Hemos salido al balcón del segundo piso que da hacia el enorme jardín
de la casa. Desde aquí, el cielo es visible siendo iluminado por una
enorme luna amarilla que está rodeada de pequeñas estrellas que
tintinean. No tengo la menor idea de dónde o que tan lejos estamos de
casa, pero todo se ve espectacular. Desearía estar con mi telescopio
para poder el sin fin de constelaciones que yacen en la inmensidad del
cielo nocturno.
—Te pregunté si no querías y no dijiste nada.
—¿Cómo podría hacerlo? —Le doy otro sorbo al vaso— Era una falta de
respeto.
—La falta de respeto es que te hayas tomado todo el vino.26
Estalla en carcajadas.
—Muy gracioso —recrimino. Él apoya su mano sobre mi hombro sin
parar de reír—. Oye en serio no le veo la gracia. Fue un chiste muy
aburrido.
—Lo sé, lo sé —dice y seca una lágrima del rabillo de sus ojos—. Ah... te
adoro, ¿sabes?28
—Ya... no intentes distraerme.
Chas endereza su espalda y me mira con seriedad.6
—¿Sólo viniste a eso?
—Sí.
Mi respuesta sale con tal frialdad que yo misma me causo temor.
—Mala —me arrebata el vaso con agua y lo bebe por completo—. Bien,
te contaré por qué creamos las tres reglas.4
Respiro hondo y me preparo mentalmente para lo que parece ser una
historia larga por contar. Chase juguetea con el vaso, como si buscase
alguna manera o forma por dónde empezar a contar el invento de las tres
reglas. De pronto, siento que todo mi cuerpo se contrae y provoca un
horrible dolor en mi estómago. Gruñidos feroces proclaman la venida de
lo que parece ser el dolor más infortunado que una joven adolescente en
casa de un desconocido puede pedir. Siento que mi estómago va a
estallar, o mejor dicho, otra...22
—¡Mierda! —exclamo al aire.9
Antes de escuchar las preguntas de Chase, quien luce desconcertado
por mi insulto, me adentro a la casa y busco con desesperación el baño.
Entre el millar de puertas que abro, por fin logro dar con una que
contiene un estúpido baño. No lo pienso dos veces, si siquiera para
limpiar o algo por el estilo, y me siento en el placentero trono de loza.11
Michi es... libre.103
Salgo de mi estado parsimonioso y busco papel higiénico con el cual
limpiarme; pero no encuentro el rollo por ningún lado. Me petrifico por un
momento... Tal vez deba mirar de nuevo. Nada. Dentro de las cuatro
paredes y el retrete donde me encuentro reposando no encuentro nada
más que un rollo usado. ¡Ni siquiera hay desodorante! Madre santa, que
estas cosas sólo pueden ocurrirle a personas desafortunadas como yo.
¿Qué diré cuando salga? ¿Alguien me encontrará? ¿Le puse pestillo a la
puerta antes de entrar?31
Cierro los ojos empezando una oración que no concreto del todo cuando
escucho el rechinido del pomo de la puerta al girarlo. Abro los ojos de
golpe.3
—¡Está ocupado!1
Grito antes de que la puerta sea abierta. Otro dolor de estómago
contraataca.
—Lo siento, no sabía que estaba ocupado. Esperaré aquí.
¿Este quiere sentir mi esencia o qué?68
—La verdad, es que necesito su ayuda —comento entre quejidos de
dolor. Mi estómago es un volcán que pronto quiere hacer erupción—. No
hay papel... ni desodorante —espero una respuesta del sujeto que está
del otro lado. Pero nada—. Ah, maldición...15
Tiro la cadena desechando toda esperanza, hasta que la voz del sujeto
trae de vuelta mi alma desamparada.
—Tengo el papel higiénico.
—Grandioso... ahora sól-
Me muerdo la lengua al ver como el pomo de la puerta gira y ésta se
abre por completo, dejando en evidencia a la persona que estaba
hablando desde el otro lado. Chase, con una mano cubriendo su nariz
entra con el rollo de papel higiénico.92
—Sabía que las mujeres cagaban, pero esto es de otro mundo.522
...
Miro el techo de la habitación donde pretendo dormir, hacer como que
duermo, o más bien, intento dormir. Estar lejos de casa, en una cama
con un colchón tan cómodo hasta el punto de hundirme en él, es de otro
mundo. Mas me siento extraña estando en una habitación que no es mía
—o el living del departamento donde vivo—. Siento que estoy en un hotel
abandonado, frío, con sombras extrañas provenientes de las sombras
que provocan las ramas contra la luna. Hasta parece que mi pijama se ha
impregnado con el olor de las sábanas.2
Otro retorcijón de estómago hace que agarre la almohada junto a mí y la
apriete con fuerza.1
Durante el resto de la cena, luego de que Chase entrara al baño y
escupiera en la poca dignidad que tenía en ese instante, he padecido
dolor de estómago. No pretendo culpar al cocinero por preparar los
mariscos, o al Tío Hugo por tener la brillante idea de hacerlo para la
cena; pero como tengo que culpar a alguien, culparé a Chase. Punto.22
Bah... ¿A quién engaño? Me siento sola en esta lúgubre habitación,
dentro de esta enorme casa.
—Pss... —Chase aparece en el umbral de la puerta, asomándose con
cautela—. Me escapé de la conversación de hombres que pretendían
tener mis primos.4
—¿Vienes a contarme un cuento? —ironizo al sentarme sobre la cama.
—Tal vez —entra y cierra la puerta—. Lo que vengo a contarte no es un
cuento de hadas, para serte sincero.
—¿Entonces?
—Trata sobre motivos muy personales.9
Camina hasta mi cama y se sienta sobre ésta. Apenas logro darme
cuenta que está en pijamas también, uno de cuadros. Me hago a un lado,
haciendo espacio en la cama para que se ponga a mi lado. Se acomoda
apoyando su espalda sobre los enormes almohadones que yacen
aplastados contra el respaldo de la cama y se adentra en las sábanas.
Yo me acurruco a su lado asentando mi cabeza en el brazo que abraza
mi cuello.
Se siente bien sentir un aroma familiar a mi lado.3
—¿Me contarás sobre las tres reglas?1
Asiente.2
—En secundaria conocí Ellen, Allek y a Jax en primer día de clases. Jax
siempre fue alguien extrovertido y bueno para burlarse de los defectos de
las personas. Aún no era un playboy por hobby, pero me di cuenta que la
mayoría de las niñas le tenían puesto el ojo encima. Yo lo odiaba porque
él quería destacar como fuese... y tenía sus motivos; al igual que yo, sus
padres casi no pasaban en casa, y si estaban, no hacían más que
discutir. Su verdadera madre desapareció un día y eso lo destrozó.31
Bueno, bueno. Eso explicaría por una parte el porqué Jax es un
mujeriego sin escrúpulo que no mira a nadie que no sea del sexo
opuesto. Lo que me causa duda es el por qué Chase me está contando
todo esto. Es decir, pensé que me contaría de las tres reglas, no de los
inicios de cómo se conocieron. Además, no quiero sonar mala persona,
pero escuchar de Ellen me deja mal sabor de boca.7
—Así que, como buenos compañeros, lo consolé. Por un momento me
sentí bien conmigo mismo al ayudar a alguien más; sin embargo, no
esperaba que mi nuevo entusiasmo por ayudar a alguien más me
involucrara en una terrible revuelta —suspira—. En nuestro curso, en
unos asientos apartados del fondo, un trío de niños parecían ser buenos
amigos. Sus nombres eran Patrick, Mathew y Mika. Para entonces, eran
un grupo anexo a nosotros dos y solían ser más turbio que el resto de la
clase, así que lo que hacían me tenía sin cuidado. Una tarde de invierno,
cuando Jax y yo volvíamos a cada descubrimos que Patrick estaba
golpeando y molestando a Mika después de la hora de clases. Patrick
parecía gozar el sufrimiento de Mika mientras lo grababa todo.53
—Eso es horrible... —dejo escapar sin pensar.
Miro a Chase, quien hace una mueca que no logro descifrar.1
—Lo sé. Lo defendimos como pudimos y ofrecimos nuestra ayuda; pero
los insultos y el abuso continuaron hasta dentro de un año, cuando los
cinco éramos un grupo. Mika no era el único al que maltrataban, pero
como amigo, nos preocupábamos por él. Antes de disolvernos por causa
del Allek y Ellen, éramos unidos... como uña y mugre. Así que creamos
tres reglas para que cosas así nos ocurrieran con nosotros.2
—¿Y por eso crearon las tres reglas?2
—Algo así —se encoje de hombros—. Nunca llevamos a cabo las tres
reglas hasta que nos topamos a Patrick el primer día en Jackson. Mika
creyó que la historia se repetiría. Bastó con decirle a unos cuantos sobre
las tres reglas, plantar algo de miedo y reputación para que las tres
reglas se hicieran conocidas y respetadas.
