desde
el año 1982, la Sra. Pilar Muñoz habitó el
inmueble hasta la fecha de su fallecimiento
ocurrido en el año 1989, según lo denunciado
por aquél en su partida de defunción.
Por éstas y otras consideraciones se
asentó que no se encontraban reunidos los
presupuestos necesarios para tener por
acreditada la posesión en los términos y por el
período contemplado por la ley, lo que conllevó
el rechazo de la demanda interpuesta mediante
el fallo datado el día 29 de octubre de 2010;
data que se torna notable al advertir que a esa
fecha habían transcurrido ya más de veinte años
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Muñoz, que el domicilio de la causante era el
del inmueble cuya usucapión pretendo” (sic),
partida de defunción que fue acompañada a fs.
187 de dichas actuaciones por la Sra. Defensora
Oficial, en oportunidad de contestar la acción
allí cursada.
En todo caso y de conformidad con lo
esbozado por el actor, el fallecimiento –y
consecuente existencia de la partida– le era
desconocido al momento de interponer la
anterior demanda, circunstancia que resulta por
demás llamativa si se advierte que según lo
manifestado el accionante reside en una unidad
funcional de la misma edificación en que se
encuentra la objeto de autos y que el testigo
Emilio Biasotti, quien expuso en aquellas
actuaciones que resultaba ser primo del actor,
declaró que suponía que Pilar había fallecido.
Frente a la laxitud probatoria
imperante en autos y más allá de la variación
en el relato del accionante en torno al
comienzo de la posesión de Guillermo Arpa
Navarro –variación que no hace más que
evidenciar la falta de precisiones a su
respecto–, resulta insoslayable obviar que en
el fallo dictado en los autos que concluyeran
con el rechazo de la acción nuevamente
intentada en las presentes se asentó frente a
los mismos elementos que ahora se tienen a la
vista que no se encontraba acreditado el
comienzo de la usucapión por parte del anterior
poseedor, refiriéndose puntualmente que los
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mismo asunto sometido a decisión judicial o que
por existir continencia, conexidad,
accesoriedad o subsidiariedad, la sentencia
firme ya ha resuelto lo que constituye la
materia o la pretensión deducida en el nuevo
juicio que se promueve.
En esta inteligencia se ha entendido
que la cosa juzgada no sólo alcanza a las
cuestiones que, propuestas expresamente por las
partes, fueron objeto de examen y de decisión
de la sentencia, sino también a las que se
pudieron haber alegado y probado y no lo
hicieron, siendo que se referían y estaban
contenidas en el mismo asunto litigioso (CNCiv.
Sala I, 21/12/04, elDial-AA274F, cit. por Areán
Beatriz en Highton-Areán, “Código Procesal…” t.
6, Hammurabi, p. 873).
La finalidad de este instituto es
evitar que se resuelva en dos procesos
distintos la misma cuestión y el dictado de una
segunda sentencia eventualmente contradictoria
(conf. Peyrano Jorge W., Excepciones
Procesales, t° 3, p. 192, núm. 2; Highton -
Areán, “Código Procesal…”, t. 6, com. art. 347,
n° 7, p. 866; cit. en CNCiv., Sala E, “M. P. H.
c/Sucesores de H. M. L. y otro s/Prescripción
adquisitiva, 13/2/17).
No escapa del análisis que ciertos
requisitos de admisibilidad temporalmente no
cumplidos en un momento, pero que operan en
otro, determinen que la segunda causa no es
alcanzada por la cosa juzgada de la primera
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otro”, 7/3/97, J.A. 2001-II, sínt.; cit. en
Falcón, Enrique M., ob. cit. t° 3, p. 685).
XIII.- A modo de síntesis, indicaré
que a los fines pretendidos en la demanda
resultaba necesario que el reclamante acredite
no sólo la vinculación entre la invocada
posesión de Guillermo Arpa Navarro y la propia,
sino también la posesión misma respecto de
ambos sobre la parte indivisa que se pretende
usucapir, con las características necesarias
para adquirir el derecho real que se pretende.
A sus efectos y siendo que en el
particular se trata del caso en que un
condómino pretende usucapir una parte indivisa
perteneciente a otro, debe tenerse en
consideración que conforme se ha señalado en
diversos precedentes, aún cuando es innegable
que en la prescripción adquisitiva es necesario
acreditar la posesión pública y pacífica
durante el lapso de veinte años que la ley
exige, lo cierto es que el condómino ya goza de
esa posesión en la medida de su respectiva
porción.
