Competencias para Pedagogía Inclusiva
Competencias para Pedagogía Inclusiva
FACULTAD DE HUMANIDADES
Departamento de Educación
Seminario de titulación para optar al Título de Profesor de Educación General Básica con
mención en Matemática y Ciencias Naturales / Comunicación y Comprensión del Medio
Social
SANTIAGO-CHILE
2019
© Constanza Carvajal Lizana, Jaime Fuentes Muñoz, Francisca Quiroz Peñaloza, 2019[MOU1]
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas-
Internacional 4.0 (CC BY-NC-ND 4.0).
HOJA DE RESUMEN
Los principales resultados derivados del trabajo realizado dan cuenta que los profesores en
formación comprenden la inclusión educativa como el derecho que tienen todas las personas
no importando sus particularidades, de participar en el proceso educativo y lograr aprendizajes
significativos. Además, se establecen un conjunto de competencias docentes como
primordiales para la llevar a cabo una pedagogía inclusiva, las que fueron agrupadas en dos
dimensiones: una dimensión pedagógica, que incluye la planificación educativa, el
favorecimiento de un clima de aula inclusivo y la evaluación entre otras, y una dimensión
profesional donde se destacan la comunicación, la empatía y el trabajo en equipo.
i
Dedicatoria
Para los docentes que al igual que nosotros creen en una educación distinta, donde todos
tienen su lugar y pueden brillar con luz propia.
Para los docentes que luchan diariamente por una mejor educación y también para los
que estudian para ello.
ii
Agradecimientos
… a mi tía Claudia por ser inspiración diaria con su rigor y amor a nuestra profesión, y
a mi familia por apoyarme en este camino.
… a mis amigas Francisca y Constanza por caminar y aprender juntas tantos años, y a
sus familias por acogerme y abrir las puertas de sus casas en este caminar itinerante.
… A Constanza Herrera, por ser más que una docente que nos guío en este caminar, por
inspirarme y enseñarme que la educación inclusiva es una herramienta de amor y entrega
constante.
… A Jaime por ser ejemplo de perseverancia y que nunca es tarde para cumplir los
sueños.
iii
Agradecimientos
… a Constanza y Francisca por invitarme a ser parte de este maravilloso viaje con ellas.
… a Constanza Herrera que más que una guía fue un faro que nos iluminó y nos permitió
llegar a puerto
iv
Agradecimientos
v
TABLA DE CONTENIDO
Introducción .................................................................................................................................... 1
vi
V. Resultados ....................................................................................................................... 36
5.4.2 Factores que inciden en la valoración de competencias identificadas por los profesores
en formación ......................................................................................................................... 53
Conclusiones ................................................................................................................................ 69
Anexos ......................................................................................................................................... 78
vii
ÍNDICE DE FIGURAS
Figura [Link] para una Pedagogía Inclusiva, extraídas del discurso del profesorado en
viii
ÍNDICE DE TABLAS
Puntuaciones frecuencia, mín. máx. media, desviación estándar. Fuente: Elaboración propia,
(2019). .......................................................................................................................................... 59
frecuencia, mín. máx., media, desviación estándar. Fuente: Elaboración propia, (2019). .......... 60
ix
Introducción
Los profesores, sin duda, son agentes fundamentales a la hora de desarrollar una pedagogía más
inclusiva que permita responder a la diversidad de necesidades, características e intereses del
estudiantado, favoreciendo procesos de aprendizaje participativos y contribuyendo a reducir, con
su tarea, la exclusión tanto en el aula como fuera de ella.
Lo anterior, ha originado que múltiples estudios, tanto nacionales como internacionales, centren
su atención en conocer y describir las competencias y valores con los que cuenta el profesorado
en ejercicio para responder al desafío de la inclusión. A su vez, un segundo foco de análisis se
ha orientado a revisar los programas de formación inicial de los planteles universitarios con
relación a los enfoques y mecanismos bajo los cuales se está fomentando una enseñanza
inclusiva en los futuros docentes.
Ahora bien, un aspecto que aparece menos visibilizado en la investigación nacional refiere a las
concepciones, percepciones y valoraciones que poseen o consideran poseer los profesores en
formación para ejercer una pedagogía inclusiva, lo que resulta paradojal en tanto sus
percepciones constituyen elementos fundamentales para comprender su futuro ejercicio
profesional, conocer sus impresiones respecto a la formación que han recibido en materia de
inclusión y enriquecer el debate público respecto al cómo podemos construir un aula inclusiva.
De este modo, la relevancia del presente estudio se encuentra no solo en el hecho de que la
inclusión educativa constituya hoy una de las principales demandas a nivel mundial, enmarcada
incluso dentro de los 17 objetivos para el desarrollo sostenible de 2030, sino que también en la
distinción conceptual de profundizar en el profesorado aún en formación, actor que, aunque clave
en el proceso de implementación de la inclusión educativa, ha tendido a invisibilizarse,
desaprovechando las potencialidades de conocer en las etapas iniciales de la formación docente
cómo se están preparando, qué competencias se promueven de forma correcta y cuáles son aún
un desafío pendiente. Aprovechando esta ventaja, se destaca una amplia aplicabilidad del
estudio, que se materializa en las posibilidades de introducir mejoras durante el proceso mismo
de formación a partir de lo manifestado por los estudiantes.
1
En el marco teórico, se explicitan las distintas concepciones existentes respecto a la noción de
inclusión educativa, además de profundizar en la política nacional e internacional adoptada al
respecto. Junto con lo anterior, se releva lo que refieren diferentes estudios respecto a las
creencias, percepciones y estrategias que deben poseer los profesores para llevar a cabo una
pedagogía inclusiva y la importancia que tiene para este fin la formación inicial docente, por
último, este capítulo se adentra en la conceptualización de competencia educativa, además de
señalar las principales competencias que deben desarrollar los profesores para una pedagogía
inclusiva, según lo abordado por la literatura existente.
Ahora bien, en el marco metodológico, a fin de aproximarse a las percepciones sobre inclusión
que manifiestan estudiantes que actualmente cursan la carrera de Pedagogía General Básica,
este estudio se sirvió de una metodología cualitativa, la que permite conocer y describir las
visiones sobre inclusión que tienen los profesores en formación, así como el grado de dominio y
desarrollo en las competencias que perciben relevantes para llevar a cabo una pedagogía
inclusiva.
No obstante, las limitaciones arriba señaladas, una de las fortalezas dice relación con el hecho
de que los estudiantes que participaron en la investigación corresponden casi a la totalidad de
los futuros egresados de la carrera, lo que permite dar cuenta de las creencias, percepciones y
valoraciones sobre la inclusión de prácticamente toda una generación.
2
I. Problema de investigación
En las últimas décadas, Chile ha buscado responder a este compromiso, implementando una Ley
General de Educación (2009), que constituye un marco normativo que establece principios y
obligaciones para el Estado y los distintos actores educativos. En este sentido se busca avanzar
hacia una educación al alcance de todas las personas a lo largo de la vida y que debe ser de
calidad.
En este sentido, la inclusión educativa es concebida como un proceso de cambio, que permite
responder a la diversidad de necesidades de todo el estudiantado, a través de una mayor
participación en el aprendizaje y, de esta manera, reducir la exclusión dentro y fuera del sistema
educativo (UNESCO, 2015).
Por lo tanto, para abordar el proceso de transformación que implica la inclusión, se requiere
reducir y eliminar las barreras para el aprendizaje, la presencia y la participación que están
3
presentes en las instituciones educativas a diario, considerando a estas como impedimentos para
el ejercicio del derecho a una educación sin exclusiones (Echeita & Ainscow, 2011).
Asimismo, el abordaje de la diversidad requiere de una relación activa y positiva de todas las
dimensiones comprometidas en este proceso, es decir, políticas claras, marcos legales que
garanticen derechos y establezcan responsabilidades, comunidades educativas y sociedades en
general con una actitud de aceptación, respeto y valoración de las diferencias, además de un
trabajo colaborativo entre los actores involucrados (Blanco, 1999; Blanco, 2011; Durán & Giné
2017; Granada, Pómes & Sanhueza, 2013).
Sin embargo, una de las dimensiones que resulta fundamental para avanzar hacia una
perspectiva inclusiva, es el rol del profesorado. Son los docentes, los que tienen la oportunidad
de facilitar este proceso de transformación en el aula (Infante, 2010). Avanzar hacia aulas más
inclusivas, requiere que los profesores tengan la capacidad de ofrecer una variedad de opciones
en términos del aprendizaje, que se encuentren disponibles para todos los estudiantes, haciendo
que los recursos con los que se cuenta, y que tradicionalmente están disponibles sólo para
algunos estudiantes, sean accesibles a todos ellos. Este enfoque en relación con la docencia ha
sido definido como pedagogía inclusiva (Florian & Spratt 2013).
El profesorado que lleva a la práctica una pedagogía inclusiva requiere del dominio de variadas
competencias, en relación con la literatura existente, diversos autores destacan: compromiso y
actitud positiva hacia la diversidad, planificación educativa teniendo en cuenta las diferencias,
trabajo con otros, compromiso con el desarrollo profesional, entre otras (Arteaga & García 2008,
Echeita, 2012; Fernández, 2012; Fernández, 2013). En esta misma línea, en Chile los estándares
pedagógicos y disciplinarios para la formación inicial docente señalan que el profesor debe ser
capaz de diseñar estrategias pedagógicas creando ambientes que valoren la diversidad, donde
se desarrolle la evaluación procesual, se tomen decisiones curriculares para el aprendizaje de
todos y se utilice un lenguaje inclusivo (CPEIP, 2017).
En este contexto, diversas investigaciones chilenas han evidenciado las dificultades que algunos
profesores de aula poseen para responder al desafío de la inclusión. Al respecto, se ha visto que
en los docentes suelen prevalecer percepciones en torno a las dificultades de aprendizaje que se
sustentan en un enfoque médico, así como renuencia y desconfianza para el desarrollo del trabajo
colaborativo, miradas restrictivas con respecto a los apoyos que requieren los estudiantes, escasa
variedad de estrategias de enseñanza que promuevan climas de aula inclusivos, entre otras
(Jiménez & Montecinos, 2018; Mellado Hernández, Chaucono Catrinao, Hueche Oñate, &
Aravena Kennigs, 2017; Muñoz, López & Assaél, 2015).
Al mismo tiempo, estudios incipientes sobre la formación inicial docente para la inclusión en
nuestro país, han mostrado que, en los descriptores y perfiles de egreso de las carreras de
pedagogía, predomina una mirada centrada en el déficit de los estudiantes, con un enfoque
médico-rehabilitador, y una escasa formación en cuanto al abordaje en la práctica de la diversidad
del estudiantado (Contreras & Villalobos, 2010; San Martín, Villalobos, Muñoz & Wyman, 2017;
Tenorio, 2011).
Considerando los marcos de acción impulsados por los organismos internacionales y las políticas
nacionales, el rol del profesor en la educación inclusiva, así como los alcances y limitaciones de
la formación inicial docente en Chile, vale la pena preguntarse ¿Cómo perciben sus competencias
para una pedagogía inclusiva los profesores en formación de una Universidad Estatal de
Santiago[u3]?
5
II. Marco teórico
la "presencia" tiene que ver con el lugar donde se educa a los niños, y con cuánta
experiencias mientras están allí y, por lo tanto, deben incorporar las opiniones de los
propios alumnos; y "logro" se refiere a los resultados del aprendizaje en todo el currículo,
Tal como indican Ainscow y Echeita (2011) este cambio de perspectiva ha buscado que la
diversidad sea mirada desde lo positivo, siendo fundamental para esto aprender a vivir con ella y
sacarle el mayor provecho en el proceso de enseñanza aprendizaje.
Sin embargo, a través del tiempo la conceptualización de inclusión ha sufrido una serie de
redefiniciones progresivas (Blanco, 2006). En este sentido, en el pasado se vinculó con un
significado más restrictivo, de integración escolar, que corresponde a un término heredado desde
la educación especial, que reconoce la necesidad y urgencia de impartir enseñanza a todos los y
las estudiantes que presentan una condición de discapacidad en las escuelas regulares
(UNESCO, 1994).
Más allá de su evolución teórica, el concepto de inclusión sigue siendo utilizado y visto de
diferentes maneras, ya que en algunos países se piensa como el acceso a la educación de
personas con discapacidad, mientras que en otros el término es pensado de manera más amplia
considerando a todos los estudiantes como diversos, incorporando la idea de que la educación
inclusiva es para todos y que esta no se restringe sólo a los estudiantes con necesidades
educativas especiales (Echeita & Ainscow 2011).
Como sostiene Gerardo Echeita (2013) para entender la inclusión se debe comprender como un
proceso de innovación y mejora que acerca a las distintas instituciones educativas al objetivo de
promover tres dimensiones: la presencia, la participación y el aprendizaje de todo el estudiantado.
La presencia corresponde al acceso en un espacio de formación común que tiene en cuenta las
condiciones del contexto donde se educa. La segunda dimensión, aborda la participación activa
del estudiantado dentro de las comunidades educativas, considerando su diversidad a través de
estrategias pensadas para generar bienestar tanto social como personal y tomando en cuenta las
“voces” de los estudiantes en relación a cómo quieren ser educados. Y la tercera, que refiere a la
búsqueda en los establecimientos educativos, de un aprendizaje de calidad para todos,
considerando las diferentes formas y ritmos de aprendizajes (Duk & Murillo, 2016).
Con la finalidad de avanzar en las tres dimensiones señaladas anteriormente, Echeita y Ainscow
(2011) proponen como estrategia la identificación y la reducción o eliminación de barreras
simbólicas y tangibles. Entendiéndose como barreras a los distintos elementos instalados en las
instituciones, que se concretan en la cultura, las políticas y las prácticas tanto individuales como
colectivas que se dan en los centros, las cuales interactúan con las condiciones personales,
sociales o culturales de determinados alumnos, generando exclusión.