—¿Y qué ocurrió con Patrick? —interrogo, sentándome en la cama—
Mika no lo golpeó sólo por no seguir las reglas, ¿verdad?
—Patrick se río de él y Mika mandó a golpearlo... pero esa es otra
historia.20
—Entonces... ¿las tres reglas son una clase de autoprotección?
—Las tres reglas son una forma sutil de mantener alejada a las
preguntonas como tú —agarra mis mejillas.1
—Pero si quieres, puedes deshacerlas, ¿no? Patrick ya no está.4
Chase esboza una sonrisa arrogante.
—¿Acaso quieres que acabe con la dictadura, Michi?
Caminos diferentes.
Anne lanza un bufido al aire cargado de resignación. Las odiosas —como
suele llamarle ella— charlas sobre la universidad han comenzado. Está
demás decir que tiene son tan tediosas como los sermones de mamá
cuando le pido permisos para salir; y aunque eso ha cambiado un poco,
la charla sobre ser cuidadosa nunca olvidará dármela.6
—Me estoy volviendo loca, te prometo que si escucho otra charla sobre
la vocación vomitaré carreras universitarias hasta llegar a la luna —
comenta, mientras vamos de camino a la sala de matemáticas.54
Bonnie alza una ceja y me mira como si se preguntara qué rayos ha sido
tal comentario disparatado. Siendo sincera, ya no sé qué pensar de las
ocurrencias de Anne. Creí que yo era la única que decía comentarios
absurdos aquí, pero al parecer mi mejor amiga me está haciendo
competencia.11
Estás perdiendo el "toque", Michi.52
Sí, claro. Anne no habla consigo misma y no invoca a sabios muertos
como yo. Dios, ¿qué estoy hablando? Ya perdí toda la buena cordura
que me quedaba y seguramente es por causa de lo que pasó el fin de
semana con la familia de Chase. No me juzguen, porque para ser sincera
fue difícil tener que digerir todo de una con un maldito malestar en mi
estómago y en una cama que no es mi sofá. Está demás decir que mi
respuesta respecto la pregunta de Chase antes de quedarnos dormidos
fue bastante obvia.
Siempre odié la dictadura de Los Tres Mosqueteros y siempre odié a
Chase con todas mis fuerzas; pero mi situación con Chase ahora es
diferente y, aunque un cincuenta por ciento de mí lo odia, otra parte
gusta de él hasta el punto hacer el ridículo en la casa de su familiar —si
no me creen revisen el capítulo anterior—. Pero la dictadura y las tres
reglas son diferentes. Digo, Patrick ya no está ¿por qué no disolverlas?
Creo que la pregunta se responde por sí sola. Tras estos cuatro años
bajo tres estúpidas reglas ya estamos acostumbrados y es difícil vivir
apartadas de ellas. El ser humano es adaptable a todo y eso fue lo que
hicieron todos con las tres reglas.125
Y recuerden esto: después de que Los Tres Mosqueteros terminen el
colegio, otro trío de idiotas tomará su lugar. Ya verán.21
—Saben lo que me dijo Jax —blanqueo mis ojos al escuchar ese
apestoso nombre que es sinónimo de playboy.9
Bonnie por su parte le presta suma atención.3
—¿Qué cosa? —curiosea.3
Ambas clavan sus ojos en la puerta de la sala de matemáticas, donde el
profesor Mars nos espera afuera charlando con algunas estudiantes de
cursos inferiores.1
—Me dijo que Elias...13
—¿Elias? —me paro en seco. No me gusta para nada esa muestra de
confianza— ¿Cómo que "Elias"? —niego con la cabeza— "Profesor
Mars", boba. Que sea un profesor joven no quiere decir que puedes
tutearlo y agarrar la confianza para llamarlo por su nombre de pila.131
Anne chasquea la lengua haciendo un gesto extremadamente exagerado
con las manos.9
—"Profesor Mars", "Elias..." ¡Qué más da! —exclama, llamando la
atención de nuestro nuevo profesor.15
—Uy, está mirando —comenta Bonnie esbozando una minúscula sonrisa
que deja en evidencia que estábamos hablando de él.30
Por consiguiente, Anne y yo también sonreímos disimulando nuestra
conversación, y haciendo como si nuestra discusión jamás hubiese
ocurrido. Caminamos en silencio hasta nuestros asientos, donde
echamos como si hubiésemos corrido una maratón.
Ya sentadas, Anne le da un vistazo al profesor que aún está en la puerta
charlando amenamente con sus tres estudiantes.
—Bien, seguiré contando el chisme sobre el Profesor Mars —Anne hace
énfasis en las dos últimas palabras, marcando la voz en «Profesor Mars»
y volteando, mirándome con fastidio. Yo respondo su recelosa mirada
con una sonrisa de satisfacción.
—Habla pues —le apresuro.51
Rueda sus ojos verdosos hasta que éstos recaen en Bonnie.
—Jax me contó que fue despedido de su antiguo trabajo como profesor
después de tener una relación amorosa con una de sus estudiantes. Por
dos años ambos tuvieron una aventura en secreto reuniéndose en las
salas y teniendo sexo ardiente sobre las mesas, él encima ella...540
Bonnie levanta la mano con timidez para luego fruncir el ceño.
—¿Te lo contó con tantos detalles?18
—¡Claro que no! —exclama Anne y enseguida mira hacia la entrada
encogiéndose de hombros— Le estoy poniendo un poco de sazón a la
carne, hermana.274
Ambas reímos.1
—Pero la historia es real, ¿verdad?
—Pues así son los rumores. No me sorprendería si coquetea con alguna
de nosotras —mira hacia cada lado y se nos acerca confidente—. Yo no
me enojaría si lo hace.9
Bonnie asiente dándole la razón.
—Yo me dejaría encantada.80
Me cruzo de brazos al notar que ambas esperan que diga algún
comentario aprobando el romance profesor-alumna, pero me niego
rotundamente a hacerlo.8
—De ninguna manera.76
Chase aparece por a puerta junto a Mika y Jax. El último de los tres le
despliega una sonrisa llena de coquetería a mi amiga, y ella parece
querer responderla pero le doy un golpe por la espalda para que no lo
haga.135
El fin de semana estuvimos hablando las dos por celular. Aproveché de
informarle sobre lo que Chase me contó. Como empezaron las tres
reglas y su historia en la secundaria la sorprendió lo bastante como para
querer preguntarle a Jax; sin embargo, hablé con ella sobre su relación
con el mujeriego mosquetero llegando ambas a un acuerdo: Jax y Anne
no llegarán a nada más allá que una amistad, de otra forma me vería
obligada a contarle todo a J.J. Y no quiero ser el agua-fiestas de su
relación, pero por obvias razones Jax no es para Anne. Además, ese
plan de "destrucción" que planeó con J.J. nunca se llevó a cabo, dejemos
eso claro. Hasta parece haber sido sólo una excusa.15
Probablemente ella esté recordando mis hermosas palabras:
«Anne Collins, desde hoy seré tu sombra. Si te veo hacerle ojitos al
desgraciado de Jax lo sabré»66
—Por Dios... —escucho mascullar a Allek entrando a la cocina. Parece
de mal humor y recitar maldiciones en voz baja que no logro percibir.
Deduzco que lo son por el hecho de verlo tan fastidiado; prácticamente
es la primera vez que le veo un cambio de expresión además de la seria
que siempre trae.13
—¿Ocurre algo? —Intento sonar lo más desinteresada posible.
Lo cierto es que verlo así me da un tanto de curiosidad culpable que no
puedo evitar. ¡Vamos, Allek está molesto! Esas cosas ocurren una vez al
año. Debería pedir un deseo.15
Ya... no es para tanto.1
—Además de tener que soportar las miradas de tu novio molesto, nada
—responde cortante.7
Es una respuesta que me esperaba siendo sincera.
—Okay, Señor Sonrisas —sacudo mi delantal el cual se ha manchado
con harina al pasar junto a la mesa—. Cuando se te pase el periodo
hablamos.386
Hago una mueca de fastidio y lo miro. Niega con la cabeza al tanto
avanza hasta donde quienes amasan y cocinan se lavan las manos.
—Te encanta ponerme apodos, ¿verdad, Wallas? —espeta, volteando a
verme.24
—Sólo un poquitín —sonrío.5
Allek lanza un bufido que parece mezclado con una carcajada cargada
de sarcasmo.
—Hay un tipa afuera —comienza a hablar, lo que me hace prestarle
suma atención. Apoyo mi espalda en el arco rectangular que divide la
entrada de la cocina y el pasillo—, una clienta que desde hace un rato
me anda pidiendo salir.31
Abro mis ojos como huevo frito y me apresuro en llegar junto a él. Que
tenga una admiradora no parece agradarle en absoluto, de hecho, yo
parezco más emocionada que él —cosa que no tiene nada de coherencia
porque debería darle igual lo que pase entre él y su vida amorosa—.
