El Budismo
El budismo es una religión y una doctrina filosófica y espiritual perteneciente a la familia
dhármica. Es considerada como una religión «no teista», lo que significa que no tienen y no
siguen a un dios; esta se centra en buscar la paz, la armonía, la tranquilidad y el equilibrio.
Dentro del budismo encontramos los llamados «lamas», quienes son los guías espirituales.
Comprende una variedad de tradiciones, creencias religiosas y prácticas espirituales
principalmente atribuidas a Buda Gautama. El budismo es la cuarta religión más importante del
mundo con más de 500 millones de adeptos o el 7 % de la población mundial.
Budismo
Rueda del dharma
Fundador(es)
Siddharta Gautama
Fundación
Post. 563 a. C.
Ramas principales
Theravada, mahayana, vajrayana
Tipo
No-teísta, transteísta
Número de seguidores estimado
535 millones[1] el número aumenta si se suma a quienes lo practican sincréticamente junto a
otras religiones.
Seguidores conocidos como
Budistas
Escrituras sagradas
Común a todas las escuelas es el Canon Pali («Tres Canastas»). Los budismos mahayana y
vajrayana añaden otros textos específicos a sus tradiciones.
Lengua litúrgica
Sánscrito, pali, tibetano, chino, japonés, coreano
País o región de origen
India
Lugares sagrados
Lumbini (Nepal)
Bodh Gaya, Sarnath, Benarés, Kushinagar (India)
País con mayor cantidad de seguidores
Bandera de la República Popular China China[2]
Organización internacional
Asociación Mundial de Budistas
Símbolo
La rueda del dharma
Templos
Pagodas, viharas, estupas, wats
Clero
Lamas, bhikṣus
Comunidades
Sanghas
Religiones relacionadas
De origen dhármico: Hinduismo, jainismo, sijismo
Relaciones posteriores: Sintoísmo, taoísmo, confucianismo, Bön
Origen del budismo
El budismo se originó en la India, específicamente al sur de Nepal, entre los siglos vi y iv a. C.,
desde donde se extendió a gran parte del este de Asia y declinó su práctica en el país de origen
durante la Edad Media.
La mayoría de las tradiciones del budismo y la filosofía budista comparten el objetivo de
superar el sufrimiento (dukkha) y el ciclo de muerte y renacimiento (samsara), ya sea por el
logro del nirvana o por el camino de la budeidad. Las escuelas budistas varían en su
interpretación del camino hacia la liberación, la importancia relativa y la canonicidad asignadas
a los diversos textos budistas, y sus enseñanzas y prácticas específicas. Las prácticas
ampliamente observadas incluyen refugiarse en el buda, el dharma y la sangha, la observancia
de los preceptos morales, el monasticismo, la meditación y el cultivo de los pāramitās
(perfecciones o virtudes).
Existen dos ramas principales del budismo, la del theravāda (‘doctrina de los ancianos’) y la del
mahāyāna (‘el gran vehículo’).
El budismo theravāda es dominante en Sri Lanka y el sudeste asiático, como en Camboya, Laos,
Birmania y Tailandia. El del mahayana, que incluye las tradiciones de la tierra pura, el zen, el
budismo nichiren, el shingon y la escuela tiantai (tendai), se encuentra en todo el este de Asia.
Vajrayana, un conjunto de enseñanzas atribuidas a adeptos indios, puede verse como una rama
separada o como un aspecto del budismo mahayana. El budismo tibetano, que conserva las
enseñanzas vajrayana de la India del siglo viii, se practica en los países de la región del
Himalaya, Mongolia y Kalmukia.
Creencias del budismo
A pesar de una enorme variedad en las prácticas y manifestaciones, las escuelas budistas
comparten varios principios filosóficos entre sí. Todos los elementos de las enseñanzas
filosóficas fundamentales se caracterizan por estar estrechamente interrelacionados y
contenidos en otros, por lo que para alcanzar su entendimiento se necesita una visión holística
de su conjunto. Además, se suele subrayar el hecho de que todas las enseñanzas están
orientadas a guiar o señalar el dharma, es decir, la ley universal u orden cósmico, del cual debe
darse cuenta el mismo practicante.
Aunque el budismo tiene un vasto número de escrituras y prácticas, el núcleo del budismo, las
Cuatro nobles verdades y el Noble camino óctuple, son distinguidas en el mundo por no tener
mención alguna de dioses o alguna noción de veneración deidades. Son puramente éticas
meditativas y directrices basadas en las verdades del sufrimiento psicológico debido a la
impermanencia.
Si bien el budismo es considerado como religión no teísta, sí aceptan la creencia en realidades
espirituales, como el renacimiento, el karma y la existencia de seres espirituales y deidades en
el budismo, pero no rinden culto a los dioses que son vistos como de naturaleza permanente,
las deidades son seres iluminados que han alcanzado la Iluminación, como los Budas, o son
considerados una “representación” de estos; su trato a estos difiere mucho del concepto
tradicional occidental de deidad.
Las Cuatro Nobles Verdades
Artículo principal: Cuatro Nobles Verdades
Tras el despertar de Buda Gautama, el primer discurso (sutra) que dio fue a sus antiguos
compañeros de meditación, en lo que se conoce como “la puesta en marcha de la rueda del
dharma” (dhammacakkappavattana). En este primer discurso, Buda Gautama establece las
bases para la comprensión de la realidad del sufrimiento y su cese.
Estas bases se conocen como “las Cuatro Nobles Verdades”, las cuales constatan la existencia
de lo que en el budismo se llama duḥkha; una angustia de naturaleza existencial.
Existe duḥkha: el sufrimiento, insatisfacción o descontento existen.
Duhkha es el concepto central del budismo y se traduce como la “incapacidad de satisfacer” y
sufrimiento.[10][11] La vida es imperfecta, la insatisfacción y el sufrimiento existen y son
universales. Este es el punto de partida de la práctica budista. Esta verdad contiene las
enseñanzas sobre las Tres Marcas de la Existencia. Como dice el Dhammacakkappavattana
sutta: “El nacimiento es sufrimiento, la vejez es sufrimiento, la enfermedad es sufrimiento, la
muerte es sufrimiento, asociarse con lo indeseable es sufrimiento, separarse de lo deseable es
sufrimiento, no obtener lo deseado es sufrimiento. En breve, los cinco agregados de la
adherencia son sufrimiento.”[12]
La orientación básica del budismo expresa que anhelamos y nos aferramos a situaciones y
cosas impermanentes.[10] Esto nos coloca en el estado de Samsara, el ciclo de repetidos
renacimientos y muerte. Queremos alcanzar la felicidad mediante situaciones y bienes
materiales que no son permanentes y, por tanto, no logramos la verdadera felicidad.
2. El origen del duhkha es el tṛṣṇā (en sánscrito: el deseo, el querer, el anhelo, la sed).
El sufrimiento se origina en el ansia que causan los deseos, los sentidos o el placer sensual,
cualquier situación o condición placentera, buscando la satisfacción ahora aquí y después allí.
Hay tres formas de anhelo: kama-tanha, anhelo de placeres sensoriales; bhava-tanha, anhelo a
continuar el ciclo de vida y muerte; y vibhava-tanha, anhelo a no experimentar el mundo y
sentimientos dolorosos.[13] Creemos que algún acto, logro, objeto, persona o entorno nos
llevarán a la satisfacción permanente del “yo”, cuando el “yo” en sí no es más que una
fabricación impermanente de la mente. El apego y el anhelo producen karma, que nos ata al
samsara, la ronda de la muerte y el renacimiento.