La inclusión tiene que ver entonces con construir comunidades escolares entendidas desde una
perspectiva amplia, las cuales fomenten y celebren sus logros promoviendo valores inclusivos
que sean compartidos por todos los agentes partícipes de la comunidad escolar. Tal como se
señala en el Índex de educación inclusiva: “Todos los valores son necesarios para el desarrollo
educativo inclusivo, pero cinco de ellos –igualdad, participación, comunidad, respeto a la
diversidad, y sostenibilidad– pueden contribuir especialmente a establecer estructuras,
procedimientos y actividades inclusivas.” (Booth & Ainscow, 2015, p.25)
7
Al contrario de la desigualdad y la imparcialidad (formas de exclusión), la igualdad es considerada
un eje central de la inclusión, esto “no significa que todos sean lo mismo o que sean tratados de
la misma manera, sino que todo el mundo sea tratado “como de igual valor” (Booth & Ainscow,
2015, p26). Lo anteriormente descrito, implica que, frente a situaciones de desigualdad, las
acciones de los centros no buscan igualar las oportunidades, sino más bien equipararlas, a partir
de la reflexión sobre los modos en que es posible reducir la desigualdad.
Otro valor para el desarrollo de una escuela inclusiva tiene que ver con respetar la diversidad,
esto promueve la valoración de la diferencia, reconociendo los aportes que esta hace a la
comunidad escolar, como señalan Booth y Ainscow (2015), la idea de diversidad que fundamente
una perspectiva inclusiva se basa en el reconocimiento de que todos son diferentes y no solo a
quienes se consideran distintos, a partir de una “normalidad” o “mayoría”.
La participación debe ser otro valor que se promueva en la escuela, entendiendo esta como estar
y convivir con otros. Para Booth y Ainscow (2015) la participación implica dos elementos: la acción
participativa y la participación en sí misma. La primera hace alusión a que una persona no solo
está involucrada cuando se realizan actividades grupales, sino también cuando se siente
aceptada y valorada dentro de la comunidad. La segunda, habla de la participación como estar y
colaborar con otros, involucrándose activamente en el aprendizaje, tomando decisiones y
considerando también la afirmación de su autonomía que implica el derecho a no querer
participar.
Junto a los valores antes mencionados se encuentra el de construir comunidad, tanto entre los
miembros del centro educativo como con los agentes de su entorno. En este sentido, se busca
que se generen relaciones de cooperación, responsabilidad y solidaridad entre los miembros de
la comunidad. En consecuencia, las puertas de las escuelas donde se promueve la inclusión
siempre están abiertas con el fin de que el proceso de formación se enriquezca a partir de la
diversidad de nuevos integrantes (Booth &Ainscow, 2015).
Otro valor inclusivo que destacan Booth y Ainscow (2015) consiste en la sustentabilidad, la que
se debe promover con el fin de asegurar el bienestar de las generaciones futuras. “Los centros
escolares que se desarrollan inclusivamente son lugares que fomentan un desarrollo sostenible
a través del aprendizaje y la participación de todos y la reducción de la exclusión y la
discriminación” (Booth & Ainscow, 2015, p.28).
8
La inclusión es un proceso, como se ha mencionado anteriormente y, por tanto, implica:
Esto implica que la inclusión sea considerada como un proceso dilemático. Los sistemas
educativos y sus actores se enfrentan continuamente a problemáticas que ponen en jaque la
forma en que se toman las decisiones, que suponen dilemas que no poseen una solución única,
sino más bien donde cada curso de acción posee aspectos positivos y negativos, de modo que
las decisiones deben ser evaluadas dependiendo de cada momento o caso en particular (Duk &
Murillo, 2016).
El interés por una educación inclusiva ha ido en aumento desde hace algunas décadas,
generando un proceso de constante transformación en la agenda de la comunidad internacional.
En consecuencia, los Estados han firmado un conjunto de iniciativas, tales como pactos,
declaraciones y marcos de acción, tendientes a acelerar dicho proceso.
En la política internacional reciente, uno de los más relevantes es la Conferencia Mundial sobre
Necesidades Educativas Especiales: Acceso y Calidad celebrada en Salamanca (1994). En esta
declaración se planteó que:
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La educación debería centrarse en la educación de todas las personas, de todas las
regiones del país y de cualquier condición económica, tanto en las escuelas públicas
Esta afirmación planteada por la comunidad internacional movilizó a los países respecto de la
inclusión, con la finalidad de asegurar que todos los estudiantes tengan acceso a la educación.
Por ende, la acción de los Estados puso especial foco en los grupos de la población
tradicionalmente excluidos, marginados o que experimentan fracaso escolar, así como a la
‘importancia de que todos los estudiantes aprendan juntos incluyendo en esto a los estudiantes
con necesidades educativas especiales. (Duk & Murillo, 2018)
2015, p.7)
Los compromisos asumidos a nivel internacional en Incheon, fueron reafirmados en el año 2017
en la Declaración de Buenos Aires. En esta declaración, los países de Latinoamérica y el Caribe
vuelven a hacer hincapié en el objetivo de garantizar una educación inclusiva y equitativa de
calidad, que promueva oportunidades de aprendizaje para todas las personas. Adicionalmente,
reconocen que para llevar a cabo este objetivo deben trabajar en fortalecer una nueva mirada de
la educación, siendo además conscientes de la importancia de velar porque todos los estudiantes
terminen su enseñanza, la cual debe ser gratuita, equitativa, y de calidad (UNESCO, 2017).
La declaración de Buenos Aires hace hincapié en que el desafío para la región es contribuir a la
disminución de la desigualdad siendo el principio rector de la agenda educativa 2030: “velar por
que todas las niñas y todos los niños terminen los ciclos de la enseñanza primaria y secundaria,
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que ha de ser gratuita, equitativa y de calidad, y producir resultados escolares pertinentes y
eficaces” (UNESCO, 2017, p.9).
En la década de 1980 durante el régimen militar, Chile comienza un plan radical de su política en
educación: la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (Ley °18.926). Con el fin de reformar su
sistema educativo para que este funcione de acuerdo con lo lógica del mercantilismo,
introduciendo al mercado como mecanismo regulador de la educación por oferta y demanda,
poniendo fin a la provisión de educación por parte del Estado (Bellei & Vanni, 2015).
Con la vuelta a la democracia tras 17 años de dictadura, en los años 90, nuestro país inicia el
camino para reformar el sistema educativo, con el fin de buscar una educación más equitativa y
de calidad.
Las políticas impulsadas en este periodo funcionan bajo dos criterios: generar programas
integrales de intervención de la cobertura universal, para el mejoramiento de la calidad de los
aprendizajes y la generación de programas compensatorios en las escuelas de menores recursos
con bajos resultados de aprendizaje para el mejoramiento de la equidad (Cox, 2003).
En este contexto y con la finalidad de beneficiar a todos los estudiantes, en el año 2003 se
promulga la Ley N°19.876 la que busca asegurar la cobertura universal a la educación. Al
respecto esta normativa establece:
Siguiendo esta línea legislativa, en el año 2009 se aprueba la Ley General de Educación, la cual
tiene entre sus principales avances, situar al Estado como garante de la calidad y equidad de la
educación, teniendo como principios orientadores la universalidad, la integralidad educativa y la
diversidad del estudiantado. Al respecto, la ley indica “El sistema propenderá a asegurar que
todos los estudiantes tengan las mismas oportunidades de recibir una educación de calidad, con
especial atención en aquellas personas o grupos que requieran apoyo especial” (Ley 20.370,
2009, p.2)
11
Paralelamente a las reformas al sistema general de educación, que buscan beneficiar a todos los
estudiantes, se ha avanzado en ampliar el concepto de inclusión a través de la creación de
políticas públicas focalizadas a favorecer a estudiantes que tradicionalmente fueron excluidos del
sistema regular de educación (Infante, 2010). Entre ellas la Ley de educación Especial, la Ley
indígena (19.253), la Ley 20.248 de Subvención Especial Preferencial, decreto 170 de subvención
especial a estudiantes con NEE, la Ley de Inclusión Escolar y el decreto 608 el cual contiene
lineamientos internos para favorecer la inclusión de estudiantes extranjeros al sistema educativo
chileno.
Cabe destacar entre las políticas públicas mencionadas anteriormente la Ley de inclusión Escolar
N°20.845, la que se ha transformado en uno de los principales componentes de la Reforma
Educacional, donde se busca que la educación sea mirada como un derecho social. Reduciendo
la segregación, a través de la eliminación de la selección, regulando así la admisión de los
estudiantes en las escuelas que reciben aportes del estado y promoviendo además la integración,
el acceso y la permanencia en la escuela de todo el estudiantado. (Fernández, 2017).
Durante las últimas décadas, las distintas áreas relativas a la educación han cambiado y, con
ello, se han producido importantes cambios en el papel que debe asumir el profesorado, así como
en los enfoques que orientan el currículum y la evaluación. Junto con lo anterior, la legislación
tanto nacional como internacional ha ido definiendo nuevos lineamientos en torno a cómo abordar
las diferencias que se presentan en las aulas, las que como se indicó anteriormente, se han
conceptualizado desde las necesidades educativas especiales hasta la inclusión (Rouse, 2008).
Este enfoque pedagógico que se posiciona desde la valoración de la diversidad, para reducir las
desigualdades en la formación es conceptualizado por varios autores como pedagogía inclusiva
12
(Ainscow, 2017; Florian, 2017). La pedagogía inclusiva comienza con un cambio en el
pensamiento pedagógico y que se transmite a la práctica proporcionando oportunidades de
aprendizaje enriquecidas y suficientemente accesibles para todos, de tal forma que la totalidad
de los estudiantes puedan participar activamente de la vida del aula (Florian, 2017).
La pedagogía inclusiva, reconoce las diferencias individuales entre los alumnos, pero rechaza las
limitaciones y estigmas que se asocian a los estudiantes que son categorizados como diferentes.
Florian y Black-Hawkins (2011) indican que la pedagogía inclusiva requiere un cambio de
enfoque, que implica dejar atrás la idea de que los apoyos solo deben proporcionarse a los
estudiantes identificados con "necesidades especiales" y asumir un enfoque de enseñanza para
todos, no para la mayoría o algunos. Asimismo, señalan que esta perspectiva rechaza las
creencias deterministas sobre la capacidad y la idea asociada de que la presencia de estudiantes
con dificultades detendrá el progreso de otros y se orienta desde una perspectiva colaborativa
entre el profesorado, donde prima el respeto a la dignidad de todos los alumnos como miembros
de pleno derecho de la comunidad escolar.
Diversas investigaciones han abordado las creencias sobre inclusión educativa que tienen los
docentes que se encuentran en ejercicio, para comprender los modos en que estos abordan el
desafío de un aula heterogénea. Al respecto, se ha visto que estas creencias se mueven desde
un paradigma médico-rehabilitador a otro más interactivo, que valora la potencialidad de los
estudiantes por sobre su déficit (Apablaza, 2014; Mellado, Chaucono, Hueche, & Aravena, 2017;
Muñoz, López& Assael, 2015).
Muñoz et al. (2015), describen tres perspectivas sobre inclusión encontradas en los discursos
docentes: individual, dilemática e interactiva. En cada perspectiva se pueden identificar
determinadas categorías discursivas empleadas para referirse a los estudiantes y en dónde se
centran los apoyos que estos requieren.
13
En la perspectiva dilemática se puede apreciar un avance en el discurso de los docentes, ya que
existe un cuestionamiento sobre cuáles son las formas más adecuadas para responder a las
necesidades de todo el estudiantado, considerando pro y contras en cada caso. Desde esta
perspectiva, el lenguaje médico-rehabilitador es cuestionado y aparecen reflexiones en torno a
su uso, así como también a los apoyos brindados desde esta perspectiva (Muñoz, et al.
Sin embargo, esta perspectiva es limitada, ya que si bien, supone la transformación del discurso
docente para lograr aprendizajes, estas transformaciones son lentas y en ocasiones, también son
procesos fallidos, e incluso pueden producir cierto grado de involución respecto a la inclusión
(Echeita, et al 2009).
La perspectiva interactiva se caracteriza por la valoración del potencial del estudiantado por sobre
su déficit. Desde esta perspectiva los docentes asumen un rol activo y colectivo orientado a
eliminar o reducir al máximo las barreras para la inclusión, por consiguiente, en sus discursos los
docentes destacan las habilidades y potencialidades de los estudiantes (Muñoz, et al. 2015).
Aun cuando los discursos de los docentes son heterogéneos, es decir, en estos conviven más de
una perspectiva, la realidad indica que predomina una perspectiva individual, basada en el
modelo médico-rehabilitador, lo que implica una visión restringida de la diversidad, centrada en
los aspectos negativos de la misma (Muñoz, et al.2015).
En esta misma línea, Jiménez y Montecinos (2018) investigaron cómo ocho docentes nóveles
gestionaban la diversidad escolar y la relación de ésta con su formación inicial. Los resultados de
la investigación mostraron el predominio de dos enfoques: el primero que dice relación con educar
a los diferentes y un segundo enfoque que se relaciona con las relaciones humanas.
Cabe señalar que, con respecto a las valoraciones que los profesores nóveles hacen de su
formación inicial, desde el punto de vista disciplinar, los profesores concuerdan en considerar su
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formación como adecuada y sólida. Por el contrario, cuando valoran su formación pedagógica,
ellos la consideran deficiente e incompleta para abordar la complejidad de las situaciones que
ocurren durante el ejercicio profesional (Jiménez & Montecinos, 2018).
Por su parte, Mellado et al. (2017), investigaron sobre las percepciones de los profesores respecto
a sus prácticas inclusivas en un colegio con programa de integración escolar, clasificando las
visiones de los participantes en cuatro categorías: percepciones pedagógicas segregadas,
aprendizaje individual, actitud desfavorable hacia la inclusión y clima de desconfianza para
relacionarse.
En relación con la categoría percepciones pedagógicas segregadas, el estudio mostró que las
percepciones que tienen los profesores sobre sus prácticas pedagógicas-didácticas suelen ser
excluyentes, ya que se centran en la segregación de los estudiantes que requieren algún tipo de
apoyo, así como a una escasa variedad de estrategias para el de diseño de experiencias de
aprendizaje que promuevan la inclusión (Mellado et al., 2017).
Por último, en relación con la categoría clima de desconfianza para relacionarse, las percepciones
de los docentes revelan las escasas relaciones de cercanía y confianza que existen entre los
diversos actores de la comunidad educativa. Este clima de desconfianza también se expresa y
se extiende al relacionarse con los estudiantes que requieren algún tipo de apoyo en su
aprendizaje (Mellado, [Link]., 2017).