Pero se oye tan sorprendente que Don Expresivo tenga a alguien que no
puedo evitarlo.46
—¿Quién es? ¿Desde cuándo? ¿Cómo sabes? ¿Cómo habla? ¿Es
linda?87
Él me mira por encima del hombro y, negando con su cabeza, vuelve al
lavado de sus manos.
—Si me gustara no estaría así, Wallas. Está sentada en la mesa tres,
justo detrás de tu novio.26
Doy un saltito en mi puesto, y con un disimulo propio de una chica poco
disimulada como yo, me asomo hacia la cafetería. Miro en dirección
donde Chase suele sentarse y él me sonríe. Le devuelvo la sonrisa
acompañada de una seña con mis manos, y de paso, miro la mesa que
yace detrás.2
En efecto, es una mujer.171
Escucho unos pasos a mi espalda. Es Allek quien llega a mi lado.
—¿Te puedo hacer una pregunta? —curioseo con timidez, girándome a
verlo.
—¿Qué?
Carraspeo y trago saliva, como si me preparara para dar una exposición.
—¿Eres gay? —Antes de que él pueda responder, me apronto a agregar:
—Es que esa "tipa" es como sacada de una revista... ¡Sólo mírala! —
exclamo.168
Allek cubre mi boca con una de sus manos, mientras que con la otra me
adentra más al pasillo.
—Ella no es mi tipo. Está loca como tú, Wallas —confiesa, bajando su
mano y soltando su agarre. No me da tiempo para reprochar el que me
haya llamado loca, cuando prosigue—. Es de esas mujeres que insisten
e insisten. Yo paso de ellas.5
Llevo una mano a mi barbilla, meditando alguna posible solución al no
tan preocupante problema de Allek. El día en la cafetería está realmente
aburrido, y la clientela ha sido poca a pesar de ser lunes. Cuando los
días son así, busco alguna forma de entretenerme; antes me sentaba a
hablar con Chase, pero como a la encargada no le pareció bien que lo
hiciera sino que me dijo que buscara otra forma de divertirme que no
fuese coqueteando con él. Bien, ayudar al prójimo es de ésta era, así
que... ¿por qué no hacerlo?
—¿Quieres que esa modelo deje de insistir? ¡Pues yo te tengo la
solución!197
Allek alza una ceja, y se aleja ignorando por completo mi frase sacada de
comercial sobre productos para limpieza. Lo sigo hasta la cocina para
plantarme como flor en un macetero a su lado.1
—Lo digo en serio, Allek.
—Eres muy obvia, no quiero la solución que están pensando.1
—¡A ver...! —Frunzo el ceño— ¿Qué es?
Allek voltea a verme.
—Quieres llamar a una de tus amigas para que se haga pasar por mi
novia —afirma. No sé qué expresión he puesto, pero seguramente no ha
sido la mejor, porque Allek ha hecho el intento de esbozar lo que parece
una sonrisa—. Ya te dije: eres demasiado obvia.5
—Sólo es una llamada, ¿qué dices?46
...103
—Hasta mañana.5
Chase y yo nos despedimos con señas al salir e la cafetería luego de una
aburrida tarde de trabajo. Claro, la única que trabajaba —o más bien,
fingía hacerlo— soy yo, porque Chase no tiene necesidad de hacerlo.
Una vez le pregunté por qué no trabajaba o hacía algo en su tiempo libre
y me respondió con un simple «Me aburre». La vida de los ricos debe ser
taaaaan sencilla, mientras yo estoy matándome de la espalda y pies. Sé
que dirán que es mi decisión el seguir trabajando, pero le tomé el gustillo
a tener algo de dinero para saciar mis vanos gustos por libros sobre
astronomía y ropa en oferta.
Lo sé, lo sé. Soy una ambiciosa.54
—¿Qué hacía Bonnie en la cafetería? —me pregunta Chase de camino
al paradero.96
—Ah, digamos que lo ayudó con un problemilla —sonrío para mis
adentros.14
Nos tomamos de las manos y entrelazamos nuestros dedos. Él guarda
nuestra maraña de carne y huesos dentro del bolsillo de su abrigo, como
suele hacerlo cuando el frío asienta por las calles. Me acerco más a su
lado rozando su brazo e intentando acurrucarme a su lado.2
—Que bien que Bonnie ya no sea un problema para
ti, pequeña celosita —comenta Chase.78
—Ajá, lo mismo digo.
Entre comparaciones absurdas y quejas sobre los exámenes venideros,
llegamos al paradero y esperamos la bus que nos llevará a casa... o al
menos a casi una cuadra de ella.61
—Estamos en el último semestre a días de graduarnos... ¿Te has dado
cuenta, Michi? —dice de repente lo que me hace prestarle atención.11
—Lo sé, y aún no sé qué estudiar, dónde hacerlo o algo por el estilo.
Seré una pollita.212
—Eres una pollita muy linda —manifiesta, esbozando una sonrisa
coqueta mientras me mira.14
Luego de abrir la puerta para entrar al edificio, saludamos al conserje y
subimos al ascensor. Chase larga un suspiro que me pone en alerta,
pues no es uno común, es como si quisiera decir algo, pero no tuviese
las agallas de hacerlo. Un remolino de pensamientos sucumbe en mi
cabeza, creando una variedad de motivos que dicten el porqué de su
actitud tan repentina.1
—¿Pasa algo?
Le observo cuando apoya su espalda en la misma pared del ascensor
que yo.
—Ya decidí a que universidad ir —sonríe de mala gana.65
—Eso es bueno, ¿por qué no te veo feliz? —jugueteo con mis dedos,
casi al borde de la ansiedad.2
—Y en unos días tendré una entrevista.
Oh, así que está nervioso.
—Lo harás bien, sólo mentalízate —Lo apretujo con mis brazos. Sé que
un abrazo no es suficiente para animarlo, pero sí para decirle sin
palabras que lo hará bien. Pero él no responde a mi abrazo.
—Michi, ¿te das cuenta que cuando salgamos tomaremos caminos
diferentes?
Decídete.
El ascensor de detiene de pronto, lo que hace que nos pongamos en
alerta. Por alguna extraña situación siempre que ocurre algo entre Chase
y yo el ascensor se echa a perder y nos encierra. Sin embargo, cuando
las puertas abren dejando en vista el ya reconocido pasillo por donde
caminamos a nuestros respectivos departamentos, sé que es momento
de salir lo antes posible. Y aunque me aterra revivir aquel estado crítico
donde pensé que prácticamente moriría dentro de un ascensor, no se
compara con la pregunta que Chase acaba de escupir, ahogando cada
uno de mis pensamientos.1
Siento que mi pecho se acelera hasta el punto en que comienzo a hipar
como un borracho. Mi barbilla tiembla, y no por el frío. Mis ojos se
humedecen hasta el punto del ardor.1
No lo hagas, Michi.1
Chase se inclina para examinarme.
—¿Estás terminando conmigo?1
Las comisuras de mis labios se hacen ligeramente hacia abajo,
provocando que haga un puchero.16
—¿Qué? ¡No! —exclama con incredulidad, para luego abrazarme. Le
respondo el abrazo y acurruco mi cabeza sobre su pecho —Cómo podría
hacer eso, boba.321
—¿Entonces, por qué dices eso? —inquiero— ¿Acaso quieres que te
golpee?85
—Bueno, porque es cierto —afirma, entre risas—. Tomaremos caminos
diferentes, y probablemente me tope con alguien más desesperante que
tú.285
—¡Oye!
Me aparto un poco. Chase se echa a reír.
—Es una bromita.219
Esbozando una sonrisa de lo más arrogante posible, me toma de la
barbilla y lentamente comienza a acercarse. Más y más cerca. A pesar
de odiar la forma arrogante en la que siempre me ha sonreído, no puedo
evitar sentirme tentada a sus encantos, porque Chase es realmente
tentador. En todos los malditos sentidos —¡Michi maldeciste a los
sentidos!—. Así que, sin más preámbulos, comienzo a cerrar mis ojos en
cuanto noto que el ambiente ha cambiando. Con los latidos de mi
corazón agitados, mis manos contra su pecho agarrando su abrigo, y mis
labios deseosos de poder sentir el contacto de los suyos, me
predispongo a recibir sin vacilación alguna su beso.1
Pero claro, como siempre alguien nos interrumpe.75
Es un carraspeo ronco y casi familiar que nos petrifica a los dos,
dejándonos de lleno con el deseo de sucumbir en nuestro beso fallido.
Sabiendo que ese carraspeo proviene de un ser autoritario, Chase y yo
volteamos en dirección al ascensor, donde papá acaba de salir.23
—Michi, Chase —saluda papá, más serio que cura en misa.176
—¡Papá! —exclamamos los dos al mismo tiempo.550
Le lanzo una mirada fulminante a Chase como regaño por llamarlo así.83
Bien, todo sabemos que Chase está algo trastornado y tiene una
personalidad que traspasa fronteras imaginables, desde que
ocurrió eso en el observatorio, ha comenzado a decirle papá al mío.