El reclamo alcanzaba al resto del
inmueble, por lo que el actor debió demostrar
en primer término en qué momento su antecesor
habría intervertido el título; siendo que para
que se configure la interversión del título no
basta el cambio interno de la voluntad, ni
siquiera su exteriorización por simples actos
unilaterales, sino que tiene lugar cuando el
cambio se produce mediando conformidad del
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consagra el principio rector en materia de
costas, que encuentra su razón de ser en el
hecho objetivo de la derrota, con prescindencia
de la buena o mala fe del vencido, pues se
trata, antes que de una sanción, de un
resarcimiento que se impone a favor de quien se
ha visto obligado a litigar.
En los procesos de usucapión son
aplicables las normas generales sobre costas
establecidas por la legislación procesal,
debiendo en principio afrontarlas el vencido en
virtud de la consabida regla que prevé el
artículo 68 del Código Procesal (“CNCiv., Sala
“C”, in re “Daud Gladys Fabiana c/Herederos de
Prenski s/Prescripción adquisitiva”, N°
30268/14, 6/10/20).
En efecto, el art. 68, párrafo
primero, del Código Procesal sienta el
principio general según el cual “la parte
vencida en el juicio deberá pagar todos los
gastos de la contraria…”.
Ahora bien, litigante vencido o
perdidoso es “aquél en contra del cual se
declara el derecho o se dicta la decisión
judicial” (conf. Fenochietto –Arazi, “Código
Procesal Civil y Comercial de la Nación…”, T.
1, Ed. Astrea, p. 285), siendo que a efectos de
la imposición de costas, la parte vencida es
aquella que obtiene un pronunciamiento judicial
adverso a la posición jurídica que asumió en el
proceso.
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la parte perdidosa actuó sobre la base de una
convicción razonable acerca del derecho
pretendido en el pleito o incidencia (Conf.
Palacio Lino Enrique, “Derecho Procesal Civil”
Tomo III, p. 373).
En el particular y pese a tratarse el
proceso de una instancia judicial abierta en
beneficio exclusivo del actor, quien debía
demostrar principalmente la existencia de
hechos propios –y de su invocado antecesor en
la posesión–, el demandante no ha obtenido el
reconocimiento de la postulación instada, no
advirtiéndose circunstancia alguna que en
virtud de la forma en que se ha decidido la
cuestión habilite la excepción pretendida en
materia de costas.
Recuerdo que el principio rector que
consagra el artículo 68 del Código Procesal
Civil y Comercial de la Nación encuentra su
razón de ser en el hecho objetivo de la
derrota, siendo en este aspecto que la Corte ha
remarcado que "Las excepciones a la norma del
art. 68 del Código Procesal Civil y Comercial
de la Nación deben admitirse restrictivamente"
(CSJN, in re "Lucero, Ana María y Lucero,
Verónica Yanina c/Flores, Miguel Modesto",
18/12/02; Manchini, Héctor Luis, Imposición de
costas, LL 16/05/12, 10, LL 2012-C, 77, LLO
AR/DOC/1938/2012). De este modo, quien pretenda
exceptuarse de esa regla debe demostrar
acabadamente las circunstancias que
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Buenos Aires, de 2022.-
Y VISTOS:
Por lo que resulta de la votación que
instruye el acuerdo que antecede, se RESUELVE:
1) Confirmar con el alcance expuesto la
sentencia recurrida en todo lo que fuera motivo
de agravios; y 2) Imponer las costas de Alzada
al recurrente, de conformidad con el criterio
objetivo de la derrota (conf. art. 68 del
Código Procesal).
El presente acuerdo fue celebrado por
medios virtuales y la sentencia se suscribe
electrónicamente de conformidad con lo
dispuesto en los puntos 2, 4 y 5 de la acordada
12/2020 de la Corte Suprema de Justicia de la
Nación.
Regístrese, notifíquese, comuníquese a
la Dirección de Comunicación Pública de la
Corte Suprema de Justicia de la Nación
(Acordada 15/2013) y devuélvase.- OMAR LUIS
DIAZ SOLIMINE.- PABLO TRÍPOLI.- JUAN MANUEL
CONVERSET.-
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