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2.2.3 Estrategias docentes para la inclusión
Desde la perspectiva de la inclusión un docente necesita ser una persona capaz de aprender, de
ser responsable e innovador, de resolver tareas estableciendo sus propias metas y de desarrollar
estrategias pertinentes para que todo el estudiantado logre alcanzar el aprendizaje. Asimismo, el
profesorado debe ser capaz de flexibilizar el currículum para poder contextualizarlo y garantizar
la permanencia de todos los estudiantes, además de priorizar el trabajo entre la escuela y la
comunidad (Calvo, 2013).
Una serie de estudios internacionales e informes nacionales han detectado diversas estrategias
que favorecen un aula inclusiva. Estos estudios dan cuenta de acciones y prácticas docentes que
evidencian la gestión de la diversidad y que se hacen cargo del aprendizaje de todo el
estudiantado (Fernández, 2010; Agencia de Calidad de la Educación, 2018).
En segundo lugar, señalan la estrategia de organizar de materias por ámbitos. En ella se propone
un currículo integrado, a través del agrupamiento de distintas áreas, en ámbitos más amplios de
conocimiento. Se espera elaborar un currículo a partir de las necesidades del alumnado,
destacando las relaciones entre los contenidos (Batanero, 2010; Batanero, 2011 & Muntaner,
2014). La estrategia “adecuaciones curriculares” que propone la Agencia de Calidad (2018)
corresponde a esta modalidad y consiste modificar los objetivos de aprendizaje, priorizando o
simplificando en consideración del contenido curricular y los ritmos de aprendizaje de los
establecimientos.
16
En tercer lugar, el profesorado utiliza la estrategia colaboración en el aula, ésta tiene relación con
trabajar en equipo con los diferentes profesionales de la educación en el aula, con el fin de que
todo el estudiantado pueda ser atendido por los docentes presentes (Batanero, 2010; Batanero,
2011).
En quinto lugar, los docentes utilizan la evaluación basada en criterios claros, en ella el
profesorado tiene en cuenta el punto de partida de cada estudiante, ayudando a cada uno en la
superación de las posibles barreras existentes (Batanero, 2010; Batanero, 2011). Relacionada
con esta estrategia, los docente utilizan además el permitir a sus estudiantes múltiples formas de
dar respuestas a las actividades o tareas encomendadas (Agencia de Calidad de la Educación,
2018).
En séptimo lugar, otra estrategia descrita en la literatura es el aprendizaje significativo, para ello
el profesorado debe vincular los contenidos con la realidad y códigos propios de los estudiantes,
lo que se puede entender como la relevancia de los contenidos. Por otra parte, presentar los
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contenidos en sentido práctico, explicitando el para qué de estos y su pertinencia. También,
organizar el tiempo y el horario, es decir flexibilizarlos, respetando los ritmos de aprendizaje
(Agencia de Calidad, 2018).
En octavo lugar, favorecer la participación, es una estrategia que integra una serie de otras
estrategias que permiten alcanzarla, entre ellas se destacan: “lograr un contexto de confianza y
respeto” esta estrategia favorece la expresión de opiniones y el de hacer preguntas. También
destaca, “logar un espacio de expresión para todo el estudiantado”, es decir que todos puedan
desarrollar oralidad y expresión de ideas con actividades específicas. Otra estrategia de esta
serie es “establecer un trabajo personalizado o trabajo directo” con aquellos estudiantes que
requieran más apoyos (Agencia de Calidad, 2018).
.
Por último, fomentar autoeficiencia en el alumnado, es otra estrategia utilizada por el profesorado
para promover aulas inclusivas. Esta estrategia consiste en sembrar la idea de que ellos son
capaces de ser exitosos. Para ello se debe presentar un aumento progresivo de la exigencia al
alumnado, a modo de evidencia de que efectivamente sí pueden lograr un mayor grado de
dificultad (Agencia de Calidad, 2018).
En síntesis, un profesorado que desarrolla y utiliza una serie de estrategias en su aula que
promuevan buenas prácticas, como las que antes fueron descritas, será un profesorado que se
comprometa con los valores de la escuela inclusiva (Moya, Moya & El Homrani, 2017[MOU5]).
Diferentes estudios indican que una de las vías conocidas para potenciar la inclusión educativa
en los sistemas escolares, “está relacionada con la capacidad de los Estados de contar con
docentes capacitados para trabajar y desenvolverse en clases con un alto grado de diversidad”
(San Martín , et al. 2017, p. 23). Este desafío, da cuenta de la relevancia de la formación del
profesorado, particularmente de su formación inicial, ya que es en esta instancia donde es posible
generar las condiciones y oportunidades de aprendizaje que les permitirán a los futuros
profesores desarrollar competencias para atender la diversidad de todos sus estudiantes[MOU6]
(San Martín , et al. 2017).
Adicionalmente, Durán y Giné (2017), indican que la formación de profesores debería permitir
forjar una nueva identidad profesional, esto es, un docente “competente pedagógicamente, capaz
de investigar y reflexionar sobre su práctica con otros profesores y consciente de las facetas
sociales y morales de su profesión” (p.159).
Sin embargo, la mayoría de los programas y el currículo de educación superior para profesores,
entregan herramientas a nivel de metodologías y didácticas que se enfocan en el aprendizaje de
un alumno promedio, sin considerar la diversidad del alumnado (Contreras & Villalobos, 2010;
Tenorio, 2011[MOU7]). Los resultados de una investigación nacional con profesores en formación
evidencian que los estudiantes reconocen en su formación inicial debilidades en cuanto a la falta
de preparación en temas relacionados con la diversidad en el aula y estrategias pedagógicas
para el trabajo con la diversidad del estudiantado (Tenorio, 2011). En la misma línea, otra
investigación con profesores nóveles evidenció un déficit atribuido a la formación inicial en cuanto
al desarrollo de competencias para generar estrategias diversificadas y sus correspondientes
procesos de evaluación (Jiménez & Montecinos 2018).
.
Al respecto, San Martín et al. (2017), proponen una serie de desafíos para la formación inicial
docente en el país, destacándose entre ellos: que las carreras de pedagogía desarrollen marcos
comunes desde el Estado para que los futuros docentes puedan desarrollar competencias para
atender a la diversidad, asuman un enfoque colaborativo con otros profesionales, integren en los
planes de formación asignaturas que impacten la forma de pensar y actuar en relación a
diversidad y por último, diseñen programas de formación que permitan a los profesores en
formación ampliar los propios conceptos de inclusión.
Asimismo, la formación inicial de los docentes debe incorporar en su currículum las demandas y
necesidades que plantea la escuela, así como las propuestas educativas que provienen de otras
disciplinas que colaboran con la pedagogía, con la finalidad de avanzar hacia una formación inicial
de orientación inclusiva que redunde en una mayor calidad y equidad en la educación de todo el
estudiantado (Lledó & Arnaiz, 2010).
Por su parte, Symeonidou, (2017) a partir de un metanálisis de los estudios sobre formación inicial
docente para la inclusión entre 2000 y 2014, plantea que para generar cambios con foco inclusivo
y dejar atrás el legado ideológico de las necesidades educativas en la formación inicial, se
19
requiere el desarrollo de nuevas estructuras (departamentos, facultades, entre otras), así como
también nuevos cursos con currículos modificados y nuevos nombres.
Asismismo, los autores señalan que resulta fundamental que la formación inicial aborde
suficientemente el desarrollo de creencias que promuevan la inclusión. Respecto a esto, la
investigación revela que si bien una unidad de aprendizaje puede tener algunos efectos positivos
en términos de la formación para inclusión, no necesariamente ayuda a desarrollar actitudes
positivas hacia ella. Por lo tanto, se sugiere proporcionar variadas oportunidades a lo largo de la
formación para que los estudiantes puedan mejorar su conocimiento y sus habilidades para la
inclusión educativa (Symeonidou, 2017).
En relación a lo anterior, los formadores de los profesores son actores claves, éstos deben estar
comprometidos con la promoción de los valores inclusivos. En la misma línea, se sugiere que
durante el periodo de formación se oriente desde un enfoque reflexivo, es decir, inculque en los
profesores en formación un sentido de compromiso social y análisis crítico de su propia práctica
(Symeonidou, 2017).
Así también, en dicho estudio se propone que el profesorado en formación tenga experiencia en
aulas inclusivas donde se pueda visualizar un trabajo de co-docencia entre los profesores de
enseñanza general y los profesores de educación especial, ya que en estas aulas se construyen
relaciones donde unos aprenden de otros, fortaleciéndose así las competencias. Cabe indicar,
que las experiencias de formación práctica en aulas promotoras de la inclusión son valoradas
positivamente por los profesores en formación y poseen impactos beneficiosos y longevos en las
percepciones de autoeficacia para la inclusión en ellos (Symeonidou, 2017).
El concepto de competencia, tal como se entiende en educación, surge de las teorías de cognición
y de forma muy simplificada atiende a saberes en ejecución. En este sentido, es posible definir,
una competencia como: “una convergencia de los comportamientos sociales, afectivos y las
habilidades cognoscitivas, psicológicas, sensoriales y motoras que permiten llevar a cabo
adecuadamente un papel, un desempeño, una actividad o una tarea (Argudín, 2001, p.43).
Braslavsky citada en UNESCO (2007), define competencias como “el desarrollo de las
capacidades complejas que permiten a los estudiantes pensar y actuar en diversos ámbitos.
20
Consiste en la adquisición de conocimiento a través de la acción, resultado de una cultura de
base sólida que puede ponerse en práctica y utilizarse para explicar qué es lo que está
sucediendo” (p.1).
Otra definición del concepto de competencia es la indicada por Fernández (2013), quien la
conceptualiza como un conjunto de habilidades y destrezas necesarias para realizar un trabajo
en un contexto laboral determinado.
habilidad, que depende de un saber práctico, o de una facultad más general que el
inglés designa con el término agency. De este modo, se designan las capacidades para
realizar una tarea con ayuda de herramientas materiales y/o instrumentos intelectuales
En cuanto a las competencias en educación, Argudín (2001) manifiesta que éstas “pueden
definirse como la convergencia entre los conocimientos de la disciplina, las habilidades genéricas
y la comunicación de ideas” (p.45). Siendo las habilidades genéricas las que especifican lo que
se debe hacer para construir una competencia, por ejemplo: trabajo en equipo, planteamiento de
problemas, evaluación de la información, entre otras.
Las competencias docentes son las que efectivamente se ponen en acción en las
del proceso educativo, evaluación del aprendizaje, mediación del aprendizaje, gestión
21
2.3.2 Competencias docentes para la inclusión
Como se ha indicado hasta ahora, diferentes autores han planteado los desafíos y cambios
vinculados a la educación inclusiva, respecto de los cuales el profesorado requiere desarrollar
una serie de competencias y capacidades docentes para el desarrollo de buenas prácticas en el
aula (Arteaga & García 2008; Echeita, 2012 y Fernández, 2013). Al respecto, las competencias
descritas en las investigaciones citadas se detallan a continuación.
En la misma línea Alegre, como citó Fernández (2013) sostiene que una de las competencias que
debe desarrollar el profesorado es incorporar modificaciones al currículo que lo aparten lo menos
posible de la programación regular o de los planteamientos comunes[MOU9]. En este sentido,
Echeita (2012), indica que un área de competencia es desarrollar métodos de enseñanza eficaces
para todos en grupos de alumnos heterogéneos.
Otra competencia descrita por los autores es la mediación educativa para lograr objetivos Arteaga
y García (2008) plantean que es el monitoreo de los aprendizajes, a partir de la observación e
interacción con los alumnos lo que permite orientarlos en su trabajo. Estas acciones de
acompañamiento durante el proceso permiten anteponerse a posibles problemas de aprendizaje,
al permitir comprender las diferencias entre el estudiantado y dar una respuesta ajustada a la
individualidad.
Añadiendo a la competencia del párrafo anterior también se requiere que los docentes esperen
lo mejor de todos sus estudiantes, esto se puede llevar a cabo promoviendo el aprendizaje
académico, práctico, social y emocional de todo el alumnado, mediante enfoques educativos
efectivos para aulas heterogéneas (Agencia Europea para el Desarrollo de la Educación del
Alumnado con Necesidades Educativas Especiales, 2012). Desde esta perspectiva, cualquier
alumno puede experimentar dificultades para aprender en un momento u otro de su
escolarización, por ello, los sistemas de ayuda y apoyo deben estar disponibles para todos los
alumnos que lo precisen. Estos apoyos o sistemas de ayuda tienen que organizarse pensando
22
que cualquier alumno puede necesitarlos y en diferentes momentos a lo largo de su etapa escolar
(Echeita & Simón, 2014).[MOU10]
La competencia anterior se relaciona, con lo propuesto por Alegre como citó Fernández (2013),
quien indica que el profesorado debe ser capaz de identificar las necesidades que se generan
durante el proceso de aprendizaje, así como también resolver los conflictos a los que se enfrentan
en las interacciones de enseñanza y aprendizaje, cuando deben atender a estudiantes que
necesiten algún apoyo. Asimismo, señala que los docentes deben ser capaces de identificar y
desarrollar estrategias innovadoras para favorecer la inclusión de sus estudiantes.
Otra de las competencias descritas es la evaluación formativa, siendo esta de mucha importancia,
puesto que es donde se analizan la pertinencia y efectividad de las diferentes estrategias
utilizadas por el docente, al tiempo que permite identificar las dificultadas que se presentan en el
aprendizaje, con la finalidad de orientar la toma de decisiones para que estas puedan ser
solventadas (Arteaga & García, 2008).
Compromiso y actitud positiva hacia la diversidad (Arteaga & García, 2008), es otra de las
competencias presentes en la literatura. Esta competencia también es destacada en el perfil
profesional del docente en educación inclusiva que propone la Agencia Europea para el desarrollo
de las Necesidades Educativas Especiales (2012), la cual indica que valorar en positivo la
diversidad del alumnado es comprender que las diferencias entre los estudiantes son un recurso
y un valor dentro de la educación (Agencia Europea para el Desarrollo de la Educación del
Alumnado con Necesidades Educativas Especiales, 2012). Al respecto, Blanco (2006) indica que
la condición más importante para el desarrollo de las escuelas inclusivas es que la sociedad en
general y comunidad educativa en particular, tengan una actitud de aceptación, respeto y
valoración de la diferencia. En este sentido se asume que la diversidad es un valor educativo que
beneficia a todos los estudiantes (Navarro, 2008).