Empezó como una ligera broma —a la cual particularmente no le vi la
gracia—, pero luego se volvió algo una mala costumbre. Y pues, como lo
sospeché, algún día iba a decirle «papá» de casualidad. Creo que esta
no es la mejor ocasión para hacerlo, papá es bastante receloso a vernos
juntitos y abrazaditos.17
Papá se limita a alzar una ceja.
—Haré como que no escuché eso... —comenta abriéndose paso entre
medio de Chase y yo. Sin poder evitarlo, nos separamos para que pueda
pasar. Abre la puerta con las llaves que saca de su bolsillo y luego me
hace una seña para que ambos entremos.15
A regañadientes, accedo. Antes, me despido de Chase con un simple
beso en los labios.2
Lo que Chase ha dicho me ha dejado más de una duda. Y es que tiene
toda la razón. Después de salir de Jackson lo más seguro es que
tomemos caminos diferentes para encarar un futuro que no es certero. Él
estudiará Negocio en una buena universidad, conocerá a más chicos y
chicas. Probablemente sea el imán de pinturitas como lo es hasta ahora,
se enamore de una chica de su clase, se casen y tengan muchos Chase
en miniatura. Y quizás yo haga lo mismo; conozca a alguien más, un
apasionado por la lectura, que ame la astronomía y... Bueno, así es la
realidad. Las historias de amor no siempre tienen finales felices y la
universidad destruye relaciones desde tiempos inmemorables. Créanme
cuando les digo que separar parejas es su pasatiempo favorito.53
Te maldigo universidad.73
—Michi, ¿estás bien?
Mamá me hace aterrizar mi trasero sobre la silla de madera. No sé en
qué momento terminé rodeada de mi familia, cenando arroz con pollo al
horno. Pocas veces me he animado a cenar a estas tantas horas, ya que
del trabajo solo llego —la mayor parte del tiempo— a bañarme y
dormirme en mi respectivo sofá. Sí, y ya adorable sofá floreado al cual,
prácticamente, ya tengo tachado de cama.36
Plasmando una sonrisa que pareja más el intento de una, asiento en
respuesta a la pregunta de mamá. Es entonces, que Margo y Josh, se
lanzan una miradas cómplices levantándose de sus sillas. Mi prima
esboza una sonrisa algo nerviosa y nos mira a los tres sentados —
mamá, papá y yo—.25
—Josh y yo les tenemos una noticia —informa ella, tomándose de la
mano con su pareja—. Conseguimos una casa amueblada a unos veinte
minutos de aquí. Ya firmamos los papeles y estamos listos para
mudarnos.122
—Eso es maravilloso, Margo. Muchas felicidades.24
WHOA.52
Lamento ser tan expresiva pero es lo único que puedo decir en éste
momento. Es decir, estoy alegre de que mi queridísima prima y consejera
haya conseguido su predestinado nido de amor familiar, pero ¡cielos!
Según sé, casas amuebladas valen una millonada que ni vendiendo mi
alma podría pagar. Supongo que Josh gana mucho mejor de lo que
pensé. Y no juzguen mi comentario mental sobre el costo de la casa,
estoy feliz por ellos.18
Y por mí, claro. Por fin podré dormir en mi queridísima cama, asomarme
por el balcón y saltan como Tarzán al balcón de... Bah, quizás no sea
buena idea molestarlo ahora que necesita hacer esa importante
entrevista.3
—¿Tiempo? Michi, es tiempo separa a las parejas. No lo hagas.10
Bien, Houston no se ha tomado bien mi sugerencia mental sobre dejar de
molestar a Chase hasta que haga su entrevista para universidad.
—¿Entonces, qué puedo hacer? —interrogo mientras jugueteo con la
cortina de la ducha.
Mi baño no es muy interesante como para estar encerrada hablando. Ni
siquiera puedo sentarme sobre la tapa del retrete por miedo a que se
haga añicos por mi peso. Vamos, que no soy una pluma, y ya me pasó
una vez que rompí el baño de tía Molly y recibí en regaño de la vida por
hacerlo. Tenía seis años, creí que sería divertido saltar sobre ella.17
—Mantente cerca, que él sepa que estás ahí. Debes ser su apoyo si
falla, como también debes animarlo si lo aceptan... aunque sepas que tu
insufrible destino es estar lejos de él.58
—Cállate, Houston. Eso ya lo sé.
Corto la llamada y salgo del baño, topándome con mamá en la entrada,
inclinada hacia la puerta y con una mano detrás de su oreja.73
—Ah... ¿Mamá, estabas escuchando mi conversación? —le pregunto
cuando ella se endereza.
—No, sólo pasaba por aquí y escuché tu conversación, no fue con
intención —lanzo un bufido resignado—. Cariño, sé que es lo que te
preocupa. Yo también me preocupé por eso cuando era joven, pero
debes saber que si Chase y tú están predestinados a pasar una vida
juntos, entonces ni la universidad los separara. Mira a tu padre, al salir de
clases se mudó y me dejó sola, pero aquí estamos los dos.123
...12
—¡¿CÓMO PASÓ ÉSTO!?14
Anne se acerca y posa su barbilla sobre mi hombro con la intención de
ver la nota que he sacado en la reciente prueba de matemáticas.4
—Uh, es una nota normal y no un sobresaliente —comenta mi amiga,
para colmar lo obvio de la situación—. Hasta yo saqué una mejor nota.
¿Qué está pasando, Michi?
Es una nota mediocre, patética y poco tolerante para una estudiante de
mi calaña. A éste paso, jamás podría ser la primera en la lista de notas y
ser la mejor estudiante de Jackson, ganarme un estúpido diploma que
diga «Estudiante de Honor» y ganarme alguna beca universitaria o algo
por el estilo. Cuando me dije a mi misma que debía poner mi cien por
ciento en los estudios para derrocar a Chase y Bonnie, todo ha salido al
revés. Y la culpa no es porque no entienda, sino porque la mayor parte
del tiempo, en las pruebas me pongo a divagar como una loca.16
—Vele el lado positivo, Michi —sugiere Bonnie, doblando su prueba por
la mitad—. Puedes subir la nota en las próximas pruebas.52
Bah, como si fuese tan sencillo.54
El timbre resuena por toda la sala. Ornamos nuestras cosas y nos
disponemos a salir. Chase me da una palmadita por la espalda lo que me
hace voltear en su dirección. Me hace una seña indicando que me
esperará afuera. Jax pasa junto a la mesa de Anne, la cual patea de
casualidad —o eso es lo que pretendió hacer—. Anne se despide de él
con un gesto y Jax le guiña un ojo. Bonnie por su parte, tras terminar de
ordenar sus cosas, se coloca su gorro rojo observando con disimilo hacia
el último asiento del apartado rincón de la sala, donde Allek se sienta.192
Ya estando por la puerta, el Profesor Mars pronuncia mi nombre,
deteniéndome en seco en el umbral de la puerta.9
—¿Michelle, podemos hablar unos minutos?47
—S-sí, claro.3
Esa pregunta no debería serla, porque a siempre que un profesor la
pregunta por obligación debes hablar con él. De todas formas, ¿qué
quiere de mí? Tal vez ese rumor que mencionó Anne el otro día ser cierto
y quiera coquetearme porque soy una buena estudiante y siempre he
sido la preferida de los profesores —No es por presumir, eh—. O quizás
quiere algo más, llegar a alguna estudiante por medio de mí y para
hacerlo, me chantajeará diciendo que subirá mi nota de la prueba.3
¡¿QUÉ QUIERE DE MÍ?!3
Ya... debería calmarme. Es un profesor guapo y una alumna con novio.
Nada podrá pasar.
—Te he notado algo tensa estos últimos días... Aquí —Con su dedo
índice, toca con delicadeza entre mis dos cejas. Contacto que, por
sorpresa, me provoca un calor inapropiado que vuelve mis mejillas de un
notorio color rojo. Él sonríe con cierta dulzura y baja su mano.143
A la mierda, si te está coqueteando, Michi. ¡Houston, dime qué debería
hacer!
—No es nada —Bajo mi cabeza con la intención de distraerme y que él
no note (aunque probablemente ya lo hizo) mis nuevas tonalidades de
rojo. Clavo mis ojos sobre su escritorio donde tiene una mañana de
papeles, lápices, pruebas que no entregó y un libro en particular que
llama mi atención— ¿Ese libro es Luna y Plutón de Noah Mars?771
—Sí —responde, tomando el libro y enseñándomelo.
Yo amo la astronomía, ¿lo sabían?188
Abro la tapa del libro para examinar su interior. Una inscripción peculiar
yace en la primera página:
«Para mi primo Elias,10
Que tu trabajo rinda frutos y guíes a tus estudiantes por un camino
mejor.1
Atte. Noah Mars»66
¿Primos?
—¡Claro, que tonta! Sus apellidos son los mismos... No lo puedo creer.
El profesor Mars se echa a reír.
—¿Te gusta la saga de Luna y Plutón?49
Asiento en respuesta, dejando el libro sobre la mesa.
—Es mi saga favorita —No sé qué clase de sonrisa debo tener, pero
parece causarle risa—. En una feria de libros encontré a Noah Mars
firmando libros. Me tomé una foto con él... bueno, Chase lo hizo —agito
mi cabeza, borrando aquellos recuerdos—. ¿De qué quería hablar,
profesor?
—Cierto, por poco lo olvido. ¿Michelle, ya decidiste qué hacer en un
futuro? —Niego con la cabeza, algo apenada— Bueno, creo que
deberías decidirlo ya. Te he estado observando, tus notas, tus actitudes
desde la primera vez que cayó esa bolita de papel en mis pies —
Carraspea—. Sólo quiero darte un consejo: Decide qué camino piensas
elegir, ahora, antes de que sea tarde.
—¿A qué se refiere? —Jugueteo nerviosa con mis dedos.
—A que tu rendimiento académico está bajando, y tú sabes bien los
motivos.
Semejanza.
Me he quedado pegada viendo el techo blanco de mi habitación. Nunca
noté las grietas que en él, o quizás lo hice y nunca le di gran importancia
dado a que el edificio donde vivimos ya se cae a pedazos. Partiendo por
el ascensor. Es hechizante recorrer el techo raso siguiendo las fisuras de
un lado a otro.28
Me siento extraña. Es por eso que busco entretenerme mirando el techo
sin ningún propósito además del de distraerme. Me siento extraña
estando en mi habitación desde de tanto tiempo durmiendo en el sofá. Mi
cama se siente tan cómoda, el espacio tan pequeño, las paredes
coloridas y el balcón sumamente peligroso. Siento que si me asomo por
él caeré cuesta abajo. Además de soportar el frío de afuera, por lo que
debo mantener el ventanal cerrado.17
Todo es extraño. Incluso el sermón que mis padres están recitando ahora
mismo al cual poco caso hago. Así es, señores, estoy divagando. Podría
estar horas y horas viendo el techo, refugiándome entre mis
pensamientos absurdos para no tener que volver a escuchar esas
charlas que ya los profesores me han repetido una y otra vez a causa de
mis notas.
Mis padres nunca tuvieron o han tenido sumo interés en mis notas ya
que siempre notaron que mi afición a los estudios superaba los límites
pensados para cualquier adolescente. ¿Qué niña y adolescente tiene esa
fijación extraña por los estudios? Bueno, pocas. Ellos por tener a una
niña a la que no debían decirle cada tarde que hiciera la tarea porque ella
era lo bastante autosuficiente para hacerla sola, no se preocuparon más
que ayudarla con cada duda y mantener sus útiles al corriente. Ahora, sin
embargo, los profesores y el director se han preocupado tanto por mi
repentina dejadez que los han citado para charlar sobre ello.132
He ahí el motivo del sermón al que no presto atención. De reojo puedo
ver como sus labios pronuncian cada palabra, pero mis oídos están
tapados. Estoy hasta el cuello de oír sobre que es mi último año y que si
quiero una beca debo ser la mejor. ¡Lo sé! Ya lo sabía, gracias por
recordarme la presión que ejerce sobre mis hombros.24
Pero bueno, a mis padres les dio el Mal de Anne y ahora están
exagerando todo.22
—¿Entonces, intentarás esforzarte más?
La pregunta de mamá me saca de los cabales. Cómo puede preguntar
eso cuando todos estos años me he esforzado tanto por ser la primera
en la lista de notas, ser la alumna perfecta y derrocar a Chase en los
estudios. No puedo esforzarme más de lo que hasta ahora he hecho.
Desperdicié mis años de juventud por mis notas y ahora que conseguí
sentir por fin lo que son las mariposas en el estómago todo mi esfuerzo
decayó. No lo entiendo. No puede ser equilibrada la cosa; o son los
estudios, o es el amor.121
Así está la situación.
Calma, Michi. Respira hondo.
—Bien, me esforzaré más. Dejaré mis distracciones para cuando sea una
anciana amargada que le quite el asiento a los jóvenes en el bus
reclamando que está en su derecho por ser vieja.94
Mis padres se miran entre sí, sin entender mi comentario. A decir verdad,
yo tampoco lo entendí muy bien, pero todo lo que dije es tan cierto como
que me llamo Michelle. Las ancianas del trasporte público son demonios
disfrazados que te golpean con sus bolsas si no les cedes el asiento.129
Suspiro.
—Me refiero a que sí me esforzaré más.
Papá asiente y procede a salir por la puerta. Mamá, no obstante se
queda de pie. Ya saben qué viene: esa escena donde intentará
empatizar conmigo para que le cuente mis penas y problemas.16
No hay problemas, sólo me desvié de camino de la rectitud.4
—Michi —comienza a decir, sentándose en la cama, junto a mí—, no
queremos presionarte, ¿lo sabes, verdad?49
—Lo sé.
—Sólo queremos que no eches a perder todo tu esfuerzo este último
año. Mucho menos ahora que te queda tan poco. Si logras obtener una
beca podrás estudiar lo que se te plazca. ¿Ya te decidiste?7
Aunque no me veo de camino a la luna dentro de una nave espacial,
descubrí que me encantaría hondar en el tema de la astronomía
sabiendo bien que no es una carrera que se vea todo el tiempo. La
astronomía fue siempre una de mis ambiciones y poder estudiarla como
corresponde es algo que no dudaría. Aunque en la ciudad poco campo
laboral se ve, estoy dispuesta a sacrificarme al máximo para lograr
trabajar en el tema.5
—Astronomía —respondo casi en un resoplido, temiendo oír replicas por
mi elección de carrera.68
Mamá posa sus manos sobre las mías y me sonríe con dulzura.
—Era de esperarse —dice, con voz apacible.
Se levanta de la cama y se marcha, cerrando la puerta al salir.
Me quedo mirando la puerta unos segundos hasta que mi cansado
cuerpo me obliga a recostarme. Sin embargo, mi cabeza se estrella de
lleno contra la pared haciendo que el ventanal emita un ruido en
sincronía. Ha sido tan fuerte el golpe que me he dado que el dolor se
acentúa cada vez más fuerte en mi nuca. Vuelvo a sentarme entre
quejidos que se mezclan con gruñidos mientras mis manos frotan la zona
adolorida. Me pongo de pie con un esfuerzo sobre natural.
Tambaleándome, camino hasta la ventana y la abro con el fin de avistar
algún indicio de vida humana en el balcón continuo al mío.23
Asomo la mitad de mi cuerpo comprobando que en el balcón del dictador
no hay rastro de su paradero.
—Debe estar estudiando.2
Hablar en voz alta no es necesario, no hay nadie aquí.1
Lo dije para convencerme a mí misma de que lo está haciendo —y para
informarte al intruso lector—. Quizás no sea buena idea decirles que
Chase y yo terminamos.361
Es broma.534
La situación es ésta: Chase y yo estamos algo distanciados debido a que
él está estudiando.51
A diferencia de mí, él se ha estado esforzando como nunca lo pensé para
la entrevista en la universidad. Casi no hemos podido hablar más que en
Jackson. Cuando llega de la biblioteca, está cansado y sólo desea
dormir. Ya no va a la biblioteca seguido, ni tampoco pasa a buscarme.
Además de que apenas nos decimos cursilerías. Él está más frío y
distante. He pensado que la culpa no es de los estudios, sino de nuestra
visita al cementerio, pero dudo mucho que lo sea. Chase aunque parecía
apenado por contarme sobre Ellen, parece más bien molesto por lo que
pasó con Allek.
Es eso o no sé. Su repentino cambio me tiene dentro de una burbuja de
dudas que temen ser respondidas.
Chase es un idiota. Después de todo lo que dijo e hizo actúa como un
papanatas sin corazón que me tiene más que preocupada. He querido
aclarar nuestra situación actual pero hablamos tan poco que no se ha
dado el momento oportuno. Es un dictador olvidadizo, ¿no creen?
Debería golpearlo con mi telescopio por eso.71
De hecho, debería golpearlo ahora mismo para que me dé explicaciones.