23
En relación con lo anterior, trabajar en equipo es una oportunidad de aprendizaje tanto para los
sistemas, para los equipos docentes de los centros educativos, como para los que convivimos en
la diferencia, es decir, es una oportunidad para todos. Por tanto, las escuelas deben fomentar la
cooperación y participación entre todos los miembros de la comunidad escolar (Messias, Muñoz,
& Torres, 2013).
Más aún, la formación para la diversidad requiere que el profesorado visualice su rol docente
como un agente-clave para la reconstrucción de las sociedades, contribuyendo a resolver las
inequidades de los actuales sistemas educativos, a partir del cambio en la cultura profesional
docente que permita la reconstrucción de sus procesos de identidad y desarrollo profesional, en
un contexto abierto a todos y orientado por valores inclusivos (Durán & Giné, 2017; Jiménez &
Montecinos, 2018).
Cabe indicar que esta formación no ha de ser concebida como una formación individual para un
desarrollo profesional aislado, todo lo contrario, se trata de una capacitación personal para
participar de una actividad docente que permita el desarrollo profesional de todo el profesorado y
la mejora del sistema educativo y sus componentes (Durán & Giné, 2017; Florian, Young & Rouse,
2010[MOU12][MOU13]).
24
III. Objetivos
Describir las competencias para una pedagogía inclusiva que poseen profesores en formación de
educación básica de una universidad estatal chilena.
Reconocer las concepciones que los profesores en formación poseen respecto de la inclusión
educativa y las valoraciones que le asignan al rol del docente en este proceso de transformación.
Identificar y describir las competencias para una pedagogía inclusiva que son consideradas
relevantes por los profesores en formación a partir de sus experiencias académicas y vitales.
25
IV. Marco Metodológico
Ante ello, esta investigación, propone aproximarse a las percepciones que los y las estudiantes
de pedagogía construyen sobre la inclusión, las competencias que consideran relevantes para
lograr una pedagogía inclusiva y su grado de dominio en dichas competencias.
Además, este enfoque confiere un rol sustantivo a los participantes como interlocutores que
participan activamente del proceso investigativo. En este sentido, se avanza en reconocer que la
realidad social es construida, múltiple y dinámica (Taylor y Bogdan, 2000; Martínez, 2009;
Vieytes, 2011). En este caso, lo anterior implica que no existe una forma única e inmutable de
concebir el fenómeno de inclusión/exclusión educativa y las competencias que los docentes
requieren para abordar este desafío, sino que esta concepción dependerá de los sujetos que se
movilicen en un determinado contexto, siempre diverso y susceptible al cambio. Lo antes
mencionado se visualiza como una potencialidad en tanto este enfoque permite analizar en
26
profundidad las competencias con las que cuentan los profesores en formación, considerando
sus diversidades contextuales y las experiencias que han vivenciado a lo largo de su formación.
Por otro lado, la finalidad de la presente investigación responde a un carácter aplicado, el que es
entendido por Vieytes (2011) como aquella investigación que tiene como meta construir nuevos
conocimientos con una utilidad práctica, contribuyendo a resolver problemas concretos, es decir,
conocer para transformar. En este sentido, basándose en estudios previos, esta investigación se
propone describir las percepciones de los profesores en formación respecto a sus competencias
para una pedagogía inclusiva, en miras de aportar en una utilización práctica de estos
conocimientos y como nicho para futuras investigaciones en la materia, al visibilizar la importancia
de la formación de los estudiantes de pedagogía para la construcción de una pedagogía inclusiva.
Así, los resultados que emerjan durante este proceso investigativo podrían ser de utilidad para el
desarrollo de propuestas de intervención orientadas a mejorar las condiciones actuales de la
formación en inclusión educativa en las instituciones universitarias. En este sentido, el propósito
último de esta investigación no es solo fortalecer la compresión del fenómeno en estudio, sino
que busca, además, contribuir con evidencia que permita avanzar propositivamente en reducir
las barreras existentes para lograr una formación docente desde un enfoque inclusivo.
En cuanto al alcance investigativo, este estudio se ubica en un nivel descriptivo, el cual según
Hernández, Fernández y Baptista (2010), se interesa en “especificar las propiedades, las
características y los perfiles de personas, grupos, comunidades, procesos, objetos o cualquier
otro fenómeno que se someta a un análisis” (p.80). A su vez, siguiendo a Vieytes (2011), un
alcance de investigación descriptivo permite adquirir conocimiento exhaustivo respecto del objeto
de estudio o de alguno de sus aspectos. Así, el presente estudio se aproxima a una compresión
en profundidad de las competencias docentes para desarrollar una pedagogía inclusiva que
identifican los profesores en formación y cuán preparados estos se sienten en el desarrollo de
estas competencias.
Por otro lado, el estudio recurrirá a fuentes primarias para la obtención de información. “La
investigación primaria es toda aquella cuyos datos son recolectados en forma directa por el
investigador” (Vieytes, 2011, p.114), “permitiendo un mayor entendimiento de los significados y
experiencias de las personas” (Hernández, Fernández y Baptista, 2013, p.12). En el caso de esta
investigación la recolección de datos tendientes a conocer las percepciones de los profesores en
formación respecto a sus competencias y nociones en torno a cómo desarrollar una pedagogía
inclusiva, se realizó de manera directa y presencial, aplicando para ello un cuestionario y una
escala de valoración. En este sentido, es posible hablar de datos construidos y obtenidos a partir
27
de lo enunciado por los propios participantes, y no recopilados ni sustraídos de otros medios de
información.
Por último, en relación con la dimensión temporal, es decir, el número de momentos determinados
para la recolección de datos en el curso de la investigación (Hernández-Sampieri et al., 2010),
este estudio puede clasificarse dentro de una de secuencia transversal, también llamada
sincrónica o transeccional. “Los diseños de investigación transeccional tienen como propósito
describir variables y analizar su incidencia e interrelación en un momento dado” (Hernández et
al, 2010, p.151). Bajo este esquema la aplicación de los instrumentos para la recolección de datos
se realiza en un momento único, y no se establecen posteriores seguimientos para las mismas
personas encuestadas (Hernández-Sampieri et al., 2010; Vieytes, 2011). Para este estudio, los
datos fueron recogidos a partir de dos instrumentos aplicados de manera simultánea a los
profesores en formación en un momento específico, para ello se les convocó a asistir de manera
voluntaria a una instancia de aplicación de estos instrumentos en las dependencias de su
universidad.
4.2 Participantes
Por otra parte, el 11% de los participantes indicó haber participado o encontrarse realizando
algún curso alusivo a la temática inclusiva fuera de su formación universitaria.
Por otra parte, en lo referente a las experiencias de los profesores en formación, del total de
participantes el 68% tiene contacto cercano y habitual con personas en situación de vulnerabilidad
(personas migrantes, de minorías étnicas, con discapacidad, etc.), mientras que el 32% dice tener
experiencia interactuando con ellos. Asimismo, un 25% de los participantes señalan tener
vínculos afectivos con una persona en situación de vulnerabilidad.
Con base en los objetivos y recursos del estudio, en este caso se optó delimitar una muestra no
probabilística de carácter intencionada. Una muestra no probabilística intencionada, se
caracteriza porque la elección de los elementos no depende de la probabilidad, sino del problema
y objetivos de investigación (Vieytes, 2011; Hernández et al, 2013). Para el caso de este estudio
lo anterior se observa en su propósito de describir y analizar en profundidad cómo perciben los
profesores en formación sus competencias para construir una pedagogía inclusiva en el aula, de
ahí la importancia de seleccionar prácticamente a toda la cohorte de la población en estudio.
4.3 Instrumentos
En la investigación, los datos fueron recopilados mediante un cuestionario y una escala los cuales
fueron aplicados a los profesores en formación de la carrera de pedagogía en educación básica
estudiada.
29
(Valles, 1999; Hernández, Fernández, & Baptista, 2010). Su uso en el marco de la presente
investigación permitió recolectar información acerca de las diferentes concepciones que tienen
los participantes respecto de la inclusión educativa, y la valoración que le dan al rol que cumple
el profesor en este proceso, junto con identificar las competencias consideradas por los
profesores en formación como relevantes para llevar a cabo una pedagogía inclusiva y
caracterizar que tan preparados se sienten ellos respecto a su desempeño para desarrollar dichas
competencias en el aula.
Un segundo instrumento utilizado para esta investigación consistió en una escala de valoración
denominada Escala de percepción de competencias del profesorado en formación para la
inclusión educativa (ver anexo iv). Este instrumento fue replicado de uno ya existente elaborado
por los profesores e investigadores de la Universidad de Santiago de Chile: García, Herrera y
Vanegas, el que se encuentra en proceso de validación y fue adaptado del estudio La percepción
de estudiantes egresados de magisterio en la Universidad Autónoma de Madrid sobre su
competencia profesional para ser “profesorado inclusivo”: un estudio preliminar, creado por
Izuzquiza, Echeita y Simón (2015).
Para esta investigación la escala constó de 25 ítems divididos en dos dimensiones, la primera
aborda las prácticas de enseñanza que promueven la inclusión educativa, compuesta por 12
ítems (2 - 3 - 4 - 5 - 9 - 10 - 12 - 13 - 14 - 17- 24 - 25 ) , y una segunda dimensión que aborda las
actitudes y valores vinculados a la inclusión educativa, compuesta por 13 ítems (1 - 6 - 7 - 8 -11-
15 - 16-18 - 19 – 20 - 21 - 22 - 23).
Los contenidos sometidos a este instrumento se valoraban sobre una escala Likert de cuatro
puntos: 1 (totalmente en desacuerdo), 2 (parcialmente en desacuerdo), 3 (parcialmente de
acuerdo) y 4 (totalmente de acuerdo). Tendientes a conocer y analizar qué tan preparados se
30
perciben los profesores en formación con relación a los valores y competencias que consideran
relevantes para llevar a cabo una pedagogía inclusiva.
4.4 Procedimiento
La recolección de datos se realizó en una sola sesión. Con este fin se presentó los aspectos
generales de la investigación y se solicitó a los profesores en formación la firma del
consentimiento informado (anexo ii), a través del cual se informa de los propósitos del estudio,
así como del marco de la investigación, además, se indica que la participación es voluntaria y la
absoluta confidencialidad de los datos, los que serán empleados meramente con fines
académicos.
El uso de consentimientos informados responde a lo que Valles (2000) denomina códigos de ética
de una investigación, donde se establece como parámetro mínimo que exista un conocimiento
mutuo de los propósitos del instrumento aplicado, un acuerdo de confidencialidad y de honestidad
al momento de responder las preguntas.
31
Por último, posterior a la recopilación de los instrumentos, se procedió a transcribir las respuestas
de los encuestados en una base de datos realizada en una hoja de cálculo de Google Drive, en
la cual se sistematizaron cada una de las respuestas para un mismo sujeto, con la finalidad de
facilitar el análisis de los datos levantados.
En consideración, a los diversos objetivos de esta investigación se realizaron dos tipos de análisis
para el tratamiento de los datos. Por una parte, un análisis cualitativo de orden inductivo y, por
otra, un análisis cuantitativo de estadística descriptiva y de frecuencias. Estos procesos de
detallan a continuación.
En primer lugar, con la finalidad de describir las concepciones que tienen los participantes sobre
la inclusión, la valoración que le asignan al rol del profesor en la inclusión, para identificar y definir
las competencias que promueven una pedagogía inclusiva y para identificar los factores con los
que relacionan su desempeño en dichas competencias, se llevó a cabo un análisis cualitativo de
orden inductivo. En este tipo de análisis “las categorías inductivas emergen de los datos, por lo
tanto, su construcción es posterior a la obtención de los mismos, es decir, surgen a medida que
se analizan los datos recogidos” (Monje, 2011, p.92.).
Con esta finalidad, se empleó el procedimiento de análisis de contenido propuesto por Bardin
(1986) el cual plantea diferentes fases de análisis, que se organizan en torno a tres polos
cronológicos: el preanálisis, el aprovechamiento del material y el tratamiento de los resultados, la
inferencia y la interpretación. Para lo anterior, el análisis de datos de los Ítems mencionados se
realizó de la siguiente manera:
Para el caso de este estudio, se realizó la lectura de las respuestas de los participantes, así como
la organización del material y sistematización de las respuestas a cada una de las preguntas del
cuestionario, utilizando hojas de cálculos de Google Documents.
32
Seguidamente, en la etapa de aprovechamiento del material, el análisis lleva a la identificación
de unidades semánticas que luego serán analizadas. Como indica la autora “el texto puede ser
descompuesto en ideas constituyentes, en enunciados y proposiciones portadores de
significaciones aislables” (Bardin, 1986, p.80).
Con los códigos que emergieron de los relatos se elaboró un diccionario de códigos que
contempló el nombre del código, una definición y un ejemplo de utilización. Particularmente, para
la concepción de inclusión educativa se generó un diccionario de 15 códigos tales como: derecho
a la educación, no discriminación, ritmos y estilos de aprendizaje, participación, escuela inclusiva,
entre otros (ver anexo v); en cuanto a la valoración del rol del profesor se crearon 11 códigos que
contemplan: actor principal o secundario en la inclusión, agente de transformación social,
responsable de la educación, entre otros (anexo vi). Finalmente, a cada unidad con sentido se le
asignó el código con el que tenía relación, pudiendo resultar más de uno en cada caso.
En cuanto a los factores estos se identificaron a partir de lo colegido de los discursos de los
participantes al ser consultados sobre la razón de su valoración respecto a la percepción de su
desempeño en cada una de las competencias por ellos señaladas.
En tercer lugar, respecto del tratamiento de los resultados, la inferencia y la interpretación, Bardin
(1987) señala que: "teniendo a su disposición resultados significativos y fiables, el analista puede
33
proponer inferencias y adelantar interpretaciones a propósito de los objetivos previstos o
concernientes a otros hallazgos imprevistos” (p. 77)
En este sentido, en lo referente a las concepciones de inclusión y el valor asignado al rol docente
en la inclusión, una vez que las respuestas de los profesores en formación fueron codificadas se
realizaron distintas inferencias e interpretaciones. A fin de elaborar un documento de salida que
permitiera la agrupación de las unidades significantes por cada código identificado, para su
posterior análisis conjunto y la redacción de un relato que integraba las aportaciones de los
participantes.