Mis costumbres de pasarme de balcón en balcón parece que se han
oxidado con el tiempo. Es eso o la falta de ejercicio físico, pues apenas
puedo levantar las piernas sin que suelte algún que otro quejido. Con un
esfuerzo casi paranormal, logro pasar al balcón de Chase, meciéndome
en la oscuridad del lugar que es levemente iluminada por la luz de mi
habitación. El frío de la noche me golpea el rostro en forma de una brisa
afilada. Me estremezco, abrazándome a mí misma.6
El ventanal de Chase está cerrado. Como sé que es de los chicos que no
cierran con pestillo las cosas confiados en que nada pasará, logro
arrastrarla para abrirla lo suficiente para permitirme entrar. Doy un paso
dentro del cuarto oscuro reconociendo al instante todo lo que se
encuentra a mí alrededor. Está todo en su lugar como a Chase le gusta.20
Noto un bulto en la cama; es Chase durmiendo. Una risilla maliciosa se
escapa de mí, no muy alta para despertarlo, aunque el motivo de mi risa
fuese ese. Camino hasta quedar junto a la cama y me inclino hacia el
velador para encender la lámpara. Una luz tenue invade la habitación.38
Chase parece un niño pequeño durmiendo cubierto por su cobertor azul
marino. Incluso durmiendo puedo notar sus envidiables pestañas largas.
Esta con sus labios entre abiertos. Esta de costado apoyando su cabeza
en una mano que apenas se ve sobre la almohada. Luce tan... tan...
absurdamente relajado —¿Qué esperaban? ¿Qué dijera guapo?— que
me da disgusto de solo verlo.110
Extiendo lentamente una mano hacia su rostro con el fin de acariciarlo y
apartar los revoltosos cabellos de su frente, pero en cuanto mis dedos
rozan su piel, el rostro tranquilo de Chase se convierte en una mueca
indescifrable. Arruga sus cejas, mientras cierra su boca, tensando sus
labios. Traga saliva y vuelve a abrir sus labios, ésta vez murmurando con
voz quebrantada el nombre de Ellen Grimes.726
Sólo eso basta para que salga perseguida por mis ofuscados
pensamientos de su habitación, hasta sentirme resguardada en mi
habitación.
¿Por qué? ¿Por qué su nombre? ¿No pudo ser Margareth, Ashley o
Pepita?360
...47
—Felicidades, oficialmente te ganaste el premio de la niña más torpe de
la tierra.20
Miro a Delfi, quien me ayuda a limpiar el desastre que hice después de
que botara de casualidad un juego de tazas. En parte ella ha tenido la
culpa de aparecer tan repentinamente en mi camino cuando estaba
sumida en mis depresivos pensamientos.16
—¿Rompí un nuevo record?1
Ella sólo se limita a asentir.
Escucho pasos detrás de mí y me preparo para escuchar a la jefa
reprenderme por mi torpeza ya tan vista dentro de la cafetería, pero todo
lo que obtengo es ver cómo Allek se agacha a mi lado para ayudarme a
recoger los trozos de tazas y platos esparcidos por el pasillo. Suerte que
mi espectáculo no ha sido en la cafetería a los ojos de todos los
clientes.36
—Iré por la pala y la escoba —informa Delfi, dejándonos agachados a los
dos mientras recogemos los trozos más grandes.18
—¿Nunca dejas de ser tan torpe? —recrimina Don Expresivo— Vuelvo al
trabajo y me topo con esto.20
Siento mi garganta seca. Allek estaba enfermo y, así como comencé a
ver poco a Chase, mis encuentros con Allek no se vieron retomados
desde que ocurrió ese "incidente" en su casa, cuando cayó sobre mí,
inconsciente. Me inquieta el tenerlo de vuelta pues me había
acostumbrado a no pensar en aquel beso accidental. Mas ahora, todo lo
ocurrido esa tarde de lluvia revive en mi cabeza.29
Agarro el cuello de mi camisa y lo agito. Por alguna (no tan) extraña
razón mi cuerpo entero está acalorado.3
—Si no quieres ayudar, simplemente no lo hagas —contraataco,
esquivando sus ojos.11
Las manos inquietas de Allek que metían los trozos de loza dentro de la
bolsa de basura, se detienen. Por unos instantes creo que le hará caso a
mis palabras.
—Estás de mal humor —indica—. Puedo hacerme una idea de los
motivos, así que te aclararé algo: Ese día, cuando enfermé, no recuerdo
nada, pero desperté en el momento preciso para escuchar a Chase.34
Ah, qué bien. Fue un beso accidental y no lo recuerda.
—No estamos enojados, Allek.2
—Sólo estoy aclarando las cosas para no verme involucrado entre su
relación —contesta, volviendo a recoger los trozos de loza—. O lo que
quede de ella —agrega.263
Su comentario me resulta de lo más ofensivo. Allek puede ser un
antisocial y adicto a los video-juegos, pero eso no le quita lo perspicaz
que puede llegar a ser. No me impresionaría que me haya dicho esa
explicación al notar que me sonrojé. Además de darse cuenta de mis
emociones, puede notar que mi relación con Chase se hunde como
el Titanic. Tampoco estoy para actuaciones y decirle que todo marcha de
maravilla, pues simplemente no me hago los ánimos —y no se me da
bien la actuación—. Así que, ¿para qué fingir?25
—Eres un quisquilloso, ¿lo sabías? —Lo miro fijamente, esperando su
respuesta.2
—Ya está pasando...5
Lo miro con confusión ante su repentino comentario. Parece que se le ha
escapado sin querer, pero dudo mucho que Allek sea de los chicos que
deje escapar pensamientos a diestra y siniestra como yo. No, Allek lo ha
dicho esperando mi cuota de curiosidad.
—¿Qué cosa? —curioseo.
Guarda silencio, por lo que me veo en la necesidad de hacerle un gesto
para que hable.
—¿Has notado alguna similitud entre las ex novias de Chase? Todas
tenían algo que las hacían casi idénticas.263
Me pongo a meditar su pregunta unos segundos. Nunca me fijé con
detalle en las pretendientes de Chase y la larga fila de chicas que desean
salir con él (que no son pocas), mucho menos en el aspecto de las
chicas con las que ha salido estando en Jackson. Puedo decir que todas
se asemejan al ser mujeres, pero eso es demasiado obvio y estúpido.
¡Vamos, cabeza, piensa! Rebusco entre mis recuerdos, encontrando a
lista de ex novias de Chase. Todas ellas...1
—Han sido rubias —respondo—. ¿Qué tiene que ver eso?375
—Dedúcelo por ti, Wallas.160
Allek se levanta, dejándome con un enorme signo de interrogación sobre
la cabeza.10
¿Qué quiere que deduzca? ¿Qué Chase tiene un fetiche con las rubias?
¿Y por qué se marcha de manera tan enigmática como en las
películas?79
Delfi llega con la escoba y la pala justo en el momento en que me iba a
dar por vencida.5
Luego de limpiar mi desastre y recibir los regaños de la jefa, vuelvo a
encargarme de los pedidos de las personas, ésta vez, prestando más
atención a mis acciones. Mi torpeza me costará descuento de mi sueldo,
por lo que no quiero que se vuelva a repetir.
Respiro hondo y me mentalizo en el papel de mesera que llevo haciendo
hace meses.
Al salir hacia la zona de las mesas, mis ojos se desvían hacia la mesa
donde Chase solía sentarse a tomar su capuchino mientras nos
lanzábamos miradas que hablaban por sí solas. Al pasar a su lado
siempre decía algún comentario que me sacaba de quicio e iniciaba
algún enfrentamiento entre los dos donde le decía insultos disimulados
que lo hacían reír como una foca con retraso... si es que existe eso.84
Ese puesto está siendo ocupado por alguien más. Anne acompañada de
Bonnie, están sentadas esperando ser atendidas por alguien. Por obvias
razones, estoy segura que no están aquí para ver a Allek —bueno,
quizás Bonnie sí, pero Anne no—, así que me acerco a ellas con la mejor
de mis sonrisas.23
—Oh, qué lindas, han venido a verme —las saludo, mientras con mis
ojos les enseño la salida.2
No me gusta que vengan a verme en el trabajo porque es penoso
escuchar como estallan en carcajadas observando cada detalle de mis
falencias. No obstante, Anne está tan seria que da la impresión de que
está enferma. Al asentir, hace una mueca con sus labios, luego mira a
Bonnie. Ese gesto parece más bien una sugerencia pidiéndole que hable
primero.2
—Hola... —saluda Bonnie, con una evidente sonrisa incómoda.
—¿Pasó algo?
Bonnie mira a Anne. Las dos mueven sus cabezas asertivamente,
helándome la piel.27
—Estábamos en el centro comercial, charlando —informa Anne, con voz
queda—. Fuimos a las tiendas de chicos y encontramos a Jax y Chase
hablando entre sí. Antes de que nos descubrieran nos ocultamos, pero
logramos escuchar parte de una conversación.154
Anne me hace un espacio para que me siente junto a ella. Antes de
hacerlo, verifico que la jefa no esté cerca para recibir otra reprendida.
—¿Qué clase de conversación? —interrogo con la voz algo quebrada.
—Chase le decía a Jax que estaba cansado e inseguro —explica
Bonnie—. Que siente miedo pues ya nada es lo mismo y que la rutina lo
está matando. Él dijo «ya me aburrí de ella».998
Un silencioso «¿De mí?» quiere salir de mi boca, pero un dolor en la
garganta me lo impide. Todo se vuelve nebuloso cuando mis ojos se
llenan de lágrimas rebeldes.26
—¡Oye, escucha! —exclama Anne— Aún no sabemos de quién hablaba.
Puede ser Margareth o alguien más.55
Seco mis húmedos ojos y respiro fuerte, así los mocos que osan a querer
escaparse de mi nariz no salgan.28
—¿De quién más hablará? ¿Su abuela muerta? —ironizo. Las dos
sonríen con compasión.24
Me pongo de pie y golpeo con mis palmas la mesa, provocando un ruido
que llama la atención de los demás presentes. Haciendo caso omiso a
las miradas acusadoras, miro a Anne y Bonnie con determinación. No le
daré a Chase el privilegio de terminar conmigo como lo hizo con las otras
chicas, antes de que eso suceda le pediré explicaciones y terminaré yo
con él.346
...14
Me siento como una madre esperando de madrugada a su hijo, sentada
en un sillón con las luces apagadas y un rostro de muerte. O como una
esposa esperando a su marido que salió de parranda. En cualquiera de
los dos casos, el final del penoso encuentro es un desastre que acabará
en una discusión.33
Presiento que lo mismo pasará aquí.
Tantas veces me advertí respecto a las intenciones a Chase, diciéndome
que él es un vil dictador mentiroso que sólo fingía gustar de mí. Hoy eso
ha quedado muy claro; no sólo por lo que Anne y Bonnie me contaron en
el trabajo, sino también por la sutil pista que Allek me dio.18
Todo el puzle mental que me había creado está resuelto.32
Agradecería que algún ser despiadado me esté diciendo «Te lo dije».
Pero no hay nadie que centralice mi devastadora situación pronunciando
esas palabras posteriores a la advertencia que nadie nunca me dijo.
Bueno, mi cerebro me obligó en un principio a ser precavida con Chase y
sus juegos, pero como el corazón le gana a la razón resulté en esta
situación.89
Fui parte de un juego. Fui el premio de consolación, literalmente.41
—¿Qué haces ahí? ¿No tienes frío?
Chase camina hacia la baranda que separa mi balcón del suyo. Es bueno
que haya llegado antes de que mi trasero se congele.
—Te estaba esperando —contesto con frialdad—. Necesito hablar
contigo.65
Me levanto de la silla plástica en la que reposaba, para acercarme a la
baranda y quedar frente a él. Chase lleva una mano a su cabello y lo
revuelve, bajando su cabeza.
—Yo también quiero hablar contigo —responde—. Es algo importante.25
—Si saliste al balcón como no lo hacías hace días, entonces sí, debe
serlo —comento con sarcasmo.
Su arrogante forma de mirar luce sombría. Seguramente, con mi afilado
comentario puede hacerse una idea de lo molesta que estoy. Aunque
quiero pedirle explicaciones, todo lo que puedo hacer es mirarlo mientras
un malestar estomacal —que no es indigestión— me sugiere que no diga
nada; que si lo hago todo estará perdido.
—Michi, estoy con algunos problemas. Creo que necesitamos...1
—Necesitamos tiempo —completo las palabras por él—. Lo supuse.87
Sonrío por inercia. En realidad no deseo sonreír. Al verlo asentir,
aprobando lo dicho por mí, las palabras de Houston revotan por mi
cabeza aludiendo que "tiempo" es sinónimo a "terminar". En pocas
palabras, lo que Chase pretende hacer es terminar conmigo como
concluí por la tarde. De camino a casa me hice la idea de éste encuentro
y de sus palabras.9
—Necesito estar solo.269
—Chase si quieres terminar conmigo sólo dilo y ya. No te pongas a
empatizar conmigo ahora. Te entiendo perfectamente. Y no tienes la
culpa de nada, yo fui la tonta que se dejó engañar por unas lindas
palabras, caprichosas discusiones y estúpidas sensaciones estomacales.
Siempre me jacté de mi inteligencia, pero no pude darme cuenta de tus
intenciones antes.121
Me mira con desconcierto. Seguro no se hace una idea de lo que estoy
diciéndole.
—¿De qué hablas?
—Todo este tiempo saliste conmigo por mi parecido con Ellen, ¿verdad?
—él guarda silencio, pero juzgando su rostro mis palabras han dado justo
en el clavo. Claro que la parte irracional en mí se rehúsa a guiarse sólo
por la perplejidad de su rostro, por lo que me atrevo a volver a
preguntar— ¿Saliste conmigo, así como con las demás, por mi parecido
con Ellen Grimes?173
Chase baja su cabeza, mirando sus manos puestas sobre la baranda.
Tras unos segundos, todo lo que hace es asentir en silencio.
Idea Alocada.
Mi nombre es Michelle Wallas, pero mis conocidos suelen llamarme
Michi. Tengo 17 años y pronto saldré del colegio para emprender mi
camino hacia la universidad. Mi meta solía llegar a ser la primera en la
lista de notas en Jackson, pero mi sueño siempre fue frustrado gracias a
Chase Frederick. Chase es un arrogante idiota que tiene a la mayoría de
los estudiantes bajo sus dominios gracias a tres absurdas reglas. Yo era
una más que cumplía las reglas, sin embargo, todo cambió cuando supe
que él sería mi nuevo vecino. Tras una serie de eventos que no deseo
mencionar, ambos comenzamos a salir hasta que me enteré que él tiene
una fijación hacia las rubias que se parecen a Ellen Grimes, su ex novia
muerta quien lo engañó con uno de sus amigos. Luego de entender que
él salió conmigo sólo por esa razón, me uní indirectamente al Club de ex
novias de Chase.363
Así es, oficialmente soy parte de aquel nefasto club de chicas a las que
Chase le rompió el corazón en mil pedazos.129
La verdad, no se siente para nada bien. Lo bueno es que no terminó
conmigo de una forma humillante como pasó con Jessie T., ni frente a
todo Jackson para hacer de mi vida una miseria que recordaría para toda
la vida. Sé perfectamente que a estas alturas ya todo Jackson debe
saber que el dictador caprichoso y codiciado está soltero otra vez.15
Por otro lado, también debo destacar lo bueno que fue haberlo golpeado
con todas mis fuerzas en su lindo rostro cuando me miró con ojitos de
perro abandonado en busca de dueño luego de confesar que estuvo
conmigo por mi parecido con Ellen. Sentí que mis nudillos se hacían
añicos, pero valió la pena descargar mi rabia en él.473
Eso fue bueno.45
Ahora, un montón de cosas calzan a la perfección. Entiendo el porqué se
disculpó en el cementerio cuando nos llevó, a Anne y a mí, a la tumba de
Ellen. Se disculpó conmigo sabiendo lo que hacía; siendo consciente que
no era algo bueno.50
Me ilusionó con palabras y gestos lindos, mas fue todo por un estúpido
trauma con su ex novia.108
Parece digno de telenovela. ¿Quién podría haberlo pensado? A mí ni
siquiera se me pasó por la cabeza esos motivos. Creí que nuestros
sentimientos... es decir, sus sentimientos eran verdaderos. Quizás lo
fueron en su momento, pero tras ellos ocultaba algo más.52
Antes de marcar su mejilla con la fuerza sobrenatural que emergió de mi
interior, intenté aclarar mi mente para satisfacer mi faceta masoquista
que deseaba sufrir más aún.7
—Tú me contaste —dije. Tuve que tragar saliva para disipar el nudo en
mi garganta que avecinaba un llanto que no quería dejar en evidencia—
sobre el primer día en Jackson, cuando tuvimos que hacer un trabajo y
discutimos sobre si el tomate en una fruta. Dijiste que desde ese
momento comenzaste a observarme, que fue el comienzo de todos tus
sentimientos. ¿Es falso? ¿Acaso nunca te gusté de verdad?33
—Es complicado, Michi —respondió. Extendió sus brazos hacia mis
hombros, pero retrocedí para que no me tocara ni un pelo. Él retrajo sus
brazos y volvió a apoyarse en la baranda—. Te quiero; eres linda,
inteligente, directa, divertida... pero me recuerdas mucho a ella y me
siento mal por eso.658
Ahí fue cuando lo golpeé, recogí mi orgullo y me encerré por dos horas
en mi habitación sólo para contemplar las fisuras del techo.9
En pocas palabras, así termina mi particular historia de amor. Fin.187
Es broma. Pese a que me encuentro tendida sobre mi cama como Buzz
Lightyear después de enterarse que es un juguete e intentar salir volando
por la ventana —dejaré en claro que eso no lo he intentado aún—, soy
consciente que la vida continua. Así es, querido lector, sólo tengo 17
años y soy lo suficientemente astuta para dejar que mi peculiar romance
finalizado me aleje de mis antiguas costumbres. Ya no estoy atada a
nadie, sólo a mis queridos estudios. Sé que ellos no me darán la espalda
así como yo lo hice en su tiempo cegada por las hormonas adolescentes
comunes en chicas de mi edad. ¿Qué les puedo decir? Las hormonas
fueron las que provocaron mis sensaciones estomacales hacia Chase,
las cuales confundí con un precario sentimiento de amor. Hoy sé bien
que simplemente era digestión y que mi estado paupérrimo es estrés
por... ¡Por el trabajo!232
—¡Buenos sábados para desdichados, Michi!1
Anne aparece con dos bolsas del minimarket de las que puedo ver
traslucir los dos potes de helado de chocolate junto a bebidas.54
Oh, sí. Olvidé decirles que Anne y J.J. terminaron su relación. Así que no
estoy sola en esto.514
—Hola —saludo, levantándome de la cama.