Por otro lado, respecto a la identificación y descripción de las competencias para una pedagogía
inclusiva, luego de haber agrupado las respuestas de los participantes se definió un nombre para
cada una de las competencias señaladas, en atención a los contenidos presentes en el discurso
de los participantes. luego, se construyeron definiciones para estas, a partir de las inferencias e
interpretaciones realizadas con base en las unidades significantes de cada competencia señalada
para finalmente agruparlas en dos dimensiones.
Una segunda etapa de análisis permitió abordar la valoración que tenían los profesores en
formación respecto de su desempeño en las competencias que ellos habían identificado como
relevantes para el desarrollo de una pedagogía inclusiva y en las competencias descritas en la
literatura, junto con identificar los factores asociados a estos datos.
Con el fin antes descrito se realizaron análisis cuantitativos, a partir del uso de estadísticos
descriptivos y de frecuencias. Este tipo de análisis “se utiliza para describir la frecuencia y
distribución de las características (o variables) del objeto en estudio” (Gómez, Danglot & Vega,
2003). En este caso el análisis consideró dos elementos:
La percepción respecto al desempeño de los profesores en formación en las
competencias identificadas por ellos mismos.
La percepción respecto al desempeño de los profesores en formación en las
competencias identificadas según los factores de su experiencia con que asociaban dicho
nivel de desempeño.
34
La percepción respecto al desempeño vinculado a 2 dimensiones: Prácticas de
enseñanza que promueven la inclusión educativa, y Actitudes y valores vinculados a la
inclusión educativa.
Para cada uno de los elementos, se calculó la frecuencia de respuesta de participantes en cada
nivel o categoría. Además, se calculó el mínimo, el máximo, una medida de tendencia central
(media) y una de dispersión (desviación estándar) de las respuestas.
35
V. Resultados
En primer lugar, los profesores en formación en su discurso definen la inclusión educativa como
el derecho que tienen todas las personas de ser educadas, vale decir, garantizar la presencia,
de todos y todas en el sistema escolar. Tal como lo indica uno de los participantes: “entiendo por
inclusión educativa al proceso que garantiza la total inclusión del estudiantado en la escuela”
(Participante 1). En este sentido, se menciona a la escuela como una institución pública garante
y protectora de los derechos de cada ser humano.
Los docentes en formación consideran que la calidad educativa es primordial para llevar a cabo
una educación inclusiva, donde todos los estudiantes considerando su diversidad con capaces
de alcanzar logros de aprendizaje, un ejemplo de lo descrito anteriormente es lo expresado por
un participante cuando indica: “Entiendo que es generar la participación de todos los estudiantes
en el proceso educativo, de tal forma que tengan todas las oportunidades de aprender de manera
equitativa” (Participante 3).
Otra dimensión de la definición de inclusión educativa entregada por los docentes en formación
habla sobre reconocer y valorar las diferencias de todo el estudiantado, generando
oportunidades para que todos se sientan parte, sean escuchados y sus diferencias y ritmos de
aprendizaje sean respetados. Esta perspectiva conlleva, por ende, dejar atrás una perspectiva
homogeneizadora en el trato hacia el estudiantado, para asumir otra que aprecia la diversidad.
Esto se puede observar en lo descrito por uno de los profesores en formación, cuando indica que
la inclusión educativa “consiste en considerar, valorar y atender las diferentes capacidades que
posean los alumnos durante el proceso educativo” (Participante 16).
Otra de las dimensiones que es señalada por el profesorado en formación para definir la inclusión
educativa y que va de la mano con la participación de todo el estudiantado, es que nadie se
sienta discriminado. Esto implica según los profesores en formación no hacer distinciones o
diferencias con los estudiantes, de modo que más allá de sus particularidades personales y sus
capacidades, todos y todas se sientan partícipes y puedan acceder al aprendizaje. Como se
refleja en lo consignado por uno de los participantes: “que nadie se sienta discriminado por ningún
motivo y pueda completar sus niveles de aprendizaje satisfactoriamente” (Participante1).
Cuando se habla de inclusión educativa, los profesores en formación indican que además de
asegurar la participación de todo el estudiantado esta debe considerar tanto los ritmos como
los estilos de aprendizaje de sus estudiantes. Cabe indicar que, en el discurso de los profesores
en formación es posible encontrar dos formas diferentes de entender esta dimensión: la primera
supone que todos los estudiantes deben ir al mismo ritmo de aprendizaje. Así lo sostiene uno de
los participantes, quien señala que tomar en cuenta a todos requiere que estos aprendan al mismo
ritmo, es decir, que el profesor sea capaz de “asumir y aceptar el reto de lograr que todos y todas
vayan al mismo ritmo, con actividades que estén al alcance de todas y todos, es adecuarse a un
molde total, no por partes” (Participante 18).
La segunda acepción, entiende que el proceso formativo debe adecuarse a los ritmos de los
diversos estudiantes presentes en el aula. En consecuencia, lograr aprendizajes implica
considerar sus distintos estilos de aprendizaje, buscando estrategias que respeten y consideren
que todos pueden llegar a una meta en común, a pesar de que no aprendan al mismo ritmo.
Siguiendo el camino de la dimensión anteriormente descrita, los participantes entienden que una
escuela inclusiva busca que se reconozca que los estudiantes son diferentes y que tienen los
mismos derechos y oportunidades. Esta dimensión suele orientarse a la atención de los
estudiantes que poseen alguna necesidad educativa especial (NEE). Esta idea queda expuesta
en el relato de uno de los profesores en formación cuando indica que la inclusión educativa es
“facilitar medios de aprendizaje para estudiantes con trastornos de aprendizaje de todo tipo”
(Participante 8).
De la misma manera, otro participante señala que la inclusión educativa refiere a que “todo
estudiante con necesidades educativas especiales debe ser tratado por igual que todos sus
compañeros” (Participante 24). Por tanto, desde esta acepción, el aprendizaje tiene que ser
adecuado a las diferentes necesidades de los estudiantes tal como lo ilustra otro profesor en
formación cuando indica “hay que tratar a todos por igual a pesar de sus ‘dificultades’ adaptando
las planificaciones para lograr que todos puedan aprender” (Participante 17).
38
Desde una perspectiva pedagógica, la inclusión educativa es vista además por algunos
profesores en formación como el diseño de una enseñanza inclusiva. En este sentido, el
profesorado promueve la inclusión a través de la planificación y el diseño de diferentes
actividades, estrategias y evaluaciones, respectos de las cuales se ofrecen diversas formas y
medios para llevarlas a cabo, atendiendo así a las características y necesidades de todo el
alumnado, de manera tal, que en el aula se den las condiciones necesarias para que todos y
todas puedan aprender. La idea anterior queda reflejada en lo señalado por uno de los
participantes cuando indica: “adecuar la práctica pedagógica en función de las necesidades de
cada estudiante” (Participante 22).
Asimismo, la inclusión educativa dentro del discurso de los profesores en formación es vista como
un proceso orientado a desarrollar habilidades en el estudiantado. Desde esta acepción, los
docentes deben de proveer las herramientas necesarias para lograr que los y las estudiantes
puedan desarrollar todas sus habilidades y capacidades. Tal como lo indica otro de los
participantes cuando señala la inclusión se encuentra en “las actividades en que se desarrollen
las distintas habilidades o capacidades que poseen los niños” (Participante19).
Otra de las dimensiones que los participantes mencionan al hablar de inclusión educativa, se
inserta dentro de la idea de una comunidad educativa. En este sentido, se entiende que la
inclusión educativa busca favorecer que todos los actores de la comunidad sean parte del
proceso, garantizando que exista un espacio que no excluya a ningún actor dentro de la
comunidad. Un ejemplo de ello es lo dicho por uno de los profesores en formación, el cual indica
que para llevar a cabo la inclusión educativa el docente debe ir “rescatando la opinión y el aporte
que cada actor educativo puede realizar independiente de sus capacidades o condiciones
socioeconómicas” (Participante 25).
En relación con lo anterior, otra arista de la definición de inclusión educativa expresada por el
profesorado en formación corresponde a la consideración del contexto. En este sentido, se hace
énfasis en que la inclusión educativa tiene lugar en una comunidad en un sentido amplio. En este
sentido, la inclusión se entiende como un proceso educativo que se produce en diferentes
espacios, más allá de las instituciones de educación formal, otorgando las herramientas que todas
las personas necesitan para desarrollarse dentro de un mismo espacio, con igualdad de derechos
y condiciones.
En esta misma línea, entienden la inclusión educativa como el derecho de recibir educación en
cualquier contexto y no necesariamente en la escuela formal, como lo menciona uno de los
profesores en formación al indicar “entiendo como educación inclusiva, la educación que se da
en cualquier contexto, no necesariamente la escuela formal” (Participante 5).
39
5.2 Rol del profesorado en la inclusión educativa
Para los encuestados el valor que tiene el rol del profesor en la inclusión educativa es variado,
pasando desde una mayoría que lo considera como el agente fundamental y responsable para el
desarrollo de una pedagogía inclusiva, a otros que ven al profesor sólo como el encargado de
que la inclusión educativa ocurra.
En este sentido, quienes ven el rol del profesor como un actor principal para la inclusión educativa,
consideran que este es responsable de que esta logre materializarse, tanto a través de su práctica
pedagógica, como en su relación con los demás actores educativos.
Tal como lo manifiesta uno de los profesores en formación, el profesor “es el principal actor que
lleva a cabo esto en el aula, pues es él quien maneja las formas en que se realizarán las clases
y es el propio organizador de todo esto” (Participante 12). Esta mirada, queda reflejada también,
en el discurso de otro participante, quien señala que el valor que tiene el rol del profesor en la
inclusión educativa es de “muchísimo valor” ya que “es el principal agente que puede realizar
prácticas inclusivas… de él depende que haya inclusión en la sala de clases” (Participante 22).
En la misma línea, algunos participantes también entienden el rol del profesor como el
responsable de la inclusión educativa, pues consideran que es este quien debe promover y
fomentar la inclusión de todos los y las estudiantes. Lo anterior, a través de la creación de
40
actividades y tareas para todos, la valoración y el estímulo a las particularidades de sus
estudiantes, así como en la generación de oportunidades y posibilidades reales de aprendizaje
para todos los estudiantes. Como lo manifiesta uno de los participantes al mencionar que el
profesor “tiene un valor importante, ya que depende de él/ella que la educación que se imparte
dentro de su sala de clases esté dirigida y pensada para todos, sin hacer diferencias” (Participante
20). Lo mismo, es expresado por otro participante al consignar el valor del rol del profesor en la
inclusión educativa, señalando “su valor es fundamental, ya que principalmente será quien guiará
y promoverá desde su aula la inclusión, haciendo de la diversidad una oportunidad más para el
aprendizaje” (Participante 10).
El rol del profesor es entendido por los participantes además como un garante del derecho a
educación, es decir, su deber es garantizar el derecho a educación de todos los y las estudiantes,
el profesor es el responsable de que sus estudiantes tengan acceso al aprendizaje como lo indica
uno de los profesores en formación al señalar que: “La o el profesor pasa a ser un representante
del estado dentro del aula, por lo que su deber es garantizar y proteger los derechos de cada
estudiante con igualdad” (Participante 14).
En complemento a lo anterior, otro de los roles del profesorado para la inclusión educativa
mencionado por los docentes en formación es el de gestor de un clima de aula inclusivo. Al
respecto, se refieren a este como el responsable de generar atmósferas de inclusión, utilizando
la organización del aula como herramienta para promover la interacción entre el estudiantado,
promoviendo espacios flexibles de aprendizaje. Esta idea la podemos observar en lo señalado
por uno de los participantes, cuando indica “por lo tanto, el valor del profesorado es altísimo
porque su rol es fundamental en la gestión de un aula educativa inclusiva” (participante 28). Lo
anterior se ve expresado además en el discurso de uno de los profesores en formación al
mencionar que el profesor “será el promotor de relaciones respetuosas en donde se valore y
41
aprecie la diversidad inherente a cada ser humano, lo cual deberá llevar a cabo día a día con el
ejemplo, en otras palabras, generando ambientes de aula en donde las personas se sientan
acogidas y respetadas sin exclusión” (Participante 25).
Asimismo, los profesores en formación rescatan como un rol del profesor en la inclusión el ser
gestor y garante del respeto por la diversidad en el aula. Por ende, los participantes ven la
diversidad en el aula como una oportunidad para el aprendizaje y consideran al profesor como el
responsable de favorecer e inculcar el respeto por las diferencias, a partir del ejercicio docente
pensado para todos. Como lo expresado por uno de los participantes cuando refiere al rol docente
en la inclusión “su valor es fundamental, ya que principalmente será quien guiará y promoverá
desde su aula la inclusión, haciendo de la diversidad una oportunidad más para el aprendizaje”
(Participante 10). Esta idea se ve reforzada, además, por lo señalado por otro de los participantes,
quien indica “el o la profesora tiene la responsabilidad de favorecer el respeto de la diferencia y
la calidad del aprendizaje a partir de la promoción de espacios flexibles” (Participante 13).
Por otra parte, en relación a la inclusión educativa el profesor es visto por los participantes como
formando parte de un equipo de trabajo, respecto del cual asume un rol activo. Desde esta visión,
una de las claves de la inclusión educativa es el trabajo colectivo, que permite al docente dialogar
y recibir retroalimentación con el fin de nutrir sus prácticas pedagógicas. En coherencia con esto,
uno de los profesores en formación señala respecto de la inclusión “por supuesto, esta no es una
actividad que deba desarrollarse individual o aisladamente, por el contrario, es una actividad
colectiva que necesita agentes observadores y dialogantes para nutrir las respuestas a las
necesidades que esta visión de la educación implica” (Participante 28).
Desde otra perspectiva, algunos profesores en formación consideran el rol del profesor como un
actor secundario, ya que, si bien su contribución es de gran importancia para lograr una educación
inclusiva, existen otros estamentos y situaciones que limitan la posibilidad de influencia del
profesor, tal como queda reflejado en lo señalado por uno de los participantes cuando indica “creo
que es el segundo agente responsable de hacer que las personas se sientan incluidas en la
sociedad (considerando como primer agente las políticas públicas relacionadas con la inclusión)”
(Participante 5). Lo anterior queda refrendado además en el discurso de uno de los profesores
en formación cuando señala “el valor que tiene el profesor en la inclusión educativa es
bastante...Es el/la docente quien posee las herramientas, habilidades para hacer que esta se
lleve a cabo en el ámbito escolar y que toda la comunidad lo ponga en práctica igualmente”
(Participante 1).