Detrás de Anne, le sigue el paso Bonnie con bolsas gigantes de papas
fritas. Está con una sonrisa de oreja a oreja y parece deseosa de comer
todo lo que han traído.117
Ah, también olvidé mencionarles que Allek le dejó en claro que no quiere
nada con ella.521
Mi "transición" no la estoy pasando sola. Es reconfortante —si es que esa
es la palabra adecuada— saber que puedo compartir con alguien más y
que no soy la única desdichada de las tres. Coincidentemente, las tres
estamos sufriendo a causa de ese mal que comienza por la letra «A». A
diferencia mía, a mi mejor amiga sólo le faltó derramar lágrimas de
sangre luego de que J.J. se enterara de su aventura con Jax y decidiera
terminar con ella. Bonnie se tomó bastante bien el rechazo indirecto que
Allek le dijo en la cafetería luego de verla allí constantemente con ojitos
brillosos. Y yo... bueno, creo que debería llorar, pero no lo he hecho
hasta ahora.171
—Iré por cucharas —les informo cuando ambas se sientan en el piso.34
—De paso lávate la cara —sugiere Anne—, así no regurgitamos la
comida.42
Pongo los ojos en blanco.
—Y podrías bañarte... —le sigue Bonnie, encogiéndose de hombros— o
perfumarte.136
Bien, eso no me lo esperaba.31
Salgo de mi cuatro y camino hacia la cocina. Busco tres cucharas y tres
vasos para las bebidas. De vuelta me las arreglo para sostener los tres
vasos con las tres cucharitas en cada uno, pero me detengo frente a la
puerta al oír unos golpes. Refunfuñando, dejo los vasos en una mesita
junto a la puerta para no volver a la cocina —la flojera es más fuerte— y
abro la puerta, encontrando a papá y mamá. Papá está con el ceño tan
fruncido como el anciano que vive en un piso más abajo que se ha
quejado un par de veces diciendo que Pato va a "rociar" sus flores.21
—¿Les pasó algo?—les pregunto luego de abrir.
—Velo por ti misma... —susurra papá en mi oreja al entrar.
Mamá me lanza una sonrisa nerviosa y voltea en dirección al pasillo.
Cargando una enorme caja, Chase aguarda a que mis padres entren
para dejar lo que parece un nuevo televisor plasma dentro de nuestro
departamento. Recibo una mirada de su parte, como si me pidiera el
consentimiento para dejarlo entrar; pero todo lo que hago es tomar los
vasos y adentrarme a mi habitación, con el corazón al borde de un
ataque.91
Odio que continúe causando esos efectos en mí.6
—Chase está afuera —les informo a las dos "okupas" de mi habitación—.
Ayudó a mis padres con el nuevo televisor.22
—Debe ser triste tener que toparte con tu ex todos los santos días —
comenta Anne, sacando los helados de la bolsa—. Yo que tú me cambio
de casa.81
—Oí que en una semana tendrá su entrevista —dice Bonnie, abriendo
las bolsas con papas fritas.6
Dejo los vasos en el velador junto a mi cama fingiendo no haber
escuchado lo último. Anne saca las cucharitas de los vasos. Yo me
siento en el borde de la cama sintiéndome hipnotizada por el helado de
chocolate.
—Seguro le irá bien. Es el más inteligente de Jackson después de todo
—le lanzo un mirada acusadora que podría atravesarla—. Lu-luego de
Michi, claro.107
No debería molestarme, mis notas ahora son un desastre y bajé tanto en
la lista de notas que ya no me entran ánimos de quedarme embobada
viéndola. Creí que Bonnie sería mi nueva enemiga en lo que notas
respecta, pero soy yo mi única enemiga.12
—Hablemos de otro tema, ¿sí?1
Me siento junto a las dos en el suelo alfombrado de mi habitación. Tomo
una de las cucharitas y saco un poco de helado.4
—Mi prima me invitó a una cita grupal a la que asistirá J.J. —habla Anne
con la boca llena de helado. Bonnie la mira con repulsión para luego
negar con la cabeza— Pienso ir para reconquistarlo y arreglar mi error.
Así que, par de santurronas, deberán acompañarme en caso de que
arme un escándalo.79
Bonnie y yo nos miramos con el ceño fruncido.1
—Pero irás con tu prima... ¿para qué acompañarte? —espeta Bonnie,
sacando una papa frita. Anne traga con dificultad el helado mientras
coloca sus verdosos ojos en blanco.11
—Porque mi prima seguro se irá con el primero que se le presente y me
dejará sola. Además, ya conocen ese refrán: un clavo saca a otro clavo.70
Entierro la cucharita en el helado con fuerza.
—No tengo la menor necesidad de buscar a alguien más, ni "sacar al
clavo" como dicen —las miro con altivez. Comprendan, no soy yo la que
está hablando, sino mi nefasto orgullo—. Yo nunca tuve sentimientos
hacia el papanatas que vive al lado. Y ya me conoces, las citas no son lo
mío.58
—Pero será divertido y es una buena forma de distraerte.
Creo que ya me distraje mucho de mi propósito del año.2
—Bueno... viéndolo desde ese lado, no se oye tan mal —opina Bonnie
con un hilo de voz. Se encoge de hombros cuando Anne y yo la miramos.
Mi mejor amiga esboza una radiante sonrisa.
—Piénsalo, Michi. Ya han pasado semanas desde que fuiste dejada
como un bicho raro que fue pisoteado sin compasión —Ouch—. Debes
salir a la calle y demostrarle al mundo que Michelle Wallas está bien...
bien hedionda y sin ánimos de hacer algo, pero bien.571
...22
Doy un largo suspiro en tanto mis pies se mueven siguiendo por inercia
propia, como si rebosaran de vida, a Anne y Bonnie. Como
probablemente se lo están imaginando, estoy de camino a la "cita grupal"
a la cual fui astutamente convencida para asistir. Ya saben que soy una
buena persona y no puedo negarme a las peticiones de mi mejor amiga,
aun sabiendo que estas me traen más de una consecuencia. Lo más
seguro es que mi aliada favorita —la señora Mala Suerte— se dé por
invitada también y me haga quedar como una burra frente a todos. Pero
ya me conocen, esos problemas ya son parte de mi vida diaria y puedo
convivir con ellos.46
Con lo que no puedo convivir es con el hecho de estar con esta horrible
ropa que tomé del closet tras olvidar que Anne y Bonnie pasarían por mí
a las cuatro de la tarde en punto. No sé si en mi periodo de transición
post-abandono subí de peso, pero parece que todo me queda diez tallas
menos. Con suerte puedo meter mi mano en el bolsillo del jeans que
traigo puesto, por lo que sé que es seria la cosa.114
—Vamos, apura el paso, Michi.
Anne retrocede dos pasos y me toma del brazo para que me apresure y
camine junto a ellas.
La cita grupal se llevará a cabo en una bolera que nunca vi en la vida.
¿Les ha pasado que pasan todo el tiempo frente a un sitio y de pronto
ver que de la nada hay una tienda nueva o algún edificio? Pues eso
mismo me pasó. Es decir, siempre camino por esta calle y nunca me fijé
en este sitio para jugar bowling. Necesito ser más observadora y divagar
menos cuando camino por la calle.64
En la recepción, un sujeto nos pide encarecidamente que nos quitemos
los zapatos y nos coloquemos las zapatillas especiales para
desplazarnos por el lugar debido a que la pista son delicadas y se
pueden estropear. Entre risas y bromas sobre lo mal que huelen los pies
de la otra, las tres nos colocamos las zapatillas; le entregamos nuestras
pertenencias al sujeto y él las guarda en una taquilla. Bonnie recibe el
número de la taquilla y lo guarda en su chaqueta.12
Caminamos con precaución siendo hipnotizadas por los jugadores que
tiran las bolas como si fuesen profesionales, mientras otros son un
completo fracaso.18
—Nunca jugué a esto —comenta Anne, frunciendo el ceño de forma que
sus pecas se noten más aún.4
—No es complicado, es cuestión de matemáticas —respondo Bonnie.16
Chase es bueno con las matemáticas...182