En este sentido, quienes consideran al docente como un actor secundario, destacan una labor
docente más bien centrada en el aula. Al respecto los profesores en formación valoran además
42
el rol del profesor en la inclusión educativa como el encargado de diseñar y organizar el
aprendizaje, debido a que este es quien posee las herramientas para facilitar mecanismos de
enseñanza diversificada, adecuando las experiencias, tanto colectivas como personales, con el
fin de que todos los estudiantes aprendan. Como lo expresa un participante al señalar “el
profesorado tiene la responsabilidad de impulsar no solo la gestión de las actividades en un marco
de pensamiento inclusivo, sino que planificar atendiendo la variedad contextual del grupo-curso”
(Participante 28). Esta idea, además, es expuesta por otro participante al expresar “el/la
profesor/a posee un gran valor en relación a la inclusión educativa, pues es la persona encargada
de llevar en práctica en la sala de clases y de crear metodologías, estrategias que incluyan a
todos” (Participante 23).
Otra dimensión del valor del profesorado en la inclusión refiere a este como el encargado de
identificar la existencia de estudiantes con necesidades educativas especiales, por ser él quien
diariamente se relaciona con sus estudiantes tanto en el aula como en otros espacios de la
institución escolar. Tal como es consignado por uno de los profesores en formación al expresar
“creo que es muy valiosa, ya que este es el encargado de visibilizar estas problemáticas, vale
decir, dar a conocer que existen estudiantes con capacidades diferentes y que nosotros (como
comunidad escolar) debemos adaptarnos a sus necesidades (Participante 17).
A partir de del discurso de los participantes es posible identificar una serie de competencias que
ellos consideran relevantes para llevar a cabo una pedagogía inclusiva. Estas competencias
surgen de la comprensión que los profesores en formación tienen sobre ellas, y fueron agrupadas
en dos dimensiones: dimensión pedagógica y dimensión profesional. La primera, agrupa las
competencias docentes que tienen relación con el diseño del aprendizaje y con los procesos de
enseñanza que ocurren en el aula. La segunda dimensión, agrupa las competencias docentes
que podrían ser desarrolladas fuera del aula por diferentes profesionales relacionados con la
tarea educativa además del profesor.
43
Figura [Link] para una Pedagogía Inclusiva, extraídas del discurso del profesorado en
formación. Fuente: Elaboración propia, 2019.
Ahora bien, en el discurso de los profesores en formación es posible encontrar dos formas de
entender la planificación educativa, la primera que consiste en planificar atendiendo solo a la
diferencia y adecuando los contenidos para ciertos tipos de estudiantes, como migrantes,
estudiantes con discapacidades intelectuales, estudiantes más rápidos, entre otros, es decir, una
adecuación considerando la necesidad. Así lo manifiesta un participante, la planificación
educativa es aquella en que el docente “sea capaz de realizar una planificación que atienda a
todas las necesidades” (participante 22). Asimismo, esta idea queda ilustrada en el discurso de
otro participante que entiende que en la planificación educativa se ponen en juego el aprendizaje
44
de ciertos estudiantes, él indica “que al momento de realizar mis clases logre hacer que todos
mis estudiantes o la gran mayoría logre aprender lo enseñado” (participante 17).
La otra manera en que los profesores en formación entienden y definen la planificación educativa
es valorando la diferencia, es decir, tomando en cuenta la diversidad existente en el aula, de tal
manera que todo el estudiantado, sin excepción, logre los aprendizajes. Tal como lo indica uno
de los participantes cuando menciona que la planificación educativa es “saber planificar desde
una mirada inclusiva, creando objetivos y actividades posibles de realizar por todos los niños”
(participante 6).
Los profesores en formación destacan el diseño universal del aprendizaje como una estrategia
para pluralizar la enseñanza, así lo indica uno de ellos “entiendo que el diseño universal del
aprendizaje es una forma de diversificar el aprendizaje, ofreciendo diversas opciones a los
estudiantes para abordar un contenido” (participante 11).
Al mismo tiempo les parece importante evaluar la diversidad, es decir, monitorear las habilidades
de cada estudiante, no su necesidad, como lo ejemplifica uno de los profesores en formación,
cuando dice que el profesor “evalúa a cada estudiante por las habilidades que presentan
acrecentando el desarrollo de ésta” (participante 4). Además, esta idea queda ilustrada en el
discurso de otro participante quien menciona que la evaluación “consiste en la capacidad de
45
aplicar procesos de evaluación (constante y progresiva) que se ajusten al nivel de competencia
del estudiante, que permitan dar cuenta de resultados concretos y mejorar el desempeño”
(participante 13).
En segundo lugar, los docentes en formación hacen la distinción de que se debe respetar y valorar
en especial a los estudiantes discapacitados, reconociendo sus fortalezas y debilidades.
Por último, los participantes subrayan la importancia de que los docentes sean promotores de la
valoración positiva, a través de la enseñanza de la diversidad. Esta idea queda ilustrada en el
discurso de uno de los profesores en formación indicando que “hay que enseñar a los estudiantes
46
a respetar a los demás solo por ser personas, hacerles saber que hay distintos tipos de personas,
que somos diferentes pero valiosas, porque todos caen en la discriminación” (participante 17).
En esta dimensión se encuentran agrupadas aquellas competencias docentes que pueden ser
desarrolladas fuera del aula por diferentes profesionales además del profesor. Las competencias
de esta dimensión tienen relación con la forma de comunicase con los otros para establecer redes
de trabajo.
47
Una segunda competencia identificada por los profesores en formación es demostrar empatía,
entendida como la capacidad de ponerse en el lugar del otro. En el contexto educativo ponerse
en el lugar de los estudiantes, conocer sus contexto social, familiar, emocional y académico, saber
cómo se relaciona con su entorno. Así lo describe uno de los participantes cuando señala que la
empatía es “ponerse los lentes de la inclusión” para ponerme en el lugar del otro o la otra, y
comprender cómo piensa, cómo siente y de qué forma se vincula con su entorno. Clave para
cualquiera que trabaja con 40 almas” (participante 26).
Otra forma en que los participantes del estudio entienden la empatía tiene que ver con “conocer
a los estudiantes no solo en el contexto académico, también en otros ámbitos” (participantes 9).
Este conocimiento permite por parte del profesor un análisis efectivo de su realidad para generar
propuestas didácticas que sean pertinentes para todo el estudiantado.
En segundo lugar, el trabajo en equipo debe ser con los estudiantes y sus familias, de tal forma
que se puedan tomar acuerdos que vayan en busca de mejoras del aprendizaje tal como lo ilustra
uno de los profesores en formación indicando que el docente “está dispuesto a relacionarse de
manera cercana con la familia con el fin de generar acuerdos que vayan en busca de la mejora
del aprendizaje” (Participante 13). Los participantes señalan que el trabajo en equipo con los
distintos agentes educativos es necesario para compartir ideas, aprender del otro y para promover
una convivencia inclusiva.
48
La última competencia de esta dimensión es el pensamiento divergente, entendida como el
análisis de las situaciones, de tal forma que si estas cambian de manera inesperada el profesor
sea capaz de tomar nuevas decisiones en base al nuevo contexto. Así lo ejemplifica uno de los
encuestados indicando que el pensamiento divergente es aquel que le permite “ser flexible
educacionalmente conlleva estar preparado y con las herramientas para enfrentar cualquier
cambio de planes, cualquier adversidad, es decir, saber que todo puede pasar y por ende tener
siempre recursos que puedan servir para salir de imprevistos” (participante 18). Añadiendo a la
idea anterior, uno de los profesores en formación indica que estas decisiones son en contexto,
es decir que el contexto permite tomar decisiones pensar a cada sujeto inserto en un contexto
social, lo que permitiría problematizar su realidad y generar acciones contextualizadas
En la figura 2 (ver en página 60) se presenta el nivel de preparación que los profesores en
formación perciben poseer para abordar las competencias asociadas a la dimensión pedagógica.
Para la competencia manejar conocimientos en torno a la inclusión, en un rango que varía entre
1 y 4 puntos respecto a su percepción de desempeño, se observó un rendimiento medio (M = 2,7;
DE = 0,65). Esta competencia es señalada por 11 participantes de los cuales más de la mitad
(55%) consideran sentirse medianamente preparados, a diferencia del 36% que se sienten poco
preparados frente a esta competencia. Cabe destacar que solo 1 participante (9%) se siente muy
preparado para llevarla a cabo.
49
Figura 2. Valoración de los profesores en formación de su desempeño en las competencias de la Dimensión
Pedagógica. Elaboración Propia (2019).
50
En relación con la competencia promover un aula inclusiva, en un rango que varía entre 1 y 4
puntos respecto a su percepción de desempeño, se observó un rendimiento medio (M = 2,5; DE
= 0,71). Esta competencia fue señalada por 10 participantes, donde el 6 de ellos (60%) se sienten
medianamente preparados. Mientras que el 40% del profesorado en formación se considera poco
o nada preparado para abordar dicha competencia.
En cuanto a planificar con foco en el aprendizaje, en un rango que varía entre 1 y 4 puntos
respecto a su percepción de desempeño, se observó por parte del profesorado en formación un
rendimiento medio (M = 2,85; DE = 0,69). Esta competencia fue identificada por 13 docentes,
donde 9 de ellos la entienden con planificar valorando la diferencia mientras que 4 la comprenden
como el atender a las necesidades educativas especiales. Respecto a quienes la comprenden
como planificar valorando la diferencia el 6 de ellos (67%) se sienten medianamente o muy
preparados, mientras que 3 participantes (33%) se perciben poco preparados. Por otro lado, para
quienes la entienden como planificar atendiendo a las NEE. 3 de ellos (75%) se sienten muy o
medianamente preparados, mientras que 1 participante (25%) se siente poco preparado.
Para la competencia gestionar metodologías y estrategias inclusivas, en un rango que varía entre
1 y 4 puntos respecto a su percepción de desempeño, se observó un rendimiento medio (M =
3,04; DE = 0,93). Esta competencia es señalada por 25 participantes, donde 19 de estos (76%)
se consideran muy o medianamente preparados, a diferencia de 6 ellos (24%) que se sienten
poco o nada preparados frente a esta competencia.
Para la competencia evaluar aprendizajes para todos, en un rango que varía entre 1 y 4 puntos
respecto a su percepción de desempeño, se observó un rendimiento medio (M = 2,29; DE =0,95).
Esta competencia, fue mencionada por 7 participantes, donde 5 de ellos (71%) señalaron sentirse
poco preparados o nada preparados para llevarla a cabo. Mientras que el 28% (2 de ellos) señalan
que se sienten medianamente preparados o muy preparados.
Respecto a la competencia tratar afectuosamente al estudiantado, que fue identificada por uno
de los participantes del estudio, en un rango que varía entre 1 y 4 puntos respecto a su percepción
51
de desempeño, se observó para éste, un rendimiento medio (M = 3; DE = 0,). Además, cabe
señalar que dicho participante se siente medianamente preparado para abordarla.
En la figura 3 se presenta el nivel de preparación que los profesores en formación perciben tener
en la dimensión profesional y las competencias asociadas a esta:
En cuanto a la competencia establecer una comunicación efectiva, en un rango que varía entre 1
y 4 puntos respecto a su percepción de desempeño, se observó un rendimiento medio (M = 3,25;
DE = 0,50). Esta competencia es mencionada por 4 participantes, donde 3 de ellos (75%) se
sienten medianamente preparados, mientras que uno de los profesores en formación (25%) se
siente muy preparado.
52
Para la competencia demostrar empatía, en un rango que varía entre 1 y 4 puntos respecto a su
percepción de desempeño, se observó un rendimiento medio (M = 3,4; DE = 0,73). Esta
competencia es señalada por 9 docentes en formación, donde 8 de ellos (89%) se consideran
muy preparados o medianamente preparados, mientras que el 11% (1 participante) se siente
poco preparado.
En tanto para la competencia poseer liderazgo, en un rango que varía entre 1 y 4 puntos respecto
a su percepción de desempeño, se observó un rendimiento medio (M = 3; DE = 0). Esta
competencia fue mencionada por un participante, quien se percibe medianamente preparado para
llevarla a cabo.
Para la competencia trabajar en equipo con diferentes agentes educativos, en un rango que varía
entre 1 y 4 puntos respecto a su percepción de desempeño, se observó un rendimiento medio (M
= 3,4; DE = 0,52). Esta competencia es señalada por 8 participantes donde la totalidad de ellos
se perciben muy o medianamente preparados para desarrollarla en el ejercicio de su profesión.
Por último, para la competencia pensar en forma divergente, en un rango que varía entre 1 y 4
puntos respecto a su percepción de desempeño, se observó un rendimiento medio (M = 3,9; DE
= 0,35). Esta competencia fue identificada por 8 participantes, donde el 100% de ellos se sienten
medianamente preparados o muy preparados.
El primer factor señalado por los profesores en formación corresponde a la formación académica,
la que hace referencia a los conocimientos curriculares adquiridos o no, a través de las diferentes
asignaturas, talleres o seminarios durante los años de estudio formales de la carrera para abordar
y desarrollar una pedagogía inclusiva.
53
El segundo factor mencionado por los participantes para justificar su nivel de valoración en las
competencias por ellos descritas, corresponde a las prácticas profesionales durante el periodo de
formación académica. Los docentes en formación le atribuyen una alta importancia a los
conocimientos y habilidades adquiridas durante sus experiencias pedagógicas dentro de los
centros de práctica. Como se desprende de lo señalado por uno de los participantes cuando
indica que se siente muy preparado para desarrollar una de las competencias identificadas, ya
que: “durante la formación y prácticas docentes se ha inculcado fielmente el respeto por nuestros
pares, y de la misma forma a nuestros estudiantes” (Participante 12).
El último factor identificado por los profesores en formación para su valoración en las diferentes
competencias corresponde a sus experiencias personales, nutridas día a día en los distintos
ámbitos en los que se desenvuelven (actividades extras programáticas universitarias, trabajo,
experiencias familiares, etc.). Un ejemplo de esto es lo señalado en el discurso de uno de los
participantes cuando menciona que se siente muy preparado debido sus experiencias
universitarias: “creo que, si tuviera que tabular las competencias, esta sería la más desarrollada.
Desde mi trabajo como centro de estudiantes, la participación en las temáticas organizacionales
de la carrera a distintos niveles, y desde mi práctica con el compromiso real de intentar unir las
voluntades en la construcción de espacios comunitarios” (Participante 26).
Una vez descritos los factores con los que los profesores en formación relacionan su desempeño
en las competencias identificadas, se procede a detallar las puntuaciones medias y desviación
estándar por competencias.
54
esta competencia, 2 de ellos vincularon su desempeño con el factor formación académica, 4 al
factor prácticas profesionales y 1 al factor experiencias de vida.
En la competencia promover un aula inclusiva, los participantes reportaron un desempeño medio
(M = 2,5; DE = 0,71). De los 10 profesores en formación que identificaron esta competencia, 9 de
ellos vincularon su desempeño al factor prácticas profesionales y 1 al factor experiencias de vida.
Al respecto, se observó que los profesores en formación que vinculaban su nivel de desempeño
con el factor formación académica presentaban una percepción de logro más baja (M = 2,38; DE
= 1,06) que quienes asociaban su desempeño con el factor prácticas profesionales (M = 3,31; DE
= 0,74).
Para la competencia respetar los ritmos de aprendizaje de todos sus estudiantes, los profesores
en formación reportaron un desempeño medio (M = 3,6; DE = 0,55). De los10 participantes que
identificaron esta competencia, 1 vinculó su desempeño con el factor formación académica, 4 al
factor prácticas profesionales y 5 al factor experiencias de vida.
55
Para la competencia tratar afectuosamente, los participantes reportaron un desempeño medio (M
= 3; DE = 0). El profesor en formación que identificó esta competencia vinculó su desempeño al
factor prácticas profesionales.
Por último, para la competencia pensar en forma divergente, los participantes reportaron un
desempeño medio medio (M = 3,9; DE = 0,35). De 12 profesores en formación que identificaron
esta competencia, 2 de ellos vincularon su desempeño con el factor formación académica, 4 al
factor prácticas profesionales y 6 al factor experiencias de vida.
En este apartado, se presentan los resultados obtenidos por los participantes de esta
investigación en la Escala de Percepción de Competencias del Profesorado en Formación para
la inclusión Educativa, en torno a dos dimensiones: prácticas de enseñanza que promueven la
inclusión educativa, y actitudes y valores vinculados a la inclusión educativa. Cabe señalar que,
estas dimensiones abarcan el conjunto de competencias que se estiman relevantes para una
pedagogía inclusiva.
Respeto a las prácticas de enseñanza que promueven la inclusión educativa, los resultados
obtenidos (ver tabla 1), en once de los doce aspectos planteados las medias de las valoraciones
de los profesores en formación se sitúan entre 3 y 3,96, lo que indica una valoración positiva de
su formación al respecto.
La puntuación media más baja en esta dimensión (M = 2,93; DE= 0,77) se sitúa en su percepción
sobre cómo la formación académica recibida durante su formación inicial les ha preparado para
“ser profesor de todos los estudiantes, independientemente de sus conocimientos, capacidades,
intereses, género, circunstancias socioeconómicas, creencias, etcétera.
Cabe destacar, que mientras hay participantes que se sienten totalmente preparados (puntuación
máxima 4), es decir con una alta valoración respecto a sus percepciones en diferentes aspectos
de esta dimensión, hay otros que no se sienten nada preparados (puntuación mínima 1) en los
mismos, como lo podemos observar en los ítems 3 - 4 - 12 y 14 respectivamente.
Por otro lado, podemos observar que en ciertos aspectos tales como: la relación que existe entre
las creencias y comportamientos del profesorado y su impacto en la atención a la diversidad del
estudiantado (ítems 5), el desarrollo de la empatía respecto de las diversas necesidades de las y
los estudiantes (ítems 13), la importancia de atender la autoestima, el bienestar emocional y las
relaciones sociales del estudiantado (ítems 17) y el sentirse preparados para ejercer la profesión
docente (ítems 25) los profesores en formación, en términos generales, se sienten bien
preparados (puntuación 3) o totalmente preparados (puntuación 4).
Respecto a la percepción que los profesores en formación tienen sobre las competencias
referidas a las actitudes y valores que se requieren para una pedagogía inclusiva, los resultados
obtenidos (ver tabla 2) muestran que en los trece aspectos planteados las medias de las
valoraciones realizadas se sitúan entre 3,04 y 4, lo que indica una valoración positiva de su
formación al respecto.
La puntuación media más baja en esta dimensión (M= 3,04; DE= 0.64) se sitúa en la percepción
sobre su capacidad de “promover la colaboración y participación de las familias en la vida escolar
57
y comunicarme eficazmente con ellas”, esto nos indica que en este aspecto puntual del trabajo
en equipo o colaborativo las percepciones de algunos participantes no son las mejores.
58
me corresponden enseñar considerando a la diversidad del
estudiantado
25. Me siento bien preparado para ejercer mi profesión 28 3 4 3,41 0,50
docente.
Tabla 1. Ítems Dimensión Prácticas de enseñanza que promueven la inclusión educativa: Puntuaciones
frecuencia, mín. máx. media, desviación estándar. Fuente: Elaboración propia, (2019).
Por otro lado, es importante destacar que, de acuerdo con la escala utilizada para este estudio,
la totalidad de los participantes se consideran totalmente preparados (puntuación máxima 4) con
relación al siguiente aspecto: “tengo bien asumido que la docencia es una actividad de
aprendizaje continuo y que debo estar abierto a desarrollar nuevas competencias o mejorar las
que ya tengo”(ítems 20) aspecto que responde a la competencia de desarrollo profesional y
personal, la que dice relación con la toma de conciencia por parte de los profesores en formación,
de la importancia que tiene el perfeccionamiento permanente en la labor educativa.
También se puede colegir la gran variabilidad o dispersión en las puntuaciones reportadas por
los encuestados en algunos de los aspectos planteados, donde parte de los participantes se
sienten totalmente preparados (puntuación máxima 4) y otros que se sienten nada preparados
(puntuación mínima 1), como se puede observar en los ítems 16 y 21 que se muestran a
continuación:
El primer punto, refiere a la valoración de los participantes respecto a cuán capaces se sienten
de trabajar en equipo con otros agentes vinculados al proceso educativo. En tanto el segundo
aspecto, habla sobre la valoración que tienen los participantes con relación a contar o no con la
preparación académica adecuada para lograr su desarrollo profesional docente.
59
7. He aprendido que puedo obtener importantes recursos y apoyos de otros 28 2 4 3,61 0,69
profesores y profesionales, de los estudiantes y de la comunidad en la que
se encuentre la escuela.
8. Me siento capaz de promover la colaboración y participación de las 28 2 4 3,04 0,64
familias en la vida escolar y comunicarme eficazmente con ellas.
[Link] siento capaz de planificar, desarrollar y evaluar distintas 28 2 4 3,18 0,67
modalidades de trabajo cooperativo entre los estudiantes.
15. He comprendido que para atender a la diversidad de estudiantes debo 28 3 4 3,86 0,36
desarrollar una amplia diversidad de prácticas de enseñanza y evaluación
accesibles y ajustadas a todos.
16. Siento confianza en que puedo trabajar eficazmente con otros 28 1 4 3,39 0,74
profesores, profesionales, apoyos, equipos o servicios externos a la escuela
para desarrollar prácticas educativas inclusivas.
18. Me siento capaz de contribuir a crear condiciones para desarrollar una 28 2 4 3.57 0,57
comunidad educativa acogedora, colaboradora y con capacidad para
apoyar a todos sus miembros.
19. He comprendido la importancia de saber escuchar y valorar las 28 3 4 3,96 0,19
opiniones de todos los estudiantes y sus familias para mejorar mi práctica
docente.
20. Tengo bien asumido que la docencia es una actividad de aprendizaje 28 4 4 4,00 0
continuo y que debo estar abierto a desarrollar nuevas competencias o
mejorar las que ya tengo.
21. Me han enseñado a buscar, analizar y evaluar información que facilite 28 1 4 3,29 0,85
mi desarrollo profesional.
22. Conozco los puntos fuertes y débiles de nuestro sistema educativo, 28 2 4 3,25 0,70
considerando que este contexto que condiciona el desarrollo de una
educación inclusiva.
23. He aprendido no solo a entender y considerar las necesidades que 28 2 4 3.50 0,58
tienen los estudiantes, sino también las distintas barreras que limitan su
presencia en espacios y actividades comunes, su aprendizaje y
rendimiento, así como su participación y autoestima.
Tabla 2. Ítems Dimensión Actitudes y valores vinculados a la inclusión educativa: Puntuaciones frecuencia,
mín. máx., media, desviación estándar. Fuente: Elaboración propia, (2019).
60
VI. Discusión
Los docentes en formación reconocen la diversidad y la definen, pero no realizan una valoración
de ella. Identifican el término como la generación de oportunidades y de participación, para que
todos los estudiantes se sientan parte de un todo, pero no hacen alusión al valor positivo que
tiene para todo el estudiantado convivir con la diferencia. La literatura en cambio pone énfasis en
valorar la diversidad del alumnado, considerando que las diferencias de aprendizaje individuales
deben ser vistas como recursos u oportunidades dejando de ser contempladas como problemas.
Plantea además que las prácticas de los profesores deben promover actitudes de respeto y
valoración de la diversidad entre sus estudiantes. (Ainscow, 2011; Echeita 2012)
Lo anteriormente expuesto se podría explicar por las escasas experiencias que dice tener el
profesorado en formación en cuanto a la inclusión, debido a que el 86% de los participantes
declaran haber tenido sólo una asignatura relacionada con la inclusión dentro de su formación
académica, lo que podría ser insuficiente para que se construya en ellos una actitud positiva frente
al tema. Lo que tiene relación con lo mencionado en la literatura, la cual indica que una unidad
de estudio puede mejorar la conciencia de los estudiantes respecto al tema, pero que no
61
necesariamente les ayuda a desarrollar actitudes positivas hacia la inclusión. (Symeonidou,
2017).
La falta de profundización por parte de los participantes frente a la eliminación de barreras podría
ser investigada de forma particular en investigaciones futuras, ya que es un concepto señalado
por ellos, pero no trabajado específicamente en esta investigación. Sería positivo seguir
profundizando en cuáles son las barreras que identifican los profesores en formación y cómo
creen que estas pueden ser derribadas.
En cuanto a la participación, que es mencionada por los profesores en formación como una
dimensión para la definición de inclusión, estos indican que es necesario entregar diversas
oportunidades de aprendizaje y desarrollo para todos, siendo las escuelas las que deben adaptar
su enseñanza, respetando los diversos ritmos de aprendizaje y opiniones de los estudiantes con
el fin de que no sean excluidos. Esto dice relación con lo establecido en la literatura, cuando se
señala que para fomentar la participación del estudiantado se debe diversificar el proceso de
enseñanza – aprendizaje con el fin de dar respuesta a los diferentes ritmos del estudiantado,
considerando los puntos de vista y como quieren aprender. Poniendo en marcha distintas
estrategias dirigidas a adaptar o modificar las propuestas curriculares, tanto en los objetivos,
como en la organización del aula y de los centros. (Arteaga & García, 2008; Durán & Giné, 2017).
Por otro lado, y siguiendo en esta línea, los profesores en formación resaltan la importancia de la
participación de los estudiantes con necesidades educativas especiales, a los que se les debe
reconocer sus derechos y ser tratados de igual forma, con el fin de que vayan al mismo ritmo de
aprendizaje que el resto del estudiantado, lo que es entendido por los participantes como un
molde total de aprendizaje.
La visión que tienen de que los estudiantes con NEE deben ser incluidos, se acerca, pero sin
embargo se contrasta con la literatura ya que esta indica que no bastaría con la generación de
apoyos ni estrategias para la adaptación o normalización de este grupo excluido, la inclusión
62
exige a diferencia de la integración que la escuela se adapte a las posibilidades y a las formas de
aprender de los estudiantes. (García & Barrantes, 2012)
En este sentido, se puede evidenciar que en el discurso de los participantes existe una tensión
entre el modelo integrador y el modelo inclusivo. El arraigo al modelo integrador podría deberse
a que los docentes en formación asisten a sus prácticas profesionales en establecimientos
educacionales donde existen programas de integración escolar, en los cuales los estudiantes son
diagnosticados y nombrados medicamente, lo que podría explicar en parte el discurso de los
docentes. Mientras que la mirada inclusiva de algunos de los participantes se podría comprender
tanto por sus experiencias personales como por la formación académica recibida en el transcurso
de formación docente.
Por último, para los profesores en formación, la inclusión debe darse o estar inserta dentro de la
comunidad, favoreciéndose así la participación de todos los actores en el proceso y garantizando
que ninguno sea excluido. Lo anteriormente expuesto es planteado también en la literatura,
cuando Blanco (1999) señala que la inclusión debe ser un proyecto a nivel de escuela, y no de
profesores aislados, ya que solo siendo un proyecto colectivo se podrá asegurar que toda la
comunidad educativa se responsabilice del avance del aprendizaje de todos y cada uno de sus
alumnos.
Respecto a la valoración que los participantes le otorgan al rol del profesor en la inclusión
educativa, se puede percibir una cierta tensión entre dos visiones, que si bien, no son
necesariamente contrapuestas, denotan una cierta jerarquización respecto de la valoración del
rol docente, a saber, una que identifica al profesor como el actor principal y fundamental para
llevar a cabo una pedagogía inclusiva siendo el responsable de que esta ocurra, a través de su
práctica pedagógica y su relación con los demás actores educativos, lo que se condice con lo
señalado por Castillo (2016), quien señala que “los docentes juegan un papel fundamental y
decisivo en el proceso de la inclusión educativa, vienen a ser los protagonistas al igual que sus
alumnos” (p.270).
No obstante lo anterior, en los discursos de algunos participantes se puede distinguir una visión
del rol del profesor como un actor secundario, supeditado a marcos más estructurales como las
políticas públicas y medidas gubernamentales en materia de inclusión educativa, visualizándose
la labor docente más bien centrada en el aula y con un limitado campo de acción, tal como lo
expresado por Infante, Matus y Vizcarra (2011) “es deber del Estado velar por la igualdad de
oportunidades en la inclusión educativa, promoviendo especialmente que se reduzcan las
63
desigualdades derivadas de circunstancias económicas, sociales, étnicas, de género o
territoriales” (p.150)
Ahora bien, volviendo a la mirada del profesor como el agente principal, en tanto se le reconoce
como el responsable de que la inclusión educativa ocurra, siendo el encargado de promover,
valorar y permitir un aula más inclusiva, sirviéndose para ello de distintas estrategias,
metodologías, herramientas y la organización del aula, fomentando, a su vez, la participación y el
aprendizaje de todas y todos los estudiantes. Lo que dice relación con lo expuesto por Fernández
Batanero cuando menciona:
sobre la práctica con otros profesores y consciente de las facetas sociales y morales de
sistemas, los equipos docentes de los centros educativos, como todos los que
convivimos con las diferencias, pudiendo aprender nuevas formas de resolver los
conflictos. La Escuela inclusiva es aquella que fomenta una convivencia positiva entre
En un punto donde tanto la literatura existente como los discursos de los profesores en formación
no sólo coinciden, sino que por lo demás es considerada como una labor fundamental del profesor
64
es su rol como agente de transformación social, por ser en definitiva quien posee las
herramientas y el poder de decisión para promover o no la inclusión tanto en el aula, como en la
comunidad escolar y su entorno, vale decir, el profesor tiene en sus manos la formación de una
nueva sociedad donde se respeten y valoren las diferencias. Tal como lo plantea la Unesco
(2014) en su informe Enseñanza y Aprendizaje: lograr la calidad para todos, donde se señala que
si el docente pretende hacer cambios relevantes en los procesos educativos conforme a las
necesidades que se generan de las demandas sociales, se requiere una formación docente
inclusiva permanente y continua.
Con respecto a las competencias percibidas y señaladas por los profesores en formación como
relevantes para desarrollar una pedagogía inclusiva podemos encontrar un gran número de ellas
que han sido descritas y destacadas ampliamente en la literatura, tales como: manejar
conocimientos en torno a la inclusión, promover un aula inclusiva, gestionar metodologías y
estrategias inclusivas, respetar los ritmos de aprendizaje, evaluar aprendizajes para todos,
establecer una comunicación efectiva, trabajar en equipo con diferentes agentes educativos.
(Agencia Europea para el Desarrollo de la Educación del Alumnado con Necesidades Educativas
Especiales, 2012; Echeita, 2012; Fernández, 2011; García & Arteaga, 2008; Messias, Muñoz &
Torres, 2013; Navarro, 2008)
Los participantes también identifican la competencia planificar con foco en el aprendizaje la que
en el discurso de estos se presenta de forma dicotómica, siendo una de ellas planificar con foco
en el aprendizaje atendiendo a la diversidad del estudiantado y otra que es planificar con foco en
el aprendizaje, pero adecuando los contenidos para algunos grupos de estudiantes. Esto último
se contrapone con la literatura inclusiva, la que indica que planificar teniendo en cuenta la
diferencia, corresponde a desarrollar estrategias que permitan que todos los estudiantes dominen
los objetivos propuestos, facilitando el logro teniendo en cuenta las diferencias del estudiantado
(Arteaga & García). La diferencia conceptual que poseen los docentes en formación con la
literatura estudiada podría deberse, como se mencionó con anterioridad a las experiencias
prácticas de su formación, en las que aún prevalece la mirada integradora.
Otras de las competencias mencionadas por los profesores en formación son demostrar empatía
y pensar en forma divergente. Estas competencias también aparecen identificadas en algunos
estudios, pero, como componentes de competencias mayores. La primera pertenece a la
competencia “liderazgo”, mientras que la segunda a la competencia “interactiva” (Fernández
Batanero, 2013).
Una competencia identificada por los participantes que se contrasta con la literatura estudiada
para esta investigación corresponde a tratar afectuosamente a los estudiantes, que según el
65
discurso de los profesores en formación es una competencia que todo docente debe poseer en
su relación con el estudiantado, sin embargo, en la literatura esta es identificada como una
característica de la actuación del profesorado para hacer posible la educación inclusiva (Durán &
Giné, 2017).
Cabe destacar que, dentro de las competencias descritas y relevadas por los participantes, estos
no señalaron la responsabilidad profesional en cuanto a su formación permanente y continua
como un aspecto para llevar a cabo o desarrollar una pedagogía inclusiva. La que sí es señalada
como una competencia dentro de la literatura cuando se indica que: “la enseñanza es una
actividad de aprendizaje constante donde el profesorado debe tomar la responsabilidad de su
formación permanente, a lo largo de su vida profesional” (Echeita, 2012).
Que los docentes en formación no describan como competencia su formación permanente podría
deberse a que éstos al reflexionar sobre sus conocimientos respecto a la inclusión, aluden a la
falta de formación entregada por su plantel de estudios y no analizan de qué manera pueden
aportar o responsabilizarse de su aprendizaje de forma autónoma y continua.
Tanto la definición de inclusión, como la valoración del rol del profesor y de las percepciones de
las competencias para la inclusión antes descritas, tienen en común la limitación de que el
instrumento al ser un cuestionario, si bien, permite acceder a una mayor cantidad de participantes,
no obstante, no permite profundizar en sus discursos. Es por ello, que para futuros estudios
respecto de esta temática debería complementarse con otros tipos de instrumentos como
entrevistas, que permitieran desarrollar en profundidad el discurso y lo aportado por los
participantes.
En relación a los instrumentos utilizados en este estudio, conforme a los resultados obtenidos y
realizando una comparación entre ambos, se puede evidenciar que los participantes en su
discurso describen competencias agrupadas en la dimensión pedagógica del cuestionario las que
se corresponde con las afirmaciones de la dimensión Actitudes y valores vinculados a la inclusión
educativa de la escala de percepción.
Destacándose entre las competencias identificadas valorar y promover la inclusión, además de
la gestión de metodologías y estrategias inclusivas, estas son abordadas como afirmaciones
dentro de la escala en las que el docente debe evaluar si cuenta o no con la preparación para
llevarlas a cabo.
Cabe destacar que en ambos instrumentos los docentes en formación se sienten medianamente
preparados frente a la competencia que aborda la forma en que el profesorado debe ajustar las
66
metodologías y estrategias didácticas, que corresponden a enseñar considerando la diversidad
del estudiantado.
Lo que es consistente con investigaciones anteriores, donde los docentes al ser consultados por
la adaptación que hacen de sus metodologías en función de la diversidad del alumnado también
presentan estos resultados, lo que permitió adelantar que existen actitudes favorables hacia la
diversidad, pero cierto desconocimiento en cuanto a cómo organizan los docentes las respuestas
educativas. (Díaz del Cueto, 2009; González- Gil, Martín-Pastor, Poy & Jenaro, 2016).
Para la competencia antes señalada surge un alcance en la investigación, que refiere al hecho
de que al ser consultados a que factor o factores atribuían los profesores en formación su
valoración en el desempeño de esta, las puntuaciones más bajas se encontraron vinculadas a la
formación académica lo que indicaría que la formación inicial docente recibida por los
participantes no es suficiente para llevar a cabo una pedagogía inclusiva. Esto vuelve a reafirmar
lo expuesto en párrafos anteriores, para conseguir una escuela con docentes inclusivos se debe
fortalecer su formación académica.
Continuando con la revisión de los resultados es posible colegir que en ambos instrumentos los
docentes en formación se sienten medianamente preparados para trabajar en equipo, con otros
profesores y profesionales, con el fin de obtener recursos y apoyos para llevar a cabo la inclusión.
Lo anteriormente descrito se condice con un estudio anterior donde se midió la percepción de los
estudiantes frente a la competencia “interaccionar con otras personas” el que reflejó que estos
también se percibían medianamente preparados para coordinarse con otros profesionales (Díaz
del Cueto, 2009).
Tras la revisión de los resultados tanto en las percepciones de desempeño como en los factores
asociados a estas, surgió en la investigación una nueva limitación, que dice relación con que los
instrumentos empleados son de auto-reporte, vale decir, que son los mismos participantes
quienes se autoevalúan en sus competencias, por lo tanto, puede suceder que lo señalado por
ellos no necesariamente se corresponda con la realidad, por ejemplo, los profesores en
formación pueden afirmar tener competencias que en la práctica no poseen, es por esto que
futuros estudios deberían incluir evidencia empírica, como observaciones de sus prácticas
profesionales y/o entrevistas a los participantes.
Otras de las limitaciones identificadas en la investigación dice relación con el alcance que tiene
la muestra para la realización de una generalización a partir de los datos obtenidos, esto debido
a dos situaciones: la primera tiene que ver con que la información recogida sólo corresponde a
28 participantes de una de las carreras de pedagogía impartidas por la universidad seleccionada,
67
lo que no permite generalizar sobre la percepción en torno a la inclusión, que poseen los demás
profesores que se encuentran en formación en dicha casa de estudio.
La segunda situación alude a que los participantes del estudio corresponden en un 96% a mujeres
y tan solo un 4% a hombres, lo que limita la investigación dejando un sesgo de información sobre
las diferencias de percepciones que podría tener esta investigación según el género. En
consecuencia, y a raíz de las situaciones antes mencionadas se podría ampliar la muestra en
nuevas investigaciones para conocer así la percepción que tienen más estudiantes y ojalá de
distintos planteles, a fin de comparar influencias demográficas y de género.
68
Conclusiones
Con el fin de hacer frente a este desafío, el objetivo fundamental de esta investigación consistió
en describir y analizar la percepción de competencias para llevar a cabo una pedagogía inclusiva
que poseen los profesores en formación de educación básica de una universidad estatal chilena.
Con respecto a las concepciones que los profesores en formación poseen respecto de la inclusión
educativa, es posible concluir que si bien, aparecen mencionados una gran cantidad de
elementos de los que hoy en día la literatura entiende como inclusión, no obstante, aún emergen
en los discursos de los futuros docentes ideas que más bien corresponden a modelos más
antiguos propios de un paradigma integrador.
En relación al rol que cumple el profesor en este proceso de transformación es posible identificar
a partir de los discursos de los participantes que es positivamente valorado por cuanto se le
considera como el agente principal y responsable de llevar a cabo la inclusión educativa tanto, a
través de su práctica pedagógica como en su manera de relacionarse con los diferentes actores
educativos.
En cuanto a las competencias que son identificadas y descritas por los profesores en formación
como relevantes para la inclusión educativa se puede visualizar que existe una cierta relación
con lo expuesto en la literatura imperante, al punto que la participación, trabajar en equipo, valorar
en positivo la diversidad, apoyar a todos los estudiantes, promover un aula inclusiva, planificar y
evaluar para el aprendizaje de todo el estudiantado, entre otras, aparecen en el discurso de la
mayoría de los participantes.
Ahora bien, en relación a las percepciones que tienen los profesores en formación respecto a su
desempeño en las competencias antes señaladas es dable colegir que existe un alto grado de
diferenciación tanto entre los participantes como entre las distintas competencias, tanto es así,
que mientras algunos consideran estar muy preparados para desempeñar las competencias
necesarias para llevar a cabo una pedagogía inclusiva hay otros que se sienten muy poco
preparados en esas u otras competencias.
En este mismo sentido, sería interesante para futuras investigaciones estudiar la vinculación que
hay entre las competencias y las experiencias de aprendizajes que los profesores en formación
han tenido en su vida y en su formación inicial.
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Valles. (2000). Variedad de paradigmas y perspectivas en la investigación cualitativa. En Síntesis
(Ed.), Técnicas Cualitativas de Investigación Social: reflexión metodológica y práctica
profesional (pp.47-67). Madrid, España: Síntesis.
76
Vieytes, R. (2011). Metodologías de la Investigación Social en Organizaciones Mercado y
Sociedad. Buenos Aires, Argentina: Editorial de Las Ciencias.
77
Anexos
1. Carta autorización para jefa de carrera.
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2. Consentimiento informado participantes
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3. Instrumento, cuestionario competencias del profesorado en formación para la
inclusión educativa
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4. Diccionario de códigos pregunta ¿Qué entiendes por inclusión educativa?
Participación Entiende la inclusión como el La inclusión tiene que ver con que
proceso de promover la todos los estudiantes puedan
participación de todo el participar de las distintas
estudiantado. actividades de la escuela.
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Eliminación de Entiende la inclusión como la La inclusión tiene que ver con
barreras necesidad de eliminar las eliminar las barreras para lograr
barreras que dividen y que todos los estudiantes
obstaculizan la presencia, alcancen sus objetivos.
participación y calidad del
aprendizaje de los estudiantes.
Molde total Entiende la inclusión como una La inclusión es asumir que todos
especie de molde universal, los estudiantes vayan a un mismo
donde se realicen actividades de ritmo adaptándose a un molde
enseñanza-aprendizaje iguales total.
para todo el alumnado.
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Escuela Entiende la inclusión, como la La inclusión refiere a que todos los
inclusiva posibilidad de que todos los estudiantes, valorando sus
estudiantes puedan aprender y diferencias puedan aprender y
avanzar en los objetivos participar en la escuela.
curriculares de los distintos
niveles de formación.
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5. Diccionario de códigos pregunta ¿Cuál crees que es el valor que tiene el profesor
en la inclusión educativa?
Agente de Entiende el valor del profesor inclusivo, El profesor inclusivo puede generar
transformación como agente de transformación que cambios en la sociedad a través de
social traspasa el aula, pues genera cambios su práctica pedagógica.
en la sociedad.
Generador o Entiende que las acciones del profesor Un profesor a través de su práctica
eliminador de pueden generar impactos negativos educativa puede aportar de forma
barreras para la (barreras) o positivos (facilitador) en el positiva o negativa al aprendizaje de
inclusión aprendizaje de sus estudiantes. sus estudiantes.
educativa
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Actor principal o Entiende el valor del profesor como un El rol del profesor es catalogado de
secundario en la agente inclusivo, el cual puede ser dos formas como agente principal y
inclusión principal o segundario. El primero visto como agente secundario dejando al
como el responsable de llevar a cabo estado en primer lugar.
la inclusión educativa, mientras que el
segundo como un agente parte de la
inclusión, pero no el más importante.
Es parte de un La actividad del profesor se realiza con El profesor es parte de una actividad
equipo diferentes agentes educativos, todos es una actividad colectiva con
dialogan lo que la educación inclusiva diferentes agentes, todos comparten
requiere. lo que la educación inclusiva
necesita.
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